Tejiendo el corazón con la memoria Seguir blog

u15575106711557510671 Estefanía Ochoa Uribe Tejiendo el corazón con la memoria es una crónica periodística que narra el impacto social que genera la explotación inadecuada de actividad minera y el conflicto social que vivió y vive Colombia. Aquí está la historia de Doña Rosalba, a quien le arrebataron los sueños y la vida de un ser querido.
Historia No Verificada

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Comuna 3

Doña Rosa hace parte de las víctimas del conflicto armado, su esposo fue secuestrado y luego asesinado.

Sin pensarlo dos veces decidió abandonar su vivienda y se dirigió a Medellín para buscar un nuevo camino con sus hijos, su destino final fue la comuna tres.


Medellín en esa época estaba atravesando una crisis humanitaria, donde enfrentamientos armados y asesinatos eran pan de cada día, las bandas se enfrentaban por el control del territorio y por la distribución del microtráfico de drogas, y allí estaba Rosalba en la casa de su madre quien también había sido desplazada por el asesinato de un líder religioso.


Debido a la escasez económica en la que se encontraba ella y su familia era normal que ocurrieran conflictos en la casa.

Y así fue como buscó oportunidades como empleada de servicio en casas de familia donde iba a trabajar por días, pero no contó con buena suerte, muchas veces fue parte de vergonzosas humillaciones y nadie valoraba su trabajo, aun así no se rindió y logró pagar los estudios de sus hijos.


Debido a los constantes malentendidos en la casa de su madre, se dedicó a buscar su tranquilidad y su propio espacio, se mudó a Santo Domingo Savio y desde ese momento fue que su vida se comenzó a transformar, al paso del tiempo encontró un trabajo de medio tiempo en una cafetería.

En el 2005 por ser una familia desplazada el gobierno le entregó una vivienda en el Barrio Manrique, pero no sin antes entregar su vivienda en Machuca por unos cinco millones de pesos, para poder cancelar el beneficio del subsidio de vivienda.


Actualmente Doña Rosalba hace parte de grupo de apoyo para familias desplazadas el cual está conformado por 60 familias, se dedican a hacer proyectos con las comunidades y hacen un acompañamiento psicosocial y gestión para mejorar la calidad de vida de las familias.

Los hijos de Doña Rosalba se dedicaron al estudio y siempre se interesaron en salir adelante, su hijo mayor Alexander Zuleta, gracias al presupuesto participativo se ganó una beca con la cual pudo estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Corporación Universitaria Minuto de Dios y actualmente es periodista de el periódico El Mundo.

Hoy más que nunca necesitamos el apoyo de todos, no solo del estado y es bueno que museos como este hagan visible estos hechos que hacen parte de nuestra memoria, pues los derechos humanos no han sido creados para violarlos de esta manera y aislarlos de la sociedad, es por esto que urge apoyar causas como esta para solidarizar a la comunidad, puesto que no son solo ellos los que están vulnerables a crímenes como estos, que envuelven violencia, sino que nos afecta directamente, nosotros estamos aquí en Medellín y eso no nos hace ajenos al problema.


El día en que las burbujas se revientan y se derriben las barreras invisibles, esas que nos vuelven indiferentes hacia las personas que no son de nuestro mismo estatus económico, ese día Medellín será la ciudad de la eterna primavera.


Estefanía Ochoa

11 de Mayo de 2019 a las 02:40 0 Reporte Insertar 0
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Machuca, Antioquia.

Rosalba Salazar, se despierta desde temprano sintiendo el aire frío que entra por debajo de su puerta en la madrugada, se frota sus ojos con los nudillos de la mano para despojarse del desgano que le ha dejado su vida, su mano automáticamente toca el espacio vacío al costado de su cama.

Pero es ahí cuando recuerda que ha pasado una noche más en una cama vacía, unas cuantas lágrimas recorren su arrugado rostro, se acuerda de él; pasa un momento sentada en aquel colchón desgastado donde había compartido tantas noches con él, el que creyó, iba a ser su compañero de vida.

Se levanta y se dirige a la cocina donde prepara el mismo desayuno que hace desde que esta sola, este consiste en agua de panela, leche y un pan seco con mantequilla. Luego lava su cara con agua fría, ésta deja entrever a una mujer que ha cargado con el peso de la violencia, su figura bonachona deja conocer su edad, unos 68 años, por último se dirige a revivir su pasado en el que ahora diariamente contribuye en el Museo Casa de la Memoria en Medellín, reconstruyendo su historia y haciendo visible el conflicto armado.


Rosalba es oriunda del corregimiento de Machuca, de Segovia (Antioquia) su vida es diferente a la suya y a la mía. Su historia no es como la que le leen las madres a sus hijos cuando están pequeños, no, no es una de esas que tiene un final feliz. Más bien parece una pesadilla de esas que nos levantan en la madrugada escurridos en sudor, pero aquí fue ella la elegida para vivir esta angustia en carne propia.

Ella una persona como usted o como yo, pero su vida ha estado envuelta en esta guerra sin fin, que enfrenta Colombia desde hace más de 60 años. No es algo para sentirse orgulloso o algo así, este conflicto nos ha dejado como consecuencia profundos conflictos y vacíos sociales, económicos y políticos donde la violencia no ha dejado para nuestro país, más que dolor y miseria.


Siendo Doña Rosa una víctima más del conflicto armado en Colombia, país que lidera la tabla de violación de Derechos Humanos, con hechos atroces que han sido cometidos por grupos al margen de la ley y perpetrados, en la mayoría de las veces, a poblaciones indefensas como lo son indígenas, campesinos y afrodescendientes.


Rosalba vivió gran parte de su vida donde nació, Machuca, un pueblo minero, rodeado de montañas que son la principal fuente de metales y minerales como el oro, el cobre etc... La demanda de metales, que motivan multinacionales a buscar depósitos para extraer de sus entrañas esos materiales. El lado negativo es el impacto que sufre la naturaleza al generar una mala explotación minera, se pueden producir desastrosas consecuencias ambientales, daños irreversibles con el agua, la pérdida de biodiversidad, contaminación y erosión del suelo.


Y es así como este corregimiento que está lleno de cicatrices no solo en sus montañas, sino, incluso en los cuerpos de su población, en los brazos, en los glúteos, en las caras y en las piernas de las personas que sobrevivieron a esa horrible noche en la que el destino decidió que la desgracia se apropiaría de ese municipio.

“La quema” como lo llamaron en Machuca, fue el atentado en el que el ELN se apoderó una madrugada de 1998 en octubre, día en el cual detonaron suficientes explosivos en un oleoducto como para acabar con la aldea entera que estaba a unos metros nada más.

Fue en cuestión de minutos en el que el día se volvió noche, nubes oscuras de crudo inundaban el valle profundo, parecía que la tierra se estaba abriendo, casi que se veían las cavidades.

El fuego envolvió el cuerpo de inocentes, sin poderse mover, era como estar atrapado en un horno, sus cabezas, pechos, hombros, manos y pies estaban penetrados por el fuego y el crudo, se respiraba su olor... incluso llegaba a penetraba hasta el cerebro, sus gargantas, sus pulmones, sus corazones y sus venas.

La gente corrió a pesar del dolor, pero gigantes globos de fuego los trataban de alcanzar, otros no contaron con suerte y quedaron bajo los escombros. El saldo del estremecedor ataque fueron unos 40 muertos y unos 70 heridos de gravedad y más de 40 casas calcinadas.

La vida de todas los aldeanos de Machuca se dividió en dos, el antes y el después del atentado.

El 12 de febrero de 2001 luego de 15 años del atentado en Machuca, un grupo Paramilitar llamado Bloque Metro (el cual tenía como objetivo extorsionar y entre sus crímenes sobresalen las desapariciones forzadas y los reclutamiento a menores) Este grupo ingresó al corregimiento para llevarse a siete personas, a las cuales tenían en una lista, reunieron a los habitantes en el centro del pueblo para verificar la identidad de cada uno de los hombres, como si fuera poco también acabaron con la central telefónica y le ordenaron a los habitantes no buscar los cuerpos como una advertencia.

Las víctimas, entre las cuales se encontraba José Alberto Zuluaga, presidente de la Junta de Acción Comunal de Machuca, y esposo de Rosalba Salazar fue señalado por el grupo insurgente como supuesto auxiliar de la guerrilla.

Al que sacaron de su casa intimidado.

Jose Alberto fue encontrado en el río Pocuné, a la altura del puente de La Libertad.

Su esposa lo recuerda como un hombre bondadoso y caritativo con los demás.


11 de Mayo de 2019 a las 02:38 0 Reporte Insertar 1
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