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Carta para vos... Mi amor



Para vos... que me llenaste de ilusión, que me despertaste miles de sentimientos aquella noche donde dos miradas se cruzaron y ninguno de los dos entendía qué pasaba. A vos, que me abriste tu corazón, me dejaste conocer tu alma, tus sonrisas, tus deseos, tus problemas.

A vos que me llenaste de alegría con tu presencia, con tus abrazos, con nuestros encuentros casuales, con tu mirada, con tus ganas de hacer las cosas bien, con sembrarme la semilla del amor... Tu amor, nuestro amor.

Vos que te robaste mis noches, mis mañanas, mis tardes de solo pensarte; que me emocionabas con escuchar tu voz en una llamada o leer un mensaje; vos que me dejaste compartir momentos tan lindos en conciertos, eventos, salidas y amanecidas que no importaban más, solo porque estabas vos...

A vos, con quien me abrí, que te entregaste en cuerpo y alma, a quien le desnudé mis sentimientos, a la mujer con la que soñé, me inspiré y proyecté mi vida. A vos, la mujer que me encantaba agarrar de la mano por la calle, lucirla como si fuera un trofeo, un regalo, un precioso regalo de la vida, porque me sentía orgulloso y afortunado que estuviera a mi lado.

A vos, que te presenté lo más sagrado que tengo... mi familia. Que hiciste parte de ella; que los conociste, los sentiste, lloraste... Y aprendiste que sí hay familias como las querías.

Vos, que te llevaste mis ganas de estar con alguien, que me has hecho mentirle a mis padres cada vez que preguntan por ti, que me hiciste cuestionarme sobre por qué actuabas como lo hacías y por qué no me dejaste ayudarte... A vos, sí a vos que sos increíble; solo quiero decirte: gracias.


Gracias por hacerme soñar, creer, vivir y pensar que podía estar con una mujer como tú. Una que siempre quise. Sabes todo lo bueno; y también lo malo, que pienso de ti, pero no me quiero detener en eso. Quiero darte gracias, porque en el fondo fuiste mi mejor experiencia, mi mejor sueño, mi mejor realidad... Jamás voy a poder entender qué pasó contigo, por qué tomaste esas actitudes, por qué me decías que yo no podía solucionar tus cosas, por qué me evitabas cada vez que yo quería ayudarte o por qué simplemente no me querías ver. Para eso están las parejas ¿no? para apoyarse en los momentos más difíciles... o quizá, luego de tres intentos nunca pude consolidarme como la tuya.


Hago esto porque es la terapia más relajante que encontré para destruir mis demonios; no he sido capaz de salir y hablarlo con alguien, no he tenido ayuda y solo quise refugiarme en las letras para soltar este nudo en la garganta que no me deja ser, no me deja estar tranquilo, que inclusive, en la última semana no me ha dejado dormir. ¿Pero sabes por qué? Bueno, a lo mejor no.


Para mí fue muy difícil... muchísimo, verte feliz. Ver tus fotos, tu sonrisa, tu alegría por estar en un lugar en el que habíamos hablado que en algún íbamos a estar. Los dos en la playa. Pero ese no fue mi dolor, va más allá. Mi decepción, mi angustia y mi desvelo en la última semana, fue verte con esa persona que mencionaste abiertamente como "amigo", que siempre estuvo detrás de ti, al que besaste, ilusionaste y después dejaste solo porque te parecía raro, porque no encajaba contigo, porque te celaba sin ser algo. A ese que mil veces me ocultaste, del que me decías que no importaba, que ya te había superado, al que; según tú, nunca viste con los mismos ojos que él te miraba. Es el mismo que te aprecia, te ve, te abraza, te besa... y está contigo.


Hoy, mientras te escribo esto, con mis ojos aguados y mi corazón arrugado de la impotencia de saber qué estás haciendo ahora, y por qué lo estás haciendo, solo te puedo decir cómo me siento... Amor, sí, tú... mi amor.

Estoy muy mal, destruido, no he tenido paz. Y no tenías cómo saberlo. En esta última semana no he podido dormir bien, los recuerdos de sus fotos y sus sonrisas se quedan en mi cabeza; he llorado como no lo he hecho en mucho tiempo. Eres el motivo más grande mi tristeza y no, no soy feliz así.


No entiendo por qué tengo este sentimiento, si la última vez que hablamos fui muy claro y directo al decirte que no quería saber de ti por todo lo malo que me habías hecho. Yo fui el que tomó esa decisión de dejarnos. Pero con los días... sentí que me engañé, me mentí, me apresuré porque siempre estuviste en mi cabeza. Porque a pesar de tus errores, de no confiar en mi, de excluirme, de no contarme tus cosas, de no abrirte conmigo, de no dejarme ser parte... a pesar de todo, con el paso de los días, te justificaba; porque te amaba.


Luego de acabar nuestro tercer intento, uno se llena de pensamientos. Me mentía constantemente. Decía cosas como: " la próxima persona que deje entrar en mi vida debe ser igual o mejor a ella, así de responsable, con su carácter, que tenga sus mismos pensamientos, que escuche a los demás como ella lo hace, que tenga ese amor propio y para dar; que frente a las adversidades de su familia aún siga luchando por sus sueños, que todos los días me siga haciendo una mejor persona. Que me llene de alegría, de emoción cada vez que veo su mensaje en las mañanas, que nunca me canse de verla, de sentirla; que siempre aprenda de sus palabras, de sus consejos...".


Pero después aterricé, reflexioné y entendí que la única persona que cumple con eso... eres tú. Todo el tiempo estamos justificando a los demás: " Bueno, y qué tal ella, esta, aquella...". Y no pensamos que nadie es igual al otro. Creemos que es fácil, como si fuera algo que se pudiera replicar así de la nada. Pero no, nadie es igual a ti, nadie es igual a mi; todos somos diferentes y en esa diferencia está lo que llamamos amor. Porque ese solo toque es lo que nos hace especiales; es el detalle y la razón de por qué elegimos estar con el otro. Es lo que esa persona hizo en nosotros, lo que marcó diferencia y por lo que siempre vamos a querer que esté. A pesar de su locura, de su desorden mental, de su desequilibrio emocional, de sus errores, de sus malas decisiones, de su inseguridad. A pesar de todo eso, entendés que es ella, que es así, que no hay otra en el mundo, que es única y por eso la amás.


Y todo ese proceso lo he llevado solo en este tiempo. En estos dos meses y tres días desde que decidí decirte adiós. Me ha costado, no ha sido fácil. Aún sigo tratando de entender por qué actúas como lo haces, por qué me sentí (y me siento) tan devastado, con el corazón en mil pedazos luego de ver sus fotos, tan felices y sonrientes; y saber que aquel "amigo" ahora te abraza y duerme contigo.


Me mentí, porque nunca te dejé de querer, nunca te dejé de amar, nunca quise que te fueras. Porque a pesar de lo mal que me hiciste sentir en su momento, por todas tus faltas, tus desequilibrios; siempre quise que estuvieras ahí. Y solo el tiempo me ha dado esa respuesta, o mejor, me ha llevado a tener esa conclusión. Y aunque no estés, aunque me hayás quebrado por verte feliz, por destruirme emocionalmente; siento que me hiciste una mejor persona.


Y por eso, esta carta para vos... Mi amor.



22 de Abril de 2019 a las 00:02 0 Reporte Insertar 0
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