Hada DD (Libro Segundo) Seguir blog

karenstraight Karen Straight Diez años después del sueño en el bosque, Dora Daniela sigue con una vida normal. Sin embargo, Derifai reclama la participación de Dora en una nueva aventura por el rescate del reino, en manos de Raiselia, quien se ha vuelto una tirana.
Historia No Verificada

#dd #derifai #fantasy
AA Compartir

IV


― ¡Richard!―sonrió Dora―. Ella es nuestro objetivo, es la razón por la cual estamos aquí. Tenemos que salvar a Derifai, encontrando a Nau. Sólo ella la puede derrotar.

―Exacto. No quiero despertar. Este es el mejor sueño que he tenido.

―Me sucede lo mismo. Buscaremos a Nau.

Ambos salieron de aquel sitio. En el camino, Dora le preguntó a Richard:

―En el sueño, ¿Cómo llegaste hasta ese lugar?

―Una corta historia―inició él―. Recuerdo que estaba vacacionando, Salí a caminar al bosque. Desde ahí desaparecí. Es extraño ¿Y tú?

―También, fui capturada. ¡Vaya coincidencia! Encontrarte en un calabozo de una reina fuera de quicio en un sueño.

Minutos más tarde, Richard y Dora se acercaron al palacio, detrás de una pared petrificada, por la corrompida alma de Raiselia, estaba destruyendo el palacio mágico que alguna vez le perteneció a Eraineey. Algunos sirvientes pasaban, pero ninguno descubrió a los jóvenes.

Una voz reconocible gritó desde un sitio lejano, en una de las ventanas, reclamando, dulce, fina pero abismal, propio de su naturaleza.

― ¡Quiero mi cena!―decía la reina, furiosa a sus sirvientes. La paciencia se le terminaba pronto, siempre.

―Sí, su majestad―se escuchó una voz femenina―. Lo que usted ordene.

Dora y Richard se aproximaron, subieron por las ventanas, y la enredadera. Escuchaban los pasos de los empleados. El sonido de la charola de metal y las vajillas, que más tarde le llevaron a su habitación.

― ¡Mejor, cállate!―estalló Raiselia―. Haz lo que te pedí. Y no hables, me fastidias.

―Está bien―se sometió aquella voz inocente.

Cuando lograron ver desde la ventana, en el balcón, Dora observó que aquella nueva sirvienta de Raiselia era Noist, un hada que era integrante de las Neassun. A Dora se le volvía familiar aquella hada. Los recuerdos volvían a persistir.

―Ella… era …sun…―intentó recordar Dora, mientras mantenía su voz baja―, esto me parece familiar.

―Un Deja vu―aseguró Richard―. Eso debe ser.

―No, es como un recuerdo.

―Entonces, tú la conoces ¿Cómo?

―Quizás si tuve un sueño, con esas hadas, hace mucho tiempo. Pero, lo he olvidado. Sólo sé que ella era un hada importante. Raiselia era un hada poderosa. Una reina.

―Interesante sueño.

―Cambiando de tema ¿Cómo vamos a encontrar a Nau?―preguntó Dora a su nuevo amigo.

―Me parece que Nau está muy lejos de aquí. Lo más probable es que se encuentre con su padre, Mec.

Ambos idearon formas de concentrar a Nau. Tenían que viajar hasta Neftardén y llevarla a Derifai. Con las habilidades de Dora, quizás podrían hacer algo al respecto.

Para su asombro, al esperar más tiempo en el balcón de Raiselia, la miraron, por fin; al levantarse de su trono, Dora descubrió que la Raiselia que recordaba era distinta: Con vestimenta decorada, una juventud en decadencia, aún mantenía su esencia y ciertos rasgos de su belleza. Su cabello rojizo albergaba una corona singular. Su trono decorado con gemas preciosas como diamantes, topacios y esmeraldas. Contaba con otras joyas traídas desde otros universos.

Una de sus mejores posesiones era un tesoro invaluable; un inmenso espejo de cuatro metros de altura y tres de ancho. Su borde era versátil; poseía figuras confusas. A veces, se creaba neblina dentro, o flores hermosas que Raiselia detestaba. En ocasiones, aparecían lugares lejanos en tiempo y espacio. Fondos cósmicos, planetas, tierras fantásticas. Letras y símbolos tallados en algún extraño material. Incluso a Raiselia le sorprendía la inestabilidad del borde cuando lo veía. Ni siquiera ella podía medir el poder del objeto.

Ella deseó tener aquel espejo desde que, en cierto universo, una de sus tropas descubrió que existía un espejo con propiedades dimensionales. Cuando se acercaba a él, Raiselia podía ver cualquier lugar de muchas dimensiones que ella desconocía; era su mejor arma, su mejor visor a través del espacio. Podía ver el presente, el pasado y el futuro en el espejo, pero siempre evitaba mirar el futuro. Era su gran aliado, le ayudaba a tomar decisiones y a conocer muchos universos sin tomarse la molestia de viajar en persona.

Luchó por tenerlo. Mandó robarlo. Envió a varias tropas (de seres monstruosos creados por ella) por él, y lo consiguieron para su nueva reina, Raiselia. Ya en su posesión, Raiselia lo cuidaba como a su propia vida: Procuraba mantenerlo lejos de los curiosos que quisieran acercarse, para ello, lo cubría con una sábana que lo volvía invisible.

Dora y Richard fueron testigos de la furia de Raiselia. Después de cumplir el encargo de Raiselia, Noist volvió a la habitación de la reina, en compañía de un niño llamado…

― ¡Lafteryng! ¡Noist! ¡Son un par de incompetentes!―gritaba, furiosa, jamás―. Pagarán caro por eso.

Ella los señalaba, y en el suelo, los alimentos que encargó, estaban diluidos. Era un desastre.

Ni Noist o Lafteryng la vieron más enojada; ellos intentaron prepararle lo mejor posible aquel postre. Pero fue inútil. Raiselia no se conformaba con algo. Estaba furiosa, y tomó su varita mágica, compuesta por un diamante mágico color azul marino. Noist enmudeció. La miraba; veía que pronto se desharía de ella en cuanto la energía se volviera azul claro. Ambos se resignaron. Se abrazaron. Su lealtad ciega les costó la vida, obligados a servir a Raiselia. Ella era temible. Ella era temor.

Richard estuvo a punto de intervenir, pero Dora se lo impidió al ver que dos hadas entraron a la habitación y distrajeron a Raiselia. En cuanto aquellas hadas tocaron el suelo del cuarto, se convirtieron en humanoides monstruosos color verde, de antenas y alas grises.

―Reina Raiselia―se inclinaron ante ella por respeto―. Hemos conseguido el poder de las Cinco Vertientes para aparentar ser hadas o humanos.

Raiselia detuvo la detonación mágica y escuchó con atención. Sonrió, encantada por la noticia.

― ¡Perfecto!―exclamó, aplaudiendo― ¡perfecto!

Tanto Noist como Lafteryng se miraron: ¿Qué tramaría esa vez? Las criaturas abandonaron la habitación.

―Llamen a las otras sirvientas―ordenó Raiselia a Noist y a Lafteryng.

No tardaron en aparecer en escena. Noist, volvió con temor. Lanny Lae, Natalie, Izarea y Aralie, quien era la única que en ocasiones poseía ciertos privilegios. Todas sentían odio por Raiselia, porque ella siempre conseguía lo que quería.

―Una, dos, tres, cuatro, cinco… cinco... ¡cinco!―contó Raiselia, furiosa―. ¿Dónde está la otra?―exigió a las presentes.

Ninguna respondió.

― ¡Ziana! ¿La recuerdan? ¿Dónde está esa malnacida? ¡Contesten!

―No lo sabemos―respondieron.

― ¿Cómo, no saben?―se enfureció todavía más.

―No lo sabemos, es verdad. Hace tres días que no aparece por ninguna parte―recordó Aralie.

― ¿Y por qué nadie me informó?―gritó ella.

―Creímos que usted sabía dónde se encontraba―respondió Natalie, con temor.

―Claro que no lo sé. Pero éste espejo sabe dónde está.

Y en ese momento, quitó la manta del espejo. Todas las hadas se sorprendieron por aquel dispositivo.

―Si a alguna de ustedes se le ocurre la gran idea de huir de Derifai, de cualquier manera, yo la voy a encontrar ¡Así de pronto!―amenazó la reina.

Todas se aterrorizaron con el nuevo instrumento al ver que, en el espejo apareció la imagen de Ziana en Neftardén, buscando a Mec y a Nau, para salvar a Derifai. Todas estaban petrificadas.

―Soy la Gran Reina Raiselia―sonrió ella, satisfecha, presumiendo su excepcional poder―R… R… ¡Con las mismas iniciales! la Reina del Reino, Raiselia…

Varias palabras pensaba Izarea sobre ella, que coincidían con las iniciales de Raiselia, insultándola.

―Prometemos no volver a ser groseras con usted―dijo Natalie, con un nudo en la garganta.

―Bien―señaló ella, conforme, con un acento despectivo, continuó―, entonces, váyanse, retírense de mi presencia. Vayan por Ziana y traigan a mis pies a esa traicionera.

Las hadas obedecieron. Entraron al espejo, una tras otra, para capturar a Ziana. Izarea y todas las otras hadas lamentaron tener que obedecerla, y sobre todo, cumplir las órdenes de Raiselia de truncar la esperanza de encontrar a Nau.

Dora y Richard estaban aún más sorprendidos; aquel suceso rindió sus frutos. Decidieron esperar más tiempo antes de actuar.

Minutos más tarde, Raiselia fue llamada por otro de sus sirvientes para entregarle algo de “vital importancia”. Como Raiselia siempre tramaba algo, Noist y Lafteryng fueron tras ella, dejando el espejo solo.

―Esta es nuestra oportunidad―murmuró Richard, cauteloso.

Dora Daniela asintió.

En sigilo, se desplazaron hasta donde el espejo irradiaba imágenes de aquel universo tenebroso, Neftardén. Ambos compartieron la idea, un mismo propósito, un mismo destino. Ambos pensaron. Entraron al espejo. Una densa neblina energética cayó sobre ellos, colapsando la pesada, y después ligera luz que disminuía, salía mezclada en sus ojos.

 

5 de Diciembre de 2018 a las 20:17 0 Reporte Insertar 0

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~