Hada DD (Libro Segundo) Seguir blog

karenstraight Karen Straight Diez años después del sueño en el bosque, Dora Daniela sigue con una vida normal. Sin embargo, Derifai reclama la participación de Dora en una nueva aventura por el rescate del reino, en manos de Raiselia, quien se ha vuelto una tirana.
Historia No Verificada

#dd #derifai #fantasy
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VII


En ese espacio oscuro, Dora y Raiselia vieron a las almas de Mec, Sanny, a la Princesa de Invierno y a Eraineey. Los ojos de Raiselia no podían creerlo ¡No podía ser posible! Caía hacia el limbo, y Dora, en lo alto, observaba su caída.

― ¿No te acuerdas de mí?―preguntó Sanny en tono de burla, a Raiselia, quien caía hacia las almas caídas de Derifai―. ¿No te acuerdas de lo que me hiciste? ¿O ya se te olvidó que tu ambición me trajo hasta aquí?

―Raiselia, estoy decepcionada de ti. Yo confiaba en ti. Derifai sería tu reino, era mi propósito. Eras como una hija para mí. Derifai perdió su encanto. Perdiste tu juventud, y de paso, llevaste a Marie Ellty a la perdición.

―Me quitaste del lado de mi hija, y de Aralie. Me heriste de muerte aquel día. Justo a tiempo, logré que un alma buena salvara la vida de mi hija. No mereces ni morir ni vivir…

Y mientras escuchaba las penas de los que cayeron por su culpa, entre lágrimas, Raiselia decía;

― ¡Eso no es verdad! Yo siempre quise este reino. Logré mi sueño, nunca me di por vencida.

―Raiselia, eras admirable por esa bella magia que poseías, eras la mejor Neassun de todas. Pero ese poder se volvió contra ti. Derifai no era para ti, tú eras para Derifai.

―Nunca se es feliz si no se tiene lo que se necesita―replicaba ella.

―Nadie necesita destrozar la felicidad de otros, para ser feliz; tú eres todo lo que se necesita para ser feliz―replicó la Princesa.

Y en ese momento, Raiselia cayó en el mar de almas que fueron devoradas, y con sus manos, la jalaron hacia el océano de la muerte. Voces sublimes susurraban:

“Elegiste el camino difícil, el camino sin valor, y sin gloria”

“Te sentenciamos a vivir en el Reino sin Nombre”

Y las manos le arrebataron la corona, mientras comenzaron a jalarla, ella gritaba, aterrada.

¡Nooo, déjenme!

En tanto, Dora, quien aniquiló a Raiselia, fue alabada por todas las hadas que le aplaudieron. Richard, con una sonrisa, fue testigo del triunfo de Dora Daniela sobre Raiselia. Pronto, Derifai recobró su color, y desapareció la atmósfera lúgubre de Derifai.

Pronto, Dora fue coronada en Derifai. Aceptó que, tendría que dejar su vida en la Tierra. Logró que Alma habitara en Derifai, como una invitada especial. Richard no se marchó, pero comprendió que no podía seguir más en ese sitio.

―Richard ¿Te vas?―se sorprendió Dora, al ver que él le pedía un portal a la Tierra.

―Gracias por enseñarme que el mundo y la vida tienen un color. Pero no puedo quedarme. Esas leyes jamás lo permitirán.

―Permitir…. ¿Permitir qué cosa?―dijo Dora, sin comprenderlo.

―No eres libre. No para mí.

―No es verdad, yo soy libre.

―Lo eres, jamás podré estar junto a ti. Yo te amo.

Dora comenzó a llorar. Ella sentía lo mismo por él. Pero, al tomar el trono, a la muerte de Raiselia, Dora no podía casarse con él. Estaba atada a las leyes de Derifai. El reino mismo le prohibía estar junto a él. Se miraron a los ojos. Él habló.

―Te prometo que nunca te voy a dejar de amar. A pesar de la distancia y el tiempo, tus enseñanzas se quedarán para siempre conmigo―reveló él―. Sé la Nau que esperábamos encontrar. Derifai te necesita más de lo que yo. Vidas, la felicidad de una dimensión depende de ti. Y yo, seré una persona mejor de aquella que conociste. Aunque no me puedas ver, estarás orgullosa de mí.

―Algún día nos volveremos a ver. Y cuando eso ocurra, voy a luchar por ti, y por tu felicidad―sonrió Dora―, estaré junto a ti, pronto, ya lo verás.

Dora comprendió sus palabras. Entonces, Dora tomó su magia y abrió un portal.

―Adiós, Richard… yo también…

Y él entró al portal, desapareciendo dentro.


…TE AMO….


Richard despertaba en su habitación. La luz del sol se filtraba por la cortina de la ventana. Con lágrimas en sus ojos, él abrió los ojos.

―Esto, esto no me puede estar pasando―y se llevó las manos a la cabeza―. Ella no puede ser una mentira. Ella se desvaneció en el aire, en un despertar. No entiendo, esto no me debería pasar.

En ese momento, busca en sus bolsillos. Y encuentra los frascos de Marie.

“¿Será posible? ¿Nau existió alguna vez?”

‹‹Y, me lo sigo preguntando, al pasar los años, porque aún recuerdo su viva imagen. Sus palabras, las promesas que le hice. La sigo amando. Espero que ella sea real, porque aún espero su regreso.››•

 

5 de Diciembre de 2018 a las 20:19 0 Reporte Insertar 0
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VI


Derifai lucía más extravagante de lo que recordaban, cuando se marcharon. Derifai se volvió más oscuro y tenebroso.

―Dora, ¿Hablas en serio?―se sorprendió él―. ¿La vamos a entregar a Marie?

―No, sólo la engañamos como ella a nosotros. No podemos hacer eso. ¿Sabes? Ni siquiera nos pertenece. Nau salvará a Derifai, si la encontramos, no la entregaríamos a sus enemigos.

―Este sueño se pone interesante―dijo Richard.

El palacio de Raiselia estaba protegido con una nueva capa mágica.

― ¿Cómo vamos a entrar por el espejo?―preguntó Richard.

―Tenemos poderes, en este sueño. Ahora lo recuerdo―dijo, mientras alzaba la mirada―. Vamos.

Sin pensarlo más, Richard y ella corrieron hacia el palacio, con precaución, protegiéndose de ser vistos por los guardias de Raiselia, quienes estaban dispuestos a todo por ella.

―SCH―pidió Dora, ocultándose tras un frondoso árbol inerte. Escucha, tengo un plan.

―Haré lo que pidas.

―No será fácil; tendremos que subir hasta ese árbol y llegar a la muralla interior de palacio. Desactivaré la barrera exterior por un momento. Lo intentaré sólo una vez, es nuestra oportunidad.

Ambos se acercaron a la muralla.

―Sube primero―dijo Richard―, yo te ayudaré.

Dora logró subir rápido con ayuda de Richard. Y subió al árbol aledaño. Richard subió después.

Desde la muralla, ambos contemplaron un paisaje fuera de la apariencia de Derifai; las ramas de los árboles se volvieron quebradizas. La vida de Derifai se consumía desde que Raiselia tomó el trono. Las flores que crecían se marchitaban pronto. El césped, ni la tierra eran fértiles. Derifai se volvía un mundo como Neftardén, hecho que apasionaba a Raiselia, por Mec, a quien no conseguía encontrar con el espejo. Guardaba en ella, el deseo de deshacerse de Aralie, aún le guardaba rencor por robarle a Mec. Pero, después, recordaba las palabras que ella le dijo. Y sus palabras dulces conmovían a la feroz reina.

Richard y Dora bajaron de la muralla lisa con grabados en la superficie rosada. La barrera que protegía al palacio emanaba luz ligera, permitía observar el palacio de torres grises. Adentro, el espejo estaría cubierto con una sábana.

Al llegar a la barrera, notaron que ambos podían entrar sin ningún problema. Comprendieron que, quizás, por ser humanos, la barrera no surtía efecto en ellos.

Entraron al palacio. Varias hadas guardianas custodiaban la habitación de Raiselia, la única que fue remodelada.

― ¿Qué hacemos?―preguntó Dora.

―Distraerlas con algo. ¿Qué es importante para las hadas? La magia―dijo él, sacando uno de los frascos de su bolsillo.

Dora aprobó la genialidad de Richard, y después, él lanzó el frasco por el pasillo con toda su fuerza.

El frasco pasó rodando a toda prisa por el pasillo, frente a sus ojos. Ellas advirtieron que una magia descomunal pasaba. Y en una competencia, las hadas corrieron y volaron por el frasco divino.

El plan resultó como lo planeó el joven. Y en cuanto ellas se alejaron, los dos entraron por la enorme puerta. Raiselia no estaba, como ellos suponían, dentro. Los dos se apresuraron a buscar con el tacto la manta que volvía invisible al espejo. Los dos estaban nerviosos; en cualquier momento, ellas volverían. Escucharon lejos los tacones de las hadas que peleaban por el frasco, todas querían quedárselo.

Richard encontró el espejo y le quitó la sábana. Dora acudió pronto con él. Ambos se emocionaron. Lucía tan imponente como lo recordaban. Ese espejo poseía las respuestas para casi todo. Pensaron en Nau, y se imaginaron en cómo sería ella en apariencia. Querían saber dónde se encontraba aquella mujer de buen corazón, la heredera de Derifai, con el poder suficiente para acabar con Raiselia y su reino maligno.

―Espejo, ¿Podrías mostrarnos el lugar donde se encuentra NAU? por favor―pidió Dora.

Ellos se veían en la habitación, reflejados en el espejo de bordes dinámicos. Esperaron a que funcionara, pero no surtió efecto.

―Sólo funciona con esa malvada Raiselia―se enojó Richard.

En ese momento, Raiselia apareció por la puerta y los descubrió. Ella sostenía su varita, y con su aire imponente, los miró.

―Ah, ustedes aquí―se sorprendió ella―. Creí que me libré de ti y del raro ese―se dirigió a Dora―. Dora, mira  lo que he logrado en el trono. Yo dije que sería reina, y lo he logrado. ¿Recuerdas que sólo querías volver con tu madre, a casa? Ahora no te quieres ir, eres un estorbo para mí― en ese momento, Raiselia sacó de su varita un libro grueso, con pastas negras. Lo dejó flotando a la altura que ella eligió, abrió una página―, veamos, en este libro se dice que, ustedes serán nada en cuanto pronuncie estas palabras. ¿Me detendrá Nau?

― ¿Qué le has hecho a Nau?―se enojó Dora―-. ¿Dónde está?

―Jajajajaja―rio Raiselia―. Yo esperaba que jamás regresaras, pero con esas profecías, ya no logro saber lo que debo hacer.

―Dora―llamó Richard―, mira el espejo. Si le pides que te muestre a Nau jamás lo hará, lo único que hará es reflejar tu imagen. Tú eres Nau, por eso tienes ese poder. Aunque yo lo intentara, nunca conseguía algo. Yo soy humano. Tú eres la hija de Mec y Aralie.

―Como dice el raro ese―señaló Raiselia―. ¿Eres tonta o qué? Es demasiado que no te conozcas.

―No es verdad, yo no soy quien dicen que soy. Yo tengo a mi madre, Alma, es mi madre.

―Pero no es tu madre. Ella no es tu verdadera madre, sino Aralie. ¿Gracioso, no? pero, no importa eso. Sin importar más, miren mi libro, el Libro de Stoler, el gran libro de la magia, el mismo que los va a destruir sin importar las profecías―rio Raiselia.

Loen Do Fant Lop Sou Jad. Me Inved Sopp-Quot Mart Essenie

En ese momento, al pronunciar esas palabras, Daniela comenzó a flotar, envuelta en magia que la comprimía como cadenas sólidas. Ella intentaba, en vano, liberarse aquella fuerza. Richard reaccionó, y fue hasta donde estaba Raiselia, concentrada en las palabras para decirlas con precisión. Le quitó el libro y lo arrojó al espejo, el cual, al contacto con el volumen, recibió en una dimensión desconocida.

Dora cayó al suelo, liberada del hechizo, recobró el conocimiento. Raiselia no podía creer que la quitaron el poderoso libro, un simple niño. Entonces, Raiselia lo lomó del cuello y lo alzó, después lo aventó contra la pared y le dijo:

―Siempre supe que era ella, Nau―reveló―, pero no quise deshacerme de ella si no amenazaba mi reino o a mis planes. Siempre supe dónde estabas, gracias al espejo.

―Pero, yo no quiero tu reino. Yo no quiero gobernarlo. Yo sólo quería, y Richard también, que la Nau que imaginábamos, lo hiciera con valor y justicia. Tú no eres tal, no has sido buena, como Eraineey―dijo Dora, recordando a la mujer que le cedió el trono.

―Nau eres tú―le dijo Richard, levantándose.

―Yo no sabía que Nau era yo, y eso cambia todo. Aún no lo creo del todo.

―Por favor, Dora, Derifai te necesita. Eres su única esperanza, puedes hacer todo para cambiar el destino de este sitio―le dijo Richard.

―Pero, no tengo poderes, como lo dices―recordó ella.

―Dora, tienes el mejor de todos; la voluntad―le decía Richard.

Raiselia no se olvidó de ellos y con su varita, lanzó poder en contra de Dora, quien comenzó a sentir la furia de Raiselia.

―Esta vez no te escaparás―sentenció.

Dora intentó protegerse, y reaccionó ante el ataque.

―Eso no importa. Richard, si es verdad lo que dices, Derifai necesita a alguien como la Nau que imaginé; justa, invencible, y sobre todo, dispuesta a todo por devolverle la paz a Derifai.

En ese momento, Dora se defiende y ataca con miles de puntos flotantes. Raiselia usa sus escudos mágicos.

―Richard, abandona el palacio―pidió ella, al ver que era cierto, comprendía, al fin, que ella era Nau.

Richard atendió el llamado de Dora y salió a toda prisa mientras que Raiselia y Dora peleaban a muerte. Justo a tiempo, Dora y Raiselia destruyeron las paredes, mostrando su magia y su potencial, ambas, como hadas. Dora, a pesar de no ser un hada por completo, podía usar la magia propia de las hadas, pero con el nivel que la profecía indicaba.

Ante la colosal destrucción del palacio, las tropas de Raiselia se congregaron para atacar a Dora, quien no cedía. Ella comenzó a notar que aquellos sucesos no eran irreales, aunque la razón le dictara lo contrario. Sintió que su mundo estaba fuera de sí, pero que ella era parte de él. Era su reino, Eraineey, la amable reina le entregó el trono, ella no podía decepcionarla. Ella sintió que perdió el tiempo, y que, pronto acabaría con la oscuridad de su dimensión; Derifai.

Dora usó todo su poder para terminar con Raiselia. En ese momento, al tocar la magia de Dora con Raiselia, un bucle entre la vida y la muerte, se abrió paso al espacio de ambas.

5 de Diciembre de 2018 a las 20:18 0 Reporte Insertar 0
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V


Para su sorpresa, no llegaron a Neftardén, sino a un sitio desconocido al que no deseaban ir: En ese espacio, la atmósfera irradiaba colores cálidos. Una energía especial se apoderaba de ese espacio. Una expresión pintoresca del alto césped amarillo y fino, bajo aquel cielo color grisáceo con mezclas color verde pistache, vacío y oscuridad. Aquella dimensión era complicada para caminar; una desesperación oprimía el alma y energía de Dora y de Richard, como si aquel lugar no permitiera una segunda y tercera alma. El lugar seco y solitario parecía ser pequeño.

―Este sitio es…

―No esperaba venir aquí―dijo Dora, intentando caminar entre el césped, abriéndose paso.

―A mí me provoca miedo. Y es algo que no me pasa seguido. ¿Será porque se siente apretado y asfixiante?

―Siento lo mismo. Me pregunto ¿Cómo saldremos de aquí?

― ¿Y si todo es real? ¿No quedaríamos aquí para siempre? Me quedaría en el horror, intentando subir de “dimensión”. Pensaría en que debimos hacer algo distinto para salvar a Derifai y encontrar a Nau ¿Y si Raiselia nos captura?

―Richard, no digas más. Busquemos a ese alguien que sentimos, está aquí. Quizás nos ayude a salir.

Richard se animó. Y siguió a Dora, mientras caminaban buscando algún rastro de civilización. No muy lejos de aquel mundo que les parecía una pintura en el naranja denso. Minutos después encontraron una cabaña de madera frágil, desgastada. Lucía como una típica vivienda abandonada.

―Richard ¡vamos!―se animó Dora, y ambos corrieron hasta ella.

En el momento en que estuvieron en la puerta, antes de abrirla, Richard tuvo una duda.

―No, será mejor que no entremos.

―Adentro, puede haber alguien que nos ayude.

―No creo que sea buena idea.

Dora ignoró a Richard y abrió la puerta de madera. Ella se preguntaba si habría alguien que la entendiera.

Adentro, la imagen era cruel; trozos de madera, leña apilada, una hoguera apagada que pronto sería encendida. Incluso, el cruel esqueleto colgado al abrir la puerta. Al ver aquel lugar, Dora sintió un temor hondo. Volvió atrás y cerró la puerta. Antes que se cerrara, una mano al interior lo impidió, sosteniendo la puerta.

―Hay alguien en casa―dijo Dora, soltando la puerta. Richard y ella retrocedieron.

Una imagen impactó a los jóvenes; era una mujer con un estilo oscuro. Ella llevaba un vestido negro, broches, cabello ondulado, color naranja. En el sueño. En el recuerdo. Ella.

― ¿Quiénes son ustedes?―preguntó la mujer, quien aún lucía joven en cierta manera, por su imponente presencia. Ellos estaban atónitos―. ¿Hola? ¡Despierten! ¡No soy mala!

Muy pronto regresaron de su horror. Aunque ella era terror. Era bonita, pero ese peculiar escenario no inspiraba confianza, tampoco su estigmatizado vestuario de bruja, con el sombrero, el vestido, el estilo.

Richard, para su sorpresa, entendió que quizás si creía en las brujas de las historias infantiles, del cine y la televisión.

― ¿Quiénes son?―cuestionó la bruja con un tono dulce.

―La pregunta obligada aquí es: ¿Quién eres?―habló Richard.

―Disculpen mi falta de cortesía. Mi nombre es Marie Ellty.

―Marie Ellty… creo que he escuchado ese nombre.

―Quizás. ¿Y el tuyo?―preguntó Marie.

―Dora, Dora Daniela.

―El mío es Richard Fundrell.

―Ahora que nos conocemos, acérquense. No soy mala. Es la verdad. Los invito a pasar a mi humilde morada.

―Antes de hacer eso, nos puedes explicar ¿Qué significa ese cadáver ahí dentro?―exigió Richard, aun manteniendo la compostura.

―Discúlpenos―pidió Dora―, no era nuestra intención molestarla, así que…

―Ya lo entiendo. Ahora bien. Yo los ayudaré―sonrió ella.

― ¿En serio?―sonrió Dora.

―En serio ¿Acaso creen que yo les mentiría con estas cosas?

―No sabemos tus pensamientos―se atrevió Richard―. ¿El cadáver? No eres honesta. Ninguna bruja con cadáveres en su casa parece buena onda, menos si nos invita a pasar. Yo no confío en las brujas y en sus maleficios.

―Lo has dicho. “Sus maleficios”―se burló la joven bruja―. Esto es una malinterpretación. Esta casa era de mi padre. Su última voluntad fue yacer aquí, y aquí sigue. Nunca califiques a alguien sin tener la suficiente información. Me parece que eres demasiado corriente. Te olvidas que los estereotipos dañan. Nunca sabes quién puede ayudarte, quien menos lo esperas.

―Tiene razón―reflexionó Richard.

―Mírate, mírame. Conozco a los seres humanos. Conozco sus ideales. Conozco tu identidad y tu cultura. ¿Acaso alguien te respeta? ¿Alguien te trata bien? ¿Alguien que no viste igual que tú, te aprecia por lo que eres? Sólo los de la misma clase se aceptan. Si no son iguales a los demás, no lo hacen, no te comprenden. Así es conmigo. Pero ya sabes; yo ya olvidé e ignoré a los ignorantes. ¿Ahora dudas?

―No, ya no―confesó Richard―. Disculpa.

―Disculpa aceptada.

Richard y Dora estaban convencidos por ella. Ella era tan auténtica, hasta en su sonrisa.

―Entonces―comenzó Dora― ¿Nos ayudarás a volver?

― ¡Por supuesto! Yo puedo hacer esas cosas―. Acompáñenme, por favor.

―Sí.

Ambos siguieron a la singular bruja, pasando por la sala hasta una habitación oscura, sólo iluminada por la cálida luz de un tragaluz en el techo alto. En la pared de madera oscura, un mueble amplio que ocupaba toda la alta pared, del espacio. Y sobre aquel mueble colosal, incontables frascos de vidrio albergaban líquidos y fórmulas de colores resplandecientes, opacas y, algunas, siniestras o confusas. Todas con etiquetas blancas y letras.

Ambos estaban anonadados, porque el lugar era tan alto que, visto desde afuera, no parecía que la casa tuviera más de una planta.

― ¿Por qué este lugar es muy alto?―preguntó Dora a Marie, intrigada―. Su casa no parecía tener ese tamaño, al menos no se veía así.

―Porque―respondió Marie―. Las cosas no son lo que parecen ser. Las apariencias siempre son algo subjetivo.

―Eso debe ser―se complació la joven.

En tanto, Marie buscó con la mirada un frasco. Richard tampoco despegaba la  mirada de las repisas y de los frascos. Estaba absorto de cada uno de los líquidos o gaseosos, algunos fragmentos de animales raros, esferillas azuladas, humos verdes… una colección infinita.

Cuando Daniela miró a Marie Ellty, después de algunos minutos, descubrió que ya usaba una silla para subir más alto. Y como la silla no era mágica por naturaleza, no ascendía como Ellty quería. Enojada, lanzó magia cerca de la puerta para atraer su escoba, la cual cambió por la silla.

Marie revisaba las repisas, línea por línea.

En silencio, Dora se encontraba en el suelo, sentada. Richad cruzaba los brazos, mirando a los frascos desde lejos. Más tarde, Richard se acostó a punto de dormir. Dora seguía pensando en lo que haría en Derifai. Pensaba en Derifai, en Raiselia, quien destruía e incrementaba su descomunal poder. En Neftardén, Nau era la única esperanza.

Pasaron dos horas. Tres... Cuatro…Diez horas… y Marie no encontraba el frasco para tele transportarlos a Derifai.

Desde una esquina, de lo alto de la habitación, se encontraba la mascota de Marie; un gatito negro y pequeño. Era una criatura encantadora y sutil. Tenía hambre. Hasta que encontró algo que cenar; una criatura perspicaz color gris: Un ratón que avanzaba sobre una repisa más alta. El animalito miró a su presa, dispuesto para la caza. Corrió, empujando algunos frascos, que cayeron al suelo.

Marie estaba furiosa, sin otra alternativa que alcanzar los frascos con las manos. No podía usar magia, porque esta dañaría al contenido. Los volvía a colocar mientras caían. Miraba hacia arriba, y el gato tiraba más. Dora y Richard le ayudaron a atrapar los frascos, pero caían más de los que podían sostener.

El ratón gris se encontraba en el otro extremo de la repisa, comiendo un trozo de queso. Pronto reaccionó ante el gato que se aproximaba para devorarlo. Bajó a la siguiente repisa, esquivando los frascos. El gato se bajó, y volvió a tirar más frascos.

― ¡Cannien!―gritaba Marie, irritada―. ¡Detente, ahora!

El gato no la obedeció y prosiguió en la caza ¡Esta vez tendría algo decente para cenar! Mientras que Marie intentaba atraparlo, el gato corría aún más. Y mientras más lo perseguía en las repisas, más frascos arrojaba al suelo.

Caían tantos frascos que se desestabilizó el colosal mueble.

―Chicos, hay que salir de aquí―avisó ella a Dora y a Richard.

Al instante, ellos obedecieron. El mueble se desprendió de la pared justo después de salir de la habitación. Un sonido fuerte se escuchó al interior, y muchos frascos cayeron y rodaron por el suelo.

Marie estaba más furiosa que nunca al ver el desastre producido por Cannien; el mueble vació todos los frascos al piso. Era una fortuna que el vidrio de los frascos era especial, de otra forma, pudo ocurrir una tragedia. Decidida, Marie pensó en que se vengaría de ese animal irritante.

En cuanto vio al ratón salir de entre los “escombros”, Marie le lanzó poder para desaparecerlo. El ratón escapó, incrementando el enojo de la joven bruja. Cannien, apareció espantado, y enfurecido, por supuesto: “Le quitaron su cena perfecta. Él sólo quería cenar algo normal. Marie le obligaba a comer alimentos extraños. Y cuando tuvo la oportunidad de comer algo diferente, Marie lo arruinó todo, como siempre”

Cannien se lanzó a Marie. Nadie logró detenerlo. Ella estaba asustada, porque le rasguñó las manos. Luego se aferró a su cara y sumergió a Marie a la oscuridad. Ella estaba aterrada, tampoco podía ver algo. Sus gritos atroces hicieron que Richard acudiera en su ayuda. Intentaba quitarle al gato de encima. Sin embargo, el gato no la soltó. Sus convicciones eran fuertes. Como Richard no logró apartar al gato de la cara de Marie, Dora le ayudó, y juntas luchaban por quitárselo.

Richard volteó a ver al suelo. Y en él, los frascos que llamaban su atención estaban todos en el suelo. Y en él, encontró los colores relucientes en los frascos, etiquetados con el idioma desconocido. En un segundo, decidió tomarlos. Quizás, algún día los necesitaría. Quizás aprendería a usarlos. Volteó a ver a Dora y a Marie, aún en lucha. Nadie de ellas se enteraría del robo. Tomó algunos frascos pequeños y los guardó en los bolsillos de su pantalón, hasta que ya no cabían más.

Para suerte de Marie, logra le quitó al gato, con mucho esfuerzo. Cannien intentó agredirla otra vez, y volver a lacerar su cara. Pero Marie, que era más lista, tomó su escoba y le pegó varias veces con ella, hasta que ya no la atacó.

― ¡Gato malo!―lo regañó―, te voy a convertir en un brebaje por tu deshonra. ¿Lo entiendes?

El gato se acercó a su dueña de forma cariñosa. Ella también lo quería y le perdonó.

―Disculpen por todo eso―lamentó la chica―. Ahora, buscaré lo que necesitan.

―Será mejor que le ayudemos―sugirió Richard.

― ¡No!―exclamó ella de imprevisto―. Yo soy la anfitriona, yo lo buscaré. Ahora que todo está abajo, me será más fácil. Ustedes pueden descansar en ese sillón. No tardaré.

―De acuerdo.

Marie volvió a buscar entre la montaña de frascos. No tardó demasiado en encontrarlo.

― ¡Al fin!―gritó ella, triunfal.

― ¿En serio?―preguntó Richard, levantándose del sillón.

―Ahora sólo falta mi varita―dijo ella―- ¿Qué les parece si la convierto en una puerta dimensional? Voy por ella.

Marie salió de la habitación. Sonrió. Dora se percató que Richard, al sentarse, guardaba algo en los bolsillos. Pero no habló, ella, sin decir palabra, pensó que no era lo más apropiado hablar sobre ello; él era inteligente y sabía lo que hacía. Richard, por su parte pensaba en ingeniosas ideas; quizás podía estudiar sus componentes, y patentar sus propiedades. Producirlos en serie y volverse millonario. Quizás era un sueño, pero él estaba convencido que no estaba soñando.

Marie volvió con una varita mágica. En un extremo, deslumbraba el color dorado de la vara negra. Marie sonreía. En una mano agarraba el frasco, y en la derecha, la varita. La agitó con suavidad y rodeó el frasco. Una bella capa de magia luminosa y variante se extrajo del frasco. Marie cerraba los ojos, concentrada. Los jóvenes miraban maravillados. Pronto el frasco se desvaneció. Marie lo soltó, en su lugar, se generó un portal hacia Derifai.

―Listo―dijo Marie, satisfecha―. Ahora solo pido algo a cambio. Ustedes tendrán que darme lo que yo les voy a pedir.

― ¿Qué?―se sorprendió Richard, indignado―.Dijiste que nos ayudarías… sin pedir algo.

― ¿Ah sí?―se burló Marie―.Yo nunca dije eso.

―No importa―interrumpió Dora―. ¿Qué quieres cambio?

―Es algo insignificante―resaltó Marie.

― ¿Entonces?―preguntó él―. ¿Qué es?

―Nau―reveló ella.

― ¿Nau? ¿Por qué ella?―preguntó Daniela.

―Tienen que buscarla. Y cuando la encuentren, me la entregan, y yo los regreso a su planeta. Tendrán una recompensa. Al volver, no tendrán preocupaciones económicas. Les garantizo y doy mi palabra de bruja que les daré mucho, mucho dinero. Tendrán salud. Y en tu caso, Richard, la gente te respetará, porque serás un emo adinerado. Pueden pedir lo que quieran. Mi poder les puede conceder todo lo que ustedes quieran, fama poder, fortuna. Tendrán vida y juventud para disfrutar de las cosas que les daré. Sólo tienen que encontrarla y entregármela, es fácil.

―Pero, si tienes todo ese poder ¿Por qué no la has encontrado?―preguntó Richard, intrigado.

―Buena pregunta. Yo no puedo abandonar esta dimensión. Si pudiera, yo la habría encontrado antes que nadie.

―Pero, nosotros no sabemos si está viva―señaló Dora.

―Ella está viva, en alguna parte. Derifai no tiene indicios de su final―contó ella.

― ¿Conoces la profecía?―cuestionó Dora.

―Todos la conocen―respondió Marie―. Pero eso no importa. Digan si quieren escapar. Yo puedo terminar con la pesadilla en Derifai. Vayan por Nau.

―Creí que eras diferente, como decías―contó Richard.

―Creíste como bobo en lo que dije. En parte, es cierto. Nadie te da algo sin pedir algo a cambio. Sólo los tontos hacen eso. Y nadie quiere ser un tonto más.

―De acuerdo―aceptó Dora―. Traeremos a Nau.

― ¿Qué dices?―se sorprendió él.

―Sí―aceptó ella―. Yo sí quiero volver a la Tierra con todo lo que nos promete Marie. Es tentador. ¿Me vas a apoyar?

―Está bien. Yo no me quiero quedar.

Marie sonrió, con una sonrisa malévola; dos nuevos sirvientes que buscarían a Nau a como diera lugar.

Richard y Daniela se despidieron de Marie, y entraron al portal que se cerró cuando ellos llegaron a Derifai.

 

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IV


― ¡Richard!―sonrió Dora―. Ella es nuestro objetivo, es la razón por la cual estamos aquí. Tenemos que salvar a Derifai, encontrando a Nau. Sólo ella la puede derrotar.

―Exacto. No quiero despertar. Este es el mejor sueño que he tenido.

―Me sucede lo mismo. Buscaremos a Nau.

Ambos salieron de aquel sitio. En el camino, Dora le preguntó a Richard:

―En el sueño, ¿Cómo llegaste hasta ese lugar?

―Una corta historia―inició él―. Recuerdo que estaba vacacionando, Salí a caminar al bosque. Desde ahí desaparecí. Es extraño ¿Y tú?

―También, fui capturada. ¡Vaya coincidencia! Encontrarte en un calabozo de una reina fuera de quicio en un sueño.

Minutos más tarde, Richard y Dora se acercaron al palacio, detrás de una pared petrificada, por la corrompida alma de Raiselia, estaba destruyendo el palacio mágico que alguna vez le perteneció a Eraineey. Algunos sirvientes pasaban, pero ninguno descubrió a los jóvenes.

Una voz reconocible gritó desde un sitio lejano, en una de las ventanas, reclamando, dulce, fina pero abismal, propio de su naturaleza.

― ¡Quiero mi cena!―decía la reina, furiosa a sus sirvientes. La paciencia se le terminaba pronto, siempre.

―Sí, su majestad―se escuchó una voz femenina―. Lo que usted ordene.

Dora y Richard se aproximaron, subieron por las ventanas, y la enredadera. Escuchaban los pasos de los empleados. El sonido de la charola de metal y las vajillas, que más tarde le llevaron a su habitación.

― ¡Mejor, cállate!―estalló Raiselia―. Haz lo que te pedí. Y no hables, me fastidias.

―Está bien―se sometió aquella voz inocente.

Cuando lograron ver desde la ventana, en el balcón, Dora observó que aquella nueva sirvienta de Raiselia era Noist, un hada que era integrante de las Neassun. A Dora se le volvía familiar aquella hada. Los recuerdos volvían a persistir.

―Ella… era …sun…―intentó recordar Dora, mientras mantenía su voz baja―, esto me parece familiar.

―Un Deja vu―aseguró Richard―. Eso debe ser.

―No, es como un recuerdo.

―Entonces, tú la conoces ¿Cómo?

―Quizás si tuve un sueño, con esas hadas, hace mucho tiempo. Pero, lo he olvidado. Sólo sé que ella era un hada importante. Raiselia era un hada poderosa. Una reina.

―Interesante sueño.

―Cambiando de tema ¿Cómo vamos a encontrar a Nau?―preguntó Dora a su nuevo amigo.

―Me parece que Nau está muy lejos de aquí. Lo más probable es que se encuentre con su padre, Mec.

Ambos idearon formas de concentrar a Nau. Tenían que viajar hasta Neftardén y llevarla a Derifai. Con las habilidades de Dora, quizás podrían hacer algo al respecto.

Para su asombro, al esperar más tiempo en el balcón de Raiselia, la miraron, por fin; al levantarse de su trono, Dora descubrió que la Raiselia que recordaba era distinta: Con vestimenta decorada, una juventud en decadencia, aún mantenía su esencia y ciertos rasgos de su belleza. Su cabello rojizo albergaba una corona singular. Su trono decorado con gemas preciosas como diamantes, topacios y esmeraldas. Contaba con otras joyas traídas desde otros universos.

Una de sus mejores posesiones era un tesoro invaluable; un inmenso espejo de cuatro metros de altura y tres de ancho. Su borde era versátil; poseía figuras confusas. A veces, se creaba neblina dentro, o flores hermosas que Raiselia detestaba. En ocasiones, aparecían lugares lejanos en tiempo y espacio. Fondos cósmicos, planetas, tierras fantásticas. Letras y símbolos tallados en algún extraño material. Incluso a Raiselia le sorprendía la inestabilidad del borde cuando lo veía. Ni siquiera ella podía medir el poder del objeto.

Ella deseó tener aquel espejo desde que, en cierto universo, una de sus tropas descubrió que existía un espejo con propiedades dimensionales. Cuando se acercaba a él, Raiselia podía ver cualquier lugar de muchas dimensiones que ella desconocía; era su mejor arma, su mejor visor a través del espacio. Podía ver el presente, el pasado y el futuro en el espejo, pero siempre evitaba mirar el futuro. Era su gran aliado, le ayudaba a tomar decisiones y a conocer muchos universos sin tomarse la molestia de viajar en persona.

Luchó por tenerlo. Mandó robarlo. Envió a varias tropas (de seres monstruosos creados por ella) por él, y lo consiguieron para su nueva reina, Raiselia. Ya en su posesión, Raiselia lo cuidaba como a su propia vida: Procuraba mantenerlo lejos de los curiosos que quisieran acercarse, para ello, lo cubría con una sábana que lo volvía invisible.

Dora y Richard fueron testigos de la furia de Raiselia. Después de cumplir el encargo de Raiselia, Noist volvió a la habitación de la reina, en compañía de un niño llamado…

― ¡Lafteryng! ¡Noist! ¡Son un par de incompetentes!―gritaba, furiosa, jamás―. Pagarán caro por eso.

Ella los señalaba, y en el suelo, los alimentos que encargó, estaban diluidos. Era un desastre.

Ni Noist o Lafteryng la vieron más enojada; ellos intentaron prepararle lo mejor posible aquel postre. Pero fue inútil. Raiselia no se conformaba con algo. Estaba furiosa, y tomó su varita mágica, compuesta por un diamante mágico color azul marino. Noist enmudeció. La miraba; veía que pronto se desharía de ella en cuanto la energía se volviera azul claro. Ambos se resignaron. Se abrazaron. Su lealtad ciega les costó la vida, obligados a servir a Raiselia. Ella era temible. Ella era temor.

Richard estuvo a punto de intervenir, pero Dora se lo impidió al ver que dos hadas entraron a la habitación y distrajeron a Raiselia. En cuanto aquellas hadas tocaron el suelo del cuarto, se convirtieron en humanoides monstruosos color verde, de antenas y alas grises.

―Reina Raiselia―se inclinaron ante ella por respeto―. Hemos conseguido el poder de las Cinco Vertientes para aparentar ser hadas o humanos.

Raiselia detuvo la detonación mágica y escuchó con atención. Sonrió, encantada por la noticia.

― ¡Perfecto!―exclamó, aplaudiendo― ¡perfecto!

Tanto Noist como Lafteryng se miraron: ¿Qué tramaría esa vez? Las criaturas abandonaron la habitación.

―Llamen a las otras sirvientas―ordenó Raiselia a Noist y a Lafteryng.

No tardaron en aparecer en escena. Noist, volvió con temor. Lanny Lae, Natalie, Izarea y Aralie, quien era la única que en ocasiones poseía ciertos privilegios. Todas sentían odio por Raiselia, porque ella siempre conseguía lo que quería.

―Una, dos, tres, cuatro, cinco… cinco... ¡cinco!―contó Raiselia, furiosa―. ¿Dónde está la otra?―exigió a las presentes.

Ninguna respondió.

― ¡Ziana! ¿La recuerdan? ¿Dónde está esa malnacida? ¡Contesten!

―No lo sabemos―respondieron.

― ¿Cómo, no saben?―se enfureció todavía más.

―No lo sabemos, es verdad. Hace tres días que no aparece por ninguna parte―recordó Aralie.

― ¿Y por qué nadie me informó?―gritó ella.

―Creímos que usted sabía dónde se encontraba―respondió Natalie, con temor.

―Claro que no lo sé. Pero éste espejo sabe dónde está.

Y en ese momento, quitó la manta del espejo. Todas las hadas se sorprendieron por aquel dispositivo.

―Si a alguna de ustedes se le ocurre la gran idea de huir de Derifai, de cualquier manera, yo la voy a encontrar ¡Así de pronto!―amenazó la reina.

Todas se aterrorizaron con el nuevo instrumento al ver que, en el espejo apareció la imagen de Ziana en Neftardén, buscando a Mec y a Nau, para salvar a Derifai. Todas estaban petrificadas.

―Soy la Gran Reina Raiselia―sonrió ella, satisfecha, presumiendo su excepcional poder―R… R… ¡Con las mismas iniciales! la Reina del Reino, Raiselia…

Varias palabras pensaba Izarea sobre ella, que coincidían con las iniciales de Raiselia, insultándola.

―Prometemos no volver a ser groseras con usted―dijo Natalie, con un nudo en la garganta.

―Bien―señaló ella, conforme, con un acento despectivo, continuó―, entonces, váyanse, retírense de mi presencia. Vayan por Ziana y traigan a mis pies a esa traicionera.

Las hadas obedecieron. Entraron al espejo, una tras otra, para capturar a Ziana. Izarea y todas las otras hadas lamentaron tener que obedecerla, y sobre todo, cumplir las órdenes de Raiselia de truncar la esperanza de encontrar a Nau.

Dora y Richard estaban aún más sorprendidos; aquel suceso rindió sus frutos. Decidieron esperar más tiempo antes de actuar.

Minutos más tarde, Raiselia fue llamada por otro de sus sirvientes para entregarle algo de “vital importancia”. Como Raiselia siempre tramaba algo, Noist y Lafteryng fueron tras ella, dejando el espejo solo.

―Esta es nuestra oportunidad―murmuró Richard, cauteloso.

Dora Daniela asintió.

En sigilo, se desplazaron hasta donde el espejo irradiaba imágenes de aquel universo tenebroso, Neftardén. Ambos compartieron la idea, un mismo propósito, un mismo destino. Ambos pensaron. Entraron al espejo. Una densa neblina energética cayó sobre ellos, colapsando la pesada, y después ligera luz que disminuía, salía mezclada en sus ojos.

 

5 de Diciembre de 2018 a las 20:17 0 Reporte Insertar 0
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