francisco-cisneros1585506415 Javi Iruegas

Era un día normal cuando todo comenzó. Las criaturas salieron de la nada. Asesinando y masacrando gente a diestra y siniestra. No sé si sobreviviremos, pero estoy convencido que encontraré la respuesta. Más adelante subiré las interpretaciones de los diálogos en idiomas extranjeros.


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El Atardecer.

Año 2018. Michael Russo estaba en su despacho, preparando una presentación sobre sus investigaciones de la Teoría de la catástrofe de “Toba”, catástrofe que ocurrió hace 70 o 75 mil años atrás y de cómo el ser humano pudo sobrevivir a dicha catástrofe, según algunos autores. La radio estaba prendida en la estación de los clásicos del rock, estación que a su papá le gustaba escuchar cuando estaba en vida. La canción Bohemian Rhapsody provocó en el joven historiador una sonrisa nostálgica, cuando ésta empezó a sonar, era la canción favorita de su papá, y cada que la escuchaba se acordaba del hombre amable que tuvo como padre. A veces se preguntaba, como una persona tan buena pudo existir y como pudo morir de esa manera tan horrible.

- Te extraño mucho, viejo. – Dijo a la vez que sacaba un cigarrillo y lo ponía entre sus labios rodeados de una barba oscura. Tomó el encendedor y lo prendió, le dio una buena bocanada y mientras sacaba el humo por la nariz pensó: “Algún día nos veremos, papá.”

Posó sus codos en el escritorio y escondió su cara entre sus manos por un breve tiempo. Michael se levantó de la silla del escritorio con el cigarro en la boca, dejando una línea de humo que se disipaba inmediatamente. Caminó hacia un cuarto que usaba como bodega donde tenía cajas amontonadas, y con algunas esquinas aboyadas. Procedió a tomar y bajar una que tenía hasta arriba de la pila, la cual ya estaba vieja, y que en la parte de abajo tenía cinta negra tapando y ayudando a que no se desarmara y no se hiciera un desorden. La puso en el piso, se enderezó y regresó a su escritorio, del cual debajo de éste mismo abrió un compartimiento que él había creado para que pasase desapercibido.

Salió un listón que se apreciaba sólo a contra luz, el cual estaba amarrado al mango de un cuchillo que estiró y agarró. Cerró el compartimiento. Abrió la caja con él, el cual lo tenía ahí por seguridad. Después de cortar la cinta con el instrumento punzocortante le dio la vuelta a éste y lo puso a su lado. Sacó una caja pequeña totalmente negra y con una cerradura en forma de pentagrama. Sacó una llave negra, que tenía colgada en su cuello dentro de su playera gastada. Introdujo la llave en la herradura, le giró hacia la derecha, y escuchando el tope empujó la llave un poco más adentro de la misma.

Procedió a abrir la caja negra. Al ver su interior sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. En la caja no se podía apreciar nada, sólo oscuridad, irónico, ya que estaba sentado bajo un foco. En la caja no se podían ver los bordes brillando a causa de la luz, sólo había oscuridad en esa pequeñez que cabía en su palma - Parece de juguete, pero hay algo muy raro en ella, me da una mala sensación – dijo soltando el humo del cigarro antes de pararse y ponerlo en el cenicero cerca de la ventana. Colocó la caja al lado del receptáculo, removiendo la llave que había usado para abrirla.

Vio que la luz de la ciudad se iba apagando pausadamente, acercándose cada vez más y más. Éste, extrañamente se detuvo a dos municipios después del que él se ubicaba. Minutos después, el parpadeo que se había detenido se reanudo a lo lejos, como cuando los niños prenden y apagan los focos de su casa repetidas veces.

“¿Pero qué carajos está pasando?”, preguntó dentro de su cabeza, como si la respuesta fuera aparecer brillando en algún momento desde aquel lugar. Fascinado y extrañado por aquella anomalía eléctrica, no se percató que había estado ya dos minutos viendo ese “show”. Se encontró pensando: “Pobres epilépticos, creo que no se esperaban esa fiesta…” el pensamiento fue interrumpido por un olor como azufre. Era una ligera esencia, pero le calaba en los ojos haciendo que estos llorasen. La luz en el resto de la ciudad se fue, sin pausas ni parpadeos, dejando atrás un panorama iluminado por el color de la puesta de sol.

-¡Ah! ¡Carajo! – Exclamó Michael al golpear sus rodillas con un mueble mientras se secaba los ojos con los dedos en su búsqueda de papel. “Necesito encontrar las velas, y ver si la linterna funciona para antes de que caiga la noche.” Pensó dándole un ligero golpe al mueble con su puño, y acto seguido sobajeó las rodillas. Se percató que su respiración se iba acelerando, pero no sabía si era por lo que estaba ocurriendo o porque estúpidamente se golpeó las rodillas con el mueble.

Recuperó su postura, y con las manos extendidas hacia la nada, empezó a caminar lentamente arrastrando los pies por si detectaba un mueble o cualquier otro objeto con lo que se pudiera golpear accidentalmente, y con las manos (o sus rodillas) moverlo de su camino, o sacarle la vuelta ya que a pesar de que no era de noche la luz estaba siendo obstruida por un edificio.

Siguió su travesía en busca de las velas y la linterna hasta llegar al librero que tenía pegado en la pared frente al escritorio. Con sus manos, indagó por el mueble en busca de los cajones, encontrándolos abajo de las repisas del mismo. Con sus dedos acariciaba suavemente los cajones contando hasta el cuarto, lo abrió, sacó unas velas y los cerillos a lado de estas.

Prendió una vela y la posó en el estante frente a su escritorio, al cual, le llegaba poca iluminación. Agarró las otras tres, y con la luz que emitía la vela se guío por el despacho. Después de casi quince minutos desde que la luz se fue, comenzó a sentir que no era una oscuridad normal. Sentía una presencia pesada, sofocante, y negativa. Pensó en las veces que su sobrina se ponía nerviosa cuando la luz se apagaba y se tapaba con su cobija hasta la cabeza creyendo de corazón que ya nada la podría lastimar.

Sentía que lo estaban vigilando, y de cierta manera sentía que algo se escabullía dentro de su mente, como si estuviera buscando algo en ella. “Deja de pensar idioteces y busca un lugar para colocar cada una de las velas y buscar la linterna”, Michael pensó meneando la cabeza. Encontró un lugar para poner la segunda vela cerca de la ventana. El tercer lugar fue en el pasillo que daba hacia la cocina pasando entre la sala y su cuarto.

“No será mucha luz, pero evitará que me golpee de nuevo innecesariamente”, pensó, sobándose las rodillas de nuevo. Regresó a su despacho, y se encaminó a su escritorio. Las gotas de sudor le delineaban la cara con un color amarillo opaco por la luz que emanaba de las velas a la distancia.

Su departamento ubicado en el onceavo piso del edificio “Juise” no era caliente, pero de cierto modo y en especial esa tarde las tres velas hacían que se comparara con un desierto. Dieciocho minutos después la radio empezó a sonar muy bajo, y fue aumentando progresivamente hasta un volumen ya alto, dañino para el oído. Michael, con las manos apretó sus orejas para evitar que el ruido producido por el dispositivo le hiciera algún daño.

Caminó desorientado hasta la radio casi cayéndose. Llegó a la ubicación del dispositivo e inmediatamente le bajó el volumen a ésta. Pudo escuchar estática, al contrario del celular, la computadora y laptop que sí habían sido afectadas; la radio emitía sonidos haciendo segunda a la estática, eran como rugidos, profundos y lentos, seguidos por un mensaje.

- Atención a todos los ciudadanos, ...casa

…precaución …series …aumento

…por …autoridades, …Gracias. – Transmitió la radio ese mensaje momentos antes de que la luz regresara de golpe.

“¡Mierda!, Maldita estática no me permitió escuchar bien mensaje. Le preguntare a un vecino si escuchó algo más del mensaje de la radio.” pensó limpiándose el sudor de la frente.

“Pero primero necesito tomar una ducha, ahora que la luz volvió” agregó viendo la radio emitiendo estática. Tch. Tch. Estiró la cadena de la lámpara que yacía en su escritorio para ver si ya había regresado la luz deslumbrándose con la iluminación que le cegó por unos breves segundos. Recuperó su vista y empezó a apagar vela por vela, y a cambio prendió el foco del pasillo ya que se hallaba en medio y alumbraba parte de la cocina, parte de la sala y lo que la puerta de su cuarto y despacho permitían ser iluminados por el resplandor del foco.

Se encaminó a su cuarto, el cual no era grande, pero cumplía su función. Era una alcoba acogedora, dónde se sentía tranquilo al hacer sus trabajos e investigaciones, y en su tiempo libre jugaba con sus consolas que yacían frente al sofá que usaba como cama. Michael, antes de entrar al baño se sentó en el mueble color marrón, se desvistió y colocó las prendas en el cesto de la ropa sucia y procedió a entrar al baño donde se quitó la ropa interior, abrió la regadera, y mientras se enfriaba el agua, giró hacia el lavamanos, posó sus manos en el mármol negro del lavamanos. Y mientras se observaba detenidamente en el espejo, reparó que algo en él había cambiado en esos casi veinte minutos sin luz, pero físicamente seguía siendo el mismo, sus ojos cafés, su cabello negro, su nariz con el tabique desviado por un accidente, su perforación en el labio inferior del lado derecho, su barba negra, las cicatrices que no recordaba cómo las había obtenido y que no quería ni recordar; era él, pero algo había cambiado, él estaba cien por ciento seguro de eso.

Recordó que no hace mucho pensó en lo extraño que se sentía esa oscuridad y que algo estaba indagando en su mente, se le cruzó una idea fugaz, quizás se siente raro porque esa cosa “consiguió” lo que estaba buscando ahí dentro. Parpadeó rápidamente, queriendo pensar en otra cosa y se metió a bañar. Después de veinte minutos bañándose y pensando en la caja negra y si podría tener relación con lo que estaba pasando. Cerró las llaves de paso, abrió el ventanal de la regadera, tomó su toalla, se sacudió el cabello hasta dejarlo algo alborotado, y pasó su mano por su cabellera larga para quitársela de la cara. Llevó su mano a la toalla y rodeó su cintura con ésta y la trabó con la misma para que no se cayera. Se dirigió al closet que tenía en su cuarto, abrió el primer cajón, y saco un bóxer.

– “Muévete, imbécil” – alguien gritó en la calle. – “Algo está pasando, no se mueven los demás carros”. – le contestaron de una manera tranquila sin responder a la previa agresión. Michael asomando sus ojos sin acercarse mucho a la ventana, intentó ver más allá del embotellamiento, pero siendo un esfuerzo inútil, se rindió y se encaminó a la puerta de su alcoba con los pantalones desbrochados. “Que desmadre tienen”, pensó Michael abriendo la puerta de su recamara para que se iluminara más por la luz proveniente del pasillo.

Agarró su playera, unas botas, se dirigió al baño y se lavó los dientes, salió del baño y se dirigió a la cocina a tranquilizar un hambre inexistente con un pedazo de pan tostado. No le tomó muchas mordidas para confirmar que en efecto no tenía hambre, y procedió a dejar el pan en la mesa. Al dirigirse a su despacho para seguir preparando la clase de la teoría sintió un ligero sismo que no menos de veinte segundos se hizo más fuerte. Las ventanas vibraban más y más fuerte demostrando que las vibraciones iban aumentando de nivel. Los focos se movían bruscamente haciendo que los libros se cayeran de los estantes. El sismo repentinamente se hizo más fuerte, el librero cayó haciendo un estruendo que hizo eco en el despacho. Algunas de las ventanas se reventaron, haciendo que pedazos de vidrio cayeran al piso. Todos los trastes se cayeron de los muebles de la cocina, las sillas se cayeron y la mesa se movía de su lugar a pequeños saltos, el refrigerador cayó, rompiendo el piso del departamento y rompiendo las agarraderas que sobre salían del mismo.

Michael cayó al piso a pesar de haberse agarrado del marco de la puerta y con el cuchillo que había dejado en el piso momentos antes del apagón se abrió la parte externa del muslo. Gritó agarrándose la extremidad, pero el estruendoso ruido que provocaba el movimiento de los edificios y de todos los muebles y objetos que se encuentran en ellos su alarido no se escuchaba. Removió el cuchillo de su muslo provocando que la sangre saliera formando un círculo grande de un hermoso color carmesí denso. Emitiendo gritos ahogados y maldiciendo a regañadientes, se paró y empezó a caminar hacia la cocina lentamente agarrándose fuertemente de las paredes, manchándolas de sangre por donde sus manos se posaban y salpicando sus alrededores.

Al fin en la cocina, y con las manos en la barra cerca de los cajones donde tenía los cuchillos y tijeras, esperó a que el temblor pasara por fin, buscó el reloj de la cocina con los ojos y cuando lo ubicó, se dio cuenta que tan solo habían pasado tres minutos desde que el temblor empezó y aumentó de golpe. Tres minutos, los cuales pasaron como horas, lentas y eternas. Su respiración empezó acelerarse, el corazón le rebotaba en el pecho, el sismo que pasó a ser terremoto de inmediato, no tenía sentido.

Por un momento pensó en el terremoto que sucedió en Chile en 1960 y las casi 2000 personas que este se llevó, pero éste se sentía diferente, se volvía cada vez más fuerte y salvaje, los edificios que alcanzaba a ver desde la ventana sin despegarse de la “seguridad” de tener sus manos reposadas muy fuerte en la barra en frente de la pared donde se ubicaba dicha ventana. Podía ver como los edificios se movían de una manera tan ruda que era de no creer el hecho que no se hayan derrumbado por los movimientos tan bruscos provocados por “El movimiento de las placas tectónicas”.

“Definitivamente, hay algo muy mal en todo esto”. Michael pensó cerrando fuerte sus ojos, aguantándose el dolor hasta que el terremoto pasase completamente. La sensación de la sangre en el muslo, el dolor insoportable, el miedo que sentía por la catástrofe por la que estaba pasando estaba siendo representada por una inhalación profunda, rápida y brusca, acelerando su corazón más y más, sintiendo que cada segundo que pasaba los nervios se le ponían de punta. Sintió que se hacía más propenso a sufrir una crisis nerviosa, inmovilizado y sin opciones para hacer algo, estaba esperando el momento en el que el apartamento le cayera encima, dándole una muerte rápida y aparatosa. O que un pedazo pequeño de techo de la cocina le cayera en la cabeza y la reventase, haciendo saltar por todos lados el contenido en su cavidad craneal, sus sesos y sangre pintando y adornando los pisos y escombros, su cuerpo dando las ultimas convulsiones, sus manos, brazos y dedos, contrayéndose bizarramente cada vez más, hasta terminar en una pose con los brazos retraídos, los dedos torcidos de una manera abominable en medio de un lugar lleno de sangre y sesos, y su cuerpo emitiendo unos últimos sonidos, una combinación de raspados con las garganta y el sonido del aire saliendo de los pulmones. Aquellos pensamientos e imágenes que se originaron, quedarán permanentemente en su imaginación e hicieron que sus brazos empezaran a temblar drásticamente. Buscó sus cigarros con los ojos, para tomar uno, fumarlo e intentar tranquilizarse.

Buscándolos por toda la cocina sin prestarle atención porque el miedo que tenía no le daba ese privilegio, la adrenalina y dopamina estaban más que visibles en sus pupilas tan dilatadas que el gris que rodeaba al iris era casi invisible. Al no ubicar los cigarros cerca de él, o en un lugar cerca de la cocina hizo que se sintiera desalentado y débil. Se le veía con una tez más clara con la que normalmente se le veía. Intentando tranquilizarse y despejar la mente, cerró los ojos y esperó. El terremoto se detuvo bruscamente, sin secuelas y sin señal alguna que se haya consumido progresivamente. Miró el reloj que yacía en el piso. No cabía en sí mismo al ver que 5 minutos fueron los que habían pasado y no horas como él lo había sentido.

Al sentirse seguro de nuevo despegó sus manos de la barra. Abrió las puertas debajo de ésta, sacó un bote chico de alcohol, y lo dejó en la superficie plana de la cocina donde cortaba los vegetales, avanzó unos pasos recargando el peso de su cuerpo en la barra evitando recargarse en la pierna herida. Se inclinó un poco, abrió el tercer cajón debajo de la superficie y sacó una venda y una gaza, y encima de la misma, pegada a la pared había unos pequeños ganchos donde se encontraban las tijeras, las tomó, cerró el cajón. Con una mano en su muslo y la otra agarrándose de la barra caminó unos pasos en dirección al microondas se agachó en su pierna izquierda, la cual estaba en perfectas condiciones y abrió el cuarto cajón y sacó una aguja e hilo, cerró el cajón y regresó a donde había dejado el alcohol.

Dejó las tijeras, la gaza, la venda, la aguja y el hilo en la barra, procedió a arrastrar un banco cerca para lavar la pierna herida. Agarró el bote, lo abrió, puso su pierna en el banco, rasgó el pantalón desde el muslo hasta abajo dejando expuesta la herida. La respiración iba tomando esa rapidez que no hace mucho tenía, el corazón le empezó acelerar como el de un caballo en una carrera. “Tranquilo, dolerá por un momento, ya verás”. Pensó, poniendo su mano en el corazón en un ademán para intentar tranquilizarse, y procedió a verter el alcohol directo en la herida. - ¡Puta madre! – Gritó, seguido de una buena y profunda bocanada de aíre. Procedió a tomar la aguja y el hilo, y con una respiración controlada a pesar de que seguía sonando acelerada, atravesó la aguja en el borde de la herida para cerrarla, y así lo hizo consecutivamente hasta hacer suturas a lo largo de la herida. Estiró la mano para tomar un pedazo de papel, lo arrancó, se limpió la sangre alrededor de la herida. Tomó la gasa, le puso un poco de alcohol y la colocó en la herida. Tomó la venda, y envolvió su muslo con ésta. Se paró y se dirigió a su habitación una vez más mientras apretaba la gasa para sostenerla en su lugar, se cambió el pantalón y el otro lo tiró.

Limpió la sangre del piso, y regresó a su despacho a levantar el mugrero ocasionado por el terremoto. El celular que lo había dejado en el escritorio se encontraba ahora en el piso al otro lado de la habitación con varios libros encima. Lo agarró del piso, prendió el dispositivo móvil y lo dejó en el escritorio. Siguió levantando los libros del suelo hasta dejar algo limpio su lugar de trabajo. Regresó al escritorio. Tomó el celular. Vio la hora. 18:22. Sin comer, y con una tez pálida por la pérdida de sangre, y con la necesidad de descansar y comer algo se limitó a checar cada mensaje de texto que recibió antes y después de lo sucedido, contestó los mensajes de Frank, su mejor amigo, y de su mamá, los cuales eran los primordiales ya que no sabía si ellos también habían sentido el terremoto. Aún no se explicaba como un sismo pudo convertirse en un terremoto de cierta magnitud. Algunos edificios se desplomaron, pero para la magnitud del terremoto eran muy pocos. Según las investigaciones que realizó, había solo diez tipos de magnitudes, siendo la décima la peor de todas.

“La décima magnitud de terremotos sería… una catástrofe bíblica“. Pensó cojeando dirigiéndose al librero para levantarlo y acomodar los libros en su lugar. “Pero de qué magnitud habrá sido este terremoto, todo se tornó raro desde el apagón, y de haber sido entre la magnitud 8 y 10, ¿por qué la mayoría de los edificios siguen en pie?, ¿por qué no hay ambulancias con sus ruidosas sirenas?, ¿por qué la alarma de un desastre próximo no sonó?”. Pensó viendo hacia el pasillo por la puerta del despacho, apreciando todo el desastre y pensando en todos los edificios afectados. Con bastante sangre perdida ya, se cansó, mareado y empezándose a sentir débil, apoyó su mano en la pared más próxima, y con la otra mano se agarró la venda. Sosteniéndose de la pared, avanzó hacia la cocina, al llegar, sacó algo para comer, y se retornó a su despacho.

Buscó la radio que tenía en su escritorio, la levantó, subió un poco el volumen, y la colocó en el escritorio de nuevo dejando que siguiera produciendo estática. Le dio la vuelta al escritorio y empezó a recoger la computadora y laptop del piso. La computadora estaba destrozada de la pantalla, y la laptop no tenía daño alguno siendo que la pantalla de la computadora amortiguó su caída. Michael exclamó una grosería con vientos de poca paciencia con la computadora en la mano y poniendo la laptop en el escritorio. Encontró su cajetilla en el suelo, frente al librero. Tomo un cigarrillo, lo prendió, y con una exhalación larga de alivio sacó el humo. La radio lo sorprendió con un sonido estruendoso haciendo que este pegue un brinco del escritorio y el cigarro saliera disparado, e inmediatamente la radio empezó a transmitir.

“A todos los ciudadanos, les pedimos de manera atenta que se queden en la seguridad de sus casas y no vayan a salir por ningún motivo. A continuación, les daremos unas noticias, de manera atenta les pedimos por favor que nos presten atención ya que no se volverá repetir el mensaje. Hace no más de una hora tuvimos un fuerte apagón, seguido por un terremoto de grandes proporciones, los expertos, tomando en cuenta terremotos de otros países y de años pasados, creen que el terremoto pudo haber sido entre la magnitud 10 y 11 de la escala de Richter, aunque no se explican cómo solo ciertas áreas fueron afectadas al grado de ser destruidas totalmente. Los voluntarios al ir a auxiliar a los sobrevivientes de esas áreas has especificado junto con el cuerpo de bomberos, y policíaco que hasta el momento no han encontrado ningún sobrevivientes… Los mantendremos inf…”. ¡Bump! La noticia se cortó bruscamente seguido de un ligero golpe en la bocina.

Michael sintió un vuelco en el estómago. Estaba en shock. Su cuerpo estaba temblando al unísono como nunca antes lo había hecho, su corazón latía tan rápido y tan fuerte que parecía galopar, sus nervios se pusieron de punta y tuvo la necesidad de fumar para tranquilizarse. Agarró otro cigarro y lo prendió, con bocanadas profundas y exhalaciones largas y cansadas con las que intentó tranquilizarse. Un pensamiento invadió su cabeza haciendo que éste piense en su madre y hermana menor. Su imaginación lo traicionó creando una escena donde la radio sonara con una nueva noticia.

“Noticias de último momento, en la zona norte se encontraron muchos muertos, entre los cuerpos se encontró el cuerpo de Valeria Russo y de su hija, Jessica Russo, aún no encontramos a Michael Russo, pero lo haremos, y cuando lo hagamos… ya verás. Y en el lado este, no hubo ningún sobreviviente, todos los edificios cayeron encima de las personas, entre los cuerpos se encuentra a Frank Gabashvili, el mejor amigo de Michael… O sí, te vas a quedar sólo, vas a sufrir, nosotros te haremos sufrir. Ya verás, en la noche cuando te vayas a dormir, allí estaremos, pacientes por arrastrarte al infierno mientras gritas por piedad. No habrá piedad ni para ti, ni para tu estúpida familia”. … La imaginación de él se vio interrumpida por un leve sismo de 9 segundos. Momentos después otro sismo apareció, pero más fuerte que el anterior, el cual duró tres segundos, seis sismos prosiguieron en intervalos de dos minutos entre cada uno, manteniéndose en una magnitud leve, donde sólo los edificios se movieran un poco. Antes de que el último sismo se terminara empezó a sonar la alarma, Michael se dirigió a la ventana para ver qué pasaba.

Aún con el shock dominándolo, no entendía que estaba sucediendo. Dirigió sus ojos a la calle para ver los carros. Las 2 personas que estaban discutiendo ya no estaban. La alarma le afirmaba hasta cierto punto que algo andaba mal, los acontecimientos que habían pasado no fueron naturales, algo los estaba ocasionando. Recordó la imaginación que tuvo y esa voz diciendo que lo buscarán y harán que se quede solo. Llegó a la conclusión de lo que indagaba por su mente se había quedado en su cabeza. Dio un suspiro de fatiga agachando la cabeza. Por fin encontró lo que había cambiado y que el mismo vio en su reflejo en aquel momento. La alarma no paraba de sonar, llegando a un punto donde se hizo molesto para sus oídos. Pasados severos segundos la alarma se detuvo, a la vez que los helicópteros se empezaban a escuchar en el cielo. Michael levantó la mirada al cielo y vio a 7 helicópteros alejarse por encima del edificio donde él se ubicaba. Uno de los helicópteros comenzó a girar bruscamente, como si algo sumamente grande le pegara en la aleta. Se estrelló con dos helicópteros haciendo que estos se desplomen y exploten al impacto con los edificios.

Otras explosiones atraparon la atención de Michael. La gente empezó a gritar. Los autos que volvían a circular pitaban en conjunto mientras las explosiones continuaban a lo lejos. Vehículos estallaban, algunos de ellos con gente dentro de éstos. Cuatro explosiones más se produjeron dentro del edificio “Juise”, algunos arriba del apartamento y algunos pisos debajo del mismo. Los gritos de las personas, junto con las bocinas de los automóviles y las explosiones formaban una sinfonía cacofónica, volviéndose un sonido ensordecedor.

Todos los sonidos se empezaron a consumir, como si un vacío interfiriera. Michael, extrañado, regresó su mirada a la ventana y vio que las explosiones seguían apareciendo en diferentes lados de la ciudad. Las personas corrían y gritaban, pero ningún sonido parecía escucharse. Un rugido profundo invadió a toda la ciudad, haciendo reventar algunas de las ventanas que el “terremoto” de antes no rompió. El joven maestro llevó sus manos a cubrir sus orejas, pero seguía escuchando claramente el bramido. Sonaba como trueno; era hondo, ensordecedor y vibrante. “Vamos, abre la ventana y ve lo que les está pasando a los demás, míralos morir. Vamos quita tus manos de tus orejas y abre la ventana, y veras lo mucho que te divertirás y reirás como nunca lo has hecho”. Una voz gruesa y profunda le decía incentivándolo.

Las personas que estaban en la calle continuaban gritando, el rugido se fue debilitando a la par que los gritos de las personas que él veía siendo torturadas por algo que no se podía ver empezaban a escucharse de nuevo. Las personas, corrían y morían de maneras horribles. Les explotaba la cabeza, a otras se les caía la piel, como si de una envoltura se tratase. Con un gemido de horror Michael dio un paso atrás lastimándose con el movimiento el muslo y agarrándose la herida. Notó que una sombra tapaba la luz de la tarde-noche, lo cual, hizo que regresara a la ventana de nuevo, pero no podía ver lo que producía esa enorme sombra. Dirigió su vista a la calle llena de cuerpos desmembrados y sangre, dándole una figura de un lago carmesí con un tenue color naranja por los últimos rayos de sol.

Unas ganas de vomitar invadieron su estómago, pero la impresión de la escena que estaba contemplando no lo dejó irse. Con su mano en la boca siguió viendo la calle. Las personas allá abajo empezaron a detenerse, y dirigían sus miradas al cielo apreciando algo. Michael supuso que estaban viendo lo que provocaba esa enorme sombra. Algunas patrullas pasaron enfrente del edificio Juise. A lo lejos comenzó a escucharse disparos, seguidos por un ruido como si estuvieran golpeando algo de metal. Las patrullas regresaron por donde vinieron.

Michael presenció como una patrulla que iba de regreso fue aplastada de un momento a otro, en un abrir y cerrar de ojos y como la sangre de los policías iba saliendo de lo que quedaba del carro.

Sintió que una presencia lo miraba directamente en los ojos, esa sensación le causo piloerección. Giró sus ojos hacia sus brazos para ver la reacción de su piel, e inmediatamente retornó los ojos a la ventana y vio que algo del otro lado empañaba el vidrio a cada exhalación. Aquello que se hallaba al otro lado de la ventana comenzó a tocar la ventana con sus uñas. ¡Tack! ¡Tack!

Por algún motivo él no podía ver a sea lo que sea que estuviese afuera de su departamento, pero sabía que algo estaba allí frente a él, viéndolo directamente a los ojos, y le daba la impresión que aquello no parpadeaba. Cara a cara con una presencia invisible, los dos sabían que se estaban viendo directamente. Su corazón comenzó acelerar, a la vez que la identidad tocaba más rápido la ventana. Llegó a pensar que “eso” era capaz de escuchar sus latidos, y se preguntó de qué más sería capaz aquello que no tiene una forma visible. Empezó a escuchar que algo caminaba afuera del edificio, supo que era algo enorme y fuerte. El joven pedagogo veía la ventana con intriga, como si estuviera esperando que “eso” hiciera algo.

Se echó para atrás de un brinco al ver que en la ventana una pata del tamaño de su cabeza se iba marcando, desapareciendo de inmediato.

Dejó de sentir la presencia, la cual era algo pesado, y hacía que el ambiente se volviera difícil y el aire complicado de respirar, sea lo que sea que poseía esa presencia le provocaba inquietud y temor que le revolvían el estómago. En todo ese momento que estuvo viendo hacia la ventana, sintió una ansiedad enorme haciendo que éste empezara a mover los dedos impacientes.

Michael se retiró de la ventana y se dirigió al escritorio. Agarró el celular que emitía una tenue luz blanca que anunciaba su paciente espera. Buscó la silla con los ojos, la levantó, se sentó y… “Puedo oír tus latidos acelerando más y más, te puedo ver, Michael, puedo ver tus miedos, puedo ver lo que has pasado, puedo oler el miedo en ti. Te hare sufrir. Jugare contigo y con tus miedos más profundos, te quitare todo lo que amas. Violare a tu mamá y hermana y tú lo veras.” La voz en su cabeza le dijo entre risas perturbadoras provocando un enorme escalofrío que le recorrió todo el cuerpo haciéndolo temblar hasta paralizarlo. El terror que esta le provocó hizo que entrara en un estado de shock el cual le provocó una risa espontanea, en la cual se notaba miedo, y nervios. Michael comenzó a rascarse la piel fuertemente provocándose laceraciones por el miedo, terror e impotencia de no saber qué hacer ni a que se estaba enfrentando. El celular sonó en su bolsillo, lo tomó y sin ver quien llamaba contestó.

-¿Quién habla? – Preguntó con una voz cansada.

-Soy yo cariño. ¿Está todo bi…

-¿Eres tú, mamá, o es esa puta voz? – interrumpió molesto y confundido.

-No le hables así a tu madre. Te marco preocupada y me contestas la llamada con groserías. – Repuso con un tono molesto.

-Discúlpame. He tenido un día largo y difícil, me han pasado muchas cosas y no sé qué hacer. – dijo con una voz cortada. “Que fea cicatriz tiene tu madre en el cuello, pero se vería mejor muerta.” – la voz le dijo. – Cállate, no hables, pedazo de mierda. – le contestó Michael irritado.

-¿Disculpa? – le preguntó su mamá extrañada.

-No, nada, estaba pensando en alto. – le contestó apenado. “Ve diciéndole adiós a la perra de tu madre. La mataré. La estúpida está pegada a la ventana, sería muy sencillo romper la ventana y asesinarla.” – Le dijo la voz en tono burlón. – Estas mintiendo, solo eres un producto de mi cabeza, no puedes saber eso si estás aquí conmigo, estás encerrado en mi mente. – le dijo esta vez cuidando de decir cualquier palabra en alto.

-Michael, ¿Está todo bien cariño? – Su mamá le preguntó angustiada.

-Sí mamá, es sólo que estoy cansado y hambriento. – Le respondió dando un suspiro largo. “Podre estar en tu mente, pero tu estas encerrado conmigo, no te confundas de posición. Déjame probarte que soy real, y que puedo torturarte y traer a la vida todas tus pesadillas y miedos más profundos. Pregúntale a tu estúpida madre como sigue Jessica después del accidente con el mueble. – lo retó la voz con una risa provocativa.

-Oye. ¿Cómo sigue Jessica después del accidente con el mueble? – Le preguntó con un tono sombrío y preocupado.

-Está dormida, le acabo de vendar el brazo y la pierna, pero la tuve que poner a dormir para eso… ¿tú como sabes eso Michael? – le preguntó Valeria consternada.

-Lo suponía. Oye mamá… las extraño mucho – le dijo con una voz melancólica –. me tengo que ir, tengo muchas cosas que acomodar aquí y creo que usted tiene más cosas que hacer, seguimos en contacto, descansen. – agregó y prosiguió a guardar silencio.

Sin decir nada su madre colgó el celular de inmediato.

Se guardó el celular en el bolsillo. Pasó su mano temblorosa por la cara con aires de cansancio. Se paró del piso agarrándose la pierna herida y analizó todo su despacho viendo el mugrero que ocasionó el “terremoto”, sus ojos se posaron en la ventana y notaron que donde se había notado la enorme huella ahora había sangre.

Disparos se empezaron a escuchar en las cercanías, acompañados de gritos y alaridos, pero no paso mucho para que cesaran. Se percató de una sombra con figura de cola moviéndose en el edificio de enfrente. De un segundo a otro todo se tornó negro, no se podía apreciar nada, los sonidos volvieron a ser absorbidos como había pasado momentos antes. Un rayo hizo acto de presencia seguido por el estruendoso rugido de un trueno. Aún a oscuras, algo produjo un ruido tan ensordecedor. Parecía que algo se había caído o hubieran bombardeado algo. Seguido de sonidos de cristales impactando el piso. Así como la sombra y oscuridad llegaron, se marcharon.

El edificio de enfrente fue completamente destruido. Todo ese edificio de 30 pisos que respondía al nombre de “Pr1me” había sido reducido a escombros acompañados de cuerpos de las personas que se habían quedado en él yacían en el asfalto. Severos minutos después la radio volvió a dar las noticias.

-A todos los ciudadanos, le traemos noticias desgarradoras. Nos acaban de informar las autoridades antes de perder señal con ellos que en la calle Natsche se desató el infierno entre cuerpos policiacos y del ejército contra unas criaturas grandes, delgadas, con la boca hacia atrás; las cuencas de los ojos desgarradas, y con una fuerza sobre humana. Hubo bajas civiles, y todos los policías y soldados fueron eliminados. Por respeto a los difuntos y sus familias nos evitaremos dar los detalles que el comandante Rodrigo Garatora nos proporcionó a costa de su vida. En la avenida Greenweld una sombra fue vista seguida por una oscuridad y momentos después el edificio “Pr1me” fue destruido, testigos afirman ver que una sombra con forma de cola destruyó el edificio de 30 pisos en menos de un minuto. Las personas que estaban allí fallecieron. No se sabe si fue por el impacto de éste objeto o el impacto contra el piso. A todos los familiares de todas las víctimas, por parte de todo el staff de la estación de radio le damos nuestro más sentido pésame. Sin más que decir nos despedimos otra vez, les informaremos las siguientes noticias. – La transmisión fue sustituida nuevamente por la estática.

No pasó mucho tiempo antes de que la alarma volviera a sonar, pero esta vez y de cierta manera parecía más insistente, cada segundo que pasaba se volvía más fuerte, o eso le parecía a él. La luz volvió a parpadear por unos breves instantes.

La ventana del despacho filtró una luz blanca. Michael regresó a la ventana para ver que estaba pasando y no tardó mucho en percatarse que había una explosión exactamente en la planta eléctrica de un municipio vecino, el cual manejaba y distribuía la energía a los demás. En un momento de intriga toda la energía salió disparada hacia el cielo, como si algo la atrajera a sí mismo haciendo que la luz se volviera a ir, y esta vez, sin regresar. De noche y sin luz, esa energía hizo que se iluminara un objeto enorme encima de la ciudad. Los edificios vecinos empezaron a temblar antes de ser destruido por algo que no se podía ver.

Las personas de edificios vecinos empezaron a salir antes de que les ocurriera lo mismo, siendo asesinadas por algo invisible de manera violenta y explicita. La sangre salpicaba y escurría de las paredes de los respectivos edificios. Los gritos fueron cesando hasta sólo quedar algunos a lo lejos. Eran gritos de locura, y pánico haciendo que el ambiente se volviera violento y pesado de respirar. Una enorme presión volvió a sentirse en la atmosfera. Se dio cuenta que la caja negra que había dejado cerca de la ventana no ya no estaba.

La pared donde estaba la ventana del despacho fue destruida seguido de una especie de grito agudo. Algunos de los inquilinos salieron volando, gritando por ayuda hallando su muerte en el pavimento y los que no morían al impactar con el concreto encontraban su final al ser aplastados por pedazos del edificio y otros por caerles vidrios rotos encajándose en sus cuerpos que agonizaban antes de morir. Al levantarse del piso, se enfocó en la calle y vio una horrible escena. Reconoció a Marina, la niña que le vendía galletas los fines de semana como unos de los cuerpos. Al ver el horrible destino que sufrió la pequeña reventó a llorar.

-“Te daré un consejo porque quiero que vivas para seguir torturándote, no pienses ni hables de la religión ni política, a no ser que quieras terminar como ellos o peor. A mí no me puedes mentir, leo cada uno de tus pensamientos, creo que ya tuviste suficientes pruebas que soy real, así que no te pases de listo. Por cierto, ¿quieres que te diga un secreto? Antes de que muriera esa “Marina” la violé, creo que después de todo no llegó pura a la muerte –. Le dijo la voz en su mente con un tono burlesco y con locura en su risa.

Una idea de suicidio inundó los pensamientos de Michael. Su cuerpo, por la adrenalina por tener todos los recursos para cometerlo comenzó a temblar a la par que se acercaba poco a poco al borde del apartamento para saltar hacia el pavimento desde ese onceavo piso y conocer su final. – “Hazlo, maricón, adelante, salta y muere. ¿Por qué tiemblas, tienes miedo? Si no mueres ahorita morirás luego, te lo aseguro. Hazlo, cobarde, termina con tu miserable y patética vida de una vez. Me das asco, todos los humanos nos dan asco” –. Le dijo la voz en un tono desafiante.

Michael se hizo para atrás, y cayó de nalgas al piso tomando profundas bocanadas de aíre y soltándolas bruscamente frunciendo el ceño al sentir la herida del muslo lastimarse al caer. Escuchó a un vecino pidiendo compasión a Dios, la oración de aquel vecino se vio interrumpida por el sonido de algo subiendo por los departamentos vacíos de las personas que se encontraban muertas ya en el pavimento. Una corriente de aire azotó el departamento de Michael haciendo que las páginas de los libros que se encontraban abiertos en el piso pasaran páginas.

Un olor a sangre y muerte invadió el departamento haciendo llorar al joven. En el departamento de arriba el inquilino comenzó a lanzar preguntas a sea lo que sea que estuviera con el antes de ser desmembrado brutalmente por aquello. La sangre caía como cascada desde el piso de arriba con una sinfonía de sonidos guturales que anunciaban el fin de una vida. Un ojo color azul cielo cayó en el hombro de Michael. En shock, empezó a temblar, al saber que eso estaba muy cerca de él y en cualquier momento podría bajar y hacerle lo mismo o algo peor. Enfocado en la sangre que se acumulaba en el piso de arriba, vio que algo se posó en el borde del piso, pero como pasó en la ventana, no podía ver que era, solo le podía ver la parte interna de la pata ya que estaba llena de sangre.

Sin saber qué hacer y temblando desenfrenadamente se agarró del escritorio y esperó a que aquella cosa invisible bajase para que termine con su vida. Con los ojos cerrados y desafiando a lo invisible entre lágrimas, escuchó que pisaban su suelo y se le aproximaban hasta el punto de sentir una respiración en la cara. Su imaginación invadida por el pánico le hizo ver una criatura con las cuencas de los ojos vacías llorando sangre, un hocico enorme abriéndolo, y escuchando claramente el grito de todas las víctimas. La criatura sin globos oculares, parecía observarlo directamente a los ojos, olfateándolo, haciéndolo sentir un terror psicológico que nunca antes había experimentado, el cual lo obligó a inclinarse. Sudando en frío, y batallando para respirar llevándose su mano al cuello como si se estuviera ahogando, se sentía perturbado hasta la medula ósea, un escalofrió le recorrió el cuerpo por segunda vez, provocándole piloerección.

Del hocico de la criatura emanaba un olor a sangre y azufre torturándole la nariz por la horrible combinación de olores, demostrándole que la muerte estaba allí con esas cosas. La criatura extendió su lengua en dirección al frágil humano, y le removió el ojo que yacía en su hombro, y acto seguido, lo devoró. De algún modo notó que la criatura volteaba a otro lado, y la sed de sangre y odio que se sentía de aquello cambiaron radicalmente a terror, haciéndola irse del edificio tan rápido como llegó.

Dentro de su mente, Michael empezó a escuchar chillidos de terror que se alejaban rápidamente, no pudo evitar relacionarlos con la criatura invisible que estuvo allí con él. Su subconsciente comenzó advertirle de un peligro inminente decidido a derrumbar ese edificio desde los cimientos, sentía que las advertencias le empezaban a gritar en pánico, pero no era la “voz” jugando con su mente, esta vez, era algo más, como si el pánico hubiera adoptado una serie de voces hablando al unísono conformando una melodía perturbadora indicándole correr hacia la salida del apartamento y buscar la vía más rápida para salir del edificio. Al salir de su apartamento, giró en dirección a las escaleras de emergencia al final del pasillo. Pasó por muchos apartamentos vacíos, y algunos tenían cosas colgando de las perillas, entre unos letreros que decían “No molestar”, unas corbatas u otra cosa; algunos de estos departamentos emanaban energías negativas y olor a sangre, sin mencionar humo de las explosiones en pisos más abajo. Sus sospechas de que los habitantes de esos apartamentos se habían suicidado estaban en duda, aunque lo creía fielmente.

Al llegar a la escalera notó que había sangre en el piso y en la perilla, y desde el otro lado de la puerta se filtraba un olor de sangre y muerte que perturbó a Michael haciéndolo pensar fugazmente en buscar otra manera para salir, pero sin llegar a ninguna conclusión fue interrumpido bruscamente por esas voces que le gritaban que saliera lo antes posibles. Éste abrió la puerta. Jamás se imaginó que vería la escena que estaría a punto de presenciar. Las escaleras eran la viva imagen de una escalera hacía el infierno. Las luces que eran blancas, emitían un rojo intenso. Había cuerpos colgados de personas de todas las edades. Algunas de las personas que estaban a unos centímetros del aire pendiendo de una soga tenían cortadas profundas en ambos brazos y en el cuello. Al dirigir sus ojos hacia abajo vio que en los pasamanos de las escaleras yacían más cuerpos, como si se hubieran lanzado del 12 piso. A partir del sexto piso todas las escaleras estaban llenas de sangre, y los pasamanos tenían piel humana adornándolos. Sintió que algo mojado le caía en la nuca, al tocarse y ver los dedos, notó que era sangre. vio hacia arriba y encontró cuerpos desollados, con sus pieles colgando del techo de cristal del edificio mientras el humo de las explosiones subía de pisos más abajo y se juntaba en el techo formando una capa densa de una neblina gris casi oscura. Mientras la sangre caía, daba un efecto de lluvia de sangre de una película post-apocalíptica.

Prosiguió a bajar las escaleras a paso acelerado, pero con cuidado para no resbalar con el líquido carmesí y lastimarse más el muslo. Cada piso que pasaba se escuchaban gritos de terror apagándose bruscamente después de sonidos como si rompieran huesos. Sin querer investigar que era, aceleró su paso, resbalando a inicios de las escaleras del 5to piso parando hasta el 4to piso, golpeándose la cabeza y fracturándose el hombro derecho y volviéndose a abrir el muslo haciendo que sangre. Se levantó gruñendo del dolor y agarrándose la parte fracturada mientras cojeaba. Siguió bajando, mientras su corazón palpitaba muy rápido. Sentió que algo bajaba a gran velocidad atrás de él, y sin querer echar un vistazo aceleró un poco más su paso. Llegando al 2do piso se empezaron a escuchar disparos y gritos de algo que no era humano, el cuerpo de la persona que estaba disparando salió volando del 2do piso abriendo la puerta de las escaleras de emergencia con el impacto de su espalda y falleciendo el golpearse con el pasamanos de las escaleras. Michael vio que tenía la pistola en su mano, y procedió a tomarla rápido y seguir su camino. Al llegar a la planta baja y antes de abrir la puerta un cuerpo callo cerca de él, asustándolo y pegando un brinco con un ligero gemido.

Vio a ese hombre, el cual, su cara había sido destrozada sin piedad, tenía rasguños profundos desde su frente, pasando por sus ojos hasta llegar a la boca, ese hombre ya no tenía ojos y la mandíbula estaba casi cayéndose de su lugar. Se percató que no tenía una parte del cuello. El asustado hombre apartó la vista de tan horrible imagen y abrió la puerta. Al cruzarla encontró en las paredes manchas de sangre, como si se hubiera desatado ahí una guerra sin el darse cuenta. Al llegar a la recepción se empezó a sentir aturdido, y desorientado. Se desplomó, y ya en el piso sus ojos empezaron a volverse hacia atrás hasta que no se pudo mover más cayendo en un estado de sueño involuntario.

Abrió los ojos y vio que no estaba en la recepción del edificio. Podía ver muy poco en ese lugar, parecía una especie de limbo creado por una mente retorcida. Alaridos se escuchaban a lo lejos, esa oscuridad auguraba malas cosas, y le helaba la sangre; empezó a escuchar a lo lejos una respiración pesada mientras luces aparecían de la nada alumbrando el piso. A sus lados se levantaron unas paredes totalmente negras, el cielo, en esa dimensión parecía como si estuviera dentro de un cerebro. El olor a azufre reinaba ese lugar, combinado con el olor de sangre y millones de cuerpos en estado de putrefacción.

A lo lejos, en el cielo se apreciaban cuerpos de personas y animales cayendo, algunos gritando y gimiendo mientras descendían rápidamente. Un bramido, profundo y seco sonó más y más fuerte, gobernando auditivamente aquel lugar tan bizarro por breves segundos. Una especie de perro emergió de esa oscuridad profunda y enervante. El can era enorme, su piel era entre un negro-verdoso y un negro-azulado de la putrefacción; su piel, escamosa; su cuerpo iba creciendo cada que se adueñaba de miembros de las personas muertas que yacían en el piso, una mezcla de rostros destruidos era lo que usaba el perro como mascara, mostrando una sonrisa con unos colmillos tan grandes y amarillentos, cubiertos de sangre seca; sus ojos, totalmente blancos y sin parpados daban la impresión de fijarse en su alma y alimentarse de sus miedos. Unas grandes uñas destacaban de sus patas, y un hueso en forma de pico saliéndole de los carpos, su cola cubierta por piel humana ya gastada cayéndose de su lugar mostraba una carne podrida desprendiéndose de su lugar. Del lomo le salían huesos terminando en punta; en donde debería de estar la nariz estaba un gran pedazo de hueso expuesto rodeado de piel humana sangrando manchándole el hueso nasal. Un costado del torso lo tenía sin piel ni músculos, dejando sus costillas al exterior mientras su sistema digestivo caía lentamente desde esa zona expuesta.

De los ojos del perro se sentía un aura oscura, y peligrosa. De la oscuridad, salió una cadena que estaba clavada en el cuello del perro con un gancho, era una cadena gruesa oxidada chorreando una sustancia negra gelatinosa. Al caer al piso hacia un sonido de corrosión dejando marcas en el piso. De las sombras salió un brazo largo y gris, sosteniendo esa cadena gruesa evitando que el perro fuera corriendo y se lanzara a Michael. Un rugido ensordecedor volvió retumbar en todo el lugar. Era de una criatura de enormes proporciones, pero no se sabía de dónde provenía ese ruido. El dueño de aquel brazo saliendo de las sombres junto con el perro comenzaron a chillar. Era un ser sin ojos, con las cuencas rasgadas, como si se los hubieran arrancado y la herida nunca se hubiera cerrado; tenía la cara alargada, la mandíbula superior deformada hacia la izquierda; la lengua le colgaba mientras le escurría sangre haciendo chillidos y sonidos raspados; La criatura temblando de miedo por aquel rugido levantó el brazo y de éste hizo un ademan con el dedo índice haciendo que el lugar cambie, salieron 2 pares de pilares de concreto, en una de las estructuras se encontraba un tubo, donde la criatura ató al perro obligándolo a sentarse.

El perro abrió el hocico y notó que éste se extendía hasta antes de empezar el pecho dejando a la luz una lengua casi tan larga como la de la otra criatura y colmillos seguidos por otras filas de colmillos atrás de estos, como los de un tiburón blanco. La criatura levantó un pedestal. Caminó hacía Michael y lo empezó a golpear mientras éste emitía una mezcla de sonidos chirriantes y pesados, parecían sonidos de dolor, pero sus movimientos pausados, bruscos y repentinos de cierta manera daban la impresión de que disfrutaba la tortura. El can empezó a emitir una especie de ladrido sobrenatural que no parecía de perro, de cierta manera parecía que era una persona la que intentaba ladrar con una voz distorsionada, profunda y rasposa. Empezó a mover la cola, y en los silencios se podían escuchar los pequeños huesos tronando.

La delgada criatura, dejó de golpear a Michael. Su nariz sangraba incontrolablemente. Su ojo izquierdo fue dañado al punto de dejar de ver. La ceja y el pómulo se inflamaron y los golpes consecutivos que le infligieron hicieron que estos se abrieran sangrando. Gritando y llorando en un momento de terror y miedo, sufriendo un gran impacto por lo que estaba “viviendo” empezó a alterar al perro, el cual comenzó a hacer movimientos bruscos intentando librarse de aquella gruesa cadena que lo retenía. La criatura dirigió la cabeza en dirección al enorme perro e inmediatamente regresó su cara hacia Michael que estaba tirado en el piso sangrando gravemente mientras se agarraba la cara temblando. Éste delgado ser lo agarró por la nuca, y lo empezó a golpear contra el pedestal repetidas veces hasta destrozarle la cara. Su corazón empezó a latir cada vez más despacio hasta dejar de latir.

El ser levantó un dedo lleno de sangre, y lo introdujo por su pecho hasta llegar a su corazón, y lo pinchó. Michael empezó a convulsionar tan brusca y anormalmente, que a cualquier otra persona se le hubieran roto la mayoría de sus huesos o incluso hubieran muerto; después de unos pocos segundos de continua convulsión se detuvo abruptamente, respiró hondo y soltó el aire bruscamente provocándose una tos rasposa y seca. Empezó a emitir una especie de llanto por no poder ver nada por su rostro destrozado. De lo caliente que estaba no sentía el dolor de las heridas. Su corazón empezó a palpitar de nuevo, cada vez más rápido nuevamente. El perro empezó a gruñir y hacer esfuerzos una vez más para librarse y alcanzar su presa. El delgado ente se dirigió al tubo donde había atorado la cadena. Posó una de sus manos en ella, la acarició, haciendo que la cadena se alargase más y más, permitiendo que el perro se parase y se empezara acercar más con un andar poco habitual de ésta especie. Se acercó al punto en que el inmenso animal quedó a unos pocos metros de él, la respiración del can empezó a aumentar llegando a la cara del chico. La lengua del perro saliendo del hocico en movimientos de zigzag alcanzó a lamer una buena parte de su rostro ensangrentado. Al regresar su lengua al hocico y saborearla se aceleró más, emitiendo de nuevo esos ladridos perturbadores que resonaban en ese lugar. Sin la capacidad de ver, y escuchando los ladridos del perro, y la respiración pesada del delgado ser que le dio la paliza de su vida, empezó a entrar en un estado de pánico, balbuceando cosas ininteligibles debido a que su mandíbula estaba rota y la mayoría de sus dientes habían sido triturados por los golpes; empezó a sentir que el pecho se le ponía rígido, comenzaba a divagar entrando poco a poco en un estado de shock, al momento en que éste estado se apoderó completamente de él, empezó actuar de manera histérica, gritando y alterándose de sobremanera al tocar con su cuerpo las cosas que habían en esa habitación y que él no podría ver.

La criatura extasiada al ver el espectáculo, empezó a emitir una clase de risa temblorosa y gruesa junto con una clase de aplausos tétricos. Al ver al joven en dicho estado, las criaturas se sintieron extasiadas. El can comenzó a saltar bruscamente, a la par que ladraba con euforia, y la criatura se balanceaba de lado a lado bruscamente, ya que la tortura que le estaban otorgando apenas iba empezando, y ellos sabían que eso no era ni el inicio. El ser de delgado cuerpo sacó de su garganta unos cuchillos que parecían bisturís y una enorme sierra con dos mangos, uno en cada extremo, los colocó en el pedestal manchado de sangre. Procedió a caminar hacia Michael, lo agarró de los pies y lo jaló hacia él. Con su mano izquierda le tocó el ojo izquierdo, haciendo que este sane de manera casi totalmente inmediata, lo suficiente para ver, a la vez que con la otra mano hacía crecer más la cadena. Al abrir el ojo, lo primero que vio fue al perro más cerca de él. El susto que le causó fue tal que empezó a arrastrarse hacia atrás hasta topar con el delgado ser el cual rápidamente lo agarró por un pie. Sacó de una de las paredes un tupo que llegaba hasta el otro extremo. Le quitó los zapatos y las calcetas, mientras el pedagogo estaba en el aíre. De su antebrazo salió una cadena que en cada extremo tenía unos ganchos y procedió a atravesarle los tendones de los talones con los mismos y procedió a colgarlo de cabeza del tubo. Levantó su cabeza, la criatura tomó uno de los cuchillos que parecía estar hecho por un material negro pero muy afilado y procedió a quitarle la piel de la cara, haciendo que éste desate alaridos lastimándose la garganta mientras veía a la criatura mover su brazo y en ocasiones pasar el cuchillo cuando éste llegaba a su frente y cuando separaba la piel que rodeaba al ojo.

Terminó de desollar su cara. Retiró la piel con cuidado. Se dirigió al perro, y al llegar con él, éste se sentó rígidamente, abrió su cráneo del cual salieron unos tentáculos pequeños que utilizaba como aguja e hilo y procedió a cocer la piel con las viejas pieles de su cara, tomando así la máscara unas expresiones de un terror inmenso que demostraban que las personas habían sufrido un destino inenarrable. Con una voz cortada por el miedo, empezó a pedir piedad y el motivo por el cual estaba haciendo lo que estaba haciendo, la criatura se limitó a voltear hacia él e ignorarlo. El delgado ser tomó la sierra, se volvió hacia Michael con el instrumento en mano, dejó caer el instrumento al piso, emitiendo un ruido laminoso. El joven hombre intentó hacerse con la sierra, pero el delgado ser le atrapó los brazos y se los rompió haciendo que éste suelte un fuerte alarido seguido por unas lágrimas de dolor.

Los huesos de los brazos estaban afuera de la piel, goteando sangre. El ser delgado recogió la sierra del piso, la colocó en medio de las piernas de Michel y empezó a serrucharlo, lenta, pero continuamente. Empezó a emitir alaridos agudos de dolor a la vez en que la sierra bajaba continuamente, la sangre que iba a su cabeza le impidió perder el conocimiento, haciéndolo ver y sentir como la sangre le empezó a calentar el cuerpo y sus intestinos saliendo de su lugar. La sangre formó un charco inmenso rodeando el largo y anormal pie de la criatura que perpetraba ese acto tan atroz, mientras hacía sonidos morbosos. Momentos después de un largo camino y sensación de estar siendo cortado y no poder hacer nada más que esperar a morir. Entre alaridos y gemidos de dolor, las criaturas se alegraban y excitaban a la vez que el delgado ser serruchaba más y más lento a Michael hasta que éste cerró los ojos.

Después de unos breves segundos, los abrió y se vio así mismo siendo cortado, colgado de cabeza. Notó que sus brazos habían cambiado. Eran sumamente largos y de un color gris, muy cercano al negro, no tardó en darse cuenta que él estaba haciendo ese acto de tortura, en el cuerpo de la criatura. Dentro del ser grisáceo, se entendían algunos pensamientos enfermizos, depravados, con sed de sangre, caos, violaciones y genocidios, pero había uno que no entendía en lo absoluto. “Theós” Al intentar fallidamente detener la acción de serruchar su cuerpo desde el cuerpo de la criatura algo le incentivó para decir esa palabra. “Theós”, haciendo que esta criatura se detuviera por unos momentos, dirigiendo su vista hacia todos lados con aires de terror por escuchar esa palabra. La criatura siguió con la actividad que estaba perpetuando. Al llegar a la clavícula, retiro la sierra, y la puso en el pedestal que había sacado momentos antes.

Con su lengua recorrió desde donde había empezado a serruchar hasta donde se había detenido, acumulando sangre y pedazos que se habían desprendido del interior de cuerpo sin vida. La criatura tomó al cuerpo por la cabeza, y colocó su otra mano en el hombro derecho, y empezó a tirar de ésta, no le tomó mucho para conseguir arrancarla de su lugar. Le arrancó la la lengua, y ojos con sus propias manos y procedió comerlos. El delgado ser al querer lamer la sangre del piso sintió que algo veía a través de él, y en un acto de un miedo incomprensible enterró sus dedos en las cuencas quedándose ciego. Después de unos momentos en donde solo hubo silencio y oscuridad, éste abrió sus ojos y sintió como la sensación del serrucho cortando su cuerpo le erizaba la piel, seguido por un dolor constante y sentimiento de que algo lo lastimaba drásticamente. Una sensación de vomito se apoderó de él nuevamente, esta vez sin poder controlarlo se inclinó involuntariamente y vomitó sangre y pedazos de musculo.

La imagen de aquel perro, y los tentáculos que le salían de la cabeza para adherir su rostro, hizo que le recorriera un escalofrío de pies a cabeza, haciendo que sus pelos se le pusieran de punta por un breve momento. Sacudió su cabeza y se talló los ojos temblando bruscamente. Alzó la vista y vió que algo salía del piso a lo lejos, logró ver que eran tres cruces de concreto. Empezó a caminar en aquel lugar oscuro, con montañas a lo lejos que parecían manchas oscuras. Se dio cuenta que ya no estaba en aquel lugar donde había abierto los ojos después de desmayarse en el lobby.

Los cuerpos ya no caían y las criaturas que lo habían torturado ya no se veían, aunque sí se escuchaban a lo lejos. Siguió caminando hasta llegar a un punto en donde sentía que algo lo agarraba impidiéndole avanzar. De las cruces salían cadenas que levantaban del piso a 3 personas y se introducían en ellos levantando sus extremidades anteriores haciéndolos sangrar y gritar del dolor. Distinguió el grito de dos mujeres y un hombre, de cierto modo pensó en que podría ser su familia, pero se alivió de ese pensamiento rápido al recordar que su padre había fallecido hace ya mucho, pero aún con el corazón acelerado por ese pensamiento fugaz. Sintió que algo lo jaló hacía las cruces reconociendo a esas personas. En efecto, era su familia. Quiso caminar hacia ellos para ayudarlos, pero no podía, la misma fuerza que lo había sujetado antes lo estaba sujetando ahora. Se percató que detrás de ellos un par de ojos enormes con las escleróticas amarillas y los iris con un rojo intenso, daban la impresión de brillar.

Esos ojos rojos los miraban sin pestañar, concentrando toda su atención a la pequeña familia. La respiración de la criatura provocaba intensos vendavales que lo golpeaban violentamente; la sola presencia de la criatura provocaba un terror inenarrable. El terror que fue sembrado en Michael lo incentivo a intentar de todo para soltarse de esa fuerza invisible que lo sostenía contra su voluntad. La respiración empezó acelerarse. Sintió que aquella fuerza lo empezaba a apretar más y más impidiendo definitivamente sus movimientos hasta que se tranquilizara. Al cabo de unos momentos se cansó por gastar energía, y dirigió sus ojos a su familia. Vio que se surgían del piso unas figuras altas y delgadas detrás de cada cruz y unas lenguas largas y negras que lamian obscenamente a su familia, lengüeteando principalmente los brazos que sangraban haciéndolos gritar.

Los lugares que habían sido tocados por esas largas y asquerosas lenguas perdían la piel de forma inmediata; despegándose del musculo de una manera grotesca y lenta, provocando que estos soltaran unos fuertes alaridos mientras lloraban y pedían por ayuda. Michael desvió su mirada y cerró los ojos respirando fuertemente. “Hulah Vaharashi”. La enorme criatura emitió antes de que algo hiciese que regresara a Michael para que siga viendo a su familia ser torturada. Intentó cerras los ojos, pero no pudo. Vio a su familia incinerarse, gritándole por ayuda hasta dejar sólo sus huesos incandescentes atrás. La escena se repetía cada vez más cerca.

Llegaron a unos centímetros enfrente de él y sintió las lágrimas que despedían mientras lloraban. En sus ojos él pudo ver que pensaban que él los había traicionado. Escuchó claramente cuando sus pieles se despegaban de sus cuerpos y los gritos de su familia llenos de dolor, tristeza y miedo. Sus cuerpos sin piel empezando a incinerarse y dejar sus huesos una vez más atrás. La última vez que presenció esa escena, las sintió el mismo, las heridas de las cadenas en los brazos, la sangre, la criatura que esta vez, en su frente tenia marcado “Χ Ξ Σ” al rojo vivo mientras hacía una especie de chillido, la enorme lengua negra, que lamia su piel y esa sensación rasposa y fría, las lágrimas de su familia que estaban dentro de él. Sintió el ardor y dolor que provocaba la caída de su piel y la sangre que recorría sus músculos ahora descubiertos.

Sintió que algo le subía por la garganta raspándola y dañándola. La criatura atrás de él, lo agarró por las mejillas abriéndole la boca, haciendo que eso saliera de su cuello. Vió una cadena llena de sangre saliendo de su interior, mientras aullaba de dolor con una voz ahogada mientras el resto de la cadena salía de él. Comenzó a tallarse el cuello con las uñas desesperadamente a la par que sentía la sensación de ardor en todo su cuerpo llegando cada vez más a la incineración. El gorgoteo que emanaba de su cuello herida se traducía a aullidos de dolor y llanto. Sintiendo ya nada de dolor se vio a sí mismo en llamas derretirse hasta solo quedar en huesos.

Su vista se tornó negra y por algunos momentos solo podía ver ese número en griego “Χ Ξ Σ”. Después de algunos segundos no pudo ver ni hacer nada. El padre de Michael salió del vacío de aquella oscuridad. Con sus cuencas de las ojos vacías lo miró directo a los ojos, lo tomó del cuello, alejó su vista de Michael y se enfocó en la enorme criatura que ahora se encontraba atrás de él haciendo que éste llorase sangre. Su padre empezó a hablar con aquella criatura en un idioma extraño que jamás había escuchado.

-Siempre te odié Michael. Siempre fuiste una vergüenza para mí, jamás te perdonare –. Le dijo su padre antes de romperle el cuello, haciendo que éste regrese a aquella oscuridad total.

Michael abrió sus ojos y con una vista un tanto borrosa, notó que un gran círculo de sangre lo rodeaba. Sentía dolor en todas las partes de cuerpo y no dejaba de pensar en lo que había visto. Se levantó. Se aproximó a un cristal que estaba cerca en la recepción y no vió ninguna herida, aunque el dolor que sentía era como si las tuviera, se pasó las manos por todas las zonas que habían sido dañadas y el dolor se intensificaba, la cabeza le dolía insoportablemente, y le dolía aún más cuando se acordaba del perro y de la criatura que lo habían atormentado. Posó sus manos en el cristal, respirando hondo esperando a aquel efecto onírico pasase.

Una voz muy profunda como rugido empezó a recitar “Χ Ξ Σ” lenta y profundamente, haciendo retumbar en su cabeza. Aquella voz se disipó por fin a la par que el efecto de la alucinación se marchaba también. Retomó la postura y prosiguió a salir del edificio, con la mano en la frente, haciendo gestos de dolor. Analizó cada rincón de la recepción, cerciorándose de que no estaba en aquella alucinación. El efecto de aturdimiento que tenía se retiró, dejándolo escuchar los gritos de las personas que seguían muriendo en el exterior. Al llegar al cristal que daba a la calle, se detuvo viendo todos los cuerpos que adornaban las calles dándoles un aspecto de una avenida del mismo infierno.

Una criatura con la mayor parte de su cuerpo cubierto en sangre; se detuvo del otro lado del cristal, los ojos de la criatura empezaron a moverse rápidamente, analizando el cristal mientras estos estaban llenos de esa sustancia, parecía que la sangre no le molestaba en su vista, no parecía enfocarse en nada en especial, parecía no poder ver más allá del cristal, ya que éstos estaban polarizados dándole un efecto como un espejo gigante. La criatura volteo a ambos lados de la calle y salió corriendo, Michael, se quedó atónito al ver a esa cosa, era enorme, delgada y rápida.

Se quedó viendo hacia afuera y vio que poco a poco las personas dejaban de gritar, correr y morir. Notó que había una ligera lluvia cayendo. Pasó unos momentos apreciando la lluvia hasta percatarse que las calles ya se encontraban en paz. Se encaminó a la puerta, la abrió y salió del edificio. La lluvia le empezó a caer en su ropa y cara. Olía ligeramente a sangre y azufre. Sin darle importancia cerró los ojos y disfruto por unos momentos de aquella lluvia que había salido de la nada de un momento a otro. Al abrir los ojos, vio tres figuras diferentes en uno de los edificios aledaños subiendo la instalación. Detrás de él salieron más personas, con Michael eran 20 en total.

A lo lejos se empezó a escuchar un gran aleteo y un rugido de una criatura grande. Detrás de los edificios que iban al centro de la ciudad salieron unas criaturas aladas de gran tamaño. Sus alas se unían con la oscuridad de la noche; sus movimientos eran rápidos y calculados para no golpear con las cosas alrededor. Estas criaturas lucían como una especie de pterodáctilo con malformaciones. Bajaron en picada y al llegar al concreto se posaron en sus pequeñas patas traseras y sus alas hacia adelante. Las usaban para ayudarse a caminar. En movimientos bruscos empezaron a dirigirse hacia las personas asesinándolas de maneras sádicas, y gráficas.

Michael se escondió debajo de un carro mientras escuchaba como las personas eran masacradas y pedían por ayuda mencionando el nombre de Dios dando sus últimos alientos. Al cabo de un rato, una de estas criaturas aladas se posó en el carro donde él estaba escondido, haciendo que éste lo aplastara levemente contra el pavimento que estaba siendo cubierto por la sangre derramada por aquellas personas. La sangre estaba manchándole la ropa y la mejilla. La criatura alzó sus alas, golpeando una con un pedazo de roca que había caído en el carro de atrás haciéndole una herida donde el hueso estaba a la vista. Una sustancia negra cayó de éste ser alado. Ésta sustancia era más negra que la misma noche pareciendo que un pedazo de pavimento hubiese sido borrado. Éste ser con alas emitió un chillido de dolor haciendo que las demás sean atraídas a ella. Mientras la atacaban, ésta cayó al pavimento rompiéndose la mayoría de los huesos. Las otras criaturas bajaron para alimentarse de esta y acto seguido marcharse de la zona dejando los huesos de ella en el asfalto derritiéndose.

Michael salió de su escondite, volteó a todos lados hasta ver un grupo de huesos en el piso, rodeados de una sustancia viscosa y oscura. Observó que de las otras 19 personas que habían salido del edificio “Juise” solo quedaban 9, incluyéndolo. Entre ellos se encontraba Alexander Novíkov, Melissa Schlütz, Alina Smirnova, Pavel Borowski, Amanda Hernández, Carlos Tovar, Diego Villegas, y Eduardo Cisneros. Personas con las que había convivido, pero de entre todos ellos, solo con Melissa era con la que mantenía contacto más seguido por su relación sentimental. Se dirigió hacia Eduardo, que se veía serenamente perdido.

Hola, ¿te puedo decir Eddy? – le dijo con un tono amigable.

-S-s-sí, - le respondió tranquilo. - ¿Sabes q-qué está pasando? – Le preguntó agarrándose la frente con aires de incredulidad-.

-La verdad no, pero no quiero quedarme aquí para averiguarlo. El olor me está matando del asco – le contestó, viendo todo a su alrededor – Te quiero preguntar acerca de tu refugio ¿nos podrías llevar allí mientras averiguamos que hacer? – le preguntó viendo a ese joven de cabello castaño y ojos pequeños.

-C-c-laro, t-tengo las llaves de la puerta en el p-pantalón. E-está muy cerca de aquí, la casa de mamá está a unos ve-ve-veinticinco minutos de aquí. Está en el patio – le respondió en un tono cansado y tomando una bocanada de aire profunda para relajarse– si se quieren ir de aquí es mejor irnos y-ya – agregó-.

Michael se volteó hacia los demás. Los miró detenidamente a cada uno de ellos, y encontró heridas y moretones. Alina tenía una pierna luxada, y Borowski la ayudaba a caminar mientras ésta tenía su brazo alrededor del cuello ensangrentado del joven.

¿A dónde iremos Mike? - preguntó Melissa sollozando-.

-Eddy nos aceptó en su refugio, así que nos dirigiremos hacia allá, corazón – le dijo en un tono dulce – así que cualquiera que quiera venir con nosotros, será bienvenido – agregó dirigiendo sus ojos hacia Eddy, y éste asintió regresándole el contacto visual.

-N-no se preocupen, en el refugio hay vendas, alcohol, y otras herramientas para tratar esas heridas – el joven les dijo regalándoles una humilde, pero penosa sonrisa a la vez que les indicaba el camino a seguir-.

Empezaron a caminar a paso acelerado, pero prestando atención a su alrededor por si notaban algo extraño. Carlos y Diego, que estaban más adelante del grupo se detuvieron en seco atrás de un carro y agachándose rápidamente. Entre la oscuridad se podía ver un poco las siluetas de los demás, y entre la oscuridad, Carlos, un joven con el cabello negro y alta estatura, empezó hacer una seña para que los demás se acercasen. A la vez que se acercaban empezaron a escuchar un sonido, como si una criatura estuviera comiendo y caminando al mismo tiempo. Todos y sacaron sus respectivos celulares y lo pusieron en silencio para evitar posibles problemas.

La criatura se escuchaba cada vez más cerca hasta el punto en que pudieron apreciar la figura de esa criatura. Todos los jóvenes empalidecieron. La bestia era sumamente alta, parecía un hombre con mucha musculatura, en la cara, desde la frente, pasando por los ojos y la nariz hasta llegar a la parte superior de la mandíbula había algo, como una capa metálica lisa, ese hombre tenía agarrado un cuerpo por la cabeza y caminaba de manera errática y brusca mientras hacía un sonido como si se estuviera ahogando con su vos gruesa y profunda, se detuvo enfrente del carro donde estaban escondidos y empezó hacer un sonido como si estuviera jalado aire en busca de un olor que había sentido. La criatura volteó hacia el carro y posó una de sus enorme y fuertes manos en el cofre del coche, y asomándose por encima volvió a jalar aire más profundamente.

Al ver Melissa un pedazo de un vidrio de carro en el piso, lo tomó sin hacer mucho ruido y lo lanzó lejos para distraer a la criatura. Ésta, al escuchar el sonido del vidrio impactando en el piso y fragmentándose, volteó bruscamente. Melissa, sin darse cuenta que ese tosco ser ya estaba enfrente de ella, posado en sus cuatro extremidades con la cabeza y la zona donde debería estar el rostro de la criatura a unos centímetros de ella. Golpeó con su frente la capa metálica del ser, haciendo que éste expandiera su mandíbula inferior de una manera inexplicablemente retorcida, haciendo un efecto de hoyo negro. Una luz comenzó a salir del cuerpo de Melissa, como si su alma la abandonase.

Diego, del otro lado de un carro cercano, Lanzó una enorme piedra que impactó a la criatura, haciendo que éste ser se desconcentrara y esa misteriosa luz regresara al cuerpo de ella. Éste enorme ser con cuerpo de hombre, se abalanzó contra el carro, cayendo en la mitad de éste y aplastándolo, dejándolo como una lata de cerveza que, al terminarse, su dueño la aplasta con la mano y la arroja al piso. La criatura retomó su postura en cuatro patas, con la cabeza hacia abajo. El hoyo negro surgió nuevamente, pero esta vez el carro se fue deformando, hasta ser absorbido totalmente. Siguió absorbiendo la tierra, la cual, adoptó una forma de pico y el agujero negro cesó. Los demás, horrorizados al ver la escena, pensaron que Diego había sido absorbido junto con el auto móvil. Vieron que la criatura se levantaba, y caminando como un hombre, en un caminar anormal, siguió su camino, perdiéndose en la oscuridad, mientras hacía unos gemidos raspados.

-¿Qué le pasó al tipo? – preguntó Novíkov con su acento ruso.

-N-no lo sé, - respondió Eddy, dirigiéndole una mirada inexpresiva –.

-Por favor, alguien que no sea tonto para decir, podría me contestar - dijo el joven ruso molesto en un mal español.

- Por favor, no hay necesidad de insultar a los demás, todos aquí estamos asustados – dijo Carlos viendo directamente a los ojos a Novíkov.

-Sólo hablo que prefiero que me diga una persona que no tenga un retraso mental de mierda – repuso-. Mientras Diego le daba una cachetada mandando al joven eslavo en el piso.

-¿Querías saber que había sido de mí? Pues aquí estoy pedazo de Idiota – le dijo mientras su furia iba en aumento –. Te has de sentir especial por poder hablar apropiadamente, ¿verdad? hijo de perra. De seguro te sientes superior a una persona con Síndrome de Down- agregó Diego con ojos de rabia mientras seguía bofeteando a Novíkov.

Carlos agarró a su mejor amigo por la espalda para levantarlo, mientras éste seguía lanzando bofetadas al aire entre maldiciones. Michael se acercó y levantó a Novíkov del piso mientras le preguntaba por las razones de su actuar. El joven ruso, embriagado de terror y con movimientos bruscos, le empezó a gritar al joven historiador y éste con un comportamiento maduro y razonable le habló suave para tranquilizarlo. Los movimientos bruscos del ruso fueron bajando su intensidad, hasta dejarlos inmóviles en la playera de Michael, mientras éste puso una mano en el hombro del joven golpeado.

-¿Qué fue ese comportamiento que tomaste? – le preguntó con un tono molesto.

-Eso no es de tu importar, сука – le dijo-. Иди к черту. Golpéame un segundo vez y te quedas sin manos- agregó Novíkov viendo a Diego con ira en sus ojos, sus mejillas rojas y su labio sangrando.

-¿Fumas? – le preguntó Michael mientras sacaba la cajetilla del pantalón.

-¿Qué? No sé qué eso significar– le respondió.

сапрасищивал “Ты курищь?”. – le contestó con el poco ruso que sabe.

-Да Да, конечно, спасиво – Le respondió un poco alivianado.

-Si gustas, toma dos, e intenta tranquilizarte, ¿ok? – le dijo guardándose la cajetilla en el pantalón.

-Sí, sí, cállate y déjame en paz – agregó poniéndose uno en la boca.

- Que ilógico, me entendiste a la perfección esa oración, pero no una corta pregunta – repuso en un tono burlón. Novíkov le lanzó una sonrisa falsa mientras encendía el cigarro en sus labios con sangre, a la vez que éste se volteaba para encaminarse hacia Carlos y Diego.

Entre golpes con los carros, y tropezones con los escombros, Michael empezó sentir que la herida en su pierna se volvía a abrir y el dolor regresaba intensificado provocando que este empezara a cojear mientras fingía estar bien Eddy se le aproximó.

-Noté que t-tienes mal un hombro, - le dijo con una sonrisa sincera –permíteme ayudarte ¿q-qué es? ¿Un esguince? – le preguntó mientras ponía sus manos en su hombro.

-No, creo que es una dislocación. Me vendría muy bien tu ayuda – le dijo-.

Eddy procedió a acomodarle el hombro mientras las aguas se calmaban entre los demás para poder proseguir con el trayecto. Al finalizar con su labor, le dio una palmadita en su espalda indicándole que ya estaba listo su hombro. Se levantó, y empezó a moverlo para quitarse la incomodidad

-Gracias. - le dijo dándole una sonrisa.

-Llegando al r-refugio, te checaré tu pierna.- Le dijo Eddy mientras le daba la espalda para ir a ver como estaban Pavel y Alina. *¿Cómo sabe muchas cosas? * Se preguntó así mismo Michael en su cabeza, dándole una impresión que, a pesar de su estado, aún tiene más conocimiento que demostrar.

Al llegar con Pavel y Alina, les pidió que se sentaran en el cofre de un carro que estaba atrás de ellos.

-P-permítanme ver sus heridas, q-quiero ayudar - Les dijo mientras sacaba su celular y activaba la luz para ver mejor. Dirigió su celular hacia ellos.

-Revísala a ella primero.- Dijo Pavel mientras se limpiaba la sangre de la cara.

-B-bueno sólo evita…-Eddy fue interrumpido por Novíkov diciéndoles que sería mejor irse de inmediato, ya que algo grande se escuchaba aproximándose. Apagó la luz del su celular y lo guardó.

-Ayúdame a bajarla, por favor-. Le dijo Pavel mientras ponía un brazo de Alina alrededor de su cuello.

-Déjame hacerlo y-yo-. Le contestó Eddy. - C-con tu herida en la cabeza no d-deberías de estar haciendo mucho esfuerzo. M-me la llevare yo cargando hasta el r-refugio-. Agregó mientras pasaba sus brazos por debajo de Alina. –P-p-por fa-v-vor no mal interpretes esto. Le dijo mientras se dirigía hacia los demás. Siguieron con su camino, mientras dejaban ese lugar que estaba siendo tragado por la oscuridad a la vez que sea lo que sea que estuviera provocando ese sonido se acercaba.

-E-estamos a unos minutos, no desesperen, ya casi estamos- Dijo Eddy.

Después de severos minutos caminando, se empezaron a escuchar gritos y disparos a la lejanía en todas las direcciones, seguidas por sonidos de desmembramiento que dejaban un vacío que se sentía hasta los huesos dejando escalofríos a su paso.

-Debemos apresúranos ¿Cuánto falta para el refugio Eddy?- pregunto Carlos mientras que Eddy se dirigía a una casa pegada al parque.

La puerta principal se encontraba destruida y las ventanas de la casa estaban rotas, regadas en el piso de la calle y el parque aledaño. Con una calma sobre-humana, se volteó hacia los demás.

-E-el refugio está en el patio… Quizás mamá esté y-ya en él- Dijo con un tono sombríamente sereno.

Se encaminó rápidamente a su patio mientras los demás le seguían.

-Mike, De mi pantalón saca las llaves, y abre la puerta, por favor. No recuerdo en que bolsillo las coloqué- Le dijo.

Michael se aproximó y buscó en todos los bolsillos del refugio, encontrándolas en el bolsillo trasero.

-Cuando las introduzcas tendrás que girar suavemente la llave a un lado, y luego al otro. La puerta se abrió y entró cuidando de no golpear a Alina la cual se encontraba desmallada y la sentó en una de las sillas. Los demás entraron y lo primero que vieron fue a Eddy analizando el refugio buscando a su mamá, entrando de habitación en habitación. Después de unos pocos minutos se sentó en una de las sillas del refugio, tomó una bocanada de aire y lo expulsó en aires de frustración.

- Hay 2 habitaciones. Andrea, Melissa y Alina si gustan se pueden quedar en una las 3 juntas. Yo sé que Diego y Novíkov no se agradan, y sería una bomba de tiempo juntarlos, así que se van a tener que aguantar porque todos nos dormiremos en la misma habitación - Dijo mientras señalaba las habitaciones.

Le pidió a Pavel que pusiera a Alina en la mesa que se ubicaba en la sala mientras se dirigía a una puerta al final del pasillo. La abrió, entró y se agachó hacia una caja antigua. La abrió y de ella sacó un maletín de primeros auxilios de mediano tamaño. Sacó una venda, alcohol etílico, gazas y algodones; se enderezó con las cosas en la mano y se encaminó a la segunda puerta.

¡Knock! ¡Knock!

La tocó. Al escuchar “Pase”, entró a la habitación donde estaban Carlos y Diego.

-Disculpen la molestia, sólo vengo por unas tablas- Les dijo.

Tomó las tablas y prosiguió a salir. Regresó a la mesa con las cosas y las colocó a lado de Alina que la habían acostado. Pidió una navaja o tijeras, y Pavel sacó una navaja suiza de su pantalón y se la pasó. Tomó la navaja y rasgó cuidadosamente para no cortarla, le limpió unas heridas que tenía con alcohol y algodones. Se percató que la espinilla de Alina estaba luxada y éste procedió a acomodarla y vendarle la pierna abarcando las heridas que tenía en ella. Terminó de vendarla, tomó las tablas y le pidió a Michael que sostuviera las tablas contra su pierna para vendarle las dos a la vez. Al terminar de vendarle las tablas se paró y se dirigió hacia la habitación. Sacó una muleta para que pudiera caminar y tomó una sábana y una almohada para ella. Regresó a la mesa. Levantó la cabeza de la joven y colocó la almohada y procedió a taparla con la sábana y acomodando la muleta enfrente de ella.

-Tengo que ir a mi casa a buscar a mi mamá- Le dijo a Michael con un tono sombrío.

-Vamos, te acompaño, no creo que sea prudente dejar que vayas solo- Le contestó mientras se adelantaba a la salida.

Abrió la puerta y salieron sin hacer ruido alguno. Al llegar a la parte de enfrente, escucharon un rugido saliendo de una de las casas de enfrente, después de ese rugido la casa colapsó y entre la nube de polvo que se elevó se apreció una criatura. Se percataron que era la misma criatura que habían visto momentos antes de llegar al refugio. Éste inmenso ser volteó hacia su dirección. Por un momento, Michael y Eddy se quedaron congelados de terror al ver se había girado hacia ellos. Éste ser humanoide giró su cabeza nuevamente y pegó un gran salto con tanta fuerza que se escuchó claramente que el piso a su alrededor se agrietaba y pedazos de escombros salían volando hacia todas las direcciones. Los gajos de escombros dejaban un agujero en donde impactaban en las paredes de las casas, y todo lo que estuviese afuera.

Los chicos, lentamente se encaminaron hacia donde la puerta principal de la casa debería de estar. Entraron a la casa y empezaron a buscar. Michael abarcó la sala, cocina y comedor mientras Eddy bajaba al sótano de la casa, abriendo todas las puertas que veía, sin darse cuenta que las paredes estaban pintadas de sangre. Se percataron de un olor a putrefacción y sangre. Eddy subió a la sala y se encontró con Michael abriendo los cajones del mueble donde la tele se encontraba.

-¿Hueles eso?- le preguntó Eddy.

Empezó a correr hacia las escaleras antes de que Michael pudiera contestarle y las comenzó a subir de dos en dos. Acelerado y con miedo por el olor que invadía sus narices y auguraba algo malo. Michael, una vez que dejó de ver a Eddy en las escaleras, subió y lo empezó a buscar por todos los cuartos que se encontraban allí dentro. Llegó al cuarto al final de corredor. Lo atravesó. Encontró una cama grande en medio de la habitación, y al lado vio a Eddy de rodillas. Se dirigió hacia él, y no pudo creer la escena que estaba viendo. Su corazón comenzó a palpitar tan rápido que un asco se originó y se quedó en su garganta. La mamá de Eddy se encontraba en el piso a lado de la cama. Su caja torácica estaba abierta de par en par. Su sangre e intestinos adornaban el techo de la habitación, mientras la sangre aun goteaba de ellos. Las extremidades estaban desolladas. Su cara no estaba en su lugar. Los pechos le faltaban y el corazón y pulmones habían sido arrancados, aplastados y arrojados al piso. Al ver esa imagen, el cuerpo desnudo de aquella mujer y ver su ausencia de rostro se acordó del perro de horas antes.

Eddy al ver su mamá de esa manera dejó de pensar claramente.

-M-mami, despierta, t-tu niño especial r-regresó- Dijo Eddy con en un tono de incredulidad como si de un niño se tratase. -M-mami, no es h-hora de dormir, d-despierta, p-por favor- Agregó mientras movía el cuerpo sin vida de su madre.

-Eddy, tu mami no despertará- Le dijo Michael con una voz cortada.

-¡N-no digas eso! Yo sé que s-sí d-despertara”. Repuso con un nudo en la garganta.

-Oye, sé lo que sientes, sé lo que es perder a un familiar que fue muy importante, sé que es difícil de creer al principio, pero tienes que avanzar. Me tienes a mi si quieres hablar de algo- Le dijo poniéndole una mano en su hombro.

-N-no quiero que mi mami se v-vaya. F-fue la única que me apoyó cuando mi p-papá ab-busaba de mi cuando era pequeño. No q-quiero que se marche sin antes d-decirle que la amo y que no q-quise decir lo que le d-dije el día que me marche de a-aquí- repuso abrazando el cuerpo sin vida de su mamá.

-Vamos, ella sabe que la amas, y ella sabe que no quisiste decir… sea lo que sea que le dijiste. Si ella estuviese aquí no le gustaría verte llorar ¿te gustaría saber que tu mami está feliz?- le preguntó mientras lo veía.

-Sí, pero ¿cómo puedo s-saberlo?- Le respondió con interés.

-Bueno lo primero es que tienes que dejar de llorar. Ella llorara si tú lloras. ¿Quieres hacerla feliz? Entonces sonríe y ella sonreirá contigo. Ahora te está esperando en un lugar mejor, y algún día se reencontrarán- Le dijo mientras le sonreía.

Sin decirle nada, colocó al cuerpo en el piso, tomó el cobertor de la cama y se lo puso. “Te extrañare mami, será difícil estar sin ti, discúlpame por lo que dije e hice, y todas las veces que falle”. Pensó dándole un beso en la frente. Se levantó del piso, tomó una maleta que había preparado momentos antes y se dirigió hacia la puerta. Atrás de él iba Michael, viéndolo preocupado, pero sin decirle nada, dejó que Eddy se adelantara. Lo vió dando vuelta hacia las escaleras y bajarlas. Se retornó hacia el cuerpo, mientras analizaba la manta, machándose de sangre no pudo evitar pensar en su papá y el dolor que ese recuerdo le provocaba haciéndolo sentir un nudo en el estómago.

-“¿Quieres ver cómo murió esta puta?”.- Le dijo la voz en su cabeza.

-“No, no estés molestando. Pensé que ya te habías ido”.- Le contestó molesto.

-“La verdad no me importa si no quieres, disfruta de la película”.- La voz procedió a quedarse callada.

Michael entró en un trance, haciendo que sus ojos se volteen hacia atrás. En su mente empezó a correr un recuerdo, como una película.

-¿Eddy, mi amor, dónde estás? – preguntó la señora Cisneros con dulzura en su voz mientras buscaba a su hijo por todos lados.

-Estoy con p-papi – dijo Eddy viendo la puerta del refugio mientras se pasaba las llaves de una mano a otra.

-¡Eduardo! ¿Qué te dije de acercarte a ese lugar? – le preguntó su mamá en un tono molesto desde la sala de la casa.

-Mami, no pasa n-nada, es el único l-lugar donde puedo pensar en p-papi – dijo mientras se limpiaba el sudor de la frente.

-¿Después de todo lo que paso, de todo lo que nos hizo? – le preguntó extrañada.

-Eso no q-quita el hecho de que él sea m-mi papá. Mami, yo sé que t-tú también me tienes m-miedo, ninguno de los d-dos se esperaba tener un hijo ú-unico con el c-cromosoma 21 d-duplicado. Aun así, e-es mi papi, a la familia, v-visto desde el p-punto de vista de los n-niños hacia sus padres, siempre les p-perdonaran las cosas, n-no i-importa que sea o que hagan – le contestó-. Se volteó y regresó a la casa.

-A mí no me importa si lo perdonas o no, no quiero que te vuelvas a acercar a ese lugar ¡Nunca! – le dijo mientras le abría la puerta

-¿Pero p-por qué no? – le preguntó calmado.

-Porque soy tu madre y no quiero que te acerques ahí – le dijo su madre en un tono molesto – Eddy, me estás haciendo enojar, y tú sabes que no es buena idea – repuso con el ceño fruncido.

-A mí no m-me importa si te enojas o no, no importa si lo p-perdonas o no, solo demuestras i-idiotez e inmadurez – le dijo su hijo.

-¡Eduardo Cisneros! Soy tu madre, ¿cómo te atreves a hablarle así a tu madre? – Repuso mientras lo abofeteaba – lárgate de aquí, siempre fuiste muy inteligente a pesar de ser un retrasado – agregó con lágrimas en los ojos y rabia.

-N-no quería d… - fue interrumpido por su madre al bofetearlo de nuevo.

-Dije: “Que te largues de aquí”. Suficiente tengo con las cicatrices que me dejó tu papá cuando estaba vivo. Le dijo mientras le abría la puerta de la casa.

-M-muy bien, s-solo pasare p-por mi r-ropa. –le dijo mientras subía por las escaleras.

Llegó a su cuarto. Sacó una mochila para gimnasio y metió ropa. De su closet sacó una bolsa de dinero que su papá le había regalado para emergencias y dejó otra en el compartimiento que se encontraba en una pared del closet. De uno de sus cajones sacó un dibujo que le había hecho a su mamá desde hace unos días. Bajó las escaleras con el dibujo en la mano y se lo dio. “Ten, es para que nos recuerdes”. Le dijo y salió de la casa. Se quedó viendo al dibujo que le había dado su hijo.

María Cisneros estaba en su cuarto viendo el dibujo que Eddy le había entregado el día que se marchó de la casa. Pensando en todo lo que se habían dicho ese momento. La tele, encendida, pasando programa basura como siempre. Haciendo ruido para que la casa no se sintiera tan sola de lo que realmente estaba. La luz empezó a parpadear drásticamente, la tele dejó de transmitir la señal, el ruido de la estática reinó el cuarto. Extrañamente la tele seguía prendida a pesar del parpadeo de la luz. Pasando algunos minutos, la luz finalmente se fue. La tele, momentáneamente se quedó en silencio, apagada. María, que seguía en la cama se levantó y se dirigió al ventanal que estaba en la sala del segundo piso, que daba vista al parque aledaño y a lo lejos, el resto de la ciudad. Dirigió sus ojos hacia el parque, el cual estaba vacío, desolado, lo cual era extraño, ya que independientemente de la hora siempre había alguien. Vió la hora en el reloj de mesa antiguo, que su papá le había regalado cuando se casó, y notó que eran las 16:55. De cierta manera sentía que las horas pasaban volando, pero cuando veía el reloj se sentía diferente, como si el tiempo se detuviera.

Dando el reloj las 17:00, María, sintió un sismo que pasó a ser más fuerte al cuarto de hora. Mientras su perro ladraba sin parar y todos los muebles de la casa se caían y rompían regando los libros y todo lo que tenían encima de los cuales eran encargados de mantener. El perro ladrando entre sonidos de llanto, empezó a moverse bruscamente para romper la cadena que lo retenía y poder ir en asistencia de su dueña. La cama donde ella se encontraba estaba meciéndose de un lado a otro bruscamente, hasta que por fin ésta rompió cayendo al piso. María, se levantó de la cama, sosteniéndose de las paredes para no caerse, caminó hacia las escaleras para bajar e ir por el perro y salir de allí. Al estar bajando las escaleras, el sismo, que pasó a ser terremoto, la derribó, haciendo que cayera por las escaleras lastimándose la pierna y golpeándose la cabeza haciendo que se desmayara.

El perro, aun moviéndose bruscamente logra por fin soltarse de las cadenas y corrió hacia el interior de la casa hasta llegar con su dueña que yacía en el piso. Lamiéndole la cara y gruñendo hacia su alrededor.

Después de severos minutos en el piso, María abrió los ojos, y notó que su casa estaba hecha un desastre. Los muebles que estaban en la pared a un lado se encontraban tirados al otro lado. Se percató que no estaba sola en la casa, desde la oscuridad al otro lado de la sala algo emitía una respiración tosca y pesada; acto seguido, sea lo que eso haya sido, lanzó al perro cayendo éste cerca de las piernas de su dueña. Al ver ella tal escena, su corazón dio un vuelco en su pecho, y su tez se tornó pálida. Gritó hasta desgarrar su garganta, provocando que la criatura le rugiera. El rugido hizo que las ventanas explotasen. Al momento en que la bestia se abalanzó sobre ella, la puerta, donde la criatura se impulsaría colapsó en pedazos, haciendo que ésta estúpida criatura cayera al piso y se golpeara la cabeza, dándole tiempo a María de subir. La criatura se lanzó hacia los pies de María, fallando la intención de agarrarla por éstos. María logró subir todas las escaleras agarrándose de la pared llena de sangre. Al María regresar a su cuarto y cerrar la puerta con llave logró tomar una larga bocanada de aire pensando en que se había salvado de esa criatura.

Escuchó como lentamente se abría la puerta, mientras se escuchaba una risa tétrica y distorsionada que retumbaba en toda la alcoba; una risa maligna y profunda que le erizaría la piel a cualquiera que la escuchase. María, al otro lado de la cama, entre lágrimas le pedía a Dios piedad y misericordia. Que la protegiera de todo mal, la criatura el sentir esos pensamientos enfurecía sin parar de reír. La mujer buscaba el dibujo que le había sido entregado. Al encontrar el dibujo con sus manos lo abrazó mientras pedía el perdón de su hijo a Dios.

-¿Dios? No, Muerte”. Le dijo la criatura mientras rápidamente ponía su enorme mano rasposa y escamosa en su cara, arrancándosela bruscamente.

La bestia la tomó por la manos extendiéndoselas y con la otra mano le clavó las enormes uñas negras en la boca del estómago y procedió a introducir más la mano y luego la otra hasta que pudo agarrar sus costillas y en un sólo movimiento se las rompió haciendo que su caja torácica se abriera. La dejó caer al piso y luego la volteó boca arriba, la bestia se puso a jugar con sus intestinos. Los sacaba y los mordía para luego lanzarlos por toda la habitación mientras reía. La criatura empezó arrancarle los pulmones y el corazón y devorándolos de un bocado. La criatura empezó a tocar obscenamente el cuerpo ya sin vida de María. Una mujer muy guapa y voluptuosa; de cabello rubio, corto y ojos cafés.

La criatura levantó el cuerpo y acomodó la caja torácica haciendo que la ropa de la mujer sin vida se cayera exponiendo sus pechos con sus pezones duros. La criatura los vio por un par de segundos. Los tocó haciendo que la piel de estos se cayera de su lugar y procedió arrancarlos salvajemente y devorarlos. La piel de los brazos de la víctima también se caía al contacto con la bestia. La criatura tomó el dibujo, y lo colocó entre los bazos sin vida de aquella mujer.

Michael volvió en sí, tomando bocanadas largas y profundas de aire mientras caía al piso tallándose los ojos, mientras la voz en su cabeza reía. Volteando a ver a su alrededor con ojos llorosos, vió una huella de sangre de una gran mano que se apoyaba en la pared cerca de la puerta. Sintió que algo húmedo le caía encima. El asco que sintió al recordar que lo único en ese lugar capaz de caer era sangre. Volvió la cara y vomitó a la par que tosía.

-¿Te divertiste al ver el asesinato de esa puta?-le preguntó la voz mientras reía.

A lo lejos se escuchaba un goteo y un grito agudo perteneciente a una mujer. Algo, dentro de Michel estaba seguro que aquel grito pertenecía a la mamá de Eddy. El cuarto se sentía helado. El ambiente dentro de ese lugar se hacía cada vez más pesado, y difícil de respirar. Lo único que se podía respirar allí era aire contaminado de sangre y putrefacción Sintió la sangre humedeciendo las fosas nasales cuando inhalaba. Sintió que algo le escurría por la nariz, llevando sus dedos hacia ella. La tocó, y miró sus dedos. El temor que se estaba sembrando en él al pensar que vería sangre en ellos, le provocó que las manos le empezaran a temblar desenfrenadamente.

Sus ojos se enfocaron en ellos, y no vieron nada, sólo sudor. Se dio cuenta que su cerebro, le quiso jugar una broma de mal gusto. De alguna forma, su cerebro tuvo tiempo de crear una broma que salió a la perfección. Una risa nerviosa salió de él, al ver el cuerpo de nuevo, la risa pasó rápidamente. Se llevó las manos a la nuca y en un movimiento lento las llevó a la cara, despeinándose el cabello. Se encaminó hacia la puerta del cuarto para alcanzar a Eddy. Cruzó la puerta, notando que el ambiente en el pasillo era más ligero y limpio. Se detuvo. Volteó al techo. Cerró los ojos y tomó una bocanada de aire, profunda y lenta, llenó sus pulmones y sacó el aire. Esto lo ayudó a relajarse mucho aunque no del todo. Se dirigió a las escaleras, y las bajó. Vio que Eddy estaba viendo un bulto cerca de las escaleras, con la cabeza agachada y los hombros caídos.

-E-es mi p-perro, no m-me pu-pude despedir ade-decuadamente de ninguna de l-las dos.- Le dijo con una voz temblorosa y un tono frío.

Michel se le acercó, y se detuvo al lado del enorme joven.

-Lo siento mucho, de verdad. Yo sé que ellas sabían que tú las amabas demasiado. Perdón, las amas. ¿Cuál era su nombre?- Le preguntó. No era bueno para ponerse en el lugar de los demás, y él lo sabía, pero hacía su mayor esfuerzo para desarrollar esa habilidad social.

-Su no-nombre era Iga- Le respondió. -E-era una muy bu-buena, no-no p-pienses que era mi mas-mascota. Era mi familia, me v-vió crecer y la vi como mi herm-mana todos estos a-años- Agregó.

De cierta manera, le quería decir todo lo que la voz le hizo ver; el cómo su mamá murió, pero por otro lado no quería que Eddy tuviera esas imágenes dándole vueltas en su cabeza. No quería que nadie supiera que él tenía una voz en su cabeza que le decía cosas que pasaron en otro lugar, y cosas que jamás pudo saber sin esa voz.

-Yo sé en l-lo que estás pe-pensando, Mike,- le dijo mientras le daba la espalda para salir de la casa. -¿Por q-qué no llo-llora después de v-ver el ca-cadáver de su m-madre y de s-su perra? Bueno, quizás h-haya parecido que es-estaba llorando c-cuando e-estábamos en el cuarto de mis pa-padres, pero no e-es así, para que ll-llorar, no-no arregla n-nada. No se d-desahoga nada… o b-bueno, así yo lo si-siento, y-a que j-jamás he sentido lo que los d-demás, por e-eso siempre es-estoy tan c-calmado. S-supongo que es p-por mi situación. La verdad, no i-importa- Agregó mientras salía de la casa.

Michael se quedó callado. Ni él sabía en qué pensaba en ese momento. Muchas ideas se le venían a cabeza; las criaturas, su familia, su mejor amigo, Melissa, y la enorme criatura que provocaba una enorme sombra en la ciudad, y algo le decía que probablemente era en todo el país mexicano, si no es que en todo el mundo, aunque no estaba seguro de eso. Siguió a Eddy y salió de la casa. Se dirigieron hacia el refugio y entraron en él lo más rápido que pudieron. Al ponerle llave a la puerta del refugio se escuchó que derrumbarse no muy lejos de allí.

Casi todos dentro del refugio estaban en el mundo onírico, otros estaban cabeceando por el sueño. El estruendo de esta infraestructura que hizo cuando impactó el suelo los interrumpió del estado de sueño. Todos parecían desorientados, y asustados. Las luces empezaron a parpadear. El generador que mantenía al refugio iluminado y fresco empezó a hacer sonidos de eructos a la vez que la energía parpadeaba en todos los aparatos electrónicos.

La luz volvió a la normalidad. El aire acondicionado empezó a funcionar adecuadamente. Alina, aún dormida en la mesa, empezó a gemir y a retorcerse suavemente, fruncía el ceño. “Нет, я не хочу”, comenzó a emitir mientras rasguños le empezaban a brotar en la piel de los brazos y piernas. En su cuello le salieron mordidas de las cuales la sangre no pudo hacerse esperar, brotando de todas esas laceraciones. La sangre llenó la mesa hasta el punto que empezó a gotear. Los sonidos resultantes del impacto de la sangre comenzaron a tomar eco en la habitación, o eso le parecía a Michael que se llevó las manos a las orejas para cubrirlas. Vió que Alina se retorcía ahora bruscamente. Los demás no veían lo que él a pesar de estar donde mismo. En todo el refugio sonó una risa cancerosa y profunda. El olor de azufre invadió el refugio por completo. Michael, aturdido y con las manos en las orejas; viendo a todos actuando normal, como si la sangre que emanaba de Alina no estuviera, ni sus heridas; y que la risa no se escuchaba y el olor a azufre no se sentía. Empezó a sentir una presencia muy pesada y oscura, que hizo que éste fuera perdiendo el equilibrio hasta que se desplomó.

Eddy lo agarró por los hombros. Lo sacudió bruscamente, pero Michael no reaccionó hasta que recibió una bofetada que lo sacudió brutalmente. Abrió y cerró sus ojos rápidamente, los talló, cuando los abrió de nuevo y vió a Eddy enfrente de él, su cara se sentía pesada y tibia. Llevó su mano a su mejilla.

-¿Quién carajos me pegó?- preguntó.

-Fui yo, te estuve sacudiendo y no reaccionaste, así que te di una bofetada- Dijo Cisneros. -¿Fue mucho?- le preguntó serio.

-No, estuvo bien. Gracias. -Se paró del piso y les pidió a todos que se juntaran.

Tenía que ver unas cosas con todos y tenían que estar presentes. Eddy le dijo que desde que se fueron a buscar a su mamá Diego y Carlos no salieron del cuarto y estaba la puerta con llave. Michael le pidió la llave para ese cuarto. Se las entregó. Llegó a la puerta y la tocó fuertemente pidiéndoles que salieran urgentemente. Al no obtener respuesta la volvió a tocar y volvió repetir lo mismo agregándole la advertencia de abrir la puerta. Sin obtener respuesta nuevamente procedió a quitarle la llave a la puerta. La abrió y vio que estaban dormidos. Pasó y cerró la puerta detrás de él. Se dirigió hacia ellos y los despertó. Ellos se pararon lo más rápido que pudieron, y su primera reacción fue protegerse la desnudez.

- ¿Cómo entraste? - le preguntó Carlos enojado y adormilado.

- Les estuve pidiendo que salieran, no obtuve ninguna respuesta, así que di el primer paso, hay algo que tenemos que hablar todos y ustedes forman parte de ese “Todos” - le respondió tranquilo.

– Prométenos que no dirás nada de lo que viste aquí, por favor – le dijo Diego un poco apenado.

– No se preocupen, yo no diré nada, ustedes dos lo harán – le respondió Michael seco e indiferente.

Salió de la habitación intentando hacer una expresión neutra en su cara.

- ¿Pasó algo allí dentro, viste algo? – Eddy le preguntó abruptamente.

– Ellos lo dirán cuando ellos sientan que es el momento de decirlo, no es mi responsabilidad para hacerlo – le respondió.

Después de unos minutos, Carlos y Diego salieron del cuarto, Diego se veía algo nervioso mientras el otro parecía estar enojado con todos a su alrededor. Todos los esperaron en la mesa donde Alina estaba sentada. Llegaron y Carlos se apoyó en el marco de la puerta viendo a todos. El otro chico, pasó de largo de la puerta y se sentó en las escaleras que dan a la puerta del refugio.

Michael estaba al lado de la mesa fumando; se veía pensativo, e incómodo. Novíkov le preguntó para que quería hablar con todos, mientras cruzaba sus brazos con aires de poca paciencia. Su cabello largo y castaño estaba lleno de sudor y grasoso. Tenía una herida en la cara que iba desde por encima de la ceja hasta abajo del pómulo. Su ojo que antes era color azul estaba inflamado y un poco morado, y de su labio inferior le salía mucha sangre por las bofetadas que le fueron propinadas casi una hora antes, no se dejaba atender por Eddy ni nadie, solo pedía vodka y que lo dejasen ser. Pavel tenía una venda rodeándole la cabeza por la herida que tenía. Se le veía mareado y más pálido de lo que era. Estaba sentado en una silla café que se ubicaba enfrente de la mesa. Tenía su cabeza apoyada en su mano, la apoyó en su rodilla.

-Muy bien, ya que todos estamos aquí reunidos quiero hablar de lo que ha pasado en todo lo que va del día. ¿Alguien tiene alguna idea de una posible explicación de lo que esté pasando aquí? – preguntó mientras los veía a todos, uno por uno.

-Pues… podría ser un ser del espacio – le respondió Carlos – aunque no se les puede ver bien por la escasez de la luz – agregó mientras se limpiaba el sudor de los labios.

-¿En base a qué lo dices? – le preguntó Michael sin hacer contacto visual.

-Porque… no sé, digo, fue lo primero que se me vino a la cabeza – le respondió mientras encogía los hombros.

-¿De qué hablas? Sí no vas a fundamentar tus respuestas mejor no hables – repuso Michael.

-Yo pensé que estábamos hablando de las criaturas que han salido a lo largo de la tarde-noche – dijo Carlos mientras sobaba la parte trasera de su cuello.

-¿Has visto más criaturas? – le preguntó con un tono de incredulidad.

-Sí, pensé que no era el único de éste grupo – dijo mientras pasaba el peso de su cuerpo a la otra pierna.

-¿Alguien más ha visto criaturas aparte de la criatura que por poco lastimó a Melissa? – Preguntó Michael viéndolos a todos uno por uno otra vez – si es así, les pido que alcen las manos – agregó mientras levantaba su mano.

Todos las alzaron sin excepción. Un silencio gobernó momentáneamente aquel lugar subterráneo. Todos esperaron a que alguien bajara primero la mano. Eddy tomó la iniciativa y todos lo siguieron.

-¿A alguien le ha pasado otra cosa? – preguntó mientras apoyaba su mano en la mesa.

-Yo, - respondió Amanda – Tuve una alucinación – agregó.

-Yo también – dijo Diego -.

Pavel, Novíkov, Melissa, Alina, Carlos y Michael asintieron mientras se miraban los unos a los otros.

-Y-yo no la tuve, no sé de qué están hablando – dijo Eddy viendo al techo – quizás eso no me afecta a mí. Tendré el cromosoma 21 duplicado, pero aun soy igual a ustedes.

-Porque eres uno retrasado – dijo Novíkov mientras se reía.

-¡Vuelve a decir algo así de él y te daré una golpiza! – dijo Diego enojado mientras lo señalaba amenazante.

-Vamos, no le des importancia a sus idioteces. Solo demuestra que su nivel intelectual es inferior – dijo Eddy mientras lo veía directamente al ojo con una expresión fría – Si a mí no me afecta, no tiene por qué afectarte a ti – agregó sin quitarle los ojos de encima al ruso.

-¿Podemos proseguir con la plática? Esto es serio – Dijo Michael cansado.

Vio que se quedaron callados y prosiguió.

-¿Alguien quiere agregar algo más? – preguntó.

Todos guardaron silencio.

– Bueno, yo sí quiero decir al… - fue interrumpido por algo que estaba afuera del refugio.

Jalaba la puerta haciendo que esta haga sonidos chirriantes; parecidos a los producidos cuando un pizarrón es rasguñado con uñas largas. Eddy se dirigió hacia la puerta del refugio. Tomó la manija de la salida. La puerta negra y con un grueso de 35cm que se abría con la ayuda de unos engranajes que estaban por dentro de la pared. La puerta se movía bruscamente, la criatura al otro lado de la puerta estaba poniendo mucho empeño en abrirla. La puerta movía a Eddy como si éste fuera muñeco de trapo.

Por un momento la idea de que la criatura con la placa metálica en la cara fuera la que estuviera insistiendo en abrir esa puerta tan pesada les enfrío la sangre e hizo que a más de uno les entrara una ansiedad que les llegó hasta las medula ósea. Amanda, se empezó a comer las uñas de las manos, mientras inconscientemente empezaba a llorar. Melissa tapándose la cara, mientras decía una súplica en alemán repetidas veces sollozando aterrada. Michael se dirigió hacia ella y la abrazó fuerte mientras la consolaba dulcemente. La puerta empezaba a moverse más fuerte y más brusco. Todos empezaron a pensar que pronto se iba a romper la puerta y sea lo que sea que estuviera moviéndola del otro lado pasaría sin problema alguno. Un rugido desde afuera se escuchó claramente, seguido por un gemido de una criatura.

Claramente se escuchó que peleaban brutalmente. Algo más grande empezó a golpear a la otra criatura contra la puerta del refugio. Se escuchaba cómo se rompía algo que luego impactaba la puerta y el piso de forma brusca. Sea lo que sea, estaba haciendo ruidos extraños, como si el aire se le escapara, hasta que todo quedó en silencio. Afuera, la criatura triunfante había caminado unos cuantos pasos de la puerta del refugio hasta estar encima de ellos. Soltó un rugido grueso y profundo, dando la impresión que le lastimaba la garganta, era algo antinatural. Todo daba la impresión de mecerse cuando la criatura empezó a rugir más fuerte. Adentro, algunos vasos se rompieron y regaron vidrios en el piso. El rugido comenzó a extinguirse, hasta que todo volvió a quedarse en silencio. A lo lejos se escuchaban los pasos de esa criatura alejándose, aquellos sonidos mudos que provocaba la criatura se fueron apagando poco a poco.

Eddy soltó la puerta mientras tomaba largas inhalaciones. Tenía la camisa arrugada y manchada de sangre, aunque no parecía haberse lastimado de alguna manera. Se sacudió y acomodó la camisa, se arregló el cabello, y le pidió por favor a Pavel que fuera por un poco de agua para él, mientras iba por la escoba y recogedor que había improvisado hacía tiempo únicamente para el refugio. Pavel se dirigió hacia la cocina. Amanda lo siguió hasta allí. Al llegar, vio aquel joven polaco de 25 años de edad. Un corto cabello negro, de físico atlético, y tez tan blanca como nieve, pero con rasgos toscos.

– Sabes, desde que te ayude a ponerte la venda no he dejado de pensar en ti, y como mis pechos rozaron con tu cuerpo – le dijo mientras le veía el trasero al joven extranjero.

– ¿Y lo dices por qué…? – le preguntó mientras buscaba un vaso paro el agua de Eddy.

– Bueno, la verdad te lo quería decir después, pero como algo quiso entrar hace un momento al refugio, me convencí que íbamos a morir, y la adrenalina y el miedo me excitan mucho y quise decírtelo ahora, y pensé que te gustaría tener sexo antes de morir – le contestó mientras se mordía los labios.

–Y tú crees que aceptaré ¿no? – le dijo mientras abría un cajón en la cocina y tomaba un vaso.

Aprovechó para servirle agua en el intervalo de silencio que hubo entre ellos. Distraído, Amanda aprovechó para acercarse a él. Pavel se giró y sin poder reaccionar a tiempo, Amanda lo besó, tomó su mano desocupada y la metió en su blusa. Él sintió el pecho desnudo de Amanda con el pezón muy duro y la mano de ella haciendo que la del joven polaco apriete su pecho. Éste, desconcertado, la aparta inmediatamente sacando su mano de su blusa de vestir.

- ¡¿Qué carajos te pasa?! – le preguntó molesto – No es el momento para pensar en sexo – le dijo mientras la dejaba en la cocina-.

–Me éxito aún más que me hablen rudo. Pronto me vas a coger – le dijo Amanda frustrada y decidida mientras se acariciaba un pezón.

Pavel volvió su cabeza y le lanzó una mirada, dejándola callada y excitada.

Eddy recibió el vaso de agua. Le dio un trago y notó una mordida en el labio inferior de Pavel. Sin darle importancia, dejó el vaso en la mesa y recogió los vidrios con cuidado y los colocó en un bote de basura. Ató la bolsa. La sacó del bote y la dejó cerca de las escaleras, vió que Melissa salió de la habitación a la derecha de la cocina con una expresión de incomodidad y un poco de éxtasis en sus ojos. llegó a las sillas en el comedor y tomó asiento. Tal parecía que la mayoría en el refugio estaban excitados, podría ser por el terror que pasaron hace unos minutos, o por la adrenalina de la experiencia, o porque no habían tenido relaciones sexuales desde hace ya un tiempo; Eddy no podía llegar a una conclusión exacta, había muchos factores que influían y lo incomodaba seguir pensando en eso. Intentó distraer su mente pensando en otras posibles teorías de que podría estar pasando. Le dio otro trago al vaso y llamó a Michael. Llegó, pero antes que pudiese haber dicho algo Melissa se adelantó.

-¿Y si son ejércitos del infierno? –preguntó desde el otro lado de la mesa en donde estaba sentada.

-¿De qué hablas, exactamente? Sé más específica, por favor – le dijo Michael mientras dudaba en sacar un cigarrillo de la cajetilla que tenía en el pantalón.

-Bueno, cuando estaba en la alucinación, por un momento vi alrededor del escenario el mismo número en griego que me platicaste el otro día – le contestó un poco nerviosa.

-¿Hablas del “Χ Ξ Σ”? – le preguntó sorprendido a la vez que las ganas de fumar se le pasaban.

-Sí – le contestó ella mientras se frotaba la frente - ¿Qué horas son? – preguntó a la par que veía a todos.

-Son las 21, casi las 22, han pasado 5 horas desde que empezó todo. Se me ha hecho una eternidad – dijo Carlos viendo su reloj.

-¿Qué, solo han pasado 5 horas? – preguntó Alina con una voz débil.

-Saben, esto de cierta manera me recuerda a varias obras de Stephen King y Lovecraft – dijo Carlos confundido – y si realmente Kutulu existe e hicimos algo que lo molestara y nos está castigando por eso – agregó mientras un terror psicológico se sembraba dentro de él y le ocasionaba que le temblara la voz al hablar.

-¿Por qué lo dices? – preguntó Eddy seriamente.

-Sólo piénsalo, con todo lo que ha pasado en éste día ya nada se me haría raro. Quizás y lo vieron, o quizás una voz les dijo algo en lo que se pudieran basar para escribir sus novelas. Y más las deidades Lovecraftnianas – dijo convencido.

-¿Tú has escuchado voces recientemente? – le preguntó Michael un poco molesto, pero serio, quizás por qué ahora se veía obligado a dar a conocer que el sí escucha una voz, o quizás por qué no quería creer que realmente había una voz de por medio en todo esto que de cierta manera le había dicho que su hermana había tenido un accidente.

-S-sí, - dijo con miedo e inseguro sin hacer contacto visual con nadie - ¿Soy el único que la escucha? – preguntó con incredulidad y angustia en su voz.

-Sean sinceros. ¿Quién escucha voces, o las escuchó a lo largo del día? – preguntó Michael mientras se frotaba la frente con aires de estrés.

Carlos levantó la mano, seis segundos fueron suficientes para observar a los otro ocho y no vio que la levantaran. Agachó la cabeza decepcionado. Michael, le hizo segundas, levantando la mano viendo a los demás incómodamente.

-Por favor, no sean ridículos, quizás tienen esquizofrenia – dijo Amanda desde la cocina donde seguía.

-Yo estoy en desacuerdo con ustedes, y discúlpame, Mike, siempre te voy a apoyar, pero esto no tiene sentido, es absurdo – le dijo Eddy con ojos fríos, e incredulidad en su tono.

-Eddy, yo realmente no quería decirte esto, pero si no me crees ven, acompáñame, tengo que hablar a solas contigo – le dijo sin poder hacer contacto visual.

Eddy pasó saliva difícilmente, pero aceptó a hablar a solas con él y escuchar lo que tenía que decir.

Se dirigieron al cuarto en el cual se quedarían juntos. Cruzaron la puerta y la cerraron con seguro. Una vez que estaba cerrada procedieron a hablar en voz baja para que nadie más escuche algo tan privado. Pasaron quince minutos desde que habían entrado a la habitación. Desde adentro emanaba un olor a humo, y lo único que se pudo escuchar del otro lado de la puerta fue “¿Cómo carajos sabes del dibujo?”. Diez minutos después salió Michael con el cigarro en la boca y el dibujo de Eddy lleno de la sangre de la mamá en la mano y sin poder hacer una expresión para disimular lo complicado que fue contarle todo lo que la “voz” le hizo ver y lo que le contó de aquella discusión. Los dos se quedaron sin palabras en un silencio incómodo. A las 22:30 todos los celulares empezaron a sonar al unísono, llenándose de mensajes de textos y mensajes de WhatsApp raros. De alguna manera, estaban recibiendo mensajes de números que eran imposibles de existir, o que no se sabe si puedan existir; variaban de dígitos, había mensajes de un emisor con un solo digito hasta emisores con más de 15 dígitos. Los mensajes parecían de broma. No había palabras, solo líneas de letras sin estructura para articular una palabra. Archivos adjuntos empezaron a aparecer en sus bandejas de estrada.

Fotos de cuerpos en las calles. Ubicaciones donde personas fueron masacradas gráficamente y partes de estas personas no estaban. El asfalto estaba lleno de sangre; parecía que sangre lloviznaba. Una luz se alcanzaba a ver, pero no se apreciaba de donde salía. Las fotos daban la impresión de buscar el mejor ángulo para tomarlas. Parecía que buscaban capturar la hermosura de la muerte y sangre. Parecían tomas profesionales. Un mensaje en particular quitó más de un suspiro.

– ¿Recibieron el mismo mensaje que y-yo? – preguntó Michael sorprendido.

Los demás asintieron viendo sus celulares.

-¿Para qué quieren que vayamos a ese lugar? – Preguntó Eddy desconcertado – digo, queda a unos minutos de aquí, no está lejos, pero por qué específicamente ese lugar – agregó mientras guardaba su celular en su bolsillo.

Volteó a ver su habitación y se dirigió hacia ella sin decir una palabra, no menos de 5 minutos regresó a la mesa con una radio antigua.

- ¿Funciona? – le preguntó Melissa mientras pasaba sus ojos de la radio a Michael. Éste le regresó la mirada, en ella, notó ojos con temor, pero ella lo veía con calidez y cariño. Éste, le regaló una sonrisa afectuosa seguida de un amoroso beso, provocando que Melissa se sonrojara y le regresara un beso tímido, pero con cariño sincero.

– Sí – dijo Eddy mientras los veía mandándose cariños de lado a lado.

Procedió a encenderla. En ninguna estación de radio estaban pasando música, lo único que había eran noticias cortadas por estática. Cuando el interlocutor empezó a transmitir las noticias, Michael sintió un vuelco al corazón provocando que éste se desplome pegándose con la mesa, la voz dentro de su cabeza empezó a reír, provocándole que la piel se le erizara.

Te mostrare algo”. Le dijo la voz mientras se extinguía.

– Les traemos malas noticias de las 2 últimas horas. Un municipio fue aplastado totalmente. Hasta el momento no se han reportado personas con vida. Nuestro contacto está haciendo todo lo posible para no llamar la atención de las criaturas que rondan las cercanías. A 14km de los hechos, en San Nicolás. Pasó un siniestro que es momento que no sabemos cómo pasó. Varias personas fallecieron de maneras atroces y repentinas. Según nuestro contacto. Les damos nuestro más sentido pésame a las personas que tenían familiares en éste municipio- la radio volvió a emitir estática.

Michael se quedó en blanco, en su cabeza se repetía una y otra vez el nombre del municipio. La voz volvió a reír, pero esta vez más fuerte mientras de fondo se escuchaban gritos y sonidos de huesos rompiéndose y sangre cayendo.

-“Tengo algo que mostrarte”. -Le dijo la voz mientras reía.

Michael se desmayó en el piso cerca de la mesa.

La radio volvió a emitir una transmisión. “Estamos hablando con un general que está ahora mismo en las calles luchando contra las criaturas. Vamos con usted General Lohs. Estamos siendo masacrados. La fuerza aérea fue reducida radicalmente… ¡¿Pero qué es eso?! Parece que una criatura nueva ha aparecido. Parece tener 8 extremidades, y… ¡Oh, Mierda!... Parece que los Berserkers vienen corriendo a toda velocidad por debajo de ésta criatura derribando algunos edificios y aplastando carros a su paso. ¡Retrocedan! ¡Muchachos necesitamos retirarnos! No puedo creer lo que los berserkers están haciendo. Están destruyendo los tanques y masacrando a mis soldados como si de juguetes se tratasen, a algunos de mis soldados les está saliendo una luz por la boca. Carajo, uno viene corriendo hacia a mí… ¡No! ¡Suéltame pedazo de mierda!... Parece que perdimos contacto con el general…” la transmisión se cortó regresando a la estática. A fuera del refugio se escuchaban gritos, disparos de armas pesadas, granadas, tanques disparando y moviéndose, las fuerzas aéreas que quedaban pasaban muy cerca del piso a la vez que disparaban hacia las criaturas que reían y rugían mientras masacraban a la primera y única ola de soldados que se encontraban afuera. Todo se fue callando hasta no escucharse nada.

-¡Mierda! Es el final de nuestros días, tal como dice la biblia – dijo Carlos asustado y sudando rascándose frenéticamente la nuca mientras un terror psicológico lo carcomía por dentro.

La puerta del refugio volvió a moverse bruscamente y las luces volvían a parpadear por unos segundos. La criatura que intentaba abrir la puerta emitió un chillido mientras entre balbuceos se iba corriendo.

-Cállate – le dijo Melissa mientras caminaba hacia donde yacía Michael.

-Cállate tú, perra – vociferó Carlos enojado cegado por el miedo encaminándose hacia Melissa, y le dio una bofetada al llegar hacia donde ella estaba.

Eddy hartado y con una mirada fría agarró a Carlos por el cuello y lo levantó, apretando más y más hasta el punto en que éste no podía respirar tornándose rojo.

-Si le vuelves a poner una mano encima a Melissa, o a cualquier mujer te romperé los dedos y el brazo, advertido estás – le dijo Eddy mientras estaba siendo arañado por Carlos.

Lo soltó y cuando éste cayó al piso y se levantó, Eddy lo golpeo haciendo que este cayera de nuevo, abriéndole el labio.

-Ve a dormir, tienes que tranquilizarte y tienes que descansar el golpe – le dijo Pavel mientras ayudaba a Carlos a pararse extendiéndole la mano.

– Ya todos tenemos que dormir, así que les sugiero que duerman ya – agregó mientras buscaba a Amanda con sus ojos.

Sin comer nada la mayoría se fue a acostar. Eddy levantó a Michael y lo llevó a la habitación para ponerlo en la cama. Melissa fue atrás de él entrando en la misma habitación cerrando la puerta atrás de ella.

– Pavel, pasas me la moleta, por favor – dijo Alina mientras intentaba bajar de la mesa con cuidado.

– Claro – respondió mientras se agachaba para agarrar la muleta y dársela, acto seguido, la siguió para abrir la puerta de la habitación y dejar que pase.

Una vez ella adentro de la habitación cerró la puerta, se acercó a la habitación donde iba a dormir y abrió la puerta un poco.

– Carlos, no voy a dormir en la habitación – dijo en voz baja para no molestar en dado caso que ya estuvieran dormidos.

Cerró la puerta y se encaminó hacia la cocina, donde Amanda. Llegó a la puerta de la cocina y ella estaba dándole la espalda “lavándose” las manos. Se acercó por atrás, abrazándola fuertemente, acariciando sus caderas pronunciadas, besándola en los hombros y dándole mordidas suaves por encima de la ropa, metió sus manos dentro de la blusa morada acariciándole el abdomen mientras subía sus manos lentamente provocando que su piel se erizara. Ella agarró sus manos y las apretó contra su vientre. Se dio la vuelta y viéndolo a los ojos, con deseo en ellos, lo empezó a besar intensamente mientras le quitaba la playera. Lo empezó a arañar mientras lo besaba y mordía, pasaba sus manos por su espalda. Las bajó hasta sus glúteos y los agarró por encima del pantalón.

– Estírame el cabello – le dijo mientras mordía el labio inferior del joven polaco.

Éste la agarró por el cuello, apretando ligeramente su mano. Su respiración fue acelerándose más y más mientras la besaba como si hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que besó a alguien o tuvo relaciones sexuales.

– Te estiraré el cabello cuando sea el momento – le dijo mientras la veía con su mano alrededor del delgado cuello de la joven castaña y de labios grandes. La volvió a besar mientras metía más sus manos en su blusa hasta llegar a sus pechos. Los apretó entre sus manos haciendo que Amanda emita un suave gemido entre besos.

– Más fuerte – dijo ella apretando el cuerpo grande y musculoso de Pavel contra el suyo.

Sacó sus manos de la blusa después de hacer que sus pezones se pusieran duros haciendo que se notaran en la blusa. Subió sus manos hasta el escote de la blusa, y la rasgó como si fuese papel. Sus pechos de mediano tamaño quedaron expuestos. Amanda, casi desnuda y desabrochándole el pantalón hasta quedar de rodillas enfrente de él, le bajó el pantalón y el bóxer acto seguido agarró su miembro y los empezó a masturbar hasta introducirlo a su boca. Después de algunos minutos haciéndole sexo oral el joven polaco la agarró de la barbilla e hizo que se ponga de píe. Pavel besando su cuello con su torso desnudo, agarró los glúteos de la joven mujer cargándola y sentándola en el lavaplatos, abrió el pantalón de vestir de ella y ayudándose mutuamente quitándole el pantalón, ropa interior, zapatos y calcetas Amanda quedó desnuda completamente.

Llevándose sus dedos a su boca para chuparlos y humedecer más su vagina de lo que estaba, la abrió y dejó que Pavel introdujera su miembro dentro de ella repetidas veces. Cada vez más y más fuerte haciendo que ella gimiera más fuerte. Pavel le dijo que no gimiera para no despertar a los demás en el refugio. Al ver que no le hizo caso, la volvió a besar mientras la penetraba. Ella hizo la cabeza hacia atrás dejando su delgado cuello al alcance de los labios de Pavel, sin desaprovechar la oportunidad, besó su cuello y lo mordió hasta dejarle marcas. Ella pedía más y más entre gemidos mientras rasguñaba su espalda hasta hacerla sangrar. Pavel paró de penetrarla, la agarró del cuello e hizo que se levantara. La volteó, y la obligó a recargar su torso en el lavaplatos. Unos pañuelos que estaban cerca de ellos atraparon su atención, se estiró para tomarlos y procedió a vendarle los ojos. El pañuelo restante lo usó como mordaza tapándole la boca y procedió a penetrarla de nuevo, más rápido y más fuerte.

Sin su sentido de la vista y sin poder hablar Amanda parecía disfrutarlo más. Pavel comenzó a estirarle el cabello como ella lo había pedido antes. El joven polaco se detuvo de nuevo. Se agachó y tomó el cinturón de su pantalón. Recuperó su postura inicial y se lo puso como correa. Acto seguido volvió a penetrarla mientras estiraba el cinturón. Con la vista Pavel empezó a buscar una soga o un objeto que pudiera usar como tal, sus ojos se toparon con una cuerda que estaba al otro extremo de la cocina. Caminó rápidamente hacia ella. La agarró.

Le quitó el nudo para poder ver que tan larga era la cuerda. Amanda, esperando impaciente y excitada para seguir teniendo sexo, con su mano derecha le pegó suavemente a la superficie de aluminio, dándole a entender a Pavel que se apure mientras con la otra mano se estimulaba. Éste, sin poder apreciar la longitud de la cuerda regresó a donde ella, la agarró de las manos, las juntó atrás de su espalda, y con la soga las ató para que no pudiera mover las. La tomó por el cuello y la aventó hacia el piso. Él se inclinó sobre ella. Tomó los delgados y largos pies de Amanda y los ató a la vez que las doblaba hacia atrás pasando y atando la cuerda por su cuerpo desnudo mientras la penetraba. En el techo ubicó un gancho que sostenía la luz de la cocina. Se ayudó con un banco para acercarse al gancho y puso el resto de la cuerda allí usándolo como polea. Bajó del banco, agarró el extremo que sobre salía del gancho y estiró hasta levantar la del piso, y prosiguió a penetrarla de nuevo hasta hacerla llegar al orgasmo.

Una vez alcanzado el clímax, Amanda quedó muy cansada, respirando profundamente. Pavel sacó su miembro de ella le dio la vuelta, le quitó la venda de la boca e introdujo su miembro en ella repetidas veces. Saco su pene. Se dirigió hacia el gancho y procedió a bajarla, le desató las manos y pies, olvidándose completamente de la venda en los. La tomó del brazo y la sentó nuevamente. Abrió sus piernas y permitió que Pavel la volviera a penetrar. El chico en un estado de éxtasis bofetear a Amanda, la cual, se comenzaba a calentar más a la vez que éste la penetraba más rápido hasta que los dos llegaron al orgasmo. Pavel sacó su miembro y cayo rendido al piso a unos pasos lejos de ella y los dos durmieron tranquilamente.

En las calles las criaturas que estaban en todas partes de la ciudad se unieron. Algunos pedazos de las personas descuartizadas que se encontraban en las calles fueron recogidas por éstas. Lo gritos que se escuchaban a la lejanía iban apagándose hasta ser solo ecos en la oscuridad de las calles llenas de sangre de Nuevo León a las 22:50. Las criaturas caminaban una tras otro como si de un desfile se tratase, mientras reían y gemían. Unas cuantas criaturas peleaban y otras comían los pedazos de las personas que habían sido masacradas. En el fondo se veía a la enorme criatura encogiéndose de tamaño progresivamente hasta ser tapada por los edificios. El sonido del vacío era lo único que se escuchaba, todos los sonidos se fueron apagando. Las criaturas empezaron a arrojar los pedazos de los cuerpos mordisqueados a los edificios destrozados, los carros y a todo objeto que haga que estos miembros sean colgados. Un temblor empezó, tornándose más fuerte y más fuerte. Las criaturas voltearon a ver los edificios que se encontraban en el horizonte para después salir despavoridos, gimiendo y riendo. Entre sus gemidos y risas se sentía el miedo y el aviso de un suceso catastrófico que se aproximaba inminente. Un gran rugido salió de la oscuridad reventando todas las ventanas que no habían sido dañadas a lo largo de los ataques y explosiones de la tarde-noche. Un estruendo se escuchó a lo lejos, y de la oscuridad había salió una inmensa nube de polvo, provocado por eso que emitió aquel estruendo.

La Primera noche y primera sangre ha empezado.

April 16, 2020, 8 a.m. 0 Report Embed Follow story
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Javi Iruegas Futuro Médico Veterinaria y Zootecnista. Me gusta mucho leer Lovecraft, King, Abraham Stoker, y el filólogo Tolkien. Espero les guste mi contenido y estoy más que feliz de leer sus comentarios. Sigan me en mis redes sociales, ahí podremos estar en contacto ya que estaré subiendo fotos, vídeos, memes, etc.

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