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El poeta de los últimos años

Aquel hombre tenía unos anteojos ovalados y oscuros, tenía barba larga con canas que parecía árabe, tenía un bastón en su mano derecha, de ropa, estaba vestido con pantalón de vaquero, camisa de mezclilla y chaqueta de cuero sentado en el banco de un parque donde el árbol de alado le hacía sombra. A diez metros a la izquierda, una mujer que estaba llorando y caminando sin rumbo, llegó a sentarse al lado de aquel hombre. Cansada y triste de llorar se quedó sentada y en silencio por diez minutos cuando de pronto sintió una mano en su hombre que perduró por veinte segundos.

Aquella mujer de nombre Dolores miró fijamente al hombre el cual la consolaba con su mano y pudo darse cuenta de que él estaba ciego. Ese momento le recordó a Dolores la película de ´´Forest Gump´´ y decidió en ese atardecer de otoño desahogarse con ese anciano.

–Gracias –le dijo al hombre ciego de al lado.

–Puedo sentir tu tristeza –dijo–. Todo va a estar bien, las cosas pasan por algo.

–Dios lo escuche –se secó la última lagrima.

–La tristeza nace cuando la esperanza y el amor mueren momentáneamente, pero se acaba cuando te das cuenta de la riqueza que tienes.

–Ojala tuviera riqueza, creo que con sólo eso sería feliz en este mundo.

El hombre ciego soltó la risa.

–Si te dieras cuenta, no estarías triste.

–Me quedé sin empleo, mi esposo me engañó y mi madre no me deja volver a su casa –refunfuñó Dolores-. No hay nada de felicidad en eso. Tenía fe en el amor y en la esperanza y la vida tenía que golpearme con este cambio.

–Mi abuelo decía que todo cambio es bueno aunque sea doloroso, por eso aprendí que las cosas pasan por algo, todo tiene una razón. Esta crisis es lo mejor que te puede pasar.

–Si usted estuviera en mi lugar no diaria ni pensaría lo mismo. –mencionó Dolores casi gritando–. ¿Cuándo fue el peor momento de su vida?, alguien que está aquí sentado en un parque sin preocupaciones.

–Aun te falta mucho por aprender, hija –aclaró el hombre ciego con ganas de reír un poco–, pero te voy a conceder la respuesta a tu pregunta. El peor día de mi vida creo fue cuando me dijeron que me quedaría ciego de por vida, pero un año después me di cuenta de que fue lo mejor que me pudo haber pasado.

–Eso es algo difícil de entender –mencionó Dolores de una manera pensante y mirando al atardecer con las hojas secas cayéndose de los árboles.

Después de cinco segundos de silencio…

– ¿Tu abuela vive? –preguntó el hombre ciego en medio del silencio.

–Sí, gracias a Dios –respondió ella.

–Le agradeciste a Dios –carcajeó el ciego –, vas bien. Te tengo una propuesta que te puede ayudar a abrir un poco los ojos.

–¿Qué es?

–Primero necesito saber si tu abuela aún vive.

–Sí, aun.

–Pídeme todo lo que quieras, pero a cambio me llevare a tu abuela lejos de este país para que ya no sufra, tal vez termine en una asilo, no sé.

–Claro que no, ni por todo el dinero del mundo condenaría a mi abuela.

–Ya estas entendiendo –dijo el hombre ciego–. Eso es bueno.

–¿Por qué me preguntó que ser ciego fue lo mejor que le pasó? –preguntó Dolores en medio de otro silencio.

El hombre ciego levantó su bastón 90 grados y apuntó hacia los columpios del parque.

–¿Puedes ver aquel hombre que está jugando por allá?

–No veo a ningún hombre. –respondió Dolores.

–Ahora entiendes la diferencia.

–No, de hecho sigo sin entender.

–Una vez un francés en los tiempos de guerra le dijo a un niño imaginario que lo esencial no se ve –murmuró el hombre ciego–. He ahí la diferencia entre tú y yo. Yo puedo ver a un hombre que fue mudo hasta los nueve años, analfabeta hasta los catorce, viudo a los cuarenta y quien conoció a su padre que lo abandonó de niño hasta los cuarenta y seis.

–Admiro lo que me dice, a pesar de ser ciego, no es de los desanimados.

–Mi abuela decía que no hay peor ciego que el que no quiere ver –murmuró el hombre ciego riendo un poco. Así que técnicamente no estoy ciego.

–Ahora todo tiene sentido –Dolores sonrió junto con él–. No creí que este día después de llorar tanto alguien me haría reír un poco.

–Así es la vida –aclaró el ciego –Te va a golpear tan duro como no te imaginas.

–¡Es que se ve tan real! –parpadeó cabizbaja–. Apenas hace dos días él dijo que me amaba como lo dice de vez en cuando y al mismo tiempo mi madre y yo hacíamos la comida. Todo era paz y armonía, el día soñado con pronóstico de final feliz –suspiró–. Era tan inimaginable que todo terminaría así.

– ¿Así cómo exactamente?

–Justo ayer cometí un estúpido error en mi trabajo, no me di cuenta y me costó mi despido, olvidé enviar esa factura por estar leyendo y cuando menos me di cuenta, mi jefe fue a mi escritorio y me encontró leyendo un viejo libro de Gaspar Noé. Fue en ese momento que me dijo que estaba despedida, me fui a mi casa triste sintiéndome como una tonta. Creí que iba a ser el peor día del año, por mi despido, pero obviamente todo tenía que empeorar, llegue a mi casa y mi esposo estaba con otra maldita mujer. Iba a ser estúpido dejarme llevar por la ira y golpear a alguno de los dos, solo sentí que mi alma desaparecía y no se me ocurrió otra cosa más que ir a desahogarme con mi madre.

Para de hablar por cinco segundos mientras una madre y su hijo pasan caminando enfrente de ellos.

–Una vez que le conté todo a mi madre, ella solo me abrazó. Ese abrazo fue el único apoyo que me brindó porque no me dejó quedarme en su casa, dijo que ya era grande para ser responsable y resolver mis problemas.

–Ya entiendo.

–Desde todo eso no he parado de llorar y ahora estoy aquí.

–Pues no soy un sabio ni un mensajero –aclaró el viejo-. Sólo un ciego que de lo que está seguro es que Dios y el destino se dieron cuenta de que ese trabajo no te hacia feliz, ese hombre no era para ti y que tu madre te está dando una lección de vida y lo hace por tu bien.

–Ese consejo es lindo y cruel a la vez –dijo Dolores.

–Tu vida en este momento tiene dos caminos y los dos son buenos –aclaró el ciego–. Si mueres de la depresión y la tristeza, te habrás librado de todo el infierno por el que estás pasando; si logras superar todo eso vivirás con más humildad, felicidad y amor por tu vida.

Dolores se conmovió por el consejo del anciano.

–Confío en que tomaras la segunda opción –dijo.

–Todo lo que usted dice suena tan natural, como si no fuera de este mundo –expresó–. ¿Cómo llegó a esos consejos y teorías de la vida? Un ciego tiene problemas diferentes al de una persona que si puede ver.

– ¿Te acuerdas de aquel hombre que te señale con mi bastón y no pudiste ver? –preguntó.

–Sí, lo recuerdo, el hombre con pasado difícil que inventó para hacerme reír.

–Ojala fuera inventado y ojala lo hubiera inventado para hacerte reír.

–Eso quiere decir que se hombre si existe.

–Claro que existe. –aclaró–. ¿Quién crees que puede ser? –sonrió–. En este parque venía a distraerme mientras mi madre se iba a conseguir algo para alimentarme a mí y a mis tres hermanos.

–Ahora entiendo –pensó.

–Lo que tu lloraste de tristeza, yo lo llore mil veces de felicidad y de agradecimiento a la vida por estar vivo. Aunque no puedo ver, puedo sentir las maravillas de la vida, como en este momento que estoy hablando con una personas que esta triste en medio de tanta felicidad, es decir, alguien que no tiene trabajo en medio de tantas personas que son miserables en su trabajo; alguien quien no tiene esposo en medio de hombres que no aman a sus parejas; alguien a quien su madre rechazo por su bien en medio de huérfanos que desearían tener una madre que aunque los golpearan desearían que estuvieran ahí para ellos.

Dolores se quedó pensando en cuanta verdad había en esas palabras.

–Tiene usted mucha razón –dijo Dolores con seriedad mirando como el atardecer se oscurecía–.Todo este tiempo había estado ciega y no me había dado cuenta, nunca creí que un ciego me enseñaría a ver. No solo el universo es paradójico, sino también la vida, además es irónica.

–Así es, pero bueno –suspiró el ciego–. Basta de teorías de la vida. Ahora ve a hacer lo que tu corazón te diga.

–Pero no sé cómo hacerlo –replicó con angustia y un poco asustada–. Confío en mi, pero ya no podre confiar en el amor, siempre desconfiare de las personas y nada será como antes.

–Lo sé –aclaró el ciego y suspiró–. Pero ahora me pones en duda. Hace mucho que no hablo sobre el amor. Desde que perdí a mi hija y a mi esposa ya no sé lo que es amar.

–Algo así me siento yo –afirmó Dolores–. Me prometí que amaría a mi esposo como a nadie en el mundo.

– ¡Lo encontré! –interrumpió–. Antes de decidir amar a alguien más ¿habías decidido primero marte a ti?

– ¿Eso importa?

–Tal vez ahí este el problema. Casarse es una decisión personal, nadie debe hacerlo por amor, eso es absurdo.

–Tiene sentido, debí haber escuchado a mi madre.

–El amor es un tema complicado, por eso mi abuelo nunca hablaba sobre eso, le decían el Gran Soma porque cada vez que le contaba una parábola a alguien, esas personas ya no volvían a ser las mismas, veían la vida en otra perspectiva y se hacían más liberales.

–Supongo que usted escuchaba alguna de esas parábolas –comentó–. Ahora entiendo porque es tan filósofo.

–Te equivocas –afirmó–, en realidad, soy poeta… bueno, lo fui.

– ¿Qué es poeta?

–En realidad ni si quiera yo sé que es exactamente –aclaró–, pero si buscas en eso que llaman Internet encontraras que es una persona que compone poesía, pero en realidad es unas persona que escriben palabras que le salen del corazón

–Es raro –dudó–. Nunca había escuchado sobre eso.

–Porque ya no existen, en estos tiempos modernos ya nadie lee.

–Es verdad, ya casi nadie usa ese antiguo método para aprender

–A medida que pasa el tiempo, muchas cosas cambian y muchas se eliminan, como el amor. Ahora muchos creen que el amor es dar algo material a alguien y con eso se conforman, en pocas palabras, le dan valor a lo invaluable

–Ahora entiendo porque hay tanta maldad en el mundo en estos días.

–¡Exacto! –exclamó–. El humano sólo sabe vender maldad, solo vende miedo, no sabe vender otra cosa, por eso cada día nacen malos. Si los malos supieran lo rentable que es ser bueno, se harían buenos sólo por negocio.

–Ahora entiendo porque los animales no son malos, es lo único que no hemos aprendido de ellos en estos más de 2050 años de supuesta evolución, ellos sin saber que significa proteger, se protegen entre ellos mismos.

El ciego inhala y suspira mientras el viento sopla un poco y mueve las hojas de los árboles y el atardecer se va debilitando plasmando un hermoso panorama.

–Creo que con eso me conformo –sonrió–. Ahora eres libre, has aprendido algo que en estos tiempo toma más de 50 años aprender, y lo más importante, que es invaluable. Tal vez no puedas vencer al capitalismo, pero tal vez si puedas alterarlo. Demuéstrale al mundo que puedes ser feliz con poco material y mucha calidad.

–Eso sonó metafórico –mencionó Dolores un poco confundida.

–Lo sé, pero sabes a lo que me refiero –aclaró–. Levántate, resurge de las cenizas, pero hazlo poco a poco, así es menos probable que caigas.

–Gracias –dijo mientras miraba la cara del ciego.

–Pero no he hecha nada mágico.

–Gracias por darme una lección solo con palabras –sonrió–. Espero nunca olvidarlas y tampoco a usted.

–Cuenta la leyenda que el presidente más pobre del mundo decía que se aprende más del dolor que de la bonanza.

–Lo investigaré –sonrió de nuevo–. Gracias por todos estos consejos, no sé qué hubiera hecho si no lo hubiera encontrado en mi camino.

–Así es el destino, a veces es cruel, pero a veces es maravilloso.

–Ojala algún día pueda ver la vida como usted la ve.

–Como último regalo te voy a dar una fórmula, pero vas a tener que descifrarla –levantó su dedo índice izquierdo.

–¿Qué es? –dudó Dolores.

–Del amor que no ves, naciste tú y ahora te veo –concluyó.

April 16, 2020, 2:48 a.m. 0 Report Embed Follow story
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To be continued...

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