samuelliebheart Samuel Liebheart

¿Qué es aquello que define verdaderamente la grandeza de una nación? ¿son sus avances tecnológicos? ¿su cultura? o ¿quizás lo amplio de sus fronteras? En esta historia el imperio de Alxenia se adentra en las profundidades del continente, con el fin de mostrarle al mundo lo poderoso y glorioso del imperio, pero... ¿Acaso es realmente así? ¿O acaso algo se esconde tras las inamovibles murallas de Alxenia?


Fantasy Epic Not for children under 13. © El trabajo es mía y de nadie más quien se atreva a imitarlo será denunciado

#magia #fantasía #política #caballeros #espadas #imperios #edad-moderna
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Capítulo 1: "Batalla en el castillo"

En aquel entonces, las fronteras de Alxenia se extendían a lo largo y ancho de todo Drakhgen hasta donde no alcazaba la vista, sus murallas se erguían imponentes e inamovibles resguardando a su nación como una madre acogiendo a su pequeño en su seno y el ejército, marchaba vigoroso con nada más que una insaciable hambre de gloria, de honor y de conquista.

¿Pero que es aquello que define la dignidad y magnificencia de una nación? ¿acaso lo es lo ancho de sus fronteras o quizá lo son los hombres que residen tras ellas? ¿Lo amplio de un imperio define su supremacía o acaso solo es evidencia de la brutalidad con la que enfrentan a sus contendientes y su propia gente?

Esa noche, el joven Halser marchaba al silencioso y monótono ritmo de su general y de su brigada.

Atravesando sigilosamente los putrefactos y mohosos pasillos de las cloacas más pútridas de la ciudad de “Hangmont”, con una mano alzando su ardiente antorcha y apretando nervioso la empuñadura de su arma con la otra, sentía la necesidad de hablar con sus camaradas Kilther y Alden, que marchaban junto a él, pero olvidó la idea pues sabía que si el enemigo los escuchase estarían perdidos. Tras un suspiro se repitió a sí mismo: “Dioses, denme la fuerza para cumplir con mi deber”.

Habían pasado incontables horas en aquella lúgubre catacumba y fue en el momento en que precisamente los soldados se empezaban a rendir ante el cansancio, que finalmente tras atravesar los viscosos pasillos, escuchar el incesante gotear del techo y el chillido del sin fin de roedores que se agazapaban en los negros alrededores, que el grupo llegó a su destino, pues aquel que dirigía al tropel se detuvo abruptamente, haciendo una señal tras alzar su mano para frenar a la multitud y luego darse media vuelta…

—¡Caballeros! -Dijo el general alzando un poco la voz y a la vista de todos su antorcha - Sobre nosotros se encuentra el refugio de aquellas asquerosas alimañas que se atrevieron a desafiar al emperador ¡Es hora de recuperar lo que vilmente han arrebatado a Alxenia y darles una prueba de la fuerza de sus hijos! ¡AN TANTER ABS! -.

Tras aquel grito de batalla, la silenciosa compañía se transformó en un instante en la más escandalosa barbarie, subiendo en un abrir y cerrar de ojos las metálicas escaleras que llevaban hacia las entrañas del castillo de “Heimtid”.

Como una estampida, tras abrir la escotilla, todos y cada uno de los soldados se desperdigaron por el gran salón mientras vociferaban sus gritos de guerra y desenvainaban sus espadas.

Perdido entre la muchedumbre, sin saber si quiera donde se hallase el capitán o sus camaradas quienes también lo habían perdido de vista, Halser no tuvo tiempo de observar sus alrededores antes de encontrarse cara a cara con uno de aquellos a los que iba a eliminar, aquel hombre de tes de arcilla esgrimió su espada sin rechistar y el caballero apenas pudo bloquear el tajo de su agresor, sin saber si quiera en qué momento rechinaron sus espadas se halló a si mismo retrocediendo ante los ataques de su rival, sin darse cuenta, tropezó y se precipitó al suelo quedando a completa merced de su atacante.

Halser apenas tuvo tiempo de tomar su espada y alzarla, pero a pesar de su defensa su oponente seguía arremetiendo con su cimitarra.

Kilther, quien se encontraba a unos cuantos metros de él, enfrentado a otro de los disidentes, en un instante, tras vencer a su agresor pudo ver a la distancia a su amigo.

—¡Halser! -Gritó-.

Y fue directo a ayudarlo, sin embargo, fue interceptado por otro de los turmanos pero sabía que no tenía tiempo que perder y tras apartar la espada de su oponente de un golpe se apresuró en cortar su cuello para socorrer a su amigo.

Al mismo tiempo, al no poder vencer la defensa de Halser, el hombre lo pateó haciéndolo chocar contra el suelo y perdiendo completamente su guardia, para luego recoger su arma y cargarla tras su cabeza, pero entonces Kilther llegó para apartar de un tajo diagonal el acero enemigo segundos después del feroz tintineo que sus armas provocaron.

Kilther aprovechó lo alejada que quedó la espada enemiga y realizó una estocada con la que atravesó el pecho de aquel hombre. Desenterró su arma y dijo enfurecido.

—¡Ten más cuidado! ¡Si sigues así volverás a Alvaxandross en un ataúd! -.

—Si… lo se… yo… -Dijo cabizbajo y encogido de hombros-.

Kilther continuó luchando contra los disidentes, esgrimiendo su espada con destreza, habilidad y amargura, sus precisos movimientos hacían parecer que cada uno estaba calculado a la perfección y decidido con toda confianza, eliminando a varios de sus enemigos con poca dificultad.

Al otro lado de la sala, Alden se encontraba enfrentando a sus oponentes tanto con su espada corta como con su espada larga, parecía que el uso de más de un arma no era un impedimento para él, pues lograba abatir a sus oponentes más o menos rápido.

El general del ejército, “el carnero rojo de Alxenia”, era un monstruo sin comparación, su calma y destreza eran simplemente incomparables y su facilidad para mandar al infierno a sus oponentes era simplemente inigualable, en muy poco tiempo se vio cara cara con el líder de los rebeldes abriéndose paso entre todo su ejército…

Los gritos de batalla inundaban toda la habitación y el ensordecedor sonido de los metales chocando, solo podía ser comparado con las repetidas campanadas de una catedral. Ambos se miraron fijamente y tras un poderoso grito del Turmano:

—¡Hoy el imperio perderá a su hijo mimado! -.

Ambos líderes chocaron sus espadas y la pelea se mantuvo pareja durante algunos minutos, ninguno de los dos cedía y cada vez que chocaban sus espadas uno lograba evitar los ataques del otro…

Ambos empezaron a rodear al otro, cual felino acechando a su presa, el sudor de la frente del general se escurría pero en él el cansancio no era evidente, se mantenía erguido y con sus ojos fijos en su oponente, mientras que el turmano respiraba agitado y sostenía tembloroso su cimitarra, fue entonces que la soltó una de sus manos y empezó a balancearla de un lado a otro para luego abalanzarse contra el general, éste logró predecir de donde lo atacaría y alzando su brazo logró detener el tajo horizontal con el apoyo del brazal de su armadura, un segundo ataque iría a su yugular al instante pero antes de lograr su cometido la segunda mano volaría por los aires con el batir de su arma y el general patearía al sujeto mientras este se retorcía y gemía de dolor para una vez en el suelo, atravesar su tórax y acabar con su vida…

Tras eso dio un paso y arrancó de un corte su cabeza, la tomó en sus manos y enseñándola al resto de rebeldes dijo…

—¡Ab’horel está muerto! ¡Rendíos o pereceréis junto con el!

Los turmanos restantes advirtieron el hecho y de prisa gritaron desde distintos lados del campo de batalla…

—¡Retirada! -.

Su número se veía reducido sorprendentemente, algunos huyeron al portón principal, pero fueron alcanzados de inmediato por los virotes de las ballestas imperiales, el resto se dividió entre los pasillos superiores del ala este y oeste.

—¡No les dejen oportunidad! ¡Tras ellos! -Ordenó eufórico el general Tidemil-.

Las tropas subieron las escaleras sin rechistar y su extenso enjambre se dividió en las dos direcciones, los ballesteros hicieron su trabajo en los pasillos y pese a alcanzar a algunos, otros lograron meterse en las habitaciones o subir al siguiente piso.

Uno de los camaradas de Halser, Alden, tomó una ballesta y junto a un pequeño grupo subió para perseguir al resto.

Mientras, en el ala contraria Halser y Kilther investigaban con prisa las habitaciones, logrando noquear a varios y tomarlos como prisioneros.

Alden se encontraba ya arriba junto al grupo y los mismos se dividieron en las distintas habitaciones del pasillo en parejas.

Alden y el soldado a su lado se aproximaron a la tercera habitación de su derecha cuya puerta se encontraba entre abierta y de la cual se oían unas voces…

—¡Que mierda haces apresúrate! -.

—¡¿Cállate o quieres que nos atrapen?!-.

—¿Qué demonios importa o no hacer ruido? ¡date prisa! ¿Escuchas eso? -Hizo una breve pausa para escuchar los gritos y las espadas tintinear- ¡Ya tienen a los demás así que muévete! -.

Alden y el soldado se miraron, asintieron con su cabeza y de golpe abrieron la puerta de par en par, ninguno de los sujetos pudo si quiera impresionarse cuando ya ambos habían sido atravesados por los virotes, Alden había acertado al hombro y a la pierna de uno, mientras que el soldado dio justo en el cuello del otro.

Todos los prisioneros fueron amarrados, amordazados y puestos en una esquina del salón principal, mientras que los cadáveres de los otros solamente fueron apilados en cualquier sitio.

El general Tidemil se acercó a los quince caballeros abatidos por los disidentes, y apoyando sus manos en el pomo de su arma dijo.

—Benditos sean estos valientes hombres que cayeron este día, pues gracias a ellos hemos logrado traer la paz nuevamente a Alxenia -En tono de oración procedió a recitar- que Cartis los guíe en el más allá y les dé un mejor destino-.

Todos los caballeros se reunieron alrededor de los cuerpos que cubiertos por tela estaban y oraron por ellos durante más o menos media hora. Tras despedir a los camaradas caídos, el general se posó enfrente de todos y pidiendo su atención procedió diciendo.

—Señores -hizo una breve pausa mientras paseaba de un lado a otro sin dejar de ver a sus soldados- Hoy hemos logrado finalmente liberar Heimtid, sus hazañas del día de hoy serán recompensadas con creces y recordadas por siempre en la historia ¡Larga vida al imperio! ¡Larga vida a Alxenia! ¡An Tanter Abs! -.

Seguido de aquel grito de victoria, todos los soldados alzaron sus armas y gritaron vigorizados, todos excepto Halser, quien fruncía el ceño y se mantenía cabizbajo.

—Bueno, pueden descansar, mañana será un día largo… ¡Ustedes! -Dijo mientras señalaba a un grupo de soldados- Acompáñenme a buscar algo de comer y beber ¡nos merecemos esta cena! -.

Los caballeros se mantuvieron en el lugar reposando tranquilamente hasta que finalmente el general Tidemil y sus hombres llegaron de la despensa con comida y bebidas.

En ese momento, Alden, quien estaba sentado cerca de una de las escaleras del gran salón, logró ver a Halser sentado cerca de una de las paredes más próximas a la entrada principal y decidió ir a cenar junto a su camarada.

—¡Eh! ¿qué tal todo Hal? -Dijo antes de sentarse a su lado con las piernas cruzadas-.

—Eh… Bien supongo, digo… ¿lo logramos no? -.

—Y que lo digas -Respondió casi gritando mientras sonreía el joven Alden- La verdad no pensé que pudiésemos vencer a los turmanos tan fácilmente ¡No cabe duda que somos verdaderos caballeros! -.

—Si…-Dijo Halser sin ver a Alden a los ojos manteniéndose cabizbajo-.

—¿Qué pasa? -.

—No es nada-.

—¿Pasó algo en el combate o…? -.

Por un instante Halser lo miró pensando en decirle el origen de su desgano, pero luego aparto su mirada dando un bocado a su trozo de pan.

—En serio, no es nada-.

—Oye, no olvides que puedes contar conmigo hermano -dijo Alden mientras colocaba su mano en el hombro de Halser-.

Sin embargo, este se mantuvo cabizbajo y en silencio y ante su respuesta, Alden bajó su mano; lo observó completamente serio y de manera analítica durante unos segundos para luego sonreír y decir tras dar un sorbo a su copa…

—¡Cielos! no creo poder acabarme esta botella yo solo -Dijo mientras alzaba la botella, observando que estaba a penas si estaba empezada- ¿quieres un poco? -.

Halser le sonrió y extendió su copa hacia Alden diciendo…

—Quizá solo un poco-.

—¡No se olviden de mí! -Dijo Kilther quien se había aproximado al lugar silenciosamente para luego sentare al otro lado de Alden-.

Alden advirtió la botella vacía que este llevaba consigo y luego dijo.

—¿Parece que te perderemos temprano no es así? -.

—¿De que hablas? solo será un trago más-.

—Claro, ni si quiera se como no estás ebrio aún, ¿acaso no tenemos que levantarnos temprano? -.

—Ahg, te preocupas demasiado… solo dame eso-.

Alden esbozo una sonrisa burlona, le dio la botella a Halser para que este se sirviese y luego se la pasase a Kilther.

—¡Ah! -Suspiró de alivio Alden- Bueno, por fin volveremos a casa, hace tiempo que no tomo un libro en mano-.

—Al menos tu tienes tiempo de leer -Refunfuño Kilther- yo tengo tierras que trabajar-.

—¿Piensan tomarse un descanso? -.

—Nah, yo solo quiero un día-.

—Yo no pienso dejar que un idiota toque mis cosas, tengo que asegurarme de que todo esté bien por allá –Dijo Kilther-.

—¿Y que piensas hacer tu Halser? -.

Halser agachó la mirada hacia su trozo de pan y se mantuvo en silencio unos segundos con el ceño fruncido.

—Pienso pasar algunos… días practicando-.

—¡Oye eso es perfecto! ¿Qué tal si practicamos juntos? -.

—Mmm… Si no es mala idea-.

En el gran salón todos los caballeros se encontraban conversando y riendo con aldólico regocijo, disfrutando del descanso que tan merecido tenían. Pero el bullicio se apagó de pronto, cuando el portón de aquel recibidor sonó con la fuerza de un tambor y retumbó en toda la habitación.

El soldado más próximo a dichas puertas entre abrió una de ellas y al mismo tiempo, Tidemil, quien se encontraba en los primeros escalones de la subida oeste se percató de la visita y fue entonces que se aproximó a toda velocidad a recibirla apropiadamente.

—¡Ah! ¡Brüm-Mile Tidemil! -Dijo un caballero sobre su corcel tras percatarse de su presencia-.

—Señor -Dijo mientras se inclinaba levemente con su puño en el pecho, para luego erguirse nuevamente con sus brazos en la espalda- Es un honor saludarlo nuevamente y especialmente tras esta vigorizante campaña señor-.

—Ya lo creo señor Tidemil, me enorgullece saber que Werkess ha bendecido nuestra campaña y el futuro del imperio-.

El caballero asomó su cabeza por la abertura de la puerta y preguntó…

—Brüm-Mile ¿cuándo piensan partir? -.

—Mañana a primera hora señor, mis hombres necesitan un buen descanso, sin embargo, si enviaré a algunos de ellos, pues hay que llevar a algunos turmanos a prisión-.

—¡Entonces prepárelos de inmediato! Partiremos con ellos ahora mismo-.

Tidemil se inclinó y respondió con un “a sus órdenes señor” pero mientras su cabeza se mantenía gacha su seño se fruncía y su rostro se mantenía tenso. Tras erguirse nuevamente, entró al salón y llamó a un grupo de cuatro de sus caballeros para mandarlos a “Nox” con los prisioneros y a su vez, encargó a otro grupo a buscar al sacerdote local para darle a los compañeros caídos un entierro digno y luego de ello volvió con su superior junto al grupo que partía a Nox.

—Estos son los hombres, que la fortuna de Juhne los acompañe en su viaje-.

—Así será Brüm-Mile ¡Gloria a Alxenia!

El capitán emprendió junto a su grupo y los prisioneros el camino de regreso, y mientras las capas de los caballeros danzaba en el aire con el frío viento nocturno, iluminadas tenue y únicamente por el plateado resplandor lunar, Tidemil no apartaba su amarga mirada de la compañía, observando fijamente al líder de esta apretando fuertemente sus puños y frunciendo el ceño mientras pensaba “Muy pronto…”.

Tras la cena los caballeros enterraron en el cementerio local a los camaradas caídos y les otorgaron una sentida oración con la esperanza de que sus almas llegasen a un mejor destino; y tras una hora de realizar su sagrado rito, los caballeros se retiraron cansados al interior del castillo yendo a tumbarse pesadamente en las cómodas camas de sus habitaciones para mañana partir entusiasmado devuelta a sus hogares, aunque el día siguiente era más importante aún, pues ese día, tomaría lugar la coronación del nuevo emperador de Alxenia.

April 24, 2021, 5:39 p.m. 2 Report Embed Follow story
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Meet the author

Samuel Liebheart Mi nombre es Samuel, y soy un joven de 17 años. Desde que tengo memoria me ha gustado crear historias y al no tener recursos para plasmar mis ideas en Videojuegos o Comics, he decidido dedicarme a la escritura y tengo grandes planes a futuro.

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