erethkhial MariaL Pardos

Todos perdemos los papeles, en mayor o menor medida, literal o figuradamente, muchas veces en la vida. John y Kelly no iban a ser menos, aunque la hermana del detective se iba a llevar el premio gordo. Cuando acusan a uno de los mejores amigos de John por el asesinato de su hermana, el pasado y el presente se arremolinan entorno a sus pies intentando derribarlo.


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#misterio #suspense #violencia #lealtad #aventura #romance #amistad #acción
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Prólogo


Prólogo



¡Ojalá aquella conversación nunca hubiera tenido lugar!

De vuelta en el apartamento de Ryan, ni Kelly ni Richie tenían ganas de dormir. Zimmer estaba en un apuro y ambos se encontraban preocupados.

Se sentaron en el salón a charlar, mirando sus móviles de reojo, cada poco tiempo, esperando noticias.

Si le hubiesen preguntado a Richie, bajo juramento, cómo surgió la conversación en la que se mencionó al padre de ella, no hubiera sabido contestar. Él no tenía por qué conocerlo, y Kelly le pidió explicaciones.

Era un bocazas que solía reírse de todo, y justo aquello no era tema de risa. No se lo parecería a Ryan, y a Kelly mucho menos.

A partir de ese momento, cada vez que intentó abrir la boca, ella lo callaba, lanzándole miradas fulminantes, no quería escuchar nada más.

Caminaba por el salón como una fiera enjaulada, incapaz de estarse quieta.

La olla a presión en que se había convertido la bióloga explotó en cuanto Zimmer y Ryan entraron en el apartamento.

—Tengo que hablar contigo —le dijo a este, y se dirigió al dormitorio sin comprobar que la seguía, y sin saludar siquiera a Zimmer, que la miró intrigado.

Ryan hizo una pregunta muda a Richie.

—Lo siento, tío, se me ha escapado —balbuceó este, sin saber cómo expresar lo mucho que lamentaba aquella situación.

Ya en la habitación, el detective cerró la puerta a su espalda. Una discusión con su padre y la detención de Zimmer bastaban para un día y, sin embargo, parecía no haber terminado.

—¿Acaso pretendes comprarme? —le preguntó, indignada—. Los asuntos de mi familia no te incumben, ¡deja de controlar mi vida!

—No es lo que pretendo, Kelly.

Intentó acercarse, y ella dio un paso atrás.

—No me hace ninguna gracia que actúes a mis espaldas, no soy idiota, ¿sabes? Si quieres hacer alarde de tu pasta e influencia, busca a una de tus amiguitas, conmigo no funciona. ¿Quién te has creído que eres para liquidar la deuda de mis padres? ¿Acaso piensas que me voy a quedar después de esto?

—Solo pretendía quitarte una preocupación de encima, y no estás retenida, puedes irte cuando quieras.

—Gracias, solo quería asegurarme de que no era la única que pensaba que esta historia tenía un final, y que no sería un final feliz.

—Tiene un final porque tú quieres. Estás esperando una excusa desde el principio y esta te viene de maravilla.

Ryan lamentó el comentario en cuanto salió de su boca. Debería haber pedido disculpas e intentado calmarla. O quizá no hacer nada y dejar que se le pasara el cabreo.

—Sí, tienes razón, tiene un final como esta conversación, que acaba aquí.

Kelly abrió de un tirón y salió al salón de donde recogió su bolso al pasar, sin detenerse ni mirar a Richie y Zimmer que tenían la vista baja, intentando fundirse con la decoración.

Se sentía tan rabiosa que solo al llegar al final de las escaleras se dio cuenta de que iba descalza.

Aporreó la pared con todas sus fuerzas, reteniendo el grito que pugnaba por brotar de su garganta.

Zimmer salió tras ella llevando sus zapatos, e intentó consolarla con un abrazo. Kelly se resistió por poco tiempo.

—¡Joder, mierda, joder! —exclamó, intentando serenarse.

Era consciente de lo ridícula que tenía que parecer, y no podía evitarlo.

—¿Puedes llevarme a mi casa? —le pidió a Zimmer cuando se calmó lo suficiente.

Este asintió. Se sentía desolado, apreciaba a Kelly y quería a John, y sabía que, en algún momento, esto podía ocurrir. Su amigo no era conocido por sus largas relaciones, aunque creyó, erróneamente visto lo ocurrido, que lo suyo con la bióloga era distinto.

Su viejo amigo el mono empezaba a insinuarse en su cabeza, tensando los músculos de sus hombros. Lo acalló inspirando profundamente y acelerando el coche, como si pudiese dejarlo atrás.

—Le contaste lo de mis padres, ¿verdad? —preguntó ella, al cabo de un rato de pertinaz silencio.

Zimmer asintió sin apartar los ojos de la carretera. El teléfono zumbaba en su bolsillo desde que saliera del apartamento detrás de Kelly. No quería ni mirar, sabía que era Ryan y ahora no podía decirle nada.

De hecho, no debía haberle contado lo de los padres de la bióloga. En el fondo, era igual de bocazas que Richie.

Sentía una tensión en la nuca que empezaba a agarrotarle los músculos de los hombros y los brazos. El día había sido largo y lleno de altibajos. Esto era lo último que necesitaba.

—Después de estar en casa de tus padres investigué sus cuentas. Colaboré en poner en cuarentena tu laboratorio, lo que te dejó sin trabajo y sin poder pagar sus deudas. No me opuse cuando John le dijo a Richie que las liquidara. Me pareció correcto, y todavía me lo parece.

Era cierto. Le pareció buena idea, y ahora se daba cuenta de que debería haber buscado otra forma de llevarla a cabo.

Ella enterró la cara entre las manos, sus hombros se estremecían con los sollozos que no llegaba a emitir. Eso fue peor que si lo hubiera abofeteado. Le había hecho daño, y no era eso lo que pretendía.

Sus manos comenzaron a temblar, presa de un deseo de chutarse algo como no sintiera en todo el tiempo que llevaba limpio.

—Lo siento mucho Kelly, no debí…

Se le apagó la voz, repentinamente afónico.

—Bob, ¿estás bien? ¿Qué te pasa?

Zimmer se detuvo en el arcén, incapaz de controlar los espasmos que le sacudían los músculos.

Se frotaba la cara de forma convulsa, sus dedos parecían haber perdido la movilidad de las articulaciones y, convertidos en garfios, recorrían su cuello y brazos obsesivamente.

—Ya se me pasa —consiguió balbucear—. Necesito un minuto.

Ella le puso una mano sobre el antebrazo en un intento de tranquilizarlo, pero los temblores, lejos de remitir, se hicieron más persistentes y violentos.

—Lo siento, Kelly, es culpa mía.

—Bob, no…, no pasa nada, lo arreglaremos, ¿vale? ¿Puedes bajar y cambiar de asiento conmigo? ¿Bob?

Él no parecía oírla, con la vista fija al frente, intentaba sujetar el volante sin conseguirlo.

—No pasa nada, Bob —le dijo, controlando el temblor de su voz—, voy a pedir ayuda.

Zimmer no contestó, parecía encontrarse en otro nivel de realidad en el que no veía ni escuchaba.

Kelly rebuscó en su bolso hasta localizar el móvil.

—Richie, por favor, necesito que me ayudes. A Bob le pasa algo —gimió al teléfono—. No, no lo sé. Está temblando, no puede controlarse. Íbamos de camino a Santa Bárbara, acabamos de salir de la ciudad.

Escuchó lo que le decía Richie, cortó la llamada y le envió su localización.

Kelly esperó sin dejar de intentar tranquilizar a Zimmer. Le fue imposible conseguir que cambiaran de asiento para llevarlo a un hospital, se encontraba bloqueado por completo.

Le frotó los antebrazos y la cara, intentando que centrara la mirada, haciendo verdaderos esfuerzos por no volver a llorar.

Un vehículo se detuvo tras el de ellos, con un chirrido de neumáticos, al cabo de un rato interminable. Richie llegó corriendo y abrió la puerta del conductor. Tomó la cara de Zimmer entre las manos y estudió sus pupilas. Ryan abrió su puerta y la hizo salir con delicadeza, necesitaba ocupar su sitio para atender a su amigo.

—Las llaves del otro coche están puestas. Ve donde quieras —le dijo, y se desentendió de ella.

Kelly se quedó allí de pie, con las lágrimas cegándola. No quería irse sin saber que le pasaba a Zimmer. Escuchó unos murmullos en voz baja que no logró entender.

Richie consiguió sacar a su amigo y llevarlo a la parte posterior del vehículo, casi en volandas.

—Se va a recuperar —le dijo Ryan, entrando en el asiento trasero con Zimmer—, pero necesita una mano. Vete. Te llamará en cuanto se encuentre mejor.

Richie, al volante, le lanzó un gruñido, y Ryan cerró la puerta. El coche arrancó con un acelerón que dejó una marca en el asfalto. Kelly se quedó sola, con una congoja en el pecho igual que la que sintió al acunar el cadáver de su hermana.

Se limpió las lágrimas de un manotazo y caminó despacio hacia el coche detenido, con los intermitentes de emergencia iluminando la polvorienta carretera.

Condujo hasta su apartamento, guardó apresuradamente algo de ropa y su portátil en una maleta, que tuvo que bajar de un altillo, y antes de transcurridos 15 minutos volvía a ponerse en marcha.

Durante alguna parada se pondría en contacto con el casero, tendría que decirle que se iba, y que las cosas que quedaban en el apartamento podía tirarlas, llevaba encima lo que necesitaba.

Experimentó la sensación de lo ya vivido.

No hacía tanto que quiso escapar, igual que estaba haciendo ahora, pero por motivos distintos. Esa otra vez se vio obligada a matar a dos hombres, y no importaba si lo merecían o no le dieran elección, luego los remordimientos la atacaron sin piedad, hasta que su mente racional se impuso. Nunca dejaría eso atrás, tendría que vivir con ello.

Regresó entonces porque dejaba algo inconcluso.

Se encontraba a media hora de Phoenix cuando sonó su teléfono, el desechable que Zimmer le diera días antes, años para el caso. Su noción del tiempo se había distorsionado, debido a la precipitación de acontecimientos.

En cualquier caso, era hora de comenzar el resto de su vida, algo que pospuso por una ilusión en la que prefería no pensar. Ahora no tenía excusas.

Conservaba el móvil por una razón, una cuyo número reconoció en la pantalla y que la hizo detenerse a un lado de la carretera.

—¿Bob? ¿Estás bien?

—Kelly, lo siento mucho. Siento haberte asustado. Llevaba muchos días de tensión…, lo siento, de verdad.

—¿Has descansado? ¿Cómo estás? —repitió.

—He dormido varias horas y me ha sentado bien ¿Quieres que tomemos un café luego? Puedo acercarme a Santa Bárbara.

—Hoy no sé si voy a poder, Bob. Estaré un poco liada.

—Por la noche, entonces. Tengo que hablar contigo de lo que pasó.

—No es necesario. Sé que lo hiciste con buena intención, lo que ocurre es que estoy ocupada, y no es una excusa, tengo que buscar trabajo. Empezar desde cero requiere dedicación exclusiva. Te llamaré en cuanto pueda, Bob. Cuídate.

Colgó en el momento justo. Se le estaba empezando a quebrar la voz.

Tiró el teléfono por la ventanilla entreabierta, ya no lo necesitaría.

Jan. 1, 2020, 9:53 a.m. 8 Report Embed Follow story
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Luz Motta Luz Motta
Con lo que ha costado que estén juntos en la primera novela! Esto no está bien!!!!!!
May 28, 2020, 15:13
Ivan Ramirez Ivan Ramirez
Buena introduccion
May 07, 2020, 23:37

Frapi Terua Frapi Terua
Ya leí la primera de las tres en otro sitio y me encantó. Me las quedo aquí también y seguiré las aventuras de estos amigos, que me gustan mucho. Gracias por compartir.
April 12, 2020, 09:54
Francisco Benitez Francisco Benitez
buena forma de iniciar, tengo intrigas por seguir viendo los demas capitulos
February 05, 2020, 16:43
W. E. Reyes W. E. Reyes
Interesante Inicio María. De seguro nos conducirá a nuevas aventuras.
January 05, 2020, 17:41

  • MariaL Pardos MariaL Pardos
    Gracias, amigo! Es la segunda parte de una trilogía, espero que siga suscitanto tu interés. Un abrazo y Feliz Año Nuevo! 😊 January 07, 2020, 10:19
Juan Perro Juan Perro
Magnífico, acabo de terminar el otro libro que me ha gustado mucho. Gracias!
January 01, 2020, 20:47
~

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