El Capitán Luna Follow story

martajroldan Marta J. Roldán

El escritor famoso, Adrien Montfort, se está convirtiendo en uno de los mejores escritores en Francia. Su vida perfecta y aparentemente de éxito se va desmoronando. En un día de lluvia y lágrimas, El Capitán Luna, primer personaje que él creó a sus 10 años de edad, contacta con él. Este le ofrecerá un trato que no podrá resistirse. ¿Aceptará? ¿Qué le deparara? ¿Quién de verdad es el Capitán Luna?


Thriller/Mistery For over 18 only.

#+18 #misterio #drama #258
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El trato

Las gotas de lluvia cayeron sobre el cristal de mi Fiat negro de segunda mano. La carretera estaba tranquila a estas horas de la tarde, los pájaros cantaban sobre mí y se podían escuchar las apacibles olas chocar sobre las piedras. Aún siendo un ambiente amable, para mí se sentía pesado. De todos modos el día de hoy estaba hecho para que fuera así, era un día que tenía que pasar. No podía reprimir mis sentimientos y debía de dejarlos fluir como decía mi psicóloga. Aún así prefería hacerlo en la tranquilidad de mi casa, temía tener ideas oscuras o flashbacks en medio de la carretera. Encendí la radio y sonó una música que tenía un ambiente de los ochenta y encima con un sentimiento de nostalgia. No reconocía cual canción era pero no era de importancia saberlo.


Hoy he ido al entierro de mi padre, tenía solo 58 años aunque en las fotos aparentase 70. Desde la muerte de mamá y de mi hermana menor, mi padre se descuidó y todo empezó a desmoronarse tanto en su vida como en la mía, él empezó a salir por la noche e incluso a quedarse a dormir en bancos en vez de volver a casa. Según papá, estar en casa lo mataba porque había demasiados recuerdos. Hasta que mis tías interfirieron y me llevaron a Francia a poder seguir los estudios sin tener que estar cuidando de mi padre y a él lo metieron en un centro de desintoxicación. Mala suerte que ya fuera demasiado tarde cuando se curó, ya que le detectaron un tumor en el hígado que al final resultó ser un cáncer de hígado en un estado ya avanzado. Él se vino a Francia conmigo y juntos intentamos luchar con la quimioterapia pero era como si su cuerpo no quisiera vivir, como si ese cáncer fuera el pasaporte para ver a mamá de nuevo. Se rindió. Hace dos días que ya estaba con mamá y con mi hermana, si es que existe un cielo.


Una llamada de repente corta mi torrente de pensamientos y lágrimas. Con el botón del volante de mi coche cogí el teléfono.


—Adrien Montfort al habla.


—Hola Adrien, soy Antoine, de la editorial. Lo primero de todo es darte nuestro más sentido pésame por la muerte de tu padre y todo el equipo te desea una recuperación temprana de los sucesos.— Puse una mueca de asco. Claro, seguro que me ha llamado solo para eso. No me lo creía.


—Muchas gracias, Antoine. Me tomaré unos días de descanso para superar el gran golpe.


—De eso quería hablar contigo, Adrien...Verás, preguntamos al jefe si se podría posponer la fecha de tu nuevo libro como nos pediste, pero desgraciadamente nos ha dicho que es imposible. Que si fuera así se interpondría entre la publicación de otros autores y autoras… —Ahí estaba toda su gran preocupación y pésame falso. Mi jefe era un grano en el culo desde que publiqué mi primera novela y no iba a cambiar. Arrugué mi frente aún atento a la carretera y suspiré con frustración. —Lo siento, Adrien. Lo he intentado pero dice que es imposible. Quiere el libro en dos meses, ni siquiera ha podido atrasarlo ni una semana.


—Quieres decir que ni un día voy a poder descansar después de perder a lo último que me quedaba de mi familia. Maravilloso, dile gracias al jefe cuando puedas. —dije con un tono amargo y de inmediato colgué. Dí un golpe al volante y pegué un grito que menos mal que era un día lluvioso y tenía las ventanillas cerradas. No podía creer que ni siquiera se me diera unos días para poder llorar un poco. No, tenía que ser una máquina de escribir sin sentimientos. Incluso ya ni me gustaba escribir, lo que antes era mi pasión y mi santuario, se ha vuelto un enemigo. Ojalá pudiera abandonar esta editorial pero no creo que a nadie más le interesasen mis historias. De repente una luz se ve en el coche y cuando me fijo en ella me doy cuenta que es la gasolina. Perfecto, encima me quedo sin gasolina.


Al menos estaba a punto de pasar por una gasolinera, giré a la derecha y aparqué en aquel lugar algo solitario. Otra llamada sonó en el momento en el que estuve a punto de terminar de salirme del coche. Esta vez era de Chloe, mi novia, hacía semanas que no me llamaba. Según ella necesitaba un tiempo para pensar en nuestra relación. Mi corazón se aceleró y cogí aire antes de cogerle la llamada.


—¿Chloe?


—Adrien…¿Cómo estás? —Su voz triste hacía conjunto con la lluvia apretando afuera de mi coche. Mis ojos se empañaron y empecé a sollozar del estrés y del día de hoy. Si Chloe hubiera venido conmigo al menos podría haberme desahogado con ella, haber podido llorar en su hombro, pero no estaba. Intenté llamarla para decirle de la muerte de mi padre pero me colgaba todas las llamadas. Estábamos en el punto más bajo de nuestra relación.


—Chloe...mi padre...te intenté llamar, pero no me pudiste coger el teléfono...Ha muerto. Hoy lo han enterrado, Chloe. Se ha ido para siempre, Chloe…yo solo quiero morirme...—dije entre sollozos. Mi voz era casi inentendible. Ella se quedó callada por unos segundos y suspiró.


—Adrien, lo siento mucho. Estoy fuera de Francia y...estuve ocupada. Adrien...no sé qué decirte…—


—¿Cuando vas a volver? Te necesito aquí...Necesito abrazarte…Ni siquiera la editorial me ha dado un día de descanso y no voy ni por la mitad de la novela...


—Adrien...no creo que vaya a volver a Francia. —suspira pausadamente y habla con voz firme pero apenada. —Te he llamado porque creo que lo nuestro no está funcionando, he...encontrado a alguien que me escucha, que pasa tiempo conmigo como yo quiero. Deberíamos de cortar esto. —Esas puñaladas se clavaron en mis pulmones como si fueran espadas recién afiladas. Me quedé helado con el móvil, lo único que se movían eran mis manos temblorosas. —Adrien, no quiero que pienses que he hecho esto a mala uva. No sabía que estabas pasando por esto...no quiero herirte.


—Normal que no lo supieras...no nos hablamos desde hace semanas porque decías que te agobiaba. Te fuiste con él a donde sea que estés ¿No? Por eso no me contestabas o me contestabas con audios como si fueras un buzón de voz automático.


—¡Ni se te ocurra darle la vuelta a la tortilla como siempre haces! ¡No estuvistes ahí cuando estuve mal! Estoy aquí porque estoy en la mierda, igual o incluso más que tú y no te importó.


—¿¡Que no me importó!? ¡Te di miles de números de psicólogos, te dije de mudarnos de ciudad si necesitabas un cambio, incluso de ir contigo a todas tus sesiones aún estando hasta arriba de trabajo! —dije perdiendo los papeles y gritando mientras no podía parar de sollozar.


—Lo siento, Adrien. No todo es eso. Siempre estaré aquí como amiga si me necesitas...pero no voy a volver a Francia.


—No me puedes hacer esto, Chloe...Ahora no Chloe...Te amo. Estos 3 años han sido los mejores a tu lado...por favor.


—Lo siento. —Y así me colgó. Sentía como una fuerza aplastaba mis cotillas, mis pulmones y mi corazón…


—¡Mierda! ¡Mierda! —di un puñetazo al volante y sin darme cuenta pisé el acelerador, así chocándome con una moto que tenía delante. Pegué un grito y salí del coche de inmediato ¿Y si me he chocado con alguien? Al salir me encontré que no había nadie al lado de esa moto. Estaba sola y obviamente sin la llave de contacto. Suspiré agobiado y levanté la moto poniéndola de pie como si no hubiera pasado nada. Pegué un grito ahogado en medio de la lluvia. Parecía que el mundo entero se me había desmoronado en una jodida semana y no me había dado tiempo ni a respirar. Me metí otra vez en el coche sin capacidad de poderme levantar a pedir gasolina y quitando las llaves de contacto cerré mis ojos sobre el volante. Puede que si cerraba mis ojos no despertara al día siguiente. Estaría con mamá, con papá y con Annette. El pensamiento de volver con ellos me sacó una lágrima y una sonrisa. Eso sería perfecto. Daría lo que sea para no despertarme. Finalmente con el sonido de la lluvia me sometí a Morfeo y le supliqué que me llevara lejos, a un lugar más tranquilo y un lugar en donde no estuviera solo.




Abrí mis ojos y la luz del día se había ido con la lluvia. Suspiré e intenté levantarme. No tenía fuerzas pero tenía que volver a casa para ponerme a trabajar. Salí del coche y me dí cuenta que la moto se fue, al menos no me he buscado un lío de pagar los daños. Me dirigí adentro y miré al dependiente que estaba leyendo una revista de adultos con la portada sugerente, mientras mascaba un chicle con la boca abierta. «Asqueroso» me dije a mí mismo. Me acerqué al chico y aclaré mi garganta.


—Perdona, perdona. No te escuché entrar. —dijo avergonzado y escondiendo la revista en la barra. —No le diga a mi jefe lo de la revista…


—No se preocupe...querría echar gasolina si es posible. 20 euros de gasolina. —dije con la voz apagada y monótona. Ya nada me importaba.


—Claro, oye…¿Eres el del coche rojo?


—Sí, ¿Por?


—Alguien ha dejado una nota para ti...pensaba que no entrarías pero me la quedé por si acaso. Me dijo que te conocía pero que no pudo hablar contigo...era algo raro.


—¿Una nota? ¿Me conoce? —me pregunté a mi mismo. —Bueno, supongo que leeré la nota. ¿Te dijo su nombre?


—Coni, me dijo. —Algo me hizo clic. Una memoria enterrada salió a flote cuando menos lo esperaba. El único Coni que conozco era el Capitán Coni, un amigo imaginario que tuve a los 8 años. No podía ser, solo estaba delirando. ¿Sería un compañero de la editorial? ¿Un fan mío? Fuera lo que fuera asentí y cogí la nota.


—Muchas gracias…—El chico asintió y ambos salimos fuera. Empezó a echar la gasolina y yo con la poca luz que había intenté leer la nota. La letra era redonda pero elegante a la vez. Debía de ser una persona adulta pero soñadora, aunque eso de analizar a las personas por su letra era una tontería. Lo importante era que no reconocía esa letra.


Querido Adrien Montfort,

¡Al habla el capitán Coni, o mejor llamado Luna! ¡Convoco al capitán Sol! Espero que te acuerdes de mí, compañero. Porque yo sí me acuerdo de ti. He oído que las cosas no te van muy bien...a mí tampoco me han ido bien desde que te olvidaste de mí y me dejaste en aquella ciudad en Estados Unidos. Quiero jugar como lo hacíamos antes, cuando nada de la vida adulta te importaba. ¡Una caza del tesoro! Nos encantaba hacer eso allí, en Seattle. E incluso siendo un pirata me he tenido que modernizar, aquí abajo te dejo mi número. Recuerda la promesa que le hiciste.


Eso me dejó helado en el sitio. Leí la carta, una y mil veces para asegurarme que no lo estaba leyendo mal. No podía ser, nunca le conté a nadie lo de mi amigo imaginario…¿O sí? No podía ser. Nunca se lo conté a nadie. No lo hice. Arrugué el papel y lo metí en mi bolsillo en negación. Le di el dinero al chico y arranqué el coche mirando a la nada. Tenía que hacer como si no me hubieran dado ninguna nota. Como si esto fuera solo un delirio de mi mente. Seguro que lo había leído mal. Puse la radio a todo volumen, era un programa aburrido de rellenar huecos de palabras pero no importaba…


«¡Con la s! Ciudad de estados unidos»


—Seattle…—susurré con miedo. Mi ciudad, la ciudad en la que madre nació. Me estaba volviendo loco. Estaba agobiándome. Quería llegar a casa. Solo quería dormir. De forma automática y sin pensar aparqué en el garaje de mi casa y con las llaves que ya tenía en mano, abrí la puerta. Dejé que el viento de la noche cerrase la puerta de un portazo y sin quitarme el traje me eché en la cama fría y que olía a limpio. Con una mano cogí la nota y con la otra encendí la luz de la mesilla de noche. La leí otra vez palabra por palabra y todo encajó en mi mente. El capitán Coni...era mi amigo invisible pero a la vez era un personaje que yo creé cuando tenía 10 años.


Cogí el móvil y metí el contacto de su número en Whatsapp. No tenía foto de perfil ni estado y su última conexión fue hace una hora. Esto era surrealista pero…¿Qué más me quedaba? Si era un secuestrador y me secuestra, al menos ya tendría una excusa para no escribir esa novela.


«Soy Adrien, ¿Quién eres?»


Al segundo se conectó y me mandó un mensaje.


«Ya te lo dije, el Capitán Luna. Me alegro que hayas decidido contactar conmigo.»


«¿Es esto un nuevo tipo de publicidad? Porque no estoy con ánimo de escucharte intentando venderme un producto. Si es una broma, soy un hombre ocupado y con trabajo. No juego a juegos de niños.»


«Que pena, ¿No te acuerdas de lo bien que lo pasábamos en la isla de los piratas? Esto no es un simple juego. Te quiero ayudar. Un pajarito me ha contado que estás atascado con tu novela y a mí me gustaría contarte una historia.»


«¿Una historia? No, lo siento. No me interesa comprar tu libro.»


«No, esta historia es completamente gratuita y la irás descubriendo por pistas que yo te vaya dando. Obviamente mi nombre no es el que te di en la nota, así que aparte de darte pequeños trozos de la historia, en cada trozo habrá una letra. Ese es mi nombre real. ¿Aceptas?»


Parecía la publicidad de algún tipo de novela gráfica o libro interactivo. Miré la pantalla y sentí un escalofrío extraño. No tenía nada que perder al fin y al cabo, todo era una publicidad cutre para una historia de algún fan mío que me vio durmiendo en el coche


«Acepto. ¿Qué debo hacer?»

Nov. 26, 2019, 12:27 p.m. 1 Report Embed 3
To be continued...

Meet the author

Marta J. Roldán Escribir es mi pasión y mi manera de vivir. Soy simplemente una chica universitaria a la que le gusta compartir sus historias y que estas puedan ayudaros de una manera u otra. Mi correo de contacto es: marjimrol18@gmail.com

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MariaL Pardos MariaL Pardos
Buen comienzo, Marta! 👍
December 17, 2019, 09:28
~

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