Deudas y heridas Follow story

andres_dm Andrés Díaz

Dentro de una ambulancia un hombre yace malherido por un "accidente" en su trabajo, pero un peligro más terrible se aproxima hasta donde el vehículo se encuentra, en medio de un embotellamiento. El tiempo se agota mientras el sujeto se desangra... ------------------------------------------------------ Queda rigurosamente prohibida la reproducción parcial o total de esta obra: previamente registrada en SWEEK y Wattpad: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.


Horror For over 18 only.

#armas #paramédicos #secretos #heridas #deudas #sangre #ambulancia
Short tale
2
2.4k VIEWS
Completed
reading time
AA Share

Deudas y heridas


—¡Ayúdame!, ¡por favor! —gritó desesperado Javier, un obrero de construcción que yacía tirado en una camilla, dentro de una ambulancia—, ¡No me dejes morir!

Sus ropas estaban manchadas de sangre y cubiertas de polvo, impregnadas del rancio aroma a sudor: mientras tanto, oía la estridente sirena del vehículo y los constantes pitidos de las bocinas que sonaban en medio del embotellamiento en la pequeña avenida.

El paramédico que lo atendía, un joven quizá diez años menor que él, lo veía, nervioso, haciendo todo lo posible por contener la terrible hemorragia causada por una enorme varilla metálica enterrada en un costado de su torso.

—¡David!, ¡¿por qué carajo no nos hemos movido aún?! —gritó, dirigiéndose al conductor de la unidad.

—¡Hay demasiado tráfico!, ¡no puedo avanzar! —le espetó el otro—, ¡concéntrate en ese sujeto y deja de gritarme, Diego!

Fuera, en la atestada ruta de tránsito, decenas de vehículos se hallaban detenidos, sin la menor posibilidad de maniobrar para abrir paso a la ambulancia. Varios metros más adelante, a algunas calles de distancia, una colisión había resultado en algunas lesiones y una disputa ensalzada. Casi nadie podía avanzar: solo uno de los cuatro carriles quedaba libre y el tráfico escurría difícilmente a través de este.

—¡Sáquenme de aquí! —clamó Javier, una vez más—, ¡tenemos que darnos prisa!

—¡Cálmese! Repítame su nombre —pidió el paramédico.

—Javier Ramírez —respondió—. Muchacho, sáquenme de aquí, ¡ellos vendrán por mí y por ustedes!

Diego se detuvo mientras intentaba limpiar la sangre de la herida: vio un raro gesto de preocupación en la cara de ese sujeto, haciéndole titubear; estaba consciente del dolor y la situación, pero su urgencia era otra.

—¿Qué ha dicho? —cuestionó Diego, sorprendido.

Javier le miró a los ojos: en su rostro, el cansancio por la pérdida de sangre y el dolor de la herida no podía ocultar el miedo genuino que sus pupilas oscuras revelaban.

—Escúchame —dijo, haciendo su mejor esfuerzo por contener sus quejidos ante el sufrimiento—, esto no ha sido un accidente... Hay personas siguiéndome y vendrán por mí... Tenemos que darnos prisa para escapar de aquí.

—¿Cómo que esto no fue un accidente? —preguntó de vuelta el paramédico—; Nos han indicado en su trabajo que usted tuvo un percance y...

—¡No, no, no! ¡Esto no ha sido ningún puto percance!

—¿De qué carajos está hablando entonces?

—¡Alguien me hizo esto, maldita sea! —gritó, frustrado ante el pánico, pues el tiempo se seguía agotando dentro de ese vehículo inmóvil, atorado en medio del tráfico—. ¡Les han mentido! ¡Quizá tratan de encubrirlos! ¡Quizá ni los vieron! ¡Ya deben venir en camino!

—¿Quiénes? ¿Qué ha pasado entonces? —preguntó Diego, claramente alterado.

El tullido obrero tuvo algunos espasmos ante el terrible dolor y su rostro se contrajo en muecas de agonía: por su cara brillaban gotas de sudor. Trató de respirar hondo.

—Hace un tiempo acudí a una pelea de perros... —Hizo una pausa mientras intentaba ignorar las espantosas punzadas que recorrían todo su cuerpo. Después añadió—: Había apostado una suma muy alta y todo terminó muy mal para mí. La persona a la que le quedé a deber el dinero era un amigo mío. Me dio un plazo para poder pagarle —explicó—, pero el tiempo pasó y yo no pude juntar ese dinero. Me estuve escondiendo de ese sujeto y de sus colegas... Cambié de empleo... pero ellos me encontraron y... —se detuvo para tomar aire—, ahora deben estar por llegar hasta aquí.

—¡Carajo! —exclamó el joven paramédico. Lo miró: ahora estaba asustado por su propia seguridad y temía las terribles represalias que se estaban tomando contra ese obrero—. Dígame ya mismo lo que ocurrió antes de que llegáramos a recogerlo.

Javier lo observó, conteniendo sus gestos de dolor.

—Estaba a punto de terminar mi turno. Caminé por la segunda planta de la construcción revisando que no hubiese nada fuera de lugar...

—¡Vaya al grano, maldita sea! —ordenó el joven, desesperado—. Escúcheme bien, cabrón: si algo nos pasa a mí o a mi compañero, usted será el puto responsable, ¿me oye?

»¡David!, ¡¿ya nos vamos?! ¡Tenemos que largarnos ahora!

—Algunos coches ya están avanzando —respondió el conductor—, en unos minutos podremos...

—¡No tenemos unos minutos!, ¡Mueve la puta ambulancia! —ordenó, dejando a su compañero sorprendido. Enseguida se dirigió hacia Javier—: Dígame qué demonios ha pasado, ¿cómo ha terminado usted así?

—Fueron esos malditos... —indicó, para luego añadir—:

»Recorrí algunas aulas en la construcción para revisar que no hubiese materiales fuera de sitio y, entonces, delante de mí vi una sombra. Era un tipo. Al acercarme, le indiqué que no debía estar ahí, que era una zona restringida —hizo una pausa—. Cuando me acerqué, él se dio media vuelta y le vi el rostro. ¡Era ese cabrón al que le debía el dinero! Luego, sentí que me sujetaron de los hombros y me jalaron con fuerza hacia atrás. Dos sujetos: salieron de la nada, de entre los muros de la construcción, para agarrarme y arrojarme al suelo.

»Ese hijo de puta me miró, mientras los otros dos me sujetaban en el piso, y me dijo: "Por fin te encontré, malnacido... ¿Tienes mi dinero?". Traía un trozo de varilla en las manos... Yo me quedé helado y traté de explicarle que no había podido juntar todo, ¡pero ya tenía la mayor parte! Y entonces...

—Entonces ese cabrón le enterró esta varilla en el torso... — completó Diego.

—¡Sí! —gritó—, ¡y luego ellos me arrojaron de la segunda planta! Caí sobre un montón de escombros y tarimas. Un par de compañeros escucharon el estruendo y corrieron inmediatamente a socorrerme. Estaba congelado por el dolor y...

En ese momento, un par de golpes resonaron entre el caótico pitido de los coches y la estridente sirena de ambulancia. Alguien llamaba desde fuera: «¡Abran la puta puerta!»

—¡Son ellos! —gritó el obrero histéricamente— ¡Vámonos!, ¡tenemos que largarnos!

—¡David!, ¡mueve la ambulancia! —ordenó el paramédico.

El conductor miró por los espejos laterales al escuchar esos golpes y gritos proviniendo de todas partes, entonces vio a tres sujetos con mala pinta acercándose rápidamente hasta la cabina y pisó el acelerador: la ambulancia se abrió paso empujando un par de pequeños autos que estaban frente a ella. Logró avanzar algunos metros antes de estamparse contra otro carro. Javier y Diego dieron algunos tumbos al interior de la ambulancia. El obrero soltó un grito espantoso al caer y hacer moverse la varilla metálica.

—¡Puta madre...! —exclamó uno de los tipos, arma en mano, corriendo para alcanzar el vehículo.

El hombre al volante trataba de quitarse el cinturón de seguridad para poder escapar a pie cuando un tipo se asomó a su puerta y le dio un golpe terrible en la cabeza con la culata del revólver, a través de la ventana, dejándolo inconsciente y herido.

—¡David!, ¡¿Te encuentras bien?! —llamó Diego, sin obtener respuesta.

—¡Abran la puerta, cabrones! —ordenó un hombre desde fuera—. ¡Javier, hijo de puta!, ¡sé que estás ahí!

Un par de disparos resonaron contra la puerta trasera de la ambulancia, haciendo añicos los seguros de esta: los tipos tiraron de ella para abrirla, mientras las personas en los otros coches se apeaban aterradas para huir o se agazapaban dentro de sus autos para ocultarse.

La puerta finalmente se abrió y tres sujetos se asomaron al interior de la unidad, apuntando sus armas al par de pasajeros: Diego los miraba, horrorizado, levantando las manos.

—¡Por favor, no me hagan daño! —suplicó a los sujetos armados— ¡Yo no sabía lo que hizo este tipo!

—¡Cállate! —ordenó uno de ellos— ¡Ven acá y bájate de la puta ambulancia!

Diego se acercó nerviosamente aún con las manos en alto, tratando de cooperar para evitar que lo lastimaran. Al acercarse, uno de ellos lo sujetó con fuerza del antebrazo y lo jaló bruscamente hacia afuera, haciéndole caer de bruces contra el asfalto.

—¡Por favor, no me hagan daño! —pidió, adolorido ante el golpe.

—¡Que te calles! —gritó el sujeto nuevamente, sosteniendo el revólver apuntando a su cabeza.

—¡Yo no diré nada! —mencionó, tratando de explicar a esos sujetos—, ¡sé que él les debe dinero...!

—¿Dinero? —preguntó otro de ellos, ya dentro de la ambulancia, interrumpiéndolo—, ¿eso te dijo este pedazo de mierda? —dijo, señalando al malherido que yacía tirado dentro del vehículo gritando de dolor—. ¿Te dijo que todo esto era por puto dinero?

—S-sí... —respondió Diego.

—Muchacho... ¡Este hijo de perra es un violador! ¡Y ahora se va a morir! —espetó a Javier, reclinándose sobre él, escupiéndole en el rostro.

—¡Perdóname Joaquín!, ¡por favor! ¡No me mates! —suplicó aquel, aterrado, llorando.

El sujeto pisó la varilla de metal en el torso del perverso obrero, haciéndola moverse dentro de sus entrañas, mientras este chillaba de agonía, con gritos indescriptibles.

—¡Violaste a mi hija, malnacido!, ¡muérete de una puta vez! —gritó, antes de realizar varios disparos y atravesarle el cráneo con once balas.

Diego miró todo con horror, y después fue golpeado en la nuca por uno de los tipos: cayó al piso, inconsciente. Los sujetos escaparon del lugar. Todo terminó tan rápido como comenzó.


Escrita entre el 12 y 13 de agosto del 2019.

Aug. 25, 2019, 6:57 a.m. 0 Report Embed 0
The End

Meet the author

Andrés Díaz 23 años. Psicólogo clínico en formación. He estado escribiendo durante una década: este año he decidido compartir mis creaciones. Mis mayores referencias literarias son: Poe, Lovecraft, King, Verne, Sade, Conan Doyle, Pacheco, Rulfo, entre otros. Busco mi propio estilo, algo que me defina, aunque generalmente exploro diferentes narrativas. Quiero causar asombro, pesadillas y escalofríos. Wattpad: @ Andres22DM Sweek: @AndresDM Instagram: @ andresdiaz623 Twitter: @ Andres22DM Litnet: Andrés Díaz

Comment something

Post!
No comments yet. Be the first to say something!
~