El Fruto Maldito Follow story

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Eleanor Shepard heredó una propiedad en un pueblo en medio de la nada. Consciente de algo oscuro que se esconde en aquellas tierras, decide hacer una vida en ese lugar. Un árbol de aspecto terrorífico la inquieta y una serie de eventos la llevarán a un desenlace de espanto.


Horror All public.

#misterio #rituales #horror
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El corazón del mal

I


Poco en aquella tierra podría llamarse fértil. El ambiente era anegado por una densa cortina de desasosiego, sentimiento que, a pesar de sentirse a flor de piel, la mente de alguna manera lograba ocultarlo; transformándolo en una mera sospecha, un parvo de intranquilidad del cual no se era plenamente consciente.

Sin embargo, todo aquello no era sino apenas un bocado del mal que yacía en aquel lugar apartado de todo. Justo en medio, un árbol petrificado se alzaba en lo alto de una pequeña colina. Era negro y retorcido, daba la impresión de haber sido devorado por las llamas hace siglos atrás y que, aun con eso, se mantenía firme en sus raíces. Su silueta evocaba en mis entrañas un malestar que me mareaba, una sensación incomoda que me perturbaba hasta la médula.

Alrededor de ese árbol no crecía hierba alguna, ni siquiera las malas que de forma habitual crecen hasta en los rincones más insospechados. Los manzanares que lo circundan producían frutas en mal estado que no eran devoradas ni por los animales. En fin, era el centro de aquella mísera tierra que heredé de un familiar del cual casi no tengo recuerdo, mis noches han sido aquejadas por una pesadilla que se repite una y otra vez:

Abro los ojos al pie de aquel árbol, con una náusea tremenda que me dobla y me hace vomitar después de un rato lo que parece ser una masa de carne podrida, negra y coagulosa que palpita al ritmo de mi propio corazón.

Usualmente despierto en mi cama con fiebre, soñé lo mismo unas cuatro veces en apenas dos semanas.


II


El tercer día de la tercera semana, no menos de cien cuervos aparecieron muertos alrededor de la casa. A esas alturas, la idea de abandonar todo y solo marcharme cobraba más y más fuerza. Sin embargo, ¿adónde iría? Esa pregunta me mantenía a raya en mi impulso de tomar mis maletas y alejarme solo con lo que cupiera en ellas. Cavé una fosa de algunos metros de profundidad para enterrar los cuervos y, aferrándome a mi convicción de quedarme, aunque era la única opción medianamente lógica que me quedaba, decidí que la mejor carta que podía jugar en ese momento, era recuperar los manzanares y quemar el árbol al centro.

El primer paso fue colocar un sistema de riego funcional que revirtiera la avanzada erosión del suelo. Hacerlo sin ayuda me dio la oportunidad de ver el estado total de la tierra de primera mano, percatándome en el proceso que el mal estado del los sembradíos comenzaban desde aquel árbol y que mejoraba a medida que me alejaba de él.


Al atardecer de ese mismo día, forme una cerco alrededor del árbol y coloqué piedras en este, luego coloqué madera del granero y un poco de aceite vegetal. La llama no tardó en encender.

Una lumbre cubrió desde la base del tronco hasta las ramas más altas. La corteza negra resaltaba entre la roja llama del fuego. Sin embargo, aun cuando el calor era insoportable y la llama voraz, el árbol no se consumía. Segundos después, un resplandor lejano brilló en el rabillo de mi ojo. La casa y el granero ardían.

Aun con la ayuda de algunos vecinos que observaron a lo lejos el incendio y que se apresuraron a colaborar, todos buscaban la manera de minimizar el daño del siniestro, yo observaba el árbol en medio de aquellas inhóspitas tierras. Permanecía de pie, el granero fue reducido a cenizas y la casa terminó en una condición lamentable.


III


Al abrir los ojos estaba acostada al borde de la zanja que había cavado alrededor del árbol. Aunque, en esta ocasión llevaba un hacha conmigo. Un golpe contundente sacudió el tronco y fue seguido por otro y otro, estaba furiosa, deseaba cortarlo y arrojarlo lejos de mi vista para siempre. A medida que los golpes del hacha cortaban la madera, de esta surgía sangre de un tono rojizo muy oscuro. Cuando llegué a la médula, un corazón latente sangraba por los cuatro costados, lo tomé y lo devoré, como se come una manzana cuando se tiene mucha hambre.

Desperté en la sala de la casa a medio quemar...


El invierno estaba por llegar y mi condición no había hecho más que empeorar. El desasosiego que no me dejaba tranquila regresó a mi pecho con un pesar que me dolía. De nuevo, la sombra que me acosaba y que de alguna manera había logrado eliminar de mi mente, volvía a posarse sobre mi cabeza como una nube negra que me seguía a todas partes, aún lejos de la granja, en el pueblo, rodeada de otras personas, la presencia del árbol permanecía a mi lado.


—Señorita, ¿se encuentra bien?

—Si, lo siento, solo me siento cansada. Llevaré dos hogazas de pan y un tarro de mantequilla.

—Prepararé su pedido, permítame.


El encargado fue por el pan a la parte trasera de la tienda, mi mente aún divagaba el significado de todo lo que había sucedido es las tres semanas que llevaba viviendo a este lado del río Wisconsin.


—Tú debes ser Eleanor Shepard, ¿verdad? —preguntó una anciana al fondo de la tienda.

—Si, soy yo —respondí—. Supongo que desde el incendio me volví una celebridad.

—Todos comentaban al venir a la tienda acerca de como el incendio consumió el granero sin que pudieran hacer nada, debió ser terrible.

—Lo es, aún no sé qué debería hacer.

—Te contaré algo —dijo ahora a unos centímetros de mí, no me percaté que había atravesado la tienda de un lado a otro—, el primer dueño de esa tierra, George Shepard, conocía cosas, él hablaba de un corazón negro enterrado en su propiedad —colocó una mano cerca de su boca, invitándome a prestar atención—, si encuentras, deberás devorarlo...


Susurró esas últimas palabras con una malevolencia estremecedora. Cuando el dependiente regresó con mi compra, la anciana había desaparecido. Pero dejó en mí una nueva inquietud que se sumaba a la larga lista de cosas que me preocupaban de sobremanera. La inquietud poco a poco se transformó en una jaqueca horrible. El camino a casa, a lo que quedaba de ella, fue una tortura; el sonido de la carreta, el relinchar de los caballos, incluso el trinar ocasional de las aves, me parecían dagas que caían sobre mi cabeza, aturdiéndome hasta sentir que estaba siendo retorcida desde dentro. Todo empeoraba a medida me acercaba a la tierra maldita que tanto odiaba.


IV


Había comprado algo de pan para comer, pero el hambre fue mermada por el dolor de cabeza que me atormentaba y que incluso me provocaba asco, un asco como nunca había sentido antes. Aún encerrada en mi habitación, con las ventanas cerradas y las cortinas abajo, en ese pozo de oscuridad donde pensé encontrar algo de paz, cada vez que cerraba los ojos, una imagen aparecía de forma espontánea, como un destello veloz que me apretaba el pecho: un corazón palpitante, cubierto por sangre oscura.

No podía cerrar los ojos sin ver esa imagen espantosa.


Fue entonces cuando me quebré.

Bajé por el hacha y fui directamente hacia el árbol. A medida que caminaba, el viento arreciaba y las nubes empezaban a arremolinarse con violencia, cosa que lejos de detenerme, afianzó en mí la convicción de ponerle fin a todo aquello. Justo frente al árbol, respiré profundamente y, levantando el hacha para golpear el tronco, hincándola muy profundo en la oscura madera. Debí apoyar una de mis piernas en el tronco para sacarla y volver a golpearlo, al hacerlo, una savia roja como la sangre empezó a salir a borbotones, mis ropas se empapaban con cada golpe. En un último esfuerzo, pasé de lado a lado el tronco de un solo tajo.


Apenas si pude evitar que el árbol cayera encima de mí.

Alcé la mirada y lo que quedaba del tronco tenía la apariencia del muñón de alguna extremidad que había sido amputada. Al acercarme, encontré un corazón palpitante justo como había soñado. Temblé y recordé de golpe las palabras de la anciana. Fue entonces que nació en mi interior un sentimiento de vacío. Mis manos se dirigieron por inercia hacia mi abdomen, el vacío me dolía de forma pulsante. Algo dentro de mí anhelaba ser llenado y en ese momento mi mirada se clavó en aquel corazón, tenía un aspecto seductor, apetitoso.

Lo arranqué de su base y lo devoré sin detenerme a saborearlo o a pensar en lo que hacía. Con cada trozo que se deslizaba por mi garganta llenaba, poco a poco, el vacío en mi interior. Cuando cobré conciencia de mis actos, había comido por completo aquel fruto maldito.


Me eché hacia atrás, arrepentida, empapada de sangre y con restos sanguinolentos en mi boca. Sentía náuseas de mí misma. Estaba avergonzada por alguna razón. Comencé a llorar y mis lágrimas cayeron al suelo, lágrimas negras. Por mucho que apretase mis ojos, el llanto oscuro no cesaba. Casi a ciegas regresé a casa, deseaba quitarme ducharme, pensando que así dejaría de llorar de esa manera tan asquerosa.

El agua fría cayó sobre mi cuerpo desnudo y se mezclaba con la sangre de mis manos y con el líquido negro de mi rostro hasta que, luego de unos minutos, pude abrir bien los ojos, ya no lloraba como antes y mi piel ya se encontraba limpia. De regreso a mi habitación, me vestí y bajé a la sala, estaba resuelta a irme de ese lugar, sin embargo, al bajar las escaleras, un golpe contundente desde atrás me hizo perder el conocimiento.


V


Desperté cuando el sol ya se había ocultado. Podía sentir la sangre que caía desde mi coronilla debido al golpe que recibí a traición. Al despabilar por completo, me percaté que me encontraba atada a lo que quedaba del tronco de aquel árbol maldito. La luna iluminaba el prado frente a mí con una claridad inusual, sin nubes que estorbaran, la luz blanca del astro se cernía de forma directa. Sin previo aviso, desde los campos colindantes, del bosque que quedaba al fondo, de las casas que a lo lejos podía distinguir; comenzaron a salir personas con antorchas, primero decenas, luego centenas. De pronto fui rodeada de miles de personas que, en un silencio absoluto, se acercaron a mí y a los restos del árbol.

Mi corazón podía escucharse a cierta distancia, latía con fuerza, desbocado.

Una persona dio un paso adelante, la anciana que habló conmigo en la tienda del pueblo.


—Lo hiciste, ¿verdad?

—¿Hacer qué? —contesté.

—Comerte el corazón...


El sabor de esa oscura sangre regresó a mi paladar, probocándome arcadas.

Lo había hecho, justo como ellos deseaban, pensé. La anciana entonces aproximó su mano hasta tocar mi vientre, en su rostro encontré una mueca retorcida, una sonrisa desencajada que me heló la sangre. En seguida comencé a revolcarme, intentaba encontrar la manera de soltar mis ataduras, librarme y escapar de ese lugar. Pero mientras lo hacía, veía como era rodeada, aún después de soltar mis manos, no tendría escapatoria.

La mano de la anciana apretó mi vientre con fuerza, haciendo más y más presión. El dolor me hacía gritar. Con un último empujón, su mano atravesó mis entrañas, buscaba algo que debía estar en medio de mis órganos, hasta que después de un rato lo consiguió.


El llanto de un bebe vino acompañado de una luna negra. Solo las antorchas iluminaban la escena. La anciana levantó en brazos al recién nacido y los demás aldeanos se arrodillaron al verlo. Un estruendo sacudió la tierra cuando la anciana pronunció su nombre y todo animal pequeño que estaba a la redonda en ese momento murió de inmediato. Yo moría desangrada entre tanto.


—Eres la madre de este pequeño, el fruto maldito de tu vientre nos bendecirá por la eternidad —dijo mostrándome aquel ser deforme y deshumanizado.

—¿Por qué yo?

—Eres la única que podía hacerlo, así estaba escrito desde que naciste...


La anciana se alejó y volviendo a pronunciar palabras en un idioma extraño, la tierra volvió a temblar. Los presentes entonaban cantos y rasgaban sus vestiduras, herían su piel y algunos fueron presos de la lujuria. Era todo un ritual pagano.


El tronco al cual había sido atada comenzó a crecer de forma alterada, como las células cancerígenas de un tejido. Este comenzó a cubrir mi cuerpo de forma lenta. Hasta volver a ser el mismo árbol que había talado antes, el mismo árbol que tanto odiaba, pero conmigo dentro.


—Alimentarás a la siguiente madre, así como fuiste alimentada tú; nos volveremos a ver, duerme.


Pude escuchar esas palabras de la anciana en la oscuridad donde me encontraba. Ya no me dolía, ya no tenía hambre. Ya no me sentía sola y aquel desasosiego había desaparecido.

Es hora de descansar, pienso, mientras espero que alguien más devore mi corazón algún día.

Aug. 8, 2019, 11:02 p.m. 9 Report Embed 15
The End

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Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Lihuen Lihuen
una historia que me deja con varias preguntas en mi cabeza, pero supongo que es parte de la magia de este tipo de relatos. me gustó esa atmósfera opresiva y desolada y la descripción del árbol que de un principio te va preparando para un desenlace terrorífico.
Aug. 18, 2019, midnight
Reprán H. Reprán H.
Interesante relato. Al principio, no sé por qué, pensé que era un hombre el narrador. Muy bueno el suspenso.
Aug. 14, 2019, 10:44 a.m.
Lu ange Lu ange
Como siempre me llevaste a perderme en la historia, tienes mucho talento. Son duda una historia que desde un inicio te lleva, te absorbe ha saber que le pasará a su protagonista. Me ha gustado toda.
Aug. 10, 2019, 7:55 a.m.

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchas gracias, es un placer que leas mis historias Aug. 10, 2019, 8:30 a.m.
vV vanessa Valencia
WOW eres un escritor de primera 👍😁👍😁
Aug. 9, 2019, 3:50 p.m.

Flor Aquileia Flor Aquileia
te quedo esplendido!!!!!!!!!!! me encantó
Aug. 9, 2019, 9:26 a.m.

~