Hay un hombre esperando morir Follow story

rogervan-rubattino1561798590 Rogervan Rubattino

Cuando es preciso resucitar una tórrida historia de amor para resolver una oleada salvaje de espeluznantes asesinatos, dos mentes legendarias entran en juego para resolver a contrarreloj uno de los enigmas criminales más inquietantes ocurridos en Ciudad de Panamá


Romance Romantic suspense Not for children under 13.

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Macabros hallazgos

- ¿Quiere decir que estos cuerpos estuvieron siendo anidados por abejas como si fueran colmenas humanas? – Dijo el detective Orlando con asombro y repulsión.

- Así es – reiteró la forense Emilia Donado, mientras levantaba un brazo de uno de los cadáveres que, a fuerza de maléfica astucia, habían sido convertidos en panales de abejas africanizadas.

Una ola de macabros hallazgos similares al anterior y descubiertos en menos de dos meses, en cuerpos de personas encerrados en diversos escenarios (preparados a conciencia) con cientos de abejas africanas, había empezado a cobrar proporciones terroríficas e insospechadas.

Entre las pistas se contaban una feromona desconocida adherida a los cuerpos de los finados que había sido utilizada por el maléfico perpetrador, que hacía que las abejas ocuparan el interior de los muertos para hacer de ellos colmenas.

La inspectora jefa de la policía científica de Panamá, Juliana Porras le seguía la pista al desarrollo de estos particulares asesinatos, ya considerados como tales, sin poder dar con un sospechoso claro de los casos.

Era evidente que quien estuviera detrás de estos abominables crímenes poseería un perfil científico especial: o biólogo o entomólogo o apicultor al menos. Pero por la meticulosidad y preparación de los escenarios a modo de encierros herméticos, podía ser alguien que tuviera habilidades de carpintero o ferralla.

Juliana era una mujer pertinaz en su trabajo, con fama de “tomboy” y con unas dotes deductivas por encima de la media de su profesión. Solía llevar una vida personal desorganizada y liberal, cosa que impresionaba y contrastaba con el rigor con que hacía todo en su trabajo. Eran como dos personas distintas.

Este caso, fue uno de los que ella por primera vez notó que rompieron la frontera entre lo profesional y lo personal, que con tanto celo había guardado tantos años. La obsesión por la genialidad enferma de este psicópata le estaba superando, al punto de que en los desayunos o en plenas relaciones sexuales, se detenía perpleja, creyendo que había descubierto por fin los motivos del perpetrador.

Juliana era mujer de muchas mujeres, salía a los bares a cazarlas y a engatusarlas con sus historias de policía y sus enormes bíceps, otras veces (en ambientes más estilizados) se hacía pasar por hombre, guardaespaldas o segurata para seducirlas allí donde la sociedad lo requiriera.

Una de esas tardes que decidió ir por la zona de Paitilla, conoció a Alejandra, una psicóloga muy singular, que era sensei y le encantaba la comida mexicana.

July 28, 2019, 1:43 p.m. 0 Report Embed 0
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