El coco Follow story

danimendo daniel mendoza

Un niño conocerá al ser que le ha estado causando pesadillas las últimas noches


Horror Teen horror All public.

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El coco

Una noche más se levantó empapado en sudor. Se incorporó y se quedó sentado en la cama, respirando. Encendió la luz de la habitación. Su corazón palpitando con fuerza parecía salírsele del pecho. Y levantó la vista hacia el armario.

Un diminuto velo de oscuridad -que profería del pequeño espacio entre las dos puertas del armario- inundaba el cuarto y creaba una atmósfera de incertidumbre en la que Marcos se sentía incómodo. Fijó la mirada en ese espacio durante unos segundos hasta que la sugestión le obligó a apartar la vista. Sus brillantes ojos verdes estaban inyectados en sangre y su rubio pelo empapado en sudor se movía ligeramente.

Se deslizó, buscando el motivo de esa brisa fría que azotaba su rostro y se percató de que la ventana se encontraba abierta. Un escalofrío le hizo estremecerse cuando el frío invernal enfrío su sudor. Recordaba haber cerrado la ventana al irse a dormir, sin embrago ahora se encontraba ligeramente abierta y el viento que entraba causaba que aquella atmósfera tan sobrecogedora que se había formado en su cuarto se volviera aun más terrorífica. 

Su corazón seguía palpitando rápidamente. Aquella pesadilla se había convertido en algo habitual las ultimas noches. Soñaba que se encontraba allí mismo, en su cama, durmiendo. De pronto, algo sucedía y se veía obligado a mirar hacía el armario. La puerta de madera producía un chirrido insoportable al abrirse lentamente. Todo estaba envuelto en un aire fantasmal. La puerta continuaba abriéndose hasta llegar a la mitad de su apertura máxima, y algo terrible sucedía. Sentía su nuca arder. De la puerta del armario emergió una enorme mano negra con largos dedos arrugados y tenebrosos. 

Marcos apartaba la vista, apretando la almohada contra su cabeza con fuerza, repitiéndose a sí mismo que aquello no podía ser real. La mano continuaba saliendo y al alargarse el niño pudo ver a qué ser pertenecía aquella gigantesca extremidad. La mano, a medida que salía del armario, se fue convirtiendo en brazo, y posteriormente en hombro. Pronto aquel ser salió al completo del armario, peor lo único que el  pequeño Marcos alcanzó a ver fue una siniestra silueta negra que se encontraba envuelta en la oscuridad de su habitación. La figura le recordó a slenderman, pero si slenderman era terrorífico aquel ser que tenía ante él le ganaba con creces. Pasaron unos segundos en los que nada sucedió.

A veces, el sueño terminaba en ese momento. Pero en otras ocasiones, aquella figura estiraba su inmenso brazo para intentar alcanzarle. Las primeras noches, todo quedaba ahí. Pero a medida que iban transcurriendo los días, aquel extraño sujeto se iba acercando más y más a él, incluso aquella misma noche había estado apunto de tocarle.

Se levantó y caminó hasta el lavabo. Se mojó la cara con agua fría y se secó el sudor. Se frenó en seco cuando vio una sombra al fondo del pasillo mientras se estaba mirando en el espejo. Bruscamente se giró para mirar, pero no vio nada. Buscó el poco valor que le quedaba en su interior y caminó lentamente por el interminable pasillo. Sus paso se iban haciendo más cortos a medida que andaba y sus rodillas empezaron a temblar. Respiraba velozmente y otra vez sintió fuego en la nuca. 

Nunca hubiera imaginado que se iba a encontrar en una situación similar a esa: caminando en la madrugada, a lo largo de ese largo pasillo que tanto miedo le había dado de pequeño, tras la búsqueda de una misteriosa sombra que había visto a través del espejo. Llegó al final del pasillo y después estudió cada objeto de la cocina y del salón, pero nada parecía haber alterado la paz que reinaba en aquella noche de invierno. 

Volvió por donde había venido y cuando llegó de nuevo al lavabo enmudeció. En ese instante, ni un solo ruido se escuchaba en todo el apartamento. Y eso era lo más extraño. Su padre roncaba. Roncaba mucho. Una descarga eléctrica le recorrió todo el cuerpo y corrió hasta la habitación de sus padres.

Al llegar, sus temores se confirmaron. La cama estaba perfectamente hecha y no había señal alguna de que sus padres hubieran dormido esa noche allí. Y eso fue lo que más asustó a Marcos. Sus padres se habían ido a dormir al mismo tiempo que él, pero ahora no estaban y no había ninguna explicación sobre su ausencia. Y eso fue lo que le asustó demasiado. Sin sus padres, se encontraba completamente indefenso ante aquel ser que había salido del armario. Pero, por suerte, el coco del armario solo estaba en sus sueños, o eso deseaba.

Corrió hasta su habitación y se tumbó en la cama. Agarró las sábanas y se tapó con ellas hasta la nariz, teniendo la esperanza que con su protección nada malo podría pasarle. Típica inocencia de niño. Sentía mucho calor bajo las mantas, pero el miedo que sentía le impedía sacar la cabeza para mirar a su alrededor. Algo malo pasaba, podía sentirlo. Todo ese ambiente de sugestión se apoderó de él y poco a poco su cuerpo se fue relajando, y fue cayendo lentamente en un profundo sueño.

Estaba allí otra vez, en su habitación. No podía distinguir si lo que estaba viviendo era un sueño o realmente estaba pasando. Ya sabía lo que iba a suceder. La puerta del armario se abrió y aquel ser asomó su cabeza. Poco a poco, como levitando, sacó todo su cuerpo del interior del armario y Marcos pudo ver que era realmente alto. Todo a su alrededor era negro. Aquel monstruo se encontraba envuelto en oscuridad, una tenebrosa y terrible oscuridad. 

En ese momento a Marcos le vino algo a la cabeza. Era algo que le había contado su abuelo cuando era pequeño. La típica historia que se le cuenta a los niños para que se porten bien. O al menos eso pensaba, porque ni en sus peores pensamientos pudiera haber imaginado que aquello pudiera tener el más mínimo ápice de veracidad. Lo recordaba todo perfectamente. Aquel día, su madre le estaba regañando por alguna travesura que había hecho, y su abuelo le llamó para hablar con él. El anciano sentó a Marcos en su rodilla y le contó la historia. Le informó de la existencia de un ser llamado el coco que se llevaba a los niños que se portaban mal.

-       Y, ¿a dónde se los lleva, abuelo? – preguntó el pequeño, con ojos brillantes de emoción por la historia que le estaban contando.

-       Nadie lo sabe. – respondió el anciano.

Recordaba aquella conversación como si hubiera sido ese mismo día. Nadie sabía a dónde iban los niños secuestrados, porque nadie había conseguido volver de aquel lugar. Pero estaba claro que aquel sitio era el sitio más oscuro del mundo. 

Su abuelo también le contó que a él se lo había intentado llevar, pero que no lo consiguió, porque se sobrepuso al terror que sentía y le plantó cara. Se puso ante aquel ser y le gritó: “No te tengo miedo, no existes.” Y esa última frase, en opinión de su abuelo, fue la que venció a el coco. 

Aquella historia fascino al pequeño Marcos pero no le hizo creer que fuera real. Ahora se encontraba allí, ante aquel ser oscuro, sintiendo la mayor sensación de miedo que había sentido nunca.El coco seguía allí, inmóvil, ante él. No tenía cara, solo se podía ver una silueta en la que se podía intuir el contorno de un rostro. De pronto, aquel monstruo levantó la mano, y fue alargándola en dirección a Marcos. 

El niño se echó hacia atrás, hacia la pared, aun sentado en su cama. Comenzó a hiperventilar y el pánico invadió su cuerpo. Solo escuchaba su corazón latir con fuerza mientras aquel brazo se acercaba más y más hasta tocarle. No pudo evitar que sus largos dedos le alcanzasen. Y en ese momento en el que creyó todo perdido, se despertó sobresaltado.

Dio las gracias por haber estado soñando, y maldijo a su mente por ser capaz de crear experiencias tan terroríficas y reales. Otra vez se encontraba empapado en sudor. Esta vez el sueño había sido peor, le había tocado. Pudo sentir como sus dedos rozaban con la piel de su pierna y como lentamente comenzaba a apretarle. Y esas sensación era abrumadora.

Esa sensación desapareció súbitamente cuando vio entrar por la puerta una figura conocida. Pegó un brinco de la cama y se abrazó a su madre, con fuerza, sintiéndose seguro, creyendo que todo aquello había terminado. Lamentablemente no fue así. Seguía pegado a su madre, rodeándola con sus brazos con pasión, cuando miró hacia sus pies y vio que su madre llevaba unos enormes zapatos negros. 

Sintió algo que le hizo encogerse. Pronto la falda vaquera de su madre se torno de negra y se convirtió en unos pantalones. O quizá eran sus piernas. Marcos miró de reojo a su alrededor y pudo ver que estaba siendo envuelto por un velo de oscuridad indescriptible. Aquella no era su madre.

Continuaba abrazado a esa cosa, aterrorizado. No se atrevió a levantar la cabeza, ya sabía lo que esperaba. Comenzó a sentir esos dedos congelados tocando su pelo, y supo cual era su destino. Intentó gritar, pedir ayuda, pero ningún sonido salió de su interior. No trató de hacerle frente, se encontraba paralizado por el miedo, abrazando y siendo abrazado por el ser más terrorífico del mundo, siendo abrazado por el coco. Se preguntó a dónde se lo llevaría. Lo único que deseaba era no sentir dolor.

El terror de los niños era el miedo más puro. Eso era lo que a él le gustaba. Sin levantar la cabeza, Marcos se dejó arrastrar por aquel ser, y ambos, envueltos en una nube de oscuridad, desaparecieron para siempre después de atravesar el armario.


#InkspiredFrikiHalloween 

 

                                                                                   Daniel Mendoza Meneses,

                                                                                   Madrid, 7 de enero de 2018

Oct. 27, 2018, 5:18 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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