selena-atlas Selena ATLAS

Una vez oí decir que no hay peor prisión que nuestros miedos. Trás ver a mí madre ser ejecutada y su muerte celebrada por el pueblo que tanto amó, viví aterrada de que mí destino fuera el mismo. Después veinte años de estar bajo la tutela del verdugo de mí madre, una oportunidad para viajar a la capital del imperio hará temblar las cadenas de mí mente y sin querer las del imperio mismo.


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Preámbulo

El sol se encontraba en su punto más alto y no había forma de resguardarse de él en el circo del Palacio del Sol. Construido hace casi medio siglo, fue testigos de diferentes obras, justas y torneos. Símbolo de celebración y unión, donde la realeza, nobles y plebeyos se juntan para disfrutar de su entretenimiento.

Pero hoy el Reino de Solis celebraba nada. En el palco real no se encontraban la Reina Neldianna, ni su Rey Consorte Orión; la princesa Nellariadna tampoco podía ser vista en el barandal, donde siempre se reclinaba para ver la arena de cerca. En su lugar, se hallaba el general del Imperio Ager junto con una comitiva en representación del emperador. En la primera fila se encontraba la Reina Consorte Nelauris del Reino de Vulcano, en su rodillas se encontraba el heredero al trono.

En las gradas se mezclaban los plebeyos y los nobles de Solis. Algunos abucheaban, otros simplemente mantenían silencio. Pero todos estaban atentos a lo que ocurría en la arena.

Allí se llevaba a cabo la rendición del Reino ante el Imperio. A los nobles que aún no habían traicionado su juramento de lealtad a la Familia Solis, se les ofrecía una última oportunidad de salvar sus vidas.

—¡Misericordia! ¡He visto el error en mis acciones!— balbuceó el duque de Nix, detrás de sus cara ensangrentada y labios inflamados —¡Juro Lealtad al Imperio, y rechazo mi fidelidad a la perra traidora!—

El soldado que tenía su espada en el cuello del Duque miró al palco, esperando la orden. El General hizo un gesto con la cabeza, señalando a las gradas. Con esa señal el soldado retiró su espada y le dio una patada al hombre que se encontraba de rodillas. Lejos de quejarse, el señor de Nix se levantó torpemente y corrió tropezando hacia las gradas para unirse a los espectadores como nuevo miembro fiel del Imperio. La misma escena se fue repitiendo a lo largo de la tarde, siendo interrumpida con algún que otro noble, lo suficientemente valiente o estúpido para perder la cabeza.

El sol empezaba a ponerse. Las gradas al este, bañadas con la última resolana del ocaso, fueron las primeras en ver a las puertas del oeste de la arena abrirse por última vez. Salía de allí escoltada por guardias imperiales y el Rey Vulcano, la Reina Neldianna. El silencio invadió el circo mientras la procesión se acercaba al palco real.

— ¡Emisarios del Emperador!— bramó— Así cómo hace una década atrás les traje la cabeza del Rey Zello, quien se negó a arrodillarse ante su grandeza, ahora les traigo a su hija.— dijo señalando a la Reina— A quien, la misericordia del Emperador Aionel, le concedió en buena fe mantener su título y su reino.— se giró hacia las gradas mientras rodeaba la arena, dirigiéndose ahora a los espectadores— ¿Cómo respondió la arpía a tal bondad?... ¡Levantándose en armas hacia su Señor!— el público empezó a abuchear y escupir en dirección a Neldianna, quien mantenía su cabeza erguida con dignidad.— ¡Mírenla! ¡Aún expuesta ante sus crímenes, no siente el más mínimo remordimiento!

— ¡No pienso bajar la cabeza ante cobardes y ni traidores! — declaró la Reina Solisense— Mucho menos ante basura como tú.

Una piedra voló desde el público, y cayó a los pies de la mujer.

— ¡Cierra la boca perra!— alguien vociferó desde las gradas, para luego ser acompañado por más insultos. La frente de la Reina aún en alto mientras hacía oídos sordos ante las obscenidades dirigidas a su persona.

— De tal palo a tal astilla. Me pregunto si la princesa también heredó esa impertinencia.— las puertas debajo del palco real se abrieron de par en par —¿Por qué no lo comprobamos? —

De la puerta salía un soldado arrastrando a una niña del brazo. Pequeña de tamaño, apenas tenía unos siete años. Compartía el cabello castaño de su madre y los ojos avellana de su padre. Intentaba inútilmente librarse del agarre del hombre, golpeándolo y pateándolo. En un momento de su lucha se percató de la presencia de su madre.

— ¡Mamá!— gritó intentando correr hacia ella, pero de un tirón fue devuelta a su lugar.

— Nella —susurró preocupada la madre, por primera vez mostrando miedo en sus ojos.

— Es una suerte que la guardia imperial haya sido capaz de encontrar a la princesa antes de que tu grupo de rebeldes la sacaran del continente. No quiero pensar el destino de una niña en tierra salvajes.—

— Desgraciado. ¡Cómo le pongas una mano...! — no pudo terminar su amenaza antes de ser abofeteada.

— ¡Mamá!

— No creo que estés en condiciones de hacer amenazas. — alzó la mano y el soldado que sostenía a la niña desenfundó la espada para apoyarla en el cuello de la princesa.

— ¿Estás lista para admitir tus crímenes?

— ¡¿Es este el honor y benevolencia de que se jacta el Rey Vulcano?! ¡¿Tomando de rehén a una niña?!— luego se dirigió al palco — El único crimen que admito es el revelarme ante un tirano. Nada más.

El General Agérico se levantó, y nuevamente el silencio ocupó el circo. Todos sabían que la sentencia iba a ser declarada.

— Reina Neldianna, sus actos de rebelión, traición y guerra; no solo han puesto en riesgo la integridad del Imperio, sino que también dañaron las vidas y hogares de sus propios súbditos. Por estos motivos el Imperio ha decidido que será setenciada a muerte por decapitación, en este lugar y en este momento.

El público victoreó el castigo con alaridos y aplausos. El Rey Iskar desenvainó su espada, y se acercó a la condenada. Los soldados a su alrededor se alejaban dando lugar al ejecutor.

— Antes de dejar este mundo, quiero que tengas la tranquilidad de tu hija será perdonada.— dijo el general.

Neldianna sonrió levemente mirando a su hija, mientras sentía a Iskar acomodándose detrás de su espalda seguramente preparándose para dar su golpe de gracia. El fruto de su vientre se encontraba en llantos y gritos mientras se contorsionaba en brazos del soldado, la espada del mismo cayó al piso al verse obligado a usar ambos brazos para retener a la chiquilla.

— Te amo — le dijo a la distancia, con la cabeza erguida aceptando su destino— ¡Tiene que vivir! ¿Me escuchas? No importa lo que cueste, tie...

Su cabeza cayó al suelo antes de que pudiera terminar de decir sus últimas palabras, acompañado poco después por su cuerpo. El Rey Iskar pasó por encima de este con poco cuidado, y se dirigió a la pequeña.

Nella ya no gritaba, tampoco lloraba, ni se movía. Tenía la mirada en el cuerpo desparramado de su madre, y veía cómo la sangre brotaba del cuello formando un charco. Sentía su propia sangre correr en sus oídos con cada palpitar de su corazón, ensordeciendo los sonidos a su alrededor. El tiempo parecía haberse detenido para la pequeña, que no se percató del hombre hablándole, hasta que una mano la sujetó de la mandíbula y la obligó a apartar su mirada de su madre.

—¿Entiendes?— preguntó el asesino de su madre, mientras los sonidos del mundo volvían a aparecer para la niña. Nella lo miró confundida, sin ver un punto fijo.

—A partir de ahora estás a mi cuidado ¿Entiendes?— volvió a pedir por una señal de comprensión— Ahora me perteneces.

Nella lo observó a los ojos por primera vez, y asintió.

Sept. 13, 2022, 1:59 a.m. 1 Report Embed Follow story
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P.R. Whitehallow P.R. Whitehallow
Me agrada, realmente se siente muy dinámico.
1 week ago
~

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Gaia
Gaia

Un mundo donde la magia está desapareciendo y los humanos deben enfrentarse a vivir sin su ayuda. Read more about Gaia.