fabicoronel2022 Fabi Coronel

Un momento de la noche, una ilusión y un deseo de infidelidad que se tiñen entre matices oscuros y relatos que no siempre suelen salir como se lo espera.


Drama All public.

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Otra historia bajo las estrellas

Fabricio sabía que tener ese cuerpo entre sus manos estaba mal. Sabía que acariciar esa piel tan suave y besar esos labios carnosos estaba aún peor. Pero lo sentía tan agradable, sentía que todo en su cuerpo se ponía a mil, y lo sabía por la “piel de gallina” que comenzaba a recorrer desde sus piernas hasta los bellos de su cuello. Sentir su cuerpo desnudo al lado del de esa persona lo hacía sonrojar, lo hacía enamorar y lo hacía sentir vivo. Lo hacía sentir vivo como hacía varios tiempos que su pareja no le hacía sentir.

Sabía que estaba mal, pero ¿dónde estaban escritas las reglas de la monogamia? Él siempre le había aclarado a su pareja que no le importaba llegar algún día y ver que estaba teniendo relaciones con otra persona. En realidad no le importaba nada de su actual pareja. A veces pensaba que estaba mal hacer sentir a alguien que es importante, cuando bien por dentro, fuera y por todos lados sabía que no le interesaba.

Fabricio pensaba algo en quien a veces le decía “te amo” mientras tocaba ese cuerpo terso y esbelto. Pero en realidad tenía la capacidad de callar su mente, y aún más su corazón. No le interesaba mucho en realidad fallarle. Es más, en su interior sabía que su actual pareja conocía de sus andanzas. A veces se sintió un poco mal, y le asombró, porque él era de esas personalidades fuertes que poco le interesaban las demás personas. Se había sentido mal algunas veces cuando veía que en la mirada de quien él solía decir “te amo” notaba que había verdadero amor. A veces le daba lástima saber que él no amaba a nadie, y que solamente utilizaba a esa persona para beneficios propios.

Pero esa noche, mientras estaban en la parte de atrás del asiento de la camioneta algo se le había cruzado por la mente. Por un instante sintió que estaba mal hacer lo que hacía. Y es que ya había hecho esto varias veces, pero esta vez parecía distinto, no sabía por qué, pero así lo sentía.

Mientras le besaba y lamía el vientre a esa persona se le cruzaron por su mente varias cosas. Pero pensó y se dijo “si total ya sabe que hago esto, no creo que sea tan inocente”.

Todo estaba oscuro y no se veía nada. Era una noche fría de invierno. Pero dentro del vehículo había una temperatura muy elevada. Ambos cuerpos se rozaban y ponían en estado excitado, blasfemos e infieles. Ambos cuerpos cálidos en una noche fría, donde uno de los corazones en una casa alejada latía tranquilo mientras dormía y confiaba en su novio, sabiendo que estaba con unos amigos, sospechando que podría llegar a estar con alguien más, pero callando todo instinto porque su novio se había enojado muchas veces y le había dicho que confiara en él, que él podía hacer lo que quería con su vida y sus tiempos.

Y dentro de ese vehículo había excitación y blasfemia, aunque la misma se justificaba por ambos diciendo que las leyes de la monogamia no estaban escritas en ningún lugar, y que lo que ocurría ya era excusado en algún momento con la frase de “vos ya sabías, no eras tan inocente”.

Fabricio recorría con sus manos ambas piernas desnudas y las elevaba al aire, en esa noche fría y cálida al mismo tiempo. Había sudor en ambos cuerpos. Había amor verdadero. Había interés y cuestiones justificables.

Y en un momento él se acordó que el vehículo no era suyo, sino de su pareja que en este momento dormía porque al otro día trabajaba. Y calló a su corazón frío como el invierno porque decía que estaba todo bien, que seguramente alguna vez le habría sido infiel también.

Y de repente uno de sus oídos que funcionaba escuchó una voz suave que le dijo “te amo”, y se sintió paralizado pero aun así respondió rápidamente “yo también te amo”.

Ambos se prometían amor aunque sabían que estaban siendo infieles en un móvil que ni siquiera les pertenecía ambos.

En su mente, mientras sentía el placer de ambos cuerpos conectados escuchó la voz de quién ahora seguramente dormía, escuchó esa charla que habían tenido:

_ Te amo con todo mi corazón Fabricio. Espero estés orgulloso de lo que hago por vos y quiénes te rodean.

_ Yo también pero con toda mi alma.

_ ¿Y cómo sería eso?

_ Y si porque el corazón muere, es solamente un órgano del cuerpo humano… En cambio el alma es para siempre…

Y se recordó a sí mismo en ese momento mirando hacia el techo, sabiendo que solamente le había dicho eso para conformar a quién se animaba a decirle esa frase que expresaba tanto cariño. Y se recordó diciendo ahora esa frase que parecía que le brotaba del corazón, y no solamente de la garganta escupiendo como para dejar satisfecha a una persona.

Ambos gemían y disfrutaban en un vehículo en el cual en algún momento habían ido a buscar con su pareja y cuando le entregaron la llave y la unidad a esa persona que ahora dormía, ambos habían sonreído, y hasta le habían sacado una fotografía en la cual denotaba una sonrisa grande, aunque si la veías bien sabías que había tristeza en la misma.

El vehículo ahora era la carga de la infidelidad, y no podía decir nada a quién ahora estaba durmiendo porque no podía hablar, pero podía guardar las vibras que habían en su interior para que esa persona se diera cuenta.

La infidelidad hecha carne y traición se consolidaba en el interior del vehículo que alguna vez los había llevado a algún lugar de paseo. Pero que de igual forma siempre se justificaba en un amor falso y desgarrador. Un amor abusivo y asqueroso que si te acercabas tenía olor a interés, alcohol, tabaco, comida podrida y vómito.

Ese amor falso que se había consolidado con quién ahora le era infiel y con quién ahora dormía porque al otro día tenía que ir a trabajar para pagar ese vehículo que ahora era usado con fines de infidelidad, y no solamente eso, sino de consolidar a dos personas que se prometían amor entre frases y placer carnal.

A Fabricio se le cruzó por la mente esa persona. Y realmente le importó poco, porque su corazón no estaba preparado para amar, solamente para traicionar.

De repente recordó su cara, y se encontró en esos momentos en los cuales salían a bailar o comer, y recordó cómo sonreía, cómo le decía “te amo”, cómo bailaba y era una persona alegre. Recordó que tenía sus cosas malas, que a veces le controlaba sus redes sociales, que alguna vez le había pedido que elimine a alguien porque entre ambos se gustaban y esos famosos “me gusta” siempre estaban en sus publicaciones.

Pensó que tal vez esa persona que ahora dormía porque al otro día tenía que ir a trabajar realmente lo quería, porque recordó que cuando era más joven había querido tener una fiesta por su recepción de secundario y como nadie quería hacerlo posible esa persona se había tomado la molestia, y por más de que nunca le hubiera dicho nada había gastado todos los ahorros para poder llevar a cabo su sueño. Pero su corazón era frío, y solamente se dedicó a sentir con su cuerpo en ese momento y se olvidó de eso.

Pero esa noche fría había algo raro. Algo afuera, o adentro, que lo hacía pensar mucho en su pareja. Los vidrios estaban empañados por el calor que había dentro, y era por eso que no podía ver a esa criatura que los miraba, como si fuera un ángel negro alado sonriendo, con los ojos llenos de sangre y esperando a ver esas situaciones que sabía que lastimarían mucho a alguien.

Ambos blasfemos e infieles. Cada cual con su pareja durmiendo en sus hogares y ellos ahí, acostados y disfrutando de sus cuerpos mugrosos, y encima en un auto ajeno.

No le importó nada, y tal vez esa criatura deforme que los miraba por fuera del auto era quién esa noche metía esos recuerdos, en realidad ese demonio quería verlos sufrir, quería preparar sus mentes porque realmente le gustaba ver miedo y calamidad. Y ellos dos dentro, con sus cuerpos infieles en esa noche fría y cálida.

Fabricio se pasó la mano por la frente y respondió que estaba todo bien a la exclamación de “te siento raro”.

Siguieron amándose dentro de ese vehículo prestado, y otro recuerdo se le cruzó por su mente. Recordó cómo esa noche fresca, la persona que ahora dormía cumplía años, y aunque sabía que podía conseguir algo de dinero para hacerle un regalo no lo hizo, por más de que le hubiese hecho la fiesta que él quería porque tenía ese sueño de que su madre lo viera bajar de la pasarela. Recordó cómo esa noche, en ese mismo vehículo que ahora era partícipe del amor que consolidaban, esa persona había cargado con mucha cantidad de alimentos y se habían ido a festejar a un lugar alejado, y llevaban bebidas, y comida por doquier.

Recordó haber cocinado, recordó haber bebido y hasta recordó haberle mentido en algunas cosas. En realidad su juego nunca fue mentir, porque siempre se habría mantenido callado. No se sintió tan mal porque en muchas cosas solamente había comentado y escuchado. Sabía que hacía mal al estudiar su vida, y sabía que había hecho aún peor al haberle dicho esa noche la frase de “sufriste mucho, yo no te voy a hacer sufrir”.

Pero esa noche, entre bebidas y comida, entre cantos de feliz cumpleaños y demás, sabiendo que esa persona que ahora dormía porque al otro día tenía que trabajar y que lo amaba decidió tomarse un tiempo para hacerle la torta. Y cuando fue el momento le taparon los ojos, y cuando esa persona los abrió se encontró con esa torta hecha de mierda de vaca. Una torta hecha de mierda seca de vaca, verde y adornada con pastos como si fueran adornos. Y en un momento se sonrió, porque él no tenía corazón, como había dicho siempre. Solamente tenía un corazón que bombeaba sangre a sus venas, y mucho ego y altanería. No sabía por qué, pero recordó que esa noche le habían llevado una vela común y la pusieron en la torta de bosta de vaca y le cantaron el feliz cumpleaños entre risas y carcajadas. Para él solamente había sido un juego, pero… Para esa persona había sido un insulto. Tal vez dirían las personas a quiénes escuchen esta historia, que esa noche debía de ser de diversión, pero en realidad tal vez esa persona esperaba que Fabricio la llevase del brazo y en un instante le dijera “que lindo que pasemos este momento juntos”.

En ese momento que le estaba siendo infiel una vez más dentro de ese vehículo, tal vez por alguna razón comenzó a recordar todo. Dicen que en los momentos en que estás por morir toda tu vida se te viene a la mente. Pero, no podría ser este el momento de su final.

El demonio desde afuera incitaba a la mente de Fabricio a recordar, parecía que con cada aliento frío que emana de sus hoyuelos hacía que se infiltraran elixires que lo hacían recordar.

Fabricio recordó esa vez que se habían quedado solos y que esa persona le había reclamado el por qué nunca estaban juntas ya que siempre debían de estar con alguien más. Cuando salían siempre debían hacerlo en grupos, pero cuando él salía sin esa persona muchas veces salía solamente con alguna amiga, amigo, primo o con quién sea. Él y alguien más. Él y su pareja solamente había dicho que solamente le haría parecer como si fueran ratas.

Mientras estaban siendo infieles dentro del auto miró hacia arriba y dijo despacio “ratas”.

_ ¿Qué dijiste?

_ Nada, estaba pensando en algo nada más.

Y ahí fue cuando el demonio abrió su boca de manera extravagantemente exagerada. Parecía que estaba deformándose de un grito que no se sabía si era placer o de terror.

Fabricio sentía el placer y por fin no había más distracciones en su mente. Cuando de repente sintió que alguien golpeó fuertemente el vidrio del vehículo.

Ambos se asustaron y pensaron que tal vez fue algún pájaro que se había muerto del frío que hacía afuera.

Pero el golpe se repitió, una y otra vez. Y ambos comenzaron a gritar.

En un intento Fabricio saltó al sector del chofer y trató de encender el vehículo que sabía era de la persona que estaba durmiendo en este momento.

Y ahí fue cuando el vidrio cedió y vio que era un rostro humano que se secaba las lágrimas y gemía, y gritaba.

Era el novio de la persona con quién había estado pecando hacía cinco minutos atrás. Era su novio que los había localizado y ahora estaba abriendo la puerta y gritando. Los tres lloraban y gritaban en este momento. Y aún más en este momento cuando el vehículo de quién se encontraba durmiendo comenzaba a ser manchado por la sangre de esa persona que le había sido infiel por un cuchillo que en algún momento se había usado para desmembrar algún pollo.

Ahora todo era muy confuso, el móvil se movía para todas las direcciones y el cuchillo entraba en el cuerpo que antes había sido penetrado infielmente. Había gritos y llantos que después de casi veinticinco apuñaladas habían quedado callados.

Ahora Fabricio era observado por los ojos de ese hombre loco que los había descubierto.

Y pidió por favor que no lo mate, y por alguna extraña razón la criatura se acercó y le trajo más recuerdos a Fabricio.

Le hizo recordar la sonrisa de quién estaba durmiendo ahora, y cómo antes de salir de su casa unas horas antes le había dicho “te amo Fabri, cuídate y cuida el auto, no vayas a volver a chocar”. Y recordó que le besó los labios y le tocó las manos. Recordó cómo aunque de menor estatura, esa persona había abrazado su cintura y le dijo “amor, ¿Cuándo vamos a volver a estar juntitos los dos acá mirando alguna serie?” y él le respondió fríamente “mmm no sé” y estaba apresurado porque el tiempo se agotaba y quería estar allí siendo infiel en esa fría noche.

Ahora estaba sudado y desnudo, llorando porque ese hombre engañado había entrado y estaba por matarlo. Lo miró bien para ver si no reconocía y tal vez sea esa persona que estaba durmiendo tal vez quien había entrado.

Pero no, era alguien más.

Alguien más que ahora manchaba ese cuchillo con su sangre. Sentía cómo la punta afilada le pinchaba las piernas, y después le perforaba el costado izquierdo, y después el derecho. Sentía y gritaba, y aunque parecía que todo tenía que ser más fácil porque su altura era tal que podría derribar a cualquier persona, ese hombre le ganaba en fuerzas y ahora comenzaba a perforar sus pulmones.

Fabricio pensó en el vehículo, con el cual había sido cuidadoso de no mancharlo para que no quedaran huellas de su infidelidad, pero ahora sabría que su historia de muerte, venganza e infidelidad quedaría guardada y publicada en los diarios.

Pero lo que no sabía mientras escupía sangre y se ahogaba con la misma… Es que en realidad solamente quedaría como una historia…Pero no cualquier historia… Sino…

Una historia bajo las estrellas.

Aug. 5, 2022, 11:54 a.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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Fabi Coronel Jorge Fabián Coronel. 36 años de edad. Escribo sobre terror y misterio.Mi alma está perturbada. Mi mente no creo que esté bien. Creo en fantasmas y a veces hablo con ellos en mi soledad.

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