u15715377901571537790 Gláucio Imada Tamura

Tras llegar de un largo viaje de negocios, Antonio está decidido a acabar con todo. Decirle a su mujer, de uma vez por todas, que ya no la ama como antes, y que a partir de allí cada uno debería seguir su propio rumbo. Sólo que Antonio no esperaba que entre sorbos de un buen café, muchas cosas pueden suceder entre el cielo y la tierra; incluso que hasta antiguos sentimientos resurgieran sólo para agitar un corazón que quedó confundido.


Memoir & Life Stories All public.

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Capítulo uno

Era de mañana y el viento frío que perduró toda la noche, soplaba aún helado por toda la ciudad de San Pablo. El encuentro entre Beatriz y Antonio estaba programado para las 8 horas, de forma que en cuanto entró al perímetro urbano de la ciudad, estacionó el Onix azul y luego entró a toda prisa en la cafetería Drummond.

Pero al contrario de lo combinado, Beatriz aún no había llegado a la cafetería, de forma que minutos después, ya aburrido, Antonio sacó el celular del bolsillo y comenzó a girar el timeline del Facebook. Acto seguido, el camarero se aproximó muy sonriente.

— Buen día Antonio! Qué desea esta vez? Lo de siempre?

Antonio se esforzó para ofrecerle una sonrisa al camarero, al fin de cuentas, era una viejo conocido de la familia.

— Por favor, Jaime, por el momento tráigame un café expreso.

— Está esperando a alguien más?

Oír esa pregunta fue como recibir un puñetazo directo en la boca del estómago. Antonio hasta pensó en responder: “Alguien?! Estoy esperando al mismísimo diablo!”, pero en lugar de decir eso, depositó el celular sobre la mesa y luego confirmó con un sencillo asentimiento de cabeza.

— Ah, — se entrometió el camarero — por casualidad es la señora Beatriz a quien usted está esperando? Si es así, me dice pronto que ya voy a separar unos pancitos de quesos porque sé que ella los adora.

Antonio soltó un gruñido. Pero el camarero no lo oyó, con lo cual continuó entrometiéndose.

— Buena gente, la señora Beatriz. — corrigió el camarero. — Mujer como ella usted no encuentra nunca más.

A pesar de haber concordado con un asentimiento de cabeza, el deseo de Antonio era echar al camarero de aquel lugar. Por eso, tan pronto tuvo la oportunidad, Antonio le señaló el dedo del medio en cuanto él le dio la espalda, yéndose hacia la cocina.

Habían pasado más de treinta minutos de lo combinado, y aún así Beatriz no había llegado a la cafetería. Pero el camarero venía muy sonriente, sosteniendo la taza del café que humeaba muy caliente.

— Disculpe la demora Antonio, sucede que la máquina de expreso se atascó. Pero aquí está su café. Calentito. Tenga cuidado de no quemarse la boca.

Antonio se quitó la campera y la colocó en el respaldo del asiento.

— Gracias, Jaime. — dijo Antonio — por el momento es sólo eso. Cualquier cosa te llamo nuevamente.

Pero el camarero volvió a entrometerse:

— Por qué será que doña Beatriz se está demorando? Usted ya la llamó? Habrá sufrido algún imprevisto en el camino?

Antonio miró el reloj, pero finalmente ni se tomó el trabajo de responder la pregunta. Al contrario, tragó un sorbo de café, que por cierto estaba muy caliente, y luego comentó:

— Qué delicia de café, Jaime! Aprovecha que estás de pié, y tráeme unos tres pancitos de queso para acompañar.

Ni bien el camarero le dio la espalda yéndose feliz hacia el mostrador, Antonio volvió a mostrarle el dedo del medio.

Una hora después, ya sin paciencia de tanto esperar, Antonio tomó el celular y comenzó a teclear el número del celular de Beatriz, que rápidamente saltó directo al buzón de mensajes.

Frustrado, Antonio volvió a clavar los ojos en los edificios comerciales alrededor, y en las pocas personas que, de a poco, comenzaban a ocupar la rambla frente a la cafetería Drummond.

“Qué demonios, Beatriz! Por qué tanta demora, carajo?!” — Antonio reclamó.

Antonio pensó hasta en irse de allí. Pero desistió, pues estaba realmente decidido a presentarle la novedad del divorcio en una única conversación, de forma que ya venía provisto de todo el papeleo necesario para que Beatriz firmara. Por eso volvió a pedirle otro café expreso al camarero.

— Está seguro, Antonio? — se entrometió el camarero, con aire de sabiduría. — No prefiere beber un jugo, un refresco o incluso un té? A la señora Beatriz no le gustaría verlo bebiendo tanto café...

Pero Antonio ni se tomó el trabajo de retribuir el comentario. Él sólo se le quejó al camarero: “Otro expreso, por favor!”, pero con los ojos clavados en la pantalla del celular.

En cuanto él le dio la espalda, retornando hacia el mostrador, Antonio ya le iba a mostrar el dedo del medio por tercera vez, cuando acabó clickeando sin querer en el ícono de Google Fotos. El primer sentimiento que le sobrevino al ver el rostro de Beatriz estampado en la pantalla de su celular, fue de repugnancia.

“Por qué esta porquería de aplicación no se cierra, carajo?!” — murmuró él.

Cuando Antonio fue a arrastrar la pantalla de abajo hacia arriba para cerrar la aplicación de imágenes, la misma se atascó en una foto muy antigua. Una foto del inicio del noviazgo: con Beatriz sentada en su regazo muy sonriente, admirando una hermosa puesta del sol asomando en el horizonte de la playa de Copacabana. De inmediato, sentimientos nostálgicos le sobrevinieron al alma de repente, pero Antonio luchó para apartarlos bien lejos, ahogándolos en recuerdos más amargos, fortalecidos principalmente a través de las constantes peleas que venían teniendo con su mujer en los últimos meses.

“Quien nos ve juntos en estas fotos, no se imagina la hermosa pareja que formamos, verdad, Beatriz”. — reflexionó él.


Continuará...


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June 17, 2022, 6:41 p.m. 1 Report Embed Follow story
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To be continued...

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Gláucio Imada Tamura Eu sou um contista nipo-brasileiro que se dedica a escrever sobre temas relacionados ao drama, horror, terror, suspense, mistério, às vezes somando tudo isso com boas doses de humor. *** Ebooks a venda no Google Play***

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