patologia Pato :)

Para todas las personas que son veneno. (One shots)


Memoir & Life Stories Not for children under 13.

#venenos #desamor #muerte #matar #amor #veneno
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Cicuta



Conium maculatum
De la familia de las Apiaceae.
Su veneno posee coniína que, si se ingiere, provoca la paralización de los nervios sensitivos y motores derivando en una parálisis general y, potencialmente, la muerte.



Es imposible eliminar el sabor amargo que queda en tu boca ante ciertos recuerdos. Hay quien solo quiere vivir en el pasado, hay quien apenas puede respirar si piensa en el presente.


Todo parece más bonito cuando pasa el tiempo, nos gusta desear todo aquello que no podemos tener, todo lo que hemos perdido.


Así se sentía mirar la foto se Conan, su amplia sonrisa y los rizos dorados decorando su frente. Era incapaz de pensar en las peleas, los gritos y los llantos. Cuando lo miraba sólo veía las risas, los besos, las caricias y lo último que gritó antes de desaparecer por la puerta con todas sus cosas.


Desde su partida todo era muy complicado. Él era el amor de mi vida, era mi pasado, mi presente y mi futuro. Ahora solo era mi pasado, un castillo de arena que luchaba por mantenerse en pie ante el furor de las olas.


Y no había nadie más. Vivía rodeado del más profundo color negro y la única figura que se podía distinguir era la suya. Ni amigos, ni familia, solo yo en una ciudad desconocida, en un piso que llevaba meses sin limpiar y con la única compañía de mis grandes ojeras.


No recordaba cuanto tiempo llevaba despierto, a estas alturas solo quería dormir para siempre.


Una ola de desesperación de esas que tan comúnmente tenía me hizo agarrar mi teléfono corriendo. 7% de batería, sería suficiente. Mis dedos se movieron ansiosos por la pantalla, llegando hasta el chat con Conan.


A estas alturas parecía un monólogo más que una conversación. Conan no había respondido a ninguno de mis mensajes desde que se fue pero yo no iba a perder la esperanza. Él me amaba, yo lo amaba, nos amabamos, nuestro destino era estar juntos, envejecer juntos.


"Te amo, vuelve por favor, voy a cambiar"


Pulsé enviar. Cuando vi su usuario "en línea" sentí como mi corazón dando volteretas en mi pecho y casi me desmayo al ver el "escribiendo...". Por fin todo volvería a su lugar y...


"No me escribas más Pablo, si sigues acosandome voy a ponerte una orden de alejamiento"


Conan me había bloqueado. Observé el teléfono con incredulidad. No, no, no, no. Esto no debía salir así.


El tenía que volver, ¿no? Era nuestro destino. Yo era su vida y el era la mía, éramos un equipo. El teléfono murió entre mis manos pero yo seguí observandolo, tal vez se volvería a encender y Conan me llamaría diciendo que era una broma tonta y que estaba de camino a nuestra casa con la cena.


Sí, eso era justo lo que iba a pasar.


No se cuanto tiempo pasó mientras miraba la pantalla negra. A través de ella vi mi reflejo. Estaba muy delgado, no sabía cuando era la última vez que había comido algo pero hacía mucho tiempo que había dejado de sentir hambre. Tampoco sabía a ciencia cierta cuando me había duchado pero eso no importaba. Lo que importaba era Conan, debía estar libre por si aparecía, olvidó sus llaves cuando se marchó.


Luego me di cuenta de que había sido un idiota, ¿como iba a encenderse el móvil mágicamente? Estaba sin batería, si Conan me llamaba no podría responder así que lo puse a cargar y me senté frente a el, observando como la pequeña barra de la carga se iba llenando.


En algún punto alcanzó la totalidad de la carga pero Conan no había llamado y mis articulaciones dolían.



No entendía que había enfadado tanto al rubio, no era para tanto. Era un auténtico llorica y un blandengue pero me daba igual, yo lo amaba así.


Debía hacer algo romántico para cuando volviera, seguro que así me perdonaría. Me arrastré hasta la cocina sintiendo mis pies ligeros y mi visión nublarse. Seguro que eran los nervios. Abrí la nevera, que estaba bastante vacía, y eché un vistazo a lo que había. Carne. No era capaz de recordar de que animal provenía pero la carne es carne. No olía bien y tenía algo de moho pero seguro que se podía comer.


La cociné como sabía que a él le gustaba. Al punto, con sal y con una guarnición de verduras de las que quedaba un puñado en una bolsa en el congelador.


Emplaté la cena y quedó tan bonita que era digna de un premio de esos tontos programas de cocina que Conan siempre veía. La carne tenía un ligero color verde - que raro, no recordaba haberle puesto perejil.- y decidí poner las verduras congeladas directamente en el plato. Conan siempre decía que prefería la verdura fresca.


Adorné la mesa del comedor con un mantel bordado, unas velas, una botella de vino que teníamos a medias en la nevera y los dos platos de deliciosa comida y me senté a esperar.


Esperé mucho tiempo. Tanto que las velas se consumieron y la verdura de ambos platos se descongeló arruinando la deliciosa carne que había preparado. Ahora nadaba sobre un charco de agua.


¿Como se atrevía a no aparecer con todo lo que yo había hecho por él? ¿Con todo lo que habíamos pasado juntos? Era un inútil, un desagradecido y no se merecía en absoluto mi amor.


De repente todo se volvió rojo.


Estaba sentado sobre la alfombra mirando fijamente mis manos. No sabía como había llegado hasta ahí.


Observé mis alrededores. Cristales rotos por todas partes, manchas en las paredes, cojines destrozados y cortinas rasgadas. Que curiosa nueva decoración había elegido Conan, pero yo haría cualquier cosa por él así que no me importaba vivir entre el caos. Volví a mirar mis manos, que estaban llenas de sangre, sangre que no había estado ahí antes.


Alarmado me levanté dispuesto a lavarme las manos en el fregadero, tal vez había ayudado a Conan a redecorar y con tanto sueño no recordaba muy bien lo ocurrido.


De camino a la cocina pude ver la mesa del comedor. Mantel de encaje, botella de vino y dos platos de deliciosa comida intacta. No podía creer que Conan hubiese preparado todo eso para los dos. No oí a Conan por ninguna parte, tal vez estaba en nuestra habitación o puede que hubiese salido a hacer algún recado. Sea como fuere estaba seguro de que no le importaría que empezase la cena sin él.


No había cubiertos así que supuse que debía comerse con las manos. En las mías aún había sangre pero daba igual, era mía al fin y al cabo. Tomé el gran pedazo de carne entre mis manos y lo mordí. Sabía... raro, probablemente era alguna de esas recetas extranjeras que a Conan le gustaba probar. Seguí mordiendo, sintiéndome más hambriento que nunca, acostumbrandome al extraño sabor. Cuando terminé engullí las verduras, estaban insulsas y frías pero tenía tanto hambre que no me importó.


Cuando terminé la cena mi estómago rugió, pidiéndome más. Miré el plato de Conan, seguro que a él no le importaba que me tomase su cena si le decía que lo había hecho porque tenía mucho hambre, él era un ángel.


Solo se oía el sonido de las agujas del reloj. No sabía donde estaba, era de noche y todo estaba oscuro. Mi garganta estaba seca y dudaba que pudiese emitir algún sonido. Me puse de pie y noté como algo, tal vez un cristal, atravesaba la piel de mi pie. No sentí nada, ni una pizca de dolor.


Caminé ignorando la sensación de la sangre escurriéndose, debía estar saliendo mucha porque estuve a punto de resbalarme un par de veces. Me golpeé con algunos muebles, no sabía en que dirección estaba andando. Me dejé caer y suspiré al notar que la superficie era blanda y suave.


Era de día otra vez. Estaba en el sofá del salón, no recordaba haber llegado hasta allí. No sabía que había estado haciendo las últimas horas - o días - pero no había dormido.


Miré a mi alrededor, todo era un desastre, Conan siempre había sido muy desordenado. La televisión estaba destrozada, la pantalla se habia roto y era inservible. Conan estaba tardando en volver, lo echaba de menos.


Mi cabeza dolía mucho y todo mi cuerpo se sentía caliente pero no me sentía con fuerzas para levantarme a abrir una ventana o a por algo de agua. Seguro que Conan llegaría pronto y cuidaría de mí, siempre lo hacía.


Sentí mis ojos muy pesados, ya no era capaz de controlar mis brazos ni mis piernas. No podía moverme. Me fijé en la foto que había enmarcada en la pared, éramos Conan y yo. La habíamos tomado en verano, los rayos de sol hacían que sus rizos brillasen como nunca antes y tomaba mi mano con fuerza. Me miraba con tanto amor que sentía que me faltaba la respiración de solo mirarla. Mis párpados comenzaron a cerrarse y yo solo quise vivir en esa imagen para siempre.


Alguien llamó a la puerta pero nunca abrí.





Dec. 28, 2021, 12:52 p.m. 0 Report Embed Follow story
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