felo felipe andrade

Jorge es un astronauta que lleva meses añorando su regreso a La Tierra. La debacle se instala en su interior cuando un error de programación le permitiría ingresar los códigos para volver a su hogar o continuar su destino hacia Marte, al mismo tiempo que se debate sobre su sentido de pertenencia y sus sueños. Cuento inspirado en la canción "Movimiento" de Jorge Drexler


Science Fiction Space opera All public.

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Pertenencia

—¿Por qué deseas tanto volver? —Las palabras del capitán tronaron dentro de mi cabeza, como si yo mismo estuviera repitiéndolas, una y otra vez, en un eco sin fín. El capitán me miraba de arriba abajo con sus ojos cansados, como ya era habitual hace unos meses. Nos quedamos así un par de minutos, flotando, sin decirnos nada, escuchando el ruido blanco de los motores de la nave. Antes de voltearse a los controles, el capitán hizo girar el agua al interior de su botella, las burbujas casi se tocaban al interior—. No te quedes quieto tanto tiempo, hay que moverse. Anda, verifica las velas principales.


Mi cabeza se movió automáticamente asintiendo, y mis brazos me ayudaron a propulsarme hacia el otro extremo de la nave cruzando sobre la gravedad cero. Estaba como en piloto automático, anonadado aún por aquella pregunta. Mientras bajaba por la escotilla pude observar, una vez más en la lejanía, la estrella que me quitaba el sueño. La visualizaba cada vez más cerca, más grande, clara y áspera; casi podía tocar su piel de roca, sentir su respiración enferma de carbón, ahogar mi sed en su agua. Esa burbuja que gira frente a mí, y yo dentro de ella. ¡Qué baile! ¡Qué angustia!


<<Sentido de pertenencia.>> La voz del capitán me sacó de mi transe una vez más. La tierra volvió a estar a millones de kilómetros de distancia. <<a esta altura de la misión, suele ocurrir, ajem, apresúrate por favor>>. Lo escuché carraspear a través de la radio en mi oreja. Su voz escuálida y rugosa, con ese timbre alto y molesto propio de una garganta apretada. Tenía razón, fuimos advertidos que tantos meses arriba podrían afectarnos la mente.


La deslizada hacia el nivel superior fue sencilla, activé la gravedad del otro extremo y las suspensión magnética de mis botas hizo el resto. Aterricé sutilmente como polen en el viento. <<debería estar en ala sudoeste, “Magallanes 23’15”, está girada 2 grados menos de su orientación predeterminada>>. Si lo que decía el capitán era correcto, nos podríamos haber desviado mucho de nuestro curso, dependiendo claro, del tiempo que llevamos impulsándonos con este error. <<No tengo todo el día, hijo>>. Agregó con un toque de exasperación en su voz. Por suerte corregir el problema era solo una cosa de ingresar números en una computadora. Listo.


<<Muy bien, ahora en el ala opuesta, Ragnarsson 23’15, está girada 2 grados menos de su orientación predeterminada>> La nave comenzó a voltearse levemente, por lo que tuve que tomarme de las pasadoras de mano para llegar cómodamente al otro lado. Al corregir el error volví a escuchar la voz del capitán, esta vez se escuchaba un poco más bajo, como si se alejara del micrófono. <<Smith 23’15, está girada 2 grados menos de su orientación predeterminada>> Algo me sonaba extraño en esta orden, sin embargo, el capitán ya me había llamado la atención más de una vez por estar muy pensativo, y en el espacio 2 grados pueden ser letales. Debía actuar rápido y así lo hice.


<<...23’15, está girada 2 grados menos de su orientación predeterminada>>. Dijo por cuarta vez el capitán con una extraña interferencia en la transmisión. El último panel controlador estaba en el ala sur-oeste del timón y ahora la nave giraba con un poco mas de fuerza. Mientras presionaba el comando mis labios repitieron, suspirando lentamente el número “23,15”. Era el mismo número que el de mi casa. Ahí dentro de la estrella azul que acechaba mi noche eterna. Entre dos edificios grises y antiguos del centro del puerto. Pero por más raro que me pareciera esta increíble coincidencia, me había percatado muy tarde de que el error era que el capitán estaba indicando la misma orden para cuatro alas distintas. Ahora la nave giraba como una punta de flecha entrando a un torrente de aire.


Detrás mío la puerta se selló herméticamente. La escotilla me permitía ver al capitán, al otro lado del pasillo, que intentaba comunicarse conmigo. Podría jurar que dijo: “<<Debes salir, arreglarlo manualmente>>” y que su voz sonó como siempre dentro de mi oreja, pero no fue así. No escuchaba nada más que mis propios pensamientos.


Estaba solo, por primera vez.


Me sujeté como pude y procedí lentamente a cambiarme. El pesado traje espacial me mantuvo un poco más estable mientras conectaba el cable de seguridad al ancla. El resbalar nunca fue parte de mis planes, menos el precipitado impulso hacia afuera que me dejó la espalda adolorida justo en el centro. Ahí, lastimado como si estuviera partido por la mitad, pude contemplar el vasto manto de luciérnagas que me rodeaba como nunca antes, pero como siempre mis ojos se clavaron en la luz más azul de todas. Mi hogar. Qué irónico es verla así de pequeña. Como si pudiera balancearla en la punta de mis dedos, y al mismo tiempo sentir el calor de su luz, cobijándome como si estuviera aún de dentro de mi casa. Aún puedo recordar cuándo veía La Luna orbitar La Tierra. Ahora solo los distinguía como un solo punto que oscilación tras oscilación de la nave se alejaba de mí. A pesar de que sabía que debía volver, llegar a los controles manuales, mi mente me mantenía cautivo con respecto a este tema.


Hambre. Tengo hambre. Cuanto tiempo habré estado afuera mirando el cielo. Flotando a la deriva del espacio semi-inconsciente mientras la misión corría peligro.


El cable retráctil me trajo de regreso sobre mis pies. Caminé magnéticamente sobre la superficie hasta que me pareció oír la voz del capitán, emitiéndose desde el centro de mando manual: “<<¿Lo lograste?>>”. El aparato estaba ubicado justo en medio del corredor geométrico que formaban las velas de la nave, que en situaciones normales debía apuntar al Sol, para obtener la energía emitida por los rayos de la estrella.


—Si, capitán. —Me adelanté a confirmar antes de corregir el error manualmente. Estábamos girando sin control, en espiral, pero aún manteníamos el impulso inicial, trayecto que nos llevaría en algún momento hasta Marte. Mis ojos se clavaron en el centro del pasillo formado por las velas, La Tierra estaba justo ahí. Si tan sólo dejaba seguir el desvío unos minutos más, podría configurar los números para volver. Los comandos al ser ingresados manualmente serían juzgados por la procesadora como coordenadas originales y aparecerían como correctos en el sistema. El capitán no parecía estar en todos sus cabales tampoco, quizás no se percataría hasta muy tarde. Podríamos regresar.


“<<Venimos del puerto, chico. Somos del mar, no al revés>>”. La voz del capitán me descolocó. Qué quiso decir con esto, qué tipo de mente tiene este hombre. Antes de que pudiera resolver el misterioso comentario me pareció escuchar al capitán agregar: “<<Por eso nos escogieron, no tenemos a nadie>>”. Era cierto. Nunca conocí a mi padre y mi madre murió cuando yo tenía trece. No tengo familia, amigos, ni señora. Pero, si bien todo esto era cierto me pareció muchísimo más preocupante que el capitán se percató de alguna forma de mis planes. ¿Cómo lo hizo para darse cuenta? No existe cámara que registre esta parte de la nave, ni mucho menos una ventana por la cual observarme. Estábamos solo yo y La Tierra, no había forma de que pudiera adivinar mis pensamientos.


“<<¿Por qué deseas tanto volver?>>”. Fue como oírlo tal como la primera vez. “<<cada uno carga con lo suyo, no tenemos otra cosa>>” agregó con una certeza punzante. Lo escuché fuerte y claro, estaba casi seguro, pero no tenía tiempo de debatir mi posible locura en este momento. Tenía que averiguar qué quería decir con estas enigmáticas palabras. Supongo que su comentario se dirigía hacia algún lado, que apuntaba a aclarar mis ideas más que confundirlas, por algo le hicieron capitán. Sin embargo, las ideas parecían disiparse en las estelas que dejaban las estrellas moviéndose concéntricamente a mi alrededor.


La nave se retorcía con más fuerza que antes, pronto debía estabilizarla si quería aprovechar la inercia para establecer un trayecto nuevo hacia la Tierra. Mi mirada buscó el planeta azul, pero ahora estaba muy lejos casi completamente detrás mío. Por otro lado, en la órbita frente a mí, se asomaba el planeta rojo. Si lo iba a hacer tenía que ser ahora, si no quizás hasta cuándo estaremos girando en espiral sin llegar a ningún lado. Lo primero era frenar, jale de la palanca, listo. Luego colocar el código, pero antes de poder hacerlo el quiebre abrupto en la inercia me lanzó nuevamente a la deriva.


Mi cuerpo se suspendió en el espacio, para luego acelerar y estrellarse contra una de las velas solares. El cable se enganchó con una abrazadera y quedé frente a frente con La Tierra. El cuerpo celeste estaba en penumbras, bloqueando la luz del Sol a la distancia. Que increíble es darse cuenta que incluso en total oscuridad y a millones de kilómetros de distancia uno todavía puede reconocer su hogar. Mi casa, ese espacio arrendado y gris que me acompañó siempre. El que, para tener que entrar, debía levantar un poco de su puerta y luego girar de la llave para abrir. Ese calendario junto a la única ventana que daba al mar. Esos barcos que me invitaban a salir y recorrer el mundo. Esas copas de vino con personas que nunca terminé de conocer. Los glaciares del sur, los desiertos del norte. La carpa, el cielo despejado, el eclipse y las estrellas negras del piso. Mis estudios como ingeniero espacial, mis ensayos en el observatorio, mis amores, mis sueños. Mis sueños.


No podía volver, debía corregir los datos y continuar el trayecto a Marte. Las velas reflectoras a mis espaldas se tambaleaban con la brisa celestial y mi cuerpo no se podía estabilizar. Me sujeté como pude, solo para encontrarme con mi reflejo deformado la superficie de las velas, un material similar, pero más resistente que el papel aluminio. Empapado por la luz solar cerré mis ojos y tirando del cable logré destrabarlo. “<<Perdernos, Jorge. Quieres dejarnos como la gota de agua que viaja en el meteorito.>>”. El capitán tenía razón, si no me apuraba cruzaremos, galaxias, vacío, milenios. Desamparados de todo hogar, de todo objetivo. Terminaríamos buscando oxígeno en los sueños que nunca cumpliremos. En penumbras perderíamos lo único que sí nos pertenece.


No quiero volver, no tengo nada. Nunca lo tuve. Ese astro de luz que me miraba desde lejos, era solo una opresión a mi propio sentido de pertenencia. Tengo mis manos, y con ellas logré arrastrarme de vuelta a los controles manuales. La tierra me miró por última vez, más cerca que nunca, casi como si pudiera tocarme con la punta de sus cumbres. —¡De ningún lado!— exclamé en voz alta, seco. Así nada más, desapareció frente a mis ojos, se transformó en una estrella más en el vasto mar negro de luces nubosas que decoraban el fondo galáctico. El sol al centro de las cuatro velas principales, habíamos recuperado el rumbo.


Cuando volví a sentarme en la cabina el capitán estaba en silencio frente a los controles. Marte se veía justo enfrente, más rojo que nunca.


—Hijo, me vas a tener que contestar alguna vez, que ya creo que estoy comenzando a hablar solo. —Me miró y revolvió el agua de su botella. Las burbujas giraron en su interior. —¿Y? ¿Bueno? ¿Qué tienes allá que haces que quieras volver? —Su comportamiento lo hacía notar tan impaciente como tranquilo, como ansioso por una respuesta de una importancia meramente trivial.


—Yo… —Hice una pausa, sólo podía pensar en Marte en ese momento. El planeta rojo se extendía mostrando toda su omnipotencia, cubriendo el vidrio panorámico de la cabina de par en par. Podíamos ver sus principales cordilleras, sus espectaculares tormentas, sus cientos de cráteres y sus polos. Todo un horizonte tan nuevo y desconocido, un paisaje tan desconcertante para explorar y colocar un nuevo asentamiento. Otro puerto, y un nuevo viaje. —Nada. No tengo nada.


FIN.

March 28, 2021, 6:33 p.m. 2 Report Embed Follow story
3
The End

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Anjoss Anjoss
Me pareció muy genial la forma en que describes la travesía, un ambiente acertado. Te recomiendo la canción "La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía cómo" un poco largo el nombre jajj, pero sospecho que te gustará.
April 01, 2021, 19:43

  • felipe andrade felipe andrade
    Gracias por la recomendacion amigo! Esta buena la cancion 👌🏼 April 01, 2021, 21:20
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