albaferreyc09 Alba Ferreyc

¿Puede el amor trascender la muerte? O mejor -o peor, dependiendo de cómo lo veas- ¿puede este iniciar con la muerte misma? En más de una ocasión me han dicho que el amor en esencia pura puede trascender inclusive los confines de la muerte...pero ¿Qué ocurre cuando es la misma muerte la que despierta al amor en su faceta más -o quizá menos- lúgubre? ¿Puede ser la muerte el detonante de un amor o solo es una forma de romantizar la locura? No puedo responderle a ciencia cierta; pero sepa usted que el corazón de un ser cuya alma ha abandonado su cuerpo no necesariamente deja de seguir latiendo.


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#amor #vida #239 #245 #347
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El secreto para cultivar jazmines

Nunca disfruté del aroma de los jazmines. Y de jardinería en general tengo menos que conocimientos básicos y podía vivir con ello, caso muy contrario al de mi esposa a quien le fascinaba de una manera casi obsesiva; tanto que no existía rincón de nuestra vieja pero magnífica y gigantesca casa que no estuviera plagada de enredaderas, arbustos, árboles, rosas, suculentas y esas infernales flores blancas.

"De tantas enredaderas a penas si podemos ver la casa, si no te conociéramos juraríamos que se la tragó la tierra junto contigo y tu esposa"

Me solían decir los pocos amigos con los cuales me encontraba cada viernes en la cafetería de Port Valley -lo sé, un nombre bastante huraño para un establecimiento en toda regla elegante, pulcro, con tartas, dulces, bebidas de primera y por consiguiente de un acceso sumamente exclusivo- a lo que yo solo atinaba a reír por la veracidad de tal broma ya que aunque llevo viviendo allí no menos de siete largos años en más de una ocasión, cuando regresaba muy entrada la noche, he llegado a perderme intentando encontrar el camino de regreso entre la densa neblina que rodea al pueblo la cual se intensifica sin falta cada noche. En mi defensa, debo añadir que el hecho de que mi modesta morada se encuentre en los mismos límites del pueblo no me es de mucha ayuda para lograr diferenciar el exterior de mi casona recubierto casi por completo de hojas y flores -si no es por un amplio y redondo ventanal que se irgue en lo más alto de su estructura y que da al ático donde extrañamente a mi mujer le encanta cuidar de su mórbida obsesión- de otro de los montes de la hondonada que rodea a todo el poblado de Fogs. Empero estoy muy seguro que ellos hacían alusión más que solo al aspecto herbáceo de mi casa.

También está por supuesto que yo no iba admitir ante mis burlones colegas las muchas veces que me encontré a mí mismo rondando en círculos por todo el lado oeste del bosque -esperando de milagro encontrarme en la puerta de mi casa- donde unas pocas veces me había topado con alguna persona que transitaba casualmente por las calles paralelas a este, a las cuales mi presencia entre las sombras atolondró en gran medida que no tardaban en salir huyendo en dirección opuesta a la mía dejándome perplejo burlándome de la situación pues sabía que no era muy agraciado pero tampoco era que rozara la horripilación y esta idea me divertía. Al poco tiempo me enteré que había sido descrito por los desafortunados como un espíritu errante del bosque y se me apodaba de muchas y diferentes maneras, de entre las cuales destacaban "El espectro del frac", "Viajero negro" y así existían otros muchos pero mi favorito era "El noctámbulo desconocido" porque encajaba perfectamente bien con la creencia popular de que el lado oeste del bosque reposaba bajo una extraña atmósfera -catalogada hechizo por algunos pobres asustadizos- y que todo aquel quien ingresara en su profundidad se quedaría adormitado sin dominio de sus facultades motrices y sufriría de abominables alucinaciones para después ser devorado por el mismo bosque.

Fue así que transcurrieron menos días aún cuando el pueblo entero ya había inventado todo un folklor alrededor de mi pobre silueta exhausta de tanto intentar encontrar mi casa en plena madrugada alegando que era una de las pobres almas cuyo cuerpo había sido vilmente devorado por el bosque. Al principio pensé en desmentir todo aquel espectáculo supersticioso pero al ver que casi todo el pueblo aseguraba la existencia de este "oscuro espíritu errante" -a pesar de yo haberme cruzado con no más de diez personas en total- decidí entonces dejarle su santo a los creyentes lo cual no me fue del todo adverso ya que desde entonces las expediciones de los "valientes" para desmentir la leyenda del bosque devorador de hombres disminuyeron considerablemente y con ellas los molestos llamados a mi puerta pidiendo asilo por el frío y humedad insoportables de la noche, los gritos en la madrugada que eran provocados por las mentes sumamente paranoicas que tarde se arrepintieron de su muy estúpida decisión y sobre todo las molestas pero fascinantes hogueras que en una desdichada ocasión, cuando la bruma pareció encontrarse más débil que nunca, provocaron un atroz incendio que por poco alcanzó mi residencia. ¿Lo que es la psicosis colectiva no?

En fin, ni siquiera el encontrarme perdido en medio del bosque me incomodaba tanto como aquellas noches en las que me vi obligado a volver al pueblo -si es que lo lograba- para alquilar un cuarto en algún pequeño motel del centro porque, si bien habían locales mucho más cerca y de cómoda tarifa, aprendí a base de muchas noches de mal sueño que no eran precisamente los tipos de moteles a los cuales uno va a descansar y aunque al principio creí ser capaz de tolerarlo, gracias al sueño tan pesado que poseo, me acabó de convencer aquella vez que una noche tras dejar mi habitación para responder a una llamada del recepcionista al volver me encontrara con una prostituta practicándole una felación al canciller, los felices desgraciados se habían equivocado de número de cuarto. Por si se lo pregunta no, no me uní a ellos porque me pareció algo totalmente repulsivo en tales circunstancias, -lamento decepcionarlo con mi moralidad- sí, me fui inmediatamente a otro motel por las mismas razones y también sí, gracias a ese incidente nunca tuve que volver a pagar mis cuentas en el Port Valley del cual su excelentísimo es dueño.

Como ya habrá de suponer desde que me mudé a Fogs no poseo un gran interés en la vida, no trabajo hace un par de años y mis regalías por ciertos negocios en el extranjero cubren de sobra todas mis cuentas y mis únicos pasatiempos se remiten a charlas con mis muy escasos amigos, tardes enteras en el café, una que otra visita al sastre local, cómicos descubrimientos en los moteles locales, reuniones sociales no más allá de la una de la mañana -a las cuales, y con mucho gusto, ya no acudía con frecuencia- y ocasionales viajes al centro del gran pueblo con el fin de comprar algunos de sus caprichos a mi mujer, ¡ah! mi mujer.

Podría decirse que ella constituye la mayoría de mis ocupaciones y pensamientos, de hecho, era solo por ella que cada jueves recorría un largo camino hasta el invernadero del pueblo para recoger sus encargos -que siempre consistían en abono y algunas exóticas semillas que su proveedor elegía cuidadosamente cada semana- pues se rehusaba a pedir una entrega a domicilio y estoy seguro que dicho rechazo al servicio no solo se trataba por el costo innecesariamente excesivo de este si no por una repulsión genuina hacia la gente que fue desarrollando incluso sin que yo me diera cuenta.

Me atrevo a afirmar que aquella misantropía es tan solo una secuela atrasada de un trauma que tuvo a penas cumplidos los veinte años cuando casi perdió la vida tras ser asaltada en plena vía pública a una hora bastante ajetreada y nadie se dignó ayudarla mientras yacía tendida medio muerta en un callejón que desemboca en una gran avenida; fui yo quien en mi segundo día en la ciudad la encontró e inmediatamente la auxilió llevándola a la posta donde a duras penas pudieron salvar su vida. Sus padres afirmaban que aquello contribuyó a detonar su obsesión inexplicable con las plantas de alguna manera, la cual con el tiempo fue evolucionando monstruosamente.

Tres años después de casarnos -lo cual ocurrió unos meses después del desafortunado incidente el cual sus padres se esmeraron mucho en ocultar del ojo público- tras creer que había superado exitosamente la escalofriante experiencia inició a resistirse a salir en lo absoluto de casa y siempre me veía obligado de llevarla a las cenas y reuniones a las cuales éramos invitados contra su voluntad; un año más, tras la muerte de sus padres, pasaba días enteros en el ático cultivando, podando y sembrando, perdió todo vínculo e interés con sus entonces ya pocas amistades; finalmente dos más y recayó enferma debido a sus experimentos con el fin de crear pesticidas más efectivos para deshacerse de las plagas en sus matas los cuales resultaron ser altamente tóxicos lo que la llevó a poseer una salud bastante frágil, muy poca energía y después de un tiempo una temperatura gélida y sobre ello estaba el clima local que no contribuía a su incremento por lo cual la chimenea, que nunca antes había sido encendida por pura seguridad, pasó a encontrarse en constante uso.

Tras un tiempo mis negocios empezaron a flaquear y mis ingresos a disminuir pero no me atrevía a sustraerle sus dichas, fue así que inteligentemente -si me lo permite decir- dejé de comprar leña para la potente chimenea y empecé a alimentar el fuego con algunas de sus muchas adquisiciones herbolarias siendo las despreciables flores blancas unas de mis favoritas. Su manera particular de arder generando un fuego fácil de dominar y su rápida recomposición hacían que mi mujer no notara mi artimaña para con sus adoradas con el fin de economizar y seguir supliendo a su vez todas sus peticiones; no obstante, ahora me veía obligado a soportar el aroma todavía más fuerte que despedían al ser quemadas, el cual me embriagaba hasta anestesiarme de manera desagradable cada día.

Le supliqué muchas veces mudarnos al extranjero por su bienestar y de paso aquello me permitiría administrar mejor mis negocios pero ella siempre se negó tajantemente y aludía a que jamás abandonaría la casa. Intenté persuadirla por meses, incluso un día que me invadió un ataque de cólera la arrastré desde el ático dos pisos abajo hasta la salida mientras ella vociferaba tan espantosamente que sentía que sus gritos me carcomían desde adentro, aún así no estaba dispuesto a abandonar la batalla hasta que los gritos cesaron de improviso y la tenía completamente tendida entre mis brazos. La creí muerta.

Un terror y desconsuelo profundo se incrustaron en mi pecho como si las espinas de muchas de sus plantas infernales se hubiesen desprendido de sus flores y ahora se encontraran incrustándose salvajemente en mi cuerpo buscando atravesar mi corazón por completo. Mi alma volvió a aterrizar entre mis carnes y huesos pero la suya a penas pendía de su ser y parecía querer escapar a través de sus entre abiertos ojos. Nunca más se habló de la mudanza. Nunca más se habló de nada.

Con el tiempo todo fue cuestión de una sublime rutina y mi vida marital gozaba de lo que yo consideraba un pleno -pero aparentemente, según ustedes, enfermizo y preocupante- equilibrio. Inclusive empecé a disfrutar de los vicios de mi esposa pero seguía odiando esas flores.

Con lo que respecta a mi vida personal esta no se vio muy demacrada por la nueva postura totalmente ermitaña de mi mujer ni por el extraño semblante que desarrollé al verme inmerso en él, puesto que aún cuando todos en el pueblo me conocían pocos eran los que en realidad me estimaban y a los que yo correspondía. Mis recorridos de casa al Port Valley y viceversa, vagar perdido en el bosque y cumplir las excentricidades herbolarias de mi mujer constituían toda mi existencia. No era una forma de vivir fascinante pero francamente era muy grata. Pero como lo único constante es la inconsistencia un día todo aquello se esfumó.

Me levanté, contrario a mi costumbre, a las nueve de la mañana debido a que la noche anterior no fui capaz ni de encontrar la entrada a mi casa ni de volver al pueblo, me había perdido mi cita con el sastre, la alacena estaba vacía, mi ropa de hacía algunas horas apiñada en un montón, el cielo completamente nublado pero la sensación de calor era aplastante y el olor...ese maldito olor a jazmines...ese día tenía un intensidad particular y quizá fue ello lo que me hizo caer en la cuenta de que la humedad de la casa causada por las plantas conjuntamente con el fúnebre clima nunca se había manifestado con más fuerza, contemplé las marcas y rajaduras horrorosas que provocaban en las paredes que cada mañana -aquella más que ninguna otra- me hacían pensar que la casa se vendría abajo y con ella nosotros, yo, mis problemas, mi mujer, yo, las plantas, su recuerdo, la desesperanza, mi mujer, las flores blancas, su locura, mi obsesión, quizá yo no, mi desgarro, el ático, su enfermedad, sí, mi mujer, su dolor, el redondo ventanal -y único indicio de vida humana en esta casa-, las hierbas, yo no, mi mujer, su presencia, la mentira constante, ella sí, las malditas flores blancas, sí, no, la chimenea, no, yo jamás, la chimenea, sí, ella siempre, la chimenea, la chimenea, la chimenea, ¡la chimenea!...Sin darme cuenta había atizado un fuego incontrolable arrojando a sus llamas todo cuanto encontraba a mi alcance, tan fuerte...sí, tan fuerte que incluso los pisos de piedra húmedos recibieron su incendiario calor agradecidos, las columnas, las alfombras y tapetes finos en otro tiempo y ahora recubiertos de moho se incendiaban frente a mis ojos, sus endemoniadas flores se consumían en cenizas tan feas que revelaban su esencia infernal, sí, todo entre humaredas negras, tan negras como mis nublados ojos que explotaban extasiados por la inminente liberación. Todo se oscureció. ¡Qué había hecho! "¡Querida!" le grité, subí casi asfixiándome por entre las escaleras que se derrumbaban bajo mis pies intentando llegar al ático "¡Hilda, perdóname, qué haré ahora!"

Empezaba a quedarme sin aire ni forma de volver a la entrada. Me recosté exhausto, ni siquiera reconocía en qué parte de mi propia casa me encontraba, las plantas ardiendo a mi alrededor dejando al descubierto paredes que en años no había visto, el rojo del fuego iba a consumir todo, incluyéndome a mí. Estaba ya resignado a mi final y al de mi angustia latente cuando entre mis últimos momentos de conciencia oí unas voces que se escuchaban cada vez más cerca y unos estrepitosos tremores, quise gritar pero no pude.

Desperté en este minúsculo cubículo, me tomó un momento recordar el porqué estaba allí y qué había ocurrido. Había un representante de la policía sentado esperando a que me despierte, una enfermera y detrás de la puerta un bombero del rudimentario equipo de emergencia que se formó después del primer incidente con las hogueras; todos ellos tenían preguntas para mí, si me encontraba bien, si podía respirar con normalidad, si logré salvar algo de valor, cómo inició el fuego, cuánto tiempo estuve atrapado...pero ninguna de esas preguntas les importaban tanto como el saber sobre el cadáver mal momificado y putrefacto de hacía más de un año que encontraron reposando sobre una cama de jazmines a medio quemar, el cadáver de mi esposa, Hilda.

Nunca disfruté del aroma de los jazmines. Y de jardinería en general tengo menos que conocimientos básicos y podía vivir con ello...me ayudaba a engañarme, aunque de alguna manera siempre supe hasta algún punto que lo que quemaba a diario en la chimenea no eran jazmines, si no amapolas blancas. No tiene caso seguir escondiéndolo. Qué puedo decirle, créame, el humo en ocasiones hasta me hacía verla de nuevo con vida y adormecía mi dolor, la culpa o peor aún el inexistente reproche que yo sentía por aquel día en rabia haberla matado; porque aunque usted no me lo crea yo amaba a mi esposa, mi Hilda ¿sabe que Hilda en Euskera significa muerta? ¡Qué sublime predestinación! y fue en su muerte cuando más la amé por eso la conservé conmigo, se ve incluso más hermosa sin vida, más calmada, menos loca, más mía y rodeada de sus plantas que acrecentaban su belleza dando el perfecto contraste entre la horrorosa vida y la exquisita muerte y ocultaban su olor majestuoso intolerable para el que aún rebosa de vida. Ese es mi secreto, he descubierto que los jazmines florecen mejor en presencia de un cadáver, se vuelven tan blancos como la carne inerte y más aromáticos para intentar anteponerse al para nada sórdido resplandor de la muerte como lo describen todos. Quizá por eso los conservaba a pesar de mi legítimo odio hacia ellos, me evocaban la divina superioridad de la muerte y como inevitablemente está ligada a la vida.

Con respecto a los demás desaparecidos en el bosque no sé nada, quizá mi humilde sedante casero llegó hasta ellos pero jamás me crucé con alguno de sus cuerpos adormitados y por ende no soy el espíritu que se me acusó de ser ni mucho menos me los he devorado, quizá el bosque sí come hombres después de todo. ¿Va a encerrarme de nuevo doctor? ¡Pero si estoy cuerdo, cuerdísimo doctor! ¡No puede mantenerme aquí por siempre, seguro Hilda me extraña! Bueno, déjeme aquí podrido, pero recuerde que si quiere cultivarlos recuerde que los jazmines florecen mejor en cualquier tierra siempre que se mantengan abrazados a la muerte.

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Meet the author

Alba Ferreyc Puede que algún día escriba algo cuya esencia realmente me guste. ¡Hola extrañas, extraños y extrañes! Creé esta cuenta para poder transmitir mis más atesorados pensamientos, ideas, interrogaciones, aflicciones e inclusive deseos en forma de algunos escritos. Espero algunos de ellos logren despertar en ustedes aquellas magníficas sensaciones que solo se pueden atestiguar leyendo. Este es un lugar seguro. Love AF TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ©Registro de Obras Literarias Inéditas ©Registro de derechos de autor en el extranjero

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Leonardo Nin Leonardo Nin
Hola. Excelente relato, muy tenebroso el final y con una explicación macabra, felicidades. Si quiere pues? Puedes entrar en mi perfil, donde encontraras historias que de te seguro te gustaran. Saludos de Venezuela.
May 06, 2021, 22:56

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    ¡Hola! Muchas gracias por leerme, aprecio mucho tu comentario y reseña. ¡Claro que me pasaré por tu perfil lo antes posible! May 07, 2021, 01:11
Adriana Barral Adriana Barral
Me gustó mucho tu cuento,sobre todo el giro inesperado en el final.
March 11, 2021, 23:35

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    ¡Muchas gracias por tu comentario! March 12, 2021, 01:13
Fred Trespalacios Fred Trespalacios
Te felicito por esta historia, tu estilo me recuerda mucho al de los escritores del boom latinoamericano, con descripciones sublimes y oraciones largas. Creo que ya te lo ha dicho, pero deberías hacer buen uso de los puntos y seguidos y las comas, ya que hace que las mismas oraciones se pierdan. Es mi única queja. Todo lo demás, me ha parecido exquisito de forma literaria. Te invito a pasar por mi perfil y seguir diversificando la lectura. Un saludo!!
February 23, 2021, 15:42

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    Gracias por tomarte el tiempo de leer mi escrito y brindarme tu apreciación. Seguiré trabajando para corregir ciertos aspectos de mi escritura. PD: Con gusto me pasaré por tu perfil. ¡Saludos! February 23, 2021, 15:50
Jancev Jancev
Pero que joya me he topado en las comunidades, ¡escribes increíble! Me gusta mucho como entretejes la historia entre lo cotidiano y banal que termina llevándonos a la locura y lo sórdido. Tienes muy buena escritura y fluidez, solo te aconsejaría utilizar más el punto y aparte porque hay párrafos demasiado largos que al leer toda su información de golpe resultan un poco abrumadores. Me ha fascinado el uso del idioma Euskera, pues yo también lo uso en una de mis historias y, ¡me ha parecido un plus espectacular! No me queda más que felicitarte. ¡Saludos!
February 23, 2021, 12:28

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    ¡Muchas gracias! Aprecio mucho tu comentario y valoración. De igual manera tomaré en cuenta tu recomendación para mis próximos escritos. ¡Saludos a la distancia! February 23, 2021, 12:41
Adriana Barral Adriana Barral
Muy atrapante,gracias.
February 13, 2021, 21:05

Oscar Fernandez Oscar Fernandez
Buaaahh!! Me ha enamorado la historia!!!! Me ha encantado todo, desde el principio hasta el final. Considero que tiene de todo, humor (al principio, con el tema de que el pueblo confunde al prota con un espíritu y tal, me pareció bastante gracioso xD), suspenso, misterio y un brutal final. Eso de que el protagonista hable directamente con nosotros es un gran acierto, ya que empatizas más con él y no te crees del todo ese final. F por Hilda btw xD. En cuanto a la narración, superbuena, muy fluida, se me ha hecho incluso corta la historia, mis dieces. ¡Gran trabajo! ¡Sigue así! x) PD: Vengo por el post de la Comunidad de Horror, me alegra mucho que brindes a la comunidad de estas historias tan magníficas!! Espero contar contigo para seguir dando vida a este género y aumentar las historias de esta comunidad ^^
February 13, 2021, 15:43

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    ¡Hola! Significa mucho para mí que te tomaras el tiempo de leer mi relato y el que le hayas hecho tan buen comentario me anima a seguir evolucionando en el género. Ik F por Hilda jaja ¡Gracias totales! Un abrazo a la distancia. February 13, 2021, 16:03
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