albaferreyc09 Alba Ferreyc

La vida de un artista está, y por mucho, llena de sin sabores. Algunos atribuyen dicha desgracia al constante abuso excesivo de sus sentidos para lograr crear su arte, otros a la incomprensión del mundo por el mismo y unos muchos, muy poco cuerdos, se empeñan en culpar al sistema por su carencia de repercusión en el medio; pero para Alejo Merilli estos 'sin sabores' tienen un nombre en concreto, Amarna, de cuya fortuita desaparición ahora él es un testigo clave. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


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El caso de Amarna Lettin

—Yo soy solo un pintor, o al menos solía serlo...En realidad, no puedo quejarme de mi trayectoria puesto que en todos los años que llevo en sociedad he gozado de un casi constante éxito. De hecho llegué a ser tan reconocido en mi medio que eventualmente dicho territorio se me quedó chico y naturalmente siendo yo un ambicioso joven prodigio en las artes de la representación gráfica con a penas veintidós años no le vi el menor sentido a seguir permaneciendo en mi ciudad natal; a pesar de que, y debo confesarle su señoría, nunca se había centrado del todo y con firmeza en mí la idea de en realidad abandonar el modesto y reconocido terruño que me vio nacer. Mis casi amenazas de dejar la casa familiar y enrumbarme al extranjero eran solo una técnica a la que yo recurría cada vez que mi caprichosa e inconstante madre irrumpía, reclamándome por alguna u otra irresponsabilidad de mi parte para con mis deberes como su hijo, en la tranquilidad de mi modesto pero grandioso estudio en el cual, como le podrán asegurar todos mis allegados, me enclaustro durante días si lo veo necesario. Y es que a pesar de ser siempre alabado y reverenciado por mi trabajo hasta en los sectores más altos de la sociedad ella parecía encontrar la manera de mostrarse insatisfecha, ni la abundancia de mis finanzas, las invitaciones prestigiosas o mis amistades influyentes parecían saciarla ni mucho menos sorprenderla lo cual es más comprensible de lo que usted cree y se resume a que ella nunca estuvo de acuerdo con que yo dejase de lado la escuela de medicina para revestir el resto de mi vida entre óleos, lienzos, selladores y pinceles, así que no me tomo su enojo por mi satisfactoria carrera artística como algo personal. Mi vida era buena en todo caso, muy amena y colmada de ciertos excesos y distracciones de los cuales gozaba en mis días libres cuando no me encontraba creando con 'inspiration sauvage' lo que sería mi próxima gran 'chef-d'œuvre', retratando a algún noble o realizando algún encargo a alguien de mi tan variada clientela porque al contrario de mis contemporáneos, amigos y colegas artistas no soy partidario de la idea de que solo el recurso monetario nos abre las puertas a la maravilla del arte. Por ello valorizaba mi trabajo de acuerdo a los ingresos de mi cliente y proponía un precio que yo considerara justo por cada encargo y que fuese acorde a su economía, en efecto, tenía una larga fila de espera que solicitaba mis servicios, desde la aristocracia hasta el clero, los barrios burgueses y la clase media, por lo cual no habría motivo alguno para acusarme de llevar una vida de llena descontrol y adicciones ya que mi tiempo libre es sumamente escaso y en consecuencia mi libertinaje también. Es así que no tengo más que decirle a usted su señoría, a su renombrado jurado y a la audiencia presente —Las palabras de Alejo Merilli no acababan aún de resonar entre las cuatro paredes de juzgado cuando el juez replicó.

—¿Afirma usted entonces no haber tenido planes de realizar un repentino viaje al extranjero? —preguntó firme.

—Absolutamente ninguno como ya lo he indicado.

—¿Niega a su vez ser un consumidor y activo comprador de opio?

—Oh no su señoría, mis pocos exabruptos se remiten únicamente al consumo de alcohol y en una sola ocasión estupefacientes pertenecientes a un antiguo amigo que se encontraba de visita en mi casa los cuales confundí con aspirinas. Y de todos modos ¿a qué se da esa pregunta?

—¿No fuma entonces? —Dicha pregunta estaba notoriamente llena de incredulidad.

—Ni siquiera tabaco, tengo una terrible condición asmática.

—Ha sido un discurso bastante detallado —dijo el juez con su ironía característica y el poco convencimiento tan usualmente encontrado en los de su distinguida clase—: considerando que mi pregunta inicial solo consistía en que identifique si se encontraba en la ciudad la noche del seis del mes pasado y no en la historia de su vida y cómo abusa de los excesos en sus momentos de relajo señor Merilli —culminó con una mirada cruda y áspera que complementaba a la perfección el semblante señorial y académico de un hombre de más de sesenta años.


La audiencia rio.


—He preferido explicarme concretamente y con eficacia para no retener más minutos de los necesarios de su sagrado tiempo -acotó con rapidez y malicia el joven de profundos ojos grises cristalinos.

—Y aún así -retomó su señoría llevándose un pañuelo blanco de seda a la comisura de sus labios como si quisiera limpiar gotas de salsa que se hubieran rebalsado de entre sus labios—: no ha mencionado nada con respecto al fatídico asunto que nos reúne a todos esta corte el día de hoy.


El joven no dijo nada, parecía absorto en los movimientos tan innecesariamente elegantes del juez que hasta rozaban la ridiculez; dicha idea le dibujó una leve sonrisa en el rostro puesto que su señoría era la prueba viviente de que aún existía un sector de la población que se rehusaba a adoptar los modales modernos mientras se aferraba a la idea de que aquellos gestos casi victorianos aún se mantenían vigentes. «La desgracia de envejecer» Pensó.


—Señor Merilli —dijo tranquilamente el juez.

—¿Su señoría? —replicó Alejo saliendo bruscamente de su ensimismamiento precoz.

—¿Sería usted tan amable de explicar ante el juzgado qué relación tenía usted con la joven?

—¿A quién exactamente se refiere usted? Podría identificar ante la corte la naturaleza de muchas relaciones que he mantenido en el pasado o que inclusive se encuentran vigentes con muchas señoritas —replicó con una voz melódica—: lo cual me temo no sería mucho de su agrado si me permite afirmar.


Sus palabras estaban acompañadas de una picardía embelesadora que provocó unos cuantos suspiros como risas entre la audiencia porque era conocimiento de todos los presentes que la hermosa hija menor del juez había mantenido una relación que de platónica pasó a ser clandestina con el atrayente joven pintor, la cual había causado gran revuelo entre la familia del anciano juez y sus muchos allegados cuando la muchacha se apareció en una de las exposiciones privadas de Merilli llevando nada más que sus enaguas mientras proclamaba su eterno amor a Alejo a causa de haber tomado más aguardiente de lo que podía asimilar.


Dicha intención no pasó desapercibida por su señoría quien rápidamente reaccionó de la manera más profesional que pudo.


—Eso no será necesario, me trae sin cuidados sus incontables pretensiones románticas —dijo recordando el terrible y bochornoso incidente del cual no pudieron impedir la divulgación ni comprando el silencio de los asistentes a aquella modesta gala—: y me permito recordar al juzgado y a la audiencia el verdadero y serio motivo por el cual se realiza este juicio —dijo de manera tan tajante que todo pareció estremecerse a su alrededor.

—Mis disculpas su señoría.

—Si es cierto lo que dice de no querer desperdiciar mi valioso tiempo —Continúo despectiva e impacientemente—: nos ahorraría a todos una gran molestia si fuera capaz de declarar acerca de la desaparición de la joven Amarna Lettin.


Su apuesto rostro cobró una dolorosa expresión.


—No sé cómo podría empezar a hablar de ella —Sus lamentos se reprimían fuertemente en su interior pero esos intensos ojos cristalizados los desmentían.

—Puede empezar contándole al jurado cuál era su relación con la señorita Lettin.


Alejo Merilli dio un repaso a toda la sala con tus fulminantes ojos grises, dio lo que pareció una calada pausada e intensa de aire y prosiguió.


—Si quiere que hable de Amarna, permítame usted entonces abusar del tiempo disponible en esta sesión para contar la historia desde el principio —dijo el joven con un aire tan romántico y lastimero que inclusive logró conmover al juez en sus adentros quien, aunque lo negase agriamente, reconocía mucho de su persona cuando se encontraba en sus años mozos en aquel joven alto, pelinegro de profunda mirada, carisma innato y porte admirablemente correcto.

—Puede comenzar su declaración entonces —dijo finalmente tras unos segundos de trance que bastaron para llevarlo a su pasado porque logró reconocer en esa mirada gélida del muchacho la misma consternación que él alguna vez había irradiado cuando su mente era ocupada por la viva imagen del amor de su vida -le prometo no será interrumpido más que para alguna pregunta ocasional si el juez lo cree relevante.

—De acuerdo -las manos claras, alargadas y bien conservadas, a pesar de su constante y arduo trabajo, del joven se introdujeron una en el costado derecho de su frac de corte clásico mientras la otra sujetaba el extremo de la prenda sacando de un bolsillo interno lo que en aquel instante todo percibieron como una fotografía tomada con un rollo de cámara muy antigua.


Lo miró fijamente unos instantes y acto seguido tragó saliva, respiró pacíficamente y empezó su relato.

Feb. 8, 2021, 5:02 p.m. 5 Report Embed Follow story
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Giles Le Coste Giles Le Coste
Me gustó, sin embargo tengo dos pequeños apuntes, el primero en el primer párrafo es demaciado largo habrías de dividirlo con algun espacio en medio y en los diálogos quedaría más visual si también hubiera al menos una línea de separación.
March 25, 2021, 12:59

  • Alba Ferreyc Alba Ferreyc
    Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi historia. Tomaré tu recomendación en cuenta cuando realice la próxima corrección a este escrito. ¡Saludos a la distancia! March 25, 2021, 14:22
Adriana Barral Adriana Barral
Me gustó.
February 13, 2021, 18:05

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