ivan2veces Ivan Amézquita

El secreto mayor guardado de una sociedad para el control social desde los aspectos espirituales se ve socavado por una serie de extraños sucesos en el Club de viviendas Buena Vista. Beller, una investigadora encargada de resolver crímenes relacionados a eventos paranormales y sus compañeros de sección, deberán asumir el caso en el que Jerónimo, un adolescente que habitaba el condominio, asesinó a sangre fría a 10 de sus compañeros en el instituto donde estudiaba, manifestando haber sido víctima de una posesión al momento de perpetrar la masacre.


Horror All public.
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El Padre Carmesí

‘’Camino Pretérito’’ un libro de tapa roja con una cubierta tejida al centro de sus páginas en cuerda de cáñamo, engrosando el cuerpo del libro cerrado. El rojo desvanecido sobre un material que imitaba al cuero con que se envolvían los escritos de la catedral central en la ciudad. A su lado, cubierto de una leve capa de moho, se encontraba ‘’La Provocación’’ y a diferencia de su acompañante sobre la mesa, su color era entre el marrón corroído y el verde por la humedad que lo consumía de a pocos en el tiempo, de estar escondido de los lectores equivocados. Ambos ejemplares emanaban un olor impregnado a yerbas aromáticas. El padre Víctor observaba con desasosiego las escrituras a su frente, de pie y sin tan si quiera desviar su mirada salvo saltar ambos ojos en total sincronía con el avanzar de las manecillas de un corpuloso reloj de madera que se erguía en la sala principal del hogar de la familia Hernández. En silencio e indeciso apretaba con la yema de sus dedos, el labio inferior de su boca, al punto de maltratarlo con la fuerza que bajo el estado de ansiedad, ignoraba la presión que ejercía sobre ellos.

–Ouch!

Una gota de sangre le quedó en el dedo, corrida por el mismo apretón, que al visualizarla de inmediato ya esta se encontraba agarrada a la piel de sus manos, que ni al pasarla por sus prendas eclesiásticas esta no desaparecía. Dobló el labio lastimado al interior de su boca, y el sabor de la sangre lo hizo poner sus ojos con total quietud sobre ‘’La Provocación’’

-Padre, ha vuelto a despertar, esta vez… esta vez sí creo que se trata de Jerónimo… me ha pedido un poco de Agua… ¿padre? ¿Qué le ha pasado, está sangrando?

La voz de la Sra Hernández había despertado a Víctor de un trance a regañadientes, un trance de pánico y dudas que lo tuvo posado en total desolación frente a la mesa por más de media hora. Con el labio aún siendo saboreado, observó entre la pobre luz amarilla de cada lámpara distribuida con gran distancia una de las otras a la Madre de Jerónimo, quien con la mirada a punto de perderse en el cansancio le arrojaba una lágrima más de esperanza al padre.

-Debo hacer algo Sra Hernández antes de subir nuevamente… debo hacerlo…lo de mi labio… no es nada.

Con la voz entrecortada e inteligible sin terminar de desarrollar lo que quería decir, el padre Víctor levanta con total rapidez ambas piezas sobre la mesa, y las deposita en un corrugado maletín que tenía junto a sus pies. La madre solo evade la actitud y la herida del sacerdote apremiada por la buena noticia sobre su hijo.

-Mi hijo está despierto ¿no es eso una buena señal Padre? ¿No es eso algo de esperanza? Hace dos días que no estaba lúcido… sé que es el… es mi hijo hablándome padre…

Víctor camina sin contratiempos hacia la puerta principal de la sala mientras la madre de Jerónimo discute al aire de manera temprana la lucidez con la que su hijo se le había comunicado. En la sala se levantaban ventanales de suelo a techo, y a su fondo el césped se desvanecía a la oscuridad, abrazados de los pequeños destellos que las bombillas del interior emanaban. No había tan si quiera un solo punto acompañante de luz a las afueras, la casa tenía vecinos bastantes apartados, propicio en un vecindario en el cuál cada habitante, había decidido vivir allí por la privacidad que la distribución de los terrenos ejercía. Sobre un camino acompañado de robles viejos, se abría paso la entrada a los aposentos de la familia Hernández, Víctor lo transitaba luego de incluso dejar la puerta abierta por el afán que se le gestaba de manera creciente en el cuerpo.

-¿Le dijiste que nuestro Jerónimo ha hablado? ¿Para dónde se está yendo?

Interrumpió el Sr Hernández, mientras bajaba las escaleras y se apresuraba a tomar a su esposa por la espalda, juntos viendo al padre Víctor perderse entre las sombras del camino frontal.

-¡¿Padre Víctor?!

Lanzaba a toda garganta una y otra vez el agotado padre de Jerónimo, que convencidos de no abandonar a su hijo ni en un solo instante de la situación, intentó alcanzarlo con pasos alargados a su caminar común, persiguiendo un nombre que el mismo gritaba, moviéndose nada más hasta la frontera entre la luz y la oscuridad al frente de su casa, para encontrarse detenido preguntándose a sus adentros si es que habían sido abandonados.

-Dijo que tenía que hacerlo… él regresará, lo sé, entra a casa, no dejes a nuestro hijo solo en el cuarto!

Reclamaba su esposa, quien con su rostro en total pausa, derramaba una que otra lágrima sin ser secadas, libres escurrían y se sumaban al húmedo bordado del cuello de su pijama. La pareja decide ingresar tomados de sus brazos con pasos resignados, ya con la cólera que precede al caos cada pie se pone de manera lenta sobre el suelo uno tras otro, ambos no querían estar más ahí, pero tenían que hacerlo. Unos pasos se desenrollaron por la escalera, a cuatro patas las uñas de lo que al parecer podría ser un perro de raza gigante punzaban la madera a cada paso, el sonido de la corrida cuesta abajo de la bestia se detuvo justo al último escalón. Los Señores Hernández con una asfixia secante observan que a la luz de la subida solo se desprende su halo de centello unos pocos centímetros, y se pierde en lo que parece ser una mancha negra que repele cualquier forma de alumbrado, observarla fijamente era ver al infinito en un estrecho espacio, como si el universo se hubiera desgarrado en esa parte de la casa. El silencio del encuentro se altera con un ataque de risa de Jerónimo, que distante al lugar de la presencia oscura llega pálido su eco al piso de abajo, escondiéndose una tos agonizante tras cada carcajada en cada rincón de la vivienda.

Víctor saca de su maletín dinero arrugado para pagar una botella de agua, tiene gotas de sudor que no deciden a bajar su rostro, si no quedarse ahí supuradas en cada poro, empañando de angustia el gesto absorto de su mirada, mientras se comunica sin sostener sus ojos hacia el tendero de la estación de gasolina donde se encuentra, quien indiferente solo ignora la actitud del padre. Le había tomado una hora de caminata entre carreteras terciarias salir a la vía principal para buscar un teléfono público. Mientras engulle atragantado la botella, ingresa a la cabina, el sudor de sus manos le dificultan explorar el interior de su equipaje para sacar tan solo un pedazo de papel deteriorado, que al contacto con la humedad de cada uno de sus dedos toma la textura de una servilleta mojada, a punto de deshacerse entre su empuñadora, la abre y secándose las manos con desesperación en su atuendo para evitar romper el número anotado, marca cada dígito, haciendo un ejercicio forzado de autocontrol con su respiración, a la espera de ser escuchado a quien atienda al otro lado de la línea con la mayor claridad.

-Hola?... Soy el padre Víctor…

Mientras volvía y se apretaba el labio inferior sin preocuparse de la herida ya existente, una voz solo unos segundos después al vacío de interferencia que precede el fin del tono de espera, contestaba pacífica, deslizando cada palabra con total tranquilidad.

-Lo sé, cálmate, quiero que te tomes el tiempo de respirar, vamos ¿qué ha pasado estos días con el chico?

-No ha funcionado nada… nada de nada… lo he intentado todo… he decidido por comenzar con ‘’La provocación’’ Sólo debo saber si… si debo volver a buscarte o tan…

-Descuida

Cortando el mensaje del padre Víctor, la voz opta por interrumpirlo otra vez relajada, con un ‘’descuida’’ que tornaba un aura de respeto, que no bastó decir algo más al respecto para que el padre encerrado en la cabina decidiera solo callar y esperar lo que fuera necesario en la línea.

-Solo debes saber, que si funciona nada se arreglará, pero yo lo sabré, no vas a tener que volverme a llamar, ya solo deberías esperarme. Si no funciona, que tu Dios se apiade de ti padre, y de la atormentada familia.

-Pero… pero debo saber si…

Antes de terminar de cuestionar la veracidad de lo que acababa de escuchar, siempre con un tono de respeto ante la voz que lo atendía, la llamada se corta, terminada de inmediato por quien la había contestado. Unos segundos con el teléfono aún puesto en su oreja le tomaron para entender que ya había escuchado lo que necesitaba, pero sin aceptarlo del todo, cuelga con rabia acompañando la apertura de la cabina con tropiezos, que le cuestan el equilibrio y dejar caer el maletín sobre la acera, esparciendo su contenido, solo para encontrarse participante de una maroma del destino, en broma, con el libro corroído más llamativo ahora que en el pasado de entre todas las cosas que se encontraban desordenadas en el suelo. Tomó ‘’La Provocación’’ con sutileza, e ignorando el resto de su equipaje se levanta sin quitarle la mirada al libro, su mente comienza a colisionar con fragmentos que se quedaron en la casualidad alguna vez en su vida, la niña Mariana, que en un fallido intento de exorcismo siete años atrás, bajo el custodio del Padre Alberto, encargado de la catedral nombrado para aquella época, reventó las cadenas de la silla donde se encontraba y juntando las manos sobre el cuello de su madre, la asfixio hasta la muerte, sin poder hacer nada la conjugación de la fuerza del Padre y sus ayudantes en ese momento para detenerla, un escándalo que bajo la presión de la situación actual, servía de incentivo a tomar cualquier medida para cuidar que las cosas debían salir bien a toda costa, porque en los siete años que había asumido la responsabilidad local de su iglesia, no le había pasado una cosa de estas, con una relación tan cercana a la pasada tragedia. Los recuerdos iban y venían aún sin soltar el ejemplar de su mano, levantaba la mirada hacia la calle buscando una aprobación más de las circunstancias, se reencarnó en pensamientos al Padre Víctor de hace tan solo un mes, que se acercó de visita un colega suyo, el Padre Abraham, que pertenecía a una sociedad de ordenamientos de eventos religiosos, que iban y venían a lo largo del país frecuentando las iglesias de cada región a vísperas de cada fiesta, solo que el anteceder a su visita no había nada en el calendario que representara una celebración importante para contar con su presencia.

Lo había recibido en el comedor del templo, cenaron con personal que trabajaba en el lugar y entendió que había algo que debía oír, cuando poco a poco se iban despidiendo los comensales y Abraham en el marco de los saludos antes de partir cada individuo, le lanzaba una mirada secreta entre los que se iban marchando y los que se iban quedando, Víctor sabía que debían quedarse a solas, entonces confabuló que destapar un vino de su colección privada hurgaría en el compromiso de los presentes para con sus labores al día siguiente y decidirían abandonar el lugar lo más pronto posible, estrategia efectiva cuando todos los presentes se negaron a una copa excepto el visitante. Entrada la comodidad del dúo de colegas llenando sus copas varias veces, Víctor se tomaba a la ligera las vueltas que daba su compañero para esbozar por lo menos un titular de lo que tenía para decirle, sentía que fuese lo que fuese, no sería algo tan denso como para preocuparse. Abraham se levantó de la silla, un tipo delgado de barba abundante, y como antesala un suspiro antes de beber por completo el contenido de la copa recién servida.

-Quiero darte algo Víctor, algo por los años que pasamos juntos estudiando, porque eres mi amigo, algo porque es necesario que lo tengas.

Con otro suspiro Abraham camina lentamente hacia su equipaje, que se encontraba aún reposado a un lado de la sala de comidas, no había tan si quiera descargado nada de él, precisaba al parecer primero sacar parte de su contenido y compartirlo con Víctor antes que cualquier cosa. Se detuvo e introdujo sus manos en el equipaje, tras una pequeña pausa con su mano escarbando la maleta, sujeta algo que hace que todo su cuerpo se detenga, y aún con sus brazos sumergidos en sus pertenencias, levanta el rostro y le lanza una sonrisa a su compañero de copas, quien le responde con una sonrisa casual. Saca dos extraños bloques envueltos en un viejo trapo cada uno. Mientras se dirige a la mesa sin desdibujar su extraña expresión de orgullo y felicidad del rostro empuñando los obsequios, comienza a soltar el aire de otro suspiro escondido antes de las palabras.

-Hace 5 años conocí a un sujeto… Estaba participando en una brigada de apoyo para eventos de la Semana Santa muy al sur de Argentina. El hombre andaba bajo un sello parroquial que nunca antes había visto en mi tiempo de trabajo. Al parecer, hay secciones de nuestra iglesia a nivel interno que se vale de lazos externos para la eficacia de nuestro trabajo Víctor, no es un misterio para nadie que algunas cosas funcionan en verdad por esta suerte de articulaciones, lo interesante viene después de esta pregunta… ¿Cuál es nuestro trabajo Víctor?

Levantando uno por uno sus dedos y volviéndolos hacia la copa que sostenía, Víctor entrecierra los ojos y se echa a reír, por un momento se había convencido que los obsequios podrían ser algo obsceno de parte de su colega muy común por su parte al pasar tantos años codeándose con los altos cargos de la iglesia, pero se detuvo para confiar en su viejo amigo y explicarse así mismo que él no era esa clase de persona. Entre risas le contestaba cosas varias haciendo alusión a que esa pregunta era muy de cuándo recién habían terminado sus estudios y habían salido al mundo a representar a la iglesia del santo padre, Abraham sin quitar la expresión de secretismo y picardía solo daba sorbos de una copa nuevamente servida.

-jajaja, un tipo que conociste en Argentina, secciones ocultas en la iglesia, dos artilugios de regalo que no tienen buen aspecto envueltos en esos trapos y… ¿Cuál es nuestro trabajo? Vamos Abraham, tampoco te has tomado tantas copas…

Mientras Víctor se agraciaba de la extraña actitud de su compañero, este tras un sorbo de vino y un suspiro decide desenvolver los artefactos. Lentamente retira el trapo de cada uno, los trapos en su cara interior envuelta hacia los objetos, tenían una serie de símbolos similares a los de mitología nórdica, que cubrían todo el espacio, dibujados de manera grotesca sin cuidar la estética del trazo. La sala del comedor principal donde se encontraban los viejos amigos, se extendía lo suficiente para que en la sola mesa que había, pudieran comer hasta 20 personas. El gran salón junto con el extenso comedor se vieron reducidos por un aura moribunda, casi que la luz parecía querer disiparse y ser devorada por su ausencia, acompañado de un olor a Sándalo y algunas otras hierbas difíciles de identificar, era tan fuerte que el aroma del vino huía a lo imperceptible. El padre anfitrión sintió una baja en la temperatura, y ahora reflexionando con el libro en sus manos en medio de la situación de la familia Hernández, juraría que escuchó algunos susurros que decidió ignorar en ese momento atribuyéndole a modo de sugestión lo que las copas y su misterioso amigo había logrado. Abraham terminó de desenvolver el libro rojo y siguiente, quitando su expresión de orgullo, desapareciendo su sonrisa y con una leve seriedad excitada, retira el trapo de ‘’La Provocación’’ El shock sugestivo de lo que en conjunto estaba pasando hizo recuperar la compostura a Víctor, este sintiendo que algo importante tenía su colega para decirle y no lo estaba tomando en serio, le hizo quedarse en silencio nada más estudiando el ritual que se había creado al destapar los ‘obsequios’

-¿Cuál es nuestro trabajo Víctor?

Con una mirada ya espectral, Abraham vuelve a preguntar varias veces y haciéndose énfasis en lo importante de su respuesta. La constancia y ya la postura de su compañero contagian a Víctor de una curiosidad inconmensurable, el vino comenzó a entrar más amargo que de costumbre porque la respuesta para esa pregunta, tal vez debía estar acompañada de una introducción filosófica sobre su trabajo, y le daba algo de incomodidad encontrar las palabras para no sentirse vacío al responderla.

-Pues… nuestro trabajo de siempre Abraham… el de siempre… que es… es llevar la palabra del santo padre al mundo, predicar, acompañar y asistir ante los males y carencias espirituales de las comunidades… representar bien la iglesia… qué se yo viejo, la verdad hace muchos años que no lo siento ¿Sabes? Siento que ya no me escucha pero sigo ahí, repitiendo una y otra vez las palabras, cumpliendo con mi trabajo… Pero ahora sí, ¿qué está pasando? ¿Qué son esos libros? Por qué me preguntas sobre nuestro trabajo…

-¿Crees que ya no te escucha? Tal vez debamos ejercer nuestro derecho a la palabra y espiritualidad de otra manera. Quiero que sepas que lo que vas a escuchar de mí en este instante es solo un acercamiento, es solo una pequeña introducción, tú vas a tener que entenderlo viejo amigo, ¿Te acuerdas de nuestras clases sobre posesión y exorcismos?

Víctor lo observa y lo escudriña con su mirada, desconfiando de esta nueva pregunta solo asiente levemente con la cabeza y solo deja escapar muy pocas palabras, entre ellas dando a entender a su amigo que hace mucho tiempo había hecho un trato con su propia vida, y era que las manifestaciones de ese tipo pertenecían a un nivel de falta de espiritualidad pero no de una presencia como tal en posesión, creía ahora que el mal se manifestaba de otras maneras junto con las situaciones como las de su país, sumergido en una guerra económica, todo ello, para Víctor, era la verdadera encarnación del mal. Abraham no se detiene y vuelve a dibujar esa sonrisa ya incómoda en su rostro.

-Exacto viejo amigo, voy a hacer un pequeño paréntesis en lo que quiero contarte, para darte el ‘’por qué’’ a ti (hace muchos años estaba estudiando y creía que el mal tiene otro tipo de encarnación a la folclórica de las posesiones y demás, la cosa es, cómo demuestras que una situación es el mal como tal si no va a ser un gobierno vociferando cosas infernales en otras lenguas? Vomitando y trepándose por las paredes?) … entonces pensé en ti, que siempre teorizaste que el mal se encarna en las sociedades para definir situaciones, una teoría que más que suponer por pura fé, se puede hallar cierta, porque el mal tiene sus escalones, y el show de impacto para entretenernos, son esos pequeños conflictos en nuestra comunidad, cuando vas y lanzas agua bendita y dices unas cuántas oraciones para expulsar un entre comillas ‘’demonio’’ ¿pero y si hay un plan mayor sucediendo? No el destino de Dios para todos quienes decidimos seguirlo, sino un plan secreto indiferente a nosotros porque gran parte de esos sucesos nos mantienen sesgados a nosotros mismos de lo que en su magnitud representa? Por decir, mañana hago una oración para librar de las malas cosas la casa de la señora más devota a tu iglesia… Tal vez no creas… aquí se viene lo interesante… pero sí estuvo poseída, o maldecida como quieras llamarlo, solo hay que aclararnos que si existió ‘el mal’ en esa situación y que nuestra participación, es parte del guion para mantener ese equilibrio entre la comunidad, aún así estará en otro momento y lugar, el peor jefe mal pagando a sus empleados, abusando de su poder, ejerciendo miseria… ¿cómo exorcizas eso? ¿Orando horas y horas en el templo? No! Hay que trascender y romper el libreto al que estamos acostumbrados, y entender que la guerra espiritual en nuestro mundo, está definiendo situaciones del mismo que no dimensionamos por andar jugando a la oración que limpia y acerca a Cristo, de que las fuerzas que en verdad están puliendo cada escaño de nuestra sociedad y espiritualidad conjunta, hacen parte de un enfrentamiento que se aleja de nuestra percepción, porque andamos interpretando el papel que este mismo sistema creó para nosotros, que se configuró así desde esas fuerzas que no entendemos para abordar nuestra fe. Pensé en ti Víctor, no solo porque haya vislumbrado un recuerdo de ti y lo que pensábamos en aquella época de estudiantes sobre que el mal en nuestro mundo sea lo que soporte en totalidad mi presencia en este momento, sino que tengo que advertirte, que quieras o no, vas a estar siendo partícipe de esto, y es tu decisión si decides ‘provocar’ tu papel en la historia y tomar al verdadero mal por el cuello, y hacer nuestro verdadero trabajo, valernos de nuestra espiritualidad para comenzar a cambiar al mundo, o si sigues interpretando el mismo papel y sigues siendo el cura tranquilo y querido de siempre en tu comunidad… ¿Sientes que ya no te escucha cuando le hablas? Te ofrezco que te acerques nuevamente, y que seas escuchado. ¿Por qué vas a ser parte quieras o no? Porque ya lo sabes en este momento y porque sé que algo va a pasar, y tu tendrás que decidir.

-Señor ¿Se encuentra bien?

Entre el rechinar al pavimento de los neumáticos de cada auto y camión que transitaban la avenida, Víctor sin mediar palabra ignora al tendero de la estación de gasolina, quien se encontraba a un par de metros suyo, entre sus brazos con un caja llena de implementos de aseo. Extrañado ya por la presencia del sacerdote que hace unos cuantos minutos había ingresado al establecimiento, ya esta vez pudo presenciar el estado eufórico desbordado sobre su piel. Descargó las cosas que llevaba consigo para sacar su celular y enseñarlo al extraño hombre con vestimentas eclesiásticas que al parecer estaba teniendo un pésimo momento. Había decidido interrumpir su turno para prestarle atención al afligido hombre, corriendo el cabello alborotado que tenía sobre el rostro para tomar familiaridad entre la interacción del momento.

-Podemos llamar a alguien si así lo desea… ¿Necesita ayuda padre?

-No, debo irme, todo está bien.

El padre seca el sudor que resiste a evaporarse de su frente y se moviliza para perderse una vez más en la oscuridad de la avenida, mientras Santiago el empleado de turno de la estación, lo ve sin intervención alguna previa a las palabras del sacerdote, guardando en su interior una sospecha que no se desvanece por la partida del extraño sacerdote, y lo deja indeciso ante la posibilidad de que si podría estar ocurriendo algo y que el sujeto tal vez no podía hablar de ello. Observó su celular varias veces mientras con duda lanzaba miradas hacia la avenida, buscando presencia entre las manchas lumínicas de cada auto que la conducían una razón para hacer una llamada y reportar lo que había visto.

El pavimento terminaba en un desvío adoquinado, que se incrustaba entre la vegetación de una cortina boscosa que dividía el condominio Buena Vista de las miradas ajenas al sector, un par de lámparas acompañaban el letrero tallado en madera sobre un arco en cemento, y cruzando bajo el, se extendían varios caminos entre el negro aún más profundo por el cobijo de las copas de los árboles, Víctor había decidido detenerse ahí tras abandonar la estación de gasolina, para escudriñar una vez más el libro que durante la caminata no había soltado ni un solo momento. Volvió a secar el exceso de sudor en sus manos y abrió ‘’La Provocación’’ el olor a yerbas no sucumbía al viento leve que intentaba pasar sus páginas sin el consentimiento de su actual lector. Murmuraba en una lectura rápida de repaso algunos escritos aleatorios, llegando a cada página puntualmente sabiendo que debía buscar, su mirada se desvió hacia el foco de las lámparas sobre él, para darse cuenta que el aura se encogía levemente ante la noche y que la brisa traía consigo el susurro de lo que inteligiblemente parecían varias voces. Retomaba su lectura de repaso fragmentada intercalándola con la búsqueda nerviosa de no saber qué esperar que se abalanzara sobre él desde la oscuridad a su alrededor en cualquier momento.

‘’La Provocación’’ Página 20, Capítulo ‘La astilla de Miguel’ 3er ítem

‘Entiéndase a la presencia, que no importa su índole, debe esta pertenecer a un movimiento, a una legión. Entiéndase que las reglas y las intenciones, están definidas por una forma de liderazgo, y yace sobre esta verdad, la forma en que su revelación deba ser provocada, porque solo en sueños saben lo que pensamos, y estando despiertos solo lo que nuestras emociones dicen. Aquel que posea la astilla de Miguel en su espiritualidad debe atenerse a conocer la verdad, la cual trae consecuencias de ser ignorada tanto como de ser aceptada. Aquel que lleve consigo la astilla de Miguel, debe prepararse a la distancia, porque es de las presencias neutrales en otros planos astrales, las que evocando la intención de provocar, ejercen partido sobre lo que está sucediendo, y serán en su omnipotencia la suerte que decidan ante la situación. Somos conductores, los peones que preceden al cataclismo de cada batalla. Somos quienes deciden abrir las puertas a la verdad. Somos conscientes de nuestro Dios interior, y como seres en su derecho por imagen y semejanza, creamos e influenciamos, creamos y destruimos.

· Desprenda de su cuerpo toda imagen, artilugio, líquido, vestimenta y artefacto para el tradicional proceso de liberación que se le ha exigido, o usted en su creencia ha decidido portar.

Los dedos vuelven a apretar el labio ya lastimado de Víctor, quien a susurros se dice así mismo que todo va a estar bien, y tras unos segundos descansando su equipaje incluido el libro sobre el suelo, se despoja de su collar en plata, con un crucifijo que le habían regalado recién heredó el liderazgo de la iglesia local. Se saca un par de anillos de los cuales uno cuenta con un grabado en hebreo que significaba su vocación a Dios, regalado por sus padres, el otro pertenecía a una chica que había conocido mientras realizaba sus estudios, y fue la última mujer por quien casi abandona su proyecto personal de realizarse como sacerdote. Cuando el clériman es desatado, Víctor siente por primera vez en toda la noche el aire entrar y repeler el calor corporal, y la calma se ve impregnada de un frío lúgubre a medida que el sudor de su cuerpo comienza a tomar contacto con los golpes del viento. Envuelve sus pertenencias en un paño especial que llevaba consigo y las pone al lado oscuro de una de las columnas del aro de cemento que sostiene las luces y el nombre del condominio, dejando consigo solo el maletín vacío para depositar el libro.

· Tome el centinela que envuelve al escrito, arrodillado y empuñando con ambas manos la prenda, encomiende su ser interior a la pureza de sus propios pensamientos. Recite una Oración común que le ayude a tener una cercanía con su espiritualidad, no importa de cuál se trate.

Levantando el maletín y sumergiendo sus manos para buscar desesperadamente el centinela, se da cuenta que la prenda se ha quedado al desenvolver los libros en casa de la Familia Hernández, o por lo menos eso era lo último que recordaba. Justo cuando sus manos se detuvieron de escarbar y se percató de lo que faltaba, unas risas a su alrededor acompañaron su decepción de lo que le estaba ocurriendo, que sin ser desencadenado por el miedo sino por un sentido de desafío que le comenzó a germinar en sus pensamientos, lanzó varios gritos maldiciendo a quien fuera el origen de cada una de los extraños ruidos.

Un pensamiento justificado por la falta de propiedades para seguir los pasos con exactitud pero aun así no detenerse, fue decirse así mismo en repetidas ocasiones que tal vez, empuñando el libro algo pudiera funcionar, lo toma con ambas manos y con una sensación de dolor atornillante en sus rodillas por la textura del adoquín, se enmienda con oraciones básicas de su conocimiento a su ser interior, a Dios y a quien le estuviese prestando atención. Para hacerlo a un nivel más íntimo, decide cerrar sus ojos y darle paso a la privatización de su instinto de seguridad, al no tener presente la visual de lo que sentía podría estar acechándolo desde el bosque. Los sonidos se agudizaron y entre el ruido del viento y los grillos apoderándose de sus sentidos, le costaba concentrarse en las palabras que quería recitar mentalmente para encontrarse en un momento espiritual. Una fuerza independiente a su voluntad, se adueñó de sus pensamientos, y por unos segundos entrecortados con otros recuerdos, visualizaba una mujer de vestimenta negra, con una piel blanca que a nivel poético brillaba como la luna llena, los ojos azules hacia él, ojos que traían una sensación de suprema seguridad y serenidad, su cabello a la altura de su cuello se movía lentamente, como si ella estuviera sumergida bajo el agua, Víctor abrió sus ojos para quejarse de la parafernalia que sucedía en su mente, preguntándose si la mujer que había aparecido entre el estrés interno que padecía su cabeza era alguien que alguna vez había conocido, solo para encontrarse sin ninguna respuesta. Unos quejidos similares al de un ave sonaron en el cielo, las rodillas maltratadas de Víctor se levantaron inmediatamente del suelo, y con su cabeza dirigida a la nada, el sacerdote buscaba el origen de los extraños sonidos. Enviaba miradas entre el azul oscuro y las estrellas, esperando toparse con alguna figura que interrumpiera el rayo de cada luz estelar hacia el suelo, y divisó tres figuras volando como aves de rapiña sobre el lugar en el que se encontraba, los quejidos de ave se desgarraban hacia el final del sonido dejando un lamento de voz femenina entre ellos. La oscuridad del manto era permisiva con quien decidiera surcarla, expandiéndose arriba de las tres extrañas figuras en un poco claro anochecer, que permitía ante la ausencia del alumbrado contaminante de las urbes del sector, visualizar unas entidades que ante el viento navegado, sus prendas se plegaban como si de cogullas negras se trataran. Entre la danza sobre el viento que sostenían las tres oscuras manchas en el cielo, lanzaban susurros que se plegaban sobre todo ruido hasta los oídos del padre, pidiendo a este en un tono desvanecido y espectral que se detuviera, una y otra vez, insistentemente, las voces le pedían que no continuara. Víctor había sido poseído por el desarrollo de los acontecimientos recientes a la Familia Hernández, de apoco, de un grado de valentía ante la persistente manifestación de sucesos fuera de todo entendimiento, y solo conservó su mirada en silencio hacía la tres cosas, que ante la aparente tranquilidad del sacerdote, decidieron retomaron su camino entre el viento. El padre las vio alejarse y perderse desde su ángulo visual, entre las copas de los árboles más altos, para percatarse de que en la dirección que habían volado quedaba la casa de la familia Hernández. Un inmediato sentido de responsabilidad y desesperación como avalancha le corrió por cada parte de su espalda, que lo empujó a voluntad contra la oscuridad de los caminos, a correr contra todo pronóstico por llegar lo más pronto posible a la vivienda de la atormentada familia.

-Habéis visto el rostro del padre madre? Pobre, pobre, pobre…su ausencia de fe es tan grande… grande, grande, grande madre, ¿Dónde te habéis metido padre? ¿Huyes de nosotros padre? No puedo verte desgraciado vendido…

La voz del adolescente arriba en su dormitorio al interior de la casa Hernández, había vuelto a cambiar. Su tono común de hijo único sobre cuidado se había perdido durante los recientes días, para darle paso a una estampida de voces agudas y graves, que intentar representarlas desgarraría la garganta del mejor imitador existente. Preguntaba por el sacerdote que se había marchado hace menos de una hora. El Sr Gerardo Hernández, su padre, se encontraba suspendido en el suelo tras el sillón de la sala principal, sujetando a su esposa, ambos dominados por el miedo de las cosas y ruidos que inexplicables se materializaban a su alrededor. Sobre la madera y un espacio estrecho del espaldar del inmueble contra la pared del recinto, se agachaban intentando protegerse de lo que por el momento solo se trataba de una especie de broma perturbadora. Ambos habían visto la figura de unos cuantos dos metros y medio que atrapaba la luz en sus bordes en los escalones que subían a los cuartos del segundo piso, y ello fue suficiente para resguardarse como niños pretendiendo en su inocencia que esconderse los mantendría a salvo. Las voces que parecían haber desaparecido hace poco más de una hora, habían regresado para burlarse y preguntarse por la presencia del padre. Los Srs Hernández no sabían cómo asumir esas palabras, luego de estar más de dos días escuchando lo que podría decirse las peores blasfemias en sus vidas, provenientes de su propio hijo. ‘’Es demasiado extraño esto Sr y Sra Hernández, quiero que por el tiempo que llevan conociéndome y compartiendo conmigo las labores de la iglesia, por la confianza que me tienen, que debemos guardar total discreción y secretismo por favor, primero porque la historia de nuestra parroquia no tiene un buen precedente con algo así y segundo porque tal vez tengan que presenciar algo de mi trabajo que ni yo he preparado una sola vez en mi vida, pero deben confiar en mí, deben guardar total discreción’’ Palabras que anonadado por el titular que le daban los padres de Jerónimo hace una semana atrás a Víctor, esbozaba el sacerdote al borde de un colapso nervioso por la información que le llegaba del pequeño Jerónimo. Palabras que la Sra Hernández recordaba entre los susurros para mantener la situación bajo control que emitía el Sr Gerardo, las recordaba con todo detalle, replicaba en sus pensamientos aquél día que tuvo que acercarse a la iglesia local por las cosas que venían sucediendo en su casa, suponiendo los días anteriores a la premisa de la situación de su hijo, que la actitud casi diaria del Sacerdote preguntando por la situación de la familia era parte de un plan mayor de Dios, y que este tal vez había sido comunicado en sus oraciones que debía protegerlos de todo mal.

Esa mañana se detuvieron en su auto frente a la iglesia, hace tan solo dos días anteriores habían participado de una culto especial el cual llevaban a cabo los más cercanos al Padre Víctor, entre ellos varios integrantes del Condominio Buena Vista, que de la ciudad, eran las personas con mejor situación económica pero también los más cercanos a la palabra del señor. El auto se detuvo por una media hora, el padre Víctor desde una ventana en su oficina, ante una sospecha de que se trataba de los Hernández y de que tal vez estaban esperando por alguien al interior de la iglesia decide bajar a encontrarlos. La Sra Hernández y su esposo se encuentran con el aire acondicionado apagado, un suceso de extraña índole los había hecho volcarse al auto sin pensar en nada más salvo llegar a la parroquia. Los ojos de ambos padres de familia, estaban cristalinos ante las lágrimas que se condensaban sin ser lloradas entre cada párpado, sus labios temblaban de frío en medio del calor sofocante al interior del carro. Unos tres golpes bastaron para que la ventanilla del auto bajara y se encontraran frente a frente con el sacerdote, quien al visualizar el estado de ambos feligreses entró en un estado de palidez inmediata, como si los desesperados padres de familia se hubiesen ahorrado explicar todo, todo lo que estaba ocurriendo en tan solo día y medio con su hijo Jerónimo, el sacerdote parecía desde la casualidad haber profetizado que algo pasaría, y ahora se le confirmaba con la sola expresión corporal de los padres al interior del auto. Con las manos aferradas al timón, el Sr Gerardo junto con su esposa dirigen lentamente la cara hacia la ventana, un gesto sincronizado que detenidamente fue manifestado en dúo para dejar en el silencio lo que las palabras no alcanzaban a expresar.

-Por favor, bajen del auto y sigan a la iglesia, estoy para escucharlos.

Afirmaba Víctor, con una voz entrecortada, una voz que se predisponía en su interior a raja tabla para sencillamente evitar lo inevitable. Al interior del templo se erguían paredes diagonales formando una iglesia en triángulo. Una serie de bancas largas unas tras de otras servían de ante sala a la mesa donde se llevaban a cabo las misas semanales, había por doquier el rastro del aroma a eucalipto, impregnado tras cada evento religioso realizado en esas instalaciones. El Sacerdote lanzaba incrédulo frases motivacionales, ensalzadas de una compostura rígida, casi que incómoda y verbalmente superficial para ahuyentar las visitas no deseadas. La pareja decide sentarse en la primera banca a unos pocos metros de la entrada sin alargar la marcha espantosa de arribar a horas fuera de culto.

-Padre… es Jerónimo... ¡Nuestro hijo! Hace una semana que venía comportándose de manera extraña… hace una semana que sospechamos también, no ha cerrado una sola vez sus ojos padre… creemos que nuestro pequeño Jerónimo ha sido atrapado por la maldad. Esta mañana cuando mi esposa ingresó a despertarle para ir al instituto, estaba este…estaba este… flotando en el aire… ¿cómo carajos hace eso? Creía mi esposa que era una broma… no hasta que de sopetón cayó a la cama nuevamente… ¡Padre! Estaba flotando sobre la cama padre… y cuando dejó de flotar, su rostro… su rostro estaba desfigurado… no era mi pequeño… no.

Desbordado ahora sí en llanto, terminaba de explicar lo sucedido el Sr Gerardo, quien por primera vez desde que ingresó al recinto parroquial, suelta del brazo a su esposa, para tomar de los hombros al padre Víctor, un gesto de súplica acompañó el estirar de sus brazos hacia al sacerdote, que interrumpido por la acción física de su feligrés, seguía en total silencio ante la situación, acercándolo para dar lugar a un abrazo de consuelo. La Sra Hernández se sumaba sin detención, propiciando así un momento de calma grupal, una calma que revivió la responsabilidad de liderazgo al sacerdote, para soltar sus primeras palabras de introducción a lo que sería abordar el caso como tal. Palabras que recordaba la Madre de Jerónimo mientras perecía de miedo y dolor antes las voces provenientes del cuarto de su hijo.

El camino hacia la casa del trágico evento en el condominio Buena Vista, se incrustaba entre los árboles de copa alta, una serie de aleatorias lámparas que dibujaban una que otra curva importante en medio de la total oscuridad se asomaban tras cada giro. Se venía haciendo cada vez más espeso el aire a respirar a medida que la vía se acercaba al hogar de los Hernández. Víctor reducía la marcha en los baches negros de manera que evitaba tropezar y caer mientras llevaba consigo el afán y preocupación de arrimar a su objetivo lo antes posible. No podía sacar de la lluvia de pensamientos las figuras que había visto surcar el cielo unos momentos atrás, ideas que le hacían bajar la velocidad a su correr para girar la cabeza una que otra vez hacia la cima de los árboles. Una luz parpadeando lo recibe imprevisto en la carretera, serpenteando en frenesí haciendo difícil visualizar el movimiento de lo que ahora se había postrado ahí a esperarlo, una manta de color oscuro cubría la figura encorvada de una criatura, que a nivel superior solo asomaba una pronunciada joroba junto con la forma de una cabeza, el Sacerdote detiene su marcha de insofacto. Una torpeza inculcada por el miedo ata sus pies al suelo y lo lanza al camino, recibiendo el suelo con su cara, aún bajo el ahogo del polvo levantado inclina sus manos con total rapidez al suelo, para ponerse de pie y buscar lo que ya no estaba ahí. La lámpara seguía parpadeando con menos avives, solo el sonido de la agitada respiración de Víctor y el corto circuito de la luz resonaban en ese punto, el Padre sabía que lo que había estado esperándolo ahí, era una de las tres figuras que lo habían abordado desde la distancia cuando se encontraba en la entrada al condominio. Algunos sonidos de ramas secas quebrajándose comenzaban a incursionar a su alrededor, un claro origen del ruido dejaba confirmado que lo que estuviese ahí entre los árboles estaba pisando la hojarasca, ya no estaba volando por los cielos, ahora estaba caminando en círculos, encerrándolo bajo una amenaza de no continuar con su recorrido, avisando en la agudeza de los ruidos cada vez más fuertes, que se estaba acercando. Entre el sabor atierra que le había quedado de la caída, y unos escupitajos de polvo espeso por la sangre de su boca, supera el fugaz dominio del susto repentino, y armado de valor dibuja un círculo con la punta de uno de sus pies a su alrededor, aprovechando que las calles por ahí, eran destapadas. El sentimiento de ‘’Ya sabía que algo como esto podría llegar a suceder’’ le da la confianza de tomar uno de sus dedos y como si de un pincel se tratara, lo moja con la sangre que brotaba de su labio inferior ya más lastimado que siempre. En la palma de su mano izquierda se dibuja un triángulo con una cruz en el medio, pasando el dedo entre la suciedad que había en ella. Al líquido rojizo le toma unos segundos secarse y compactarse con el rastro de la arena arcillosa. Ambas manos se encuentran envueltas en posición de rezo y apretada una a la otra con suficiente fuerza para que las uñas de una se clavaran levemente en la otra, el sacerdote lanza una plegaria percatándose de no abandonar el trazo sobre el suelo. Cerraba sus ojos entre abriendo un poco cada uno de ellos por la molestia del sudor sucio en tierra que descolgaba por sobre sus cejas, para sentir de tirón en sus pensamientos el tacto imaginario de la figura de la extraña mujer nuevamente, quien ahora parecía materializarse en su frente para provocar un sesgo sorpresivo por la luz de su piel, por el brillo de su mirada, estaba ahí otra vez, más vivido el oasis lumínico de su presencia que cuando sostuvo ‘’La provocación’’ entre sus manos. Las plegarias parecieron desaparecer del verbo de Víctor para contemplar sin mediar palabra la figura espectral que se suspendía unos cuantos centímetros del círculo. Los chasquidos a su alrededor comenzaron e precipitarse sobre él, pero la presencia brillante de la fémina redujo la respiración del Padre a un punto de profunda tranquilidad, que sostuvo a Víctor en un trance que pareció durar una eternidad. Perdido en su manifestación, los pasos comenzaban a rodearlo lo suficientemente cerca para que al fondo de la lámpara que nuevamente centellaba repetidamente, visualizara el manto que cubría a la criatura jorobada rodearlo con una rapidez que al parecer lo único que tocaba el suelo era su cogulla, se movía ignorando la existencia de la presencia al frente suyo. La mujer de piel como la Luna estira uno de sus brazos intentando agarrar el maletín, susurrando con una voz melódica palabras que inteligibles para el padre, parecía traerlo con más profundidad al infinito del momento. Una especie de cilindro invisible que se desprendía desde el círculo dibujado bajo sus pies, rompía el manto blanco de la mano de la mujer, que al parecer se trataba de una cubierta engañosa, que a medida que introducía más el brazo para agarrar el maletín, se desgarraba dando paso a un extremidad roja con unas pronunciadas garras de color negro. Con una mirada taciturna, Víctor observaba como la figura iba mutando a medida ingresaba a su espacio protegido.

-¡Noooooooo!

Gritó la figura que merodeaba a unos cuantos metros del Sacerdote, con una voz de anciana que se sofocaba ante una aparente desesperación de su parte, que dejaba en claro que ahora podía presenciar al brazo demoniaco que se materializaba lentamente a tomar el maletín, como si la figura de la ensoñada mujer solo fuese un caparazón de protección visual entre entidades. Un viento finalizado el grito de negación se alzó súbitamente desde el suelo, parecía que las corrientes de viento brotaran de la tierra, levantando tras de sí una cortina de polvo que desintegró la protección que había gestado el padre a su alrededor, desapareciendo por completo el círculo, pero la acción del aire había expandido la función del radio protector, para terminar de manifestar a cuerpo completo lo que al interior de la mujer de ojos azules se escondía. Había entre el polvo cayendo lentamente una presencia masculina, de piel roja como la sangre, la magia pacífica provocada por su engaño se arruinó repentinamente, su rostro más que dedicar a la situación una mirada tenebrosa y de poder, estaba detenido con sorpresa, mirando estupefacto cómo una fuerza ajena a su presencia le había arrebatado el momento. El sujeto de piel rojiza visualiza sobre el hombro del padre la figura encorvada envuelta en la cogulla. Y no duda en dirigirse a ella.

-Bruja…

La llama con una voz gruesa, sus ojos amarillos parecían tornarse en fuego expresando una condición de rabia. El padre aún desconcertado por haber sido despertado de un entre sueño, reacciona volteando ante la palabra pronunciada por la manifestación demoniaca, y se encuentra frente a frente con la presencia jorobada. Una sensación de supervivencia inmediata lo hizo entender que al acecho se encontraban dos entidades disputándose el libro que yacía hacia el interior de su maletín, lo cual lo hizo abrazar el equipaje y su contenido hacia su pecho, atrapado por un asfixiante ambiente de batalla, donde al parecer su aporte no era más que el de un estorbo. Una brisa nuevamente desde la parte posterior de la Bruja se alzó de improvisto, que a modo de látigo empujaron al demonio rojo a su espalda hacia la nada, desapareciendo en un abrir y cerrar de ojos, la fuerza del viento había borrado por completo el aura falsa que junto con la aparición de la mujer de ojos azules había quedado. Por primera vez el Sacerdote visualizaba a la bruja descubrir sus brazos entre la cogulla, unas manos delgadas se deslizaron hacia el maletín. Un tacto frío de lo que eran unas extremidades pálidas le intentaban arrebatar lo que apretaba a su torso, no entendía como la Bruja de características pobres en aspecto físico ejercía una fuerza descomunal, sentía que estaba forcejeando contra varios hombres por no perder su equipaje. No tuvo más remedio que abalanzar su cuerpo contrariamente hacia su espaldar, para soportar la lucha por el maletín con el peso que ejercía ese movimiento, solo para encontrarse ahora suspendido en el suelo con las manos ocupadas, sin poderse sujetar de nada. Estaba siendo arrastrado por la bruja al interior del bosque aledaño al camino, uno que otro gruñido de fuerza ilimitada lanzaba el Sacerdote. Su corazón latía descabelladamente, tanto que en la parafernalia de la situación actual, escuchaba en su garganta el palpitar cardiaco, cerrando de a pocos su garganta y haciéndolo tomar atragantado aire en medio de la disputa. La Bruja soltaba una de sus manos cada tanto para rasguñar los brazos de Víctor.

-Suéltalo… Suéltalo… Padre suéltalo…¡dámelo!

La voz seca de la bruja, con una forma de pronunciar a punto de quedarse sin la misma, insistía ferozmente en obtener el manuscrito. El aro de luz de la lámpara sobre una de las últimas curvas para llegar a casa de los Hernández, se perdía poco a poco atrás del forcejeo, sumergiendo la fuerza de la Bruja al par de individuos al interior del bosque. Las copas de los árboles para Víctor se fusionaban con el claro anochecer del cielo. La histeria del recorrido a rastras que lo tenía postrado al suelo no fue suficiente para que en medio de los rasguños que le propiciaba la entidad y de los golpes contra las raíces que su espalda encontraba, decidiera cerrar sus ojos nuevamente y pensar en el símbolo que había trazado sobre su mano, para ver si la figura masculina de piel roja acudía a su llamado, sentía que debía ganar más tiempo sobre un inevitable final, y era que a pesar de saber que el resultado siempre sería el de su existencia sucumbiendo ante el poder de cualquiera de ambas manifestaciones, por lo menos ganaría un poco más de tiempo para procesar un desenlace distinto en el que no perdiera el libro, ni su vida. El tiempo comenzó nuevamente a suspenderse, los nervios del Sacerdote colapsaron en inmediata paz, y una sensación similar a la de la presencia de la chica de ojos azules comenzó a tomar forma en su interior. Visualizó en la lentitud de los segundos unas pronunciaciones fluorescentes emanar entre las hojas caídas de los robles, las acompañó con un abrir de sus párpados lentamente, para presenciar que los tentáculos de luz, eran raíces que brotaban de la tierra y agarraban a la bruja de sus brazos. Al fondo se escondía el manto estelar, los árboles parecían acercarse y conglomerarse sobre la lucha por el libro, y cada roble desafiando toda explicación al momento, alargaban sus ramas para seguir sujetando a la figura envuelta en la cogulla. Unos quejidos se fusionaban al sonido de la madera rompiéndose. La entidad que quería arrebatarle el libro al Sacerdote se ve acaparada por una malla enramada que se tejía entre los árboles que le rodeaban para irla subiendo en una espiral hacia la parte superior del bosque, alejándola así del sacerdote. Los lamentos de la bruja se condensaron en un solo punto entre las copas de los árboles, Víctor asumía que lo que había tomado cartas en el asunto para ayudarle, había apresado a la figura jorobada entre las ramas para poder huir. Los árboles seguían emitiendo leves sonidos de madera quebrajándose, para dar lugar a una apertura entre los troncos erguidos en forma de jaula a un camino que se comenzaba a distinguir por la luz de la noche asomándose tras cada cima de roble que se hacía a un lado. Visualizó unas luces de vivienda al fondo del camino, la tierra y su naturaleza le estaban abriendo paso al Sacerdote para llegar directamente a la vivienda de la familia Hernández. Las raíces del suelo se recogieron hacia los lados creando así un camino limpio y fácil de pasar. El padre lo transita aun siendo clara la energía de ayuda que se sentía a sus cercanías con total discreción, sin soltar su equipaje, observando con respeto a cada árbol que a lo largo del camino al parecer le protegían de las adversidades de la noche mientras atrás suyo, quedaba el llanto de la bruja.

-¿Por qué vas a ser parte quieras o no? Porque ya lo sabes en este momento y porque sé que algo va a pasar, y tu tendrás que decidir…

Recordó las palabras de Abraham, aquel día junto al calor de unas copas de vino de su colección especial. La situación a medida traspasaba el bosque por el camino improvisado de robles no le impidió que su mente navegara nuevamente por tan particular conversación. Ignoraba sus prendas de vestir desgarradas por lo sucedido y las heridas provocadas por haber sido arrastrado entre la maleza. Los rasguños al contacto con el sudor y la suciedad de la tierra solo le ardían satisfactoriamente, un pequeño malestar cutáneo que le recordaba lo vivo que se encontraba en ese momento.

-Espera Abraham, creo que estoy en una especie de fantasía conspiranoica tuya.

-hahaha, me haces acordar a mi hace unos 5 años, incrédulo, escéptico…

-¿Escéptico? Viejo amigo, antes de asistir el templo de esta ciudad, había participado como investigador en algunos procesos post limpia y exorcismo. Sé lo que es una persona rompiendo todo lo que conocemos de la física para lograr mover las partes del cuerpo con semejante fuerza. He escuchado las grabaciones de voces, he visto las heridas que se provocan y las maneras en que adivinan cosas… créeme que de escéptico tengo solo cuando cuestionaba que esa no podría ser del todo la manifestación total del mal, ya te lo expliqué. Aunque a veces sentía que todo podría tratarse más de un problema psicológico que en verdad de alguna posesión… ya sabes, personas causándose esas penurias desde su propia mente…

-Exacto, es que creo no me has entendido amigo mío, no te llamo escéptico porque creas o no en las manifestaciones del mal. Te llamo así porque pareces no querer entender que el mal se manifiesta y confabula de muchas otras formas que en nuestro oficio, ignoramos por creer que tenemos el ‘’bien’’ de nuestra parte.

-Eso lo tengo entendido Abraham, me queda muy claro ello en todo lo que dices, solo que vamos, aún no entiendo a qué va toda esta conversación y tus extraños regalos al respecto. Me parece una pésima broma todo esto.

-Espera…

-Amigo, quiero que te detengas ya con esto, en serio que no vamos ni por la segunda botella de Vino y ya siento que te está afectando.

-Víctor…

El padre anfitrión cultivando un enojo de rápida creciente, sacudía su copa a la mitad servida al punto que algunas gotas se salían y salpicaban la mesa. Ni las manchas de las gotas escapadas impedían que un mal sabor se le acumulara a Víctor, quien seguía hablando subiendo el tono cada vez más de su voz mientras su Colega intentaba interrumpirlo para seguir desarrollando la idea de su visita.

-Que el mal si está pero que su manifestación tan física solo es un truco de las verdaderas fuerzas para controlar muchos aspectos de nuestra sociedad… ya lo había dicho mientras estudiábamos juntos pero solo era una teoría…

-Quiero que me termines de escuchar Víctor…

-Que conociste unas extrañas personas y ahora tu par de obsequios que de lejos huelen a objetos salidos de un negocio comercial de lectura de Tarot… apestan a yerbas aromatizantes Abraham… por favor…

-¿Conoces a los Sres. Hernández? Obviamente los conoces.

Víctor se detiene entre el intercambio ya molesto de palabras con su amigo. Escucharlo pronunciar el apellido de una de las familias más cercanas a su iglesia lo deja un tanto perplejo, tratando de descubrir alguna artimaña de parte de su colega para seguir enredándolo en tan incómoda broma, que ya a la altura de la noche, quedaba de muy mal aspecto para una persona de su calibre dentro de la institución católica. Se extrañaba que su visitante le estuviese preguntando sobre sus feligreses y con tanto ahínco haciendo énfasis en que él, ya sabía por quienes estaba nombrando. El padre anfitrión se predispone ante su colega, y dejando a un lado la espesura del ambiente desde la apertura de ambos obsequios se levanta de su silla retirando la botella de vino y ambas copas de la mesa.

-Espera Víctor, amigo mío...

Abraham persigue al ya incómodo Víctor hacia la despensa donde ocultas tras una tabla al interior de uno de los cajones, se encontraban varias bebidas de alta alcurnia almacenadas cuidadosamente para momentos especiales. Caminar desde el comedor hasta la cocina donde tenía el botín el padre anfitrión significó lanzar información sin más preámbulo y directa, a ver si así el colega visitante recuperaba la atención de su viejo amigo, quien ignorando ya con desprecio solo seguía a pasos desesperados el recorrido hasta el mesón al interior de la cocina, cuando estaba depositando las copas para lavarlas, Abraham sintió que no tenía de otra para no perder la comunicación con Víctor.

-‘’El Padre Carmesí’’

Así llamó Abraham a su colega mientras este lavaba las copas de cristal que estuvieron usando. Una de las copas se rompe entre las manos de Víctor por la presión que había ejercido sobre ellas. Ninguno de los trozos cortó su mano, pero si un coagulo emocional se le aprisionó en la nuca, levantando cada uno de sus bellos. El padre visitante había pronunciado un nombre que creía solo él sabía. Un apodo que nunca había tenido y solo una vez había leído, y este momento confirmaba que era un sobrenombre para él, que por más que intentó pensar quién se lo había puesto, nunca encontró una respuesta. Hace 7 años había encontrado escrito ‘’El Padre Carmesí’’ en una nota que había olvidado al paso del tiempo.

-¿Estás bien amigo mío? ¿No te cortaste?

-¿Por qué me llamas así?

-Ven, déjame yo te ayudo a levantar los trozos

-¡Ya basta Abraham! Suficiente, ¡¿Por qué me has llamado así?!

Víctor empuña la esponja con soberbia tensionando su cuerpo, haciendo que el intento del padre Abraham por acercarse a tomar los trozos de la copa rota se cancelara quedando lo suficientemente cerca a su espalda para susurrarle algo al oído. Con sutileza y cuidado de no presionar a su amigo de copas, el padre visitante extiende una de sus manos y cierra lentamente la llave del lava loza. Se recuesta sobre el mesón que se alargaba hasta la pared que dividía la cocina del comedor. La actitud pícara que había sostenido mientras bebían vino había desaparecido por completo, ahora Abraham parecía suponer autoridad con su posición corporal de sabio ante la revelación del nombre. La voz le había tomado un tono narrativo serio y dejó a un lado las metáforas trascendentales.

-Víctor, mi buen y querido amigo, hace siete años asumiste el cargo de esta Iglesia por una serie de trágicos eventos que entiendo, desprestigiaron nuestra institución a nivel local. Heredaste el pavor que quedó después de la tormenta, y muchos seguidores decidieron tomar distancia. Gracias a tu fuerte trabajo recuperaste sorprendentemente a la comunidad que rodea esta parroquia, y es más, a varios años ya de lo sucedido, las personas decidieron seguir adelante y perdonar al templo por lo que había pasado, todo gracias a que creyeron en nosotros nuevamente, todo a gracias a que tu querido amigo, les devolviste la Fe. Hace siete años no llegaste luego de ser nombrado, tú estabas participando de una investigación relacionada a lo sucedido, ¿Qué era? El caso de la niña Mariana, que dado tus dotes para entender al mal desde otras estancias muy diferentes a las del resto, se les fue asignado a tu grupo de colegas en aquél entonces el resolver bajo silencio si lo que había pasado, había pasado por negligencia del Padre Alberto, o si en verdad se había manifestado el mal, etc. Los detalles del evento son algo que seguí muy de cerca alguna vez que estaba leyendo información redactada por tú y tus compañeros sobre lo que habían descubierto, en resumidas cuentas, cada uno de ustedes nunca habían visto algo así en sus vidas y tiempo de trabajo, pero había algo que no habías nombrado en el registro, era aquello relacionado al Padre Carmesí, y claro que te estás preguntando cómo puedo yo saber algo que no le habías contado a nadie. La cosa es que antes de lo sucedido tu habías estado en conversaciones para adquirir una parroquia local y dejar atrás tus actividades de investigación, querías, llamémoslo, jubilarte de tu trabajo en aquél entonces y dedicarte a algo más tranquilo, como ser el padre querido de una comunidad y trabajar pacíficamente por ella hasta tus últimos días. Con lo que no contabas, era que precisamente, el sitio de tu última investigación por una relación extraña del azar, resultó ser este mismo lugar que te asignaron, imagino lo que pensaste en aquél momento cuando fuiste nombrado, algo como ‘’ ¿En serio? ¿Quería un lugar tranquilo ahora me enviarán a uno de los más arruinados?’’ Es como si estuvieses destinado a estar aquí por algo más grande, pero entiendo que nunca tuvo a pesar del asombro de lo que encontraron en aquella investigación, una relevancia significativa en tu vida para que se quedara el escudriñar más lo sucedido, incluso, creo que con el tiempo fue más tus pocas ganas de seguir con tu anterior trabajo lo que impulsó no solo a ti sino a todos en este lugar a dejarlo atrás y olvidarlo por completo, y lo digo por tu actitud, por la vida que tienes aquí ahora. Uno de los más brillantes sacerdotes de aquella generación en su trabajo retirándose al común, retirándose a la cotidianidad de un templo. Estabas cansado ya y lo entiendo, hasta en lo poco que conversábamos ahorita estabas bastante esquivo. Si hubiese tenido esta misma conversación con el Víctor de hace unos 14 años, yo hubiese quedado como un completo tonto al no saber lo suficiente del tema, eras una eminencia mi viejo amigo. Bueno, lo importante es que llegaste a este lugar, y ello está relacionado con ‘’El Padre Carmesí’’ y ambos objetos que he venido a regalarte ¿Te acuerdas del sujeto que te hablé que había conocido en Argentina? No voy ahondar en ello ya que siento que necesitas saber cosas muy puntuales en este momento y de paso entender otras por tu cuenta, en resumidas cosas, comenzamos un trabajo con aquél hombre mancomunado con su sello parroquial, un trabajo que amigo mío, me abrió las puertas de la verdad y desde ello, he estado cruzando un camino que creo aún no me he topado ni con su tercera parte, pero estoy comenzando a entenderlo poco a poco. El trabajo iba de ir aquí y allá promoviendo la lucha contra el mal desde otras estancias, y en ello tuve la oportunidad de toparme con un hombre muy particular extremadamente importante al interior de este grupo, llamado ‘Frederick’ con un apodo muy ortodoxo que ya luego conocerás. Frederick tenía algo sobre sí muy… han pasado años y aún no logro describirlo… como si… el espacio extrañamente reaccionara a su presencia… solo deberías verlo estar de pie a tu lado para entenderlo… es… hermoso. Este hombre toma la palabra y te deja sin aliento, hay algo de él que genera un dominio sobre las cosas. Luego visitamos una biblioteca secreta bajo una bodega en un sitio algo escondido entre los callejones de Roma, yo había leído bastante nuevas escrituras que este grupo me habían estado proporcionando, pero cuando el salió de uno de los estantes más escondidos y me pasó un par de escritos envueltos en unas telas llamadas ‘Centinelas’, sentí todo reducirse a estos dos objetos. Sentí el mundo hablarme por primera vez. El me los pasó como obsequios de mi nuevo camino, y cuando llegué a casa y comencé a hojearlos, la realidad dejó de ser la misma para siempre. La última vez que vi a Frederick, conversamos sobre situaciones que estaban a punto de suceder que marcarían un antes y un después en nuestro trabajo, ahí fue que escuché por primera vez de su boca ‘’Necesitamos con nosotros al Padre Carmesí’’ obviamente yo no sabía a quién se refería, pero me dio algunas pistas, como que había profetizado un vórtice de maldad no manifestarse en su totalidad pero si comenzar algo que no podía percibir con claridad aún, en un lugar con estas descripciones, sobre una familia Hernández, sobre un chico llamado Jerónimo, sobre un lugar en el cual una tragedia pasada había ya cambiado en algo todo, pero que había alguien que nublado le era importante. Me di un momento para inspeccionar mis recuerdos, no me tardé mucho en responderle ‘’¿Te refieres al Padre Víctor?’’ porque obviamente amigo mío, siempre hemos sabido del uno sobre el otro como si hermanos fuéramos, a lo que Frederick me respondió ‘’Si, así es su verdadero nombre, así lo conocen los vivos, bonita coincidencia, que justamente tu Abraham, le conozcas, y que yo extrañamente, no sepa su verdadero nombre, un nombre oculto sobre un apodo otorgado por la oscuridad, descubierto por el mismo Víctor bajo aquella pasada tragedia’’ y ¡vaya! No podía creerlo, las cosas iban tomando un extraño sentido, tal vez mi papel predestinado era conocer a ese hombre para que yo le ayudase a identificar al extraño Sacerdote bajo el sobrenombre de ‘’El Padre Carmesí’’ y ahora me había apasionado más esta labor, saber que el destino me había llevado con la verdad a ser entregada nada más y nada menos que a uno de mis más queridos amigos. Aclarando un poco más la conversación con él, me asignaron la tarea de tomar los libro que él me había pasado, y buscarte para decirte, que debes prepararte bajo una nueva verdad sobre lo que está por suceder, a llamarte por el nombre que la verdad te ha puesto, y entregarte ambos manuscritos.

-Abraham... hehehe… espera, necesito procesar detenidamente esto, ¿aún fumas? Necesito un cigarrillo.

Mientras responde con una risa nerviosa y de confusión, Víctor trata de tomar la compostura al haber sido sumergido con volátil acción sobre las palabras que le daba su colega. No se había tan si quiera secado las manos que yacían aún en el lava loza. Cada segundo bajo el relato de su amigo lo sostuvo con total atención. Muchas de las cosas que habían sido dichas por Abraham le habían calado al punto del cansancio por la sobre información, sobre todo por la seriedad con que había comenzado a conversarle en ese punto y esa extraña pasión con la que expresaba las ideas finales sobre Frederick y los manuscritos, que nunca le había conocido semejante entrega a algo, semejante devoción. No tuvo remedio que recuperar la vitalidad para secarse las manos y tratar de encontrar las palabras que tejieran desde sus recuerdos una respuesta ante su compañero. Una pequeña silla de madera que utilizaban las empleadas del lugar para descansar sus cuerpos mientras hacían labores domésticas de cocina, fue arrastrada frente al fregadero, para tomar asiento y pellizcándose el labio inferior baja la mirada para en silencio absoluto seguir tratando de entender lo que había escuchado. Una mano aparece con un cigarrillo en su ángulo visual que lo obliga a tomar postura en el asiento con dirección a su visitante, por alguna razón, no era capaz de sostenerle la mirada, sentía que Abraham era un tipo que ya no conocía, y que como desconocido sabía demasiadas cosas sobre él. Movía sus ojos hacia los lados mientras ya en su boca, le era encendido el cigarrillo. El humo recorrió su garganta con sabor relajante, la primera bocanada hizo de introducción a lo que respondería Víctor, quien sintiendo ajeno a su visitante, sabía que no le quedaba de otra que seguir con la corriente, a ver hasta donde llegaba la experiencia del momento.

-Abraham, no sé... no sé de qué se trata todo esto aún, son demasiadas cosas y aún siento que aquí solo hay una extraña incomodidad por las cosas que has venido a decir, si no fuese porque te escuché llamarme El Padre Carmesí, ya te hubiese echado del recinto, porque ya estamos algo grandes para estas cosas ¿no? Pero vamos, te concedo que debo contar algo y no sé si esté bien que te lo cuente a ti, porque la verdad, te desconozco viejo. Algo que nunca le había contado a nadie y que sé, era imposible que de cierta manera te llegara a ti esa información, porque era algo que solo yo supe. Hay algunas cosas en las que te equivocas, reconozco que le has atinado a muchas cosas en mi vida por las cuales en las que no, al lado de ellas, son puramente diminutas. No es un secreto para ti que gran parte de la información redactada sobre el caso de Mariana estaban inconclusas, si bien gran parte de la investigación dio frutos que resolvieron la situación en físico, el resto quedó sin resolverse. Puedo estar aquí sentado y describir con detalles la manera en que sucedieron los eventos aquél día, pero no puedo concluir algo al respecto, no pudimos en ese entonces entender el tipo de manifestación que había enfrentado el padre Alberto. Además que algunas cosas no encajaban con el ritual de posesión tradicional al que fuimos enseñados. Nunca he participado de algo así, mi trabajo siempre fue el después cuando las cosas salían mal y ya no había nada más que hacer salvo confrontar a los implicados, a la prensa y estudiar el lugar y las versiones de lo que habían vivido, pero siempre he sabido muy bien cómo funcionan el abordar los casos de posesiones, tú y yo Abraham estuvimos en las mismas clases sobre ello, e insisto, aquél día el Padre Alberto trató de hacer algo a lo que nunca le encontramos respuestas.

-Era un ritual de provocación como introducción al ritual de captación…

-¿Qué dices?

-Sigue, tu solo sigue con lo que me estás contando.

-Bien… Yo quería retirarme de mi labor investigativa, tienes razón. Había pasado demasiado tiempo de mi vida al igual que tú, yendo de un lugar a otro, cosa que con el pasar de los años comenzó a agotarme. Mi trabajo había entrado en una espiral donde la verdad era más clara que nunca, y creo que es la primera vez que lo reconozco también. Mi trabajo estaba dando frutos en cuanto a entender las situaciones que asumía se trataba. Había llegado al punto en que sabía que todo podía explicarse desde aspectos relacionados a todo menos a la espiritualidad. Tal vez para ese punto si era alguien escéptico, pero el Caso de la niña Mariana me devolvió la esperanza de encontrar rastros de algo supremamente real en cuanto a la presencia de algo más ahí que las personas sujetas a explicaciones científicas como respuesta. Cuando el Padre implicado fue enviado a un retiro mientras la justicia intervenía en el caso, nosotros estábamos acercándonos más a una verdad que nunca logré entender en lo poco que la logramos revelar, y siguiéndote la cuerda amigo mío, debo aceptar que parte de lo que me cuentas podría darle sentido a aquella situación. El caso estaba avanzando, y si quedó inconcluso no fue porque no supiéramos cómo abordarlo, si no porque que justo fuimos retirados todos de un día para otro, tras el último informe donde poníamos en aviso que el Padre Alberto había estado valiéndose de rituales que no tenían nada que ver con nuestra iglesia, fuimos notificados al día siguiente que debíamos abandonar la investigación. Yo quería saber más al respecto. Además que habíamos logrado conseguirnos un permiso en el centro psiquiátrico, para visitar a quien ya a esa altura del tiempo pasado desde el trágico evento, se encontraba internada ahí totalmente sedada y sumida en total locura, la niña Mariana, y era importante ya que Alberto, había sido enviado a un lugar secreto del cual nunca se nos fue informado su paradero. Yo necesitaba hablar con ella, pero casualidad, el permiso también fue revocado, y ella era una piedra fundamental en lo que quería resolver. Había una manera de ingresar al recinto sin necesidad de solicitar un permiso especial, y era que al ser un centro psiquiátrico con un componente de tratamiento cristiano, las figuras locales pertenecientes a las instituciones eclesiásticas podían ingresar para celebrar santas misas y dar consejos a sus pacientes. Entonces no fue nada más casualidad que la suerte me haya traído aquí, yo tenía bastante claro que este caso podría darme no solo información de carácter revelador para muchas preguntas en mi vida, sino para las dudas que muchos habían intentado responder relacionadas a sucesos así. Yo pedí a mis altos cargos en aquel entonces, que quería asumir el reto de recuperar la deteriorada iglesia de esta región, que me había cansado ya de mi trabajo y quería hacerme de una vida por la entrega a la comunidad de manera sedentaria, que en gran parte era verdad, solo que quería valerme de lo que fuera, para poder acercarme más al caso. Había llegado hasta pensar que, si lograba encontrar más información, lo asumiría de manera personal para luego en mi retiro, escribir sobre ello. Nuestra institución no escatimó en detalles, y como si se quisiera liberar de nuestra sección sin reparo alguno, la respuesta fue inmediata, había recibido la parroquia local. Cuando me acerqué nuevamente al centro psiquiátrico para encontrarme con la chica, pensaba que por el antecedente de su caso mi presencia igual iba ser evitada, pero me encontré con un lugar que había decidido ignorar por completo los motivos de su internamiento. Había pasado demasiado tiempo mientras la investigación y mientras terminé como el Sacerdote encargado del lugar, que fue suficiente para que Mariana, falleciera en su cama, una muerte producida por un infarto al corazón mientras dormía, pero ella, mientras estuvo internada en vida realizó apuntes, escribió cartas, dejando algunas pistas más, que al no entender la magnitud de lo relacionado ello con su locura, el personal encargado del centro psiquiátrico me permitió revisar sus pertenencias, que nadie las había ido a reclamar porque ella era hija única de una madre viuda. En una caja de madera deteriorada por el moho, se encontraban varios escritos dirigidos a su fallecida madre, la mayoría abordaban un sentido de culpa por lo sucedido, no fue sino hasta las cartas finales, que leí una en la que le comunicaba a su madre, que donde fuera que estuviera, que se tranquilizara, porque alguna entidad cuya existencia nunca explicó ni referenció, le había profetizado en sus sueños que ‘’El Padre Carmesí’’ la estaba buscando para ayudarla a resolver todo lo que le aquejaba. Te juro que por más aislado que me haya parecido aquél escrito de mi presencia, algo de mi sentía que tenía alguna extraña relación conmigo, porque al lado del escrito, se encontraban tres líneas verticales cruzadas por otra sola línea, y algo de mí que nunca pude recordar, estuvo relacionado con aquella figura alguna vez en mi vida. ¿Por qué siete años después, tu Abraham, me vienes a pronunciar algo que casualmente luego de ser revisados esos documentos por mí, fueron desechados por el personal médico del lugar? ¿Qué mierdas está pasando ahora? ¿Quién carajos es este tal Frederick que sabía que había conocido ese sobrenombre en el marco del caso Mariana?... ¿Por qué sabe tanto él de todo, es una clase de oráculo? Maldición, esto es demasiado para mí...

Una escopeta calibre 22 junto con 10 cartuchos se hallaba escondida bajo el sótano de la casa de la familia Hernández. Luego de la disipación de los ruidos provenientes de la habitación de Jerónimo, una bandada de aleteos sacudía el tejado sobre la casa. Gerardo tratando de calmar a su esposa que yacía junto a él, acurrucados tras el sillón, perdida entre el llanto y los recuerdos, retomaba valor para pausar las palabras de aliento en susurro y dirigirse hacia la Sra Hernández con seguridad y buscando una aprobación.

-Querida, necesito que te repongas y bajes por mi escopeta, ¿Me entiendes? estos ruidos nunca los habíamos escuchado, hay algo que estoy seguro se ha venido a sumar a nuestra tragedia. Liliana, recupérate por favor… ¡Liliana!

-Gerardo, el Padre Víctor aún no regresa… estamos perdidos…

-¡Concéntrate mujer por favor!

-Nuestro hijo está perdido…

-¡Liliana! El padre Víctor algo nos advirtió sobre esto, debemos reaccionar, debo cerrar las ventanas y las puertas, sube la escopeta, de inmediato.

Ambos se levantaron al mismo tiempo, Liliana tomándose un poco más de atrevimiento a intentar quedarse ahí atrapada en la tristeza. Bastaron unos cuantos tirones por parte de su esposo desde sus brazos para que la acción de ponerse de pie se llevara a cabo. El padre de Jerónimo limpia el inundado rostro en lágrimas de su esposa, y con un abrazo como si de una despedida se tratara, le encomendó la tarea de subir el arma mientras él, iba por la casa cerrando todas las ventanas y las puertas. Las pocas luces que se distribuían por la casa, comenzaban a serpentear de manera agitada, marcando como las manecillas del reloj a su alrededor el paso de lo que afuera les amenazaba, una condición natural al parecer de las entidades exteriores al acercarse a cualquier fuente de luz. Un par de figuras jorobadas con cogulla se asomaban por la ventana más cercana a la posición de los padres al interior de la vivienda, Gerardo quien sostenía del rostro de Liliana, era el único quien podía verlas. A la espalda de la esposa, las brujas se acercaban hasta la ventana, y con el aire caliente salir de sus oscuros rostros ocultos empañaban el vidrio de esta. Cuando la pantalla que daba hacia uno de los costados de la casa ya se encontraba lo suficientemente borrosa por el aliento de las mujeres encorvadas, ambas deslizaban suavemente la cogulla hacia atrás, para descubrir sus rostros y una cabellera larga, podían distinguirse las pronunciaciones en sus mejillas y una pronunciación de la boca hacia las comisuras con un tamaño desproporcional al rostro.

-Liliana cariño, quiero que bajes ahora y no mires hacia las ventanas

La esposa solo levantaba el rostro adolorido dispuesta a entender lo que Gerardo le pedía, intentando como si una programación en su mente ignorase la negación de no fijar su mirada en las ventanas, la hubiese obligado en poner sus ojos sobre las mismas.

-Qué pasa en las venta…

-¡Que no voltees a mirar! Baja, al sótano, baja ya.

Con unos leves empujones, Gerardo hacía que los tropiezos en los pies de su esposa al ser apartada de su marido, la hicieran concentrar en no perder el equilibrio y no en buscar lo que afuera se manifestaba. Unos cuantos primeros pasos con torpeza llevaron a la madre hacia la puerta que daba al sótano sin romper la regla de desviar su mirada hacia los ventanales. Las brujas se levantaban del suelo y se perdían al borde superior de las cortinas. Gerardo sabía que las presencias querían ingresar a su vivienda, y desesperado entendió que en el segundo piso donde se encontraba su hijo había algunos accesos abiertos. Corrió velozmente para detenerse antes de subir la escalera en u, su respiración se acumulaba en el espacio estrecho donde habían situado los escalones al ser edificada la casa. Había decidido detenerse ahí para buscar antes de subir, a la presencia que unos momentos antes habían visualizado con su esposa. Un sonido de broche de ventana desprendiéndose provenía desde el cuarto de Jerónimo. La pausa contemplativa sobre los escalones que sostenía Gerardo se descongeló para subir al segundo piso. A la mitad de un corredor que se desplegaba entre cuatro puertas, terminaba la subida desde la primera planta, hacia un lado dos ingresos para cuartos separados, hacia el otro un ingreso para el baño superior y uno para el cuarto de la pareja Hernández. La puerta del fondo en uno de los costados se encontraba cerrada, era el cuarto de Jerónimo, le tardó unos largos segundos forcejear a Gerardo con la chapa para ingresar al cuarto de su hijo. Al frente de la entrada se situaba la ventana principal del cuarto, las brujas estaban sobre ella ingresando su cogulla lentamente como si un líquido fantasmal se deslizara desde afuera. Acostado con sus cuatro extremidades sujetadas por correas de cuero hacia la cama, se encontraba con una sonrisa Jerónimo, quien observaba de manera coqueta las formas bajo la cogulla adentrarse en su cuarto. Mientras la tela que cubría a las brujas se escurría por el borde inferior del acceso, Gerardo con un par de pasos resumiendo varios de recorrido hasta la ventana, la cerró sin pestañear durante la acción, un grito y algunos quejidos se sumaron al movimiento de distancia que tomaron ambas presencias del cuarto, que levitando observando al interior del cuarto desde afuera, plegaron vuelo sobre el techo de la casa.

-Brujas, brujas, brujas, quién lo diría, quién lo diría, hahaha…

Recitaba Jerónimo, con una voz temperamental que resonaba más en su pecho, que en su boca. Gerardo atónito pero ya no extrañado por la manifestación que se expresaba por medio de su hijo, observaba con incomodidad el regocijo de los demonios al interior de su pequeño, parecían disfrutar la inquietante caminata de las brujas sobre el techo. Los ruidos de las entidades se dirigían hacia otro de los cuartos.

-Mi querido Gerardo, quieren lo que todos queremos, si, lo que todos queremos, ellas lo quieren hahaha

El padre de Jerónimo se abalanza contra el cuerpo de su hijo, sosteniéndolo con fuerza de los hombros, no podía soportar la gracia con la cual la personalidad posesa de Jerónimo tomaba la situación. Lo sacudía una y otra vez presionándolo contra la cama, salpicando sobre el rostro de su pequeño un par de lágrimas de desesperación y rabia.

-¡De que hablas! ¿Qué son esas cosas? ¿No es suficiente con ustedes ahí dentro? Devuélvanme a mi hijo desgraciados.

-Pfff, pero si nadie, nadie, nadie se lo ha llevado.

Gerardo se inclina lentamente sobre el rostro de su hijo para observarlo fijamente a los ojos, buscando ser visto con respeto por quienes a través de Jerónimo le hablaban, y retomando una conversación libre de escándalos, le advierte.

-Desgraciados ahí dentro, no sé qué esté pasando pero sé que el padre Víctor regresará en cualquier momento, y acabaremos con esto de una vez por todas.

Una risa como respuesta emergió apretada desde la garganta de Jerónimo. Una carcajada que le hizo doblar su espalda hacia atrás y mezclarla con un lamento. A Gerardo el chiste demoniaco lo hizo levantarse de la cama, para observar a su hijo mientras se retorcía abrir desproporcionalmente sus ojos, y dirigirse a él.

-Hahahaha aghhh! … El padre carmesí, si, el padre carmesí, así le llaman, así le llaman… se ha vendido… se ha vendido… Las brujas nos lo han dicho, muy claro nos lo han dicho.

-¡Cállate!

-Ellas quieren lo que todos quieren, lo que todos queremos…

-¿Qué es lo que quieren?

-La verdad, es lo que todos quieren, la verdad… la verdad es lo que todos quieren… lo que nosotros queremos hahaha

La escopeta le estorbaba a la altura del torso, Liliana había recargado el arma que se encontraba al fondo de un estante metálico en el rincón más estrecho del sótano, y la había puesto apuntando delante suyo sin saber cómo usarla. Con un lloriqueo que casi imperceptible se quedaba en el temblar asustadizo de sus labios, subió lentamente las escaleras para salir del subterráneo. A medida que el primer piso se asomaba ante su mirada, observó una figura al interior de su casa envuelta en una cogulla alargar uno de sus brazos y tomar los centinelas que se encontraban sobre una mesa. Cada paso de subida para Liliana se fue marcando con el sonar de las manecillas del reloj, para apuntar inexperta el arma hacia la bruja y propinarle un disparo cuando ya estuviese terminando la escalera. El cañón inquieto por los nervios de su portadora, se asomaba por el borde de la entrada desde el sótano hacia la sala, y cuando sintió que estaba por escalar los últimos peldaños de la subida, la puerta empujada por la otra Bruja que se escondía a un costado de la entrada la lanzó cuesta abajo. Un disparo que se introdujo en la pared lateral se le escapó mientras de espaldas recibía la pendiente. Una rueda formada por su cuerpo se suspendió sobre el filo de cada escalón y partió varios de sus huesos. Gerardo había ingresado a cada habitación en el segundo piso para asegurarse que cada forma de acceso a la vivienda desde esa planta estuviese cerrada, no fue hasta que estaba bajando la rendija de la ducha en el baño superior, que escuchó el sonido de un disparo provenir desde abajo.

July 1, 2020, 9:43 p.m. 0 Report Embed Follow story
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Meet the author

Ivan Amézquita Llevo 10 años viviendo con la ansiedad. Cuando los episodios se desbordan con total incapacidad nerviosa de controlar mis propios pensamientos, fulminante llegan historias que una y otra vez, se repiten en mi cabeza. Es la primera vez, que quiero plasmarlo de alguna manera. Quiero darle forma a todo ello que se entre teje sin cesar. Creo que la escritura es la mejor manera de hacer concretas, todas aquellas escenas que se quedan conmigo.

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