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Suicidio

En mis treinta y tres años he debido de preguntarme como una docena de veces a lo sumo lo que pasa por la cabeza de un suicida, hasta hoy, que desde las siete de la tarde hasta ahora las once y doce de la noche me lo he preguntado casi constantemente.

El teléfono parecía sonar con más insistencia de la normal, la misma sintonía de siempre, pero algo no era habitual, quizás fuese la hora, quizás el tiempo o quizás y en palabras de un agnóstico devoto de la ciencia el ”algo” que dicen los que si creen. A saber, ustedes crean e interpreten lo que quieran. Con rapidez descolgué al ver el nombre de la mujer de mi compañero de trabajo y amigo.

—¿Que ha pasado? —pregunté a sabiendas de que nada bueno podia ser.

—Tienes que venir, “el” se ha suicidado —claro que no se llamaba “el“ pero es igualmente claro que no voy a poner su nombre.

Miré a mi mujer, a mis niñas y con el gesto desencajado, pues no podía ser de otra forma, intente articular palabra, cosa que me costó, mucho, muchísimo más de lo que habría pensado jamas. Nunca te preparas para esto y desde luego nunca te lo esperas.

Hablé con la mujer, la policía quiso hablar conmigo, hablé con nuestro jefe, hablé, hablé, hablé y hablé. Nadie ni por tan un solo minuto se había podido imaginar aquel final tan dramático y desolado.

Salí de aquella casa donde “el” se había convertido en un mero trozo de carne, ahora para él todo se había acabado, para el resto, o mejor dicho para los cercanos y los que le queríamos la tortura del ”¿Y si...?” había comenzado.

Está claro que el peor resultado es para el que ya no está. Él había marcado su punto y final y a nosotros nos tocaba tragarnos obligatoriamente y sin mahonesa el punto y seguido.

Como la vida es muy puta y esa puteria la demuestra con casualidades, me senté en la barra de un bar a ahogar levemente las penas con una vieja compañera rubia que hacia tiempo que no veía, su espuma fresca aun siendo invierno reconfortaba y más aun cuando tu cabeza no para de hacer preguntas que solo el muerto puede responder. Cogí la revista El Semanal XL, pasé dos páginas, leí a Perez Reverte, pasé otras dos y después de las páginas que nunca leo, porque quien la escribe me provoca con sus letras un aburrimiento pasmoso (ya me gustaría a mi escribir como él), Allí estaba un artículo perfectamente escrito sobre el suicidio, la falta de ayudas psicológicas en los casos de ese tipo y un sinfín de mejoras que ahora para algunos ya llega tarde.

Resumiendo 10 suicidios al dia en España, 3650 al año, una seguridad social que no da abarcado todo y una educación sobre sentimientos nula. El resultado, el contado.


Nov. 2, 2019, 11:04 p.m. 0 Report Embed 1
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De caracter dulce

Poco a poco y con el paso de los años me doy cuenta de la cantidad de estúpidos bocazas con los que contamos en España, y digo España porque es donde resido, pero supongo que de igual modo que aquí, allí o allá también los habrá.

Aunque lo pueda parecer no soy de carácter arisco, todo lo contrario, soy un ser muy social al cual le gusta rodearse de personas de una cierta conversación y no de aquellos mono temáticos futboleros o boca chanclas reyes del cuñadismo, estos me duran lo mismo que un caramelo en la puerta de un colegio, me voy o les echo, ambas educadamente y dependiendo de la situación. Unos de los problemas que más veo y qué más me repatea las criadillas, es el de “soy experto en todo, sin estudios de nada y no me ha contratado la NASA porque no quiero, ofertas no me faltan“. Eso te lo dice con el palillo en los dientes mientras escupe saliva al hablar y se rasca los huevos sin miramientos. En serio, lo decía mi abuelo en paz descanse, “una hostia a tiempo quita mucha tontería“. No digo de cebarse y dejar a nadie incosciente que por ganas algunas veces no sería, pero con una hostia tendríamos arreglado miles de problemas.

A colación de lo anterior y desconociendo de dónde es el lector, le digo que en mi país, un cachete o un azote, sin fuerza, de esos que me daba a veces mi madre , que era más de aviso que de hacer daño, puede traer consecuencias muy graves. No me creen, pues no es la primera vez que tengo oido decir a un niño de 7 u 8 años “si me pegas te denuncio”. Lo peor de todo es ver como los padres progresistas sin cerebro (especifico porque de estos últimos también los hay con dos dedos de frente), asiente y con sus santos bemoles gritan, consignan y exigen a los cuatro vientos que los niños deben criarse sin la corrección o con la mínima posible de la autoridad maternal o paternal y lo de poner una mano encima nunca. Aunque tu hijo le arranque las visceras a otro a mordiscos no lo toques, ni lo agarres fuerte, no vaya a ser que por el azote o el agarrón el niño se traume para toda la vida. Eso sí, mientras dan lecciones sus hijos mean fuera del tiesto y no pasa nada porque mi hijo es mejor que el tuyo porque es mio y punto. Esto de los “progres” da para otra entrada, ahora y si me disculpan voy a jugar con mis retoños, que para algo soy un padre autoritario y malvado según algunos mencionados anteriormente.



Nov. 2, 2019, 2:51 p.m. 0 Report Embed 1
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