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Ana Luisa
Luisa quiere ser escritora, sin embargo tendrá que recorrer un largo camino para ello. Poco a poco irá creciendo, experimentando, madurando y dando los pasos para conseguir sus metas.
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#historia #adolescente #teenager
Ciudad sin gatos
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Quería ser escritora

Luisa soñaba con ser escritora. Pasaba largas tardes enfrente del ordenador tratando de ordenar sus ideas y plasmarlas en el documento Word. Normalmente escribía sobre sus sueños. Cada vez que tenía un sueño inspirador se apresuraba a encender el portátil mientras trataba de recordar los momentos más lúcidos de su sueño.

Luisa vivía en un pequeño pueblo llamado Torre, al lado del mar. Vivía con sus cinco hermanos, aunque tenía dos más que ya se habían independizado. Ella era la mediana, tenía 15 años. Su hermana tenía 17 y los otros tres más pequeños 7, 8 y 13. Se llevaba muy bien con su hermana de 13 puesto que compartían el interés en la lectura mientras que no soportaba a sus hermanos más pequeños, siempre que podían incordiándola y no dejándola leer en el salón. Siempre necesitaban hacer algo ruidoso allí, ya fuera pelear, jugar a videojuegos o simplemente molestarla. 

Su hermana de 17 no podía ser más diferente a ella. Quería ser médico, tenía una gran pasión por la ciencia, pero su gran interés era la cosmética y la moda. Había hecho pinitos en el mundo de la moda, empezando con solo 16 años. Pero ella no lo veía como algo a lo que se quisiera dedicar de verdad, simplemente era un hobby y una forma de sacarse algo de dinero.  

A Luisa apenas le interesaba eso. Con sus grandes gafas (tenía miopía desde que era muy pequeña) su pelo ensortijado, su gran cantidad de vello, y sus grandes lunares (alguna gente con evidente mala baba le decían que parecía lentejas pegadas a su cara) había descartado prácticamente gustar a nadie. Tampoco seguía demasiado los consejos de su hermana "Yo a tu edad estaba igual que tu, sin ninguna autoestima, pero me puse lentillas, me maquillé, depilé y ahora me aliso el pelo todos los días. Eres una chica muy guapa pero tienes que sacarte partido", le decía. Pero Luisa había sufrido tanto acoso de pequeña, sobre todo por su número de dioptras que le obligaba a llevar unas gafas que le aumentaban notablemente los ojos, ya de por sí bastante grandes (le decían también que parecía un pez) que no le veía el sentido. De donde no había no se podía sacar. Claro que era guapa en el fondo, ¿pero qué necesidad había de cambiar su aspecto?

- Bueno algún día te haré un makeover - le gustaba mucho a Ana, su hermana mayor, usar palabras anglosajonas porque sí.

- Yo también quiero un makeover- dijo Elisabeth, la más pequeña de ellas. Eli no necesitaba ningún cambio, eso era evidente. Era castaña clara, tenía un pelo precioso y liso, varias pequitas en la tez que le daban un aspecto aún más aniñado y angelical. Cada vez que entraba en una habitación la iluminaba con su presencia, no solo por su aspecto, sino también por su actitud alegre y despierta, inocente y dulce. Los adultos la adoraban y tenía ya muchos pretendientes en el colegio, de hecho ya se había dado su primer beso. Luisa se sentía un poco a atrás respecto a eso. No es que le interesaran mucho los chicos, y menos los de su clase pero ella jamás había besado a nadie y en el fondo le dolió un poco que su hermana pequeña se le hubiese adelantado. 

Por lo demás, Elisabeth era su hermana preferida con mucha diferencia. Les gustaba leer las mismas historias, simular que eran personajes tanto de libros como de películas y adoraba los ratos que pasaban juntas especulando sobre el final de sagas de libros, que personaje masculino les atraía más y escribiendo sus propias historias inspiradas en esos libros (fanfiction les llamaban).

 El mejor amigo de Luisa se llamaba Damián. Era un chico bastante geek, obsesionado con la música, los dibujos (pasaba la mayor parte del tiempo dibujando). También le gustaban las historias aunque apenas leía libros. Su preferencia eran los cómics, tenía una gran colección de cómics de superhéroes. Pero lo que más obsesionaba a Damián últimamente eran las almas gemelas. Vio ese concepto en una película y desde entonces no paraba de hablar sobre encontrar a su propia alma gemela. Cada vez que conocía a una chica que le gustaba elaboraba una lista minuciosa de características de esa chica y hasta la seguía a veces para ver sus hábitos. Esa chica tenía que cumplir un determinado porcentaje de rasgos con él para que fuera su alma gemela. Si no los cumplía, por mucho que le gustara la descartaba automáticamente y enseguida ponía su interés en otra. A Luisa le parecía algo creepy esta nueva faceta suya desarrollada recientemente pero apenas le comentó nada porque le parecía interesante para usarla en alguna historia. "Algún personaje muy loco y acosador" pensaba, "alguien que acabe siendo el asesino de las chicas que al final descubre que no son sus almas gemelas" y se sonreía al contemplar esa posibilidad en una historia. Por supuesto, jamás comento nada de eso a Damián. Ya bastante raro le hacían sentir que era en el colegio y esa posible historia no le dejaba en buen lugar.

Luisa y él tenía muchos intereses en común. Luisa también le chiflaban los cómics y los videojuegos. Para ella era otra forma de contar historias. No le gustaba tanto posar para los dibujos de Damián, ya que ella era casi siempre su modelo "a falta de otra chica", le había dicho una vez. Ella sabía que Damián en el fondo quería dibujar a sus candidatas a almas gemelas pero apenas se atrevía a hablar con ellas, y si alguna vez lo hacía era para interrogarlas sobre sus gustos y aficiones y además, de forma bastante pormenorizada, lo cual acababa cansando/asustando a las chicas en cuestión. Luisa sabía que jamás podría conocer así a nadie, pero ya le había intentado hacer entrar en razón y no había forma. 

- Tenemos que hablar- dijo un día Damián sentándose a su lado en el banco del recreo.

- ¿ Qué pasa? - preguntó Luisa distraidamente mirando su libreta con su historia.

- Ya la he conocido.

- Oh- dijo Luisa, esta vez alzando la mirada- ¿otra vez tu nueva alma gemela?

- Pero de verdad - Damian tenía el semblante bastante serio. 

- Bueno. ¿Y quién es?

Damián en aquel momento bajó la voz y se acercó a Luisa. Luisa se sintió un poco extraña. ¿Qué le iba a decir?.

- Es Margarita.

La mandíbula de Luisa cayó en picado.

- ¿Margarita? ¿La profe de matemáticas? ¿Esa Margarita? Pero...

- Es la mujer más amable y gentil que he conocido nunca. Ha tenido tanta paciencia conmigo... Por primera vez le encontrado el gusto a las matemáticas. Luego hemos hablado y teníamos muchas cosas en común.

Luisa se recuperó del aturdimiento en un segundo y contuvo la risa.

- Pero Damián, si tu aborreces las matemáticas... no hay nada en el mundo que te guste  menos. Siempre te ha gustado el arte y esas cosas... ¿Cómo va a ser tu alma gemela si se dedica a las matemáticas? 

- Bueno, ella ha conseguido que me gusten.

Luisa se echó hacia atrás y lo miró con cara escéptica.

- No. Solo te interesan ahora porque las da ella. Es un interés adquirido fruto del enamoramiento. En cuanto te desenamores te seguirán gustando igual de poco que siempre. 

- El amor me ha convertido en su alma gemela entonces- contestó Damián testarudo.

- Bueno - Luisa se cruzó de brazos- entonces buena suerte con ella. Tendrás que romper un matrimonio para poder estar en brazos de tu alma gemela. De todos modos, no creo que le interese un crío como tú.

Damián parpadeó repetidamnete.

- ¿Es... está casada? 

- Pues claro, vive cerca mía. La he visto pasear varias veces cerca de la playa con su marido y sus hijo. Tiene un nene de unos 2, 3 años o así. No es tu alma gemela. Si lo fuera, no estaría con otra persona. Ya te puedes ir buscando otra alma gemela. A ver a cuantas llegas antes de que se acabe el año. - Luisa volvió a poner la atención en su cuaderno.

- No puede ser... creía que ésta sería la definitiva. Es de las pocas que he conseguido hablar con ella y sentirme agusto, sentirme yo... no me miraba como a un creepy, ni salía huyendo.

- Claro, porque es una profesora. Accedió a darte clases de mates porque sabía que te costaba más, eso no significa que ya sea tu alma gemela ni que quiera estar contigo. Además es mucho más mayor que tú... Tendrá 27 o 28, ¿tú crees que iba a querer salir con alguien de 15? 

- El amor no conoce de edad.

- Ya, pues me temo que a menos que quiera que la echen del colegio no va a tener ningún intención de corresponderte. Acuérdate de lo que pasó con Estefanía.

Estefanía era un chica de 14 que se descubrió hacía ya más de un año que estaba saliendo con un profesor de 30. Por supuesto, expulsaron al profesor. No volvieron a saber más de la historia porque los padres también cambiaron a Estefanía de colegio. 

- Tengo que hacérselo saber. Si el destino quiere que estemos juntos, no habrá ningún impedimento. Ni maridos, ni estúpidas reglas del colegio... Somos el uno para el otro.

- Ok, ok ,como veas - dijo Luisa ya sin mirarle si quiera- ya me contarás como te ha ido. Seguramente vendrás lloriqueando como siempre. 

Damián no replicó aunque le lanzó una mirada de odio y sacó su cómic. Estuvieron el resto de recreo sin hablar, cada uno en sus cosas hasta que sonó la campana y entraron en clase. 

Por la tarde, cuando llegó a casa Luisa recordó que pronto sería su 16 cumpleaños. No pensaba hacer nada especial, aunque seguramente iría con su familia y con Damian a algún sitio tipo pizzería o al cine. Al salir del ascensor se encontró esperando fuera a Ana con otro chico que Luisa no conocía. Era un chico alto, con gafas y parecía más mayor. 




Oct. 3, 2018, 10:26 a.m. 0 Report Embed 0
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