Introducción a la redacción académica Follow blog

soyfdr Frederick Velasco Este es un trabajo de investigación que estoy haciendo para ayudar a las personas que quieran saber más sobre la redacción de textos académicos.

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Textos académicos de uso más común: Tesis, tesina, monografía, ensayo y artículo

En el caso del Ensayo, de acuerdo con Raya y Zulueta (2015, p.80) se trata de la presentación de una tipología de trabajos, como resultado de una investigación, que suelen ser breves e incluyen comentarios y reflexiones acerca de la cuestión en la que se centran. Sin embargo, hay que mencionar que la extensión es un tema en el que todos los autores no coinciden, pues algunos ensayos llegan a presentarse como libros, algunos de ellos tan voluminosos como el Ensayo sobre el entendimiento humano, de John Locke.


Lo que distingue la presentación de estas deliberaciones, es abordarlas desde una perspectiva novedosa o una arista poco explorada. Para este ejercicio, se requiere haber revisado suficiente bibliografía relacionada con el tema que se describe, de manera que se ofrezcan puntos de vista innovadores, pero también que dejen abiertos nuevos caminos para posteriores análisis.


No debe confundirse el ensayo académico-científico, con el ensayo literario. Los propósitos y el lenguaje son los elementos diferenciadores en esencia. Una cualidad inherente al ensayo es su objetivo de argumentar respecto al tema al que se dedica y el hecho de que los puntos de vista deben ser validados. Algunos autores hablan también de ensayo expositivo y ensayo crítico, y se presenta en una estructura básica de Introducción, Desarrollo y Conclusiones. Incluir la bibliografía empleada es uno de los requisitos de su elaboración. “Además de confundir las distinciones entre ciencia, arte y filosofía, el ensayo se da una libertad temática y formal que no puede sino molestar en un campo tan reprimido y tan regulado como el del saber organizado”, señala Larrosa (2003, p.6)


Otro de los formatos de uso más frecuente es la Monografía, que por regla general se asume más extensa que el ensayo, y habitualmente se presenta como un volumen único. Más que analizar alguna perspectiva específica, su fin es abordar de manera global e integral un tema determinado, sin distinción de área o campo de estudios, con la mayor profundidad posible y particularizando los elementos más distintivos. Para su realización se privilegian dos enfoques: el explicativo y el descriptivo, y debe mostrar una rigurosidad científica en el manejo de los métodos y técnicas empleados para el análisis En caso de resultar un texto un poco más breve, puede convertirse en un artículo publicable en alguna revista especializada.


Sin dudas, el artículo de investigación es uno de los más conocidos, empleados y solicitados por instituciones y publicaciones, ya sea ajustado a una norma estandarizada, o estableciendo lineamientos propios, como es posible revisar en sus páginas y plataformas digitales.


La finalidad de este tipo de texto académico es esencialmente “dar a conocer una contribución original de conocimientos al entendimiento teórico práctico de una materia, al desarrollo investigativo de esta o su aplicación, ya sea en el campo científico técnico o docente” (Raya y Zulueta, 2015, p.79). Constituyen el formato principal que conforma el contenido de las revistas especializadas y se centran en cuestiones esenciales respecto a un tema.


Es ampliamente conocido que se manejan bajo una estructura estándar, determinada por lo que se conoce como IMRyD (Introducción, Métodos, Resultados y Discusión), aunque como también se ha mencionado antes, esta estructura básica puede resultar variable según requerimientos específicos relacionados con el tipo de investigación, el campo de estudios, las normas institucionales o de una publicación en particular.


El artículo científico es una publicación con suficiente información, que permite:

- Proseguir observaciones.

- Reproducir elementos.

- Evaluar procesos intelectuales.


Además, puede ser sometido a la revisión de la comunidad científica sin restricciones de ningún tipo.


La rigurosidad debe marcar tanto su escritura como su validación, y la mayor parte de las entidades establecen normas respecto a este tema, para garantizar originalidad, calidad y potenciar la visibilidad de nuevos conocimientos y aportes a las diversas áreas de especialización.


Finalmente tenemos la tesina y la tesis, usadas como ejercicios de fin de grado o postgrado, según requerimientos institucionales en la mayoría de las universidades de Iberoamérica.


Un elemento singular de estos formatos es que constituyen un trabajo de investigación original donde se defiende un planteamiento inicial y da respuesta a un problema mediante la exposición de razonamientos basados en la aplicación de diferentes métodos, técnicas y análisis de acuerdo con el tema objeto de estudio. Tiene por finalidad obtener conocimientos y solucionar cuestiones diversas en el ámbito científico técnico, filosófico, o educacional, y se desarrolla mediante un proceso.


Un elemento que resulta diferenciador en este caso es la extensión. Por definición, la tesina es más breve que la tesis, aunque también otras cuestiones, como normas institucionales o los requisitos particulares de un estudio o especialidad. Esta es la única cuestión que no resulta igual para la tesis y la tesina, porque el resto de las características es atribuible a ambas.


En la medida que este tipo de textos respete las normas para su creación, y emplee las técnicas adecuadas, tendrá más posibilidades de convertirse en un libro u otro formato susceptible de difusión. Incluso pueden elaborarse folletos a partir de los resultados de investigación que se expresan en estos formatos, es por ello que, como para el resto, enfatizar en su buena redacción no resulta redundante.


Pasos de la tesis:


- Búsqueda de información.

- Organización.

- Redacción y estilo.

- Estructura y presentación.


El proceso incluye la elaboración del plan de trabajo y del anteproyecto, para lo cual resulta factible manejar un esquema para organizar la información. La formulación del problema es una cuestión vital a los fines de este tipo de textos, por lo tanto, se requiere analizar y establecer la idea de manera clara, el nivel de profundidad, el período, así como las cuestiones específicas para evitar desviaciones cuando se trate de un tema muy amplio.


La justificación, los objetivos, las hipótesis, y las limitaciones y delimitaciones del tema favorecen el desarrollo del trabajo y forman parte, en muchos casos, de la propia estructura de este tipo de textos. Una cuestión muy importante es el marco de referencia, que incluye, entre otras cuestiones, el trabajo de autores que hayan escrito del tema y los resultados de investigaciones previas.


Debe establecerse la metodología, el cronograma, el presupuesto de ser necesario, y la bibliografía. En la elaboración de la tesis, hay una serie de pasos que deben tomarse en cuenta, iniciando por la búsqueda de información, la organización, redacción y estilo, y la estructura y presentación, como elemento final. Para facilitar este proceso la tesis debe estar acorde a las normas establecidas por cada institución. Se recomienda que la página inicial contenga el título, autor, institución y fecha. El índice de contenido debe recoger el título de capítulos, así como los subtítulos correspondientes en cada caso.


La introducción es la presentación del trabajo, por lo que deberá exponer el problema tan simple como pueda aplicando una visión holística.


Los resultados y las discusiones, en el desarrollo de la tesis, deben ofrecer suficiente evidencia científica para evidenciar las conclusiones, definidas como las contribuciones del autor, confirmando o rechazando la hipótesis inicial, según señalan Raya y Zapata (2015), quienes destacan la importancia del cuerpo bibliográfico, y de los anexos, siempre que estos incluyan materiales o métodos que enriquezcan el contenido.


Es fundamental no redundar en explicaciones que las ilustraciones y tablas muestran. De manera general, y más allá del tipo de texto o su formato, más si es uno académico, atender a las normas de redacción y estilo es imprescindible.


Nov. 17, 2020, 12:20 a.m. 0 Report Embed 2
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El texto académico: Formatos de presentación

Diferentes autores, escuelas y bibliografías proponen una serie de textos considerados académicos. Y aunque casi la mayor parte de los análisis, estudios y propuestas se centran en el formato IMRyD y el artículo científico, existen una serie de documentos cuyas características y formato pueden incluirse en esta lista.


Con esta premisa, la pregunta a contestar es la siguiente: bajo qué formatos podemos presentar textos académicos. Para algunos especialistas, las tipologías se resumen en este pequeño grupo, sin embargo, es una lista limitada.


El primer tipo de documento que presentan son las notas técnicas, definidas como textos breves y concisos, dedicados a describir cambios en técnicas o procesos tecnológicos. Su propósito se enfoca en mostrar nuevas soluciones, aunque ello no implique necesariamente un nuevo aporte o descubrimiento para el campo de estudio en sí. Una particularidad de las publicaciones en las que aparecen las notas técnicas es el hecho de que el propio autor comente respecto a su propuesta. Es un recurso muy empleado en áreas determinadas, sin embargo, no es un tipo de material considerado como central de forma generalizada. Es recomendable revisar algunos ejemplos.


Otro material de divulgación académica cuya característica esencial es la brevedad es el Resumen o Abstract, que no existe por sí solo como material independiente, sino que forma parte de la estructura de artículos, ponencias, informes de investigación, tesis, tesinas y otros similares, se define como una “presentación sintética del tema o los aspectos centrales contenidos en una obra propia o ajena, utilizando un lenguaje claro y una redacción sencilla y precisa” (Raya y Zulueta, 2015).


De manera general, se recomienda una extensión de 200 palabras, cantidad variable según los requerimientos de las diferentes publicaciones, y su contenido se centra en presentar sus intenciones u objetivos, los métodos básicos, resultados, logros y alcances principales. Otros textos académicos muy similares al resumen: la sinopsis, el sumario y las comunicaciones breves, se encargan de mostrar contenidos y/o conocimientos de forma sucinta y abreviada.


En el primer caso, las autoras lo equiparan con el resumen en tanto se tomen en cuenta sus características y forma de presentación. En el caso del sumario, aunque algunos autores lo identifican como un tipo de texto similar al resumen, en realidad es más cercano a un índice. Especialmente en los libros, se pueden encontrar sumarios que dan paso a índices de contenido por capítulos, y en las revistas suelen emplearse para enunciar sus diferentes materiales.


Por su parte, las comunicaciones breves “se utilizan para dar a conocer el derecho de propiedad intelectual de un aporte importante en una esfera del conocimiento. Por regla general, se publican después en forma completa como artículo original” (Raya y Zulueta, 2015). Estos formatos iniciales que te presentamos suelen emplearse con mayor o menor frecuencia, dependiendo de las necesidades de divulgación, ya sean del autor o institucionales. Sin embargo, no son los únicos, y en todos los casos, para determinar el mejor modo de presentar los textos académicos, hay que tomar en cuenta que:


Los formatos pueden variar por:


- Campo de estudio.

- Tipo de investigación.

- Requerimientos editoriales.


A esta diversidad de tipos de textos se suman otros, entre ellos, la Revisión bibliográfica, que se encarga de compilar información respecto a un tema y presentarla de forma ordenada. Este formato, aunque no se trata de una publicación original, su mayor beneficio reside en que ahorra mucho trabajo y tiempo en los procesos de búsqueda de información específica. Su propósito esencial es revisar la bibliografía existente acerca de la temática en cuestión, contextualizarla, analizarla críticamente y ofrecer conclusiones relativas a la cuestión examinada. Para este tipo de texto académico debe trabajarse un estilo de redacción explicativo, sin perder de vista la síntesis, por supuesto, pero debe mostrar las aristas del tema analizado, de modo que queden expresadas con claridad y profundidad las ideas centrales expresadas por los autores y publicaciones consultadas, pues se trata de un documento especializado. Raya y Zulueta (2015) las clasifican en: crítica, histórico-biográfica, tutorial o técnica.


Otro formato, empleado con frecuencia por las ciencias de la salud, aunque no exclusivo de este campo, es el Estudio de casos, considerado un texto muy fiable, pues consiste en una indagación exhaustiva que se presenta en una serie de trabajos enfocados a valorar resultados, investigaciones, alternativas innovadoras y procesos metodológicos en las más diversas áreas. Se trata de un método de amplia aplicación, que implica poner en práctica las habilidades de escritura para sintetizar toda la información en una extensión desde las 2 hasta las 20 páginas, y con una estructura que incluye resumen, presentación, desarrollo, síntesis, conclusión y bibliografía.


Por otro lado, con mayor posibilidad de extensión, tenemos la reseña, que ofrece información ampliada respecto a un tema determinado, el trabajo de otros autores, un campo dado de las ciencias o un problema de investigación puntual. De manera general se clasifican en reseña descriptiva y reseña crítica. La primera también es denominada por algunos autores como reseña histórica o histórica descriptiva y la segunda se emplea frecuentemente en la literatura, aunque su uso no se limita a esta. En lo que sí deben coincidir ambas categorías es en reflejar un trabajo especializado.


Menos generalizado que la reseña, pero con igual relevancia, resulta el Informe científico técnico, denominado así porque sirve de referente para que especialistas en el tema o lectores capacitados puedan evaluar y/o proponer recomendaciones respecto a la presentación del estado del arte de un problema o el proceso para el logro de resultados. Sus características determinan que este tipo de informe debe presentar la información de manera sistémica o cronológica. “La estructura más recomendada es Resumen, Introducción, Desarrollo, Conclusiones y Recomendaciones, Referencias bibliográficas y Anexos. De ser necesario se incluiría Prólogo, Agradecimientos y Glosario de términos” (Raya y Zulueta, 2015).


Otras formas frecuentes de presentación de textos académicos son los Manuales y Tratados. El primero se refiere a un formato de libro que concentra la esencia de un tema o campo de estudio.


Se caracteriza, principalmente, por servir como un acercamiento rápido para indagaciones referenciales. Los Tratados, por su parte, aunque también se presentan en formato libro, suelen de mayor extensión que los manuales, y suman a su contenido una visión crítica del tema que tratan.

Nov. 9, 2020, 11:29 p.m. 0 Report Embed 2
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El texto académico

Definición y características de los textos académicos.


A pesar de los avances tecnológicos, y la aparición de diversos soportes siglos después de la imprenta de Gutenberg, la escritura se mantiene como una de las formas más usadas para transmitir información, situación que se extrapola y refuerza para los procesos de divulgación científica.


El lenguaje debe ser, en estos casos, aún más claro y preciso.


Pero ¿Qué diferencia a un texto académico de otro de índole menos especializado? ¿Cómo reconocer sus características y establecer el tipo de texto que se requiere en cada caso, a partir de sus características y requerimientos de los diversos campos de estudio?


Existe una relación diferenciadora, que atañe a la función, que ofrece una primera pista respecto a cómo pueden identificarse:


- Textos generales: Entretener, informar, explicar.


- Textos académicos: Divulgar nuevos hallazgos resultado de la investigación.


De acuerdo con estos propósitos iniciales, debe entonces recalcarse la necesidad de un texto capaz de expresar con claridad esos resultados de investigación y evitar cualquier posibilidad de múltiples interpretaciones.


Estos son los primeros elementos a la hora de caracterizar un texto académico, sin embargo, no son los únicos.


La precisión, claridad y concisión, inherentes a las más disímiles formas de documentos, resultan significativas también para la divulgación académica. La diferencia, en este caso, es que la utilidad se manifiesta particularmente en una buena documentación. Las destrezas de redacción, en el ámbito académico, deben ir más allá de la sintaxis clásica o la estética, aunque estos elementos no le son ajenos, e incluso, campos de estudio como las ciencias sociales o humanidades, permiten una mayor flexibilidad. Esto no significa, en ningún caso, que deban perderse de vista los propósitos del texto académico, o desviarse de sus conceptos y enfoques.


Para Raya y Zulueta (2015), cuestiones como la claridad y precisión que se aplican a cualquier material, impactan por igual a la redacción académica, y para garantizar su calidad deben priorizarse sus niveles de comprensión, y la explicación de sus propósitos y resultados de forma precisa. Para las autoras, “hay que cuidar a toda costa que el lector encuentre ambigüedades, inconsistencias o dificultades para la comprensión global. En ese caso, el propósito esencial de divulgar un conocimiento se vería frustrado por estas barreras de la comunicación.”


¿Cómo estas cuestiones pueden darnos nuevas pistas respecto a las características de los textos académicos, cuando son aplicables también a la mayor parte de los tipos de documentos?


En este sentido, debe partirse del propósito comunicativo, con diferentes matices, que tienen todos los textos, y cómo ese proceso sucede de manera diferente en los académicos:


- Lógica de ordenamiento.

- Metodología.

- Conocimientos verificables.


En estos enunciados residen importantes cuestiones identificativas: la posibilidad de contrastar la información, verificar su validez y comprobar sus propuestas o resultados. Otra cuestión distintiva resulta la objetividad, entre los primeros requisitos de validez científica y de estilo que establecen las diversas publicaciones, con independencia del área de especialización.


No debe obviarse tampoco la universalidad, entendida como la característica que favorece el mayor nivel de comprensión entre los destinatarios del texto, sean expertos o no. Estas características, de orden general, pueden evidenciarse mejor a través del conocimiento y una práctica sistemática de técnicas de redacción.


El logro de la claridad, precisión, concisión, objetividad y universalidad, en ningún caso implican que debe llenarse el documento de toda la información disponible, sino que deben establecerse parámetros y filtros que permitan delimitar adecuadamente el contenido que debe incluirse en nuestro texto, ajustado por supuesto, a un estándar en estilo de citas y referencias.


Entonces, ¿Cómo definir un estilo que resulte válido a los fines de la publicación científica? Ante la variedad y amplitud de campos y áreas de estudio, establecer y mantener un modelo, normas y formato estandarizados resulta imperativo. No se trata en este caso de una opción o preferencia según se trate de una disciplina u otra, sino de la necesidad y obligación de difundir los conocimientos previamente evaluados, y que a su vez pueda funcionar como un método de socialización que sirva de referencia a otros a partir de una base tanto de fiabilidad de los contenidos, como de claridad en su redacción.


Como también señalan Raya y Zulueta (2015), la redacción de textos enfocados en la divulgación de resultados de investigaciones científicas constituye una tarea que forma parte del mismo proceso de indagación, y se expresa como una instancia de organización de dichos resultados, en el marco de aquello que le dio origen, así como de las implicaciones del nuevo descubrimiento o conocimiento evidenciado.


Es por eso que estandarizar los formatos y estilos resulta vital, no sólo para expresar con claridad los logros propios, sino para aprovechar de mejor manera trabajos precedentes que soporten los resultados. En ese sentido, es válido recalcar la trascendencia de las normas de escritura, citación y referencias; organización que redunda en beneficio tanto para quienes crean el texto como para quienes lo leerán.


En resumen.


De manera general, y aunque existe diversidad de criterios según los autores que se consulten, podemos hablar de un consenso al asumir que resultan imprescindibles un estilo claro y preciso, así como las normas de citas y referencias.


Para Castelló (2007), estas generalidades deben contener que el texto se dirija a la comunidad académica, hace uso de habilidades como la explicación y la argumentación, tiene temporalidad y el propósito es convencer a la audiencia, presenta un metadiscurso que guía a quien lo lee respecto a las partes que componen el documento, evidencia intertextualidad a partir del uso de otros materiales ajenos, su contenido se centra en ideas y conceptos, utiliza términos técnicos, tiene una adecuada sintaxis, y muestra los métodos y resultados obtenidos.


Todas estas cuestiones, de una u otra forma, remiten a elementos básicos que podrían servir de guía para identificar los textos académicos y que engloban todas las características descritas anteriormente: su finalidad, su formato y su contenido.


Nov. 3, 2020, 1:36 a.m. 0 Report Embed 0
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