tadeoibarra Tadeo Ibarra

¿Qué habita en los lugares más tristes de la faz de la Tierra? ¿Puede una tragedia dejar su marca?


Thriller Nicht für Kinder unter 13 Jahren. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS (TADEO IBARRA, 2020)

#horror #cuento #relato #thriller #terror #carta #suspenso #cementerio #epístola #catedral
Kurzgeschichte
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Rocagrande

Distrito de Rosaluz a 23 de junio del 2017


Andrés:


Seguramente te estés preguntando por qué estoy recurriendo a un medio tan anticuado para comunicarme contigo, pero considero que esta es la única manera en la que se puede plasmar la seriedad de lo que estoy a punto de contarte y además necesito una distracción. Supongo que alguna vez has escuchado acerca del fenómeno de parálisis del sueño, al cual la gente suele llamar se te subió el muerto. Para tal condición hay una explicación científica al igual que otra sobrenatural y depende del individuo cuál escoge creer. Una vez que termines de leer esta carta, no te quedará de otra más que escoger la segunda opción como la más válida para poder asimilar mi situación.

Llegué a Rocagrande un viernes al mediodía. La estación de tren está situada justo en el centro de la ciudad y al salir fui recibido por la más bella de las postales. Al cruzar la calle está la plaza principal que consta de un quiosco en el centro el cual me pareció el punto focal idóneo para tomar mi primera fotografía. El color verde opaco de sus pilares contrastaba perfectamente con el azul del cielo que se podía apreciar en aquellas horas. Desde ese punto al lado derecho de la plaza está la catedral de tres plantas de la que todos hablan cuando cuentan sus anécdotas acerca de esta ciudad.

Debido a que el lugar donde me estaba hospedando me recibiría hasta que fueran las tres de la tarde de ese viernes, aproveché para acercarme al punto de información turística y preguntar sobre algún recorrido disponible para conocer bien y desde el punto de vista histórico el interior de la catedral. El encargado me informó que en media hora iba a comenzar el siguiente recorrido y que aún tenía lugares disponibles. No lo pensé más y me apresuré a apartar mi sitio. Me dirigí a la puerta principal donde ya estaban otros turistas esperando. Supe que serían mis acompañantes por la pulsera de color naranja que traían en sus muñecas al igual que yo. Como todavía tenía unos minutos libres, en lugar de convivir con los demás me detuve a apreciar el enorme portón de madera y a analizar los detalles de la decoración.

Justo en el centro de la puerta están grabados dos rostros del tipo que uno esperaría ver en la entrada de un castillo medieval pero no de una catedral. Parecían cabezas de gárgolas. Comencé a preguntarme cual fue la intención del arquitecto o de la persona encargada del diseño para plasmar algo tan macabro en la entrada de un recinto al cual las personas asisten para reflexionar y buscar paz.

Seguía haciéndome tales preguntas mentalmente, cuando la puerta se abrió con un crujido que me sobresaltó y un hombre joven y sonriente con una camiseta tipo polo nos saludó desde el interior.

–Hola a todos y bienvenidos. Voy a pasar lista para verificar que ya estemos todos completos. Por favor cuando escuchen su nombre alcen la mano–. El joven se apresuró a pasar lista y después nos invitó a que entráramos al edificio.

El muchacho explicó que el recinto consta de tres plantas y su construcción inició a principios del siglo dieciséis; apenas doce años después de la fundación de la ciudad. El edificio es coronado por una cúpula circular y tiene un diseño centralizado; típico de las catedrales que albergan en su interior algún tipo de reliquia.

–Todos saben la historia de Santa Carol. Pues bueno, el cofre dorado que ven en el centro de esta planta contiene un trozo de la capa que ella solía utilizar para protegerse del frío cuando salía a asistir a la gente más necesitada. Ella fue una figura importante en el desarrollo de esta ciudad ya que una de sus tantas labores altruistas fue la de asegurarse que todos los pobladores de este territorio recibieran educación así como formación en su fe.

El joven siguió guiándonos por todo el interior de la catedral y se nos permitió tomar fotografías de los espectaculares vitrales, mosaicos e incluso esculturas de mármol que decoraban el interior.

Durante el recorrido alcancé a ver que detrás de la catedral había una especie de cementerio y, como ya te podrás imaginar, no me pude quedar con la inquietud y antes de terminar me acerqué al guía y le pregunté si el lugar que había visto era de entrada libre, a lo que me respondió que sí.

–De hecho el cementerio que se encuentra detrás –dijo volviéndose al grupo para que pudieran escucharlo –es parte de una historia muy triste. Un niño que murió a los siete años a la mitad del siglo diecinueve está sepultado ahí. Su familia no lo consideraba agraciado físicamente ni apto para la vida social así que decidieron aislarlo. Era tanto el descuido de sus padres, que murió ahogado en la bañera. Corre el rumor de que fueron los padres los que lo asesinaron; la gente se basa en el hecho de que un infante de siete años ya sabe cuidarse cuando está tomándose un baño.

Después de una rápida sesión de preguntas y respuestas el guía declaró el recorrido como terminado y se despidió de nosotros amablemente después de haber recibido algunas monedas y billetes como propina. Me dirigí hacia el cementerio porque creí que podría sacar muy buenas fotos de las lápidas con la parte trasera de la catedral de fondo y además porque me daba curiosidad conocer la lápida de aquel triste infante. Rodear el recinto religioso me llevo solamente unos minutos. El cementerio y el edificio que acababa de visitar estaban separados únicamente por una calle de unos diez metros de ancho. Parecía como si cada uno de esos lugares fueran de mundos y energías totalmente distintos. Se lo atribuyo al color de los materiales con los que estaban construidos y también a la naturaleza de la función de cada uno.

La entrada al cementerio estaba solamente delimitada por un arco de piedra y dos estatuas de ángeles a cada lado. Las figuras angelicales se me antojaban caricaturescas y concluí que habían sido añadidas al lugar recientemente. Me apresuré a entrar sin problema alguno. Dentro había también otras personas tomando fotos con sus celulares y algunos incluso tomaban notas. Recorrí las tumbas y lápidas buscando a la del niño. El guía no nos había dicho su nombre, así que hacía cálculos mentales rápidos con las fechas de nacimiento y defunción grabados en las lápidas para averiguar la edad a la que habían fallecido las personas ahí enterradas.

Constantino Villaluz era la única persona en aquel cementerio que había muerto a los siete años. Tomé una foto de la losa de piedra que cubría sus restos y me quedé mirando el lugar por unos instantes. A pesar de conocer solamente una versión de su historia tan ambigua y superficial, una gran sensación de tristeza me invadió y no pude evitar sentir lástima por su desafortunado final. Miré mi reloj y me percaté de lo tarde que era y concluí que mi habitación ya debería de estar lista.

Iban a ser casi las cinco de la tarde cuando por fin entré a mi habitación. Dejé mis cosas y bajé a la primera planta del hotel para cenar algo ligero antes de dormir porque me sentía muy cansado ya que había caminado desde el centro histórico de Rocagrande para registrarme en el hotel. También tenía la boca seca. De hecho desde ese día me ha dado mucha sed y no ha habido nada que me refresque la garganta el tiempo suficiente. Cuando subí a la habitación eran las siete de la tarde y comenzaba a oscurecer. Me puse mi ropa para dormir y antes de meterme debajo de las sábanas configuré una alarma para poder levantarme temprano al día siguiente y poder recorrer otros lugares de la ciudad. Aún era temprano, pero ya me conoces, y sabes que tengo el sueño pesado y necesito un ruido fuerte para poder despertarme. De otra manera puedo dormir incluso hasta por dieciséis horas seguidas.

Calculo que llevaba unas cinco horas en los brazos de Morfeo cuando la garganta comenzó a picarme de lo seca que la tenía que sin necesidad de algún ruido fuerte abrí los ojos con la intención de ir a tomar algo de agua del grifo del cuarto de baño. Cuando me senté en la cama logré distinguir por un instante lo que me pareció una figura pequeña que me observaba desde el marco de la puerta. Tomé mi celular y encendí el flash para usarlo a modo de lámpara pero cuando iluminé en dirección a la puerta la pequeña sombra ya no estaba. Su visualización la atribuí a mi imaginación así que fui por agua y dormí otra vez.

Al día siguiente recorrí la ciudad guiándome por un mapa que adquirí en la recepción del hotel. Hice lo que cualquier turista hace: Tomar fotos, caminar e ir a comer. Lo raro es que todo el día sentí que alguien me miraba y me seguía; por lo que de haber estado ahí, me podrías haber visto girando la cabeza repentinamente con la intención de descubrir a la persona que me acechaba. Tampoco le di demasiada importancia. Lo único que me causaba incomodidad fue que cada vez tenía más sed. Esa noche fue la última que pasé en Rocagrande y transcurrió de forma tranquila. Recuerdo haber tenido una que otra pesadilla pero nada de qué preocuparse hasta entonces.

Al día siguiente tomé el tren de regreso a las dos de la tarde y esperaba llegar a eso de las ocho a mi ciudad. Durante el trayecto, estaba revisando las fotografías que había tomado con mi celular y noté que en todas o en la gran mayoría, fuese lo que fuese que estuviera enfocado a la derecha de mi rostro, aparecía borroso o difuminado en la pantalla de mi celular. Comencé eliminándolas, pero eran tantas que mejor opté por editarlas una vez llegando a mi departamento. De otra manera me habría quedado sin recuerdos de ese viaje.

Esa noche ya acostado en mi habitación, la picazón en la garganta volvió a despertarme. Abrí los ojos y ahí estaba de nuevo la pequeña figura observándome solo que esta vez ya no me miraba desde la puerta sino desde el borde de mi cama. Traté de enfocar mis ojos en medio de la oscuridad pero pronto me arrepentí de haberlo hecho. El horror y el pánico me invadieron cuando ví que la sombra estaba sonriéndome. Casi por instinto tomé mi celular para iluminar mi habitación con el flash del celular pero al igual que en el hotel, el visitante ya se había ido.

Está de más decirte que esa noche no pude dormir bien.

Al día siguiente en la oficina no pude concentrarme e incluso mi jefe sugirió que me lavara la cara con agua fría para levantarme el ánimo. Cuando iba de regreso a mi casa después del trabajo no podía deshacerme de la sensación de que alguien respiraba en mi nuca.

Esa noche comenzó lo peor.

Me desperté en la madrugada con mi boca y garganta en las mismas circunstancias que las noches anteriores, solo que en esta ocasión lo que me despertó fue la sensación de que una mano rozaba el dorso de la mía. Cuando abrí los ojos, el niño –ahora ya podía estar seguro que era el niño del cementerio– estaba a mi lado sonriéndome con sus espeluznantes labios azules. Rápidamente retiré mi mano y cerré los ojos. Cuando los abrí de nuevo después de unos segundos solamente me encontraba yo en la habitación.

Ya han pasado dos semanas desde que visité el cementerio en Rocagrande. Ahora no puedo dormir bien. Me da miedo. El fantasma del niño se atreve a acercarse cada vez más y se aprovecha de los instantes en los que mi cuerpo no aguanta más y caigo dormido. Ayer en la noche no pude mantenerme despierto e involuntariamente cerré los ojos. Me despertó la repentina falta de oxígeno. Abrí los ojos, no podía moverme ni respirar. Se me había subido el muerto y la visión del niño me sonreía. Cuando desapareció pude al fin tomar una gran bocanada de aire.

Te escribo esta carta de madrugada porque volví a sentir la quemazón en la garganta. Pienso escanearla y enviártela por correo electrónico. Pude explicarte mi situación en el cuerpo del correo o llamarte pero habría sido demasiado rápido y además mi celular desapareció, en estos momentos necesito una distracción porque el niño está a mi lado y está susurrándome cosas horribles. No sé por qué pero a veces dice tu nombre.


Ramón



13. April 2020 20:39:32 10 Bericht Einbetten 10
Das Ende

Über den Autor

Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra es originario de Monterrey, Nuevo León al norte de México. Amante de los gatos, la música clásica e ingeniero químico de título encontró su vocación en la escritura de relatos cortos de misterio y suspenso.

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Mel Velásquez Mel Velásquez
¡Hola! Que buen giro del destino fue este de traerme a tus letras, me ha gustado bastante la narrativa fluida que tienes, el tinte escalofriante en tus letras y la buena dosis de terror del dia. ¡Gracias por escribir!
May 19, 2020, 19:17
Andrés Díaz Andrés Díaz
He recordado esas primeras veces cuando leía los cuentos de Poe. Como amante del horror (y la buena ortografía) te digo que has ganado mi admiración. Tienes un estilo bien trabajado y una redacción bastante buena. Eso le da solidez a la idea que ya de por sí es interesante: aunque cliché, la desarrollas a tu manera y añades algunos excelentes detalles. El final me pareció algo apresudaro pero no menos escalofriante. Sigo intrigado por la historia real de ese niño fantasma: tiene un rencor de ultratumba o hubo otro motivo más por el que sus padres pudieran ahogarle... En fin. ¡Felicitaciones!
May 02, 2020, 05:01

  • Andrés Díaz Andrés Díaz
    Te haré algunas pequeñas observaciones con total afán constructivo. Esto lo hago con todas las historias que me gustan y sobre todo cuando conozco a escritores con tanto potencial. No soy un experto, pero sé que todos podemos aprender de todos. Insisto: las cosas que señalaré son con esperanza de apoyarte a notar detalles susceptible de corregir. Al final tú tienes la última palabra. Uno de los detalles en tu narrativa es la falta de comas: a veces leer en voz alta la oración escrita puede resultar cansada porque todo va de corrido y sin pausas. No se trata de invadir el texto de comas, pero sí de darle el tiempo al lector para detenerse. Otro detalle es el uso de los guiones (-) en lugar de las líneas de diálogo (—). Estas las puedes copiar desde google y pegar constantemente al escribir (aunque es mera cuestión técnica). Por lo demás, te felicito por tan buena escritura. Te envío un cálido saludo desde México. Y si también disfrutas lees historias de horror, te invito a leernos. May 02, 2020, 05:09
  • Andrés Díaz Andrés Díaz
    Disculpa mi distracción: soy malo con los nombres y la verdad últimamente ando disperso. Te sigo agradecido por la reseña en "A través del cuarto oscuro". ¡Te mando un saludo desde Querétaro! May 02, 2020, 05:16
  • Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
    Muchas gracias por tus observaciones y felicitaciones. Pondré en práctica lo de las comas y los guiones. Tienes razón: Todos podemos aprender de todos. May 02, 2020, 16:14
  • Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
    En cuanto a lo que mencionas de los guiones. Tienes razón. Acabo de descubrir que mi teclado escribe tres tipos de guiones por algún motivo. ¡Saludos desde Jalisco! May 02, 2020, 16:18
Menyaldis Quenalu Menyaldis Quenalu
Wow, hasta sentí miedito porque recordé un creepypasta llamado 'El rastrillo' y tiene que ver con la parálisis del sueño también. Sentí el final algo apresurado pero contundente, dado que el fantasma estaba al lado de él y le susurraba cosas ;-;
May 01, 2020, 05:09

  • Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
    Ese creepypasta también lo conozco. Muchas gracias por tu comentario y tu retroalimentación. ¡Saludos! May 02, 2020, 16:16
Ze Mario Ze Mario
Interesante. Me parece que apresuraste un poco el final, y el diálogo del guía es algo chabacano, pero la historia cumple su propósito: hacerte imaginar que tienes a alguien respirándote en la nuca.
April 16, 2020, 03:26

  • Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
    Gracias por leer la historia y más gracias aún por tu retroalimentación. Lo tomo en cuenta para futuros diálogos. April 17, 2020, 21:25
~