criandomalvas Tinta Roja

El "Creador de Historias" perdió a su inspiración y tras ella, uno a uno, también a sus personajes. En un mundo ajeno a los dictados del tiempo y del espacio tendrá que enfrentarse, literalmente a sí mismo, en una batalla perdida de antemano. Ironías de un destino burlesco y cruel, su única esperanza es ponerse en manos de su más acérrima enemiga. ¿Que és "Esculpida en piedra"? Esculpida en piedra es un sueño sin sentido... ¿Pero desde cuando los sueños tienen sentido?


Fantasy Alles öffentlich.
1
3.8k ABRUFE
Abgeschlossen
Lesezeit
AA Teilen

Prologo.

Bien podría haber sido todo un sueño o una irónica broma de un destino que disfruta poniendo a prueba nuestra fuerza de voluntad. ¿Por qué sus pies lo habían traído de regreso al mismo lugar en dónde comenzó todo?

Las olas arremetían una y otra vez contra la costa para fracasar en cada embate. Después de tomar impulso perdían fuelle y se desinflaba su ímpetu. Para cuando llegaban a la orilla lo hacían mansas y en calma. Frustradas, se retiraban con una reverencia servil. Así es como el náufrago las imaginaba, como una alegoría de su propia vida. Quien se empecina en una misión imposible está condenado de antemano a estrellarse irremisiblemente contra el muro de la decepción. Sin embargo, después de cada nuevo descalabro, parecían no haber aprendido absolutamente nada.

Se sentía fuera de contexto. ¿Cómo era posible que bajo aquel cielo tan limpio y puro pudieran caminar (o arrastrarse) seres tan mezquinos?

La figura solitaria permanecía sentada, espatarrada sobre la arena, absorta en el ir y venir de las olas. Sus ropas estaban hechas jirones, pero secas. El mar lo había repudiado hacía mucho, aunque no fue capaz de precisar cuánto. ¿Años?¿Meses, semanas...? Los restos del naufragio continuaban en el mismo lugar en el que los dejó como si el tiempo se hubiera detenido, como si aquella playa se hubiera refugiado en un presente inalterable fuera del alcance del tiránico reinado de Cronos.

De tener la tristeza un color, debía de parecerse mucho al de sus ojos.

Aunque el sol lucía en su cenit, hacía mucho frío, de ello daban fe sus labios cortados. La sal del mar los había cauterizado y dotado de un enfermizo tono violáceo.

El arado de los años se había cebado en su rostro, dejando profundos surcos en una piel ya de por sí quemada por una vida en su mayor medida a la intemperie. Su pelo, aunque comenzaba a escasear, aún conservaba la negrura. Sería difícil precisar su edad, por lo curvado de su espalda debía de ser muy viejo, por lo ingenuo del brillo en sus ojos... muy niño.

Su mano alcanzó una rama que el mar había devuelto y comenzó a garabatear en la tierra sin dejar de contemplar el horizonte.

No se puede hallar la paz, siquiera rodeado por aquella quietud, cuando en tu interior albergas tanto dolor y resentimiento.

El corazón le latía muy deprisa, se sentía confuso e irascible, apático y aturdido. Claros síntomas de una deshidratación severa. Quizás, debido a ello, no se inmutó lo más mínimo cuando una gaviota se posó casi al alcance de la extensión de su brazo que era el palo. El ave se quedó inmóvil mirándolo con curiosidad.

—Largo de aquí pajarraco del demonio. - La gaviota hizo caso omiso y dedicó su tiempo a picotearse el plumaje con la mayor de las indiferencias.

—¡He dicho que te largues! —Le arrojó la rama, el pájaro desplegó las alas y la esquivó dando un saltito hacia un lado.

Reparó en el imponente pico del ave. Provocarla podría no ser una buena idea.

La gaviota se acercó caminando de forma bobalicona.

—¿Es que tengo cara de pescado? Seguro que de besugo y que apesto igual que un arenque. ¡Bah! Quédate ahí si quieres, con suerte de aquí a poco podrás darte un festín junto a los buitres. - La gaviota no dejaba de mirarlo y el náufrago comenzó a ponerse nervioso. Intentó ignorarla sin poder evitar el vigilarla con el rabillo del ojo. El pájaro lo seguía observando.

Se levantó de un brinco y le gritó alterado.

—¡Fuera de aquí he dicho!

Ni caso, el bicho se limitó a levantar la cabeza para mirarlo a la cara.

—Está bien, si tanto interés tienes por mi compañía, que menos que presentarnos como es debido. Cómo no espero que un hijo de furcia como vos tenga un nombre, y por no saber de un padre mucho menos apellidos, os llamaré pajarraco inmundo. Más difícil me ha de resultar el buscarme un nombre acorde a las circunstancias pues... —Hizo una reverencia. —...como buen comediante no me corresponde otro bautismo que el que disponga la obra a representar. ¿Os apetece un sainete, una comedia, o quizás un drama? De todo tengo un poco en este roto mal zurcido que ha sido mi existencia. Aquí donde me veis, apenas queda una brasa de la hoguera que han sido mis aventuras. ¡Qué digo hoguera! ¡Incendio de llamas más vivas que las del mismo averno! Pues eso es lo que ha sido mi vida, un infierno no exento de gloria. - Amedrentada por la excitación que se adueñaba del naufrago, la gaviota retrocedió un poco. Se la quedó mirando con semblante divertido.

—He de admitir que en este teatro se compensa la falta de aforo con lo entregado de su público. —Una nueva reverencia antes de continuar. —Os diré que he sido ladrón y reo, general y Grande de España. Que he librado batallas con piratas, salvajes e incluso contra el mismísimo diablo y he salido airoso de todas ellas. Solo en una guerra he sufrido la más amarga de las derrotas y poco importan mis anteriores victorias tras tan sonado fracaso.

He pasado de la miseria extrema a la más ampulosa de las riquezas, del desprecio a la admiración, pues soy hombre de extremos y no encuentro un "en medio" en el que establecerme. ¡Juro que lo intenté! Pero fuera de las tablas no soy nada y cuando mentir es tu oficio no obtienes otro pago que el descrédito. ¿Pues qué es un actor sino un embustero?

Sin más dilación comenzaré esta obra, anómala y extraña, pues empieza ahí mismo dónde acaba.

¿No hay aplausos? —De no ser un simple pájaro, casi podría parecer que la gaviota mostraba verdadero interés. —No importa, la función ha de continuar más que nos pese, hasta que el olvido o la muerte hagan caer el telón. —Grandi elocuente en los gestos a partir de aquel instante, alzando la voz y remarcando con fuerza las silabas tónicas.

—Bien es cierto que, como todo, es falso mi linaje, que no nací noble ni azul es mi sangre. Harto de humillarme, cansado de ser cofrade en la procesión de los fracasos, empecé mi bagaje por la senda del engaño. Negro mi pendón como el carbón, resguardado el corazón tras un peto de duro acero, me fingí caballero. Me armé con palabras, que no eran más que falacias con las que pretendía comprar otra vida lejos de la ruina del trabajo en el campo, de servir como vasallo, de ser un esclavo en manos de duques y condes, que esconden su condición de cobardes tras las armas que compra el oro ganado con la sangre de otros.

No tenía miedo, que patán, me adentré en el mar con mi pequeño velero. Arribé a este puerto para empezar de nuevo en pos de fortuna, de fama y de faldas. ¡La suerte me dio la espalda! Quiso el destino, que, en mi desatino, eligiese mal como siempre. ¡Un nido de serpientes es lo que encontré! Sin darme cuenta me hundí en los fueros de Pedro Botero y perdido en aquel infierno de lerdos, me las di de hombre siendo un niño, que asegura nada teme, pero no se duerme sin una vela encendida. Esa luz era ella, tan bella como venenosa, hermosa y salvaje. Cobrarse la pieza, está claro, era demasiada gesta para un gañan que en verdad nada sabía de justas o lidias, menos de cantar abalanzas, de recitar versos y estrofas sin ganarse la mofa de la concurrencia. Ciego de amor como estaba, no caí en la cuenta de que era yo la presa.

La creí cuando decía que me quería. Tarde entendí que no eran más que palabras sin peso, vacías, que transporta el viento al desierto donde no germinan y se olvidan.

¡Mentiras! Que corrompen el verso, las rimas, que llevando mi nombre no siento mías. Palabras hermosas, pero sin vida.

Nunca dispuse de honor como para pretender cobrarme la afrenta, ya solo me quedaba dar media vuelta con el rabo entre las piernas y escapar como una rata del barco que se hunde. ¡Que yo ganaba batallas solo en mi imaginación!

Se truncó la ilusión, se des hizo el hechizo, un clamor el ridículo y en boca de todos las desventuras del bobo galán. Se decantó la balanza en mi contra y, aun sin asumir la derrota, me retiré en la vaga esperanza, de haber dejado en su alma suficiente simiente como para que se arrepienta y regrese.

El viento ha marcado el trayecto, me ha conducido a este lugar. Perdido, oculto a los ojos curiosos parece un buen sitio para hundir mi acero en el suelo. Aquí construiré un castillo lejos de todos. No ceso en mi empeño de ser feliz. Crearé un mundo nuevo donde solo yo sea dueño de mi destino, donde sean otros los que bailen a mí son. Elegiré mi camino sin temor a equivocarme, sin rendir cuentas a nadie.

—Lamentos de cobarde.

La gaviota alzó el vuelo asustada y el náufrago corrió hacia el lugar en el que reposaba una espada incrustada en la arena. Amenazó con ella al recién llegado.

—¿Quién es el que interrumpe mi soliloquio?

—De sobras lo sabes.

Un hombre, cuya extrema delgadez acentuaba su altura, lo contemplaba con aire divertido. Tras él, un carromato cargado hasta arriba de aperos de todo tipo. El mulo que había de tirar del carro escarbaba en la arena en una infructuosa búsqueda de algo que llevarse a la boca.

—¿Un comerciante? Nada de lo que pretendas venderme me interesa. Déjame a solas con mis divagaciones. Me sobran razones para no querer tener a nadie cerca y menos a un mercachifle entrometido. Desaparece de mi vista si no quieres probar el acero de mi espada.

—¿El de esa mellada y oxidada? Seguro que no sabes siquiera cómo se maneja.

—Tengo la fuerza suficiente para hundirla en tu pecho sin mostrar a la postre arrepentimiento. ¡Vade retro! Sería absurdo que hallaras la muerte por intentar endosarme una sartén o una olla.

—No seas vehemente y deja que hable antes de mandarme al otro barrio. ¿De verdad crees que eres lo suficiente hombre para llevar a buen término tan ardua tarea? Largo viaje te espera como para acabarlo solo. ¿Qué no me entrometa? Me has estado llamando todo este tiempo. Construyamos entre ambos ese mundo en el que no hay cabida para otro Dios que no seas tú. En esta playa desierta, sobre la tierra, tu fortaleza. Pero si prefieres asumir la derrota...

El mercader se acercó y con el dedo apartó de si la punta roma de la espada. —No seas idiota, puedes dar vida a tus palabras, ellas mismas buscaran quien las escuche si ese es tu deseo.

—Ahora lo entiendo. ¿Por qué te presentas ante mí como un vulgar buhonero?

—Porque eso es lo que soy.

—Nada tengo con qué pagarte.

—De eso hablaremos más tarde. Cuando llegue el momento apareceré para cobrarme la deuda, paciencia.

—¿Qué tengo que hacer? ¿Debo firmar con sangre en algún papel?

—Esa será a partir de ahora tu única tinta, pero no será necesario para cerrar nuestro trato. Bastará con un apretón de manos, después tan solo has de soñar y llenar tu mundo de vida, seguir mintiéndote a ti mismo por los siglos de los siglos.

—¡La traeré de regreso!

—Eso es asunto tuyo, pero te lo advierto... cuidado con lo que deseas. Yo puedo hacer que los sueños se hagan realidad, sois vosotros quienes los tornáis en pesadillas.

—Aunque sé que en tu manga amagas el puñal, no me importa correr el riesgo. Ahí va mi mano.

—Tenemos un trato.

12. April 2020 09:56:45 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
1
Lesen Sie das nächste Kapitel El Creador de Historias.

Kommentiere etwas

Post!
Bisher keine Kommentare. Sei der Erste, der etwas sagt!
~

Hast Du Spaß beim Lesen?

Hey! Es gibt noch 20 Übrige Kapitel dieser Story.
Um weiterzulesen, registriere dich bitte oder logge dich ein. Gratis!