Kurzgeschichte
0
1.8k ABRUFE
Abgeschlossen
Lesezeit
AA Teilen

Cuento 2

Mi papá nos recuerda algunas veces cuando nos quejamos de la comida, que mi mamá, mis hermanos y él también somos privilegiados. Que no nos falta nada, siempre tenemos algo que llevarnos a la boca, tenemos ropa para vestirnos y que podemos estudiar e incluso ir de vacaciones. Aunque yo sueño con algo más, como liberarme de la repetición del día a día, eso de acostarme cada noche, luego levantarme y desayunar para luego ir al colegio y encontrarme siempre con los mismos compañeros y profesores y estudiar las mismas materias, volver a casa y hacer por un tiempo las mismas cosas. No sé por qué tengo esos sueños tan raros. Son raros, porque ni yo los comprendo, salen de algún lugar que no identifico. Así que trato de ser más normal, para no angustiarme por no entender.

Llovió mucho la semana pasada, será que estamos en marzo. Mi amigo tiene un auto, es chiquito pero blanco y bonito, parece de juguete. Salimos a llevar ropa y comida, porque somos privilegiados.

La casita era como una choza, hecha de placas de cartón para tetrabreaks, había una fábrica a unos cinco kilómetros de distancia. Los cartones se sostenían con palos y pedazos de madera atados entre sí, la puerta era de madera. El camino hasta llegar a la chocita era de tierra y barro, a los costados del camino la gente de la ciudad había depositado sus bolsas con basura. Eran los únicos colores del paisaje.

Una vez hecho el trámite, vi que de la cuerda que cruzaba el fondo del asentamiento, colgaban como guirnaldas cinco perritos recién nacidos. Ya estaban bien muertos, por asfixia, cada uno tenía un cordón viejo de zapatillas que rodeaba su cuello, mientras colgaban sus patitas inertes, sus estómagos estaban hinchados como si recién hubieran mamado.

La perra saltaba y los olisqueaba de vez en cuando. El señor que recibió las bolsas de las manos de mi amigo, nos dijo que así era mejor. Que no podían alimentar tantas bocas.

- Ya solo me queda ésta, que se está salvando porque mi hija la más chica se ha encariñado. A ver como la engaño y se la cuelgo junto a los hermanos.

Era la última, la más chiquita. Es blanca y peluda, tan bonita como una Rosita. Los ojos bien negros hacen contraste con su pelo, sus ojitos cuentan muchas cosas.

La Rosita creció en casa, de vez en cuando se escapaba y huía hasta de mí. Quienes la conocían le decían: ah, esta perra loca. Era rara, impredecible. La quería así.

7. April 2020 00:36:10 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
0
Das Ende

Über den Autor

Kommentiere etwas

Post!
Bisher keine Kommentare. Sei der Erste, der etwas sagt!
~