Kurzgeschichte
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Miserias en un mar de pobreza

“Dieciséis años en este mundo” debía pensar Aron aquel lunes soleado. Era seis de septiembre del año 2019 y aunque sin demasiado entusiasmo, este joven español se disponía a apagar cada una de las velas que su madre le había colocado cuidadosamente en el pastel, y aunque la desafinada voz de su familia no le dejaba escuchar ni la radio anunciando las altas temperaturas, eso no consiguió desconcentrarlo de pensar en su deseo mas añorado. Ese sentimiento que roza la imposibilidad con el eterismo y que solo depende de hacia donde miren los ojos de aquel que la busca, eso a lo que llaman felicidad. Y aunque ese mes su familia había comido todos los días e incluso había pagado algunas facturas, Aron quería mas, porque así era él, él quería mas dinero, mas amigos, mas noches durmiendo sobre una cama, mas agua en la garganta. Pero Aron era extraño, era tan extraño que también quería menos, porque así era él, él quería menos golpes a la puerta por no pagar aquella multa que “no era culpa suya”, menos lagrimas por aquel amigo que se marchó, menos noches en el suelo fingiendo dormir mientras veía como lo único que había en la garganta de mamá era alcohol. Porque así era él.

El resto de la tarde Aron estuvo abriendo los desempaquetados regalos que su familia había comprado gracias al ahorro de todo el año y comiendo aquellas deliciosas golosinas de cinco céntimos que venden en la tienda de la otra calle. Extrañamente ya eran pasadas las 6 pero aún hacia bastante calor así que Aron aprovechó para jugar un rato al fútbol con su padrastro y su hermana en el parque de enfrente con la pelota recibida horas antes. Mientras tanto su madre les miraba desde el balcón fumándose su bien merecido cigarrillo con una cara de satisfacción y nostalgia.

Aunque a partir de ese momento me hubiera gustado que ese tal Aron no fuese yo, me hubiera gustado que mi madre hubiese escuchado las precauciones que decían en la radio debido a las altas temperaturas, entre las que estaba no dejar cigarrillos encendidos cerca de las cortinas, me hubiera gustado que al levantar la cabeza después de recoger la pelota del suelo no hubiese visto a mamá en el balcón pidiendo ayuda desesperadamente.

“Dieciséis años en este mundo” debí pensar aquel seis de septiembre del año 2019, pero por desgracia lo único que recuerdo pensar aquel día fue:

“Dieciséis años en este infierno...”

27. März 2020 00:17:37 0 Bericht Einbetten 0
Das Ende

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