martin-girona1583791253 Martin Girona

Diego trata de reconocer su casa, mientras alguien lo observa por la ventana y su perro despelleja los restos de un cuerpo humano.


Horror Monster Literatur Alles öffentlich.

#canibalismo #monstruo #bestia #asesinato #asesino-en-serie #terror #misterio
Kurzgeschichte
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El cielo se desangraba sobre la ciudad. Diego se refugió bajo el precario techo de la parada del autobús, al lado de una mujer que miraba la hora con impaciencia.

Prendió un cigarro, cubriéndose del viento con el cuello de la campera.

Cuando llegó a su casa, la lluvia había mermado. Solo se oía el murmullo de una llovizna fina y constante. Estaba empapado, tenía la ropa pegada al cuerpo y los zapatos inundados de agua. Le gustaba la lluvia, pero ya había tenido más que suficiente.

La casa se veía diferente.

El pasillo que conectaba las tres habitaciones estaba más oscuro que de costumbre.

Cuando fue a colgar la campera, notó que en el perchero había un paraguas rojo. Él no tenía un paraguas de ese color y estaba seguro de que Celen tampoco. ¿Su amiga se había comprado uno? Celen odiaba las cosas rojas, pero no todos son selectivos con los paraguas cuando están en medio de una tormenta, y ella odiaba mucho más la lluvia que el color rojo.

Se secó los pies en la alfombra lo mejor que pudo. Era una alfombra nueva, Celen se había dignado a cambiar aquel trapo de pelos enmarañados, que había arruinado la entrada durante muchos meses. La nueva alfombra era más discreta y por lo menos no parecía un animal mojado y muerto.

Prendió el interruptor de la luz.

Nada.

Los colores y los objetos de la casa permanecieron desaparecidos en la penumbra.

Caminó hasta su cuarto tanteando las paredes, chocó contra una estantería y algunos libros cayeron al piso. ¿De dónde salió ese mueble?

Entonces miró por la ventana y vio a su perro en medio de la menguante tormenta. La llovizna caía sobre su largo pelaje, empapado y aplastado contra la piel.

Estaba royendo un hueso largo, demasiado largo como para haber salido de las sobras de una comida. De sus fauces colgaban jirones de la piel que despegaban y arrancaban sus dientes. Sus ojos centelleaban en la oscuridad con un destello vidrioso y bestial.

Un escalofrío le trepó por la espalda.

Tenía la boca seca.

Le sudaban las manos.

Era un sudor pegajoso. Demasiado pegajoso y espeso.

Golpeó la ventana para llamar al perro.

No recordaba su nombre.

No recordaba el nombre de su perro.

Seguro se lo había puesto él, porque a Celen le gustaban menos los perros que el color rojo.

Un relámpago encendió el patio, en un destello fugaz que se disolvió en las sombras. Pero le dejó una imagen más nítida y perturbadora.

Huesos.

Huesos en todo el patio.

Carne.

Pelos.

Huesos.

No eran los restos de una comida.

Trató de llamar a su perro.

No recordaba su nombre.

A Celen no le gustaban los perros.

Diego nunca tuvo un perro.

No era su perro.

El patio estaba lleno de huesos y la casa era una tumba desconocida que apestaba a miedo y a tierra revuelta.

Otro relámpago le enterró en los ojos una escalofriante fotografía del infierno.

No era un perro.

Nauseas.

Visión nublada.

Sentía el corazón palpitando en sus oídos y detrás de sus ojos.

Sus manos sudaban demasiado.

Un sudor pegajoso y espeso.

Se miró las palmas. Rojas.

Sus manos chorreaban sangre sobre las baldosas de la cocina.

Aquella figura agazapada entre la bruma de la tormenta no era un perro.

No era un perro.

No era un perro.

Esa no era su casa.

Celen estaba muerta.

Esa no era su casa.

Diego vivía solo, en un pequeño apartamento en el noveno piso de un edificio viejo y frío, de techos altos y ventanas pequeñas.

El perro ya no estaba.

Las sirenas aullaban acercándose, mientras Diego contemplaba su reflejo en el vidrio de la ventana.

Sus ojos centelleaban en la oscuridad. Tenía la ropa y la piel manchadas de sangre.

De repente, notó el gusto amargo en su boca y sintió la dureza de la carne machacada por sus dientes.

Afuera ya no llovía.

Escuchó un grito desgarrado que sacudió las entrañas de la casa. La mujer de la parada seguía viva y había escapado del sótano.

12. März 2020 00:21:51 4 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

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Alien Carraz Alien Carraz
Había escrito otra cosa para felicitarte de nuevo, pero por pasarme de listo me salió mal. Mejor digamos que tu cuento me ratifica que el talento te sobra. ¡Excelente!
March 29, 2020, 12:34

  • Martin Girona Martin Girona
    Saludos! Muchas gracias por el comentario tan alentador y me alegro de que te haya gustado. March 29, 2020, 13:37
Andrés Díaz Andrés Díaz
Me has dejado con los nervios de punta durante el clímax de la historia. Es un relato construido casi que con maestría narrativa. Sigo de cerca tu obra pues este es el segundo cuento con que logras fascinarme. Muy buenos elementos literarios asoman entre estos renglones que sacuden al lector con imágenes de pesadilla y un ritmo que se vuelve súbitamente vertiginoso. ¡Bravo! Te invito a que nos leamos. Excelente historia. ¡Saludos desde México!
March 25, 2020, 04:40

  • Martin Girona Martin Girona
    Andrés: Muchas gracias por tu reseña y tu comentario tan positivo, es realmente alentador recibir devoluciones de este tipo. Estaré encantado en leerte. Saludos! March 25, 2020, 04:53
~