randuril Romy de Torres

Charles se ha pasado la vida entre libros imaginando que es el protagonista de alguna emocionante historia. Por eso cuando Katherine se presenta diciendo ser su prometida cree que se trata de una fantasía creada por su mente. Pero, ¿es posible que él haya imaginado tanta perfección? ¿Será ella real? ¿Acaso importa si Katherine existe o no?


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Kurzgeschichte
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Ella

—¡Charles!

Sus ojos se movían con cadencia por la página; lento, absorbiendo cada palabra que formaba un mundo entero de sabores y colores que él imaginaba a la perfección, casi como si estuviera ahí, casi como si fuera real.

—¡Charles!... ¿Dónde te metiste?

Ella estaba por aparecer. Nervioso, como si se hiciera una jugarreta a sí mismo, volvió a leer su descripción, que estaba un par de páginas atrás. Era una mujer hermosa, de cabello largo, fino y muy rubio. Su piel blanquísima, tersa, seguramente tan suave al tacto como la seda más fina. Su cuerpo esbelto, que las varias capas de ropa de la falda y el cuello alto del vestido debían ocultar a los ávidos ojos masculinos, era en realidad destacado por la prenda, que se cerraba en la estrecha cintura, mientras el corsé levantaba más de la cuenta el busto, que hacía parecer mucho más voluptuoso.

Sus ojos eran azules, grandes y límpidos, que él imaginaba con una sombra de oscuridad cuando se enojaba, porque su carácter y fuerte temperamento normalmente era encerrado en las formalidades de la época. Una mujer no debía tener opinión propia y ella lo detestaba.

—¡Charles!... ¿Charles?

El sonido de una puerta abriéndose. Ella sonrió ampliamente.

Oh, sí, estaba entrando en escena, y Charles descubrió que se sentía un poco agitado solamente por eso.

—Por supuesto debías estar aquí.

Los pasos resonaron en el suelo de madera, y después fueron ahogados por la mullida alfombra.

—¿Charles?... Te estuve buscando todo este tiempo, yo… ¡Bueno! ¿Es que no piensas dejar ese libro y prestarme atención?

Silencio. Después, el sonido de las telas frotándose entre sí con cada paso que ella daba, avanzando.

—Charles… ¿Charlie?... ¡Charles!

De pronto él se encontró mirando a la nada, con las manos en alto donde antes sostenía el libro, que había caído a su regazo de un rápido manotazo. Estupefacto, pestañeó y miró hacia adelante, a un par de ojos azules que lo observaban con determinación y un poco de enfado.

«Lo sabía, sus ojos azules se oscurecen cuando se enfada», pensó él aún antes de darse cuenta de qué pensaba.

Ella se fue serenando, agradada porque él finalmente le hiciera caso. Sonrió y sus ojos brillaron.

Charles se quedó completamente quieto. Volvió a pestañear, pero la imagen delante de él no se desvanecía, aquella mujer estaba allí, frente a él, aunque era imposible.

—¿Charles? —El tono de ella era preocupado—. ¿Te encuentras bien?

—¿Ka-Katherine? —tartamudeó él haciendo un tremendo esfuerzo.

Ella sonrió otra vez, pero de una forma distinta, halagada como si hubiera recibido un cumplido.

—Nunca me has mirado así —comentó—, parece que me vieras por primera vez.

Acomodó sus voluminosas faldas y se sentó en la silla tapizada que estaba frente a él.

—Ya te dije que podías llamarme Kate —agregó—. Después de todo, somos prometidos.

A Charles se le terminó de caer el libro al piso, que rebotó sobre la alfombra. Él comenzó a toser cuando quiso replicar, sin saber si el nudo más grande estaba en su garganta o en su cabeza, donde los pensamientos se agolpaban enredándose unos con otros, empujándose para intentar salir primero.

—Ah… Nosotros… Nosotros…

—¿Charlie? ¿Te encuentras bien? —Kate se levantó con rapidez y cruzó el espacio para arrodillarse frente a él—. Querido, deberías salir y tomar un poco de aire. ¿Qué tal si paseamos por el jardín? O mejor aún, acompáñame a la tienda de dulces, necesito comprar algunos obsequios para mis sobrinos. Luego podemos tomar el té en el hotel Grassbrook, mi amiga Olivia no hace más que hablar del lugar y sus pastelillos de manzana con nata, he estado deseando ir.

Charles inspiró una gran bocanada de aire. Ella lo observó expectante, con los sonrosados labios entreabiertos.

—Katherine… Lo siento. Kate.

—¿Sí? ¿Me acompañarás?

—No puedo —lamentó sacudiendo la cabeza.

—¿Por qué? —Ella se levantó exasperada.

—Tú no eres real —replicó él simplemente, mostrando las palmas de las manos para hacer más elocuente su respuesta.

—No soy real —repitió ella con ironía.

Charles pareció no escucharla.

—Me he vuelto loco, me he vuelto completamente loco —dijo, aflojando el peso de su cuerpo en el sillón. Se pasó una mano por el cabello, revolviéndoselo—. He perdido la razón. O quizá esté soñando.

Katherine lo observó en silencio, siguiendo todos sus movimientos.

—¿Qué clase de hombre soy? ¿Qué clase de tonto rematado sueña, o alucina, eso se verá más tarde, con el personaje de un libro? —Charles soltó una carcajada seca y cortante—. Soy un completo idiota. —Alzó los ojos y observó a Katherine, que le devolvió una mirada azul—. Toda la vida me la he pasado entre libros —le explicó. Ella inclinó un poco la cabeza, parecía interesada en lo que él le contaba—, en ellos siempre hallé… no lo sé, un lugar mejor, un sitio donde cosas fantásticas e increíbles podían suceder. Como un estúpido, yo me creía el personaje principal de esas historias, un guerrero de las cruzadas, un paladín de la justicia, un trovador que iba de palacio en palacio, el héroe que liberaba a la princesa y le daba un beso enamorándola para siempre. Yo, ¿comprendes?, un hombre tranquilo y sin ambiciones, que nunca en su vida podría enamorar locamente a ninguna mujer con solo mirarla.

Katherine continuaba mirándolo, atenta a cada una de sus palabras, con la espalda bien erguida y tomándose las manos por delante del cuerpo con fuerza.

—Finalmente, después de tanto soñar, de tanto leer y crear fantasías en mi cabeza, he perdido la cordura —dijo Charles y se tocó la sien con un dedo—. ¿Sabías que existe un libro que trata de eso? El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, una novela española. La leí cuando era niño, me provocaba cierto temor entonces, me veía a mí mismo muy bien representado en el viejo Don Quijote, tenía miedo de que me ocurriera lo mismo. ¿Quizá habrá sido una advertencia de mi cerebro en ese momento?... ¡Mírame, le estoy hablando a una mujer que no existe! —exclamó, mirando a Katherine, pero reprochándose a sí mismo.

—Nunca he leído ese libro —comentó ella con aspereza—. ¿Es bueno?

Charles la miró como si estuviera loca. No le respondió.

—Heme aquí, imaginándome el protagonista de una novelita romántica, el héroe fuerte y masculino que hará suspirar entre sus brazos a la espléndida belleza que su familia ha elegido para él —comentó, casi riendo ante lo absurdo que le resultaba todo—. Ah, pero ella no me quiere. Es decir, al protagonista, ella es una mujer hermosa, inteligente y resuelta, nunca aceptará a un prometido a la fuerza, por eso él… ¿o debería decir yo?, me saldrá humo de la cabeza si intento comprenderlo… Él deberá conquistarla, poco a poco, ganarse su corazón, porque no está dispuesto a renunciar a ella.

Katherine le dio una mirada curiosa, casi divertida.

—¿Entonces? —inquirió ella.

—Entonces —repitió Charles casi enfadado—. ¡Entonces!... Ah, estoy tan completamente loco que soy capaz de ponerme a discutir con las creaciones de mi mente. No, no, debo hacer algo. Quizá la respuesta esté en el libro. O tal vez pueda echarme a dormir y cuando despierte todo se habrá arreglado… Podría estar delirando de fiebre en la cama en este mismo momento y yo sin enterarme… No, la respuesta tiene que estar en el libro.

Se agachó para recoger el volumen caído sobre la alfombra, pero una mano grácil y enguantada se lo impidió. Katherine también se había agachado y había adelantado el brazo para frenarlo.

Charles levantó la mirada y se encontró con la de ella.

—¿Qué haces? —inquirió él, curioso.

—No todas las respuestas están en los libros, Charlie —le dijo con seriedad poniéndose de pie.

Después pateó el libro con la punta de su fino zapatito, y lo mandó al otro lado del cuarto, para que él no lo alcanzara.

—¿Qué haces? —insistió Charles, ahora estupefacto, obligado a mirarla hacia arriba desde su posición en el sillón cuando ella se adelantó un paso hasta quedar frente a él.

Katherine estiró el brazo izquierdo y tiró un poco de cada uno de los dedos del guante, hasta aflojarlo y sacarlo. Después lo tiró sobre la silla donde había estado sentada.

—No puedo dejar de pensar en la señorita Adams, mi institutriz —comentó con una sonrisa—. Si estuviera aquí le daría un ataque, siempre me decía que bajo ninguna circunstancia debía tocar a un hombre sin los guantes, y por supuesto solamente en las partes más decorosas del cuerpo, el antebrazo o el hombro, nada más.

Soltó una risita y procedió a quitarse ahora el guante de la mano derecha, que corrió la misma suerte del anterior.

—Que va, la señorita Adams se moriría aquí mismo si viera lo que estoy a punto de hacer —dijo Katherine resuelta.

Alargó una mano. Sus dedos blancos y finos casi temblaron de expectativa. Sus mejillas se sonrojaron con suavidad.

—Charlie… —susurró.

Embelesado, él también estiró la mano, hechizado, rozando las puntas de los blancos dedos que se le ofrecían.

—Kate… ¿qué…?

Ella asió su mano con fuerza y la usó como un ancla para acercarse de golpe y caer sentada justo en su regazo. Charles inspiró fuerte por la sorpresa, sintiendo el peso del cuerpo de ella, sus curvas definidas entibiando su cuerpo. Katherine se acomodó, luchando con el voluminoso lío de faldas, moviéndose con una ingenua libertad encima de él, sin saber lo que provocaba.

—Lo lamento —se disculpó con una sonrisa tímida—, parece que el sillón es demasiado pequeño para los dos.

Aunque ella no tuvo intención de apartarse, Charles le pasó un brazo por la cintura guiado por la imperiosa necesidad de estar más cerca, de lograr que no se esfumara aquella visión. Si era un juego que su mente febril le jugaba, una visión, era la más perfecta que podría haber imaginado nunca.

Katherine levantó los ojos y ambos se sostuvieron la mirada durante lo que parecieron segundos eternos y alargados, como si cada uno durara una vida completa. Ella pestañeó, abanicando las pestañas, sonrojándose y apartando los ojos después, avergonzada.

—Entre prometidos hay cosas permitidas, ¿verdad? —comentó.

—Supongo —respondió Charles con voz ronca, sin saber de qué estaba hablando en realidad, ni adónde quería llegar.

Podía sentir el calor del cuerpo de ella en él, avivándose cada vez más, y le llegaba un delicioso aroma a flores que se dio cuenta que provenía del cabello perfectamente peinado de Katherine. ¿Él era capaz de imaginar todo eso? ¿Tanto detalle?, ¿tanta perfección?

—Dime, Charlie —dijo ella bajando la voz, haciendo que una intimidad embriagadora los envolviera—, ¿no se siente real esto?

Con timidez levantó una mano y le acarició la mejilla con su delicada mano. Sus dedos estaban un poco fríos y Charles los envolvió con su propia mano para calentarlos. Ella sonrió con dulzura.

—¿Acaso soy una fantasía, Charles? —preguntó.

—Lo pareces —murmuró él, dejando que sus ojos recorrieran su rostro suave, sus grandes ojos azules, la línea esbelta de su cuello. Se detuvo un instante en el encaje que cubría el pecho de ella, que subía y bajaba un poco agitado, luego alzó los ojos y repasó con la mirada los labios entreabiertos, sonrosados, con una curva perfecta que sería deliciosa de besar.

Volvió a mirarla a los ojos. Katherine se sonrojó y tembló ligeramente, una oscuridad sensual tiñó los iris azules.

—Charlie…

Él no fue capaz de resistirse. Atrapó el suspiro de ella con la boca y la besó. Sus labios eran dulces, o eso fue lo primero que pensó, de una dulzura embriagadora y adictiva, suaves. Se deleitó en ellos probándolos con suavidad, como cuando encontraba un libro que le gustaba y se detenía en cada página, absorbiéndola y haciéndola parte de sí mismo.

Katherine separó los labios un poco más, llevada por un instinto ingenuo, aceptándolo por completo, y Charles no fue lo suficientemente fuerte para negarse a probarla con su lengua, compartiendo con ella una intimidad desconocida.

Katherine gimió y volvió a temblar, revolviéndose en sus brazos, provocando en Charlie nuevas sensaciones que buscaban ser satisfechas cuanto antes. Él se apartó a duras penas, respirando agitado como si hubiera corrido una carrera. Ella también quiso recuperar el aliento, su rostro estaba completamente sonrojado y sus ojos brillaban de una manera que Charles nunca había visto. ¿O leído?

—Kate… yo…

—Charlie, dime, ¿no soy real?... ¿No es esto real? —preguntó ella, haciendo un enorme esfuerzo por sostenerle la mirada a pesar de la avergonzada timidez—. ¿No me conoces? ¿No sabes quién soy yo?

—Te conozco —aceptó él—. Eres encantadora, inteligente, haces cosas sin pensar muchas veces en las consecuencias, eres valiente. Pero además eres hermosa, perfecta… la mujer de mis sueños.

—Oh, Charlie —dijo ella emocionada.

—Lo sé todo sobre ti, porque lo he leído, Kate —continuó Charles—. Estás prometida contra tu voluntad con el señor Bradford y estás muy molesta porque tus padres hayan decidido…

Ella soltó una risita divertida que hizo que él la mirara interrogante.

—Claro —replicó Kate—, el señor Bradford, Charles Bradford. Tú, Charlie.

Charlie la miró como si le hubiera salido otra cabeza junto al hombro.

—Bradford —repitió él, entonando cada sílaba. Agitó la cabeza—. No, no podía ser Bradford, era… el nombre era…

Lo único que podía hacer era fijarse en el libro. Miró alrededor buscándolo y recordó que ella lo había lanzado al otro lado de la habitación y para alcanzarlo tendría que levantarse, apartarse de ella, y no estaba dispuesto a hacerlo.

Como si adivinara su pensamiento, ella se removió sobre su regazo y le echó los brazos al cuello para evitar que se fuera.

—No, eres mío ahora, no te dejaré ir —dijo implacable, como una niña que no permitiría que nadie se comiera su dulce.

Charles sintió que una gota de sudor le resbalaba por el rostro. La tomó de la cintura con delicadeza, pero ella continuó agitándose, intentando escapar de sus brazos.

—Charles, no…

—Kate… quédate quieta o… —Charles descansó la frente en el hombro de ella cuando finalmente se detuvo, expectante—. Soy un hombre después de todo, no puedes esperar que…

Katherine pestañeó intentando comprender lo que le decía. Después se sonrojó.

—Supongo que tu señorita Adams no te habrá explicado estas cosas —bromeó Charlie para intentar serenarse.

—Oh, bueno, lo hizo ahora que estoy prometida —respondió Kate con franqueza—. Aunque utilizó muchas metáforas y alegorías, la señorita Adams dice que es de mal gusto nombrar las partes del cuerpo en una conversación casual.

Charles no pudo evitar soltar una risa de verdadero humor que le hizo cosquillas en el cuello a Katherine.

—Charlie —intentó ella unos segundos después—, ¿no es esto real para ti? ¿Esto que te hago sentir? Porque lo es para mí. Y antes de que digas nada más, estás equivocado, no lo sabes todo de mí. ¿Acaso sabes cuál es mi canción favorita?, ¿mi comida favorita?, ¿la estación del año que más me gusta?, ¿qué lugares quisiera visitar? —Él levantó la cabeza para mirarla y ella sonrió—. No soy perfecta, tan perfecta como dices, Charlie, y ciertamente estás equivocado en que me moleste estar prometida a la fuerza con el señor Bradford —remarcó ella—. Lo único que me molesta es que él prefiera pasar más tiempo con estos libros que conmigo, me hace pensar que en realidad no le gusto y preferiría estar prometido a alguien más.

—El señor Bradford no preferiría a nadie más —replicó Charlie mirándola a los ojos.

Ella pareció realmente feliz de escuchar aquellas palabras.

—¿Pero cómo explicas esto? —continuó Charles—Tú… estabas en el libro… ¿Se hizo realidad el libro o estoy soñando?

—Quizá estuviste tanto tiempo entre libros que olvidaste que en la vida real también pueden cumplirse sueños, también puede haber grandes proezas y fantásticas aventuras —respondió ella con dulzura. Después agregó divertida—. ¿Era realmente Bradford el apellido del protagonista?

—Ya no lo sé —confesó él—. No estoy seguro de nada.

—Yo sí estoy segura de algo —dijo Katherine mirándolo a los ojos—, quiero hacer que la vida conmigo sea mucho más emocionante y deseable que esas fantasías que lees en tus libros, quiero hacer que desees estar más conmigo que entre esas páginas. ¿Crees que podría lograrlo?

Él ya se había rendido hacía mucho tiempo, quizá desde la primera vez que había leído sobre ella, o había sabido de ella, de su cabello rubio y largo y su mirada azul.

—Ya lo has logrado, Kate —murmuró, sucumbiendo a aquella fantasía tan real.

Katherine soltó un gritito de felicidad y se apretó contra él, besándolo apasionada, sin demasiada maestría, pero con gran fervor. Charles respondió hasta que los dos estuvieron de nuevo agitados, luchando por recuperar la respiración.

—Nunca me resultó tan incómodo el corsé como ahora —comentó Kate en un susurró contra los labios masculinos.

—Dios mío, no digas esas cosas —rogó Charlie, sintiendo que su mente afiebrada funcionaba a una velocidad impresionante haciéndolo imaginar escenas nada decorosas.

—¿Por qué? —inquirió Katherine curiosa—. Creo que deberé preguntarle algunas cosas a la señorita Adams.

—Ni se te ocurra —le prohibió Charlie de inmediato—. Ahora… bésame una vez más antes de que salgamos.

Encantada, ella sonrió ampliamente.

—Sí, señor Bradford —dijo antes de apretarse de nuevo contra él y soltar un gemido cuando él la envolvió por la cintura con fuerza.

Los libros en la habitación parecieron esfumarse, como se esfumó de la mente de Charles aquella pregunta que siempre lo había molestado, como una espina clavada que no quiere salir. ¿Qué es real en realidad?


FIN

1. März 2020 20:46:47 2 Bericht Einbetten Follow einer Story
3
Das Ende

Über den Autor

Romy de Torres Escritora, fanficker, amante de la música, procrastinadora profesional. Si quieres invitarme un café: https://ko-fi.com/randuril

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Post!
Mael Sánchez Mael Sánchez
HOLA! Me encanto tu cuento, me parece que tienes una musa realmente mágica, y la historia logra ir llevando al lector con interés hasta el final, eso me gusta. Espero leer más de tus historias futuras... Te invito a leer mi cuento "Reloj a Destiempo" SALUDOS!
March 03, 2020, 00:30
Noham Theonaus Noham Theonaus
¿Se está tan loco como para confundir la realidad con la fantasía? ¿O tan enamorado como para idealizar a tu amada como si fuera esa protagonista que desearías leer completamente, en la profundidad de las páginas?... Maravillosa historia, como todas las que escribes. Espero puedas publicar más también por este canal. ;)
March 01, 2020, 21:05
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