El pez Follow einer Story

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Giovanni Temoche


Mientras me preparaba para el ingreso a la Universidad Católica, conocí a una chica de aspecto hermoso. Ella se esforzaba por entender los cursos de matemáticas; por esa razón, solicitaba la ayuda de un compañero de aula. El compañero era muy hábil con esos temas; mientras yo con mi grupo nos dedicábamos a hacer bromas sobre el azar de las respuestas en el examen de admisión. Más temprano que tarde; y casi sin darme cuenta, me había enamorado de ella. Ella quizás nunca lo supo, pero idealicé su belleza, su forma de hablar y hasta su forma de vestir. Creé este cuento inspirado en lo que sentí por ella en su momento. A todos los personajes les asigné un nombre diferente, cambié muchos aspectos de la realidad y le coloqué un final inesperado. Así nace la historia "El pez".


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El pez


Era una tarde cualquiera, una tarde dentro de una época en la que todo parecía ser más simple.


Sí, sin duda una tarde inolvidable en la que el sol brillaba en su máximo esplendor y normalmente nada pasaba de lo normal a lo extraordinario. Nada -me aventuré a pensar- excepto por lo que ocurrió ese mismo día.


Había encontrado un lugar cercano a la ventana. Sin duda esa pequeña secuela que claustrofobia que me invadía con frecuencia cuando era niño ahora lo hacía casi espontáneamente. Dejé mis pertenencias a un lado y miré alrededor de esta nueva aula. Sabía que faltaría más de media hora para que llegara alguna otra persona; tiempo que para mí, parecía una eternidad.


Vagué en mis pensamientos, solo quería saber cómo poder realizar todo de diferente manera. Cerré los ojos y el profundo silencio del ambiente hizo el resto del trabajo. Caí en un profundo sueño. Desperté rápidamente y noté que la temperatura había empezado a descender hasta el punto de llegar a enfriarse casi completamente.


Al salón llegaba cada vez más gente, la cual se iba acomodando en los lugares que ahí había. Ningún conocido. ¿Y que más esperaba? Quizás estar solo sea bueno en esta ocasión. Los minutos pasaban y el ambiente se hacía cada vez más ruidoso. Al poco tiempo el salón se llenó de conversaciones y música. Volví a voltear y fue ahí cuando pude verlos a todos claramente: algunos abrían sus libros, otros usaban sus teléfonos para enviar mensajes, otros gritaban y hacían bromas.


Entre todos los que ahí se encontraban detuve mi vista en alguien que parecía no querer llamar la atención. Un ser inverosímil para un día cualquiera, alguien que casi pasaba desapercibido ante las miradas jóvenes y poco atentas de aquellos muchachos. Tenía el rostro apretado, los dientes muy pequeños y se sacudía de una forma muy extraña.


Nadie parecía notar que aquel ser era un pez.

Lo empecé a examinar completamente: caminaba y se comportaba como humano, hasta respiraba nuestro aire. La sequedad de sus aletas mostraba que se había mantenido fuera del agua por más que un largo tiempo; sin embargo, sus agallas parecían estar muy sanas. El pez escribía con una de sus aletas mientras trataba de mantener la cabeza firmemente mirando al pizarrón. Algo muy extraño.


El maestro llegó y nos saludó con un tono activo, queriendo quizás así levantar la confianza en nosotros mismos. Eso era lo que más necesitábamos. La mayoría le devolvió el saludo, mientras que otros no le tomaron importancia. Detrás de él, venía una adolescente de cabello negro, acompañada de su inseparable amiga. Encontraron un sitio cerca de mí y entonces, la clase comenzó.


Aunque la voz del profesor se escuchaba en todos los rincones del salón no logré concentrarme. Solo veía a la chica de cabello negro. De su brillante pelo liso se despedía un fresco olor a fresa. Ella volteó ligeramente el rostro y ahí la pude contemplar con más detenimiento -¡Qué suerte la mía!- Me quedé encantado de su belleza.

Llegó alguien nuevo, golpeó la puerta ante la atención de todos y entró estrepitosamente, casi riendo. Se situó en uno de los primeros sitios disponibles y, después de un gigantesco papeleo, logró sacar un libro de pequeñas dimensiones. Todos rieron. El muchacho obeso parecía no molestarse por las risas y acomodó los papeles. Aparentemente ya había estado en ese lugar mucho antes que yo. Algunos lo saludaban por su nombre. Él me vio y se presentó ante mí. Su nombre era Hernán, pero me dijo que lo llamaban Mr. Skull.


Yo era el único recién llegado que empezaba a conocer el sistema y lo sabía. El maestro hizo una seña e interrumpió la conversación. Mi recién conocido compañero obedeció y volvió su mirada hacia al frente. Yo también lo hice, aunque no podía evitar contemplar a la chica de cabello negro. Después de un rato tratando de atender la clase, alguien me pidió un sacapuntas. Era ella ¿Habría notado que la estuve mirando?

Sus ojos de color marrón claro me miraron agradecidos y ella me respondió con un "Gracias". Normalmente, no era muy bueno recordando nombres, pero hoy, todo parecía tener una excepción. Ella se presentó como Melina y su nombre nunca más se me borró. Su rostro tenía una belleza inigualable y además, sabía que luchaba por los mismos objetivos que yo. Nada más sabía de ella. Describirla como completamente hermosa quedaba muy pequeño para tan solo un adjetivo.


Volví mi mirada hacía el pez. Se encontraba muy atento al pizarrón. Hice lo mismo.


Los gráficos en el pizarrón parecían muy confusos y poco entendibles. La sensación de frío que me invadió desde el comienzo, volvió repentinamente y todo pareció estar a punto de desvanecerse. Algo muy extraño estaba sucediendo. Sentía que el tiempo había empezado a acelerarse y el reloj parecía observarme. Mientras copiaba los diseños y trataba de resolver algunos problemas, transcurrieron más de dos horas.

Me quedé un largo rato esperando a que termine la charla y llegue el momento de salir. Melina se iba a ir y no le había hablado lo suficiente. Si seguía con el miedo de hablarle, quizás algún día me arrepentiría por no volverla a ver. La vida era una sola y nadie tenía la certeza de que hubiera alguna otra después de esta. ¿Por qué no valorarlo todo entonces?


Pero el miedo no se iba. Lo apartaba con las manos; pero me di cuenta de la diferencia abismal entre pensar y hacer.


Mr. Skull hablaba con un muchacho de aspecto francés, en un lenguaje que muy pocos conocían y con un acento extraño. Su nombre era Reynaldo y ambos parecían entenderse perfectamente. Volteó hacía mí y me ofreció jugar con ellos dominó después de clases. No accedí, es decir, no podía porque vivía muy lejos. Mr. Skull no se sintió ofendido, me ofreció jugar con ellos cualquier otro día. Afirmé con la cabeza.


El maestro finalizó su clase con unos cuantos problemas más y sonó el timbre indicando el final. Todos se apresuraron a guardar sus libros dentro de sus mochilas. A continuación entró por la puerta un joven con muchos archivos bajo el brazo. Su nombre era Neto y se presentó como nuestro motivador. Nos anunció de un cambio inesperado en el cronograma. En dos días habría una expedición a las montañas y todos estábamos invitados.


Un pensamiento me invadió al oírlo hablar: escalar me parecía una emocionante idea, nunca antes lo había hecho, sin embargo –pensé fríamente –respecto a mi compañero acuático, ¿cómo él podría hacerlo? Volví mi mirada completamente hacía el pez y esperé que alguien hiciera lo mismo. ¿Todos estaban locos? ¿Qué sucedía? Sus ojos sin párpados exageradamente separados y unos pequeños bigotes cerca de su cara, parecían darle la facultad de vernos y espiarnos directamente, mientras al mismo tiempo parecía no hacerlo.


Él me miró directamente y se levantó de su asiento. Agarró su mochila y se fue sin despedirse. Lo vi salir, apresuradamente, por la puerta más próxima.


El motivador continuó como si nada hubiese ocurrido, nos explicaba los requerimientos necesarios para la expedición y finalmente terminó haciendo unas preguntas. Me vio a mí y me preguntó por qué me veía tan pensativo. Yo solo logré responderle con "¿Alguno de ustedes ha notado algo extraño?"


Neto se quedó callado. Todos volvieron a reír. Nadie quiso responder. El motivador me habló acerca de cómo mantener una actitud positiva frente a la vida y siguió con su discurso. Guardé mis lapiceros y traté de ver algo de interés en las caras de mis compañeros. Mr.Skull parecía muy emocionado. Melina parecía... ¿Dónde estaba Melina?


Miré alrededor y noté que ella también se había ido -¡Qué mal! Quizás mañana podré hablarle, pensé- mientras esperaba a que el motivador terminara de decir las últimas palabras del día.


El tiempo iba muy rápido y de repente me encontraba caminando por la acera. La noche cayó conmigo y vi el reloj. Era muy tarde. Oí algunos sonidos en mi cabeza y reconocí que hoy había sido un día muy largo. Quedaba muy poco tiempo para la prueba final y era consciente de lo que podría suceder si me daba por vencido. Quería descansar pero no me sentía cansado en absoluto. Los pensamientos fluían dentro de mi cabeza y se detenían a recordar a alguien de quien solo conocía su nombre. ¿Dónde estaría Melina? ¿Se vería en los mismos aprietos que yo?


La noche transcurrió en un lapso muy corto. Desperté en la mañana sin recordar haber dormido. La taza de café se encontraba como siempre, descansando ahí en mi escritorio. El sol estaba escondido entre nubes y hoy no quería salir de ahí. Era mi segundo día aquí y podía ver que aun muy poco había cambiado: ya no era el recién llegado y debería entenderlo, aunque aún me sentía nuevo.


Me asomé por la puerta y misteriosamente el pez había sido uno de los primeros en llegar. Él no me había visto aún, más parecía ocupado en sus propios asuntos. Sus grandes ojos enrojecidos y sus bigotes deformados me hacían creer que no había tenido descanso ni un solo minuto.


Sentí una aguda sensación de frío recorrer mi cuerpo. Sabía que él podía notar mi presencia de alguna forma. Retrocedí y decidí mejor esperar a alguien más. Caminé despacio para pasar inadvertido por si alguien más me pudiera estar observando. Cuando alguien finalmente vino, regresé hacía la entrada de la puerta y entré sin pensarlo.


El clima silencioso que se vivía, me sugería que había sido mala idea llegar tan temprano. Cuando Melina llegó intenté volverme su amigo durante todo el día. Ella era esa clase de chicas que se encontraba en una escala social muy privilegiada; pero al mismo tiempo era muy sencilla. Eso me gustaba mucho.


De pronto, supe que ese día había sido sorprendente, aunque extraño. Y es que constantemente sentía una especie de presencia macabra que pululaba en el aire e intentaba vigilar cada paso que daba. Cuando miraba alrededor casi siempre veía al pez de perfil con su ojo inmóvil hacía nosotros.


Pero trataba de ignorar esa sensación. La forma de hablar de Melina se me quedó grabada en el alma y no podía borrar su imagen de mi cabeza. Estaba feliz de tenerla tan cerca y saber que mañana estaríamos todo el día juntos en la montaña. Ahora sí me gustaba la idea de la expedición.


El día llegó. Pasé rápidamente entre todos los lugares disponibles en el ómnibus y busqué a Melina con la mirada. Ella aún no estaba. El pez vino junto a dos personas más. Se acomodaron y empezaron a conversar. Dejé de cuestionarme la posible comunicación entre miembros de diferentes especies. Mr.Skull apareció con Reynaldo, el chico de aspecto francés. Se sentaron junto a mí y empezamos a hablar:


-¡Se ha formado una nueva pareja, los he visto salir! –dijo Mr. Skull en voz baja, emocionado como si fuera un niño por su reciente descubrimiento.


Yo, trato de no entender, aunque lo primero que viene a mi mente podría ser una de mis peores pesadillas. El destino parece querer estar en contra de mí, tan sólo al escuchar unas palabras de alguien tan inocente que no mentiría. Sin remordimiento y sin notar que la noticia es como un fusil que me derrumba, dice abiertamente:


-¡Melina y el pez!


Permanecí inmóvil. Quería recuperarme para poder argumentar a mi favor. Nunca los había visto salir, ¿Era posible que nunca lo haya notado?


-La verdad es que no lo creo ¿tú... tú crees que la ame? –respondí inmediatamente, en un intento de defender una esperanza.


-Yo los vi estudiando problemas de matemáticas. El pez le enseñaba con mucha dedicación y ella se veía tan sonriente ¡Yo creo que ama mucho al pez! –exclamó Mr. Skull, con cuidado de no ser escuchado.

El chico francés vio mi cambio de expresión y sin dudarlo, silenció a su amigo.


-Intenta estar a su lado, protégela, sé su mejor amigo, haz lo que esté a tu alcance. Su corazón decidirá -sentenció mientras el sonido del bus emprendía su marcha hasta las montañas.


Durante el trayecto traté de poner mis pensamientos en orden. El sonido del aire parecía incesante a través de esa ventana. Efectivamente Melina estaba junto al pez ahora. El bus recorrió los largos kilómetros mucho antes de la hora pactada.


Melina bajó primero. Le ofrecí mi bloqueador para que no se quemara la piel.


Todos los del grupo caminamos por una colina. La pendiente mostraba, cada vez, más ferocidad. Las rocas gigantes y quebradizas le daban un aspecto de laberinto. Después de casi una hora de caminata, todos se mostraron exhaustos. Extendieron sus provisiones justo ahí y empezaron a contemplar el horizonte.


Mr. Skull, el chico francés y yo nos pusimos de acuerdo para llegar al punto más alto posible. Las rocas totalmente verticales que debíamos escalar, lucían amenazadoras para cualquiera que estuviese decidido a enfrentarlas. Y tenían razón de ser:Pronto nos dimos cuenta de que necesitábamos tener mejores habilidades. Volvimos con el grupo.


Los tres nos reunimos cerca a una roca. Mr. Skull parecía ser el feliz eterno, pues siempre encontraba un chiste para todo. Reynaldo, era la voz de la razón. Y yo era el melancólico. De lejos, solo veía a Melina y a su supuesto novio. Había perdido toda esperanza.


El increíble paisaje que ofrecía el cielo ahí era impresionante, digno de ser disfrutado cada segundo. Aquel cielo –pensé- donde los pensamientos más ocultos de las personas se pierden en el aire ¡Eso era! Había recordado algo. Inspeccioné mi bolsillo en busca de aquel objeto que podría ser la respuesta a todas mis inquietudes.


Cuando mi mano finalmente tocó aquel valioso aparato hecho de simple papel, lo contemplé con tal asombro que Mr. Skull y el chico francés preguntaron por qué llamaba tanto mi atención. Quizás era algo que debió haberse mantenido en secreto porque yo sabía que con eso se podía conocer los pensamientos y sentimientos más profundos de una mente, pero algo me hizo reflexionar: ellos se habían vuelto personas de las que no desconfiaría.


Le ofrecí la PsyWheela Mr. Skull por unos momentos. La sostuvo en sus manos.


-¿Qué puedo hacer con esto?


-Con esto empecé a practicar telequinesis. Una vez que estés convencido que es real podrás incluso caminar sobre una superficie vacía sin caerte –respondí.


Reynaldo se mostró escéptico. Mr. Skull, por primera vez, también lo hizo.


-Se los voy a demostrar- les dije y sin articular alguna otra palabra tomé la PsyWheel .Corrí hacia lo más alto de la pendiente. Cogí el artefacto con mi mano izquierda mientras me aproximaba a la roca más alta e inclinada. Puse un pie en la tierra mientras el otro se encontraba en el aire. Tragué saliva.


Apoyé mi segundo pie en el aire y caminé, suspendido en el vacío. Mr. Skull y Reynaldo parecían no creer lo que sus ojos les mostraban. Se alejaban lentamente hacia atrás mientras yo me aproximaba hacía ellos en mi singular transporte. Toqué el suelo con los pies y bajé completamente.


-Ya no tienen razón alguna para continuar siendo escépticos -les dije. Ambos se miraron asombrados.


Y es que con eso podía mostrarte los mejores paisajes a Melina. Los más bellos que existían sobre la Tierra. Luego, acompañar su guía con un poema donde la comparaba con todas las maravillas.


Corrí pendiente abajo para poder encontrarla. Mr. Skull y Reynaldo me seguían. El accidentado camino parecía estar en contra de mí. Parecía haber más vegetación y piedras de lo normal. Noté que algo extraño estaba sucediendo. El cielo también empezó a oscurecerse ligeramente.


Extrañado, bajé el ritmo. Mientras más me detenía, más claro podía escuchar un sonido claro que venía de lejos. Ese sonido era claro, era inconfundible. Era un sollozo ¡Sentía esa voz tan grabada en mí que no podía desvincularla o al menos confundirla! Supe entonces de quien era.


-¡Melina! –Grité con todas mis fuerzas- ¡Melina! ¡Melina!


Detrás de una densa planta llena de hojas fue donde la encontré. Su rostro estaba pálido. La abracé. Melina entonces relató los hechos. La frialdad de aquellas pesadillas invadía sus sueños cada noche. Era el pez. El pez se había enamorado de ella, pero luego le notó algo raro. Sus ojos negros y sin párpados se abrían completamente frente a ella, como si se tratara de una pesadilla viviente. Esto lo hacía de forma amenazante, para no dejarla sola.

Tomé su mano. Era momento de ser libres. Era momento de hacerla volar, de hacer su sueño realidad. Melina sintió como la llevaba hasta el borde del precipicio.


-¡Cuidado! ¡Nos podemos caer! –exclamó.


-No caeremos –respondí serenamente mientras su mano aún sostenía la mía. Me adentré unos pasos más sobre el precipicio y me suspendí en el aire lentamente. Melina vio atónita desde el suelo como mi cuerpo empezó a flotar sobre la nada.


-No caeremos –volví a repetir- mientras tiraba de su brazo suavemente. Ella finalmente accedió con un poco de miedo. Se mantuvo temblando hasta que sus zapatillas deportivas finalmente hicieron contacto con un nuevo tipo de superficie. Nos suspendimos juntos, donde nunca nadie había logrado estar. Ella seguía sorprendida y aún temblaba.


-Te contaré algo –me acerqué a ella- Yo también me encuentro en una situación en la quisiera tan sólo olvidarme de las preocupaciones. Pero, –medí las palabras que estaba a punto de decir -ellas están para ser superadas. Si no existiesen ¿Tendríamos una meta a dónde llegar? Pues no.


-En este mundo hay todo: felicidad, tristeza, ánimo, angustia, éxito, fracaso y sobretodo –me detuve por un momento- ...muchas tonterías. Disfrútalo. Ella rió.


El cielo, ahora, se había tornado muy celeste y las nubes le daban una apariencia extravagante. El joven paisaje dibujado a nuestro alrededor le daba vida -No mires hacía abajo- le decía cada vez que ella temblaba.


Melina apoyó su cabeza en mi hombro y yo estreché su mano con más fuerza


-Gracias –dijo –Yo no conocía ese lado de ti.


No respondí. Tan solo dije dentro de mí: Yo tampoco


Nos quedamos en silencio por unos instantes. Le dimos la vuelta entera a la montaña que no habíamos podido escalar. Después de unos cuantos minutos volvimos a la superficie terrestre. Le pedí que no contara a nadie acerca de lo que había visto. Ella afirmó con la cabeza.


No todos los días se podía hacer realidad un sueño, pero ese día lo había hecho. Melina estaba ahí, a mi lado y yo estrechaba su mano. Le pregunté más acerca de su compañero acuático, es decir, realmente pensé que ellos eran novios. Ella respondió con una negativa.


Se escucharon voces a lo lejos. El resto del grupo se aproximaba raudamente hacía donde estábamos. Miré a los lejos y noté a Mr. Skull acercarse a toda prisa. Fue el primero en llegar.


- ¡Qué bueno verte en la superficie! ¡Esconde ese aparato ahora!


-¿Qué ha sucedido? -pregunté


-¡Desapareció! -Pronunció Mr. Skull agitadamente -¡El pez se ha escapado!


Sus palabras me transmitieron una sensación fría. Me sonaron esta vez peor que una alarma. Recordé el rostro de aquel ser nuevamente, sentí verlo a los ojos. Sus fuertes pupilas penetrantes parecían tener controlados todos mis movimientos. Siempre sentí que tenía algo profundamente escondido.


El resto del grupo llegó hacia donde estaba, pero nadie afirmaba haberlo visto. Neto usó su radio rápidamente para alertar a las brigadas. Alertaron de una posible caída. Nosotros ayudaríamos hasta que sea posible, nos dividiríamos en grupos para ir en busca del pez.


Neto nos recordó nuevamente las dificultades que podría tener nuestro compañero acuático en estas situaciones. Nos exhortó a guardar la calma.


Melina, Mr. Skull y yo fuimos los primeros en organizarnos. El chico francés se dirigió con otro grupo. El horizonte lucía dominante, intrépido. Sabíamos que podíamos hacerlo más rápidamente que los demás con la ayuda de la PsyWheel. Era ya un secreto que los tres compartíamos, aunque debíamos ser sigilosos.


Nos alejamos velozmente de los demás. La temperatura comenzó a descender. Esta vez era un frío violento que hacía palidecer la realidad. La sensación de que el tiempo se desvanecería pronto reapareció. Transcurrió poco tiempo para que todos los demás se fueran.


Los arbustos sonaron, aunque esta vez no eran por el viento, eso era muy claro.


Un ser de imponentes dimensiones se erigió detrás de las rocas que acompañaban el paisaje tras el acantilado. Nadie podía creer lo que estaba viendo. Los pequeños bigotes cerca de su boca se movían de un lado a otro, como olfateando el aire en busca de su próxima presa. Esa presa cuyo destino parecía estar escrito desde un comienzo. Mr. Skull retrocedió. El pez mostró una flor de Magnolia sobre su cabeza. Era la primera vez que lo escuché hablar tan fuerte y claro:


-¿Por qué no la dejas tranquila? -profirió, alegando que yo le había hecho daño a Melina.


El ser acuático de piel escamosa dudó, me miró y rápidamente me propinó un golpe en el vientre. Hice un esfuerzo sobrehumano por reincorporarme. Rápidamente, respondí tomando la cabeza de la horrible criatura y apretándola con todas mis fuerzas. La bestia gritó de dolor y, furiosa, se defendió con su cola. Su falta de extremidades me daba un poco de ventaja, pero no era un rival fácil.


Poco a poco, todos los demás se amontonaron alrededor de nosotros. Los gritos de aliento se fueron escuchando hacia ambos bandos. Mr. Skull y el chico francés miraban la escena impávidos. Nunca creyeron que fuera alguien a quien le gustara pelear, y de hecho, no lo era, pero esta vez era diferente. El pez arremetió su cola rápidamente contra mi vientre otra vez. Su rostro se había empezado a llenar de espinas y su cuerpo segregaba una sustancia resbalosa.


La furia del pez había desatado una gran nube de polvo alrededor. Los espectadores se alejaban cada vez más, pero los gritos de guerra continuaban. Reaccioné rápidamente.


-¡Dile Melina! ?Dile acerca de tu novio! ¡Dile el porqué de tus pesadillas! !Sabes que no soy yo! -exclamó el irritado pez. Melina bajó la cabeza, tal como si un pensamiento la obligara a callar. Tal como si algo hubiera hecho mal:


-¡Mi novio no vive aquí! ¡Ya te lo dije!


Al escuchar esas palabras, quedé inmóvil. En ese momento, pude dejarme empujar hacía el acantilado sin oponer resistencia. Mi fuerza había disminuido y ahora estaba débil. Melina nunca sería para mí.


El pez dio un movimiento violento y arremetió contra mí. Hizo lo que pensaba. Yo caí de espaldas hacía el acantilado sin devolver el golpe. La Psywheel no me hubiese podido salvar ahora. No la había invocado.

Mientras veía mi cuerpo pasar entre aquellas dos grandes masas de roca sentí una tranquilidad absoluta. Ya nada podría hacer. Recordé lo que Neto decía cada vez que venía al salón de clases, un pensamiento que jamás pensaba usar en la vida real -o al menos en la poca que me quedaba.


"-Si no puedes evitar la caída, disfruta el paisaje"


Cerré mis ojos. Me vi pasar por un profundo sueño en cuyo trance ya estaba atrapado. Mi corazón empezó a latir muy rápidamente y un frío extremo me invadió.


Algo me despertó.


El frío había vuelto. Abrí los ojos y escuché que alguien me hablaba muy cerca. Era un sujeto extraño. Miré a mí alrededor una y otra vez ¡Estas no eran las colina!


-¿Estás bien? –Preguntó- Cerraré la ventana, hace mucho frío.


Sus palabras me hicieron caer en una nueva realidad. Nada de lo que había sucedido existía, o quizás empezaba a caer en la más horrible locura. Al menos eso pensé hasta que vi a alguien llegar. Era el profesor ¡Y detrás de él venía una adolescente de cabello negro acompañada de su fiel amiga!


La clase comenzó. Yo decidí buscar al pez con la mirada pero nadie parecía anormal ahora. Puse la mirada al frente.


Quizás eran mis más grandes miedos los que me impedirían poder hablarle a Melina esta vez. Quizás el pez fue un invento de mi imaginación que puso las barreras entre mí y un mundo que parecía inalcanzable. Busqué la PsyWheel, pero también había desaparecido.


Al poco tiempo llegó un chico gordinflón, el cuál sacó un libro de pequeñas dimensiones después de un gran papeleo. Ya sabía su sobrenombre, él era Mr.Skull.


Todos rieron.

25. November 2019 02:02:38 0 Bericht Einbetten 0
Das Ende

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