callmereid Andréss Navas

LIBRO 1 Un cataclismo radioactivo redujo la población mundial a un pequeño territorio de Nueva Euria: Invernadero, la única región a salvo de la radiación negra en el exterior. La historia tiene sus inicios ciento veintisiete años después del desastre original, cuando Reid despierta en medio de una amnesia temporal y escapa de una organización ligada a los experimentos más ruines que los Invernantes jamás hubiesen conocido. Él deberá hacer frente a los desafíos de un mundo que apenas conoce, siendo que, muy pronto, su realidad tomará un curso brusco y acelerado hacia la destrucción. ¿Podrá entonces encarar a su peor enemigo? ¿Uno que está presente incluso más allá de sus pesadillas?



Science Fiction Dystopie Nicht für Kinder unter 13 Jahren. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

#romance #misterio #asesinato #aventura #español #distopía #violencia #enfermedad #tortura #amnesia #295 #cultos #acción #habilidades
139
12.2k ABRUFE
Im Fortschritt - Neues Kapitel Every week
Lesezeit
AA Teilen

I - La mano negra del olvido

Reid

16 de septiembre, año 127 d. mg.


El clima helado e implacable de las montañas podía penetrar hasta los huesos de las rocas y árboles expuestos a fuertes ventiscas con aroma de lluvia tropical; en medio de la nada, en algún paraje de tan rudo paisaje, despertaba de un profundo estado de inconsciencia, aquel individuo semidesnudo, golpeado y totalmente desorientado.


Su respiración entrecortada y un excesivo temblor en el cuerpo, aunado al intenso dolor de cada órgano interno, le permitieron caer en cuenta de que aún no estaba muerto, aunque tal vez lo prefiriera en aquel momento. Su mente, aun desvariante, apenas tuvo la fuerza de ordenar a sus entumecidos miembros ciertas maniobras para recuperar la movilidad, lo que, poco a poco, le permitió colocarse de pie y mantener un vago equilibrio. El rastro de sangre en el suelo fangoso, donde hasta hace instantes reposaba su cabeza, le impulsó a llevar su pálida mano a la sien, donde pudo rozar una herida abierta.


La adrenalina parecía mantenerlo con vida y el instinto de supervivencia comenzó a palpitar otra vez dentro de su corazón.


Una mirada en derredor desde donde se hallaba y luego hasta la cima de un acantilado junto a él, trajeron punzantes recuerdos que despertaron un profundo temor; la sensación de huir hacia cualquier lugar volvió a clavarse en su alma, tras el grito aterrador de una chica que aun retumbaba en su mente, mezclado con el vértigo de una caída al vacío: "¡REID!"


Había decenas de interrogantes que lo perturbaban y que aún no era capaz de responder: "¿Qué ha sucedido? ¿Qué hago aquí? ¿Me persiguen?... ''¿aún me persiguen?, pero... ¿por qué...?"


Episodios de una cruenta batalla e imágenes confusas de escuálidas personas que parecían fugarse de una prisión, comenzaron a circular por su mente sin control; entonces entendió que él mismo era víctima de una cacería y supo en ese momento que, quien quiera que se acercara a él, podría estarle buscando únicamente para hacerle daño.


"¡Estoy escapando!", pensó, mientras su rostro comenzó a sentir gotas de lluvia.


De repente, escuchó el estruendo de botas y gritos lejanos, acompañados de ocasionales destellos de linterna y el estruendo de un rayo cayendo a tierra; la ansiedad le invadió, ocasionándole un intenso dolor de cabeza. El joven debía actuar de prisa y utilizar la poca coordinación que le quedaba para salir de allí, o lo encontrarían.


Al girar la vista con desespero en varias direcciones, descubrió una fosa contigua, cubierta de arbustos y ramas, hacia la cual impulsó su cuerpo para caer y quedar ligeramente oculto, justo en el momento en que comenzó a llover con mayor fuerza.


Con intrépida rapidez cubrió sus pies entre el lodo y procuró adentrarse lo más que pudo en las entrañas de la tierra, quedando así cubierto casi por completo, en medio de la oscuridad.


El torrente aguacero borraría sus rastros con una rapidez tan efectiva y oportuna que ni él mismo lo creería.


"¿Me he caído?... ¿Por qué no recuerdo nada?", hizo un gesto de incomodidad por la posición que mantenía oculta su cabeza, y aun con dolor, de imprevisto, escuchó muy dentro de sí un diálogo: era su propia voz y la de una desconocida:


"—¡Corre, no hay mucho tiempo! —


—Espera... ¡REID! ¡NO!"


Casi de inmediato, los gritos de aquellos a quienes identificó como sus posibles captores, interrumpieron su vago recuerdo, y nuevamente le sobrevino el temor... estaban muy cerca.


—¡REID! —era el nombre que resonaba con ahínco en las rudas voces de los hombres que se acercaban a la escena, obligando al cauto a respirar mucho más despacio, sin poder evitar la terrible sensación de que los fuertes latidos de su corazón lo delatarían en medio de tan profundo silencio.


—¡REID!... ¡LEATHAM!


Al menos una pregunta había hallado solución entonces: “Reid Leatham…” pensó, “...Ese es mi nombre. Me buscan a mí".


Los gritos de sus cazadores, se mezclaban con la voz desesperada de la chica en sus recuerdos.


Más pronto de lo que esperaba, y a penas con la poca visibilidad que tenía desde donde se encontraba, el prófugo pudo tener una visión clara de sus persecutores: eran tres sujetos fornidos, botas de campaña y pantalón tipo uniforme de cuero negro, con bordes detallados en carmesí. Se cubrían de la lluvia con una especie de gabardina encapuchada que ocultaba sus rostros y el dorso corporal.


El destello de luz que chocó sobre uno de ellos, dejó claramente visible una mano desnuda que portaba un arma, donde Reid descubrió esa marca que no podría olvidar con facilidad: el ojo ensangrentado del Génesis.


Los acompañaba un perro rastreador de buen tamaño, que por cierto parecía un poco desorientado e intentaba buscar las pistas que el fango había borrado.


—Olvidadlo—exhaló el principal de entre ellos—, la lluvia hará que el perro pierda el rastro… Son muchos olores combinados.


—¡Hay marcas de sangre! —exclamó el otro—… Supongo que fue aquí donde cayó—prosiguió, mientras examinaba el lugar dónde había permanecido Reid, inconsciente durante horas.


—¿Veis huellas? —cuestionó, con un aire de superioridad reconocible como el de un líder.


—Ninguna. Ahora podría estar en cualquier parte…


—Señor... ¿Insinúa que el chico sigue vivo? —preguntó el tercero de la compañía.


—¿¡Acaso veis su cadáver!? —reprochó casi con sarcasmo, procurando calmarse luego.


—Pero, señor... Nadie sobreviviría una caída así.


No hubo respuesta.


La respiración de Reid aumentaba junto con la presión en su pecho, al notar que se acercaba a su posición el dirigente del grupo, ese que tenía una cicatriz como de cuchilla que le atravesaba la ceja derecha, y que parecía estar observándole en silencio, el mismo al que se habían referido como "Señor".


Al detenerse varios metros frente a él, en distintos niveles de la colina, y sin forma de saber si ya le había descubierto o no, el muchacho solo podía permanecer allí tirado, en silencio, a la espera de un movimiento en falso.


De pronto, notó como el sujeto parecía enfocar la vista como en señal de haberle descubierto, y entonces se dispuso a alumbrarle con la luz


—¡TRAS ÉL! —Exclamó en lo que soltaba al can y emprendían una persecución colina abajo.


Reid se colocó de pie y salió corriendo en dirección contraria, con una rapidez inexplicable (considerando su actual estado físico).


—Shocker... Le estamos pisando los talones al muchacho. Está vivo, notificad a Lewis... —Indicó al intercomunicador en su oreja mientras corría.


Solo la luz de la luna que descendía sobre las montañas rocosas de Invernadero podía dirigir el camino del pelinegro, quien se esforzaba por esquivar los árboles y rocas en su camino a medida que avanzaba entre tropezones y caídas en medio de lo desconocido, sin recordar, sin pensar.


El perro sediento de sangre le pisaba los talones e intentaba cercenarlos con sus afilados dientes. Entre zarpazos y ladridos, atropelló al muchacho ocasionando su derribo, rodando ambos hasta los pedregales cercanos. Allí Reid, sofocado por la presión de la mandíbula en su muñeca rasgada, no tuvo más opción que golpearlo con una roca en la cabeza hasta matar al violento animal.


Los armados derraparon por el lodo y se encontraron muy próximos a capturarle, separados solo por algunos árboles y enredaderas; uno de ellos disparó en varias ocasiones una munición tranquilizante que el pelinegro reconocería a simple oído, y que lograría por fortuna esquivar para continuar su circuito con mucha velocidad.


Unos metros, más internado en un nuevo acantilado, comenzaba a escucharse el rugir del Brazo de Lilith (un río de agua dulce que desemboca en el mar) y, al llegar hasta la orilla de una afilada roca, Reid se vio obligado a detenerse, hallándose completamente atrapado y sin salida, salvo que decidiera arrojarse a las fuertes corrientes que yacían bajo su sombra.


Respiraba con rapidez, su cuerpo dolía, su antebrazo sangraba, su visión era aún borrosa; aquello era una declaración de muerte, pero incluso eso era preferible para él.


Unos escasos y tentadores pasos le guiaron sobre la roca en la que se encontraba hasta ese momento, temblando, sudando en frío, observando a la vez unos cuantos metros hacia abajo el poderoso camino de agua oscurecida por la noche, esa que rompía con las piedras bajo su manto.


—¡ALTO ALLÍ! —Exclamó uno de los merodeadores, habiendo llegado también al borde del abismo mientras recuperaba el aliento, apuntándole con su arma inmovilizadora. —¡Vendrás con nosotros, no hay salida!


—Saludaré al diablo de tu parte.


Hubo un salto en silencio, seguido de una detonación de pistola que contrastó con el ambiente, y luego... todo se desvaneció.


***


McBride

16 de Septiembre, año 127 d. mg.


Pronto el callado general se detuvo, y llevó una de sus manos al rostro, como en señal de frustración. Solía ser siempre sereno y calmado, de hecho, procuraba mantener todo bajo estricto control, pues cuando las cosas se desenfrenaban, por lo general se cabreaba de una manera intimidante.


Estuvo de cuclillas unos minutos, mientras sus otros dos acompañantes esperaban alguna orden o veredicto. Su cabello semi grisáceo (evidencia de sus cuarenta años) estaba a punto de ser consumido en medio de la ira.


—¿Por qué razón le disparó? —inquirió entre susurrando.


—Señor... yo... creí que...


—Decidme... ¿Qué sucede cuando una persona cae inconsciente a un río como éste?


—Señor...


—¡RESPONDED, MALDITA SEA!


El silencio era interrumpido solo por la lluvia que no paraba de arrojarse contra el suelo, y las bravas corrientes de agua que rompían debajo de ellos.


—Lo siento, ha sido mi error, no volverá a suceder.


—No... Claro que no. —Desenfundó su arma y le disparó sin previo aviso, justo en la cabeza, matándolo en el acto.


El compañero del difunto permaneció inmutable, parado firme y mirando al frente, hasta que el asesino se hubo dado la vuelta de nuevo.


El dispositivo en su oreja recibió una transmisión entonces, induciendo al sujeto a guardar su arma para luego responder a la llamada, retomando su serenidad.


—McBride, ya notificamos a Lewis—sonó desde el otro lado de la línea—. Dame buenas noticias.


Tomó un profundo respiro y luego exhaló.


—Shocker… comunicad a Lewis que perdimos el rastro del sujeto veintiuno. Va río abajo en dirección a Portville.


—Maldición, se va a enojar. —Bramó el dispositivo.


—Descuida, no irá muy lejos. Desmantelaremos los pueblos cercanos tan pronto cesen las lluvias. Le encontraremos.


—Más te vale, es único en su especie y ya ha comenzado. No podemos perder su genoma, no ahora.


—¿Qué hay de la chica? —Sonrió McBride, un instante antes de cerrar la comunicación.


—No tuvo la misma suerte. —Carcajeó.


De inmediato el sujeto terminó la llamada y regresó la vista hacia el agente a sus espaldas, quien cargaba un notable terror en el rostro.


Luego de unos segundos observándole, McBride señaló al otro agente sin vida y le ordenó:


—Échale al río.


No hubo respuesta por parte del subordinado, entonces el general carcajeó ante la ausencia de palabras


—Entiendo... no te lo he pedido de buena gana. —luego le apuntó entre las cejas— En realidad he querido decir: si no le echas al río, le harás compañía.


***


Uno McGregory

17 de Septiembre, año 127 d. mg.


El sol resplandecía, habiendo ya nivelado la temperatura de la tierra, humedecida por las constantes lluvias que habían estado atormentando el oriente de Invernadero.


No había nada que pudiera distraerles en su viaje, ni a él ni a su hermano gemelo: Dos McGregory, salvo quizás la presencia de lo que parecía ser un náufrago en la costa. Se trataba de un muchacho pálido, de composición física similar a la de un soldado centinela, pero muy golpeado y sin conciencia, abandonado allí para el disfrute de las aves o de los lobos salvajes.


Movidos a misericordia, fueron a su encuentro y le tomaron entre ambos hermanos para subirlo a la carreta y continuar su recorrido, no sin antes atender algunas de sus heridas más graves.


Para cuando el muchacho despertó ya era un nuevo día. Estaba abrigado e inexplicablemente bien acomodado en el rincón de un carro guiado por un tiro de caballos marrones.


El joven se levantó tan rápido como sus actuales fuerzas así le permitieron (pues estaba muy débil), y miró con desespero a todos lados, como en búsqueda de sus agresores, imaginando quizás que había sido capturado por ellos mientras dormía, llamando además la atención de sus rescatistas.


—Así que has despertado ya—mencionó un señor grande y barbudo que parecía ir de copiloto.


Reid lo observó con precaución, y analizando las posibilidades en su mente, quizás pensando en arrojarse del transporte, aún con el miedo corriendo por las venas.


Al notar esta reacción, el sujeto se dio la vuelta casi por completo, dejándole el mando de sus caballos al otro hombre junto a él (muy parecidos en estatura y de rostro, a excepción de que aquel tenía una barba más pronunciada y de color castaño oscuro).


—Eh, tranquilo jovencito, no te haremos daño. —Mencionó mientras hacía movimientos con las manos como en señal de calma. —Mi nombre es Uno McGregory, y él es mi hermano gemelo: Dos. —Señaló a su lado.


Él extendió su mano luego de presentarse, invitando al chico a estrecharla, a lo que Reid no respondió más que con la mirada, dejándola extendida.


—Eres muy desconfiado ¿eh? —Uno regresó la mano a su anterior posición y se dio la vuelta al frente.


—Precavido... en realidad. ¿En dónde estamos? —Preguntó el pelinegro.


—Estamos en los límites de Peaklab—replicó el otro sujeto, al que identificaba como Dos McGregory—, a un día de camino de Portville.


—¿Qué... ¿Qué fue lo que sucedió?


—Pues te íbamos a hacer la misma pregunta—prosiguió Dos—. Anoche veníamos de una junta de negocios en Royal Wood y te vimos a las orillas de la playa, tirado cerca del camino de tierra—dijo, señalando hacia alguna parte—. ¿Te sientes mejor ahora?


—Me duele el cuerpo entero...


—Estabas todo envuelto en sangre, creímos que estabas muerto. Luego consideramos que podrías estar ebrio, pero al ver tu condición decidimos darte un aventón hasta Portville. Allí no durarías mucho más tiempo.


El muchacho se llevó la mano a la sien, solo para descubrir que estaba vendado, aunque aún eran visibles algunos moretones y hematomas en su cuerpo, sin embargo, se sentía mucho más recompuesto, de una manera extraña y antinatural.


—Les debo la vida.


—No es para tanto—carcajeó Uno.


—Te han dado una paliza ¿eh? —intervino Dos, mientras se daba la vuelta de nuevo—¿Qué hacías antes de que te encontráramos? ¿Qué acaso no sabes que estos lares hacen de nido para ladrones y herejes?


—No lo sé…


—¿No lo sabes?


—No… Quiero decir que no puedo recordarlo. —Mencionó con cierto gesto de incomodidad en el rostro.


—Ya veo, una amnesia temporal—replicó Uno, comprendiendo ahora mucho mejor la situación—. Anteanoche había mucho humo proveniente de las montañas rocosas, ¿no habrá tenido relación contigo? ¿O sí?


—No estoy seguro...


—No importa por ahora, ¿recuerdas cómo te llamas?


—Reid. Pueden decirme Reid.


"Si el humo en las montañas fue producto de un enfrentamiento armado, probablemente este chico sea un buscado de las autoridades", pensó Uno. "Existe la posibilidad de que pertenezca a la Haeresis. Se sabe de sus conflictos armados con el gobierno por estas zonas".


—Hay pan en la cesta—mencionó Uno—. Imagino que tienes hambre.


Reid quitó la manta que cubría la canasta y tomó una hogaza con confianza, para luego comenzar a comer con calma (aunque esto no indicara que no estuviera hambriento, pues llevaba todo un día sin comer, o al menos eso indicaba su cuerpo).


Hubo un silencio prolongado, siendo audible únicamente el galopar de los caballos en medio de los charcos de lluvia.


—Ese... lugar que mencionaron, Peaklab, ¿qué hay allí? —Pregunto Reid, como intentando recordar y creyendo conocer ese nombre.


Dos dejó escapar una leve risotada.


—Para ser franco: árboles enormes, rocas afiladas, cuevas llenas de humedad y caminos tan inestables que cualquier carreta podría volcarse si no anda con cuidado. Peaklab está deshabitado desde hace mucho tiempo, no hay puntos de reabastecimiento ni poblados, nadie tiene razones para ir hasta allá. Solo se escuchan rumores o historias de personas que nunca regresan. Quizás solo sea el hogar de mercenarios, ¿quién sabe?


—¿Recuerdas a tus agresores Reid? —Indagó Uno.


El muchacho nuevamente se quedó en silencio, haciendo memoria de las últimas imágenes que recordaba de los agentes que le perseguían.


—Eran tres sujetos, tenían un uniforme negro y una marca en la mano. Uno de ellos tenía una cicatriz en el rostro. Estaban persiguiéndome.


Ambos hermanos se miraron como con un ligero toque de asombro, luego Dos prosiguió:


—¿Te perseguían desde Royal Wood?


—No... No sé nada de tal lugar.


—¿Y sabes por qué razón te perseguían?


Reid hizo un gesto como si su cabeza doliera, entrecerrando un ojo y sujetándose el vendaje.


—No lo sé... Yo solo... quería escapar. Lo siguiente que recuerdo es que caí desde cierta altura y me golpeé la cabeza. Corrí en busca de ayuda durante un buen tiempo, pero ellos venían tras de mí, entonces me arrojé al río para perderlos de vista...


Uno se quedó pensativo durante varios segundos, considerando en su mente que el chico podría decir la verdad.


"El único río que desemboca en el mar desde esa dirección es El Brazo de Lilith. Si él hubiese sido arrastrado por el Brazo de Orión (otro río de Invernadero) entonces le hubiésemos encontrado más adentrado al golfo de Portville ¿Acaso será posible que venga de las montañas rocosas?"


"Esto puede ser peligroso..."


Dos de inmediato imaginó que era una locura y lo dejó saber.


—¡Chico, eso es imposible! De seguro te dieron una paliza en Royal Wood y luego planearon abandonarte a tu suerte en el lugar dónde te encontramos, solo no lo recuerdas correctamente — tomó aire y se dio la vuelta—. Ya te he dicho que no hay nadie que viva en Peaklab, ni siquiera se puede transitar por esos lares.


—No—exclamó Reid, confrontando al sujeto de la barba oscura—, estoy seguro de lo que le he dicho.


—Este crío... —murmuró Dos con sarcasmo.


—¿Qué hay de ustedes?, han pasado por allí, ¿no? —replicó de nuevo el muchacho.


—Eso ha sido pura suerte. El puente que atraviesa el Brazo de Orión para llegar a Portville se derrumbó debido a una subida del río. Tuvimos que tomar un desvío.


—Hay rumores de que en Peaklab están las ruinas de los laboratorios—mencionó Uno, interviniendo en la discusión y llamando la atención de Reid, también la de su hermano. —Dicen que allí iniciaron los estudios que ocasionaron el Metagenoma.


—¿el Metagenoma? —Cuestionó el pelinegro, ignorando por completo las explicaciones que Dos había intentado darle a su caso, pero recordando esa palabra como si fuese muy familiar para él.


—Debes dejar de conversar tanto con Nicolai, hermano. Te llena la cabeza de teorías conspirativas.


—He dicho que son rumores ¿vale? No necesariamente los creo—aclaró Uno.


—¿Qué hay con eso del Metagenoma? me suena de alguna parte...—indagó de nuevo Reid.


—Hace muchos años ocurrió un cataclismo que erradicó casi por completo a la humanidad. Según la historia, sus cuerpos se derretían en vida, y la putrefacción ahogaba a los sobrevivientes.


—No es que nos afecte demasiado, nosotros crecimos en este nuevo mundo, libres de esos malos olores. Solo quedan esas "historias" de lo que solía ser Invernadero antes del Metagenoma.


—¿Qué es Invernadero?


Dos golpeó con rudeza el suelo de la carreta con sus botas.


—¡Es cómo enseñar a caminar a un bebé!


Uno risoteó y lo contradijo de inmediato.


—Nunca has enseñado nada de utilidad a nadie, salvo quizás técnicas para beber licor. Tenle paciencia. —Con más calma que su antecesor, se giró e hizo algunos trazos en su mano (práctica habitual entre los invernantes)— Esto es Nueva Euria (se refirió a su mano completa), el país en el que vivimos. Invernadero son tres cuartas partes de su territorio, pero solo hay vida dentro de sus límites; fuera de ellos solo hay desolación.


—¿Qué hay sobre los rumores que mencionó hace un instante?


Uno retomó entonces la charla mientras su hermano continuaba dirigiendo la carreta.


—Un amigo cercano nos ha comentado sobre su creencia de que en Peaklab existen las ruinas de ciertas instalaciones, las que estuvieron dedicadas al estudio de la radiación en la luz antes de que el Metagenoma ocurriera. Pero nadie lo ha comprobado. Dicen que una vez se atraviesan los límites de árboles gigantes y montañas rocosas, es un verdadero laberinto allí dentro.


Un golpe de memorias impacto de repente a Reid, como si por un momento ya no fuera la misma persona a la que habían rescatado, sino alguien completamente diferente.


—Yo logré salir—afirmó el muchacho, con una seguridad y seriedad en el rostro característica de un hombre que dice la verdad—. Esos laboratorios... existen, y aún funcionan—llevó la vista hacia atrás—. Yo debo regresar.


El silencio nuevamente se adueñó de la conversación. Los hermanos McGregory se observaron el uno al otro, como considerando la locura que estaban escuchando y, fingiendo ignorarla, le ofrecieron una ayuda temporal.


—Puedes reabastecerte con nosotros en Portville, si lo deseas—comentó Uno, retando a la mirada desaprobadora de su hermano, quien no tardó en considerar los problemas que ello podría traer consigo—… Somos dueños de un pequeño barco en la costa comercial. Si gustas podemos brindarte algo de sustento hasta que, ya sabes... hayas recuperado el juicio. Luego puedes hacer como bien te parezca.


Reid lo miró fijamente, volviendo en sí, como si alguien le hubiese brindado el oxígeno que necesitaba para seguir adelante, a pesar de que no creyeran por completo en sus aseveraciones, se trataba de una oportunidad para armar el rompecabezas que en ese momento tenía en mente, así que asintió con la mirada mientras sonreía con algo de despreocupación.


—Se los agradezco mucho, caballeros.


—No es nada, además… dudo mucho que tengas a dónde ir.


Entonces Reid regresó la vista hacia atrás y se repitió a sí mismo:


"Ella sigue con ellos".


***


Lewis

16 de Septiembre, año 127 d. mg.


Una luz roja comenzaba a parpadear desde un intercomunicador en su escritorio de vidrio refinado, así que, luego de presionar un botón en la base del aparato, pudo escuchar ese mensaje urgente que había llegado para él. Era Shocker, uno de sus subordinados.


—Señor Martin... McBride tiene actualizaciones sobre la fuga de su paciente. El sujeto número veintiuno, está vivo. Actualmente le están persiguiendo colina abajo, van en dirección al Brazo de Lilith. Le mantendré al tanto.


—Bien...


"Así que sobrevivió a la caída...", sonrió. "Parece que ahora más que nunca debemos traerle de vuelta. Al fin nuestro pequeño higo está dando frutos".


Sacó el cigarrillo de su boca mientras observaba por un ventanal hacia el mar, en medio de la noche y entre las montañas rocosas de Peaklab.


Exhaló el humo con algo de calma para luego susurrar en voz baja.


—Lo siento Leatham, no es personal... Pero serás nuestro boleto de salida al exterior.


Continuará...


***

¡SIGUE LA PÁGINA DE FACEBOOK PARA VER CONTENIDO AURISTA DE PRIMERA!


3. November 2019 04:36:44 15 Bericht Einbetten Follow einer Story
53
Lesen Sie das nächste Kapitel II - "El bastardo de Peaklab"

Kommentiere etwas

Post!
Alfonso Sánchez Alfonso Sánchez
¡Gran comienzo, y gran personaje Reid! Comenzando a leer esta historia...
January 26, 2021, 00:45
V. M. V. M.
¡Maravilloso! 😊
January 21, 2021, 02:57

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Vaya Vanessa, por poco y no te reconozco, tuve que ver tu novela entre los destacados. Bienvenida a Inkspired! :) January 26, 2021, 06:07
  • V. M. V. M.
    Jajajaja Yo no sabía que estabas aquí hasta que vi tu novela en el incio. Gracias. Ah, y muy buena tu novela, la estoy leyendo. 😁 January 26, 2021, 13:13
Camila Velez Camila Velez
Vaaaaya! Hace tanto que no leo un buen texto de calidad en una de estas plataformas que, tengo que decírtelo, está muy bueno el inicio, iba solamente a echar un vistazo y aquí estoy, comentándote lo excelente que me ha parecido... por este lado me quedaré.
January 15, 2021, 03:58
ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
Hola, Andréss, Pues buscando los microrrelatos de aves unidas, me encontré con esta gran historia. Me quede y leí el primer capítulo. Y esta excelente. Saludos.
January 09, 2021, 21:21
Monocat De Valle Monocat De Valle
La narrativa tan ondeada (de esas veces como cuando vas es un velero, que de poco a poco las olas del mar aumentan, así es tu narrativa) es perfecta para el tipo de historia que se cuenta. Es fascinante, muy contundente y juegas con una profundidad que nos hace caer en cuenta de la realidad por la que está sufriendo nuestro protagonista. Honestamente tienes todo el talento para iniciarte como escritor. Algunos detalles que encontré (como editor te hago la observación con todo respeto) es no confundir algunos adverbios como: aun (aunque) y aún (todavía). Recuerda que en el Español las palabras adverbiales no acentuadas y acentuadas varían en su significado (justo como sólo y solo que no debemos olvidar nunca los acentos.) De ahí en más, tienes un manejo excelente y conciso de la puntuación, y juegas muy bien con los gerundios. Tienes un seguidor. Gracias por compartirla en FB, que es normalmente como buco historias de tan gran talento como la tuya. :)
December 03, 2020, 14:39

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Ey, muchas gracias por la corrección!! Las tomaré en cuenta durante el siguiente ciclo de edición. Espero te guste la historia :) December 03, 2020, 17:27
I.N. Völur I.N. Völur
Me dejó queriendo saber más :o Me gustó mucho la narración y la intriga se respira en el aire. Apenas estoy empezando pero seguro continuaré ❤
October 28, 2020, 12:11
Francisco Rivera Francisco Rivera
Narración intrigante que se disfruta; incorporas gradualmente una densidad equilibrada con los personajes. Atmósfera suspendida entre situaciones de menor a mediano y, de ste, seguramente a puntos altos de lectura emocionante. Felicidades. Ahora, a seguir leyendo con interés y beneplácito. Saludo cordiales.
April 08, 2020, 00:44
la lila asar
Muy buen comienzo! Es una historia atrapante. Me dejas con la intriga :)
April 07, 2020, 01:54
Debiie Lassal Debiie Lassal
Muybbuenooo !!
April 06, 2020, 08:05
Pajaro Robertti Pajaro Robertti
Ahora estoy aquí para saber que pasó después del metagenoma!! MUAJAJAJAJA
April 01, 2020, 21:25
Nataly Calderón Nataly Calderón
Qué historia tan interesante! Me gustó mucho
March 14, 2020, 14:23
~

Hast Du Spaß beim Lesen?

Hey! Es gibt noch 25 Übrige Kapitel dieser Story.
Um weiterzulesen, registriere dich bitte oder logge dich ein. Gratis!

Hitos de Nueva Euria
Hitos de Nueva Euria

Estudio de los acontecimientos que pertenecen al tiempo pasado y que, además, constituyen el desarrollo de los invernantes desde sus orígenes hasta el momento presente. El principio de Aura, de los Auristas y del mundo Neo-Euriano como se conoce en la actualidad. Erfahre mehr darüber Hitos de Nueva Euria.