callmereid Andréss Navas

LIBRO 1 Un cataclismo radioactivo redujo la población mundial a un pequeño territorio llamado: Invernadero, la única región a salvo de la plaga negra en el exterior. La historia tiene sus inicios doscientos veintisiete años después del desastre original, cuando Reid despierta en medio de una amnesia temporal y escapa de una organización ligada a los experimentos más ruines que los Invernantes jamás hubiesen conocido. Él deberá hacer frente a los desafíos de un mundo que apenas conoce; que se cae en pedazos día tras día, mientras se esfuerza por dominar los secretos residentes en su sangre, y emprende una búsqueda encarnizada por recuperar lo último que queda de su familia: Abigail Leatham. Cuando el momento llegue, ¿podrá encarar a su peor enemigo? ¿Uno que está presente incluso más allá de sus pesadillas?


Science Fiction Dystopie Nicht für Kinder unter 13 Jahren. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

#aventura #español #distopía #romance #asesinato #enfermedad #misterio #tortura #acción #habilidades #cultos #amnesia #295 #violencia
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I - La mano negra del olvido

Reid Leatham

16 de septiembre, año 227 d. mg.

El clima de las montañas, helado e implacable, podía penetrar hasta los huesos de cualquier ser viviente, estremeciendo además las rocas y árboles expuestos a las fuertes ventiscas de las alturas, cada una con aroma de lluvia tropical.

Allí, en medio de la nada, en un paraje tan remoto que muchos se resignarían a mencionarlo solo como parte de mitos y leyendas, allí despertó de un profundo estado de inconsciencia aquel individuo semidesnudo, golpeado y totalmente desorientado, con un temor tan repentino que incluso los relámpagos en las alturas le gritarían advertencias de muerte.

Era una noche agitada, peligrosa… y él lo sabía.

Las cortinas de ceniza volaban aún encendidas a su alrededor, como si, muchos metros colina arriba, hubiese un poderoso incendio consumiendo todo a su paso.

Su respiración entrecortada y un excesivo temblor en el cuerpo, aunado al intenso dolor de cada órgano interno, le permitieron caer en cuenta de que aún no estaba muerto, aunque… tal vez él lo preferiría en aquel instante.

Su mente, aun desvariante, tuvo apenas la fuerza suficiente como para ordenar a sus entumecidos miembros realizar ciertas maniobras, recuperando así la movilidad, lo que, poco a poco, le permitió colocarse de pie y mantener un vago equilibrio durante unos segundos.

El rastro rojo en el suelo fangoso, donde hasta hace instantes reposaba su cabeza, le impulsó a tocarse la sien con cuidado, donde pudo rozar con dolor una herida abierta, del largo de un dedo índice, sangrando con moderación.

La adrenalina parecía mantenerlo con vida y el instinto de supervivencia comenzó a palpitar otra vez dentro de su corazón.

Una mirada en derredor desde donde se hallaba y luego hasta la cima del acantilado junto a él, trajeron punzantes recuerdos que despertaron un profundo sentido de ira; luego, la sensación de huir hacia cualquier lugar volvió a clavarse en su alma, tras el grito aterrador de una chica que aun retumbaba en su mente, mezclado con el vértigo de una caída al vacío, y solo él podía escucharlo: "¡REID!"

Había decenas de interrogantes que lo perturbaban y que aún no era capaz de responder: "¿Qué ha sucedido? ¿Qué hago aquí? ¿Me persiguen?... ''¿aún me persiguen?, pero... ¿por qué...?"

Episodios de una cruenta batalla, e imágenes confusas de personas que parecían fugarse de una prisión, dichas escenas comenzaron a circular por su mente sin control; entonces entendió que él mismo era parte de una cacería inhumana; supo reconocer de inmediato que… él era la presa en esa cacería inhumana.

"¡Estoy escapando!", reaccionó, mientras su rostro comenzaba a sentir las gotas de lluvia que caían desde las alturas, y él observaba, gracias a la iluminación de la luna, las ennegrecidas venas que brotaban de sus brazos descubiertos.

Entonces sucedió lo inevitable.

Pisadas aceleradas sobre los charcos, gritos en las lejanías, todos acompañados de ocasionales destellos de linterna y el estruendo de un rayo cayendo a tierra; la ansiedad le invadió, ocasionándole un intenso dolor de cabeza. El joven debía actuar de prisa y utilizar la poca coordinación que le quedaba para salir de allí, o lo encontrarían.

Al girar la vista con desespero, él descubrió una fosa contigua, cubierta de arbustos y ramas, hacia la cual impulsó su cuerpo para caer y quedar ligeramente oculto, justo en el momento en que comenzó a llover con mayor fuerza.

Con intrépida rapidez cubrió sus pies entre el lodo y procuró adentrarse lo más que pudo en las entrañas de la tierra, quedando así cubierto casi por completo, en medio de la parcial oscuridad.

El torrente aguacero borraría sus rastros con una rapidez tan efectiva y oportuna que ni él mismo lo creería.

"¿Me he caído?... ¿Por qué no recuerdo nada?", hizo un gesto de incomodidad por la posición que mantenía oculta su cabeza, aun con dolor. De imprevisto, él escuchó muy dentro de sí un diálogo, era su propia voz y la de una desconocida:

"—¡Corre, Abi, no hay mucho tiempo! —

—Espera... ¡REID! ¡NO!"

Casi de inmediato, los gritos de aquellos a quienes identificó como sus cazadores, interrumpieron su vago recuerdo, y nuevamente le sobrevino el temor... estaban muy cerca.

—¡CUBRID TODO EL PERÍMETRO! ¡NO DEBE ESTAR MUY LEJOS! —Las voces se acercaban a la escena, obligando al cauto a respirar mucho más despacio, sin poder evitar la terrible sensación de que los fuertes latidos de su corazón lo delatarían.

—Cuidado con alguna pisada en falso... ¡Está resbaloso!

Los gritos de los sujetos se mezclaban con la desesperada exclamación de auxilio de la chica en sus memorias, previas a lo que él percibía como una devastadora caída.


Más pronto de lo que esperaba, y con la poca visibilidad que tenía desde donde se encontraba, el prófugo pudo tener una visión clara de sus persecutores: eran tres sujetos fornidos, botas de campaña y pantalones de cuero negro, con bordes detallados en carmesí. Se cubrían de la lluvia con una especie de gabardina encapuchada que ocultaba sus rostros y el dorso corporal.

El destello de luz que chocó sobre uno de ellos, dejó claramente visible una mano desnuda que portaba un arma, donde Reid descubrió esa marca que no podría olvidar con facilidad: el ojo ensangrentado del Génesis.

Los acompañaba un perro rastreador de buen tamaño, que por cierto parecía un poco desorientado e intentaba buscar las pistas que el fango había borrado.

—Olvídenlo—exhaló el principal de entre ellos—, la lluvia hará que el perro pierda el rastro… Son muchos olores combinados.

—¡Aquí hay marcas de sangre, señor! —exclamó el otro—… Supongo que fue aquí donde cayó—prosiguió, mientras examinaba el lugar dónde había permanecido el muchacho, inconsciente durante horas.

—¿Puede ver huellas? —cuestionó, con un aire de superioridad reconocible como el de un líder.

—Ninguna. Ahora podría estar en cualquier parte…

—Señor... ¿Insinúa que el chico sigue vivo? —preguntó el tercero de la compañía.

—¿¡Acaso ve usted algún cadáver!? —reprochó casi con sarcasmo, procurando calmarse luego.

—Pero, señor... Nadie sobreviviría una caída así.

No hubo respuesta.

La respiración del oculto aumentaba junto con la presión en su pecho, al notar que se acercaba a su posición el dirigente del grupo, ese que tenía una cicatriz como de cuchilla que le atravesaba la ceja derecha, y que parecía estar observándole en silencio, el mismo al que se habían referido como "Señor".

Al detenerse varios metros frente a él, en distintos niveles de la colina, y sin forma de saber si ya le había descubierto o no, el muchacho solo podía permanecer allí tirado, en silencio, a la espera de algún movimiento en falso de parte de sus enemigos.

De pronto, él notó como el sujeto pareció enfocar la vista hacia su posición, como en señal de haberle descubierto.

Antes de darle siquiera la oportunidad de iluminarlo con la linterna, el pelinegro se levantó de golpe y se lanzó a correr a gran velocidad, pretendiendo dar continuidad a su escape magistral.

Una detonación audible, seguida del aire cortado por un cable de captura, el que acabó quebrando algunas ramas en los árboles, puso en alerta a los demás presentes.

—¡ALLÍ ESTÁ, VAYAN TRAS ÉL! —Gritó el que había disparado contra el muchacho, en lo que soltaba al can y emprendía una persecución colina abajo.

El hombre había apuntado a las piernas de su presa, sin embargo, por mala suerte para él, había fallado el tiro.

El aliento de todos era completamente visible, y corrían con cautela, pero a su vez con rapidez, procurando no pisar en falso y acabar cayendo al vacío, pues las montañas rocosas estaban plagadas de trampas naturales que habían sepultado a incontables exploradores en el pasado.

—Shocker... Le estamos pisando los talones a Leatham. Está vivo, notifícalo a Lewis... —Indicó el líder al intercomunicador en su oreja.

El pelinegro se esforzaba por esquivar los árboles y las rocas en su camino, a medida que avanzaba entre tropezones y ocasionales caídas en medio de lo desconocido, sin recordar, sin detenerse a pensar.

El perro rastreador, sediento de sangre, le pisaba los talones e intentaba cercenarlos con sus afilados dientes. Entre zarpazos y ladridos, en un momento atropelló al muchacho ocasionando su derribo, rodando ambos hasta los pedregales cercanos. Allí el escapista, sofocado por la presión de la mandíbula en su muñeca rasgada, no tuvo más opción que golpear al animal con una roca en la cabeza hasta matarlo y quitárselo de encima.

Los armados que venían tras de él, aún a una distancia considerable, derraparon por el lodo y se encontraron muy próximos a capturarle, separados solo por algunos árboles y enredaderas; uno de ellos disparó en varias ocasiones una munición tranquilizante que el pelinegro reconocería a simple oído, y que lograría por fortuna esquivar para continuar su circuito con mucha velocidad, más de la que sería capaz de alcanzar un simple ser humano.

Cada vez se acercaba más a un nuevo acantilado, y comenzaba a escucharse el rugir del Brazo de Lilith (un río de agua dulce que desemboca en el mar). Fue entonces que, al llegar hasta la orilla de una afilada roca, el pelinegro se vio obligado a detenerse, hallándose completamente atrapado y sin salida, salvo que decidiera arrojarse a las fuertes corrientes que yacían bajo su sombra.

Respiraba con rapidez, su cuerpo dolía, su antebrazo y su cabeza sangraban, su visión era aún borrosa… Aquello era una declaración de muerte. Pero, de nuevo, incluso eso era preferible para él.

Unos escasos y tentadores pasos le guiaron sobre la roca en la que se encontraba hasta ese momento, temblando, sudando en frío, observando a la vez unos cuantos metros hacia abajo el poderoso camino de agua oscurecida por la noche e iluminada por la luna, esa que rompía con las piedras bajo su manto.

—¡NI UN PASO MÁS O TE VAS AL INFIERNO, LEATHAM! —Exclamó uno de los merodeadores, habiendo llegado también al borde del abismo mientras recuperaba el aliento, apuntándole además con su arma inmovilizadora.

El muchacho lo observó durante un segundo y luego sonrió.

—Saludaré al diablo de tu parte.

Hubo un salto en silencio, seguido de una detonación de pistola que contrastó con el ambiente, y luego... todo se desvaneció.


***


Bon McBride

16 de Septiembre, año 227 d. mg.

El silente general se detuvo por un instante, sin señales de cansancio, pero con una frustración notable. Él llevó una de sus manos al rostro, como en señal de decepción. Solía ser siempre sereno y calmado, de hecho, procuraba mantener todo bajo estricto control, pues cuando las cosas se desenfrenaban, por lo general se cabreaba de una manera intimidante.

Él era el tipo de persona que podía cometer locuras en un momento de ira.

Estuvo allí de cuclillas durante varios minutos, pensando, mientras sus otros dos acompañantes esperaban alguna orden o veredicto.

Su cabello semi grisáceo (evidencia de sus cuarenta años) estaba a punto de ser consumido por un crudo remordimiento, y fue en esa condición que rompió el silencio de sus subordinados.

—¿Por qué razón le disparó, soldado? —inquirió entre susurrando.

—Señor... yo... creí que...

—Dígame... ¿Qué cree que sucede cuando una persona cae inconsciente a un río como éste?

—Señor...

—¡RESPÓNDAME, MALDITA SEA!

La tensión del ambiente solo podía ser empeorada por la lluvia que no paraba de arrojarse contra el suelo, sin mencionar el estremecedor ruido de las bravas corrientes de agua que rompían debajo de ellos.

—Lo siento, ha sido mi error, señor. No volverá a suceder.

—No... Claro que no. —El general desenfundó un arma de fuego y le disparó sin previo aviso, justo en la cabeza, matándolo en el acto.

El otro soldado permaneció inmutable, aunque su rostro se mostró aterrorizado, como si estuviera a punto de enfrentar a la mismísima parca. Sin embargo, continuó parado firme y mirando al frente, incluso cuando el asesino de su compañero se hubo dado la vuelta hacía él.

El dispositivo en su oreja recibió una transmisión, induciendo al líder a guardar la pistola y luego a responder la llamada, recuperando para entonces su serenidad característica.

—McBride, ya hemos enviado la actualización de estado a Lewis—sonó desde el otro lado de la línea—. Dame buenas noticias.

El hombre tomó un profundo respiro y luego exhaló.

—Shocker… Dile a Lewis que perdimos el rastro de su chico. Justo ahora va río abajo en dirección a la costa. No puedo garantizar que siga con vida.

—¡Maldición! ¿¡Pero cuántas veces se te puede escapar!? ¡Es tan solo un crío! —bramó el dispositivo.

—Descuida, no irá muy lejos. Desmantelaremos los pueblos cercanos tan pronto cesen las lluvias. Si sigue con vida, lo encontraremos.

—Por tu propio bien y por el mío, espero que siga con vida—susurró, antes volver a exclamar—. ¡Maldición McBride!, ¡no podemos perder su genoma!

—Dime que tienes a la chica…

—Asesinó a varios de tus inútiles soldados, pero conseguimos encerrarla de nuevo. Sin embargo, si piensas que eso va a satisfacer a Lewis, ¡déjame decirte que…!

Sin permitirle acabar siquiera, el general McBride cerró la llamada, susurrando con indiferencia: “Calvo de porquería”.

Luego de terminar con esa conversación, él regresó la vista hacia el armado a sus espaldas, quien no podía sacarse de la cabeza la imagen del camarada muerto a sus pies.

Luego de unos segundos observándole, McBride señaló al cadáver y ordenó al subordinado.

—Échale al río.

No hubo respuesta por parte del soldado, entonces el general carcajeó, ante la ausencia de palabras

—Entiendo... Quizás no te lo he pedido de buena manera. —Lo sujetó de la ropa con fuerza y lo arrastró a las orillas del abismo— En realidad he querido decir: si no le echas al río, le harás compañía.


***


Uno McGregory

17 de Septiembre, año 227 d. mg.

El sol resplandecía, habiendo ya nivelado la temperatura de la tierra, aunque esta permanecía húmeda debido a las constantes lluvias que habían estado atormentando al oriente de Invernadero.

No había nada que pudiera distraerles en su viaje, ni a él ni a su hermano gemelo: Dos McGregory, salvo quizás la presencia de lo que parecía ser un náufrago en la costa. Se trataba de un muchacho pálido, de composición física similar a la de un soldado centinela, pero muy golpeado y sin conciencia, abandonado allí para el disfrute de las aves o de los lobos salvajes.

Movidos a misericordia, fueron a su encuentro y le tomaron entre ambos para subirlo a la carreta y continuar su recorrido, no sin antes atender algunas de sus heridas más graves.

Para cuando el muchacho despertó ya era un nuevo día. Estaba abrigado e inexplicablemente bien acomodado en el rincón de un carro guiado por un tiro de caballos marrones.

El joven se levantó tan rápido como sus actuales fuerzas así le permitieron (pues estaba muy débil y adolorido), luego miró con desespero a todos lados, como en búsqueda de sus agresores, imaginando quizás que había sido capturado por ellos mientras dormía, llamando además la atención de sus rescatistas.

—Así que has despertado ya—mencionó un señor grande y de barba castaña. Parecía ir de copiloto.

Reid lo observó con precaución, analizando las posibilidades en su mente, quizás pensando en arrojarse del transporte, aún con el miedo corriendo por las venas.

Al notar esta reacción, el sujeto se dio la vuelta casi por completo, dejándole el mando de sus caballos al otro hombre junto a él (muy parecidos en estatura y de rostro, a excepción de que aquel tenía una barba menos pronunciada y de color negro).

—Eh, tranquilo jovencito, no le haremos daño. —Mencionó mientras hacía movimientos con las manos como en señal de calma. —Mi nombre es Uno, y él es mi hermano gemelo: Dos. —Señaló a su lado.

Él extendió su mano luego de presentarse, invitando al chico a estrecharla, a lo que el pelinegro no respondió más que con la mirada, dejándola extendida.

—Es usted muy desconfiado ¿eh? —Uno regresó la mano a su anterior posición y se dio la vuelta al frente.

—Precavido... en realidad. ¿En dónde estamos? —Preguntó.

—Estamos en los límites de Peaklab—replicó el otro sujeto, al que identificaba como Dos—, a tres días de camino hacía Portville.

—¿Qué... ¿Qué fue lo que sucedió?

—Pues… le íbamos a hacer la misma pregunta—prosiguió Dos—. Anoche veníamos de una junta de negocios en Royal Wood y le vimos a las orillas de la playa, tirado cerca del camino de tierra—dijo, señalando hacia alguna parte—. Así que le recogimos y le trajimos con nosotros. ¿Se siente mejor ahora?

—Me duele el cuerpo entero...

—Estaba usted todo envuelto en sangre, aunque para cuando le hallamos, las cortadas y mordidas ya habían coagulado. Creímos que estaba muerto. Luego le vimos respirar y consideramos que podría estar ebrio. Sin embargo, al ver su condición tan mala, decidimos darle un aventón hasta Portville. Quizás allí en la playa no habría durado mucho más tiempo.

El muchacho se llevó la mano a la sien, solo para descubrir que estaba vendado. Aunque aún eran visibles algunos moretones y hematomas en su cuerpo, se sentía mucho más recompuesto, de una manera extraña y antinatural.

—Les debo la vida.

—Luego tendrá tiempo de pagarnos—bromeó Uno, sin sacarle ninguna sonrisa al pelinegro.

—Le han dado una paliza ¿eh? —intervino nuevamente Dos, terminando con el incómodo silencio que había causado su gemelo—. ¿Qué hacía antes de que le encontráramos? ¿Qué acaso no sabe que estos lares hacen de nido para ladrones y herejes?

—No lo sé…

—¿No lo sabe?

—No… Quiero decir que no puedo recordarlo. —Mencionó con cierto gesto de incomodidad en el rostro.

—Ya veo, ¿amnesia? —Cuestionó Uno, comprendiendo mucho mejor la situación—. Anteanoche había mucho humo proveniente de las montañas rocosas, ¿no habrá tenido relación con usted, jovencito? ¿O sí?

—No estoy seguro...

—Bueno… Supongo que no importa por ahora, ¿recuerda cómo se llama?

—Reid. Pueden decirme Reid.

"Si el humo en las montañas fue producto de un enfrentamiento armado, probablemente este chico sea un buscado de las autoridades", pensó dentro de sí el señor castaño. "Existe la posibilidad de que pertenezca a la Haeresis. Se sabe de sus conflictos armados con el gobierno por estas zonas".

—Bien, Reid… Hay pan en la cesta—mencionó Uno—. Imagino que tiene hambre.

Reid quitó la manta que cubría la canasta y tomó una hogaza con confianza, para luego comenzar a comer con calma (aunque esto no indicara que no estuviera hambriento, pues llevaba todo un día sin comer, o al menos eso indicaba su cuerpo).

Hubo un silencio prolongado, siendo audible únicamente el galopar de los caballos en medio de los charcos de lluvia.

—Ese... lugar que mencionaron, Peaklab, ¿qué hay allí? —Pregunto Reid, como intentando recordar y creyendo conocer ese nombre.

Dos dejó escapar una leve risotada.

—Para ser franco: árboles enormes, rocas afiladas, cuevas llenas de humedad y caminos tan inestables que cualquier carreta podría volcarse si no anda con cuidado. Peaklab está deshabitado desde hace mucho tiempo, no hay puntos de reabastecimiento ni poblados, nadie tiene razones para ir hasta allá. Solo se escuchan rumores o historias de personas que nunca regresan. Quizás solo sea el hogar de mercenarios, ¿quién sabe?

—¿Recuerda a sus agresores, Reid? —Indagó Uno.

El muchacho nuevamente se quedó en silencio, haciendo memoria de las últimas imágenes que recordaba de los agentes que le perseguían.

—Eran tres sujetos, tenían un uniforme negro y una marca en la mano. Uno de ellos tenía una cicatriz en el rostro. Estaban persiguiéndome.

Ambos hermanos se miraron como con un ligero toque de asombro.

—¿Le perseguían desde Royal Wood? —Preguntó Dos.

—No... No sé nada de tal lugar.

—¿Y por qué razón le perseguían?

Reid hizo un gesto como si su cabeza doliera, entrecerrando un ojo y sujetándose el vendaje.

—No lo sé... Yo solo... quería escapar. Lo siguiente que recuerdo es que caí desde cierta altura y me golpeé la cabeza. Corrí en busca de ayuda durante un buen tiempo, pero ellos venían tras de mí, entonces me arrojé al río para perderlos de vista... Es todo lo que recuerdo.

Uno se quedó pensativo durante varios segundos, considerando en su mente que el chico podría decir la verdad, pero a su vez imaginando el peligroso cebo que ahora tenían consigo.

"El único río que desemboca en el mar desde esa dirección es El Brazo de Lilith. Si él hubiese sido arrastrado por el Brazo de Orión (otro río de Invernadero) entonces le hubiésemos encontrado más adentrado al golfo de Portville ¿Acaso será posible que venga de las montañas rocosas?"

"Esto puede ser peligroso..."

Dos de inmediato imaginó que era una locura y lo dejó saber.

—¡Eso es imposible! De seguro le dieron una paliza en Royal Wood y luego planearon abandonarlo a su suerte en el lugar dónde lo encontramos, solo no lo recuerda correctamente. —Tomó aire y se dio la vuelta—. Ya le he dicho que no hay nadie que viva en Peaklab, ni siquiera se puede transitar por esos lares.

—No—exclamó Reid, confrontando al sujeto de la barba oscura—, estoy seguro de lo que le he dicho.

—Este crío... —murmuró Dos con sarcasmo, retomando las riendas de los caballos.

—¿Qué hay de ustedes?, han pasado por allí, ¿no? —replicó de nuevo el muchacho.

—Eso ha sido pura suerte. El puente que atraviesa el Brazo de Orión para llegar a Portville se derrumbó debido a una subida del río. Tuvimos que tomar un desvío.

—Hay rumores de que en Peaklab están las ruinas de los laboratorios—mencionó Uno, interrumpiendo la discusión y llamando la atención de Reid, también la de su hermano. —Dicen que allí iniciaron los estudios que ocasionaron el Metagenoma.

—¿Meta… genoma? —Cuestionó el pelinegro, ignorando por completo las explicaciones que Dos había intentado darle a su caso, y recordando esa palabra como si fuese muy familiar para él.

—Debes dejar de conversar tanto con Nicolai, hermano. Te llena la cabeza de teorías conspirativas.

—He dicho que son rumores ¿vale? No necesariamente los creo—aclaró Uno.

—¿Qué hay con eso del Metagenoma? me suena de alguna parte...—indagó de nuevo Reid.

—Es el nombre del cataclismo que erradicó a la humanidad hace más de un siglo. La historia dice que sus cuerpos se derretían en vida, y la putrefacción ahogaba a los sobrevivientes.

—No es que nos afecte demasiado, nosotros crecimos en este nuevo mundo, libres de esos malos olores. Solo quedan esas "historias" de lo que solía ser Invernadero antes del Metagenoma.

—¿Qué es Invernadero?

Dos golpeó con rudeza el suelo de la carreta con sus botas.

—¡Es cómo enseñar a caminar a un bebé!

Uno carcajeó con rudeza y lo contradijo de inmediato.

—¡Nunca has enseñado nada de utilidad a nadie, hermano! salvo quizás técnicas para beber licor. ¡Vamos, tenle paciencia! —Con más calma que su antecesor, se giró e hizo algunos trazos en su mano (práctica habitual entre los invernantes)— Esto es Nueva Euria (se refirió a su mano completa), el país en el que vivimos. Invernadero son tres cuartas partes de su territorio, pero solo hay vida dentro de sus límites; fuera de ellos solo hay desolación.


—¿Qué hay sobre los rumores que mencionó hace un instante?


Uno retomó entonces la charla mientras su hermano continuaba dirigiendo la carreta.

—Un amigo cercano nos ha comentado sobre su creencia de que en Peaklab existen las ruinas de ciertas instalaciones, las que estuvieron dedicadas al estudio de la radiación en la luz antes de que el Metagenoma ocurriera. Pero nadie lo ha comprobado. Dicen que una vez se atraviesan los límites de árboles gigantes y montañas rocosas, es un verdadero laberinto allí dentro.

Un golpe de memorias impactó de repente a Reid, como si por un momento ya no fuera la misma persona a la que habían rescatado, sino alguien completamente diferente.

—Debo regresar—afirmó el muchacho, con una seguridad y seriedad en el rostro característica de un hombre que dice la verdad.

El silencio nuevamente se adueñó de la conversación, pues Uno nunca esperó esa reacción de su parte. Los hermanos se observaron el uno al otro, como considerando la locura que estaban escuchando y, fingiendo ignorarla, le ofrecieron una ayuda temporal.

—¿Sabe?, mi alocado amigo, puede reabastecerse con nosotros en Portville, si lo desea—comentó Uno, retando a la mirada desaprobadora de su hermano, quien no tardó en considerar los problemas que ello podría traer consigo—… Somos dueños de un pequeño barco en la costa comercial. Si gustas podemos brindarte algo de sustento hasta que, ya sabes... hayas recuperado el juicio. Luego puedes hacer como bien te parezca.

Reid lo miró fijamente, volviendo en sí, como si alguien le hubiese brindado el oxígeno que necesitaba para seguir adelante.

A pesar de que no creyeran por completo en sus aseveraciones, se trataba de una oportunidad para armar el rompecabezas que en ese momento tenía en mente, así que asintió con la mirada mientras sonreía con algo de despreocupación.

—Se los agradezco mucho, caballeros.

—No es nada, además… dudo mucho que tenga a dónde ir.

Reid regresó entonces la vista hacia atrás, muy pensativo, y luego se dijo a sí mismo: "Ella sigue con ellos".


***


Lewis Martin Jr.

16 de Septiembre, año 227 d. mg.

Una luz roja comenzaba a parpadear desde un intercomunicador en su escritorio de vidrio refinado, así que, luego de presionar un botón en la base del aparato, pudo escuchar ese mensaje urgente que había llegado para él. Era Shocker, uno de sus subordinados.

—Señor Martin... McBride tiene actualizaciones sobre la fuga de su paciente. El sujeto número veintiuno, está vivo. Actualmente le están persiguiendo colina abajo, van en dirección al Brazo de Lilith. Le mantendré al tanto.

—Bien...

"Así que sobrevivió a la caída...", sonrió. "Parece que ahora más que nunca debemos traerle de vuelta. Al fin nuestro pequeño higo está dando frutos".

Sacó el cigarrillo de su boca mientras observaba por un ventanal hacia el mar, en medio de la noche y entre las montañas rocosas de Peaklab.

Exhaló el humo con algo de calma para luego susurrar en voz baja.

—Lo siento Leatham, no es personal... Pero serás nuestro boleto de salida al exterior.

Continuará...


***

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3. November 2019 04:36:44 15 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Rodrigo Hernandez Rodrigo Hernandez
Buenisimoooo!!!
April 04, 2021, 23:04
Alfonso Sánchez Alfonso Sánchez
¡Gran comienzo, y gran personaje Reid! Comenzando a leer esta historia...
January 26, 2021, 00:45
V. M. V. M.
¡Maravilloso! 😊
January 21, 2021, 02:57

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Vaya Vanessa, por poco y no te reconozco, tuve que ver tu novela entre los destacados. Bienvenida a Inkspired! :) January 26, 2021, 06:07
  • V. M. V. M.
    Jajajaja Yo no sabía que estabas aquí hasta que vi tu novela en el incio. Gracias. Ah, y muy buena tu novela, la estoy leyendo. 😁 January 26, 2021, 13:13
Camila Velez Camila Velez
Vaaaaya! Hace tanto que no leo un buen texto de calidad en una de estas plataformas que, tengo que decírtelo, está muy bueno el inicio, iba solamente a echar un vistazo y aquí estoy, comentándote lo excelente que me ha parecido... por este lado me quedaré.
January 15, 2021, 03:58
ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
Hola, Andréss, Pues buscando los microrrelatos de aves unidas, me encontré con esta gran historia. Me quede y leí el primer capítulo. Y esta excelente. Saludos.
January 09, 2021, 21:21
Monocat De Valle Monocat De Valle
La narrativa tan ondeada (de esas veces como cuando vas es un velero, que de poco a poco las olas del mar aumentan, así es tu narrativa) es perfecta para el tipo de historia que se cuenta. Es fascinante, muy contundente y juegas con una profundidad que nos hace caer en cuenta de la realidad por la que está sufriendo nuestro protagonista. Honestamente tienes todo el talento para iniciarte como escritor. Algunos detalles que encontré (como editor te hago la observación con todo respeto) es no confundir algunos adverbios como: aun (aunque) y aún (todavía). Recuerda que en el Español las palabras adverbiales no acentuadas y acentuadas varían en su significado (justo como sólo y solo que no debemos olvidar nunca los acentos.) De ahí en más, tienes un manejo excelente y conciso de la puntuación, y juegas muy bien con los gerundios. Tienes un seguidor. Gracias por compartirla en FB, que es normalmente como buco historias de tan gran talento como la tuya. :)
December 03, 2020, 14:39

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Ey, muchas gracias por la corrección!! Las tomaré en cuenta durante el siguiente ciclo de edición. Espero te guste la historia :) December 03, 2020, 17:27
I.N. Völur I.N. Völur
Me dejó queriendo saber más :o Me gustó mucho la narración y la intriga se respira en el aire. Apenas estoy empezando pero seguro continuaré ❤
October 28, 2020, 12:11
Francisco Rivera Francisco Rivera
Narración intrigante que se disfruta; incorporas gradualmente una densidad equilibrada con los personajes. Atmósfera suspendida entre situaciones de menor a mediano y, de ste, seguramente a puntos altos de lectura emocionante. Felicidades. Ahora, a seguir leyendo con interés y beneplácito. Saludo cordiales.
April 08, 2020, 00:44
la lila asar
Muy buen comienzo! Es una historia atrapante. Me dejas con la intriga :)
April 07, 2020, 01:54
Debiie Lassal Debiie Lassal
Muybbuenooo !!
April 06, 2020, 08:05
Pajaro Robertti Pajaro Robertti
Ahora estoy aquí para saber que pasó después del metagenoma!! MUAJAJAJAJA
April 01, 2020, 21:25
Nataly Calderón Nataly Calderón
Qué historia tan interesante! Me gustó mucho
March 14, 2020, 14:23
~

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Hitos de un Aurista
Hitos de un Aurista

UNIVERSO El estudio de los acontecimientos auristas y eurianos hasta la actualidad. El universo de Aura, ¡una emocionante trilogía que te dejará sin palabras! Erfahre mehr darüber Hitos de un Aurista.

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