Tierra de nadie Follow einer Story

seulrn Nelba Jiménez

Ritma es una ciudad que alberga a una gran cantidad de seres humanos que abandonaron el planeta Tierra en busca de un hogar habitable. Desafortunadamente este planeta contiene un ambiente hostil que los obligó a tomar medidas drásticas, cómo fue dividir el lugar a través de nanotecnología, y gracias a ello mantener el orden político, sin embargo, el sistema está en decadencia y los estragos amenazan la paz de sus habitantes. Hay personas que anhelan entrar a la ciudad, gente que fue expulsada por ser delincuentes altamente peligrosos. Tierra de nadie está escrito en colaboración de Dulce Miyuki.


Science Fiction Alles öffentlich.

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1. Ciudad Ritma

La impasible mirada de Jaime penetra la pantalla conteniendo cada una de sus emociones; acostumbrada a escuchar sin repeler no evita cerrar los puños a modo de escape, en esta ocasión las entrañas le queman por las atroces palabras que la reprenden.

La voz le indica las órdenes que debe seguir, no hay manera de contradecir a la junta. No es precisamente porque ella no desee acceder, es porque está consciente que el problema de sobrepoblación no terminará solo echando a los delincuentes fuera de ciudad Ritma. Quizá, solo por un momento, debería existir la posibilidad de buscar alternativas, sin embargo, su cargo no le permite opinar por las acciones dentro, ella solo está ahí como portavoz, sin la autoridad necesaria para dar órdenes.

Una luz roja se enciende en su tablero, el cristal parpadea indicando que tiene un visitante, otro problema se suma a su itinerario, no tiene deseos de atender a extraños quejándose de algún aparato que no funciona, una disputa laboral o incluso el extravío de credenciales.

—Deberíamos parar por ahora —interrumpe a su interlocutor—, hay gente a quien debo atender.

—Somos nosotros los que decidimos en qué momento se termina —la cortó tajante Krisal.

Su compañera, ubicada en la misma ciudad, pero en extremos diferentes era —de todas— la favorita. Su carácter analítico la llevó a ser la mano derecha de la junta, un grupo conformado por cinco personas quienes se designaron los líderes por ser descendientes directos de los Primeros.

Jaime se masajeó la nuca. El dolor de cabeza es el epítome de sus reuniones. El tema de expulsar más gente es lo primordial. Si bien no había que objetar, era necesario designar un número y darle nombre a los que saldrían, no era una tarea sencilla pues de acuerdo a sus reglas justas analizarían los crímenes de los candidatos para elegir a los más corruptos.

La lista iba por la mitad cuando Mirlo, uno de los cinco, detectó el escape de un delincuente nivel tres en la zona de Jaime.

—Esto no pasaría en mi sector —se oyó la voz de Nitel, la chica más joven.

A la par, las otras cuatro comenzaron a objetar la ineptitud de Jaime, para su sorpresa Krisal es la única que se mantiene al margen, callada y observando como las otras cavaban para enterrar entre sus venenosos sarcasmo a su compañera.

—El criminal fue detenido dos horas después de su escape —se defiende la mujer.

La luz roja vuelve a encenderse y con ello, su cólera aumenta.

Un comentario más y explotaría.

—Interesante —interviene Herb—. Escapó sin dejar rastro, su crimen es por robar uno de los objetos más antiguos: una motocicleta y...

—Pero me robó a mí —Jaime no evita hacer énfasis del agravio que se le hizo.

Krisal sonríe desde su lugar. Ninguno de ellos se encuentra presente, no es necesario verse personalmente si existen los medios para llevar a cabo una reunión de esta índole.

El silencio habla más de lo que ella desearía. Le robaron, el ladrón escapó, ella lo atrapó y están por quitarle el derecho de decidir si ese hombre se va o se queda.

Por tercera vez la luz se enciende.

—Haces tu trabajo de la mejor manera y deseamos que sigas avanzando Jaime, pero —el pero de las oraciones denotan lo más importante, lo que realmente se quiere decir, piensa— por esta ocasión tomaremos tu lista y Krisal nos ayudará a seleccionar a los desterrados.

—¡No! —En toda su estancia como parte externa de la junta jamás había levantado la voz—. Quiero decir, no es necesario. No volverá a ocurrir nada parecido.

—Por supuesto que no —puntualiza Herb—. Tu deseo es escuchado y cumplido, atiende a la persona que te espera, nosotros nos encargaremos de los que tienen que irse este mes de Ritma.

Antes de que Jaime pudiera expresar su negativa, la pantalla se apaga.

Jamás en su vida había experimentado una frustración tan grande. Ella, mujer de un extremado orden, fue retada por un ciudadano promedio, ¿qué hizo mal para merecerlo? En qué momento se descuidó para obtener dichos resultados.

Sin poder contener la tormenta que en su mente se desata, da un fuerte golpe a la mesa que tiene enfrente y acto seguido el vaso de cristal lo estampa contra la pared, uno de los pedazos de cristal se incrusta en su brazo, pero la cólera que corre por su sangre es mayor que el dolor físico.

Respira intentando serenarse. Camina de un lado a otro pensando una resolución, no es posible que se haya equivocado al grado de dejar que un delincuente burlara la seguridad de su casa y tomara lo más preciado para ella. Se detiene frente al ventanal de la habitación, el panorama que la recibe es el horizonte gris, una línea que separa las luces amarillas de Ritma y el exterior. El sol está cayendo y tiene tan poco tiempo para tomar acción, entonces se da cuenta de que es muy tarde para que un ciudadano la buscara, el impertinente que tocaba interrumpiendo y acelerando la pérdida de su poca paciencia está en deshora para una cita. Para su fortuna la luz ha dejado de parpadear, o se hartó o simplemente entendió que no lo atendería, pero da gracias que no haya nadie esperándola.

Una vez fuera del edificio, recorre las calles a pie, le agrada ver todo en sus vivaces tonalidades verdes. Los jardines están rodeados de plantas, tanto de arbustos como de flores; la inversión en su infraestructura fue alta, pero valió la pena cada que ella ve a las personas sentadas en bancas limpias, degustando una cena en una máquina que le sirve la comida que teclean.

No existe comparación en el orden que tienen los vehículos al ir sobre el asfalto sin embotellamiento, o la majestuosidad de los centros comerciales de más de 50 pisos, incluso los departamentos interconectados por estructuras para no tener que bajar y volver a subir, solo basta oprimir un botón para ir de un edificio a otro. El panorama lejos de la junta la relaja. Sí, no pasa nada, Krisal hará un trabajo estupendo, no es necesario hacer rabietas. Jaime no es una mujer que tome rencor contra sus compañeras, después de todo, juntas han hecho grandes avances por la ciudad, las acciones de todas han forjado el futuro de los ciudadanos y un error de esta magnitud amerita una llamada de atención, para ella es más que suficiente sus propios fantasmas como para cargar a una enemiga como la mano de derecha de la junta.

Sin embargo, parte de su coraje es porque —muy dentro de ella— desea justicia y enviar al ladrón de una moto vieja al exterior sería lo más injusto que haría la junta. Suspira, la probabilidad de que un humano sobreviva fuera de la cúpula es menor al uno por ciento, ¿qué podría hacerse para no llegar a medidas tan extremas?, ¿será verdad que es posible vivir fuera? Claro que no, se niega a la idea, prefiere pensar que todos los que se van están muertos, porque de lo contrario ¿qué tipo de vida tendrían? Ella, en su momento rechazó la posibilidad de experimentar en el exterior y hasta el momento no se arrepiente, es una mujer importante y de haberse ido estaría muerta.

Sin darse cuenta llega a la puerta que da al sótano, muy seguro su inconsciente la traicionó, sabe que desea conocer el rostro del hombre que le robó, del ser humano que pronto dejará la ciudad y será enviado al mismo infierno; conoce a Krisal y está segura de que un hombre capaz de burlar la seguridad es un peligro para Ritma y es necesario eliminarlo, ella misma lo haría, pero no de esa manera, no asesinándolo tan cruelmente.

—No deberías temer.

¿Miedo? Jaime no era consciente de que su cuerpo refleje tal emoción, si uno de los guardias la viera no sería lo que dijera, por el contrario, él sentiría miedo de solo verla, ¿quién en Ritma no conocía a Jaime?

—¿Tampoco te atienden? Dijeron que no es horario para molestar a la capitana.

Jaime sonríe, por supuesto debe ser un analfabeta para no identificarla.

—No sé si sea miedo —respondió relajándose—, pero este no es un lugar para cualquiera.

—Claro que no, aquí están los desafortunados que morirán.

Exactamente lo que ella piensa. Voltea en dirección a la persona que le habla. Lo primero que observa es el color chocolate de su piel, típico de los que se dedican a las pocas granjas que quedan; ese detalle le da la respuesta de por qué no la reconoce. Su cabello alborotado y cobrizo delatan no haberse bañado por días, entonces ella reafirma que no vive cerca. Debería alertar sus sentidos, pero su presencia le confiere seguridad; al cruzar sus miradas ella curvó los labios y él, acostumbrado a tener ese efecto, le corresponde con una sonrisa.

—Señora —responde al instante de verla—, ¿visita a algún familiar?

Es verdad, Jaime ya no es una mujer de 20 años, cuida su aspecto, pero es inevitable ir contra el tiempo. A sus 38 años no tiene una familia que la espere en la casa, vive sola con una araña de mascota y su demandante trabajo como amiga.

—Sí —miente sin entender el motivo que la impulsa—, quiero ver a un hombre que es un amigo mío.

—El sótano es un lugar muy cruel para una chica.

Ella le da la espalda para continuar con su camino, le resta importancia pues su objetivo no es entablar una conversación con un joven granjero, desea ahora conocer el rostro del hombre que morirá por robarle, sin saber que el culpable ya ha sido extraído de su celda y ahora se encuentra en custodia de Krisal.

12. November 2019 18:08:13 0 Bericht Einbetten 1
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