Y mi signo ¿Qué? Follow einer Story

lightningfair Jazmín Berrospe

"Y mi signo, ¿qué? ¿qué tiene de especial?" Esa misma pregunta se la hicieron 13 chicos al descubrir lo que decía una revista genérica para adolescentes donde todos se enfrentaron con la interrogativa más importante de sus vidas: "¿quién soy en realidad?" ¿Un bully? ¿un holgazán? ¿un bueno para nada? Deja que estos personajes te cuenten su experiencia para que tú puedas contar la tuya.


Jugendliteratur Nur für über 18-Jährige.

#drama #escolar #comedia #humor #romance #lgbt+
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Capítulo 1. Génesis

Fuego, vivo, osado, valiente, egoista e ingenuo. Eso es Aries, un signo tan honesto que con el simple hecho de entablar una conversación te das cuenta de inmediato si está prestando atención.

Su gran terquedad y entusiasmo lo vuelve una persona relativamente predecible pero también alguien que resulta muy difícil cambiar de parecer cuando éste tiene un objetivo.

Y Dick, es justamente eso, un terco. Aunque tenga el nombre de un aparato reproductor masculino pero con pelos pelirrojos.

—¡WU! —Dick patinaba sobre la acera de la Universidad hasta llegar a la entrada y detener su patineta—. ¡Soy genial, baby! ¡He roto el record!

Detrás de él un chico de cabello castaño chocolate parecía haberle seguido el paso a pie con agitación como si hubiese corrido varios kilómetros de camino. Tenía la frente perlada de sudor, y si hubiese cuidado mejor de su condición física, lo habría alcanzado.

—Te odio, Dick —gruñó el susodicho—. ¿Cómo me haces esto al llegar tarde por tu culpa?

—No sabía que perderíamos el camión. —Dick rodó los ojos al cielo desfigurando su expresión hasta mostrar una sonrisa mucho más sincera con una pizca de travesura antes de golpear el hombro de su compañero con un puño en señal de ánimo—. Anda, entremos ya.

Un hombre pareció carraspear con fuerza cuando Dick y su amigo tenían la intención de pasar por la entrada principal. Frente a ellos, el inspector de la Universidad mejor conocido como "El inspector Zatarain" parecía observar a ambos con detenimiento y una de sus cejas gruesas alzada en son de regaño y reproche del mismo. Dick nunca entendía esa expresión. ¿Es que a caso así asustaba a los alumnos?

Detrás de él solo había "humanos" caminando con rapidez en los pasillos. Algunos apenas estaban llegando al igual que ellos, y eso, más que nada, confundían mucho al par de estudiantes.

—Estuvieron a tan solo casi diez minutos de retraso —insinuó el susodicho trabajador abriendo más los ojos con cada mirada que le lanzaba al uno o al otro—. No me sorprende de Jackson, pero usted, joven Suh —sus ojos se desviaron hacia el castaño—, me impresiona. Para ser el vice-presidente estudiantil ¿no cree que esto podría afectar en su récord de ceroinasistencias?

—Estoy consiente de ello, inspector —aceptó el estudiante forzando una sonrisa que bien desapareció en un instante—. No se repetirá.

—Bien. —Ambos estudiantes cruzaron miradas con inquietud, y rodeando al inspector con una lentitud sigilosa, ambos cruzaron las puertas que daban a la entrada de su preparatoria, más aquel momento de paz no duró por mucho—. Jackson.

Dick frunció los labios susurrando una grosería. Apretó con fuerza la patineta que cargaba con una de sus manos, y al girarse al inspector, éste le miraba con advertencia.

—Siempre estoy observando.

Dick no pudo evitar esbozar una sonrisa forzada antes de encogerse de hombros.

—Vamos inspector ¿usted cree que yo me atrevería...? —El trabajador ni se inmutó—. De acuerdo, no lo haré. —Alzó su patineta al cielo caminando en reversa antes de girarse por completo hasta quedar de frente al pasillo—. ¿Ve? ¡No lo estoy usando! —al bajar el brazo, un bufido escapó de sus labios—. Pendejo.

Dick esperó a que el inspector se distrajera en otro de los pasillos antes de bajar su patineta y recorrer la escuela en la misma.

—Luego te alcanzo, amigo —se despidió el castaño deteniéndose en uno de los casilleros del pasillo, y acercándose a platicar con un pequeño grupo de compañeros.

—¡Cuidado, obstáculo en el camino! —gritaron dos chicos al mismo tiempo en el momento que atravesaron uno de sus pies cuando Dick estaba distraído —¡Ups!

Divertidos, indecisos, contradictorios, versátiles y cariñosos. Michael y Simon ven el mundo como un juego, un pasatiempo. Siempre buscando la manera de matar el tiempo. Los géminis habían derrotado al salvaje Aries en el pasillo.

—¡Bu! —gritaron ambos

Dick cayó al suelo de cara y sintió un dolor en la nariz. En cuanto se enderezó con cierto dolor en sus brazos, un aura similar al del mismo infierno comenzó a rodearlo sin presagiar nada bueno. Aries no era el badboy de la escuela, ni el matón hijo del Chapo Guzmán ni tampoco un delincuente de temer. Solo tenían que verle su sonrisa.

Una puta sonrisa sacada del exorcista.

—Simon, Michael —dijo el chico pelirrojo mirando fijamente a ambos—. Que bueno que los veo ¡ya casi extrañaba!

—¿Estás molesto, Dick? —preguntó Michael.

—¿Piensas golpearnos, Dick? —prosiguió Simon—. Porque tienes cara de querer hacerlo, solo te digo.

—¿De verdad? —Aries fingía perplejidad al acercarse hasta donde paró su patineta para tomarla con un cuidado—. Bueno, pues yo... ¡CLARO QUE QUIERO GOLPEARLOS, PAR DE ABORTOS MALNACIDOS!

—¡Adiós! —gritaron los dos al mismo tiempo antes de girarse y correr lo más rápido que podían hacerlo. Los gritos de ambos chicos y sus risas parecían escucharse por toda la escuela y a ninguno le importaba si les llamaban la atención. Michael y Simon solo tenían una misión: correr, y vivir para contarlo.

—¡Auch! —Michael, en un intento de doblar una esquina y desaparecer por el gimnasio, una alta figura pareció interponerse entre él y su escapatoria; y sin saberlo, se la cobrarían muy caro— . ¡De verdad lo siento, yo...!

—¿Jugando a las atrapadas, Mike? —preguntó un chico con una chaqueta militar junto con ambas cejas levantabas. Michael alzó la vista y vio una sonrisa ladina por parte de Sam: su compañero de clase, y el segundo bully de su clase.

—Ay no.

Apático, irritable, poco modesto, un signo completamente lleno de fuego. Siempre buscando la atención cuando se la merece, es un signo respetable. Es un insulto sino se respeta a este signo.

—N-No, Sam, claro que no —interrumpió Simon interponiéndose entre el chico y su hermano con una sonrisa nerviosa y con un tic en el ojo izquierdo—. Nosotros solo estábamos corriendo de Dick, ya sabes. Es la rutina de todos los días, viejo. ¿Verdad, Mike?

A sus espaldas, el chico Aries irradiaba en llamas mientras caminaba con lentitud hacia ambos muchachos después de doblar la esquina.

Sam se tronó los dedos, y Dick chocó los puños.

—¿Recuerdan lo que sucedió el semestre pasado? —preguntó Dick tronando todo su cuello.

—Yo si lo recuerdo —continuó Sam —los metimos a ambos en el inodoro. Cabían sus cabezas en un tazón que nos resultó sorprendente que pudieran salir sin ningún atisbo de haber empequeñecido.

—¡Nosotros solo estábamos jugando! —dijo Simon implorando por su vida —¡No buscamos problemas contigo, Sam!

—Pues ya se lo buscaron...

—¡Yo lo sujeto y tu lo golpeas! —dijo Dick con el rostro lleno de alegría y diversión.

Lo único que se escuchó aquel día fue el grito de ambos Géminis pidiendo disculpas, y ninguno de los signos de fuego se inmutó.





—De verdad... ¡Un clásico! —gritó Michael en su encarcelamiento—. Encerrarnos en el casillero. Ja, vaya, ahora sí no fueron muy originales ¿eh?

—Pimpon es un muñeco muy guapo y de cartón. —La voz de Simon se escuchaba a dos casilleros próximos con una gracia y calma como si desde hace mucho hubiese ya hubiese aceptado su destino—. Se lava la carita con agua y con jabón.

—Cállate —dijo Dick con una sonrisa mientras los miraba desde el otro lado —¿O quieres que te encierre en el mismo casillero que tu hermano?

—¡No te saldrás con la tuya! —gritó Michael desde otro casillero—. Bueno... técnicamente se salieron con la suya...

—Hm. —Sam estaba de brazos cruzados recargado en el casillero de Michael—. Bien, los dejaremos salir si nos piden disculpas.

—¡Estuvimos gritando desde hace como cinco minutos el que nos perdonaran! —gritó Mike desde el interior del casillero—. No es nuestra culpa que nunca nos escuchen... queremos decir, ¡por favor! Somos Mike y Simon, amigo. La escuela nos ama al ser los jugadores estrella del equipo de basketbol.

—¿Dijeron algo? —preguntó el Leo con una sonrisa ladina en el rostro fingiendo que busca algo.

—No lo sé, creo que dijeron que quieren quedarse encerrados —prosiguió el Aries con otra sonrisa.

—¿Piensan dejarlos ahí dentro? —Una voz extraña interrumpió en el desierto pasillo. Un chico de cabello oscuro y ojos verdes miraba a ambos rebeldes con una sonrisa en el rostro. Había mucha amabilidad irradiando en él—. ¿No creen que es un poco cruel?

—Vaya, pero si es el secretario. —Dick rodó los ojos y siguió en su lugar mirando hacia otra parte evitando el contacto visual—. Lo que menos quiero es tener que lidiar contigo ¿entiendes?. No eres de mis personas favoritas, Jack.

—Solo porque eres amigo del vice-presiente, no quiere decir que te vayas a librar de todos los castigos cada vez que te cubra todas tus idioteces, Dick —dijo el chico con una media sonrisa antes de acercarse a los casilleros para sacar a los gemelos de ahí mismo—. Se que no les gusta que les digan que hacer o qué no hacer, pero es mejor que vayan si no quieren ir a detención. El timbre sonó hace un rato.

—¿Crees que nos mandaran a detención? —Aries soltó una carcajada —paso toda mi vida ahí.

—Tú, pero esta vez no iré yo —dijo el chico Leo con una sonrisa mientras camina hacia el salón.

—¿Pero qué...? ¡Espera! ¡Pensé que te saltarías las clases!

—Yo no dije nada de saltarme las clases —dijo el chico de cabello verde con una media sonrisa en el rostro—. Yo solo vine a molestar al par de tarados porque es divertido; pero como el semestre pasado reprobé una materia no puedo darme ciertas libertades: además, es la clase de Historia. Si por tu culpa me llevan a detención por llegar tarde, te las verás conmigo.

Dick, con un tic en su ojo izquierdo observó como Sam caminaba tranquilamente hasta el salón de clases; y si algo un Aries no soporta nunca es la traición de nadie.

Pero cuando Dick no creyó que podría ser peor, sus ojos pasaron de Sam hasta los ahora libres géminis.

—¿Eh? ¡¿Quién dijo que ellos podían salir?! —preguntó el chico Aries con el semblante molesto —Apenas me estaba divirtiendo...

—¡Jackson!—La voz del inspector llenó el pasillo. Dick giró para ver al docente con el rostro lleno de nerviosismo, aunque intentó ocultarlo. Un intento fallido.

—¡Le juro que estábamos jugando a las escondidas, inspector Zatarain!

—Iras a detención —dijo el inspector con semblante serio y directo—. Y joven Peterson ¿Qué hace usted aquí? ¿No deberían estar en clase?

Jack, un chico totalmente perdido en sus pensamientos se fijó por primera vez en el inspector. Los libra, un signo completamente regido por el equilibrio, era lo que siempre mantenía a Jack en sus cabales y no perdía la paciencia. Aunque en ocasiones a pesar de ser una persona muy responsable y disciplinada, tendía a romper las reglas. Aunque es una de las personas más justas, no siempre mantenía los pies sobre la tierra.

—Vine por mis compañeros para llevarlos a clase, Señor Zatarain —dijo el chico Libra con una sonrisa —No pensaba venir a molestar. Vengo de parte del profesor Robertson de Historia Universal. Estamos por planificar un proyecto para fines de curso.

—Bien, en ese caso te los encargo —señaló el inspector Zatarain a los tres chicos con un vago gesto de su mano izquierda—. Puede que necesiten un ejemplo a seguir como tú. ¿Crees poder encargarte?

—Por supuesto —dijo el chico con una sonrisa carismática en el rostro —Yo me encargo. Usted no se preocupe.

—Muchas gracias, Jack —y se fue.

Dick tomó su patineta (que había apoyado a un lado suyo todo ese tiempo), y respingó con fuerza. Esperó a que el inspector se fuera antes de apoyar su patineta y subirse en ella. Solo algo lo detuvo, un brazo tomando el suyo: un gesto que casi lo hizo resbalar.

—¿Piensas irte patinando? —preguntó el chico Libra con cierto semblante de preocupación.

—¿Tú que crees? —Dick deshizo el agarre provocando que Jack bajase el brazo—. No pienso ser escoltado por ti. ¿Quién eres? ¿Mi madre?

—Como tu digas —dijo el chico libra con un encogimiento de hombros en un intento de restarle importancia. Aunque su buen sentido de protección no permitió que aquello le convenciera de algún modo. A veces Libra solía desconfiar de las palabras de los demás—. Solo no te pierdas.

Dick encontró aquella última oración como un chiste considerando que lleva estudiando ahí un año completo en dicha preparatoria. Antes de continuar su camino, vio a su espalda notando el cómo es que Jack, Mike y Simon caminaban hacia otra dirección que pertenecía a su salón de clases. Justo el lugar el que él deseaba evitar.

—Ja, que patético —dijo el chico Aries en voz baja mientras seguía deslizándose por el pasillo vacío—. No puede ser que sea tan...

Cincos segundos eran suficientes para provocar un choco de gran magnitud, pero Dick solo necesitó tres para tropezarse y caer al piso.

Al levantarse de nuevo del suelo, pensó que quizás podría ser Sam donde tendría una buena excusa para darle un golpe directo por haberlo dejado caer al suelo; pero al ver a una chica de pies cortos y mirada gacha cubierta por el cabello castaño lacio en el suelo, hizo que su lado caballeroso saliera a flote levantándose primero él mismo y luego ayudándola a ella a hacerlo.

—Lo siento —dijo el chico con una disculpa completamente honesta de su parte. Trató de levantar a la joven, la cuál descubrió con sorpresa que las manos de ella eran bastante suaves. Justo las manos de una chica que no hace ni madres en casa. ¿Irónico, no es así? Era como verse en un espejo.

No te preocupes —dijo la joven chica con una sonrisa quitando un mechón de pelo de su cara para que pudiera ser traslucida. Dick pensaba que era la cosa más bella que hubiese podido ver en su vida, pero no notaba las lagañas, la baba poco disimulada, ni tampoco la fachada desarreglada de la chica. Incluyendo el hecho de que esa disculpa solo fue parte de su propia imaginación.

—¡Fíjate a la próxima vez, inútil! —gritó con fuerza poniéndose de pie con ayuda del pelirrojo Aries fuera de su imaginación, aunque lo hizo a regañadientes, y Dick no parecía haberse dado cuenta del insulto—. Diablos...

Con torpeza, Dick tomó su patineta y acomodó su cabello pasando sus dedos por el cuero cabelludo. La chica parecía el perro chilaquil de las fotos que había visto en facebook y en distintas redes sociales, pero de alguna manera Dick sentía que era la chilaquil más hermosa del mundo.

—¿AC/DC? —La joven señaló con la vista la playera que traía puesta el Ariano mientras se alizaba la ropa que traía puesta. Dick trató de hablar, pero un sonroje recorrió su cara y no pudo hacer otra cosa más que titubear. Sentía que sus mejillas se perlaban de rojo, porque frente a él tenía a una chica muy hermosa: igual que un perro corriente de su cuadra de mala muerte, pero aun así le encantaba.

—Sí... ¿Te gusta? —preguntó con una sonrisa carismática sin dejar de mirar a la desgraciada que casi le golpea cuando se levanta.

Y esa chica, eres tú.
La chilaquil de sus sueños.

Pero la verdadera pregunta aquí es... ¿quién de todos los signos eres tú?

2. Oktober 2019 00:33:39 0 Bericht Einbetten 1
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