V Ekat: Caos en la Frontera Follow einer Story

u15613446511561344651 Jacqueline Q-Herrera

Arco final de la saga. A mayores talentos, peores retos. Katy piensa que se resuelve la vida con tecnología y asesinatos.


Postapokalyptisches Alles öffentlich.

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Periodo en Francia

Mi pequeño Jack ya caminaba pero no quería hablar, y Sacha hablaba por los dos cuando llegamos a la casa más grande que tuvimos para nosotros solos. Era otra urbanización de tipo cul de sac, a 40 minutos del centro de Francia por carretera. El centro había sido habilitado recientemente en función de la nueva gobernabilidad, y todo era nuevo. Se nos asignó vivienda antes de tocar tierra, y cuando llegué me di cuenta que no llenaríamos nunca esa casa tan grande.

Los niños corrieron y eligieron cada uno su cuarto, increíblemente a Jack le costó muy poco adaptarse a dormir ahí, y Sacha ya nunca más se pasó a nuestra cama. Me quedé con uno de oficina, en donde trabajaba muchas horas en la mantención de archivos y sistemas, logística y administración de las empresas. También desarrollé varios sistemas nuevos, adaptados para el gobierno y para el uso de personas que no conocen nada de computadoras o programación, similar al que le hice a Caro, pero ya en masa. Adaptado al trabajo administrativo. Y el ID era la huella/ postura de cada persona, así los datos confidenciales eran rapidamente encriptados y difíciles de hackear, pues si bien iban a la nube, la interfase era la traductora del mismo. Permitía acceso a bases de datos ya existentes, y no era necesaria la conversión de la empresa completa para poder usarlo.

Fue complicado adaptarme, no sé porqué tartamudeaba el francés. En ningún otro idioma me pasaba, y era raro, porque fue el primero que aprendí a hablar.

-Mamá –Me decía Sacha –Vas a tener que ir a fonoaudiólogo como Jack.

Con las mamás de los cursos de los niños no tuve problemas casi nunca, sólo ese mal ejemplo de persona que es *** (la amiga de Ana), pero ella no estaba ahí, y tuvimos muy buenas amistades. De hecho, creo que fue un "segundo tiempo" de felicidad dentro de lo que era la "vida normal", porque las preocupaciones políticas que llevarían finalmente a nuestro destierro amargaron bastante el cotidiano.

Con Juanjo las cosas siempre fueron bien. Él no era el político ausente que siempre está en sus sesiones y reuniones, él hacía tareas y jugaba en el suelo con los niños, se sabía sus gustos y buscaba pertenecer a sus vidas como a él le hubiera gustado tener un padre. Yo creo que su misma orfandad lo hacía tener tantas ganas de estar presente con los niños. Buscaba mi cuerpo en la cama cada noche, y cada vez parecía que aprendíamos nuevos trucos, pero nos empezábamos a quedar con los antiguos. Como que había ya una comodidad, una complicidad que ocho años de matrimonio habían creado tiernamente.

En esa etapa preferí tener servicio de limpieza, incluso tuve asistente, porque la cantidad de trabajo era mucha. Me gustó y no me gustó tener oficina en casa, porque por un lado estaba cerca de los niños, pero la gente pensaba que tenía tiempo libre. Juanjo en su papel de ministro no llevaba asesores a casa ni nada, y curiosamente tenía tan buen horario que hasta llegaba a jugar con los niños.

—Tienes que venir a una clase abierta —Me explicaba un día la profesora de Sacha —Es decir, haces una presentación a los niños y sus padres de tu trabajo, o tu vida en 10 minutos.

—Muy poco tiempo para explicar tanto —Me rei.

—Lo sé... pero tiene que ser en ese tiempo.

—ok, dime el día y la hora.

—Aprovecho de decir que hay reunión de apoderados para el próximo martes, y debes traer algo para comer, pueden ser galletas caseras, recordando un 30% para alérgicos al gluten, soya, maní, etc.

—¿Galletas caseras? Claro... muchas gracias.

—Y señora Katy...

—¿Si?

—Me encantó su intervención del periódico sobre la tecnología y el medioambiente.

—Gracias.

Cuando iba caminando con Sacha, ella iba saltando de mi mano y Jacks en la otra, al ritmo de una canción y se reían. Esa era una de las cosas buenas de trabajar en casa, que los podía ir a buscar y merendar con ellos. Ella en un momento se acordó y me dijo: "mami, ¿Sabes hacer galletas?"

—No amor. Buscaremos en la red alguna receta.

—Las mamás de mis amigas hornean la cena todo el tiempo.

—¿Tenemos horno?

—Viene con la casa.

—¿Sabes cuál es?

—Debe estar en la cocina —Se encogió de hombros.

Me dio mucha risa su respuesta. Ya entonces ella era muy compuesta, siempre debía estar peinada y bien vestida, que sus zapatos combinaran con su bolso y sus uñas con los accesorios que siempre llevaba. Pero aún así, le gustaba andar saltando y tirándose al suelo, y treparse de cuánto árbol se le pasaba por delante.

En las vacaciones fuimos varias veces a andar en auto por Europa, tipo mochileo pero con paradas para hacer pis y comer a las horas de los niños. Si bien me preocupaba que comieran a sus horas, cuando viajábamos les daba de todo.

Pero en esa ocasión llegamos a casa y nos pusimos a buscar el horno. Obviamente yo sabía cómo lucía, pero era tan divertido verlos tratar de explicarme, y buscar los ingredientes en casa. Me di cuenta que siempre les servía el plato y nada mas, así que a veces "olvidaba" cocinar la merienda o la cena y ellos me "ayudaban" a lavar verduras, poner la mesa, o batir los huevos. Dejábamos el tremendo desastre, y había que ver la forma de que no quedara tanto trabajo para la empresa de limpieza. A veces Juanjo llegaba y se unía, con traje y todo a la limpieza del desastre entre risas y el hambre. Siempre nos quedaba rico todo, si bien algunas veces las masas quedaban duras, o crudas, o quemadas, era muy enriquecedor jugar así.

Ese día, sin embargo, las galletas quedaron bastante aceptables. La presentación de qué hago para mi trabajo dejó a los niños muy sorprendidos, y desde ahí en adelante fui conocida por ellos como "la mamá robot", cosa que dentro de la definición de robot no está tan lejana. Era muy divertido compartir con ese grupo de padres, todos eran de la política y muchos de ellos no pasaban tiempo con los niños, así que fue un poco chocante al principio, pero luego en los cumpleaños y las festividades organizadas, estuvimos a cargo de la entretener a os niños. Con mi experiencia en el ejército, armaba módulos de ejercicios y retos que les encantaban, jugaban todo el día. Era con recicla materiales reciclados que conseguía por ahí. Por ejemplo, un día que hicimos una especie de lucha de barcos pirata, era con las maderas que tiran luego de hacer una piscina y con cartón de cajas de muebles, cuando la escuela renovó el mobiliario. Tenía una parte "caverna submarina" aprovechando la piscina comunitaria, y puentes y mástiles donde podían trepar.

Otras mamás me ayudaban, y otros se encargaban de la comida, que se costeaba con cuotas que contaban el número de integrantes de cada familia. Esto pasaba como una vez al año en grande.

En general, a Juanjo le servía mucho llegar a casa y desconectarse, las cosas en ese momento, con Legrand en el gobierno, se nos pusieron complicadas. Él era contrario a las reformas de Juanjo, y básicamente se le puso entre ceja y ceja. Si bien era cierto que su puesto se lo debía al cuoteo de partidos tampoco era mal ministro. El tema pasaba solamente por su odio a la mutación.

Y eso nos complicó todo. Nosotros apoyábamos las víctimas, primarias y secundarias, de la ola de mutaciones que se había dado diez años atrás, justo antes del Gran Desastre, y los laboratorios que habían seguido realizando estas operaciones luego. Pero nuestra lucha estaba centrada en detener la mutación no consentida e indiscriminada que había inundado el planeta, y dañado las posibilidades de sobrevivencia. Con los índices de radicación solar, y la radiación artificial,la raza humana en sí estaba generando mínimo requerido para la mantención de la problemas PARA reproducirse al ritmo mínimo. Incluso África o Sudamérica estaban necesitando tratamientos hormonales, luego que la baja fecundidad fuera alerta roja. Estábamos muriendo, y los mutantes tipo C en adelante tampoco teníamos buenos números.

Este tipo, Legrand, se oponía a que los mutantes pudiéramos tener hijos. Según él serían niños mutados y eso ensuciaría la raza, más con el tema de los betas y la delincuencia con superpoderes. La gente lo apoyaba por buen estadista, y lo hicieron presidente, pero desde el principio empezó con una campaña del terror de eliminar C en adelante.

Durante meses sólo era retórica muy leve, ya cuando Jack cumplió los cuatro años, nos vimos derrepente en una situación con carteles en la calle. La gente estaba indecisa, pero tanta propaganda empezó a hacerlos preguntarse "¿Será cierto?"

Sólo en ese momento, después de dos años, a Juanjo se le vio interpelado en aquella sala aterradora, con los trasciendo senadores y diputados de distrito y los demás ministros y presidente. Esa sala azul, con líneas blancas en led para iluminar, y donde el techo se elevaba y se volvía estrellas. Apareció la primera vez para ser consultado por unos problemas con la producción de alimentos, que no tenia mucha razón de ser. Sospechamos desde el principio que era para preguntarle sobre la mutación.

Hicimos un plan, los asesores estuvieron de acuerdo. Valía más perder el puesto que la carrera política, concluimos y preparó una presentación sobre el tema.

La interrogación, como fue previsto, era una excusa para llevarlo a la sala. Fue transmitido por cadena internacional. Juanjo habló de los avances y del poco "presupuesto social" donde él pretendía hacer más avances. Habló de la necesidad de avanzar con igualdad, no fijarse tanto en el resultado promedio, el "per cápita" sino en que pensáramos en la felicidad colectiva, que tenía como necesidad básica obviamente alimento, techo y educación.

Su discurso era muy "monedita de oro", y luego de eso vino la interrogación. Al final, no sé cómo, terminó explicando que él era mutante también, que su vida dependía del funcionamiento de dispositivos. No sé cómo lograron sacarle que yo era tipo E,

Y ahí empezó la cagada.

Porque Legrand no lo sabía. No tenía idea el alcance de la operación, ni su dependencia de mis empresas y dispositivos. Su ira debe haber sido inimaginable. No había estabilidad política suficiente como para echarlo. No había tiempo o forma, pero la población empezó a dividirse, lo último que necesitábamos en este planeta lleno de deudas que se caía a pedazos en cada playa, que ya no quería germinar ninguna semilla. Y empezó el ataque. Si bien la gente amó la historia de amor de los dos, Legrand en cambio, empezó a hablar en la TV de que éramos, las reformas de Juanjo y yo, un peligro para la sociedad.

Y quizá lo era: ya todos los ejércitos, unidos o no en el comodato de Eurasia, o Latino Unidos(Latrios) , o Asia del Este, se habían integrado a los drimers, y cada soldado poseía uno. También las grandes empresas habían comprado el comodato de goce de la versión ejecutiva del sistema. Nada mas aterrador que alguien con tanto poder. En el papel, en preparación, era todo parte de una sociedad, sólo los que estaban conmigo desde el principio tenían acceso a saber que la idea original, y los derechos de uso estaban a mi nombre, todo lo demás era de la corporación. Es decir, siempre se pensó que era una corporación comercial como tantas otras, y no pensaron que había, como mucho, seis personas a cargo. Tampoco era que yo fuera la dueña total, había porcentajes de participación por países y una cantidad de datos que se entre cruzaban. Jamás tocaba ese dinero, que era muchísimo, le tenía un poco de miedo a la vida de lujos que vi cuando fui guardaespaldas. No encontraba correcto vivir diferente que los demás, no me gustaban los privilegios, pero sí me gustaba que mis hijos tuvieran lo mejor: viajes, comida orgánica, pero fuera de eso, tenía mis reparos con darles juguetes caros. Prefería que jugaran con cartones reciclados, y treparan árboles. Algunos días los llevábamos donde Caro, a cabalgar y conocer sus raíces, y algunas vacaciones los subimos al auto y recorríamos paisajes y carreteras de Europa, buscando castillos y catedrales medievales.

Uno de los viajes mas importantes que nos dimos fue cuando partimos primero en el transiberiano y luego rentamos un auto y bajamos navegando con el gps mas malo del mundo. Tardamos como dos semanas, acampando en diferentes lugares, pero llegamos a Paraíso. Para nuestra sorpresa, estaba poblado. Seguimos la ruta por fuera, y finalmente, llegamos al lugar donde había sepultado a Manuel. Fue muy importante para ambos llevar los niños ante su cruz, fue como una forma de terminar de perdonarlo y agradecerle.

Fue después de este viaje, donde dormimos al aire libre en las estepas, que tuvo que acudir a la interrogación. Y fue ahí, cuando lo hicimos al aire libre, que se concibió mi tercer hijo, Damián.

Cuando Juanjo apareció en pantalla, lo supe. Corrí a vomitar. En ninguno de mis embarazos me he sentido tan mal. Los primeros días los pasé acostada. Normalmente esperaba un poco para dar la noticia, al menos así lo intentamos con Jack, pero con esto Juanjo se dio cuenta de inmediato. Estaba feliz y preocupado, porque las circunstancias estaban complicadas. Empecé a manejar la empresa desde la cama, con videoconferencias y contratar un segundo asistente. Hacía harto frío esos días, así que los niños me acompañaban viendo películas en la cama después de la escuela, de la cual volvían con la vecina. Las mujeres de la escuela me escribían harto, decían que se sentía mi falta en las juntas, y me iban a ver durante el día, con recetas para que me sintiera mejor, o de frente comida, que decían que me haría más fuerte.

Conforme pasaron los meses, le quitaban responsabilidades a Juanjo. Él no se amargó, al contrario, las cartas estaban echadas y aunque en ese momento no esperábamos que nos expulsaran del país, si esperábamos algo así. Se hizo cargo de la casa, y de los niños. Cuando ya tenía seis meses de embarazo, pude caminar una vez al día, sujeta de su brazo. Estaba muy pálida, y perdí como diez kilos. Estuvieron a punto de internarme, pero prefería que me fueran a poner suero a la casa. Iban una vez a la semana a verme prescencialmente, aunque el monitoreo era constante, como en el caso de Jack.

Y en ese momento Legrand realmente se puso pesado y sacó totalmente a Juanjo de sus funciones, diciendo que era un inútil. Hubo protestas, diciendo que la economía estaba empeorando gracias a él, y que no tenía razón de expulsar a la gente sólo por las mutaciones, en el caso de juanjo,médicas. El partido empezó a recibir amenazas y presiones para que lo sacaran. Hasta de la oposición estuvieron de acuerdo que, de momento, y a pesar de estar fuera de funciones siguiéramos en la casa. Los vecinos nos hicieron un babyshower, y fue ya cumpliendo las 34 semanas que empezó con el tema de expulsarnos del país. No teníamos precisamente la nacionalidad francesa, yo tenía la ciudadanía alemana y juanjo la española, lo que nos hacía parte de Enron, por lo que no debíamos ser expulsados bajo ninguna razón, y aún así, logró encontrar, o inventar que nosotros debíamos salir.

La verdad, siempre quise salir corriendo del lugar, me sentía tremendamente amenazada. Todos sabían nuestra dirección, donde dormíamos. Me estresaba mucho pensando que cualquier tirador podría acabar con nosotros, como yo había acabado con tantos durante algunos años. Era tan fácil. Mantuve los niños conmigo, en un cuarto, e hice un bolso con lo necesario para partir y tener mi bebé a salvo. Cumpliendo las 38 semanas, me vino el instinto de anidación. No tenía cuna, porque sabíamos que no alcanzaría a nacer en Francia. Hice que mis hijos eligieran un juguete para llevarse, que pusieran sólo sus cosas favoritas en cajas y la llevaran donde los vecinos. Hice otras maletas, como diez veces, y empezaron las contracciones. Hice que Juanjo durmiera con los niños, pero se levantó igual a verme. Llegaron a buscarnos cuando aún era de madrugada, y yo contaba muy seguido las contracciones. Me subí al auto y empeoró. El plan siempre fue irnos en silencio, pero los vecinos se dieron cuenta y empezaron a reclamar, más cuando me vieron subir con un vestido ancho, y un poco aproblemada. Se vio mucho en redes, y se mostraba como un signo de hostilidad de Legrand, y ya el país estaba como ¾ dispuesto al caos y dejarlo ir en lugar de dejar alguien tan cruel que expulsaba del país a una mujer con problemas en su embarazo.

Lo que es yo, sólo pensaba en el dolor y cómo carajos conseguir anestesia. Ya no tenía cerebro para nada, no podía sentarme cómodamente, y preferí quedarme aferrada al asiento en cuclillas. Confiaba que Juanjo se haría cargo de todo. Él agarró su celular y llamó a Cristofer, que vivía camino al aeropuerto, y le preguntó si tenía todo listo.

Lo miré muy molesta.

—No es el escenario ideal, pero él y Hans arrendaron una casa de seguridad camino al aeropuerto. Estás de parto, no dejaré que nos subamos al avión así. Al menos habrá médicos escondidos.

—¿Y cómo piensas que estos seguridad nos van a dejar...?

—Está todo listo. Los detendrán en la carretera.

Pasados unos tres minutos los niños se durmieron. Sacha estaba muy nerviosa, aparte del vuelo, la despertada de madrugada, quería ver nacer su segundo hermano y presentía que estaba pronto, pese a que Jack nació a las 42 semanas. Igual les ganó lo calentito del auto. Me toqué y estaba casi completamente dilatada. Pasó muy poco rato, y amanecía cuando finalmente nos detuvimos. En un primer momento pensamos dejar los niños arriba, pero las contracciones se hicieron mas fuertes al dar un par de pasos fuera del vehículo. Llegué con ayuda a la habitación donde Hans tenía una silla obstétrica, pero yo me subí a una cama, y me puse de rodillas. Juanjo le hizo una seña que se estuviera callado y se lavara por mientras. Él amarró una sábana a la viga del techo, y me la acercó. Cristofer estaba con los niños fuera, fue Juanjo quien me ayudó a recibirlo. Antes que Hans alcanzara a estar listo, llegó Damian. Los niños entraron apenas lo sintieron llorar, y pelearon para tomarlo en brazos primero. Los guardias querían entrar, porque sentían gritos, y la matrona que habían conseguido intentaba llenar el acta de nacimiento y ver si mi placenta salía bien. Me solté y la dejé examinarme, mientras Hans tomaba el peso y mas medidas de Damian, que gritaba todo el tiempo. Finalmente, me lo entregó y empecé a darle pecho, al que se aferró fuertemente. Los niños se subieron a la cama a verlo, y Juanjo me dejó usarlo de apoyo.

Nos dejaron estar como unos minutos, para mi fueron diez, ellos gritaron que eran horas. Tomamos al pequeño Damian y fuimos al auto, en mis brazos. Estábamos a un kilómetro del aeropuerto, y se empezaba a ver el alba. En la oficina del registro civil Juanjo registró al pequeño Damian como francés, lo que de paso nos legalizaba como ciudadanos para ira infinita de Legrand.

Subimos al avión y no volvimos en varios años.

17. August 2019 00:34:44 0 Bericht Einbetten 3
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