Vecindario Mágico, varitas arriba. Follow einer Story

u15652836861565283686 Yéferson Muñoz Cardona

Un grupo de niños y sus familia se ven amenazados por un ente maligno que prometió en años atrás regresar. No saben que tienen magia, no saben que son especiales, pero la hechicería y magia negra están al acecho. Acompáñame a ver como la magia volverá a sobresalir y acabar con el mal.


Abenteuer Alles öffentlich.

#inclusion #abuelita #hechiceria #vecinos #magos
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PESADILLAS Y SOMBRAS

Sábado en la mañana un día como cualquier otro. El sol asomaba con su aureola de luz entre las montañas; cruzaba por las nubes del amanecer y atravesada por los troncos y las hojas de los árboles hasta llegar a la ciudad. El sonido del cantar de los pájaros de costumbre y la fría brizna en el aire se empezaba a desaparecer.

La ventana que estaba a un lado de la habitación permitió entrar la luz del amanecer, comenzó a volverse algo tenue la oscuridad. Un cuerpo infantil sobre la cama se movió de manera suave adormilado. Las manos se ampliaron estirando los dedos con cierta sutileza que casi parecían mágicos. Aquel hombrecito estaba disfrutando del sueño. La puerta de la habitación se abrió muy despacio y casi que a la misma velocidad una cortina sobre la ventana se movía a un lado cubriendo la luz. Tras la puerta estaba la señora Leticia Boone, una mujer de edad, piel blanca y cabello entre rubio y canoso, labios delgados y unos ojos negros detrás de unos lentes redondos y grandes. Sus pasos eran ligeros y silenciosos; Parecía flotar. Acercándose a la cama donde estaba aquel niño, soltó un suspiro. Se inclinó a alcanzar la cobija a la orilla, movió su mano con delicadeza que sin alcanzar la cobija ésta cubrió aquel cuerpecito hasta el pecho; acarició el rostro del bello durmiente. Él se movió de sorpresa hacía un lado, parecía brusco; agarrando con fuerza la cobija y recogiendo su cuerpo a la derecha; la señora Boone se llevó ambas manos al pecho de asombro. Se retiró de la habitación, acomodando las gafas de su rostro, la puerta se cerró con cautela.

La mañana ya había avanzado, el sol entraba de manera radiante sobre la cocina, en el fogón había una olla echando vapor por una esquina de la tapa y el interior del horno había panes caramelizando. La señora Leticia, posee habilidades para la jardinería, en el patio dos árboles un guayabo y un mandarino, en la puerta para salir a este, en los lados de la casa a mano derecha e izquierda bancas para dos personas con mesas para tomar café en el atardecer, un camino en piedras hacia el centro donde estaban los dos árboles y al otro lado si estaba el verdadero jardín, unas de flores artesanales reconocidas en la ciudad, primero que todo en las esquinas en la parte izquierda una imagen a san Juan Bosco patrono de los magos y le esquina derecha una imagen de la Virgen María Rosa Mística en él están los florales de rosas y tulipanes preferidos a Leticia y en los costados están los lirios y los claveles.

Un pajarito agitando sus alas bajó al patio y dando pequeños saltos se acercó a los escalones, se esforzó para subir a la puerta de la cocina y llegar hasta donde Leticia, hizo unos breves sonidos y ella no prestó atención, el pajarito lo volvió a intentar y no recibió respuesta. El pajarito se impacientó, produjo un sonido musical más fuerte y no recibió la mirada que buscaba, con desespero agitó sus alas, se revolcó y con su pico agarró los pantalones de Leticia y empezó a jalar. Ella lo sintió, se inclinó y lo observó con ternura diciendo: Tesoro, lo olvidé. Aquí está Oliver y estoy preparando el desayuno para él, ¿hueles el trigo?, ¡eso es trampa! El pajarito prestaba atención a Leticia como si entendiera lo que ella le decía. Se mantuvo cerca de los pasos de Leticia, ella se dirigió al refrigerador y sacó una bolsa, caminó al jardín y más pajaritos empezaron a llegar, el pajarito amarillo se bajó de sus pies y se adelantó al encuentro con los demás, abrió sus alas y emprendió vuelo, Leticia bajó los escalones y los pajaritos empezaron a volar a su alrededor ella caminó hasta la sombra del árbol del centro del jardín. Allí había una silla y un columpio para su nieto. Al sentarse, abrió la bolsa y roció una cantidad sobre su mano y apretó los dedos y empezó a esparcirlos sobre el suelo, los pájaros estaban a su alrededor: era un espectáculo al ver que unos se iban y otros llegaban, era bonito. Desde la puerta salió un sonido, no se logró escuchar bien, pero al prestar más atención, aquel sonido era un grito - Abuelita -

Fue tan sorpresivo que Leticia se quedó bloqueada. Los pájaros también parecía que se hubieran congelado en el instante. El sonido volvió a repetirse en la mente de Leticia, iba a sonar dos veces, su mente trabajo más rápido que el agitar las alas de los pájaros. La señora Boone alcanzó a mover sus dedos en forma de despedida, de sus labios salió un susurro, y su cuerpo se fue poniendo traslúcido rápidamente, hasta que desapareció.

Sobre la cama estaba Oliver llorando, su cuerpo se empezó a levantar como levitando, una especie de luz se fue acomodando en su rededor, la figura de Leticia estaba apareciendo. Las manos comenzaron a tomar forma, comenzó a calmarse porque sintió su abuela allí junto a él. Leticia miró con agilidad en las cuatro esquinas de la habitación, la puerta y la ventana se abrieron, la luz invadía el espacio, pero algo no la dejaba sentirse tranquila.
Leticia espero que su nieto se tranquilizara, el niño recuperaba su respiración estaba agitado, su rostro aun empapado de lágrimas. Recuperando la calma y sintiendo a su abuela, intentó hablar, pero sus palabras salían entre cortadas, su abuela le pidió respirara un poco más. Luego de secar su cara húmeda, se levantaron de la cama, se sentaron en la orilla, y su abuela posando una de sus manos sobre el hombro de Oliver le dijo ¿qué ocurrió? Oliver comenzó a temblar, y dirigió su mirada al suelo, puso su mano sobre la pierna de su abuela y dijo tengo miedo. Aquellas palabras se quedaron en la mente de Leticia entonces ella no quiso preguntar más para no molestar a su nieto, las únicas palabras que salieron de su boca fueron, vamos a olvidarlo y acompáñame a desayunar tengo pan fresco para los dos y la mañana está muy bonita.

Oliver es un niño de 5 años, de piel clara, cabello rubio con semejanzas a rojo, a su edad un tradicional corte en honguito. sus labios delgados y unos ojos de un tono leonado. Es muy tímido y miedoso.

Leticia Había dado una ducha a Oliver y sentía el agua muy fría, la toalla con un peso diferente, cuando lo peinaba tiraba su cabello rojizo hacia atrás y hubo un tipo de conexión, Ella arrojó el peine y se sorprendió, el niño la miró con desagrado y retirándose de ella, el sol se comenzó a esconder, los ojos dorados de Oliver se tornaron oscuros, recibió un abrazo y lo llevó en brazos al comedor a tomar el desayuno, algo en el bolsillo de la señora Leticia empezó a agitarse con fuerza, ella movió su mano en forma circular, se ubicó detrás de la silla donde estaba sentado su nieto, y el comedor se tornó de luz, azul muy pálida al principio y de repente azul oscuro, una sombra… un parpadear de ojos, un vacío remoto y de repente el comedor volvió a la normalidad. Oliver miró con curiosidad a la pared volvió su carita pálida y ojos temerosos, hizo una pregunta que su abuela quizá tampoco sabía la respuesta. ¿qué había ocurrido?

Leticia sentada sobre una máquina de coser en la que pasaba la mayor parte de su tiempo, pensaba sobre muchas cosas, ese suceso con su nieto la tenía verdaderamente preocupada. una idea cubría su mente, su nieto le tenía miedo a algo, quizá era un intento de su cuerpo por cubrir la necesidad de saber que ya faltaba poco por entrar a la escuela. Algún suceso que le causaba miedo. la ausencia de su padre, algún tipo de película o un sin fin de razones para que su nieto sufriera pesadillas. O quizás las más obvia era que sólo había sido una pesadilla.
Al parecer, la máquina de coser no le ofrecía opciones cómodas a Leticia para buscarle respuestas a ese suceso que le había ocurrido a Oliver. Como abuela llena de sentimientos se preocupaba por su pequeño nieto, estaba bien que era solo un sueño que causó miedo al niño, pero no quería que volviera a suceder. No quería preguntarle nada a Oliver acerca del sueño para no hacerlo pensar en eso. Quizá esa era la mejor manera de que aquello no volviera a ocurrir.

Pasando la tarde en el parque, había muchos niños, Oliver utilizaba una camisa blanca con pantaloneta chanclas deportivas, al parecer todos los que se divertían, entre los columpios, sube y baja y deslizaderos, ah y cómo dejar de lado la casita del árbol y el pasamanos. Al otro lado había una cancha con varios niños jugando al fútbol y un lugar de sillas para los padres sentarse a conversar, tomar un café había asientos individuales para fumar. En la calle niños en bicicletas y monopatines dando vueltas alrededor del parque, en una de las esquinas había un hombre con un cochecito cubierto y una campanita en señal de los helados, vendía las mejores paletas de agua color rojo de sabor tropical, eran la sensación a la hora de terminar de jugar. Luego de pasar un momento, algo sorpresivo empezó a ocurrir en el lugar: Oliver empezó a ver a los niños del sube y baja que se quedaban suspendidos en el aire, la niña sobre el pasamanos daba un giro que mostraba cómo se golpeaba la parte superior de las piernas, el niño del lisadero tenía miedo en su mirada, las ruedas de las bicicletas y monopatines giraban lentamente. Oliver sintió como el cuerpo se le congelaba mientras montaba en el columpio. Leticia estaba con el señor de los helados, el señor Marcus. Oliver logró captar con su mirada como desde la cancha algo así como una lluvia de arena se alzaba a una velocidad realmente sorprendente, cerró los ojos, para no sentir dolor, al abrirlos por curiosidad, vio cómo el niño del lisadero caía más lejos de lo normal, la niña del pasamanos gritaba al golpear sus piernas contra una de las barras, los niños del sube y baja lloraban sobándose su trasero por qué el sube y baja se quebró, y alcanzaba a ver dentro de la sorpresa como Marcus y su abuela estaban en cerca de él, y el cochecito de helados en la calle. Entre otro abrir y cerrar de ojos su abuela estaba cerca de él revisando las cadenas del columpio y Marcus en su carrito de helados haciendo sonar su campana. La tarde de juegos había terminado, Oliver miraba de lado a lado y no había ningún niño llorando y todos los papas como si no hubiera pasado nada, Él sabía que si había ocurrido algo.

Oliver se sintió oprimido y atemorizado, su abuela limpió su ropa sacudiendo suavemente con sus manos,

- no pasó nada solo fue un susto.

El miraba a los niños que pensaba iban a estar llorando, pero todo estaba en normalidad. Sintió humedad en sus manos y se limpió con su pantaloneta, tomó las manos de su abuela. El señor Marcus los esperaba junto a su carrito con una paleta. Leticia se acercó al oído de este señor y le dijo muy suavemente mientras el niño saboreaba su paleta,

- me avisas si ocurre de nuevo

Oliver se sentó en la sala a ver televisión con su abuela mientras ella unía unos cortes de tela sobre la máquina de coser, el tomo aliento y se escuchó: abuela, ¿aquello que aparece en mis sueños tiene nombre?, tengo miedo, aunque ya me parece algo normal, aún se agita mi corazón y me asusto, llevo soñando con cosas que me asustan dos semanas. La mirada de Oliver se quedó perpleja en las imágenes de la televisión, su abuela se ha comenzado a preocupar. Leticia movió las agujas con lentitud, reposó sobre sus piernas la prenda que cocía, miró a Oliver y le dijo: tomemos ese sueño con calma, ¿qué tal si solo lo dejamos como el sueño?, el niño con cierta curiosidad guardó silencio, ¿pero eso no es un nombre? su abuela sonrió, pero a partir de hoy sí lo será. Oliver sonrió ella lo miro y tomo la carita de su nieto entre las manos y dijo no quiero que esa sonrisa desaparezca, voy a averiguar qué es lo que molesta tus sueños. En la noche al ir a la cama a dormir, ella se frota las manos, parece como si moviera las manos de una manera singularmente coordinada, sus labios no se movieron. Sin darle prisa a las cosas cuando Oliver se durmió, Leticia movió las manos sobre la cabeza de Oliver, desde la punta de sus dedos una luz muy delicada, tenía cierto tipo de intermitencia como si fuera algún tipo de piedra preciosa que posee muchos ángulos de lentes de luz, muy cerca del rostro agotado del niño; sintió un bloqueo, un corrientazo eléctrico subió por su cuerpo, recordó aquel choque eléctrico semanas atrás, decidió alejarse, el miedo invadió su mente y el espacio, se comenzó a tornarse oscura y con siluetas negras. El bombillo eléctrico de la habitación no funcionó, Leticia se fue preocupada a la cama, parecía que las cosas se iban a poner muy difíciles con su nieto. Todo el sistema eléctrico de la casa se había echado a perder, y este tipo de cosas no había ocurrido hace 10 años en la vida, el mundo de magia lo había dejado para llevar una vida común y corriente.

Oliver esa noche del sueño estaba en una piscina, había tomado una ducha luego de salir de la piscina, iba a salirse, volvió a mirar a la piscina y se arrepintió. Se sentó sobre la orilla, el sol resplandecía. Estaba tan distraído que no prestó atención a la ausencia de las voces de su familia, desde muy lejos escuchó una voz que decía su nombre -Oliver- El niño no se percató y siguió jugando con sus pies en el agua, la voz volvió a escucharse más cerca, Oliver miró hacia la entrada de la casa donde suponía estaba su mamá, el agua se fue poniendo oscura, Oliver miró a su lado buscando la voz que lo llamaba para pedir ayuda, escuchó como si la voz lo llamara desde el interior del agua de tono gris, al mirar con inquietud miedosa a la piscina, vio de manera borrosa como si un cuerpo lo mirara desde las sombras del agua negra, se levantó tan rápido como pudo corriendo a la casa, al llegar a la entrada y posándose sobre la puerta vio que su mamá no estaba, y ahí fue donde se levantó llorando…

Leticia se estaba sintiendo al borde de la preocupación, y dirigió su mirada hacia una mesa en la esquina de la sala de estar, allí tenía la foto del a familia estaba conformada por su hijo Paulo Boone, su esposa Aracely Anderson, su hijo Oliver y ella. Paulo es un reconocido capitán de un puerto marino el posee un porte de madurez y carácter muy definido, una mirada de hierro con la que adquieres disciplina y obediencia de inmediato, ya posee unos gestos que parece una fotografía. esto no le quita el amor y compromiso que tiene en primer lugar con su hijo y luego las dos mujeres de su vida, su esposa y su mama, y luego tiene su trabajo como guardián de la flota oceánica, no está cerca de Oliver por lo tanto solo lo puede ver por medio de videollamada o en el permiso anual en el que viene a pasar cerca de el. La señora Aracely Anderson es una joven muy carismática, su sonrisa es encantadora, su cabello es ondulado y transformable que acomoda de manera sorprendente para cada ocasión, es profesional en relaciones publicas asi que ejerce como asistente personal de un cantante. por la edad que tiene Oliver no puede llevarlo a todas partes en la que requieren de su trabajo, así que la señora Leticia era la encargada de velar por la crianza de su nieto Oliver. Leticia vio la foto y quería que las cosas se quedaran como estaban, pero sabía muy bien que la rutina iba a cambiar y no iba a ser para bien.

Ella se la pasó unos días pensando en cómo enfrentar la sombra que estaba molestando a Oliver, después de pensarlo mucho y medirlo en la cama y sentada sobre la máquina de coser, los miedos de muchos de sus amigos habían regresado, el mayor temor que ella guardaba estaba empezando a materializarse, no sólo su nieto estaba en aprietos, sino toda su familia. Su corazón se hizo pequeño, decidió ir a la cocina preparar una bebida caliente con hierbabuena, frotaba con fuerza sus manos contra las piernas, se estaba sintiendo fría, pensaba en aquella tarde en el parque, como casi y sin remedio se roban a su nieto, si ella no hubiera sido más rápida que aquello que está intentando entrar al mundo real Oliver hubiera desaparecido.

Leticia llevaba muchos años aguardando el momento en que el sol saldría unos pocos días y las cosas se pondrían oscuras, el poder de la oscuridad por más que se intente ocultar siempre encuentra el espacio o el momento para tomar fuerza y así dejar sin luz, sí, esa esperanza de otro camino.

El teléfono sonó y por poco la hace soltar el pocillo que sostenía con sus manos, era Oliver para avisar que ya había llegado a casa. Ella se alcanzó a sonrojar haberla sorprendido pensando en temores la había desequilibrado.

Quedó aterrada, recordando los sucesos del parque, y todos los niños que por poco y resultan lastimados, del momento bochornoso que tenía su nieto, no había prestado la suficiente atención a las campanas del carrito de helado del señor Marcus, en el momento del ventarrón habían tenido un sonido diferente, saltó en sí misma por sorpresa presentía como si estuviera escuchando las campanas de nuevo. Semanas antes había escuchado en las noticias una desaparición de un menor de edad cerca de una parroquia en la ciudad de Valle de las luces, y en el periódico estaba como titular central que el niño fue encontrado en el parque donde había estado con su nieto el fin de semana, en la casita de vista con una capa roja que lo cubría.

Su teléfono celular sonó, se acomodó las gafas y contestó, una voz al otro lado dijo ¿qué has pensado? ¿ya lo pensaste lo suficiente? Leticia de manera insegura se sintió ahogada, el aire le faltaba, y primero suspiró como respuesta, luego dijo: quiero esperar han sucedido muy pocas cosas, antes deberías darme más datos, eres quien está a cargo de cuidar a los niños. la voz sonó vacilante, creo que está esperando ser más fuerte. Me tiene con más preocupación ¿qué querrá esta vez?, hubo un silencio… Leticia miró al jardín, ¿ya viste el periódico? si, ¿lo dices por el niño? <una desaparición en escena y circunstancias sospechosas> estuviste allí… lo sabes.

23. September 2019 22:42:24 0 Bericht Einbetten 1
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