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¿Cómo se hace para borrar aquellos recuerdos que traen felicidad infinita? ¿Cómo se hace para seguir viviendo después de que la razón que te mantenía vivo desaparece? Son los interrogantes a los que se enfrenta Amelia después de un largo día.


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Antes de que el sol se oculte

¿Cómo se hace para borrar aquellos recuerdos que traen felicidad infinita? ¿Cómo se hace para seguir viviendo después de que la razón que te mantenía vivo desaparece?

Los recuerdos volvieron después de una larga, apesadumbrada y triste noche, y con ellos las lágrimas y el insomnio. Llevó tres noches seguidas sin dormir, el sueño me abandona, pero en cualquier momento del día sentía que podía quedarme dormida incluso estando de pie. Llevo viviendo en el mismo edificio desde hace más de cuatro años, pero nunca había sentido que el apartamento fuera tan grande, nunca sentí que la soledad se apoderara completamente del lugar. Nunca sentí que me faltaran razones para vivir, nunca sentí que aunque viviera sola realmente el sentimiento se apoderara de mí. Siempre supe que en algún lugar del mundo había alguien que me acompañaba, hasta ese día.

Voy a la cocina y preparo algo para desayunar, un zumo de naranja, una tortilla de huevo y un par de tostadas, a pesar de, debía intentar mantener la calma en mi vida, debía salir, ir a trabajar y en la tarde… Reviso el celular, busco nuevamente aquel mensaje, busco la razón por la cual estoy ansiosa, nerviosa, la causa de mis sentimientos encontrados, de aquella crisis mental que me ha mantenido despierta toda la noche. “17 de julio, antes de que el sol se oculte, en el puente de la universidad”. Fue el último mensaje que recibí, fue la última vez que llore. Desde que recibí aquel, su ultimo, mensaje me prometí no volver a llorar, prometí volver a ser yo misma y no dejarme intimidar por nada y por nadie. Voy a la ducha y dejo que el agua recorra mi cuerpo, mientras mi mente se sumerge en un mar de inmensas posibilidades acerca de lo que va a suceder hoy, acerca de lo que voy a hacer, decir y oír, comienzo a imaginar cómo se verá, si sonreirá y se emocionara, si está pasando por lo mismo que yo, si siente lo mismo que yo, si realmente asistirá o no, si aún recuerda aquel mensaje que me envió, ¿y si se olvida?, y si ... nunca llega. Y sí. No importa hay millones de posibilidades, si llegará, incluso antes de lo previsto. Salgo de la ducha, entre mi ropa encuentro un blusón negro y un cinturón rojo, los visto. Calzo unos converse rojos. Me recojo en el pelo una cola, pero recuerdo que le gustaba más cuando mi cabello caía sobre mis hombros. ¿Y sí, soy la única que lo recuerda? Cierro los ojos con fuerza y lo niego, no es momento de dudar, tomo mi bolso y dejo encerrados aquellos pensamientos en mi apartamento y salgo. Recorro las mismas calles, saludo a las mismas personas de todos los días, pero hoy deseo que el tiempo pase más rápido que antes, deseo que las horas de trabajo terminen aún sin haber iniciado.

Guardo mi bolso en mi casillero, pienso en que voy a decir cuando lo vea, cuál será el saludo adecuado. Busco en mi bolso mi celular y lo guardo en el bolsillo del delantal, busco una liga, y mientras me preparo para iniciar a trabajar, recojo mi cabello. Salgo a la cafetería y me ubico detrás de la barra. Preparo uno y otro café, llega un momento de descanso y miro nuevamente mi celular. Dos mensajes, son de Aurora, mi mejor amiga desde el colegio. ¿Viste las noticias? Te envió el link. ¿Qué pasaría? Me gustaría ignorar aquel mensaje, seguramente sin importancia para mí, pero, Aurora no me escribiría solo por eso, además no inicio la conversación como normalmente lo haría.

HAYAN A JOVEN MUERTO EN SU APARTAMENTO, LAS AUTORIDADES INDICAN QUE FUE UN SUICIDIO, ese era el titular de la noticia, leo más abajo. Hoy lunes 17 de julio a las seis de la tarde se encontró el cadáver de él joven… No puedo seguir leyendo, hablan de él estoy segura, es el a quien se refieren, su nombre está escrito en ese artículo, además es su fotografía la que aparece al dado derecho de la pantalla. Guardo mi celular en el bolsillo y regreso al trabajo, intento no pensar en ello, apenas son las once de la mañana acá, probablemente estén equivocados, el no debería estar en aquel país, si se iban a encontrar el ya debería estar en la ciudad. La cafetería está más llena que de costumbre, normalmente no hay tantos clientes a estas horas. Pasan las doce, la una y las dos de la tarde. Un grupo de amigos ríen entre ellos con sus bromas, una pareja de ancianos comparten un trozo de pastel, otros llegan a hablar de negocios, y si hubiera sido en otro momento, tal vez todo tuviera color. Sonrió amablemente a la mujer de chal rosado que acaba de comprar un capuchino para llevar, y a mi lado se acerca mi compañera de trabajo quien después de colgar el teléfono no ha dejado de verme.

Llegan las cuatro de la tarde y hacemos cambio de turno, mis manos se mueven mecánicamente, no reacciono ante los chistes que cuentan entre ellas, me suelto el cabello, siento un nudo formarse en mi pecho, quisiera despertar y volver a iniciar el día, volver en el tiempo y abrazarlo nuevamente… me despido y salgo, en la puerta hay alguien esperándome, es Aurora. Me mira y me abraza, el olor de su perfume hace que la nostalgia invada mi cuerpo y mi mente. En mi mente aparecen nuevamente las dudas, ¿y si él nunca pensó en regresar? ¿Por qué no había viajado? ¿Se habría olvidado de lo que sucedería el día de hoy? ¿Y si había conocido a alguien más? Y si… ¡y si, y si! ¡Ya¡ no más, debía de calmarme, no pensar solo lo malo, debía recordar las llamadas de los sábado en la noche, los mensajes de cada mañana y aunque no siempre podíamos comunicarnos algo en mi sabía que él pensaba en mí… el trabajo y los cambios de horarios no permitía una comunicación constante, pero aun así las promesas siempre las cumplía, él estaba lleno de vida. Aurora me suelta porque mi celular lleva un rato sonando, pero yo no me he dado cuenta, me mira a los ojos y busca en el bolsillo mi celular. Cinco llamadas perdidas y ahora dos mensajes, un número desconocido.

Hola Amelia, soy Rossana, supongo que ya te enteraste de lo que paso, he hablado con Aurora y me dijo que pasaría ahora en la tarde para saludarte, espero ya haya llegado. Lo lamento mucho, el viaje estaba planeado para hace dos días, pero él nunca llego al aeropuerto. Realmente lo siento mucho. Cuando lo encontramos hoy en la tarde, en su habitación había un par de cartas, las he enviado por fax a Aurora, ambas eran para ti. Espero podamos hablar pronto y tomate las cosas con calma.”
Miro a Aurora, que busca entre su bolso un sobre, me lo entrega y salgo de la cafetería, ella me sigue, conservando cierta distancia. Y yo solamente camino, sin prestar atención alguna a donde voy, mis pies se mueven por inercia conocen muy bien el camino aunque mi mente divague en medio de escombros. Vuelvo a reaccionar y me encuentro parada frente al puente de la universidad, llegue justo al momento exacto, antes de que el sol se ocultara. Sin leer las cartas, sabía que no iba a encontrar toda la verdad en ellas, sabía que el pasado nos había perseguido y por eso me encontraba sola mirando como el sol bañaba a la ciudad, como el cielo se pintaba de cálidos colores. El pasado, ese doloroso y amargo pasado que siempre había querido olvidar, pero permanecía intacto refrescando mi memoria a causa de él, porque en ese pasado lo había conocido, en aquellos días había descubierto más de una razón para vivir. Un pasado que pensé no volvería a perseguirnos, pero al final alguien tenía que pagar el precio de los errores, alguien debía de sacrificarse para así poder terminar con aquella historia.

Y desde el puente la universidad, mire como el sol se desapareció detrás de las montañas, las luces de la ciudad se encendieron y sentí como mis ojos se empañaban y por mis mejillas las lágrimas corrían una tras otra, en mi garganta un nudo impedía que mi voz saliera y mis piernas cedieron ante la gravedad, en mi hombro sentí la mano de alguien, sentí como me consolaba y como a mirarlo fijamente sonreía y lloraba a la vez y lentamente su imagen desapareció. Llore como nunca lo había hecho, Aurora apareció por las escaleras, se acercó y me abrazo, dejo que llorara como una niña entre sus brazos y me acompaño hasta que mi alma encontró sosiego. Una calma temporal, porque aún los recuerdos aparecen en forma de sueños y me descubro llorando en las noches sin consuelo, pensando en las infinitas posibilidades de devolver el tiempo y escribir de nuevo la historia.

11. Juli 2019 04:01:23 0 Bericht Einbetten 0
Fortsetzung folgt…

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