Sin escape Follow einer Story

darkneko Zoraida Guadalupe Klemchak

Por años la guerra que azota a los más grandes países sigue en pie, por un lado un país completamente adiestrado en las artes de la guerra, desde pequeños se les enseña a ser guerreros feroces; su contrincante es uno de los países más grandes del continente; las bajas por ambos bandos son cuantitativas, esto no puede seguir así, ambos gobernantes hacen una alianza, pues el hijo mayor a puesto sus ojos sobre la bastarda del actual gobernante. Un pacto es la solución a su problema solo tiene que dar a su hija a cambio de la paz...


Sachliteratur Nur für über 18-Jährige.

#abuso-psicológico #abuso-de-poder #síndrome-de-estocolmo #matrimonio-forzado #una-vida-a-cambio-de-miles #país-en-guerra
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Capítulo 1

El castillo estaba decorado para la ocasión, todo el mundo se encontraba lleno de júbilo, porque después de mucho tiempo, después de tanto sufrimiento, tanto dolor y lágrimas, tantas muertes y familias destrozadas, de tanta devastación y destrucción; al fin, ambos países podrían respirar un poco de la ansiada paz. Las familias separadas por las líneas fronterizas se encontraban reunidas una vez más; las fiestas durarían por el resto del mes si es que era posible.

A pesar de que se decían que eran países democráticos, cierto era que seguían siendo gobernados por una fuerza tan parecida a la realeza que a muchos les costaba diferenciar entre el anterior gobierno, hecho de reyes y reinas y el nuevo de soberanos "elegidos" por el pueblo, quienes realmente no saben de donde ganaron tanta fama.

Todos los edificios del estilo barroco se encontraban finamente adornados con flores blancas y rosas rojas colgando sutilmente de listones rojos entrelazados con blancos; era algo realmente lindo; en cada esquina, cada farol se encontraba adornado con un pequeño ramo de flores rojas con rosas y blancas; el templo era el más delicado en su decoración. Todo para dar lugar al evento principal de ese día, la boda del hijo mayor del rey del país vecino, el país más poderoso militarmente hablando tomaría como esposa a la hija del actual gobernante, nieto del último rey que rigió el lugar.

A pesar de que la hija menor del actual gobernante era una hija bastarda, una niña que había tenido en una relación insana con una mujer que se encontraba como refugiada de guerra; esa mujer, que cautivó con sus encantos al regente y lo enamoró a tal grado que le fue infiel a su esposa, la primera dama del lugar con quien ya tenía dos hijas preciosas. La mujer no tardó en caer enferma, poco después de dar a luz a la niña, quien sin más parientes fue entregada a la única persona que sabían tenía como contacto en el lugar, el gobernante. La niña fue rechazada por la primera dama y sus hijas quienes alegaban que al no ser de la familia no merecía misericordia y era más "humano" terminar con su sufrimiento dándole una muerte rápida. Pero cómo darle fin a la vida de una inocente criatura, cómo terminar con algo de lo que estaba tan orgulloso de poder ver y tocar, la culminación del amor que le tuvo a su madre, esa pequeña cuyos ojos eran las joyas más hermosas que podía siquiera haber visto jamás.

Gracias a su padre, la niña pudo disfrutar de ciertos beneficios, como tener sus tres comidas, una cama confortable y una educación de calidad; sin embargo, a pesar del cariño tan inmenso que el amoroso padre puede entregarle, la pequeña busca con desesperación la aceptación de su madrastra, encontrando solo malos tratos y una mirada indiferente; a pesar de todo esto, la niña tiene una infancia "normal" llegando a tener grandes amigos que estarían dispuestos a perder su vida por ella si fuera necesario. Ella es, según los chicos que la conocen, la luz más brillante en el lugar donde la guerra a terminado con todo lo que era hermoso. Es tan adorada tanto por nobles como por plebeyos, aun así sigue sin poder acercarse, a pesar de sus muchos esfuerzos, a su madrastra quien reniega por su comportamiento y se ofende cuando le halagan por la estupenda "hija" que tiene, ella enarca una ceja llena de indignación y responde de manera lo más cortante posible "Si pudiera elegir entre tener un trozo de mierda en la nariz y a ella como mi hija, prefiero tener la mierda de por vida".

A la niña las palabras de su madre le desconciertan, no sabe qué es lo que ha hecho mal y en realidad no importa, ahora que ha cumplido oficialmente los dieciséis años de edad y puede ser de utilidad en algo, lo hará, si solo de esa forma pudiera recibir una sonrisa de quien considera una madre solo porque es lo único que tiene representando el papel.

En el castillo, hogar de los gobernantes actuales se lleva a cabo una fiesta donde todo el mundo puede entrar; dentro puede apreciarse mucha comida para todos los invitados, algunas frutas picadas finamente en adornos de animales o rosas, una escultura de hielo en forma de un cisne con las alas abiertas luce con esplendor dentro un cuenco de ponche de frutas tan grande que podrían caber cuatro pequeños sin problema.

La multitud aplaude y celebra entre sonrisas llenas de jubilo a la nueva pareja, a pesar de que la chica no se ve por ninguna parte, los anfitriones responden cuando preguntan por ella que no se encuentra muy bien, que los nervios la tienen con un malestar en el estómago que se pasará cuando la boda de inicio, aunque saben que no es cierto.

El prometido, es un hombre apuesto con un rostro severo que mira a todo el mundo en el lugar como nada más que basura y montones de cúmulos de grasa y sangre, como desearía en ese preciso instante desenvainar su espada y cortar de tajo a cada uno de los subordinados presentes, pues ellos siguen siendo de la realeza a pesar de que eso lleva tiempo despareciendo. Sabe que ha ganado una muy buena presa, esos ojos, sin lugar a dudas esos ojos serían un estupendo regalo para su visión al regresar a casa; ese lugar que siempre se veía oscuro y gris; llevaba mucho tiempo buscando algo que lo satisfaga lo suficiente para despejar su mente pero nada parece calmarlo. Hasta que la conoció días atrás, en esa visita donde su padre y el gobernante de ese patético lugar entablaban una conversación para hacer que la paz regresara a ambas tierras. Sonrió de lado, fingiendo cortesía a los presentes ya deseaba la luna de miel más que nada en esos instantes.

En un lugar muy apartado, lejos de la vista de todo el mundo, Inamori Bixbita, nombrada así por su padre debido a que esos ojos son como joyas, las joyas más preciosas que tenía en su reino, aseguraba. Tenía los mismos ojos que Opal, su madre biológica. Ina, como le dice su padre; se encuentra llorando en silencio, en su habitación, mirando por la ventana la gran celebración sin sentir el jubilo de los demás presentes en el festejo. Se encuentra sola, con las luces apagadas al igual que su ánimo, precisamente por eso no quiere salir, no desea que nadie la vea en ese estado, no desea que nadie sepa que sufre por la decisión que tomó por su propia cuenta, para salvar el país de una guerra que no ganará, para salvar a su padre de la devastación de ser acribillado en el mismo lugar que se encontraba días atrás, sentado en el escritorio de su oficina leyendo algunos papeles importantes.

Aún podía recordar el día en que conoció a Vladimir; hasta su nombre causaba miedo al ser pronunciado.

-.-.-.- Hace dos semanas -.-.-.-

Recordaba con suma claridad que hace algunos días ella se encontraba ayudando a las monjas a repartir comida entre los más desvalidos, era lo menos que podía hacer para ayudar a quienes poseían mucho menos que ella. Un niño jugaba en las cercanías, quien iba a imaginar que precisamente por ese lugar, el hijo mayor del rey del país vecino pasaría; el pequeño cayó al suelo de forma estridente, se había hecho daño al caer, comenzó a llorar; pero nadie pudo prever lo que ocurriría a continuación, el hombre alzó con furia el bastón con el que se sostenía mientras caminaba por el "asqueroso" lugar, porqué tenía que quedarse por tiempo indefinido, decidido a golpear hasta desfallecer al niño que había ensuciado sus ropas, bajó con fuerza su mano, esperando abrirle la piel al mocoso que se atrevía a tocarlo; pero nunca finalizó su golpe, su bastón fue detenido por una chica insolente de mirada prepotente.

- Él no tiene la culpa, no es para usar la violencia, fue solo un accidente. - dijo manteniendo firme la mano con la que había absorbido el impacto, en el otro brazo sostenía con fuerza al pequeño, protegiéndolo.

- ¿Quién te crees que eres para decirme qué puedo y no hacer en este lugar de mierda?

- Puede que no sea nadie, pero sé que este no es motivo para golpear a un niño pequeño. - su antebrazo, lugar del impacto, se había hinchado de sobremanera, una pequeña franja color carmesí comenzó a salir, aun así, aquella chiquilla insolente le miraba de forma retadora, comenzaba a irritarse; si así se comportaba la gente en aquel pedazo de suelo maltrecho, exigiría por derecho propio a esa mujer para azotarla todos los días y hacerle entender en su lecho de muerte quien era el que mandaba en el lugar.

- Princesa, está sangrando... - dijo de pronto el niño, asustado porque habían lastimado a la persona que lo protegía, que siempre le daba una sonrisa para alegrarles el día, la persona que había hecho que su vida no fuera tan miserable.

- Tranquilo, estoy bien, anda ve a jugar con tus amigos. - sonrió de manera amable, a pesar de que su cuerpo temblaba levemente por el dolor que sentía en esos momentos, sin embargo, no le daría el gusto a ese patán que levanta la mano con furia hacía un niño pensando en él como un animal.

El pequeño se marchó y la chica cambio esa expresión tranquila que hace momentos mostraba por un rostro iracundo, un rostro desafiante, porque eso era lo que estaba haciendo, desafiando a un noble que solo era prepotente.

- Tu vienes conmigo, mocosa. El rey de esté patético lugar me debe una compensación por tal mal trato. - la tomó del brazo con tal fuerza que Inamori solo pudo soltar un pequeño quejido de dolor, seguramente aquella mano que la sujetaba de forma posesiva dejaría una marca de color morado.

Vladimir arrastró a la joven por todo el lugar, siendo observado por todo el mundo en silencio, nadie se atrevía a hacerle frente, la sangre comenzó a correr por el brazo de Inamori manchando no solo sus ropas, sino también las losetas del suelo donde caminaban, dejando de color tinto pequeños pedazos en lugar de aquel gris rata que le corresponde. Entró a la fuerza al lugar, sin pedir permiso o preguntar de forma cortes por el gobernante.

- Quiero a esta mocosa, le enseñaré quien es el que manda aquí. - dijo de pronto soltando en un empujón a Inamori, quien cayo al suelo por lo rápido de la acción, el gobernante de inmediato fue a levantarla; observó de mala manera al recién llegado, cómo se atrevía a actuar de esa manera en su país.

- Creo que te estás equivocando de país, si deseas esclavos ve al tuyo, ella no es negociable. - la mirada del gobernante era firme, aunque sus manos temblaron levemente.

Inamori pudo sentir el dudar de su padre, se estaba arrepintiendo de sus palabras, la guerra era algo que no deseaba tener de regreso, era necesario abolirla por completo y ahora todo por lo que su padre había trabajado tan arduamente, todas las horas de desvelo lleno de preocupación indagando, pensando, sopesando lo que estaba por ocurrir ese día se estaba yendo por la borda por su culpa; pero no podía simplemente dejarlo herir a un pequeño niño solo por gusto, no podía permitir que la violencia sea parte de la vida de esos pequeños más de lo que ya los había marcado al dejarlos sin padres.

El Rey, que había estado hasta ese momento sin decir palabra alguna se levantó de su asiento, afilando la mirada, se estaban burlando de la corona, se estaban burlando de su país, se estaban burlando de lo que representaba pero sobre todas las cosas se estaban burlando de su hijo, de su primogénito, del hombre que ha estado peleando a su lado y que hasta el momento no había tenido interés alguno en las mujeres.

- ¿Sabes a quién le estás faltando al respeto? - preguntó con la voz más seria posible, era un caso serio, había prometido darle lo que fuera a su hijo y él quería a esa chiquilla, pues él tendría a esa niña a cualquier costo, aunque eso significaba volver a la guerra.

- A un igual, así como usted rige con mano dura a su gente; yo puedo defender a la mía y ella, mi querida Inamori, no es un objeto de intercambio. - respondió serio, observando a su contra parte con desaprobación, se había percatado del brazo de su hija, comenzaba a sangrar un poco, debía marcharse rápidamente para que le dieran atención médica.

- La reunión ha terminado, una escolta los llevará de regreso a su país; permiso. - llevaba a Inamori apoyada sobre su cuerpo, a pesar de que la chica podía caminar no deseaba arriesgarse, bastante ha tenido que soportar Ina con su mujer como para que ahora vengan a volverla a lastimar, eso no lo permitiría; sabía, que hacer aquello era una ofensa realmente grave, pero la seguridad e integridad de su hija era primero; comenzaba a sudar; había invertido mucho tiempo y esfuerzo para que la reunión se llevará a cabo y ahora todo se había ido al carajo.

- Si sale de la oficina queda completamente anulado el tratado de paz y toda la gente de mi reino atacará en menos de treinta minutos; sabe perfectamente que incluso los niños de mi país están mejor entrenados que sus militares. Vamos sea comprensivo. ¿Qué significa la vida de una chiquilla comparada con las miles de vidas que puede salvar al terminar la guerra? Es simple, la niña por la paz. - dijo soberbio, el gobernador había detenido su andar, su gesto se había distorsionado por el comentario, alzando una de sus cejas confuso; sacudió la cabeza, su hija era más importante, era su deber como padre y ese estaba antes que nada.

Inamori observaba a su padre, las manos temblaban levemente, aun así, seguía caminando de manera serena. Suspiró, cómo podrían seguir viviendo bajo los estragos de la guerra, era algo improbable e imposible, sabía que tarde o temprano terminaría siendo derrotado, sin importar los muchos aliados que tuviera, simplemente las estrategias militares no eran lo suyo.

- ¡Espere! - detuvieron sus pasos para ver a Vladimir.

- ¿Qué desea? - preguntó esperando que fueran buenas noticias, aunque si el hijo era como su padre, era poco probable.

- ¿Cuántos años tienes, niña? - preguntó ignorando la pregunta del mayor, sus ojos se posaron en la joven, quien pasó saliva con fuerza antes de contestar con un poco de nerviosismo por lo extraño de la pregunta, espero a que su padre le diera permiso con el asentamiento de cabeza y con una voz suave y casi inaudible anunció.

- En... en dos semanas cumplo 16, señor.

La sonrisa de Vladimir se ensanchó, podría tener a la niña después de todo, tenía en mente muchas cosas que podía hacerle, si podía conseguirla para él; cuando tenía un capricho lo conseguía por las buenas o las malas, no importaba todo lo que tuviera que poner en juego, deseaba someterla con su abrumador poder, deseaba verla suplicar y derribar aquella mirada altiva que recuerda de momentos atrás.

- Perfecto. - sentenció, nadie sabía de qué estaba hablando realmente.

- ¿Qué tiene de perfecto los 16? - cuestionó sin saber exactamente a lo que se refería su hijo, pero como el estratega que es sabe que no se equivoca y puede confiar plenamente en él. El rey necesita la paz, las provisiones en su país son cada vez más escasas y sin gente que esté cosechando ni campos adecuados para la cosecha el recolectar comida se hacía cada vez más difícil.

- Si no puedo tenerla como esclava... ¿Puedo tomarla como prometida? - su sonrisa era ancha, estaba disfrutando de los rostros distorsionados que colocaban los presentes, inclusive su padre no encontraba el sentido a las palabras de su hijo, para qué emparejarse con esa chiquilla teniendo tan buenos prospectos en su propio terreno, podría aceptar a la niña si era solo una concubina más, pero una prometida, eso realmente estaba fuera de lugar.

Al ver que no comprendían del todo sus palabras, se irguió para regresar a esa pose culta que estaba seguro había perdido, aclaró un poco la garganta antes de comenzar a explicar.

- Si me caso con ella, podré tenerla finalmente y con la unión de los reinos la paz debe llegar sola, es algo lógico, no podemos atacarnos ya que seremos "familia" - hizo énfasis en la última palabra, el rey sonrió por la pericia de su hijo mayor.

- Eso es imposible, su majestad. - la voz femenina se hizo presente en la sala, entró una mujer de belleza despampanante, seguida de dos jovencitas con el mismo porte, caminaban meneando las caderas, dando pequeños pasos por la habitación, hasta que llegaron al centro de la misma.

- Ella no es heredera a nada, mi señor. Si lo que desea es una esposa, las mejores opciones son sin duda mis hijas. Beatriz y Magda; ellas no solo son descendientes de los linajes más elevados de la zona, sino también, son por mucho, más agraciadas que esa niña fea. - las nombradas hicieron una reverencia, tomando los costados de sus vestidos largos, alzándolos un poco en señal de respeto.

- Son realmente de una belleza excepcional sus hijas, mi señora, pero el trato es bastante simple, es ella o nadie. - sentenció, apuntando con su dedo índice a Ina y mirando sobre el hombro a los presentes, sino deseaban guerra tendrían que acceder por las buenas.

La mujer indignada porque nuevamente sus hijas habían perdido bajo el influjo de aquella basura le dejaba un muy mal sabor de boca, aunque poco le preocupaba en está ocasión, había escuchado rumores sobre los reyes del país vecino, eran despiadados y el príncipe seguía sin esposa porque todas sus prometidas morían antes de la boda, por lo que simplemente fingió estar enfadada, cruzando sus brazos sobre su pecho de forma indignada y chasqueando la lengua en señal de enfado. Las hijas la imitaron sin saber las verdaderas intensiones de su madre, realmente era un caballero digno de presumir y perder tan buen partido a manos de su hermana menor; pues no sentaba nada bien.

- Abigail, este no es asunto tuyo, lleva a las niñas al cuarto de costura y quédate con ellas. - el gobernador había dado una orden y su mujer no le hacía caso, simplemente no comprendía la clase de personas con las que estaba tratando, tampoco le agradaba el tono de voz que usaba siempre que se dirigía a Inamori, a pesar de que no era fruto de sus entrañas también era su hija, pensaba que eso lo había dejado más que claro en el pasado.

- Me concierne, Edward, por algo soy tu esposa. ¿Crees que me gusta ver cada día más devastado afuera? Si "Ina" puede acabar con esto, pues que se la quede. A ella no le importa, ¿Verdad querida? - había escupido la última palabra con el tono más hipócrita posible, Inamori observó los ojos de su madre, estaban afilados, esperando expectante que ella aceptará el trato, sabía que si ella accedía por voluntad propia su esposo no podría decir nada más; además de esta manera ella se libraría de muchos dolores de cabeza al pensar en excusas para la "desaparición" de su hijastra, pues estaba llegando a un punto donde para poder casar a sus hijas, debía deshacerse del estorbo.

La chica tragó con dificultad, parecía ser que estaba condenada a siempre estar a la sombra de alguien, pero en el tiempo que llevaba observando a su padre se daba cuenta de que conforme pasaban los días se encontraba cada vez más cansado, cada día era un altero de trabajo para poder restaurar las zonas afectadas por la guerra, cada día podía verle despierto muy entrada la noche, al despertar él ya se encontraba trabajando, los papeles se acumulaban; sin importar que tanto se esforzará la pila de papeles por revisar siempre sobrepasaba por creces a la de los papeles que ya se encontraban en proceso y sobre todo a los pocos papeles que podía dar por "terminados".

No quería separarse de su padre, deseaba estar con él por el resto de su vida, pero esa sería una forma demasiado egoísta de pensar y Edward no la había criado de esa manera, siempre le había enseñado a ver por los demás. Observó al príncipe, mirándola con hambre, sintió escalofríos recorrer toda su espalda; observó a continuación a su padre, que sudaba de solo pensar en lo que fuera a pasar. Bajo la mirada, esto sería lo mejor para todos, pensó.

- Está bien... lo haré. - sintió que su cuerpo se volvía pesado, era demasiada la presión que ella misma se había colocado encima, solo esperaba poder sobrellevar la situación con algo de valor; que su cuerpo y su espíritu no se rompieran en las manos del príncipe vecino.

- Ina, ¿Pero qué dices? Ellos no terminaran la guerra así de simple, ¿Cómo puedes hacer tal cosa? - el gobernador estaba más que consternado, aún podía ver la herida que hace unos minutos el joven había propinado a su hija, sangraba, manchando, la alfombra tinta que adornaba la habitación. Si eso había hecho antes de casarse, no sabía que podía pasar después.

- Tranquilo papá, es como dice la señora Abigail, si yo, haciendo esto puedo traer la paz que tanto buscamos por años, ¿Qué importa?

- ¿Estás segura, hija?

- Completamente...

-.-.-.- En el presente -.-.-.-

Aún la boda no comenzaba y ya sentía que deseaba desaparecer, pero, observaba los rostros felices de toda la gente que esperaba ese evento que no podía decepcionarlos; apretó la tela del vestido que descansaba sobre sus piernas, arrugando levemente la prenda, las lágrimas acudían a sus ojos sin que ella lo pidiera, escuchó la puerta de la habitación abrirse sin que se pidiera permiso para entrar; Inamori no sabía de quien se trataba pero giró su rostro de vuelta a la ventana para que no observaran su rostro patético lleno de marcas de agua provenientes de sus ojos, esperaba que la oscuridad de su alcoba fuera suficiente para disimular lo hinchado que se encontraban en ese momento sus ojos. Tomó con rapidez un pañuelo y lo pasó por su rostro, limpiando su nariz de una vez, aclaró su garganta antes de mirar al intruso en su alcoba, regalando una sonrisa que esperaba pudiera tranquilizar al presente.

- Hola, disculpa, no te escuché llegar. - era mentira y lo sabía, pero era la mejor respuesta que se le había ocurrido.

- Ina, ¿Estás bien? - preguntó encendiendo la luz, Inamori apretó los ojos con fuerza en un intento de no sentir el dolor que la luz provocaba en sus ojos cansados.

- Si, solo estoy... ¿Llorando de felicidad? - sabía que eso último había sonado como una pregunta, pero esperaba que por el tono de voz que intentó colocar no sospechará lo contrario.

- Si tu lo dices... Ina te conozco muy bien, sabes que no puedes mentirme. Solo dime, ¿Por qué lo hiciste? - se acercó a abrazarla, la cabeza de la chica buscó refugio en su pecho, necesitaba tanto que alguien descubriera lo mal que se sentía en esos momentos.

Había estado fingiendo estar bien desde ese día, se alegraba al saber que todas las personas, incluido su padre, no podían ver a través de su actuación; pero a él, no podía ocultarle nada.

- Todos... todos esperan la paz, si... haciendo esto se logra, yo... - se aferró con todas sus fuerzas a esa ropa de fiesta, ya no podría volver a verlo, ya no podrían pasear por el jardín mientras observan las flores y platican sobre sus sueños y aspiraciones. Ya no podría ir a su habitación por las noches cuando la lluvia era tan fuerte que sus voces eran calladas por lo estridente del sonido, esas noches cuando no podía dormir por culpa de la lluvia; nunca podría decir lo mucho que extrañaría estar en su presencia, siendo custodiada por los brazos que en ese mismo instante le impregnaban con una sensación de calidez y bienestar, desearía que su compromiso se anulará, que esto solo fuera un mal sueño, abrir los ojos y saber que todo había sido una cruel pesadilla.

El intruso, apresaba con dulzura el pequeño cuerpo entre sus brazos, podía sentir la frustración de esas pequeñas manos, aferrándose con desesperación a sus ropas, no podía ayudarle, no podía hacer nada y eso realmente le molestaba; pero sabía que podía hacer algo para aliviar su dolor; escucharla, escuchar a esa pobre niña que no tuvo nunca la atención que realmente necesitaba.

- Te prometo, que veré la forma de estar juntos otra vez. - la separó un poco para poder verle el rostro, seguía siendo aquella niña dulce y tierna, altruista y generosa, estaba dispuesta a sacrificar su libertad solo por algo que quizás no llegaría nunca. Tomó con su dedo índice y pulgar la barbilla de Inamori, para obligarla a mirarle a los ojos, acercó su rostro para depositar un beso reconfortante en su frente, unió ambas anatomías, cerrando los ojos en el proceso, no había contacto más que la de sus manos en las mejillas de Inamori y su frente pega a la de ella, debían ser fuertes, debían superar esto, igual que lo habían hecho en el pasado, igual que lo iban a hacer en el futuro.

- ¿Interrumpo algo? - la voz gruesa de una persona extra los saca de sus pensamientos, de ese lugar en el que nadie les hace daño y las cosas son como deberían ser.

Recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados se encuentra Vladimir, mirando la escena con algo de molestia, cómo se atrevía ese sujeto a tocar lo que le pertenecía a otro hombre.

- Su majestad. - responde Inamori bajando la voz; sigue tomando las ropas de su acompañante intentando calmar el miedo que comienza a crecer al ver a su futuro esposo de tan mal humor.

- Es que a ti te agrada que todos te toquen menos yo... - avanzó a grandes zancadas por la habitación, cuando estuvo lo suficientemente cerca, tomó el brazo de Inamori y lo acercó a su propio cuerpo, apresándola en un abrazo posesivo y dominante; ella se sonrojo, intentaba escapar de aquella situación sin ofender al príncipe del país vecino y futuro esposo.

- Ella es mía. - gruño mirando de forma retadora a su contrincante.

Tomó posesión de su barbilla, obligándola a mirarle, ella tembló un poco ante el roce de esas manos frías, al ver como el rostro de Vladimir se acercaba al propio, Inamori cerró los ojos con fuerza, Vladimir le estaba robando su primer beso de una forma violenta, no pudo evitar que unas pequeñas lágrimas recorrieran el camino desde sus ojos hasta la mano de su prometido mientras mantenían el contacto con sus bocas.

- Disculpe mi descortesía, no pensaba interferir en sus planes, solo me despedía de mi pequeña hermana, alteza. Me llamo Alexander. - sonrió calmado, sabía cómo debía de actuar con su nuevo cuñado, sabía que no debía de contradecirlo, por lo menos no por ahora, sabía también que si deseaba estar cerca de su hermana, aunque no tenían ningún lazo de sangre, debía ser cauteloso y discreto, los tipos como Vladimir suelen estallar en celos y pueden ser terriblemente peligrosos si es que eso llegaba a suceder. Estiro la mano esperando que el contrario la estrechara, cosa que jamás sucedió, su cuñado solo le observaba de manera tajante, su sola presencia parecía molesta, Alexander se encogió de hombros, restándole importancia al asunto, dio media vuelta y se encaminó a la salida.

- Nos vemos en la ceremonia, Ina. - cerró la puerta tras de él, Inamori sintió el escalofrío volverse insoportable, todo su cuerpo temblaba sin control, estaba sola con Vladimir quien sonreía con una expresión que no supo definir, pero le asustó.

Vladimir aprovechando que se encontraban solos y que la puerta había sido cerrada, volteo a Inamori para que le mirara a los ojos, unió sus bocas en un beso lleno de ira, estaba bastante irritado y deseaba que ese sentimiento se terminara de una buena vez por lo que al separarse de su boca ya tenía un buen castigo para ella, la miró con aire molesto antes de mascullar lo más temible que pudiera.

- Intenta detener lo que haré y juró por Dios que al primero que mataré será a ese idiota que acaba de salir. - dicho esto, se arrodilló para estar a la altura media de Inamori quien temblaba de forma descontrolada, a pesar de que deseaba salir corriendo del lugar al sentir las manos de Vladimir colocarse sobre sus caderas, sabe, que si llegará a moverse perdería a la única persona en ese lugar que no le trata como un estorbo, la única persona, además de su padre que le ha dado las fuerzas para seguir viva, así que, mordiendo su labio inferior aguantando las horribles sensaciones que le están regalando, se dejó hacer por el contrario.

Vladimir toma el fondo del vestido, levantándolo en un movimiento lento y tortuoso, puede ver que el cuerpo contrario se estremece por su acción y esto le provoca una sonrisa, tenerla como mujer realmente iba a ser muy divertido, la pregunta era ¿Cuánto tiempo iba a durar antes de morir como las demás? Subió hasta sus caderas, allí tocó el borde de su ropa interior, aquella prenda blanca, como el mismo vestido, que acompañaba la liga colocada a solo cinco centímetros donde terminan las piernas y se vuelve su pelvis, relamió sus labios gustoso por la vista, y, de la misma manera pasmosa con la que subió, bajo nuevamente ahora acompañado de esa prenda que impedía ver algo más por debajo del vestido.

- No... por favor... - tenía miedo, era la primera vez que le trataban de aquella manera y realmente se sentía bastante incómoda, arrugaba el vestido que Vladimir le había dado a sujetar, deseaba admirar la mercancía que había ganado por algo tan patético como la paz.

- Oh, si... este es tu castigo. Vamos, la gente espera. - olfateo la prenda en su mano, ese aroma era realmente sugestivo, Inamori pudo ver ese gesto pervertido y el sentir de sus prendas al bajar no le dejaban un buen augurio, podía sentir la brisa del aire pasar por debajo de las telas traslucidas, sus mejillas se tiñeron de rojo, si alguien levantaba tan siquiera una pieza del vestido le vería el trasero.

Sin poder resistirse al mayor, salieron del cuarto, Vladimir había guardado la prenda robada en su bolsillo derecho, Inamori mantenía la vista en aquel bolsillo mientras intentaba que el vestido no se levantara, sentía mucha vergüenza en ese momento y el clima lleno de una ventisca ligera no ayudaba mucho.

La ceremonia da inicio, las ovaciones no se dejan esperar, las palabras del padre no puede procesarlas su cerebro, esta bastante concentrada en no permitir que le vean sus caderas desnudas que no puede concentrarse en lo que está sucediendo en estos instantes frente a ella, sintió un pequeño codazo por parte de Vladimir cuando el padre esperaba la respuesta más importante.

- Responde, querida, el padre espera. - le dijo suavemente en un tono tan fingido, que Inamori se quedó confundida, debía responder lo que había estado practicando desde hace días.

- Acepto... - la gente estalla en jubilo, en su mano una sortija que no recuerda haber recibido, ese es el sello que ha marcado su destino, ahora su vida y la de muchas personas dependen de que cumpla a toda regla con su función como princesa, próxima a la sucesión del trono cuando el padre de su prometido muera a no ser que la forma de gobernar cambie, lo dudaba, ese país tenía la mente cerrada, tanto así que inclusive los gobernantes eran ayudados en todo momento por sus sirvientes.

En la fiesta, Inamori fue obligada a pasar toda la velada con su actual esposo, quien la sostenía de manera posesiva por su costado derecho, estando ella al izquierdo de él, de esa forma podía saludar sin problemas ni falta de respeto, pues ella no saludaba estrechando la mano sino haciendo una reverencia para mostrar su educación. Ella por alguna extraña tradición en el país que ahora sería su hogar tuvo que sacarle el moño que portaba en su traje, fue realmente frustrante ya que Vladimir se sentó en una silla con los ojos cerrados, esperando que le fuera quitada la prenda; Inamori se acercó temerosa, a pesar de que parecía inofensivo no descartaba que le fuera a hacer alguna cosa y no se equivocó; cuando tenía las manos en su cuello desabrochando por la nuca aquella prenda, Vladimir comenzó a toquetear sobre la ropa la parte de sus caderas, cerca de sus glúteos; ella sintió un escalofrío recorrer su cuerpo pero no podía simplemente detenerse por lo que tuvo que sacar el moño lo más pronto que podía para separarse de él, quien divertido por la expresión sonrío de forma vencedora, ella se iba a arrepentir de la humillación de cuando la conoció.

Siguió el turno de Vladimir para sacar provecho de esas tradiciones viejas y nuevas mezcladas, se arrodilló cerca de Inamori quien se encontraba sentada en una silla negra, levantó la falda del vestido para ver su premio, aquella fascinante liga blanca que se encontraba muy cerca de lo que próximamente sería suyo tan solo al pisar sus propias tierras, mientras tanto debía resistir un poco, pero, porque dejar pasar la oportunidad de darle un poco de escarmiento; introdujo la cabeza dentro del vestido para la sorpresa y morbo de muchos, dentro se acercó a las caderas de Inamori quien intentó en vano que no se acercará más, olfateo su aroma, era realmente agradable, no era amargo el olor, tampoco era dulce, era una esencia que realmente le estaba causando problemas en sus pantalones, besó la pelvis desnuda de su mujer y fue recorriendo con su boca el camino hasta la liga, después con sus dientes la apresó y comenzó a sacarla de la piel de Inamori quien en todo momento se sentía avergonzada, tapaba entre sus manos su rostro, esperando que los invitados no notarán el hecho de que no traía pantaletas, Vladimir salió finalmente del vestido con una pose victoriosa traía en su boca la liga que Inamori había portado desde la mañana en su pierna derecha y a pesar de que la tradición decía que debía lanzarlo a los invitados, Vladimir la besó y la guardó en su bolsillo, la fiesta terminó sin que nadie supiera su secreto aunque su esposo posaba demasiado la mano en las caderas de su esposa y rozaba de manera incomoda esa parte de la anatomía durante toda la noche y después de que la fiesta terminara Inamori tuvo un severo sonrojo en sus mejillas.

- Es hora de irnos a dormir, gracias a todos por acompañarnos. - Vladimir cargaba a Inamori hasta la habitación que compartían, ella solo se dejaba hacer, creyendo que ambos dormirían separados, aunque su sorpresa fue mayor cuando, después de colocarla sobre la cama, él marchó al baño que había allí mismo y comenzó a desnudarse.

- Vamos a tomar un baño juntos. - dijo con la toalla amarrada a la cintura, Inamori sintió sus mejillas arder, era la primera vez que veía el dorso de un hombre desnudo, ni siquiera había visto a su hermano en tales condiciones; no tuvo mucho tiempo para reaccionar, Vladimir se acercó a ella y sacó el vestido blanco, el cual era bastante sencillo, de un solo tirón dejándola expuesta y vulnerable a sus caricias, Vladimir al verla hecha una bolita la ha cargado en brazos para irse directo al baño, esta ducha sería una que jamás olvidarían.

26. Juni 2019 07:55:14 0 Bericht Einbetten 0
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