Belluz, el comienzo del fin Follow einer Story

u15519752281551975228 Ibán José García Castillo

El resurgir de los titanes tiene un gran villano, llamado Belluz Gra El, personaje que vamos a observar como va creciendo en la misma ciudadela Auriga. Y que acontecimientos desencadenaron que se convirtiera en el personaje que representa.


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El comandante-jefe

La taza de café cayó al suelo, rompiéndose en cientos de pedazos y salpicando todo el suelo de negro. La mirada de Claudio se clavaba en los ojos de su hijo, que se encontraba encogido, sin entender porque las manos grandes y firmes de su padre enganchaban su chaqueta y lo levantaban del suelo después de haberlo abofeteado con fuerza.

—Eres una deshonra para todos. Debería calcinar tus huesos hasta que no quedaran más que cenizas —Las manos callosas del hombre empezaban a estar más calientes, al igual que sus brazos, es más, ardían, mientras que en el suelo se apreciaban los primeros signos de escarcha alrededor de sus pies. —. Estabas hablando de igual a igual con una “Sindota” y encima, de los círculos exteriores. ¡Me das asco!

Con un movimiento de sus brazos lo lanzó a varios metros. El pequeño de ocho años chocó contra el rocoso suelo, rebotando su cuerpo varias veces antes de permanecer casi inerte, boca arriba, mirando el abovedado techo de ese nivel de la antigua ciudad subterránea, cincuenta metros más arriba.

Según su “Tempora”, una especie de reloj inteligente que se conectaba a toda la tecnología de la ciudadela Aúriga, serían las ocho de la tarde. La imagen de un cielo propio de un atardecer en la superficie era mostrada en la gran pantalla que hacía de cielo allí abajo. Las corrientes de aire escapaban libres por los orificios y tubos de ventilación que llegaban del exterior, simulando a esa hora una ligera brisa.

Claudio iba vestido con el uniforme de las Potestades. Él era el comandante-jefe de todos los escuadrones existentes. Pertenecía además al grupo de los “Élites”. De los siete que había en el ejército de la ciudad, él era uno de los más poderosos. Controlaba el fuego, así como debían hacerlo todos los de su linaje. Se consideraba a si mismo puro, un ilustre dotado perteneciente a las clases privilegiadas de los “primeros”. Jamás dejaría que un hijo suyo, perteneciente a los círculos más interiores de los niveles altos ensuciase su sangre, descendencia o prestigio con una “sindota” cualquiera. Ellos pertenecían a la casta “imperio” de los “El” y los “Gra”.

Claudio Gra El debía enseñarle a su hijo el orden de las cosas. Al menos, no había hablado con una humana, sino, tal vez no habría podido contener su ira ni sus golpes. Como parte del grupo cualificado de asesinos que lideraba, ni siquiera su hijo se encontraría jamás libre de su juicio. Ya era bastante malo tener que enseñarle a su esposa cual era su lugar, como para tener que hacerlo en ese momento con su legado, su hijo Belluz.

El niño era demasiado enclenque para su edad aún, ni siquiera había desarrollado su habilidad. Era cierto que el proceso de “imprimación” solía ocurrir sobre los once años de edad, pero él lo había conseguido a los ocho años, su hijo no podía ser menos, se le debía de exigir mucho más que a los demás, estaba destinado a ser un “élite” mucho más grande que él.

Desde lo alto miraba al pequeño montículo retorcido de carne desparramda por el suelo, como vulgar estiércol y se arrepintió. Un “Gra” no podía verse así, que pensarían los monjes de la fé fundamentalista o cualquiera de los nobles de los círculos interiores que estuvieran observándolos… Eso le ponía furioso, todo su poder no permitía que pudiera evitar que lo vigilaran con la “visión”, ni siquiera cuando arrancaba la ropa a su mujer o a alguna otra para violarla y golpearla a su antojo, debía depender de materiales impenetrables al poder dotado, para forrar sus habitaciones o tener que depender de al menos dos “buscadores” que interfirieran con el intento de violar su intimidad. Tenían prohibido mirar, solo debían escanear un perímetro, sin dignarse a ver en él. Pero era difícil encontrar gente que no se creyese demasiado inteligente, ya había tenido que matar con sus propias manos desnudas a varios de ellos. Una sutil sonrisa o una mueca de horror o desprecio era suficiente para delatarlos.

A medida que recordaba estos violentos sucesos se fue calmando su respiración, le provocaba placer pensar en esa muertes. A su vez otro pensamiento se fue apoderando inexorablemente de él, el orgullo de tener un digno sucesor, un hijo varón reemplazó a la ira.

—Levántante hijo. Tu padre solo quiere tu bien. A veces, hay que hacer daño a quien más quieres para evitarle un sufrimiento mayor en el futuro. Solo intento ayudarte. —El cuerpo de dos metros se cernió sobre el niño que ya levantado cerró los ojos y se quedó muy quieto, de pie, apretando los labios, casi sin atreverse a respirar. —¡Ya está, lo sé!,¡has aprendido la lección cariño, estoy orgulloso de ti!, tienes que entender que ni nuestra saliva, ni nuestro aliento o tiempo puede malgastarse o ensuciarse con gente inmundo, dioses menores sin poder. Son casi tan repugnantes como los meros humanos. Se que pueden parecer otra cosa, hijo, pero no se merecen ni siquiera tu piedad. Yo los cazo, cada vez que se convierten en el enemigo. ¡Estamos en guerra!, una guerra silenciosa donde ellos son como un cáncer.

El padre inspiró e expiró completamente dos veces, vaciando al completo todos sus pulmones antes de llenarlos y coger impulso para continuar explicando.

—Un cáncer se reproduce sino extirpas todo el tejido que lo rodea a tiempo, por eso he de enseñarte. Los dotados somos una de las tres razas divinas de las que se habla en el libro de los secretos, escrito en el lenguaje DOT. Podemos controlar la materia e incluso acceder a cualquier lugar del universo donde parte del mundo material al que nos hemos vinculado, mediante el proceso de imprimación, se halle. Estamos atados a lo físico. No podemos acceder a los pensamientos, ni convertirnos en energía o teletransportarnos, pero sobretodo no podemos cambiar o controlar la materia orgánica. Los Kerem, nuestros enemigos durante siglos, ahora extintos, accedían al pensamiento del resto, manipulándonos e incluso siendo capaces de controlar nuestros actos. Eran a su vez capaces de recorrer grandes distancias de forma casi instantánea. Los Titanes, por su parte eran los señores de la carne, podían manipular y transformar sus cuerpos, convirtiéndolos en verdaderas máquinas de la destrucción y en terribles monstruos con los que era muy difícil acabar. Como sabes, estuvieron a punto de asolar con su plaga toda la superficie. Gracias a un pacto con los Kerem, ambas razas pudimos aniquilar la amenaza confinando a los titanes a las profundidades del planeta, al tártaro, donde los portales atestiguan la veracidad de estas historias. Nuestra raza se vio confinada a las ciudadelas subterráneas desde entonces. El peligro existe todavía, lo llevamos todos dentro, el de convertirnos en titanes que pierdan el control y asolen toda nuestra raza y la superficie. Te sacrificaría sin dudarlo si te convirtieras en uno, pero eso es imposible, eres un “Gra” y un “El” de la casta de Imperio. —El niño, de pie aun, mirando con el cuello retorcido a su padre, tragó saliva sin decir palabra alguna. —¡Debes comportarte y ser digno!, ¡¿lo has entendido?!

Los sonidos atascados en la garganta del pequeño, tardaron unos segundos en salir.

—Sí, padre.

Un gruñido de satisfacción salió de la montaña barbuda que dio media vuelta y con pasos firmes y ruidosos se alejó de allí.

El niño miró quieto como se alejaba. En la lejanía, la gente se apartaba del paso de Claudio, “el comandante-jefe, todo vestido de negro, que cercenaría tu cabeza ante la mínima excusa que se lo permitiese”. Menos mal que no se molestó en saber quién era Lulú, la chica de los círculos exteriores con la que jugaba a escondidas desde hacía unas semanas ya.

Al principio fue él el que se escapaba, escabulléndose de zona en zona hasta llegar al límite de la ciudadela. Todo fue por una apuesta, Joel, el hijo de un noble interior se rio de él y se burló, no creía que fuera capaz de llegar hasta el círculo más externo de su hogar o nivel. Según le había dicho ese chico, dos años mayor que él, existían quinientos niveles u hogares que componían toda la ciudadela subterránea, desde la superficie hasta casi llegar a la astenosfera terrestre, que allí llamaban el tártaro. En la escuela lo estudiaban eso.

Ellos estaban en el hogar de los elegidos, el tercero, donde iban a la escuela, cerca del cilindro central llamado por todos el “Principal”. Alrededor de este, se arremolinaban las construcciones y las paredes metálicas que separaban los diferentes círculos, unos de otros, en función de la distancia al centro.

La gente que habitaba en los círculos exteriores de cada hogar eran la chusma, los sin clase, ni poderes: los “sindota”.

Mientras más abajo estuvieses viviendo con respecto a la superficie y en un círculo más externo, menos clase tenías. Antes de llegar al Tártaro, estaban los niveles infernales, donde los dotados de menor rango trabajaban de luz a luz por su mera existencia. Allí decían que estaba el acceso a un infierno de magma muy real, donde los desterrados y titanes eran lanzados al fuego purificador.

Todos sabían que lo de los titanes era un mito, que abuelas y madres usaban para asustar a los más pequeños, pero aún así, el miedo a su resurgir estaba presente en todas las facetas de la vida social de los 500 hogares que componían la ciudadela Auriga.

Los muros separadores no siempre eran capaces de contener a casi divinidades con el poder de alterar la materia , por lo que en algunos puntos se podían encontrar huecos, por donde poder pasar entre los círculos, sin pasar por las fronteras destinadas a separarlos.

Joel se atrevió incluso a llamarlo “comandante gallina”, riéndose del cargo de su padre.

Por él, fue que se aventuró a llegar al último espacio entre cilindros, el círculo más externo. En ese apestoso lugar conoció a Lulú. Ella salía de un agujero hecho en la propia pared que limitaba con la nada de kilómetros de tierra. El caso es que ella descubrió una gran caverna que se alejaba de los límites de la ciudad, aunque tuvo miedo de hacerlo sola.

Belluz, joven y aún inexperto se ofreció a ayudarla, el tenía un “tempora” en su muñeca, con él podrían mapear incluso todos los niveles de la ciudad y luego ver una representación tridimensional de todos ellos. Juntos pasaron aquella primera tarde de muchas.

Al regresar le dijo a Joel que no había conseguido llegar, para que olvidara rápido el asunto.

Muchas tardes se convirtieron desde entonces en noches mientras se divertían jugando en ese lugar oculto a ojos indiscretos y a su vez lo exploraban. Construyeron incluso un campamento base en la primera caverna. Desde allí fueron mapeando lentamente el mapa de aquellas grutas, grabándose en el “tempora” de Belluz.

El último día antes del encuentro con su padre, descubrieron un estrecho camino que se bifurcaba entre uno que iba hacia arriba, posiblemente a la superficie o cerca y otro que bajaba inexorablemente hacia la base más profunda de la ciudad. Estos dos caminos ofrecían una manera de cambiar entre hogares sin tener que registrarse y pasar por el “Principal” ni por los otros accesos.

Le prometió a su amiga rubia y pecosa llevarla a ver el círculo interno, allí las casas eran de metal, mucho más robustas y de una belleza sin igual.

A través de los huecos fueron pasando, esa misma tarde, por los cuatro círculos hasta llegar al suyo, donde el cilindro central, enorme y magnífico, se alzaba desde suelo hasta alcanzar y perderse en el cielo ficticio.

Allí es donde ocurrió.

Pasaron cerca de un arco de luz, que iluminaba tenuemente toda una calle desde la altura. Pudiendo subirla o bajarla a voluntad.

Belluz se emocionó demasiado, enseñándole a su amiga ese sistema, recalentándolo hasta escaparse una pequeña llama. Con eso fue suficiente para que la visión de Claudio, siempre activada, detectara en el acto el fuego y los visualizara a ambos cerca, hablando amigablemente antes de despedirse. El chico jamás pudo imaginar que su padre pudiera verlos así en la distancia.

Menos mal que no pudo ver mucho, sino tal vez no hubiera salido vivo de aquel fugaz encuentro con el comandante.

14. Juni 2019 01:20:41 1 Bericht Einbetten 3
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Paola Stessens Paola Stessens
que historia tan bella salida desde una ciudad tan tenebrosa; pobre Belluz, con el terrorífico padre que tiene, no se que destino le deparará, ya me enervo demasiado el castigo que tuvo que sufrir. Ojala prevalezca su amistad con Lulú. Me encantado este primer capitulo. tienes una narrativa y una imaginación extraordinaria. Me ha encantado las descripciones de la ciudadela Auriga con sus círculos y las deferentes clases que la habitan, es un mundo muy complejo y enigmático. Esperaré a leer el próximo capitulo.
15. Juni 2019 18:03:14
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