Out of control Follow einer Story

khbaker K.H Baker

Imagina que un día, tus sueños se hacen realidad, ¿a qué sería fantástico? Ahora imagina que, en lugar de sueños, lo que se hace realidad son tus pesadillas. Las cosas cambiarían entonces. ¿Te atreverías a enfrentarlas?


Fantasy Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#ChallengeAccepted #TheFinalFantasy #theauthorscup
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Capítulo 1

1

Despertó cubierta de una fina capa de sudor, el corazón le bombeaba con rapidez dando la sensación de que iba a salirse de su pecho. Tenía la boca seca y los labios cortados, parecía que no hubiese bebido nada en semanas. Había tenido un sueño de lo más extraño y eso la había alterado pero, ahora que sus ojos admiraban la claridad de un nuevo día, ya no le parecía para tanto.

Los primeros gritos de la mañana no tardaron en aparecer, su madre intentaba que su hermano pequeño se pusiera la ropa para ir al colegio y el niño, como era normal en alguien de su edad, correteaba en pijama negándose mientras se reía a carcajadas.

—¡Arabelle! —exclamó su madre, golpeando la puerta de la habitación con los nudillos—. ¡Levántate ya o llegarás tarde!

Arabelle llevó la mirada hacia la puerta, pero no llegó a responder a su madre. Antes siquiera de que la joven pudiera poner los pies en el suelo, su madre abrió la puerta y se quedó mirándola cuando ella todavía observaba sus pies descalzos. El sonido de la puerta la alarmó, llevándola a mirar hacia el lugar donde su madre se encontraba cruzada de brazos.

—¿Me has oído? —se cuestionó su madre. Arabelle asintió con la cabeza y se desperezó.

El canto de unos pájaros que se habían posado en el alfeizar de la ventana llamó su atención al ponerse en pie, pero tras dar unos pasos en dirección a la ventana para verlos un poco más de cerca, emprendieron el vuelo de nuevo, dejando a Arabelle fascinada por la coordinación de los animales, al unirse al vuelo de los demás. Ella era una persona asustadiza pero que, al mismo tiempo, disfrutaba del terror en su estado más puro. Aún así, cuando llegaba la hora de ir a dormir, le costaba cerrar los ojos ya que eso significaba soñar y, por ende, tener pesadillas. Para Arabelle, no había sueño más hermoso que la realidad.

Tras abrir la ventana de su habitación, inhaló una gran bocanada de aire que, soplaba fresco aquella mañana. Aún así, estaba segura de que, a lo largo de la mañana, el calor comenzaría a apretar hasta volverse insostenible. Su familia vivía en Dallas, una metrópolis moderna situada al norte de Texas. Allí, los inviernos eran pasables, sin embargo, los veranos eran asfixiantes.

La voz de su madre volvió a resonar con fuerza, esta vez llamaba tanto a su hermano como a ella desde el piso de abajo para que acudieran a desayunar. Ella, en un intento de que su madre no volviera a subir a su habitación, irritada como de costumbre cuando no le respondían a la primera, se asomó a la puerta y gritó un “¡Ya voy! ¡Me estoy vistiendo!”. Después, volvió a cerrar la puerta y cogió el móvil que había sobre su escritorio, para después meterse directamente en internet.

Mientras la página del buscador cargaba, Arabelle se dirigió al armario para sacar el uniforme del instituto. Si había algo que le gustaba de aquel centro –aparte de la compañía de sus amigas– eso era el uniforme. En su antiguo instituto solían meterse con ella por la forma en la que vestía, pero allí, eso era imposible dado que todos vestían de la misma forma.

Tardó muy poco en vestirse, el uniforme era visible dentro de su fondo de armario monocromático y ya tenía los calcetines largos sobre la silla y los zapatos bajo ella.

Una notificación emergió en la parte superior de la pantalla, al mismo tiempo que el móvil emitía un pitido que hizo que Arabelle se acercara a él mientras estaba acabando de recogerse el pelo. En aquellos momentos no le apetecía responder al mensaje superpuesto sobre la página que realmente le interesaba a Arabelle. Cuando acabó de arreglarse el pelo, se sentó en la silla que había frente al escritorio, ocultó el mensaje y comenzó a leer el encabezamiento del artículo.


¿Qué significa soñar con la muerte de un ser querido?


Por lo general, se trata de un sueño angustioso y con un despertar molesto, pero no tiene por qué interpretarse como algo negativo. En general suelen tener significados de lo importante que es para ti aquella persona que muere en el sueño. También puede significar el deseo de que ese familiar cercano nunca se vaya de tu lado.


Arabelle leyó con atención y, tras acabar con la lectura del artículo, se deslizó sobre la tarima hacia la puerta de la habitación, sentada todavía en la silla con ruedas.

—¡Arabelle! ¡¿Piensas bajar a desayunar o esperas a que la comida suba en tu busca?! —gritó su madre justo cuando ella estaba abriendo la puerta de la habitación.

Arabelle salió de la habitación, dando grandes zancadas para acortar el espacio que la separaba de la cocina. Ver a su madre cabreada no era agradable y ya estaba a mitad de camino de convertirse en una especie de ogro, no quería que sufriera la transformación completa.

—Ya estoy aquí —anunció la joven, antes de darle un beso en la mejilla a su madre, y revolverle el pelo a su hermano pequeño.

—¿Se puede saber qué estabas haciendo?

Arabelle dio una vuelta sobre sí misma y le sonrió a su madre de una forma infantil e inocente, a la que su madre no pudo resistirse. Cuando se sentó en el taburete, alrededor de la isla de la cocina, su madre le puso delante un vaso de leche con cacao y un plato con dos tostadas con mantequilla y mermelada.

—¿Cuándo podré tomar café? —preguntó Arabelle, señalando la taza humeante que su madre llevaba en la mano.

—Cuando aprendas a usar la cafetera —respondió su madre sin titubear.

—Enséñame entonces —dijo ella, antes de beber de su vaso—, o compra una cafetera de este siglo.

—No —dijo su madre, escondiendo una sonrisa burlona tras la taza de café.

—No, ¿qué? —preguntó el padre de Arabelle, al traspasar el umbral de la puerta que daba a la cocina.

—Mamá no quiere enseñarme a usar la cafetera —se quejó Arabelle. Su padre rió a consecuencia.

—Ni se te ocurra —Nicole, la madre de Arabelle, reprendió a su marido con la mirada.

—Será mejor que me vaya a trabajar antes de que a vuestra madre le salgan rayos láser por los ojos —se rió y sus hijos acompañaron su risa.

Arabelle, todavía con resquicios de su sueño en la mente, se levantó del taburete y abrazó a su padre con fuerza. Sabía que no tenía de qué preocuparse pero, como era totalmente normal, la preocupación latente era inevitable. Su padre la rodeó con los brazos y dejó un beso en su cabeza, antes de apretarle los hombros con suavidad.

—¿A qué viene este ataque repentino de cariño? —se cuestionó él. Arabelle se encogió de hombros y sonrió.

—Solo me apetecía. Pasa un buen día, papá.

—¡Pasa un buen día! —exclamó Owen, el hijo menor.

Derek, con una amplia sonrisa en el rostro, se despidió de su hijo y su mujer, y salió de casa.

—¡Vamos chicos! ¡Llegaréis tarde! —exclamó Nicole, tras mirar su reloj de pulsera.


2

El día avanzaba con lentitud, como cada día que debía ir al instituto. Lo más interesante que había pasado era que el profesor de matemáticas no había acudido a su puesto de trabajo y, por lo tanto, les había dejado toda la hora libre. Arabelle había usado ese tiempo para quedarse sentada en los escalones de las gradas que habían en el patio, hablando de cosas que solo eran interesantes para ellas, y mirando las publicaciones de las redes sociales en sus móviles.

Le tocaba el turno a la clase de biología, Arabelle se encontraba al final de la clase, en una mesa doble, al lado de su mejor amiga Sandy, sentada frente a una bandeja que contenía una rana muerta que debían disecar. A ninguna de las dos le hacía gracia tener que hacer eso pero, como si se tratase de una salvación, el director entró a la clase, demandando su presencia.

Por una parte, Arabelle estaba contenta de que la hubiesen sacado de aquella clase que no le gustaba en absoluto pero, al ver a su hermano, la felicidad de pronto cayó en picado.

—¿Qué ha pasado? —se cuestionó Arabelle—. ¿Qué has hecho mocoso?

Su hermano tan solo tenía dos años menos que ella pero, a sus ojos, Owen seguía siendo prácticamente un bebé.

—No he hecho nada —masculló él entre dientes.

El director se mantuvo en silencio mientras les guiaba hacia el despacho. Una vez allí, les instó a sentarse en las sillas libres que había ante el gran escritorio de dirección. El director tomó asiento justo al otro lado del escritorio y entrelazó sus manos apoyándolas sobre la cálida madera.

—Chicos —comenzó diciendo, haciendo una pausa justo después de decir aquello—, acaban de llamar del hospital…

—¿Mi padre está bien? —preguntó Arabelle exaltada y preocupada. Sin duda, el recuerdo latente de su sueño provocó que se precipitara preguntando aquello.

—¿Padre? —El director frunció el ceño—. Vuestro padre está bien, es vuestra madre… Ha tenido un accidente de coche.

Ambos jóvenes contuvieron la respiración un instante. El corazón se les aceleró y, como si de un acto reflejo se tratase, se cogieron de la mano, tan fuerte, que los dedos perdieron su color a causa de la interrupción de sangre. Owen fue el primero en dejar escapar sus lágrimas, Arabelle era una experta en esconder aquel tipo de sentimientos aunque, por dentro, sentía como si un pedazo de ella se marchitase poco a poco.

—Vuestro padre está de camino para recogeros —les informó tras un momento de pausa para dejar que ambos asimilaran la mala noticia—. Y no os preocupéis por las clases, sentíos libres de volver cuando todo este asunto se aclare.

Arabelle asintió con la cabeza y soltó la mano de su hermano. Tenía los ojos enrojecidos, aún así, las lágrimas no habían caído todavía, se las reservaría para cuando estuviese en la soledad de su habitación. Salió del despacho después de dejar un beso en la cabeza de su hermano, susurrándole después que iría a por ambas mochilas antes de regresar a su lado.

Los pasillos se le antojaron más largos que de costumbre y, a pesar de que había luz suficiente como para iluminarlo todo a su paso, Arabelle tenía una visión mucho más sombría del mismo. Llegó hasta su clase, llamó educadamente a la puerta y, tras entrar, le dio una nota del director que la eximía de aquella clase y de todas las del día. Después, con el semblante apesadumbrado, avanzó prácticamente arrastrando los pies hasta llegar al lugar donde estaba su mochila, la cogió y volvió a salir de la clase. Repitió exactamente los mismos pasos cuando llegó a la clase de su hermano.

Para cuando regresó al despacho del director con ambas mochilas colgadas de los hombros, su padre ya estaba allí. Le miró y lo primero que cruzó su mente fue “No lo deseaba, pero tenías que haber sido tú”. En su interior sabía que pensar aquello no era justo, no podía culpar a su padre por aquello que había pasado, él no tenía culpa alguna. Entonces comenzó a culparse ella.

Estaba muy unida a su madre, de vez en cuando veían series juntas y, aunque nunca habían llegado a contarse secretos como Arabelle hacía con sus amigas, si sentía que tenía una especie de amistad con su madre.


3

En el hospital, Derek caminaba de un lado a otro, nervioso, mordisqueándose la uña del dedo gordo mientras miraba el suelo con la mandíbula apretada. Owen mantenía la cabeza baja, ni su padre ni su hermana podían verle claramente los ojos pero, el sonido que hacía cuando aspiraba los mocos, dejaba bastante claro que todavía seguía llorando. Arabelle, por otra parte, se había escabullido por tercera vez al mostrador de información para preguntar por el estado de su madre pero, como todas las otras veces, le dijeron que todavía estaba en quirófano.

Cuando el cirujano salió por la puerta que llevaba a los quirófanos, su cara revelaba la mala noticia que estaba a punto de darle a la familia. Owen levantó la mirada un instante, el tiempo suficiente para ver como su padre estallaba en llanto y como el doctor le ponía la mano sobre el hombro. Después, volvió a bajar la mirada y no vio como su padre cayó de rodillas al suelo ni tampoco como su hermana corría hasta donde estaban, para abrazar a su padre con fuerza.

El coche en el que iba Nicole, había sido embestido por un camión cisterna cuando se dirigía hacia el trabajo. Al camión le fallaron los frenos, o tal vez al conductor no le dio tiempo a frenar a causa de la velocidad a la que iba –eso todavía lo estaba investigando la policía–, entonces fue cuando embistió al coche por el lateral. Lo arrastró unos metros, después, en un intento por sacar el morro del camión de la puerta del conductor donde estaba incrustado, el hombre que conducía el camión giró el volante y acabó estrellándose contra el quitamiedos de la carretera, arrancándolo de golpe. El conductor del camión tampoco había sobrevivido.

Los segundos avanzaban lentamente. Por un momento, Arabelle pensó incluso que el tiempo se había detenido. Aquello no podía ser verdad, su madre no podía haber muerto. ¿Su sueño había sido un aviso? Y, en ese caso, ¿por qué había sido su padre el protagonista de su sueño? Era una tontería pensar en aquello en esos mismos momentos, pero su mente le obligaba a desviar los pensamientos de la muerte de su madre para protegerla del abismo que, poco a poco, acabaría cerniéndose completamente sobre ella hasta engullirla del todo.

—No debí hacerle caso —dijo su padre de pronto, secándose las lágrimas con las manos.

—¿A qué te refieres? —se cuestionó Arabelle.

—Esta mañana iba a coger el coche, pero tu madre me dijo que debía ir a hacer unas compras al salir del trabajo. Debí decirle que las haría yo… —se lamentó él.

—No es culpa tuya —intentó tranquilizarle tanto a él como a sí misma. La culpa no era de su padre.

Después del momento de duelo, el doctor les preguntó si querían ver a Nicole. Owen no respondió, Derek no podía verla en aquel estado y Arabelle necesitaba dejar de pensar en todo aquello. Debían preparar demasiadas cosas, hablar con el servicio funerario y organizar el entierro. No era tarea para una niña de quince años, pero su padre no estaba en condiciones de cargar con ese peso él solo.

Cuando el cirujano se fue, dejándoles a solas con su dolor, Arabelle ayudó a su padre a levantarse, tiró suavemente del brazo de su hermano para que se levantara de la silla y, juntos, caminaron hacia la salida.

Nunca habían tenido que hacer nada parecido a aquello, había mucho trabajo que realizar y cuanto antes lo hicieran, mejor. Una cosa estaba clara, las cosas no iban a seguir siendo las mismas y Arabelle, a pesar de que intentaba no hacerlo, pensaba que una parte de la culpa era suya.

5. Juni 2019 05:55:12 1 Bericht Einbetten 6
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Post!
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Otro relato lleno de suspenso, con una narración excelente!
5. Juni 2019 01:12:15
~

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