Los Inquilinos sin Nombre Follow einer Story

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Thomas se ve obligado a mudarse a un hospedaje alejado de la ciudad al tener un altercado con un miembro de la residencia universitaria. Sin más opción, se aloja en una vieja mansión en condiciones precarias. Es entonces cuando una serie de sucesos extraños empiezan a suceder, poniendo a prueba su cordura.


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La habitación de la mujer retorcida

I


La fachada inspiraba desconfianza, su pintura amarillenta caía a pedazos por todos lados y el olor rancio podría ser percibido desde el pórtico. Era lo único que podía pagar con la mesada que la tía Florence me enviaba mes a mes. Así que no tuve más opción que entrar y no volver a quejarme de ello de nuevo. El recibidor no parecía tal, solo era un viejo mueble con gabinetes por todos lados y una señora, no menos vieja, sentada tras de él. Su semblante era severo, las arrugas de su cara mostraban el paso de los años a cabalidad y no sonreía nunca.


—Tú debes ser el muchacho problemático del que me contó el profesor.

—Supongo que debo serlo...

—¿Solo eso traes contigo? —se refería a las dos maletas pequeñas que arrastraba.

—Sí, mis libros y un poco de ropa.

—De acuerdo, el profesor me dijo que no nos darías problemas, y confío que así será.

—Descuide, no quiero causarle inconvenientes al profesor Richards.

—Las reglas son sencillas, nada de bebidas o tabaco dentro de la casa, no te dejaré entrar si vienes borracho tampoco, nada de mujerzuelas, aunque por consejo del profesor podrás traer a compañeros si es que tus estudios así lo precisan —«¿quién traería a nadie a esta pocilga?», pensé— otra cosa, el sótano, el ático, la cocina, salvo excepciones, el cuarto de máquinas y las suites principales están restringidas al acceso de personal no autorizados. La comida se sirve a la misma hora todos los días, seis de la mañana, doce del mediodía y seis de la tarde. Nada de radios, nada de gritos, respeta a los demás inquilinos, ¿alguna duda?

—Ninguna, todo está muy claro.

—Coloca tu nombre aquí y firma —dijo acercándome un cuaderno antiquísimo.

—¿Al final? Veo cuatro espacios en blanco arriba.

—Eso espacios son para emergencias, en caso de agregar inquilinos por alguna razón.

—Entiendo, señora...

—Lucia Claret.

—Thomas Aldridge, un gusto.

—¿Puedo preguntarle algo, señor Aldridge?

—Claro, dígame.

—¿Por qué golpeó al hijo del director de la universidad?

—Intentó propasarse con una compañera frente a mí, no tuve más remedio que partirle la cara.

—Tengo otra idea sobre usted, pero eso no quita que debe aprender a comportarse. Pase a la habitación cuatro del tercer piso, aquí la llave.


Tomé la llave y fui a mi nueva recamara. Estaba cansado, deseaba dormir todo el día si era posible. A falta de ascensor caminé hasta el tercer piso, antes de llegar a mi habitación, encontré las dos suites principales y otras habitaciones que parecían desocupadas, tal parecía que estaría solo en el piso. Al abrir la puerta número cuatro, tuve que cubrirme la boca para no gritar.

Fue un parpadeo, un instante. Quizás, menos de una milésima de segundo. Pero en ese parpadeo, observé con claridad que las paredes y el techo de la habitación estaban cubiertos de sangre y que en la cama se encontraba un cuerpo mutilado.

Evité caer al suelo gracias a que me sostuve de la puerta. Al volver a parpadear, la imagen tétrica que había invadido mi pupila de golpe había desaparecido. Entré con la esperanza de comprender lo que sucedía, pero al hacerlo encontré una habitación normal, bastante limpia en comparación con la imagen que transmite la fachada del alojamiento.

Terminé por convencerme de que aquello fue una ilusión óptica derivada de mi cansancio y al hecho de que las cortinas estaban entreabiertas, formando extrañas sombras por doquier. En un intento de darle vuelta a la página y tranquilizarme, me tiré a la cama para dormir, omitiendo por completo ese dejo metálico que quedaba en mi lengua.


I.II


El siguiente día la universidad estuvo fatal. Rumore, miradas inquisidoras. Al parecer el idiota de Gregor tenía fama de ser un estudiante de honor y la idea de haberse pasado de listo con una chica les parecía imposible. Tener que seguir en clases como su compañero me enfermaba, pero al menos solo en una clase, la del señor Richards.


—¿Te arrepientes?

—Profesor... Pues no, la verdad no.

—Es una lástima que Gregor salga bien librado de todo, pero a la larga la pagara de algún modo. Mañana habrá examen sobre lo que hablamos hoy, estudia.

—Señor, ¿por qué se empeña en ayudarme?

—Porque estoy seguro de que nadie lo ha hecho antes. Eres un buen chico, alguien debe darte la mano de vez en cuando, antes de que pierdas la confianza en los demás, no puedes alejarte más de la sociedad de lo que ya estás —respondió desde su escritorio.

—¿Estoy alejado de la sociedad? no me había dado cuanta de ello.

—No hablas con nadie, y eso es desde antes del altercado del otro día. Debes encontrar amigos, allá afuera deben haber más de alguno que quiera escuchar tu versión de los hechos.

—¿Como quien?

—Leonor, por ejemplo —dijo dándome un trozo de papel con sus datos.

—Intentaré ser más social. La buscaré con ella luego.

—Ve a estudiar... ¿cómo te sientes en la casa Claret?

—Lúgubre, viejo... una maravilla de lugar.

—Solo será un semestre, arreglaré las cosas para entonces.


Saliendo del campus, levante el rostro y dejé de sentirme avergonzado. Por primera vez, varios estudiantes me saludaron de forma amable. Supuse que el profesor tenía razón, me había alejado de todos sin motivo alguno.

Después de tomar el autobús, llegué a la casa Claret, la señora Lucia no estaba en la recepción como siempre, así que me dirigí directo a mi habitación. Sin embargo, no entré de inmediato. Con el picaporte en mano, esperé unos segundos antes de abrir, pensando que así no volvería a presenciar aquella escena. El crujido de la madera y el rechinar de las viejas bisagras solo hicieron que abrir la puerta fuera más espantoso de lo que parecía. Adentro no había nada, mis cosas estaban como las había dejado en la mañana. Respiré con tranquilidad y decidí darme una ducha antes de ponerme a estudiar la clase de ese día.

Desnudo en el baño, me vi en el espejo y me di cuenta que estaba cubierto de una costra oscura, desde el cuello hasta abajo. Era sangre seca. Lo primero que hice fue revisar si no tenía una herida en el cuello o en la cabeza, pero no encontré nada. Salí del baño para revisar mi ropa y también estaba ensangrentada. Fue entonces cuando observé que en el suelo, frente a la cama, donde estuve de pie hasta hace unos segundos.

Por instinto, dirigí mi mirada hacia arriba, encontrando una visión aterradora. En el techo de mi habitación había una mujer de mediana edad, con la totalidad de sus extremidades rotas y retorcidas, con las fracturas expuestas en sus brazos, sangraba por todos lados y su rostro estaba sucio y desencajado.

Caí de espaldas, en una posición parecida a la que ella se encontraba, como un espejo. Al reaccionar, intenté arrastrarme hacia la puerta, buscando la manera de salir de ese lugar, sin embargo, al llegar a la puerta la encontré cerrada. Aquella mujer, retorcida y sangrante, comenzó a acercarse a mí, reptando por el suelo, torciéndose sobre sí misma en convulsiones amorfas y antinaturales. Yo veía todo aquello con el terror más profundo que había sentido en mi vida, el corazón latía de tal forma que sentía que en cualquier momento se me saldría por la boca. Justo antes de ser alcanzado por esa mujer, la puerta abrió de golpe, mandándome a volar al otro lado del corredor apenas cubierto por una sábana.


—Creo haberle dicho que no molestara a los demás inquilinos, señor Aldridge.

—¡Señora Claret! Había algo en el techo, una mujer...

—¿Una mujer? —preguntó, para luego entrar a la habitación— Aquí no hay nadie, ¿sería mucho pedir que se comporte?


La arrendataria ingresó a una de las suites principales para luego abandonar el tercer piso. Con el corazón aún acelerado, fui a corroborar lo que la señora me había dicho, en efecto, no había nadie. La mujer retorcida no estaba, ni la sangre en el suelo ni la de mi camisa. Incluso la sangre seca que había en mi espalda había desaparecido. Un leve temblor invadía mi cuerpo, no lograba atinar si las cosas que veía eran producto de mi imaginación o si era la habitación, la casa Claret, la que encerraba un secreto. Terminé de bañarme y salí, si ajustaba mi presupuesto podía ir a dormir a un motel de cuarta, pero antes, debía visitar la hemeroteca de la universidad.


I.III


Hacía frío, para mantener en buen estado los periódicos y revistas de esa área de la biblioteca, el aire se permanecía a una temperatura demasiada fresca para mi gusto. Buscaba información sobre la casa Claret, pero sin referencias específicas sería difícil encontrar algo. La idea principal era buscar sobre asesinatos o desapariciones en la zona y de alguna forma vincularlas con la casa. Sin embargo, luego de una hora de búsqueda no logré encontrar algo.


—No recuerdo que dejaran tarea sobre la historia del pueblo —dijo una voz femenina detrás de mí.

—¿Esto? Es una investigación personal —respondí, al voltear, era Leonor Bradbury.

—Eres Thomas, ¿verdad? te vi entrar hace un rato y pensé venir a hablar contigo.

—Leonor, yo también pensaba saludarte un día de estos por consejo del profesor.

—¿Estás ocupado?

—No nada importante —mentí—, dime.

—Gracias por lo del otro día, Gregor ya había intentado pasarse de listo antes, pero no supe reaccionar, verte plantarle cara me enseñó que mientras siga callada nada cambiará, la próxima vez que suceda, seré yo quien le rompa la nariz.

—Sinceramente espero que no haya una próxima vez. No tienes que agradecerme, hice lo que me nació en ese momento. Además, también te expulsarían y tendrías que irte a vivir a la casa Claret como yo y eso no se lo deseo a nadie.

—¿Pasó algo?

—Verás...


Le comenté algunas cosas sin entrar en detalles, omití casi por completo el incidente con la mujer retorcida. Pese a que esperaba una mirada de desprecio antes mis cuentos extraños, encontré en ella una escucha activa, estaba interesada en lo que sucedía en esa casa.


—Tienes mucha suerte, digamos que me siento atraída por estos temas.

—¿Alguna idea para buscar en todos estos papeles?

—Veamos... Suelo leer las noticias desde que aprendí a leer, mi padre me enseñó esa costumbre y no recuerdo de algún asesinato notorio o desaparición relevante. Así que busca periódicos desde hace de veinte años.

—Veinte años, entendido.


La búsqueda entre ambos se hizo mucho más dinámica, llegando a revisar en menos de media hora el doble de lo que había hecho yo solo. Leonor era muy observadora, lo de su interés por estos temas no era broma.


—Creo que tengo algo...


«A las afueras del bosque Blackmont, el cuerpo sin vida de una joven fue encontrado sin vida. Según los reportes preliminares y afirmaciones de testigos, la muchacha se encontraba en avanzado estado de putrefacción y se observaba con laceraciones de importancia en brazos y piernas... sus restos no han sido reclamados y no parece ser de la zona, la policía federal no reporta notificaciones de alguna persona con los mismos rasgos...»


—¿Fecha?

—Es de el viernes 19 de febrero de 1982 —respondí.

—Perfecto, veamos... Acá hay uno de una semana después.


«La chica retorcida, es el nombre con el que se ha bautizado a la joven encontrada en Blackmont, debido a la forma en como estaban rotas sus extremidades... las autoridades han dado con un indicio y tienen la sospecha de que se trata de Malory Richards, desaparecida en las fiestas de fin de año y que se creía había huido con su novio...»


—¿Richards? ¿cómo el profesor?

—Es lo que dice... ¿Thomas, tienes el número de la casa Claret?

—Sí, lo anoté recién... aquí está.

—Pregúntale a la señora Claret si esa casa siempre ha sido de su familia, tengo una leve sospecha.


Realicé la llamada desde el teléfono de la biblioteca, la señora Lucía me atendió de inmediato y respondió a mis preguntas.


—¿Y bien?

—Dijo que su padre compró la casa a principios de 1982. Antes pertenecía a la familia Richards.

—Esto es demasiado raro. El profesor para ese entonces debería de tener unos veintitantos años. Pero el reportaje no menciona si tenía familia, ¿la señora Claret no mencionó a quien específicamente compró la propiedad?

—No parecía interesada en dar detalles...

—La biblioteca cerrará en breve —nos interrumpió un miembro del personal.

—Okay, nos iremos enseguida... Creo que tendremos que dejar la investigación para después. ¿Regresarás a la casa?

—No, me quedaré en un motel al menos esta noche.

—¿Nos vemos aquí mañana?

—Claro, no puedo quedarme con la duda, debemos llegar al fondo del asunto...


La biblioteca era grande, y la hemeroteca estaba hasta el fondo de todo. A medida que avanzabamos las luces detrás de nosotros se apagaban, hasta que, justo en medio, todas se apagaron a la vez.


—Se puso demasiado oscuro, ¿habrá sido un apagón?

—No sé, aunque es posible —respondí.

—¿Está lloviendo afuera? Me cayó una gota de agua...


Las luces empezaron a encender y apagarse sin ritmo, causando un efecto molesto para la vista. Cuando volteé a ver a Leonor, la observé con sangre en el rostro.


—¿Estás bien? ¡Sangras!

—Esta sangre no es mía —dijo asustada.


Alzamos la mirada al mismo tiempo. La mujer retorcida y sangrante colgaba sobre nuestras cabezas...



29. Mai 2019 00:53:34 5 Bericht Einbetten 9
Fortsetzung folgt… Neues Kapitel Alle 15 Tage.

Über den Autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Enilde Martin Enilde Martin
Diosito, que interesante se quedó esto!
Leonidas F. Guilles Leonidas F. Guilles
¡Bastante interesante, espero ansioso el segundo capitulo!
3. August 2019 11:04:50
Florencia Aquileia Florencia Aquileia
que miedo por dios!!! sin palabras!!! muy muy bueno!!!
30. Mai 2019 14:34:34
F. Ciamar F. Ciamar
En realidad nunca me ha llamado la atención el terror, y llegue hasta aquí para ver si me inspiraba para escribir una para el reto... En cualquier caso, me pareció interesante, en especial la historia de la casa..
29. Mai 2019 23:53:19
K.H Baker K.H Baker
0.0 ¡Que no se queden ahí!
29. Mai 2019 03:10:40
~