El tratante de Bangkok Follow einer Story

niels77 Daniel Niels

Una huída a la desesperada lleva a nuestro protagonista a luchar por su vida en las calles de Bangkok en donde la miseria y la mafia amenazan desde cada rincón.


Krimi Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

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1. Red Light

Eran aproximadamente las once de la noche de un caluroso noviembre en Bangkok. Había llegado hacía tres días al país y me estaba alojando en el barrio chino. El barrio chino en Bangkok. Sin duda un sitio digno de visitar. Tan maloliente y mugriento como lleno de vida.

Aquí, un millar de puestos abarrotan los laterales de las calles y callejones hasta invadir parte del asfalto. Numerosos mercaderes comercian con todo tipo de baratijas y productos de importación, animales, bonos de lotería rehusados, pequeñas estatuillas de Buda y cualquier cosa, puedas imaginarla o no. Es un sitio fantástico si te gusta la comida del sudeste asiático y tienes el estómago de una cabra. Y por la cantidad de turistas y la poca presencia de la policía, también es un sitio ideal si estás huyendo y quieres mantener un perfil bajo.

Por todas estas razones me encontraba dando vueltas en el pequeño y maltrecho apartamento que había alquilado a la dueña de un local de masaje tailandés. El inmueble contaba con un salón-dormitorio, un baño y una pequeña cocina con una ventana que daba a un patio de luces interior. Era pequeño y las paredes, que en otro tiempo probablemente fueron blancas, ahora se encontraban grises, desconchadas y llenas insectos que alguien había aplastado metódicamente. El salón olía a una humedad añeja que impregnaba cada elemento del mobiliario y me recordaba a un almacén de periódicos en el que trabajé en mi adolescencia. El baño consistía en una pequeña pieza que contrastaba con el resto del apartamento por estar sorprendentemente limpio y en buen estado. Contaba con un retrete de color crema, una escobilla, un espejo, un lavabo blanco cuyo grifo contaba con manguera extensible, de modo que hacía las funciones de ducha y un colgador para la toalla, situado detrás de la puerta. En el centro del baño había una rejilla de desagüe de tal modo que todo el espacio era un plato de ducha en si mismo. Había llegado hacía 3 días y tras comprar comida y agua me había recluido en el apartamento, tratando de decidir cual sería mi próximo movimiento. Esa noche sudaba copiosamente entre las sábanas sin poder conciliar el sueño. En la calle se oía el ruido constante de los puestos de comida, a pesar de la hora y el traqueteo de los numerosos tuc-tuc que movían sin cesar a los turistas por la ciudad. A ratos, un cartel luminoso de la calle superaba sus dificultades técnicas y se encendía con un chasquido, bañando la habitación con una intensa luz roja que, junto al asfixiante calor y la pegajosa humedad creaban una atmósfera tétrica que me recordaban a una escena de la película "El cubo".

Me incorporé en la cama y en silencio rogué por un hilo de brisa que moviese las cortinas. Una gota de sudor se deslizó por mi perlada frente y a lo largo de mi tabique nasal. Se columpió en la punta de mi nariz, solamente unida a mi piel por la tensión superficial del líquido. Por un momento aquella gota colgando al borde de un abismo fue una bella y aterradora metáfora de mi vida. Mi boca se torció en un amago de sonrisa al captar la ironía del momento. El gesto hizo que la gota se descolgase sin previo aviso. En un instante cayó sobre la manchada alfombrilla de algodón que cubría el suelo al lateral de la cama. Esta la absorbió como si la gota nunca hubiese existido. "...todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia." La frase de Roy Batty vino a mi cabeza. Me puse de pie, apartando la mugrienta alfombra de una patada y me dirigí al baño. Me paré frente al espejo con las manos apoyadas en el lavabo. Ojeras y arrugas enmarcaban mis ojos. -Puta mierda de jetlag-- Murmuré. Cogí una pequeña toalla blanca, la empapé en agua, la escurrí y la puse en mi nuca, tal y como había visto hacer en algunas películas.

Me dirigía a la cama cuando, al salir del baño escuché susurros junto a la puerta de mi habitación. Se activaron todas mis alarmas. En silencio, con la adrenalina mezclándose con mi torrente sanguíneo me acerqué a la puerta y escudriñé por la mirilla. Dos tailandeses parecían discutir en susurros exactamente frente a la puerta de mi "maloliente pero económico apartamento con baño". Quizás el asunto no tenía que vez conmigo pero aun así me acerqué a los pies de mi cama y me calcé las deportivas. Agarré la camiseta que había usado ese día en mi mano derecha y la pequeña mochila que tenía preparada con lo básico en mi mano izquierda. Ojeé de nuevo por la mirilla para confirmar que los dos hombres seguían frente a mi puerta discutiendo. Uno se llevó un cigarro a la boca y dio una larga calada mientras el otro parecía comunicarle algo importante que por supuesto yo no era capaz de entender. Entonces los dos se volvieron y miraron hacia el lado del pasillo que quedaba a mi izquierda, fuera de mi vista. El que fumaba tiró el cigarrillo y por el movimiento entendí que lo estaba apagando con el pie. Unos pasos pesados se aproximaron por el corredor. Los asiáticos se apartaron y un pecho enorme cubierto por una camiseta con un gran cerco de sudor se paró frente a mi puerta. Segundos después la puerta voló en pedazos... y yo volé... "y todo se fue a la puta."

Continuará...

30. April 2019 23:04:14 1 Bericht Einbetten 2
Lesen Sie das nächste Kapitel 2. Mr Money

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E. Guerra Maya E. Guerra Maya
Buena narración.
9. Mai 2019 10:42:03
~

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