El ojo de ender Follow einer Story

jaredarturo Jared Arturo Vázquez Navarro

Charlie, un espadachín y minero solitario, encontró a una chica con amnesia en medio del bosque, que era perseguida por la guardia del reino. Y con el tiempo descubrieron que una invasión estaba por llegar, y la única forma de detener el mal presagio era destruyendo el último ojo de Ender existente en el overworld. Pero habrá numerosos peligros en el camino que harán de esta aventura un infierno para los pobres fugitivos, sin embargo; con la ayuda de nuevas amistades que encontraran en su odisea, una chispa de esperanza brillara sobre el overworld.


Abenteuer Alles öffentlich.

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La desconocida

Charlie caminaba por el sendero para regresar a su casa y disfrutar de la suavidad de su cama. Estaba cansado. Había minado durante toda la tarde tratando de conseguir diamante sin éxito alguno. No se percató de la hora que era hasta que un agudo golpe de fatiga lo azotó sin previo aviso.

Cuando salió de la cueva, descubrió el motivo de su cansancio. Era de noche (más bien de madrugada). Su cuerpo exigía con vigor un lugar para recostarse y dormir, pero como no tenía lana en su inventario para crear una cama, no tuvo más remedio que utilizar el resto de su energía para desenvainar su espada y volver a casa.

El joven espadachín no podía ver nada a través de la espesa penumbra. Las nubes habían ocultado la luna y las estrellas, así que decidió crear su propia luz. Con un movimiento ágil de su mano sacó una antorcha y la encendió sin muchos problemas, dejando ver así, los robles y abetos que formaban parte del extenso bosque de Helintom. Charlie comenzó a caminar tratando de no hacer mucho ruido con cada pisada, dejando atrás la entrada de la cueva que había encontrado hace unos días.

A pesar de que estaba muy alerta, él sabía que si se encontraba con algún monstruo, le resultaría muy difícil pelear con la facilidad que tiene una persona descansada y llena de energías.

No se escuchaba nada; aquel silencio era escalofriante. Lo único que se oía eran los murmullos de sus pasos y la brisa acariciando el follaje de los arboles. Por lo menos tendría la ventaja de escuchar si alguien se acercaba.

Charlie miraba hacia todos lados, apretando con fuerza la empuñadura de su espada, hasta que de repente, se escuchó un fuerte crujido a su izquierda (parecía ser la rama de algún árbol). Charlie se espantó y dirigió toda su atención al lugar del que había venido el ruido. Una gota de sudor corrió por su mejilla, luego comenzó a escuchar y a sentir un rápido y fuerte golpeteo proveniente de su pecho, el cual, le había comenzando a doler.

Incluso con más cautela que antes, Charlie empezó a caminar hacia el origen del crujido, al mismo tiempo que daba unos largos y profundos suspiros tratando de apaciguar el dolor de su pecho.

La antorcha no le alumbraba demasiado lejos. En cualquier momento podría saltar un monstruo de entre las sombras. Pensar en eso le hizo ponerse más nervioso. No tenía ni la menor idea de con qué podría encontrase.

Después de unos pasos más, Charlie vislumbró entre las sombras un bulto blanco recostado en el suelo al lado de un árbol, lo cual le produjo un escalofrío de punta a punta. A pesar de eso, se acercó un poco más, más lento que antes y sin quitarle los ojos de encima.

Conforme más avanzaba, más notaba que el bulto se movía con suavidad. Crecía un poco y luego volvía a como estaba antes; entonces Charlie entendió que el bulto respiraba. Y mientras más se acercaba, menos miedo sentía, ya que comenzaba a darse cuenta que se trataba de una persona. El bulto blanco resultó ser una chamarra. Esto lo supo porque después de unos cuantos pasos más, vio unos jeans oscuros que no había visto antes por la oscuridad. Toda su ropa estaba sucia de tierra con algunas hojas encima. Como la persona estaba de espaldas, cogió una vara del suelo y la picó desde lejos para cerciorarse de que estuviese dormida, y luego la volteó con cuidado para verle el rostro.

Era una chica.

Lo primero que Charlie notó fue la herida que tenía en la frente, y acto seguido, miro hacia el árbol junto al que estaba la chica, el cual tenía una rama desgarrada y colgando. Estaba más que claro que se había golpeado con ella y se había desmayado en el acto.

Volvió a observar a la chica. Su piel era clara y sedosa a primera vista, tenía un cabello rubio largo y ondulado como hilos de oro puro; pero lo que más resaltaba de aquella chica, era su encantadora belleza.

No podía dejarla ahí tirada, era presa fácil para cualquier monstruo que anduviese rondando cerca, y no podría dormir tranquilo y a gusto sabiendo que había dejado sola a una chica inconsciente en medio de un bosque a mitad de la noche.

No había forma de cargarla hasta su casa. Aunque se viese muy pequeña y ligera para Charlie, estaba demasiado cansado, y las pocas fuerzas que le quedaban para pelear se le agotarían casi en seguida; sin mencionar que también tenía que sostener la antorcha y la espada. Tenía que haber alguna otra forma.

Fue entonces que a Charlie se le ocurrió la mejor idea que había tenido desde hace días: Sacó su mesa de trabajo antes de poner su antorcha a un lado, y creó una vagoneta con el hierro que había conseguido de la cueva. Después puso el vehículo en el suelo lo ató a su cintura con una soga, dejando el espacio suficiente para que pudiese caminar con libertad, y por último, guardo su mesa de trabajo.

Cuando cargó a la chica para ponerla en la vagoneta, se sorprendió de lo pesada que era a pesar de ser tan delgada. De todas formas, Charlie no pudo evitar sonrojarse; Jamás había hecho algo así.

Luego, puso con delicadeza a la chica dentro de la vagoneta y retomó el camino hacia su casa. Era algo cansado, pero mucho mejor que cargarla sobre sus hombros. Durante su camino por el bosque, escuchó un gruñido. Conocía ese tipo de gruñidos más que a su propia voz. Lleno de adrenalina, volteó a su derecha y vió saliendo de entre las sombras a un zombie verde, pálido y putrefacto; con una sonrisa macabra y deforme que podría darle pesadillas a cualquier adulto durante meses.

Charlie había perdido el miedo hacia los zombies desde hace mucho tiempo, pero ahora las cosas eran diferentes... estaba cansado y además llevaba una moribunda a su lado. Charlie pudo eliminar en un movimiento el monstruo, pero prefirió no arriesgarse, y se alejó de él lo más rápido que pudo. Eso hizo con el resto de monstruos que se encontró. Por suerte, no se había encontrado con muchos.

Al cabo de diez minutos de jalar y arrastrar el vehículo improvisado, llegaron a la entrada de su casa. Charlie apagó su antorcha y abrió las puertas para entrar junto con la vagoneta. Y después de desatar la cuerda de su cintura, cerró la puerta y cargó una vez más a la muchacha con un esfuerzo sobrehumano. Subió las escaleras jadeando y resollando hasta que finalmente logró dejarla en la cama de su habitación. Después se haría otra cama y dormiría en la estancia; si dormía con ella en su cama, y ella lo veía al despertar en un lugar que jamás había visto, era un hecho que eso no podía terminar bien.

Con un gemido de alivio, Charlie dejó caer a la chica en su cama y justo después de eso, se tiro al suelo, mirando al techo mientras trataba de recuperar el aliento. Si se acostaba en la cama aunque sea un rato, era un hecho que se quedaría dormido casi al instante, así que prefirió hacerlo en el suelo.

-¿Por qué siempre me pasan las cosas más extrañas? -se preguntó a si mismo en un suspiro, sin saber lo que le esperaba en el futuro...

Después de descansar un rato, fue por un trapo, vendas y agua tibia. Se sentó en la cama al lado de la chica y le lavó su frente suavemente con el trapo remojado en el agua. Luego cogió las vendas y cubrió su frente con ellas, rodeándole toda su cabeza, acabando con un nudo final antes de soltar un suspiro y preguntarse a si mismo una vez más:

-¿Quién eres?


. . .


A la mañana siguiente, Charlie despertó viendo su tocadiscos. Había puesto su cama al lado de este: En la estancia (todavía no tenía ningún disco, pero le gustaba como adornaba la casa). Y después de revolcarse un rato entre las sabanas, se sentó en la orilla de la cama y se estiro acompañado de un largo bostezo, dejando tronar todos los huesos que podía. Hasta que recordó que había rescatado a una desconocida la noche anterior.

Presto se levantó en seguida y se puso las sandalias para salir corriendo escaleras arriba hacia su habitación lo más rápido que pudo tratando de no tropezar con cada escalón que subía. Abrió la puerta con un fuerte golpe que retumbó en todos los rincones de la casa, y al ver a la chica justo donde la había dejado, dejó salir un suspiro de alivio; no se había ido, seguía dormida. Entonces Charlie se dio cuenta que se había preocupado por ella de nuevo, pero esta vez lo había hecho de una forma diferente. No quería que se fuera. Algo dentro de él quería conocerla. Quería estar con ella. Tuvo el presentimiento de que no era una chica normal. Más que nada, era misteriosa. ¿Qué hacía una chica vagando por el bosque a mitad de la noche? Era claro que no había salido a pasear. Fue la primera vez que Charlie se hizo esa pregunta.

Cuando estuvo a punto de salir, escuchó un gemido proveniente de la chica. Se volvió para verla una vez más y notó como se movían las sabanas ligeramente. Con cuidado de no hacer ruido se acercó un poco para verla mejor. La desconocida se incorporó y dio un largo bostezo mientras estiraba los brazos antes de llevarse la mano a la frente y hacer una mueca de dolor. Charlie agarró la empuñadura de su espada sin desenvainarla, y siguió caminando lentamente hacia la muchacha. Estaba preparado para cualquier cosa.

Entonces, la chica se talló los ojos con las manos y luego los abrió, entornándolos. Poco a poco, su rostro se fue impregnando de confusión y sorpresa al ver la habitación. Hasta que vio a Charlie. Se le quedó mirando por unos segundos que a el muchacho le parecieron una eternidad.

-Tranquila. No te haré daño -dijo tratando de evitar que se asustara con su presencia, ya que ella había comenzado a esbozar desconfianza en su rostro; pero cuando escuchó aquellas palabras dichas de una forma tan suave y serena, se tranquilizó y miró hacia abajo con timidez.

-¿Tienes hambre? -le preguntó Charlie con una cortés y servicial sonrisa.

La chica asintió después de pensarlo un poco.

-¿Puedes levantarte?

La desconocida se limitó a poner los pies en el piso y pararse sin ningún problema.

-Ok... Sígueme.

Charlie guió a su invitada a través de la casa hasta llegar una amplia cocina. En el centro había una mesa con cuatro sillas de madera de abeto, y la chica se sentó en una de ellas al llegar. Junto a las paredes estaban unos hornos de piedra y cofres y las paredes estaban decoradas con un par de pinturas simples pero agradables a la vista. Una ventana mostraba el exterior, iluminado por la luz el mediodía; pero lo único que se podían ver eran árboles.

Charlie puso papas y filetes en el ahumador. Después sacó unas manzanas y las corto en rebanadas antes de ponerlas en dos platos de madera, y cuando los filetes y la carne estuvieron listas, las sirvió en los platos y le dio uno a la chica antes de sentarse frente a ella junto con una botella llena de leche. Y en cuanto el plato tocó la mesa, la chica comenzó a devorar la comida con unos bocados gigantescos que dejaron a Charlie estupefacto.

Charlie se sentó junto a la mesa y empezó a comer mientras la veía sin dejar de sorprenderse por la velocidad a la que metía la comida en su boca y los largos tragos que le daba al vaso de leche. La chica dejó el plato vacío en menos de un minuto. Entonces Charlie le acercó el resto de la comida que había cocinado sin dejar de tener la mirada clavada en ella.

-Me llamo Charlie -dijo tratando de ignorar y olvidar los bocados de la muchacha.

La chica dejó de comer por un segundo y miró abajo con timidez.

-Clara -respondió en voz baja mientras se servía más comida-. ¿Dónde estoy?

-Te golpeaste con una rama en medio del bosque porque corrías muy rápido -le explicó-. Luego, te encontré y te traje a mi casa para curarte.

Charlie le señaló la venda que tenía amarrada a la cabeza. Clara se quedó callada y miró hacia la nada con un gesto de confusión en su rostro. Luego volvió la mirada a Charlie.

-Gracias -dijo con voz sincera.

-No hay de qué -respondió Charlie. Eso era todo lo que necesitaba escuchar.

Después de rellenar su plato y su vaso tres veces seguidas con comida y leche, Clara quedó satisfecha.

-¿Por qué estabas en el bosque? -le preguntó Charlie a la vez que tomaba el plato de ambos y lo comenzaba a lavar en el fregadero.

-Yo... no lo sé -respondió y luego quedó callada por un rato antes de volver a hablar-. Lo único que recuerdo...

Entonces se escuchó que tocaban la puerta de la entrada.

-Quédate aquí. No te muevas -le dijo al mismo tiempo que se levantaba y comenzaba a caminar hacia la puerta.

Cuando la abrió, vio a tres guardias. Dos tenían armaduras de hierro y el otro tenía un símbolo dorado en el centro del pecho; ese guardia era un comandante de un rango mucho mayor que los que tenía en ambos lados detrás de él; era un guardia real.

-Buenos días joven -dijo el guardia real con cortesía- ¿Es el único en casa?

-Sí -respondió-. Soy el único. ¿Qué se les ofrece? -preguntó tranquilamente.

-Hemos estado buscando a una chica.

Charlie sintió un escalofrío, pero permaneció indiferente.

-Es de cabello rubio, ojos azules y mide alrededor de 1.60. Es delgada. Viste una chaqueta blanca y unos jeans azul marino. ¿No la habrá visto?

-No me recuerda a nadie. Por aquí es muy solitario; casi no pasa nadie por estos rumbos, pero tal vez reconozca su nombre... ¿Cómo se llama?

-Clara -respondió-. Clara Meadow.

-Clara Meadow -repitió Charlie en voz baja tratando de recordar el nombre, el cual obviamente identificaba sin problemas-. No. Creo que no.

-¿Podría decirnos que hizo ayer en la noche? -preguntó amable y paciente.

-Desde luego. Si no estoy mal, estaba minando en la cueva de la araña negra para conseguir unos cuantos materiales que necesito para vender en el mercado. Creo que regresé antes de la media noche; no tenía ganas de toparme con ningún monstruo.

El guardia se quitó el casco y dijo:

-Discúlpenos por haberle quitado su tiempo.

-No se preocupe. ¿Por qué buscan a la chica? -preguntó Charlie con sincera curiosidad cruzando los brazos.

-Mató a una persona -respondió el guardia sin rodeos.

-Oh, vaya -respondió Charlie sin alterarse demasiado-. Entonces creo que seré más precavido.

El guardia asintió y volvió a ponerse el casco, el cual, había puesto debajo de su brazo desde que se lo quitó.

-Que pase un buen día -dijo al despedirse con una sonrisa de cortesía.

Charlie le devolvió la sonrisa con la más amistosa que tenía y agarró la puerta para cerrarla, pero antes de que los guardias se retiraran, se escuchó una voz femenina que venía de la cocina, preguntándole a Charlie por las personas que estaban en la entrada. El muchacho se quedó congelado.

-¿Quién es ella? -preguntó el guardia con una mirada penetrante y severa.

-Ella... es mi novia -replicó Charlie con otra sonrisa-. Son la guardia real amor -gritó Charlie hacia la cocina un poco ruborizado por hablarle de esa forma, pero cuando se volteó y miró al guardia otra vez, este tenía una mirada tan penetrante y seria como su voz.

-Usted dijo que era el único en la casa -dijo con una mano en la empuñadura de su espada.

A Charlie se le fue el aire, y todos quedaron callados por un instante; pero antes de que los guardias moviesen un sólo músculo, Charlie azotó la puerta lo más rápido que pudo y bloqueó la entrada con dos bloques de piedra. Acto seguido, corrió hacia la cocina a trompicones y sujetó la muñeca a Clara.

Charlie llevó a Clara escaleras abajo y cerro la puerta del sótano después de entrar en él.

-¿Qué sucede? ¿Adonde me llevas? -preguntó Clara con angustia, pero Charlie estaba demasiado nervioso como para contestar.

Charlie palpó las paredes del sótano, tanteando en la oscuridad, hasta encontrar un botón, el cual presionó en seguida. Una puerta secreta se abrió y ambos entraron corriendo por un pasillo hasta llegar a una especie de estación de vagones. Charlie sacó de un cofre muchos objetos diferentes, en especial comida y herramientas. Luego puso en las vías tres vagones: Dos vacíos y el que estaba hasta adelante llevaba un cofre dentro.

-Sube -le ordenó a Clara.

-No ¿Por qué? ¿Adónde...

-No hay tiempo para explicar, necesito que subas. Confía en mí -le suplicó con los ojos más sinceros que tenía.

Con algo de duda, Clara abordó la vagoneta justo antes de que Charlie se subiera en el que estaba frente a ella. Y después de acomodarse, presionó el botón que al instante los impulso hacia delante.

Iban por un túnel largo y que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Estaba iluminado por las tenues y vibrantes luces de los candiles. El túnel era lo suficientemente ancho como para no sentir claustrofobia, pero de igual forma el olor a encerrado provocaba ese efecto en ambos. Lo único que se oía eran las ruedas girando sobre las vías y el viento chocando contra sus rostros.

-te están persiguiendo -dijo Charlie después de tranquilizarse un poco.

-¿Quiénes? -preguntó seria.

-La guardia real.

-Pero... ¿Por qué?

Charlie no respondió por un rato, dejando en suspenso a Clara.

-Dicen que mataste a alguien -Le respondió antes de voltear a verla.

Se veía asustada, asombrada y confundida. Parecía una niña perdida en una gigantesca cueva.

-¿Recuerdas algo?

-No... Sólo recuerdo que corría por el bosque, pero ahora que mencionaste a la guardia real, creo que estaba escapando de ellos.

Charlie volvió a quedar en silencio. Probablemente estaba fingiendo su amnesia para salirse con la suya... Pero entonces ¿por qué la ayudaba a escapar? Charlie tenía el presentimiento de que los guardias no le habían contado todo.

-¿Por qué confías en mí? -le preguntó a Charlie después de unos minutos.

-Porque tú confiaste en mí cuando te pedí que subieras a la vagoneta, así que ahora te estoy devolviendo el favor.

Sorprendida por la respuesta, Clara volvió a guardar silencio. Se sintió agradecida de haber sido encontrada por Charlie. Si no fuese por él, seguramente estaría muerta en el bosque. Le debía su vida.

-Vamos al pantano Sugarlake -le confesó minutos después- Iremos a ver una vieja amiga mía.


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15. April 2019 21:05:42 0 Bericht Einbetten 3
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