Mercenarios Follow einer Story

chriscarrieri cristina peralta

Continuación de En el refugio de sus alas. Para Pilly y Hariel se presenta la oportunidad de recuperar lo que habían perdido. Aunque esta vez alas y espadas no serán suficientes. Su amor, que comenzó milenios atrás, será puesto a prueba en la vorágine de sucesos que han de desatarse en torno suyo. ¿Será acaso tan fuerte como creyeron? ¿Logrará esta vez separarlos este nuevo mal que los acecha?


Übernatürliches Klar Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#ángeles-y-demonios #Continuación #romance
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Capítulo uno

Nota de autor:

Aquí les dejo el primer capítulo de Mercenarios, continuación de En el refugio de sus alas. Ojalá les guste y me dejen algún comentario. Mil besos






El sonido de múltiples charlas femeninas llenaba su sala de estar. Su casa era pequeña, perfecta para dos. Tenía dos ambientes cálidos y confortables en planta baja y dos más en la alta. Sus paredes blancas exhibían cuadros de paisajes naturales y las repisas algún que otro adorno que le gustó en aquella feria a la que iba cada semana. También tenía un jardín al que cuidaba con esmero, y un gato que continuamente se extraviaba. Sí, era toda una ama de casa. Este último pensamiento la hizo suspirar.


—La de la luna es infalible—le dijo Debbie, su vecina de enfrente y al oírla Pilly se obligó a volver su atención a sus invitadas.


—... ¿Perdón?...


—La dieta de la luna—explicó ella—Perdí los cinco kilos que me dejó el embarazo de Dylan con ella. Deberías probarla.

Pilly se miró y luego la miró , ¿acaso le estaba diciendo gorda?


—No es que la necesites—agregó Debbie—pero, ya sabes...


No, Pilly no sabía. Y la verdad estaba más que arrepentida de haber convocado a medio barrio para aquella reunión. Sus temas: Recetas, dietas, niños, clases de esto y de aquello la tenían aburrida... en extremo.


Igualmente siguió sonriendo con amabilidad y metiendo bocados en cada conversación. Pasados unos minutos consultó su reloj. Le había costado lo suyo vivir dentro del tiempo humano después de haber habitado por siglos en las regiones celeste; allí, donde lugar y tiempo parecían confabulados para ser casi indistinguibles.


En fin, eran ya las cinco y treinta y Ziloe le había prometido estar a las cuatro, ¿dónde estaba metida ?¿o con quién?... No le costaba mucho imaginarlo.


La condena de Pilly: muerte por aburrimiento, fue suspendida en el último minuto cuando escuchó el timbre; solo faltaba una invitada.


Disculpándose, mientras se estiraba la falda que se la había enrollado en los muslos, ella caminó hacia la entrada. Lo primero que vio al abrir fue a Ziloe con una sonrisa apenada en el rostro y un tupper en la otra (de seguro conteniendo sus famosas masas rellenas de chocolate)


—Lo siento, tuve un pequeño retraso. Luego te cuento—le dijo excusándose.


—Está bien, estás disculpada, pero solo porque te necesito con desesperación—Terminó susurrando lo último—Unos minutos más y me dormía en la silla.


Ziloe le sonrió cómplice y luego entró. La vio dejar su chaqueta sobre el perchero y su muestra de gastronomía casera en la mesa.


—Chicas... ella es Ziloe, una vieja amiga—la presentó a sus vecinas; que habían sido convocadas por ella esa tarde para poder conocerlas mejor. Por ella, sí. Pilly no sabia en qué pensaba el día que se le ocurrió eso.


Todas la saludaron con una sonrisa y después las dos siguieron hacia la cocina.


—No sé porque haces esto, si siempre te terminas por hartar— le dijo Ziloe, mientras le ayudaba a cortar en porciones un par de tortas.


—Para encajar—le respondió con cierto fastidio—Debo aprender a vivir como la humana que soy ahora.


—Lo entiendo, pero creo que deberías relajarte y dejar de intentarlo... sucederá naturalmente.


En respuesta ella hizo una mueca de disgusto y su amiga solo se rió; después llevaron juntas los platos hasta la mesa.


Las visitantes elogiaron sus preparaciones, y luego la una la de la otra, antes de seguir conversando. Pilly y Ziloe se retiraron un poco; dos cafés, un platito variado de cosas dulces y en la punta de la lengua una pregunta.


—¿Y qué fue lo que te retrasó tanto?—le preguntó Pilly mientras bebía de su taza.


Ziloe se ruborizó antes de dirigirle una mirada traviesa, haciéndole suponer cual era la causa.


—Finniel—dijo y ella asintió—Creí que irían despacio.


—Y vamos despacio. Estamos conociéndonos de nuevo. Lento... muy lento.

—¿Y qué tanto se están conociendo?


—Mucho—le contestó arrastrando esa palabra para soltar luego una risita—Que te digo que llevábamos unos cinco horas de conocimiento mutuo.


Terminaron riéndose a carcajadas. Sin hacer caso a las miradas incómodas de las otras mujeres.


—Cielos, Ziloe. No sé como tardaste tanto en abrirle tu corazón, pero tan poco en abrir tus piernas.


Su amiga abrió la boca fingiendo escandalizarse con su comentario.


—¿Acaso viste lo bello que se ve Finn vestido de humano?... Me estoy volviendo a enamorar, no puedo evitarlo.


—Si, lo imagino. Aunque creo que te gusta más vestido de Adán—susurró ella y de nuevo las dos soltaron sonoras risas.


Aun se recuperaban cuando sin aviso previo Pilly lo vio pasar; saliendo del baño y dirigiéndose a la habitación que compartían en el primer piso.


Su bello esposo salia de bañarse con solo una toalla (minúscula cabe agregar) anudada a la cintura, el cabello húmedo y algunas gotas descendiendo por su amplio pecho y espalda.


¿Por qué rayos no usaba el baño de arriba?


—Lo siento, hagan de cuenta que no estoy—solo dijo y empezó a subir las escaleras, demasiado lento para su gusto.


Por lo visto las presentes hicieron caso omiso a su comentario pues ninguna hizo como que no estaba, sino qué, bien conscientes de su masculina y sensual presencia, lo siguieron con la vista hasta que traspasó la puerta.


Pilly entrecerró lo ojos con expresión asesina antes de murmurar.


—Odio que haga eso.


Ziloe se rió y no tardó en comentar.


—Oh vamos Pilly, Hariel húmedo y con solo una pequeña toalla ha sido lo más entretenido que ha tenido esta reunión.


Ella le dio un golpe suave en el brazo en ofendida respuesta y Ziloe solo se encogió de hombros divertida.


—No sé porque te quejas tanto. Deberías estar feliz de tener un esposo tan sexy—siguió ella, intentando, a su parecer, sacarla de sus casillas.


—Lo estoy, pero no voy a volver invitarlas a mi casa... ni a ti tampoco.


—¿A mi tampoco? ¡Soy tu mejor amiga!... Y si mal no recuerdo tú me lo quitaste—le recordó ella.


—¿Qué?... Tú lo abandonaste.


—Si, pero estábamos por volver cuando tú decidiste confesarle tus sentimientos—dijo Ziloe.


—No fue así, él me besó primero y luego terminamos teniendo sexo, o sea, él empezó—resumió.


—Claro, y tú muy obediente a tu comandante no pudiste decir que no—se burló.


Esa era la dinámica de su amistad, Ziloe decía eso solo para molestarla y demás, ya lo sabia, pero igual se enfadó.


—No te lo quite, yo lo conocí primero.


—Pero lo nuestro fue primero, y si me lo quitaste. Pero está bien, ya te he perdonado—concluyó sin mirarla y con una sonrisa victoriosa.


Pilly abrió la boca sin saber que decir o mejor dicho no queriendo decir ciertas palabritas que le danzaban en la boca.


—¿Perdonado?... Porque no perdonas esto—le dijo, haciéndole a la vez una señal con el dedo medio, nada decorosa en una dama, pero que reflejaba muy bien sus sentimientos.


—¡Pilly!—exclamó Ziloe entre divertida y escandalizada.

Pero no fue su voz, ni sus palabras la que la hicieron quedarse sin habla.

—¿Así que a las groserías también les has sumado gestos?

Levantó sus ojos para corroborar que era quien ella creía, y sí, lo era.

Parado frente a ellas, con sus majestuosas alas plateadas y sus ojos color avellana mirándola reprensivos como siempre, estaba el árcángel Uriel.


—Uriel—lo llamó en voz baja.


Ziloe, que como ella aun conservaba la capacidad de ver a los seres celestiales, abrió muy grandes los ojos.

Pilly podría decir que era porque "todos los días no se ve a un ángel" pero la verdad es que ella convivía a diario con uno.


—¡Cielos!—exclamó Ziloe y luego se puso en pie y caminó hasta donde estaban sus vecinas—Chicas, no creerán las flores que tiene Pilar en el jardín, ¿me acompañan a verlas?


Bien pensado, pues todas la siguieron hablando en el trayecto de sus propias plantas y jardines.

Pilly estaba intrigada. Observó por un segundo a Uriel sin poder creerse aun que estaba ahí, y pensando en porqué.


—¿Qué haces aquí? No te había vuelto a ver desde... Bueno, desde el día del juicio.

—Sí, casi un año. Si hubiera sabido que seguías con tus chabacanas costumbres hubiese venido antes—le dijo él sonriendo—Ahora en serio, necesito hablar con los dos, ha surgido algo, algo muy grave.


—Se les escapó Luzbell—dijo ella en medio de un suspiro—Sabia que lo haría tarde o temprano.


—No. Y como dirían por aquí, no llames al diablo. No, es otra la amenaza que enfrentamos. Una no tan cercana pero si muy real, y que se aproxima a paso lento pero seguro—le informó.


—Pero, no entiendo porque me dices esto—caviló Pilly—Nosotros ya no somos ángeles, ni caídos, ni nada, solo simples humanos.


—Ustedes dos son todo menos simples, Pilly-kabiel, por eso tenemos que hablar.


—Bien, despediré a mis invitadas y estaré contigo en un momento. Hariel esta arriba, ¿le aviso o lo haces tú?


—Oh no, déjame darle el susto... quiero decir, la sorpresa—sonrió antes de ir en busca de su esposo.




Unos minutos más tarde los tres estaban en la sala. Sus vecinas se habían marchado y Ziloe también, alegando tener que seguir redescubriendo su floreciente amor por Finn. Ni siquiera preguntó sobre la razón de esta visita angelical. Ziloe no quería meterse en más problemas, solo quería vivir y amar, eso saltaba a la vista.


—¿Quieres tomar algo Uriel ?—le ofreció ella—Sé que no lo necesitas, lo recuerdo, ¿pero quieres?


—Oh no, gracias. Solo que, ¿acaso tienes chocolates?—le preguntó y ella negó con la cabeza. Se le escapó una pequeña risa—Entonces no, estoy bien.


Pilly le sirvió un café a Hariel y se sentó a su lado para escuchar lo que Uriel tenía para decirles.


—Bueno, como le dije a Pilly-Kabiel...—comenzó.


—Pilar, Uriel, ahora soy Pilar.


—Oh, lo olvidé, tienes razón. Pero, espera a que termine y quizás, quieras volver a tu antiguo nombre—comentó, ladeando la cabeza en un gesto encantador.

Pilly frunció el ceño.


—Bien, como decía, el Padre me envió en su busca para que me acompañen en una misión de reconocimiento; inicialmente. No aquí, sino bastante lejos, tanto como en Saturno—anunció.


—¿Saturno?—dijo Hariel con cierto desconcierto.


—Si Hariel, Saturno, el de los anillos, uno de los planetas más grandes del Sistema Solar. Pues bien, hay alguien que ha encontrado algo que estuvo escondido desde el inicio de los tiempos, algo tan poderoso que podría dominar el universo entero y si se usa incorrectamente...también destruirlo por completo. Esto les ofrezco. Si me acompañan y obedecen, les será restituida su condición angelical y con ella su vida eterna. Ahora la pregunta es... ¿Quieren saber más?



7. März 2019 01:07:39 2 Bericht Einbetten 5
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XR Xoxo Ramos
Me gusta como empezó, ¡Interesante!
6. März 2019 20:20:02

  • cristina peralta cristina peralta
    Me alegra que te gustara el inicio. Ya publiqué dos capítulos más. Gracias por seguir ahí. 8. März 2019 11:38:34
~

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