LA TORMENTA DEL REINO Follow einer Story

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Todos sabemos que la vida nos ofrece un sin fin de buenos y malos momentos, pero hay partes en la vida de una persona que nos dejan marca para el resto de nuestra existencia. No importa de quien se trate, al final, duele.


Drama Alles öffentlich.

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Las despedidas siempre duelen...



Y ahí estaba él, un niño de diez años sentado a las orillas de la gran muralla perteneciente a su enorme castillo. Desde ahí, podía observar claramente los valles y montañas, ya que su fortaleza se encontraba en lo más alto de un árbol gigantesco que sobresalía por sobre todo lo demás. Una gran vista y un gran castillo dignos de un gran príncipe.


Todo era perfecto, hasta hace una semana, que sin razón aparente empezó una gran tormenta a lo largo del continente entero. Todo lo que veía y gobernaba, absolutamente todo tomó un color grisáceo que opacaba lo bello y majestuoso del panorama. Además, podía apreciar como sus fieles súbditos lloraban desconsoladamente en la aldea continua a su palacio.


El príncipe esta triste, y no sabe qué hacer. Probablemente nunca vio venir ni por un momento todo lo que el destino escogió para su vida, todo lo que el destino le quitó. Él, no lograba entender lo grave de la situación, bueno, en realidad ni siquiera quería entenderlo. Y créeme cuando te digo que nadie puede juzgarlo, después de todo, y aunque fuera un magnifico príncipe, no significa que no tuviese sentimientos.


El pequeño gobernante del castillo aún tiene una manera de salvar su reino, y así mismo; y la solución está justo en su mano derecha. Una magnifica jaula de oro adornada con preciosas joyas y refinados diamantes cuelga de entre los dedos de su majestad. En ella, se encuentra una hermosa ave que nadie más ha visto en su vida; su plumaje color turquesa y el suave tono magenta que sobresale de sus alas son desde lejos, uno de los mejores atributos que posee este bello ejemplar de la naturaleza, miento; ejemplar, de los mismos dioses.


Pese a todo lo que mencioné antes, lo más impresionante y único que separa a aquella ave del resto de fauna existente, es su capacidad de poder hablar. Si, aquella ave que descansa en esa jaula puede hablar perfectamente, y lo hace incluso desde mucho antes de que el pequeño príncipe ocupara el trono. Toda su vida, el ave ha dotado de conocimiento al niño, instruyéndolo para que algún día se convierta en el rey de no solo el continente, sino del mundo entero.


El soberano de todas esas tierras estaba muy encariñado con aquel pájaro, al cual amaba desde lo más profundo de su joven corazón. Pero era momento de dar un salto enorme; salto, que cambiaría su vida para siempre.


– ¿Sabes? No puedo quedarme para siempre – Dijo el ave con tono suave y amable.


– Lo sé – Respondió el príncipe – Pero al menos podías haberme avisado de tu partida, así quizás hubiera pensado en la mejor manera de lidiar con esta gran tormenta.


– Lo siento, sé que no es la mejor manera de hacerlo, pero enserio tengo que irme, y para ello necesito que abras esta jaula, para que pueda volar libremente por los cielos. Déjame ir, por favor…


– No puedo – Interrumpió el príncipe mientras volteaba hacia otra parte. Él sabía que la única manera de salvar su reino era el liberar al ave que mantenía presa dentro de aquella jaula, pero aún así se negaba a abrir la pequeña puerta.


– ¿Recuerdas aquel día cuando te enseñe a montar caballos? – Preguntó el ave, mientras soltaba una ligera sonrisa.


– ¡Por supuesto que sí, jamás olvidaría algo como eso! – Respondió el pequeño en tono alegre. – Me caí muchas veces, cierto, pero al final lo conseguí. Todo gracias ti.


– Te equivocas, - Mencionó el ave – Lo lograste porque practicaste todos los días, y nunca te rendiste. ¿Recuerdas cuando domaste al gran lobo de las montañas?


– Como si hubiera sido ayer. No fue tan difícil, ya que tú y el caballero negro me ayudaron a capturarlo y educarlo para que aprendiera a obedecerme. – Respondió el niño, mientras observaba a aquel lobo durmiendo plácidamente a lo lejos.


– Pues, una vez más, te equivocas – Repitió el ave – Puede que el caballero y yo te ayudásemos a capturar a esa bestia, pero fuiste tú y solo tú el que se encargó de domesticarla, fuiste el único que permaneció a su lado día y noche, hasta que dejó de ser una amenaza. El punto es, ¡Oh! majestad, que todo lo que has logrado y aprendido, ha sido meramente por tu propio esfuerzo. Has hecho muchas cosas, y puedes hacer aun más. Puedes estar seguro de que no me necesitarás de ahora en adelante, ya que puedes hacer muchas cosas solo y…


– ¡¿Cómo puedes decir eso?! – gritó como respuesta a lo que el ave decía, mientras de sus mejillas corrían un par de ríos llenos de lágrimas. – ¡No importa cuando tiempo pase, o todo lo que suceda, aun así, te necesito y siempre lo haré!


– Entonces ¿Piensas mantenerme encerrada para siempre? – Preguntó el ave mientras soltaba una pequeña lagrima. El ave no soportaba ver al niño llorar, y sufría enormemente por dentro.


– ¡Claro que no! Pero, no me imagino una vida sin ti, sin tu apoyo y tus consejos – Respondió el príncipe mientras bajaba la cabeza para intentar cubrir su llanto. Pero también recordó, en cuestión de un segundo, todo aquello que debía proteger, y cuidar. Todo por lo que luchó y a todos sus súbditos que prácticamente eran su familia. Si no la liberaba, su reino perecería por el resto de sus días. ¿Era esta la vida que él deseaba para él y los suyos? ¿Podría sobrevivir un reino sin rey? Claro que no. Él sabía que era incorrecto el abandonarlos a todos solo por un deseo egoísta, así que, con un vacío enorme en el estómago, preguntó:


– ¿Si te libero, prometes que la tormenta que azota mi reino, y el dolor se irán? ¿Prometes que podré vivir sin tu ayuda? ¿Prometes, que nunca me olvidarás?


– Lo prometo. – Respondió el ave – Será difícil al principio, pero te prometo que todo se compondrá, y aunque las cosas no sean como antes, tu reino y tú podrán ser felices de nuevo, solo necesitas dejarme ir.


Llorando, y con un gran dolor dentro de su alma, el dulce crío, con las manos temblorosas y llorando a cántaros, abrió lentamente la jaula, permitiendo al ave extender sus alas y así, surcar por los cielos, aunque el ave dejaba caer algunas lágrimas en su camino.


Después de un momento, el cielo comenzó a despejarse, y un gran eco retumbaba alrededor de todo el reino que decía: “Adiós, mi pequeño príncipe”.


Y el niño, con una leve sonrisa mientras abrazaba la jaula, con un gran sentimiento de soledad, mirando al cielo y con lagrimas en los ojos, respondió:


– Adiós… Mamá.




No importa el tipo, las despedidas siempre duelen. Si has pasado por una pérdida recientemente, o el remordimiento del pasado aún pesa sobre tu espalda, mi más sentido pésame. Y recuerda; la vida es mucho más que dolor y sufrimiento. La vida, sigue aún después de la peor de las tormentas. Animo.

12. Februar 2019 03:20:43 0 Bericht Einbetten 0
Das Ende

Über den Autor

Atlas Angeles Leo desde que tengo memoria. No tengo mucha experiencia escribiendo, pero mi objetivo es promover el consumo de la literatura en general, ya sea por medio de la lectura u otros medio digitales como el Podcasting. Poseo un canal en Youtube, "AatlasS Universe - Horror Stories", donde subo mis escritos en forma de audio.

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