Libro 1: Memorias del gitano Albert Cathal (8) Follow einer Story

caelgitanoblanco Carlos Alberto (ElGitanoBlanco)

"El robo de las llaves mágicas". Acaba de ocurrir una gran tragedia en el bosque de Piim-Asud, por lo que el patriarca gitano del bosque de Güíldnah, se tendrá que aventurar a surcar una gran territorio desconocido del mar de Loefr. Lo acompañarán amigos al por mayor y parte de su gente. Una aventura épica que pondrá a prueba la fe del zíngaro supremo. Octava narración del "Libro 1: Memorias del gitano Albert Cathal".


Fantasy Mittelalter Alles öffentlich.

#viaje #magia #guerra #lobo #dragón #roc #barcos #troll #erinia #ejercitos
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CAPÍTULO I

EL ROBO DE LAS LLAVES MÁGICAS


Lo siguiente, aconteció cinco meses después del nombramiento de Sir Philippe.

El gitano mayor acaba de visitar a unos cuantos de los suyos, en el bosque de Frorl, que se extiende detrás del reino del Sur.

A diferencia de sus semejantes en Güíldnah, las viviendas de los romaníes del Sur son carromatos.

Ahora, va en camino de regreso a su campamento, montado en su corcel rojizo, manteniendo un paso calmado.

El sol indica que es de madrugada tardía.

Aparte de su indumentaria acostumbrada, viste una larga capa con capucha negra, ocultando su imagen de gitano; tiene que hacerlo, para evitar a los soldados del reino cercano; y de paso, no escuchar los susurros de los pueblerinos, cuando lo ven pasar.

En medio de la arboleda de Frorl, un gavilán se le acerca.

El ave de pecho blanco y rayado, se encuentra alterado; respira muy rápido y no puede hablar bien.

―¡Gi… gi… giteno ma… ma… meyor! ¡Ha… ha… ayuda por favor!

―¡Tranquilízate ave! ―Le dice el líder romaní, descubriendo su cabeza―. ¡Tranquilo!

Reposando en el hombro del gitano, el mensajero trata de no enterrar profundamente sus filosas uñas, en la piel de su amigo.

—Primero empieza a respirar profundamente. —Lo calma el zíngaro, volteando a verlo—. Así me podrás decir el recado urgente.

Dando respiraciones calmadas, el mensajero alado puede dar la noticia.

―Todo el… bosque Pi-Ud… solicita su presencia… ¡Es una emergencia descomunal! ―exclama alarmado el gavilán.

―¡¿Ya les avisaste a los “Guerreros del Este”?!

―No... No lo he hecho… Me ordenaron… que lo buscara a usted.

―Si la emergencia es tan grande, voy a necesitar de su ayuda. ―Le explica él, acomodándose la capucha, para que le cubra la cara―; ve rápido con ellos. Nos encontraremos en el bosque

Cumpliendo la orden, el ave emprende el vuelo en un santiamén.

Con una orden fuerte, dada con las riendas y un grito de “¡Arre!” por parte de su jinete, el caballo purasangre empieza la carrera. En poco tiempo, sale del bosque Frorl, tomando uno de los tantos caminos de tierra hechos por el hombre. Tiene que eludir a uno que otro transeúnte o carreta, en medio del trayecto.

Se dirige al Estenordeste, saliéndose del camino principal; en esa dirección, no hay caminos de tierra y hay menos campesinos. Las carreteras rusticas que llevaban al reino del Este, se han borrado con el tiempo. Una pradera café claro, ha reclamado el extinto gobierno.

Divisando el punto de referencia (una cabaña de piedra abandonada y a punto de desplomarse), el gitano mayor le ordena a su caballo doblar al Norte.

El zíngaro sabe dónde está y adonde ir, con ayuda de una brújula de bolsillo, que el hechicero Bárem le ha regalado, tres meses atrás.

En medio del camino se encuentra con una parte de un bosque. Decide seguir de frente; no hay que preocuparse de los pocos árboles que le estorban.

Sin ninguna vacilación, el corcel se adentra en el segmento de mar verde en frente de ellos. Evita sin ningún problema, todos los obstáculos emergentes: troncos caídos, árboles o rocas. Caballo y jinete, atraviesan la arboleda en unos cuantos segundos.

Pocos minutos después, el gitano mayor gira su cabeza a la derecha, observando la antigua ciudad del Este, junto con su castillo al fondo.

Súbitamente, mientras que observa el desértico cuadro, dos caballos a galope se le acercan por la izquierda.

―¡Gitano mayor! ―saluda Sir Ahren sobre su caballo blanco―. ¡¿Disfrutando del paisaje?!

―¡Nunca me ha gustado la panorámica de la región! ―comenta Sir Terrence, montado en un caballo negro―. ¡Mucho gusto, colega romaní!

―¡Camaradas! ¡¿Dónde se encontraron al ave?! ¡Pensaba que se encontraban en su cuartel improvisado, en medio de Od-Saikr!

―¡Estábamos de visita con unos campesinos del reino del Sur! ¡El ave nos descubrió desde los cielos, justamente cuando nos despedíamos! ¡Se quedó tomando aire en un árbol cercano! ¡¿Alguna idea de cuál puede ser la emergencia?! ―pregunta Sir Ahren

―¡Ninguna! ¡Al parecer es bastante serio!

―¡Entonces apresurémonos! ―expresa Sir Terrence.

Tomándoles varios minutos de cabalgata, los tres personajes se aproximan a su destino.

Entre tanto, un mar de hadas se mantiene vigilante en la orilla de Piim-Asud. Al avistar a los héroes acercarse, todas se regresan al interior de la arboleda.

Sin disminuir la velocidad, los tres jinetes se adentran en el bosque, hasta llegar a un par de metros atrás del claro real. Ya no pueden avanzar más, debido a que ya no hay lugar para moverse; así que bajan de sus corceles, los amarran en distintos árboles y se apresuran a llegar con los reyes de Pi-Ud.

Todos los habitantes feéricos y animales parlantes, se encuentran reunidos en el mismo claro. Hay mucho ruido: gritos, pláticas en voz alta y llantos de tristeza.

Los tres héroes, van pidiendo permiso para acercarse a la reina; tienen que caminar con cuidado para evitar pisar colas, patas o a los diminutos duendes o a las hadas terrestres.

Alrededor de uno de los tronos de ramas, se encuentran los reyes menores y la familia de hechiceros.

―¡Hemos llegado! ―grita el gitano mayor, abriéndose paso entre los habitantes.

Los dirigentes y hechiceros del bosque, voltean a verlo.

―¡Qué alivio! ―exclama la reina hada.

El rey duende, Bárem y Sibisse serenan a los habitantes.

―¡Cálmense todos! ―gritan con todas sus fuerzas―. ¡Silencio, por favor! ¡El gitano mayor ha llegado!, ¡denle espacio para caminar!

Todos se hacen a un lado, dando el camino libre a los tres líderes.

―¡¿Qué calamidad acaba de ocurrir?! ―pregunta Sir Ahren preocupado.

―Una historia terrible ―contesta Sibisse.

El gitano mayor se acerca con la reina ninfa. Ella se encuentra sentada en su trono; las lágrimas no paran de correr por su cara.

―Su alteza, ¿qué ocurrió? ―inquiere él, hincándose a su lado.

―Le acaban de robar las llaves mágicas a mi esposo ―dice ella pesarosamente.

―¡¿Cómo es posible eso?! ―exclama Sir Terrence, acercándosele.

―¿Dónde está Kírill? ―indaga el jefe gitano.

―Se encuentra con nuestra hija, de paseo por el bosque. Ahora él tiene quince años y no puede cambiar de edad.

―¿Puede narrarnos, que pasó exactamente? ―pregunta el capitán segundo de los guerreros del Este.

―Los hechos ocurrieron en la mañana ―empieza a relatar la ninfa con tristeza―; fue durante la acostumbrada revisión a todo el reino. Mi esposo y yo habíamos llegado a la mitad del bosque. Estábamos visitando a las comadrejas; cuando repentinamente, dos cuervos nos empezaron a molestar.

―¿Cuervos? ―pregunta el líder romaní.

―No eran cuervos comunes y corrientes.

»Primero los tratamos de alejar cortésmente; al no hacernos caso, decidimos atacarlos con magia. Mi esposo trató de inmovilizarlos; mientras que yo, les ordené a un par de árboles que los atraparan con sus ramas. Pensé que eso sería más que suficiente… ―La reina hace una breve pausa―, de un momento a otro se convirtieron en polvo negro viviente, rodearon el cuello de mi esposo, arrebatándole las dos llaves y elevándose en el aire; todo pasó en solamente un par de segundos.

»Al instante, mi amado se convirtió en un muchacho de quince años.

»Traté de detener la nube negra controlando el viento, cuando el polvo tomó la forma de un cuervo más grande, ganándole a mis poderes.

»Lo seguí hasta la orilla del bosque; viendo cómo se alejaba, sin poder hacer nada para impedirlo. —Terminando de relatar lo sucedido, la reina baja la mirada, cerrando los ojos.

El gitano se dirige a los hechiceros del bosque, atrás de él.

—¿Ya le avisaron a Kéilan?

―Hace poco le mandamos un mensaje. Un pato se ofreció para llevárselo ―responde Ixus.

―¿Vio en qué dirección se fue el cuervo, su majestad? ―pregunta Sir Ahren.

La reina abre los ojos, mirándolo a la cara.

—Sí, sí me di cuenta.

La reina se levanta de su trono y se dirige hacia la orilla del bosque con el mar.

―Hacia allá ―dice ella mientras señala el horizonte.

El gitano mayor saca su brújula y revisa la dirección señalada.

―¡Noroeste! ―exclama Bárem, quien ha estado espiando el instrumento del romaní, por sobre su hombro.

―Bien ―dice el gitano mayor―, ahora solo hay que planear como atravesar el mar.

―El rey tritón ―manifiesta Sir Terrence―, ¿por qué no se ha presentado?

―Se encuentra ocupado, preparándose para el ataque del tiburón blanco. ―Le informa la reina hada Neri―; hace siete meses que juró atacar la ciudad con un gran ejército. No quiere bajar la guardia.

―¿Ibas a sugerir, que nos convirtiera en tritones a nosotros y a nuestros soldados? ―pregunta el gitano mayor.

―Es una posibilidad, ¿no?

―Se requiere más que la magia de los reyes del mar, para tal hazaña. ―Luego se voltea con la reina ninfa―. ¿Usted cree que nos pueda ayudar?

―Necesitaría la magia de mi esposo. Lo siento, no puedo ―responde la monarca con tristeza.

―Entonces no hay otra manera ―menciona el gitano mayor viendo al horizonte―. ¡Hay que construir un barco!

―¿No sería más conveniente conseguir uno ya construido? ―pregunta Sir Ahren.

―Ni tu ni yo tenemos dinero para comprar uno ―afirma el patriarca zíngaro―; si quieres insinuar que robemos uno, yo no quiero cometer tal acto deshonesto, ni se lo voy a pedir a mi gente que lo haga.

―¿Qué hay de tu fortuna? ―inquiere Sir Terrence.

―Tampoco quiero gastar en algo tan caro, y que solo utilizaré en esta ocasión ―antepone el gitano mayor―. La situación es grave, lo sé; pero hacer tal gasto, me parece un derroche.

―¡Por favor! ¡¿Quién sabe cómo construir un barco?! ―inquiere Sir Terrence un poco molesto.

―¡Yo sé! ―exclama Bárem desde atrás.

Todos voltean a verlo.

»Es una barcaza alargada ―explica él haciendo memoria―; tengo un libro, donde viene explicado de manera simple y detallada, los pasos que hay que seguir para construirla.

―¡Es una excelente noticia! ―asevera el gitano mayor―. ¡Tenemos obreros de sobra! ―Ahora se dirige con Sir Ahren―. ¡Ve a traer a tu gente! ¡Que ninguno traiga armadura; con sus ropas de tela estará perfecto!, ¡que traigan todas las hachas que puedan!

―¡Mientras tanto iré a buscar ese libro! ―comenta Bárem, regresando corriendo a su cabaña.

―Yo avisaré a mi gente ―dice el gitano mayor.

―Mientras tanto, ¿los demás qué hacemos? ―pregunta Sir Terrence.

―Faltarán materias primas y herramientas ―opina Sir Ahren―, ¿qué haremos con ese problema?

―Solo espera a Kéilan para resolver el detalle. Ve por tus soldados. ―Le explica el jefe romaní, luego se dirige a los demás―. Mientras regresamos, investiguen junto con Bárem, cómo se construyen esos navíos.

Presurosos sobre sus caballos, el capitán primero y el gitano líder, van al encuentro de sus respectivas compañías.

31. Januar 2019 04:27:01 0 Bericht Einbetten 4
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