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Nagaz TD


"Este mundo está roto. Siempre creímos que éramos los dueños del suelo que pisábamos y nunca barajamos la posibilidad de rendirnos a los pies de otra especie. Fallo nuestro. Ahora paguemos las consecuencias con sangre." En un mundo fragmentado por la magia, donde los humanos han sido expulsados del suelo que siempre han creído que les pertenecía en su inmensidad pero que nunca supieron custodiar correctamente, y donde han sido condenados a vivir entre las entrañas del mismo: bajo tierra, una conexión debida a una mera mujer surgirá silenciosamente para convertirse en la explosión que todos oirán.


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#dragon #magia #fantasía #aventura #magos #217 #épica
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CAPÍTULO I •《 Supervivencia 》


El frío envolviendo su piel, la última nombrada en comienzos de mudar a una tonalidad azul poco saludable, los grados bajo cero como el desencadenante... Allá donde se encontraba, no se contemplaba absolutamente nada, una larga e interminable extensión de una gruesa capa de nieve pura y unas rocas titánicas eran la única excepción siempre y cuando no llegaran sus tambaleantes y lentas pisadas y su desenfrenada sangre abatiendo esa perfección nívea. Y, a pesar de la falta de escondites a su alrededor, estaba profundamente encubierto por la soledad; el lugar era demasiado remoto, lo suficiente para sentirse un difunto en la sociedad.


Ningunos ojos serían testigos si moría ese día; moriría en soledad y roído por los animales desesperados y ansiados de cualquier mísera fuente de alimentación ante el temor a la muerte consecuente de las condiciones del duro invierno. Ocultado su cadáver entre capas de nieve, o más bien las sobras de la cena del o de los carroñeros. Su nombre prevalecería corrompido en el tiempo, sin haber logrado ser limpiado, pues su aventura había encontrado la muerte prontamente. Sin embargo, era sabido ya, después del suficiente tiempo, que mucho hacía falta para enterrar a ese hombre.


No obstante, nadie partícipe de sus movimientos podría decir lo mismo, pues a cada paso, dejaba caer su peso cuál moribundo; estaba agotado y su paso descentrado no dejaba otra impresión sobre él.


Punzante contra su cuerpo el viento chocaba. Sus ropas, por muy gruesas que fueran, no conseguían cubrir su piel al completo. Allí el viento se colaba también por la camiseta que estaba rajada por su abdomen, donde habían hundido ese cuchillo, el cual ahora era suyo y donde la sangre se acumulaba fríamente con lentitud, aún sin pesar de la presión que ejercía sobre la herida constantemente con la esperanza de detener la hemorragia.


Buscaba entre el sedentario paisaje algún techo y unas paredes donde refugiarse para descansar y prestar así la atención necesaria a la herida que se estaba llevando su vida, no obstante, sus esperanzas comenzaban a limitarse; ahora caminaba, a pesar de que no creyera (o más bien no quería creer) en un destino refugiado del dolor y de la muerte, porque consolarse en la esperanza nunca le sería confortable y siempre hablaría de la cobardía del que lo hiciera.


De un momento para otro, el dolor arremetió contra su cuerpo violentamente, dejándole sin respiración. Su rostro se arrugó en una expresión de tormento y se dobló en sí mismo intentando agarrar ese molestia con su mano, hundiéndola sobre la herida de tal manera que la sangre comenzó a gotear de su brazo. Se dejó caer en la fría nieve sin poder contenerse de pie. El dolor era tan intenso como insufrible, una agonía insoportable hasta para un hombre como él. Sin embargo, resultaba bastante obvio que no iba a dejarse ganar en esa batalla cuando tan lejos había llegado, y por eso, sin tiempo de razonar y con la ira de la impotencia ardiendo en las venas, tomó nieve entre su puño y la llevó contra su herida, recibiendo con mala cara el brusco y repentino contacto de la helada sustancia, la cual no tardó en teñirse de rojo.


Tomó aire, llenó sus pulmones nada más notó la multiplicada agonía que sentía en su abdomen para intentar contenerla. Buscaba una reacción analgésica y que disminuyera su hemorragia cuanto fuera posible, no sabía qué tan eficaz pudiera ser aquello, pero en ese instante no tenía miedo a creer en cualquier posibilidad que se le ofreciera frente a sus ojos de sobrevivir.


En algún momento, al cabo de segundos, se acostumbró a la sensación de ardor, aunque no pudo hacerle simplemente caso omiso pues era demasiado notoria. El aire fue soltado por la boca, pero su respiración fue pausada e intensa, denotando el cansancio de su cuerpo. En qué momento había llegado a circunstancias tan cruciales y delicadas, se preguntaba, y en qué momento se volvió la luz del día una nueva prisión para él. Estaba bastante confundido, no se había parado a pensar aún en lo que había pasado porque estaba muy centrado en conservar y asegurar su futuro, y de hecho no era momento de pensar ahora en ello ya que aún no había conseguido ese objetivo, pararse a pensar ahora solo era rendirse.


Alzó su mirada hacia el cielo. Se oía el soplido del viento, que no era del todo violento ese día. Las nubes estaban bajas, rozaban tanto el horizonte que podía ver a la lejanía las enormes rocas que se alzaban a sus dos lados dirigiéndole en ese camino que creaban con naturalidad. El color del cielo nunca había destacado tanto a la comparación de un paisaje tan insípido e incoloro como el que está decorado del manto blanco de la naturaleza más gélida, y entonces pudo apreciar la preciosidad de su color a través de las nubes. Parecía que solo existiera ese lugar, que si intentaba rozar el horizonte en cualquiera de su extensión, caería por un precipicio infinito, o que volvería al mismo lugar una y otra vez. Parecía simplemente mágico.


Tanta paz rodeándolo mientras él estaba librando ese combate contra su sufrimiento era irónico. Ese escenario no encajaba con las sensaciones vividas en aquel instante, pero sí conseguían compensarlas, calmándolas. "Un lugar perfecto para morir... si es que fuera a morir hoy." Pensó sin mucho debate, ganaba la esperanza, la valentía y, sobre todo, el orgullo aún.


Suspiró. Trató al instante de levantarse; si seguía gastando el tiempo así acabaría atrapando la noche en su infinidad e incertidumbre y en plena soledad a la vez que débil ante cualquier peligro, entonces sí que no tendría oportunidades de supervivencia.


El dolor le dificultó su movilidad y antes de que consiguiera levantarse al completo, en su espalda un sonido consiguió su atención por su repentina y brusca aparición. El sonido del aire siendo cortado a velocidades de las que no podría hacerse idea comenzaba a ser más grave progresivamente. Llevando su mirada por encima de su hombro, consiguió captar una criatura voladora en la lejanía, desplazándose extraordinariamente rápida en su dirección.


Extrañamente, ese ser que se sostenía en el aire, no tenía alas. Tenía la forma de una serpiente y se movía como la dicha. A decir verdad, el no haberse encontrado antes con seres como aquel que se presentaba frente a sus propios ojos engullidos por, podríamos valorarlo, miedo había sido una suerte. No obstante, aún habiendo prevenido su encuentro con depredadores inimaginables, quedó completamente paralizado mientras la bestia, de colosales dimensiones, se acercaba junto al sonido de su vuelo fortalecido más y más por la cercanía hasta llegar a ser insoportable.


No presentó reacción ninguna hasta que esta misma criatura abrió su boca para emitir un violento sonido y vio esos afilados dientes siendo mostrados con ferocidad a tan solo unos diez metros de él. Solo en ese momento llevó su brazo enfrente de su cara para cubrirla, giró su rostro a un lado y llevó su mano al cuchillo que guardaba entre sus ropajes para posicionarlo en una forma defensiva rápida y espontánea, señalando al frente con dicho cuchillo en señal de protección y poniéndolo delante de su rostro como su alterno brazo, dándose cuenta de que ciertamente se dirigía a él con esa depredación.


Paralizado en su nueva postura se quedó por segundos. Un viento dócil acompañado de nieve balanceó sus cabellos y ropajes por un momento, como si se hubiera detenido en seco. Un silencio abrumador tomó la escena. Absolutamente no se oía nada. La única presencia sonora era su respiración propia, pero no había rastro de la del animal, que de haber estado, debería incluso chocar bruscamente contra él. Todo pintaba a que se había marchado, a que le había ignorado, pero al quitar los brazos no se encontró en soledad, sino que se topó con la imagen de una niña... o más bien, de una joven mujer. Miró a su alrededor con calma, buscando a la serpiente, pero ni rastro por ninguna parte. Se llegó a cuestionar si la criatura se había transformado en la joven que tenía frente a sus ojos, desapareciendo en la nada. Sonaba imposible, pero ese lugar dejaba muy pocos límites a su imaginación.


Volvió a mirarla. Mirada seca, inexpresiva, ¿o quizás seria? No sabía qué decir acerca de las posibles emociones, sensaciones o pensamientos que podría tener, no le dejaba ninguna pista en su expresión, resultaban un enigma. Además, únicamente se había limitado a estar parada delante suyo, mirándole fijamente, pero sin escrutarlo, al contrario de como era de esperarse ante el encuentro con un desconocido, solo sus ojos, los de él, eran el blanco de toda su atención y, por alguna razón, eso le resultó bastante extraño. En ella, en su persona, se respiraba algo fuera de lo normal.


— ¿Quién eres? —preguntó, de pronto y después de unos largos minutos de compartir miradas, para sorpresa de él, que no esperaba que diera el paso para cerrar las incógnitas de la situación, y aún así, como era sí de esperar, ella permaneció en su insipidez.


Alzó las cejas en modo de incredulidad. Por un momento, dejó atrás los ojos claros que le observaban para bajar la mirada a la nieve y respirar hondo mientras frotaba con su mano su punzante barba. Cuando se dispuso a hablar, volvió a alzarla, esta vez con el ceño fruncido— Creo que lo mínimo que podrías hacer ahora mismo es comenzar tú con las presentaciones ya que has sido tú quien ha aparecido de la nada. —aconsejó con cierta docilidad, pero sin búsqueda de hacerse ver inofensivo. Sin embargo, él se veía obligado a estar alerta, por eso acariciaba con su pulgar la empuñadura de su cuchillo, el cual aguardaba bajo la gruesa capa de su abrigo: para no olvidarse de que estaba allí y que debía utilizarlo ante cualquier movimiento extraño, pues no podía fiarse de un habitante de semejantes terrenos mágicos que había aparecido de la nada, como traída del viento; y mucho menos en sus condiciones, las cuales resultaban evidentes para cualquiera debido a la nieve teñida de sangre bajo sus pies, por mucho que ella no aparentara haber desviado su atención en ella.


Permaneció en su postura: arrodillado, pero con un pie sobre la nieve para poder mantener su brazo sobre su rodilla y, con ello, todo su peso, mientras con su abrigo pretendía tapar todo su cuerpo y hacer menos notoria la gravedad de su herida. Aparentar más débil o inofensivo era lo último que quería.


Ella, como reacción instantánea, frunció su ceño, sin embargo, su mirada pretendía hablar de seriedad e incluso enfado— ¿Por qué debería? Está claro que el forastero aquí eres tú. Además, no creo que te convenga hablarme con esa autoridad teniendo en cuenta lo que aguardas bajo tu capa.


La complexión de ella contrastaba bastante mal con la amenaza teniendo en cuenta su poco más de metro y medio de altura. Sin embargo, los fanales ajenos le advertían que tuviera cuidado de donde pisaba, puede que fuera un ser más reciente en el mundo, pero no por ello más inocente o estúpido. Él, por ello, decidió tomarse la situación con más seriedad.


— Vaya... (Qué lista...) —murmuró amohinado sin deseos de que llegara a los oídos ajenos, pero siéndole indiferente si ocurriera de manera contraria— ¿Qué más da quien sea? Aquí mi nombre vale bastante poco. —se dirigió a ella con tenacidad y sin atisbo de duda, con impaciencia bastante notoria. No buscaba conversar, iba a ir directo a su objetivo principal, pues había perdido el suficiente tiempo ya como para encontrarse desesperado por terminar lo que había empezado— Estoy buscando a una persona.


No obtuvo respuesta.


Puso los ojos en blanco.


Supuso que estaba esperando más información.


— Su nombre es Adhara.


Algo, al escuchar el nombre, pareció cambiar instantáneamente en ella. Notó cómo sus ojos entrecerrados, casi airados, se plegaban inconscientemente en forma de sorpresa por un momento, matando la expresión de enojo al instante. Cómo sus músculos se tensaron y se mostró completamente extrañada y confundida, observándole con dos impresionantes luceros azules que parecían brillar en humedad. Vio, a través de su propia confusión, cómo intentó disimular su aspaviento al salir de su asombro, mirando nerviosamente a su alrededor. Verla hizo que se arrepintiera de preguntar. La mirada de ella se incrustó sobre la de él, quien no podía mostrarse más estupefacto, y formuló las palabras que hubiera nunca deseado oír.


— Está muerta.


No podía ser verdad. Su máximo objetivo reducido a cenizas. Ella, muerta, enterrada. ¡Imágenes demasiado ajenas a la realidad! Fue como una bofetada; el vacío que azotó su pecho fue hasta doloroso. No podía creer que hubiera llegado tan lejos y que hubiera esperado tanto tiempo para encontrarse con su más dolorosa pérdida. Debía ser un delirio de la falta de sangre o un escrupuloso sueño, pero no, porque el dolor, aunque hubiera pasado a un segundo plano, era demasiado real. Envolvió su rostro en sus manos, encogido de dolor y tristeza, sin querer creerlo.


— No puede ser... —murmuró sin fuerzas. Buscarla en semejante recóndito lugar le había robado todas sus fuerzas.


Ella silenciosamente pretendió marcharse de la escena, se le notaba afligida por los sentimientos ajenos pero no lo suficiente para sentir compasión y ofrecer ayuda por eso decidió marcharse, sin embargo, cuando pasó por al lado del hombre, él tomó su brazo con su mano, reteniéndola en el lugar.


— Ayúdame... No creo que en este estado pueda servir de nada más que de alimento. No voy a poder sobrevivir si osas abandonarme a mi suerte y... y aún debo arreglar algo... —le miró con súplica, porque poco orgullo le quedaba ahora que su vida estaba en juego— Sólo ruego de su compasión hasta que cure mi herida, nada más.


Ella rodó los ojos y miró al frente suyo, intentando no darle mera importancia a sus súplicas y resultando lo más fría posible con el tema. Se zafó del agarre, que había manchado su muñeca de sangre excesivamente, y pretendió volver a tomar su camino. No obstante, obviamente, él volvió a retenerle. Esta vez en su rostro había seriedad, una muestra de lo importante que resultaba para él salir de allí con vida para poder recomponer lo que afirmaba haber roto. Tan implacable fue su mirada que consiguió impactar a su espectadora.


— Por favor.


Cansada e impacientada, respondió:


— ¿Por qué debería?


El fuego de sus ojos ardió en llamas desenfrenadas— Por Adhara, veo que la conoces y eso debería unirnos. Estoy haciendo todo esto por ella porque he querido verla cada día de mi vida desde antes de que nacieras. —el tono de su voz fue intensificándose a cada palabra que decía mientras que jugaba demasiado con la incertidumbre que le costaría la vida. Ella alzó la barbilla y le miró insegura, sin saber qué hacer, pero habiendo captado el sentimiento que causó una gran duda en su interior, por no decir que ese nombre parecía ser un factor débil para ella.


Suspiró.


— ¿Y cuál es tu nombre? —preguntó con ciertas sospechas.


— Miles.


Asintió.


No hizo falta más para su convicción.

14. Januar 2019 22:06:55 3 Bericht Einbetten 3
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NT Nagaz TD
¡Gracias a ambos, jolines! La verdad es que vuestros comentarios me han animado bastante a seguir con la novela y me han alegrado muchísimo, de verdad. Sabía desde un principio que la pesadez de las descripciones iba a ser un punto a destacar, jaja, pero bueno, que son cosas que hay que pulir. Lo que sí que me ha extrañado ha sido lo de los pequeños errores porque he leído este capítulo demasiadas veces. Cosas que pasan (?) De verdad, me ha alegrado mucho ver vuestros comentarios. ¡Muchísimos besos!
23. Januar 2019 15:49:55
Luis Rafael Luis Rafael
Hola, me animo a dejarte mi opinión porque, como escritor, sé que eso nos enriquece. Como dijo la compañera del comentario anterior, es cierto que tienes una escritura muy buena, gusta y, a pesar de los pequeños errores, se pasan por alto mientras se leen. Queda de tu parte releer y corregirlos. Tuve un problema, y es el hecho de que en momentos se me hizo fatigante el leer, mientras leía quería llegar a lo que iba a suceder, pero me sentí dando vueltas en la lectura. No digo que esté mal, tan solo fue la sensación que experimenté al leer las líneas. Tienes talento, estoy seguro que escribiendo y escribiendo vas a mejorar en demasía. Y bueno, antes de publicar, lee tus trabajos sin importar las veces que lo veas necesario. Saludos. :)
22. Januar 2019 12:06:18
Daiana Monsalvo Daiana Monsalvo
Hola! Aquí me reporto cumpliendo mi promesa de ofrecer una crítica constructiva, o en mi caso un intento de crítica... No soy experta, te aviso. Primero que nada, déjame felicitarte por tu primera historia, es gran paso. ¡Ahora si! Vamos a lo importante. jaja Tienes una forma de escribir muy buena; tu prosa es prolija y detallada, no he encontrado muchos errores, uno o dos tal vez pero se pueden pasar por alto en la lectura si no prestas mucha atención, no te preocupes. En cuanto a la narración del capítulo se me hizo un poquitin largo, principalmente las descripciones generales. Como consejo podrías acortar estas aunque sea 1/3 o dividir el capítulo en dos, por ejemplo: cuando aparece la criatura que intenta atacar al protagonista podrías cortar ahí y dejarnos con la intriga, de esta forma atraparas más al lector. O entre medio de esas descripciones podrías introducir algún diálogo o recuerdo de este o un pensamiento entre << >> en párrafo aparte para así poder descansar la vista del lector. Y bueno, más consejos con respecto a lo leído en este capítulo no te puedo dar... Sinceramente está todo bien. Sabes lo que quieres escribir, transmitir, y lo haces muy bien. Sin mas, espero que estas palabras te ayuden aunque sea un poco. Saludos!
18. Januar 2019 13:55:16
~

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