Conocedor. Ebbie. (mago de la gravedad) Follow einer Story

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Es curioso como a veces pasa que nos encontramos con esas personas, que hacen algo por nosotros, pero nos olvidamos de que estan ahi. O quizas no, por que siempre hacen algo por nosotros. En especial por Ebbie. Una historia corta, con una trama tan sencilla. Un toque magico de fondo que, a pesar de su no apariencia anteriormente, no cambia el tono de la obra.


Kurzgeschichten Alles öffentlich.

#Breakfastclubinspiracion #Conversacion
Kurzgeschichte
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Ebbie, mas que viajero, conocedor.

En el arbol, habia una manzana. Y debajo del árbol, habian dos chicos ,una chica y un puesto de películas y libros. Nada definido. Era un mercadito en medio de un parque. Un parque olvidado, que ya nadie visitaba por las tardes para comprar, sino para ver. Un lugar donde cualquiera pasaba. Desde la anciana que viene de comprar y va a tomarse un autobús, hasta el chico con la camiseta de spiderman que van jugando en el pasto mientras sus padres le dicen que no lo haga, y su hermano sin hacer líos, al ritmo de la caminata.

Un lugar donde la gótica pasaba, y mostraba su rebeldía contra la luz del sol en su piel pálida, mientras que los chicos fumaban hierba acostados al lado de la fuente que estaba en medio de los puestos de ventas, los cuales siempre se dividían en los mismo grupos, dejando al dibujante de cuadros rápidos solo, por que siempre decidía poner su puesto lejos de los del resto. Y con todos eso pasando, nunca se podía olvidar a lo que iban con gorras, riendo en grupo de quien sabe que, y casi siempre cuando ese musculoso de camisa los miraba, parecía que lo hacía con desprecio, pero sin decir nada en voz alta, por que el solo acto de mirar a otro lado eran suficientes palabras.

Todos ahí, reunidos. Y Ebbie, pasaba por ahí, como cualquier otro. Pasaba por ese lugar, y a pesar de detenerse, se consideraba del resto. Hasta que escuchó un comentario, proveniente de aquel puesto de libros y películas, debajo de aquel árbol con la manzana, con los dos chicos, uno vestido con pantalones rotos, el otro, que se preocupaba de vender libros ,y la chica, que fumaba detrás sin ser sensual, pero terminando por serlo.

—Hace calor— mencionó el que vendía libros mirando al sol ferviente de la tarde.

—No es calor— mencionó Ebbie— Es que tu cuerpo es más sensible que el del resto.

El vendedor lo miro pero Ebbie rápidamente volteo su vista a los libros hasta ver un rojo. Como matar a un ruiseñor.

—¿Tu no tienes calor? — respondió el vendedor y le señaló a Ebbie la chaqueta que llevaba, en especial, que tenía la capucha puesta.

—No. Por eso te dije que tenias calor — dijo y el de atras, el de los pantalones rotos y la camiseta sin mangas ,se levantó.

—Ey, cuidado.

—Perdón. No pude evitarlo. Es mi forma de presentarme. Si lo hiciera de otra forma seria incomodo.

—¿Como? — respondió la que fumaba pero sin levantarse.

—Bueno. Podría haber sido ese típico cliente que mira, te da esperanza, te pregunta cuanto sale algo y luego se va, con la promesa de volver algun dia con dinero, pero nunca lo hace.

—Eso no seria incomodo.

—Lo sería para mi. No quiero pensar en las horribles pesadillas nocturnas que tendria solo por que les dije que volvería y nunca lo hice. Es más, pensaría en volver pero quizas ustedes no estarían. O quizás volveria pero los evaderia por que me sentiria muy incomodo preguntandoles del libro de nuevo. ¿O me equivoco?  

Los tres al otro lado del puesto se miraron un segundo. No dijeron nada. Una bocanada de humo por ahi, el chico musculoso sentándose y el vendedor asintiendo a media razón.

—Soy Emma— respondió la chica.

—Ebbie— dijo el chico.

—Yo soy Chris— dijo el vendedor.

—Para ti tambien soy Ebbie. Pero yo te llamare, Caluroso.

Caluroso se encogió de hombros como admitiendo el apodo. Y por último estaba el de pantalones rotos, que dijo:

—¿Vas a comprar algo?   

Ebbie levantó un libro “Como matar a un ruiseñor.”

—Este.

—¿Lo has leido?

—Pff, obvio. Por eso lo estoy comprando.

—¿Y por qué lo compras? ¿No lo has leído ya?  

—Quieras reconocerlo o no, la gente solo compra lo que conoce. Y yo conozco que este libro es bueno, así que lo compro.

El de los músculos miró a Ebbie con una mirada que solo podía ser descrita como “No me gusta que tengas razón” mientras que levantaba la ceja.

—Bueno, cuanto cuesta?

—Veinte— respondió el vendedor

—¿Veinte? Eso es muy caro.

—Eso cuesta el paquete de cigarros— respondió Emma.

—Y eso me cuesta un almuerzo— respondió el de los pantalones rotos.

—Y ese es el precio por el que tengo que vender el libro para poder comprar cigarros y comida— respondió Caluroso.

Ebbie trago saliva y entonces sacó su billetera. Una billetera negra, de cuero, con las palabras “Soy parte de esa cultura.”

—Linda billetera— respondió el de los pantalones rotos.

—Gracias— respondió Ebbie— Lindos pantalones.

—Gracias— respondió el chico.

Ebbie le sonrió y entonces Emma le dio una larga pitada a su cigarro.

—¿Por qué dice eso?

—Bueno. Es más un expresión que invente. No em gusta que metan en una cultura.

—Eres un comprador, eso no te vuelve parte de la cultura.

—Eso me vuelve del sistema— respondió Ebbie— La cultura es más como este libro. Leerlo te vuelve y te llena de un tipo de cultura. Al igual que recomendarlo a otro alimenta esa cultura.

—¿Y como vendo eso? — dijo Caluroso.

—Puedes, pero no puedes darle valor. Es como querer darle valor a la vida. No puedes depender del dinero para hacerte mas culto.

—Pero puedo pagarme una escuela.

—¿Lo haces?

—Todos los meses.

—Y aun asi no tienes idea de lo que es la cultura. Si lo supieras, sabrias como venderla. No simplemente mostrarla.

Caluroso se callo. Y Emma dijo.

—Yo quiero pertenecer a esa cultura del no fumar.

—¿Y por qué fumas?

—Por que no gastas el dinero de tus cigarros en comida.

Emma le levantó una ceja.

—Por que entonces no tendria dinero para cigarros. Sino, ¿Por qué gastas el dinero en libro?       

—Para divertirme.

—¿Y por qué no lo gastas en un viaje?  

—Por que no tendría para libros.....

Emma fumo un poco más de su cigarro y después dijo.

—Que tengas razón en lo que dices no significa que estés exento de problemas.

—Tienes razon.

Ebbie le dio el dinero a Caluroso y despues tomo el libro debajo de su brazo. Pero antes de irse, escucho un rugido de estomago.Ebbie se giro y vio al de los pantalones rotos tomarse el estomago disimuladamente con la mano.

—¿Fuiste tu? — pregunto Ebbie.

—No.

—Emma no pudo ser por que ella está fumando por que no tiene hambre. Y este de aqui— dijo señalando a Caluroso que estaba medio regordete — No parece que vaya a tener hambre.

—De todas formas no fui yo.

—¿Quieres que te compre comida? — respondio Ebbie.

—Te dije que no tengo hambre— dijo el de los pantalones elevando su tono de voz.

—Yo no te pregunte eso— respondió Ebbie.

—Déjalo— dijo Caluroso— El no te va a dar la razón.

—Podrías trabajar para tener comida.

—Para eso tengo a Caluroso trabajando vendiendo mis libros. Yo no se venderlos, el si.

Ebbie apretó los dientes.

—¿Los libros son tuyos?             

—Si.

—¿Entonces haz leido como matar a un ruiseñor?

—Si. Y no em gusta que como el protagonista, te quedes enamorado del mismo libro y pretendas que es algo. No te olvides que por esas cosas, los ruiseñores mueren.

Ebbie pareto el libro.

—Y tu no debes matar a un ruiseñor, Ebbie. Toma tu libro y tus comentarios.

Ebbie se mordió los labios. Se los mordió con fuerza. Pero hubo algo que no le gustaba. Sin darse cuenta, había dejado el libro sobre su mesa. Lo noto.

—Me voy a tomar agua— dijo el de los pantalones y luego rodeo el puesto y se fue unos metros más atrás a un bebedero.

Ebbie lo vio alejarse.

—No le hagas caso. No ha tenido buena venta, eso es todo.

Ebbie miró al vendedor.

—¿Dime cual es su favorito?

—¿De que?

—Libros.

Caluroso vio los libros rapidamente y entonces le paso uno.

—Este.

—¿Cuesta lo mismo?

—Si.

—Me lo llevo.     

Ebbie dejo com matar a un ruiseñor y tomó el otro libro sin tomar el título. Abrió la primer página y vio el nombre del dueño. Sebastian.

Sebastian volvía de tomar agua y se sento en el mismo puesto de antes: debajo de la manzana que colgaba del árbol.

—Adiós— dijo Ebbie saludandolos, y Caluroso y Emma se despidieron de él. Y Ebbie se fue.

Pero antes de irse, Ebbie chasqueo los dedos. Y casi por arte de magia, la manzana del árbol cayó sobre le regazo de Sebastian.

“Adios Sebastian” pensó mientras se alejaba, sosteniendo entre sus manos un libro de tapa amarilla. Un libro sin título pero que tenía el nombre del auto. Sebastian Barbejo.

12. Januar 2019 22:02:44 0 Bericht Einbetten 0
Das Ende

Über den Autor

Robag Pencil of Simpleness Comi spaghetti a la bolognesa el día que decidí ser escritor. Hasta el día de hoy no me arrepiento de haber manchado un libro al hacerlo. Trato de ser el mejor escritor que puedo ser. Lo que es difícil teniendo en cuenta como está el panorama con tipos como Brandon Sanderson y Jim butcher haciendo sus obras de arte. De igual forma, yo quiero llegar a ser algo asi. Quiero vivir de mi arte. Y si algun dia lo logro, ese dia me sentiré realizado como persona.

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