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gingerale Allie Fray

Para Eliza la Navidad ya no era igual a su niñez. Pero no se imaginaba, que las vidas de quienes más amaba, Felipe, Sarah y Santiago se entrelazarían para darle la sorpresa que nunca había esperado. #CuentosDeNavidad


Romantik Alles öffentlich.

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Como Cocoa Caliente

08:30

23 de Diciembre, 2018

Boston, MA


Miro el reloj sobre mi mesita de noche, parece que hubiera pasado una eternidad desde que me acosté en mi cama a dormir, y aún así sigo sin ánimos de levantarme. No pude pegar el ojo toda la noche, sintiendo tan cerca esta fecha, era difícil sentirse tan sola.

― Sólo un día más.

Dije para mis adentros, un día para Navidad. No siempre había sido así, cuando era pequeña amaba esta época, mis padres, mis hermanos y yo juntos en la mañana de Navidad, todavía vestidos en nuestras pijamas, con la ilusión de San Nicolás en nuestras mentes inocentes. Pero ahora ya no estaban mis hermanos, ni la tonta creencia en un hombre gordo vestido de rojo, que de alguna manera conseguía dejar regalos a todos los niños buenos del mundo en una sola noche.

Supongo que ser la menor tenía sus beneficios, pero primero fue Felipe, quien se fue a estudiar la universidad en Londres, el sueño de toda su vida. En un año más se graduaría y ya tenía un muy buen trabajo asegurado, allí, en Inglaterra. Luego Sarah, un año menor a él, prefirió ir a Italia, la cuna del diseño, lo que siempre había amado. Hablábamos seguido por chat, pero con el pasar del tiempo las conversaciones fueron menos frecuentes con ambos, y esta Navidad no vendrían debido a sus trabajos. Esto me hizo sentir muy mal, hasta que a inicios de Noviembre, conocí a Santiago, a mis diecinueve años realmente no podía decir que tenía una vasta experiencia en el amor, pero él me devolvió esa ilusión que sentía había perdido.

Hasta que un día, al igual que mis hermanos y sin previo aviso, tuvo que partir. Su padre era militar, y lo transfirieron a otra ciudad del país. Él quiso continuar en contacto, pero ya sabía demasiado bien lo que pasaba con las relaciones a distancia, y preferí decirle que no volviera a hablarme, por más que haberlo hecho fue lo más doloroso por lo que he pasado, era lo mejor. 

El olor de las galletas de jengibre de mi madre se cuela por mi habitación, suspiro y me levanto para pasar otro día más. 


***


13:30

23 de Diciembre, 2018

Londres, Inglaterra


― ¿Felipe, y bien?

Tomé consciencia de pronto de mi sueño despierto. Llevábamos toda la mañana en esta junta sin realmente llegar a un acuerdo, y mis pensamientos vagaron más allá del continente. Hasta una chica de diecinueve años que esta Navidad estaría sin sus hermanos, y sólo este pensamiento fue como un golpe de realidad para mí. 

― Estoy de acuerdo con cualquier cosa que decidan, ahora si me disculpan ― dije incorporándome ― falta sólo un día para Navidad y me será muy difícil encontrar un vuelo a Boston en estas fechas. ¡Los veré en Enero y feliz Navidad!

Exclamé, marchándome dejando a todos, incluido mi jefe, con la boca abierta. No me preocupaba, era el mejor en lo que hacía, y me había enfocado tanto tiempo en sólo progresar profesionalmente que ya había olvidado lo que de verdad importaba, pero esta vez no pasaría.


***  


14:30

23 de Diciembre, 2018

Milán, Italia


― ¡Disculpe pero yo tomé este chocolate primero!

Sí, parecía una chica loca de veintiún años queriendo llevarme el último Toblerone gigante, pero mi vuelo partía en 30 min y era el chocolate favorito de mi hermana. El hombre con quien luchaba por este dulce finalmente se rindió soltando el otro extremo del chocolate, lo que provocó que casi caiga de espaldas y fue alejándose mientras me insultaba en italiano, pero francamente no me importaba, había ganado.


*** 


05:30

23 de Diciembre, 2018

San Francisco, California


― Por favor, debo subir a ese avión.

No podía creer lo tonto que había sido por no decidir visitar a Eliza hasta el último día antes de Navidad. Era demasiado obvio que todos los boletos baratos estarían agotados, pero decidí dejarlo a la suerte, y sí que "la había tenido". El avión a Boston salía en una hora, y sólo quedaba un espacio disponible, en primera clase, por casi el triple del valor que podía pagar. La mujer del counter me miraba con tristeza, sabía que no dependía de ella, pero tenía que intentarlo. 

― La chica que amo pasará la Navidad completamente sola si no subo a ese avión, por favor. 

Entonces la mujer se llevó una mano a su corazón, y supe que lo había conseguido. 

― Está bien, puedo aceptar que pagues el precio de clase normal, y veré cómo resuelvo lo de la diferencia.

― ¡Gracias, gracias, gracias! ― le dije mientras me lanzaba sobre el mostrador para abrazarla. Tenía sueño y casi nada de seguridad de que Eliza estaría feliz de verme, pero el día de hoy, me sentía con suerte. 


***


17:30

23 de Diciembre, 2018

Nueva York, Nueva York


― Debe ser una broma. ― gruñí mientras leía en la pantalla del aeropuerto que mi vuelo de conexión a Boston estaba retrasado dos horas. 

― Lo que debe ser una broma es que estés aquí hermanita. 

No podía creer lo que mis oídos escuchaban, pero me volteé y ahí estaba.

― ¡Felipe! ― exclamé mientras lo abrazaba

― Creí que tenías que hacerte cargo de una importante campaña navideña Sarah.

― Y así era, pero sentía que Eliza no estaba bien.

― Pues al parecer tuvimos la misma sensación y la misma idea. 

― Sí, pero estos benditos aviones y la exasperación de la gente en Navidad no nos están ayudando. 

―¿ Tú vuelo también es el que debía salir a las siete?

― Sí, pero ahora parece que vamos a pasar la Navidad en el aeropuerto John F. Kennedy. 

― Hola, siento interrumpirlos, pero ¿son ustedes los hermanos de Eliza West?

― Depende, ¿quien quiere saberlo? ― dije inspeccionando al chico, más o menos de la edad de Eliza, que teníamos al frente. 

― Soy Santiago, no sé si su hermana les habló de mí.

― ¡Pero claro que sí! El infeliz que rompió su corazón. No tenemos nada que hablar contigo. Adiós. ― le dije tajante, volteando mi cabeza a un lado para no mirarlo.

― Sé que irme la lastimó, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. De hecho, también tuve la idea de visitarla esta Navidad, e iba en el mismo vuelo que ustedes. No quiero que Eliza pase un minuto más pensando que estará sola en su fecha favorita, y que ustedes lleguen conmigo sé que la hará mucho más especial para ella. 

― Me agrada como piensas. ― dijo Felipe ― pero estamos varados aquí.

― No precisamente, ― respondió Santiago ― acabo de alquilar el último auto disponible. Sólo son 4 horas de viaje hasta Boston, ¿qué dicen?


***


22:00

23 de Diciembre, 2018

Boston, Massachussets


Mi madre me había preparado una taza de cocoa caliente para comer con las galletas de jengibre, la tenía en mis manos mientras miraba sin ánimo el fuego de la chimenea. En dos horas más sería 24 de Diciembre, otro día de Noche Buena en el que seríamos únicamente mis padres, yo y dos llamadas por Skype de 15 minutos con cada uno de mis hermanos. Al menos la cocoa me recordaba a ellos, cuando éramos pequeños la tomábamos siempre, si era posible cada día de Diciembre, en este mismo lugar, frente a la chimenea, mientras reíamos y jugábamos juntos. 


― ¡Eliza, ven, alguien ha dejado un regalo para ti! ― escuché exclamar a mi padre. Suspiré, dejé la taza de cocoa casi llena en una mesita, y me encaminé al recibidor. Pero cuando llegué, no podía creer lo que estaba mirando.

― ¿Sarah, Felipe y... Santiago? ¿Qué... cómo?

― Cuidado hermanita, no queríamos infartarte. ― dijo Sarah sonriéndome y abriendo sus brazos hacia mi. 

No tuve que pensarlo dos veces y sólo corrí a abrazarlos a los tres.

― No queríamos que estuvieras sin nosotros esta Navidad ― exclamó Felipe ― y al parecer todos tuvimos la misma idea del mejor regalo de último minuto. 

Le sonreí y noté que Santiago me miraba con añoranza, así que también le dediqué una sonrisa y le dije. 

― Te he extrañado mucho.

Sus ojos se iluminaron de pronto. 

― Yo también, por favor, no vivo en otro país, quiero estar aquí para ti. ¿Podemos intentarlo una vez más?

― Si no le dices que sí, lo haré yo hermana, de no ser por él hubiéramos seguido varados en Nueva York, quién sabe hasta qué día. ― dijo Sarah.

Lágrimas de felicidad rodaron por mis mejillas, y corriendo a besarlo dije.

― Sí, éste ha sido el mejor regalo de Navidad.

Y la dulce sensación de la cocoa caliente volvió a recorrer mi cuerpo y llenar mi corazón, como siempre lo había hecho, y tantas veces había olvidado ya, pero ahora estaba aquí para quedarse. 

20. Dezember 2018 23:21:54 1 Bericht Einbetten 3
Das Ende

Über den Autor

Allie Fray Escritora empedernida desde los 10 años, otras pasiones que tengo son la lectura, la danza árabe y pintar mandalas. Autores favoritos: Carlos Ruiz Zafón, Agatha Cristie, Cassandra Clare, J.K Rowling IG: @fallverses

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Juany García Juany García
Me gusta como escribes
24. Dezember 2018 02:05:37
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