La Alquimia Divina Follow einer Story

daned Dan Ed

"Primer Arco de Réquiem de la Luz Veremos como se revela un Dios ante Farion, un humano y soldado quien abandonaría todo por cumplir sus mandatos: Terminar la Guerra, traer paz y fundar un pueblo donde Humanos y Verur habiten de forma plena y en total convivencia. Pero los asuntos e intereses políticos posteriores del reino es otro así como nuevos misterios por ser revelados..." ¡No olviden votar la historia, compartirla y ayudar a crecer!


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5023 ABRUFE
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Capítulo 1: La Gran Guerra

Desde los inicios de la vida pensante, Cohrd ha sido un país próspero: tierras fértiles y bosques abundantes en flora y fauna.

En cada región se encuentran diferentes formas de riquezas: El norte lleno de altas montañas y cristales mágicos de hielo; Los metales y minerales preciosos y encantados en el sur; al éste las praderas y su rareza en hierbas curativas como el brote de lengua y la ciruela del enfoque, además de su inigualable fertilidad de cultivos; el oeste con sus bosques y selvas además de la mayor reserva de frutos silvestres y sus talleres de carpintería.

Al centro de todo se encuentra la ciudad más importante del país: Farion. Fundada en la falda del Monte Irena por Lord Farion I hace 100 años después de poner fin a la guerra entre humanos y verur. Siendo éste el primer Reino que acogía a todo ser racional por igual.

Según los cantos antiguos existió una época de guerra, los humanos buscaban someter al mundo y ser quienes gobernasen. Pero otros seres competían por el dominio: Los Verur. Criaturas cuasi humanas, compartiendo gran parte de la fisiología humana y bestial, algunos de escamas coloridas, otros con pelaje y garras, de ojos y miradas diferentes y algunos con extremidades extras como colas, brazos adicionales, tentáculos e incluso estructura orgánica diferente. Los verur se agrupaban en sociedades, y aquellos con pulgares aprendieron a construir para otros aprendiendo la vida en comunidad, fabricando herramientas o comerciando con humanos que no tenían prejuicios en las artes mercantiles.
Las tribus verur estaban conscientes de la discriminación y rechazo del pueblo humano y aceptaron la guerra como algo personal, siendo grandes guerreros por sus diferentes habilidades animales, desde colmillos venenosos como garras afiladas, además de haber aprendido el uso de herramientas humanas.

La guerra por el control tenía grandes comandantes, como en valiente Lord Farion, quien en busca de purificación antes de una batalla, escaló el pico más alto de Cohrd. Logrando la cima del monte, encontró vigilante al mundo un verur distinto a otros quien giró al encuentro. Farion observó impresionado al ser mayormente humano, vestido de un manto inmaculado, como la nieve a sus pies sin calzar. Más que un humano: un ser perfecto de largos cabellos dorados, ojos celestes y sobre su espalda una gran capa de plumaje blanco sobresaliendo casi medio metro sobre su ya alta estatura.

No puedo creer que sea un verur... –Cuestionó internamente con incredulidad
Bienvenido hermano mío –Manifestó con ternura en la voz– Mi nombre es Irena, heraldo de La Luz y La Verdad, del Saber y Prosperidad. Hoy mi Señor habló conmigo, Me reveló el futuro: La Guerra en su creación terminará pronto, ya su mano está obrando para la paz.
¡Farion de los Humanos, Entrega tu espada a mi Señor! El precio de la paz entre la población predilecta es el acero manchado con la sangre de su creación y el arrepentimiento de tu alma.

Desenvainó su espada apuntando a Irena, su deber como soldado era aniquilar a todo no-humano que sea un peligro, pero entre más sostenía su espada, el peso de las vidas tomadas era cada vez más: Soldados y madres asesinados por igual, niños derramando lagrimas y sangre por ésta misma espada. Ante sus ojos cambio claramente el acero blanco, tiñéndose de su rojo pecado. Aterrado cayó sobre sus rodillas soltando la espada para cubrir su rostro se echó a llorar desconsolado. Las lágrimas corrían sin cesar sobre el filo manchado del arma.

Entiendes ahora, hermano mío... Mi Señor entiende y bendice la tierra, dejando que las criaturas se propaguen por su propia cuenta, la muerte de las bestias es reemplazable, éstas no tienen voluntad como los humanos ni los verur, cuando nuestro Señor se muestra generoso o muestra un poco de su piedad, otorga el don divino del alma a alguno de su creación, éste por naturaleza obtienen voluntad y raciocinio, por éste motivo ante los ojos de nuestro Señor del Todo, un Verur o un Humano son amados de forma única. Por esta razón intervendrá en esta guerra y terminará en poco tiempo...

Irena tomo una de las plumas de su espalda, sosteniéndola entre sus dedos la colocó sobre sus labios recitando unas palabras, en un gesto sutil soltó la pluma erosionándose en un polvo brillante atraído por la espada. Ante sus ojos, y aún arrodillado, Farion vio la purificación de su arma, tornándose en su color primario como si recién fuese forjada, además un aura extraña era emitida por cada centímetro de ella.

Ésta espada esta Bendecida con Sanctus Magicae, Irás a la guerra en tres días, una noche antes te reunirás con todo el batallón en un campo abierto, en un círculo y tu al centro Bendecirás a nuestro Señor, Señor de la Guerra y Prosperidad, el filo de la espada caerá sobre la tierra y con ambas manos empuñarán cada espada. Una vez bendecido el batallón podrán dormir y despertarán con más fuerza que nunca, las flechas pasarán sin tocarlos, las trampas no se activarán, al fuego y el hielo serán inmunes. Pero el único armado debes ser tú, Farion de los Humanos, el resto solo portará 3 metros de soga cada uno, y capturarán a todo Verur. Tu Deber será atravesar con ésta espada el pecho de cada soldado y retraerla, cada guerrero vivirá, pero su espíritu será retirado, una vez pierdan la conciencia todos serán liberados y avancen. Deberás repetir esto en cada batalla o asalto, reunirse, bendecir, capturar, arrebatar y liberar, con esto la guerra terminará en dos meses, cabe mencionar que también debes atacar batallones humanos. Terminada la guerra debes volver a este Monte Santo y se te darán nuevas indicaciones de nuestro Señor de la Verdad.
Si por alguna razón, alguno de tus soldados o incluso tú, portan un arma indebida, o amenazan con herir a algún otro ser en batalla, se perderá la protección divina y morirá al momento en la batalla.

Ésa noche Farion contempló a Irena, quién solo observaba al mundo sin mover un solo musculo. "Qué extraño ser" pasó por su mente antes de dormir en su tienda. Al día siguiente encontró un grupo de soldados humanos y verur, quiénes juraron tener visiones en sueños, sobre un Dios desconocido pero verdadero, qué les encargaría dar fin a la gran guerra.

Los días predichos por Irena sucedieron, una noche reunidos en círculo, todos clavaron una espada sobre la tierra y juntaron sus manos en aquella reunión.

Nos conocimos todos hace poco tiempo, no somos soldados entrenados en conjunto, más que los hombres que decidieron desertar al Reino junto a mí. Hoy les digo a todos: hermanos. Lucharemos por una causa mayor y daremos fin a la guerra, por eso, desenvainando ésta espada les prometo: seré su espada en esta batalla, confíen en mí y confíen en el Señor de la Guerra y Prosperidad, por eso esta noche, ¡Clavando la espada Bendita sobre la tierra que nos ha otorgado daremos Gracias y Bendeciremos el nombre del Señor! –Todos los presentes juntaron sus manos y vitorearon con gran entusiasmo su Nuevo Credo.
La batalla siguiente sucedió como fue advertida, nadie portará un arma ni armadura, y serían intocables. La magia era repelida, los proyectiles fallaban por más cerca que estuvieran, las espadas eran arrebatadas de sus manos por las técnicas prodigiosas de aquel batallón, y tras un día de batalla cada guerrero fue atado y reunido. Se esperaba el retorno de Farion quien traería consigo el General a cargo del pelotón enemigo pero entre los alados presentes una disputa se llevaba a cabo:

Ya tenemos a todos, ¡podemos por fin acabar con ellos, con la guerra! –Exclamaba uno de los aliados con ansiedad – ¡Si los acabamos justo ahora, todo Cohrd sabrá que somos los soldados del Dios poderoso, los protegidos por el Dios más poderoso y verdadero! Solo debemos acabarlos ahora mismo y ¡Seremos una leyenda por capturar un ejército sin ser tocados y desarmados!

Terminando su discurso sacó de su bota una daga, apuntando el filo hacia uno de los capturados, en un movimiento de muñeca arrojó la daga con intenciones asesinas. Un ave sobrevoló en ese instante, dejando caer una pluma en el camino de la daga, la cual rebotó como si de un escudo de acero se tratase, regresando el arma a su origen dañando de muerte a su dueño. Todos quedaron petrificados por minutos: captores y apresados.

Farion regresó con el general atado y lo acercó al resto de sus hombres. Giró su mirada al cuerpo de su camarada y expresó con una mueca decepción. Todos entendieron que el plan divino era la paz. Tras minutos de silencio nuevamente proclamaron su Clero, ésta vez frente a sus enemigos y cada uno de los hombres capturados fue atravesado con la espada como fue ordenado. La espada atravesó el cuerpo sin dejar heridas; al retraerse, el filo emitía cada vez un ligero brillo y el soldado afectado caía inconsciente.

Esto se repitió por dos meses como fue predicho, cada asentamiento, pueblo, fuerte o tierra que era atacada, al día después de la batalla perdía todo instinto de guerra, se apagaba su espíritu por pelear. Así extinta la flama de la guerra, Farion y su escuadrón se presentaban ante el Feudo correspondiente ofreciendo un tratado de paz. Por fin la guerra entre Humanos y Verur llegó a su fin. 

5. November 2018 04:33:16 0 Bericht Einbetten 2
Lesen Sie das nächste Kapitel Capítulo 2: Ánima, una fuerza olvidada

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